Freeness
"El amor que una vez colgó de la pared solía significar algo pero ahora no significa nada, los ecos del vestíbulo se han ido, pero aún recuerdo el dolor de Diciembre. No queda nada que puedas decir, lo siento, es muy tarde. Me estoy liberando de estos recuerdos, debo dejarlos ir, sólo dejarlos ir, he dicho adiós, prendí fuego a todo."
—Let me go, Avril Lavigne.
.
.
.
—Isabel.
—Hola, Levi— Volvió a sonreírme ampliamente, todos los rasgo infantiles que la caracterizaban habían quedado atrás, ya no era una niña.— ¡Cuánto tiempo!
—Lo mismo digo— Asentí con un suave movimiento de cabeza y ella arrugó la nariz, me apresuré en ofrecer:— ¿Me dejas pagar tu café?
Bajó la mirada hasta el vaso desechable que contenía su bebida y después asintió con una enorme sonrisa, nunca imaginé que se me haría tan placentero ver una sonrisa sincera, tenía muchísimo tiempo que no veía una de esas. Después de que pagué por ambos cafés y una dona para Isabel, ambos salimos de la tienda y caminamos en silencio por la plaza de París como si fuera un mutuo acuerdo silencioso. Isabel miraba todo a su alrededor con verdadera fascinación y yo intentaba encontrar un tema de conversación, no estaba muy seguro de cómo, o por dónde iniciar.
Luego de una larga caminata por toda la plaza principal, nos fuimos a sentar a una de las bancas de madera que estaba más alejada de todo el bullicio de la gente. Ninguno decía nada, yo daba pequeños tragos a mi café mientras que Isabel parecía muy ocupada tomando de su café y dando grandes mordiscos a la dona de chocolate blanco.
—Qué sorpresa encontrarte en una ciudad tan grande como lo es París— Mencionó de pronto, volviendo a dar otra mordida a su dona.— Cuando te vi ahí parado no supe si en realidad eras tú.
—A mí también me sorprendió mucho verte, sobre todo porque no estamos en Friburgo.
—Hm... sí, supongo— Se llevó el último bocado de dona a la boca y después soltó un suspiro largo.— Entonces, ¿estás viviendo aquí?
—En un pequeño pueblo a las afueras de París— Encogí los hombros y me llevé el vaso desechable a los labios para darle un pequeño trago a mi café.— ¿Qué hay de ti?
—No— Negó suavemente con la cabeza y una diminuta sonrisa apareció en su boca.— Trabajo de azafata y ando de un lugar para otro. Hoy me dieron un descanso y mañana sale mi vuelo a Turquía.
En el momento que sus labios pronunciaron Turquía, Eren vino a mi mente inevitablemente junto con las palabras de Hanji de que él quería irse a estudiar al extranjero. Quizá, si me encontraba de suerte este día, Isabel podría saber algo respecto a Eren y si estaba viviendo en Turquía, a lo mejor ella podía decirme en donde encontrarlo. Un nuevo halo de esperanza creció en mi pecho.
—No esta mal, me alegro por ti— Asentí e Isabel sonrío ampliamente a mi comentario, soltando un"gracias" presumido en el proceso, después aclaré mi garganta e intente por todos los medios de no sonar desesperado.— ¿Has sabido algo de... de Eren?
Rápidamente llevé el vaso desechable a mis labios en un intento por disimular un poco, sabía que ella me estaba viendo con esos enormes ojos turquesa que tanto conflicto me provocaban porque eran demasiado parecidos a los de su pariente lejano. Volví a llevar mis ojos a su rostro y la encontré analizándome, como si estuviera en búsqueda de algo, a decir verdad, la notaba bastante cambiada, ya no había nada de esa niña gritona y enérgica de antes. Se había vuelto toda una mujer.
Y eso me hacía sentir nostálgico de alguna madera, recordaba que siempre llevaba el cabello corto, atado en dos simples colitas... pero ahora, incluso lo tenía largo, varios de los largos mechones pelirrojos caían con gracia y soltura por su rostro, y de sus redondas y tiernas facciones no había rastros. Isabel se había convertido en una mujer demasiado guapa, los genes de la familia de Eren por parte de su mamá eran buenísimos. Isabel era una prueba más de ello.
—No, lo último que supe de él es que se iba a estudiar a la universidad— Encogió los hombros y se paso un mechón de cabello detrás de su oreja.— No estoy segura de si a Rusia o Inglaterra.
—Oh.
Arrugué la nariz y volví a darle otro sorbo a mi café, el peso del mundo había caído sobre mis hombros. Esto era la confirmación directa de que Eren también se había marchado y de que era muy probable que a estás alturas se olvidara de mí. Me lo merecía, lo sabía, pero no quería este castigo.
—¿Tú no sabes en donde reside ahora?— Preguntó con bastante curiosidad, a lo que yo negué con la cabeza y ella pareció bastante sorprendida.— Pero tú eras su amigo, ¿qué paso?
—Sí, buena pregunta, buena pregunta— Hice una mueca con los labios e Isabel soltó una risa discreta al ver la mueca que había hecho— No sé— Encogí los hombros.— Es... complicado.
—Estoy segura de aún odias las cosas complicadas— Alzó una delgada ceja y sonrió de medio lado, ella tenía razón, seguía odiando lo complicado.— Y tú siempre sentiste algo más por él, ¿verdad?
—Lo sigo sintiendo, no creo que importe— Volví a encoger los hombros y luego fijé la mirada en Isabel.— ¿Y qué hay de Farlan?
Supe que había escogido un terrible tema para hablar y evadir el tema de Eren cuando los ojos de Isabel se opacaron y poco a poco fueron tomando una infinita tristeza. Bajó la mirada y torció los labios, más tonto no pude sentirme, toda el aura de felicidad que envolvía a Isabel de pronto se tornó en algo gris. Yo siempre hacía sentir miserable a la gente que estaba a mi alrededor, bien ahí.
Quise decir que me disculpara por la pregunta indiscreta, pero antes de que siquiera pudiera pronunciar palabra alguna, ella levantó la mirada y con la sonrisa más rota que pude haber visto en mi vida, respondió:
—Terminamos, hace como tres años y medio.
—Perdón, no era mi intención tocar ese tema.— Me disculpé de inmediato e Isabel negó con la cabeza.
—No sabías— Soltó un suspiro y por varios segundos clavó la mirada en la fuente que estaba a unos cuantos metros frente a nosotros.— De hecho, nunca he hablado de esto con nadie, ¿podría... desahogarme contigo?
—Claro.
—Todo acabó porque ya no le dedicaba el tiempo que merecía, ¿sabes, Levi?, el amor es algo demasiado frágil— Asentí estando en de acuerdo con ella— Y si no lo cuidas, simplemente muere, se apaga. Eso pasó conmigo y Farlan, cuando entré a trabajar de azafata al principio por ser novata sólo iba en vuelos que no salían del país y él y yo estábamos bien. Pero las cosas se complicaron cuando empecé a salir a otros países y había ocasiones en las que sólo nos veíamos una vez a la semana, como veinte minutos.
Contuvo el aliento por demasiado tiempo y luego lo dejó salir en un suspiro tembloroso, sabía que estaba demasiado afectada, ellos habían sido novios desde la secundaria, cuando los conocí ya llevaban su buen tiempo de novios. Debió ser muy difícil cortar una relación tan larga, en donde los dos se amaban demasiado y todo por culpa de la falta de tiempo.
Yo lo sabía de sobra, pues había sido eso mismo lo que mató todo el amor que tenía por Erwin: la maldita falta de tiempo.
—Él se cansó— Continuó, frunciendo el ceño en un intento de contener las lágrimas que querían salir de sus ojos— Peleábamos cada vez que nos veíamos, lo nuestro ya era algo gastado. Vivíamos juntos y de repente, un día, cuando llegué de uno de los tantos vuelos al departamento que compartíamos, él se había ido— Una gruesa lágrima cayó por su mejilla.— Se fue, Levi, dejó una carta en la que me decía que no podía más, por mucho tiempo lo odié y le lloré, lo culpaba por irse, por no hacer un esfuerzo más grande por quedarse. Lo taché muchas veces de cobarde.
—¿Y lo sigues odiando?— Pregunté con curiosidad, Isabel se limpió las lágrimas y sorbió los mocos que amenazaban con salir, después negó con la cabeza.
—No, después de mucho tiempo... comprendí que lo hizo pensando en mí, siempre era así—Encogió los hombros y yo le acerqué un pañuelo de papel, ella lo tomó de inmediato y fue limpiando sus lágrimas.— Comprendí que de los dos, él fue quien sufrió más con esa decisión. Imaginate, irte cargando con el dolor de ambos y la certeza de que el otro te terminara odiando, no debió ser nada fácil.
—Supongo que el que se va siempre es quien tiene que cargar con la peor parte— Murmuré, pensando en lo que había pasado entre Eren y yo.— ¿Tú lo sigues amando?
—No... creo que ahora sólo es cariño— Limpió las últimas lágrimas que resbalaron por sus mejillas y después sonrió.— No puedes dejar de querer a la persona que te hizo más feliz que nadie en su momento, ¿no?
—Pues claro que no.
Encogí los hombros y le devolví la sonrisa, nos quedamos otro rato más ahí, sin hablar ni decir nada, sólo en un silencio cómplice en el que ambos nos sentíamos cómodos, para cuando terminé mi café me despedí de Isabel. Tenía que levantarse temprano y yo aún tenía que manejar otra hora hasta mi casa y ya era bastante tarde, cada quien tomó rumbos diferentes pero estábamos seguros de que nos volveríamos a ver, o al menos me gustaba pensar que podría verla aunque sea una vez más. Decir que no me dolió verla tan descompuesta por lo que pasó con Farlan, era mentira, siempre le tuve cariño a Isabel, odiaba pensar que la pasó mal y no hubo nadie con quien pudiera apoyarse.
Pero era esto lo que la había hecho una mujer fuerte, esto la había ayudado a madurar y el cambio se le notaba en cada poro de su piel, me daba gusto por ella y esperaba que algún día pudiera solucionar las cosas con Farlan, o por lo menos encontrar el amor nuevamente.
Sin darme cuenta aún, Isabel sería otra señal más para que volviera a Alemania, a Eren.
Al llegar a mi auto abrí la guantera para verificar la hora en mi celular, fue ahí que me di cuenta de que tenía diez llamadas perdidas de Erwin, rodé los ojos con fastidio, sabiendo que al llegar a casa estaría esperándome con un montón de preguntas y reclamos por no haber respondido el jodido celular. Había ocasiones en las que me asfixiaba demasiado y ya no sabía qué era peor, que a veces actuara como si yo no le importara, o que otras se portara como el hombre más enamorado de la tierra. Conduje hasta mi casa, el pueblo por las noches se veía tétrico, como sacado de una película de terror y la enorme casa en donde vivía era aún peor.
Al abrir la puerta me di cuenta que las luces de la sala estaban prendidas, pero Erwin no estaba allí. Subí al segundo piso de la casa, las luces de los pasillos también estaban encendidas y la puerta de nuestra habitación medio abierta; al entrar, me encontré al rubio profundamente dormido, la lámpara del lado en donde yo dormía estaba encendida y él estaba fuertemente aferrado a un almohadón. Una risa llena de burla escapó de mis labios al darme cuenta de que a Erwin le aterraba estar solo en la casa.
Me acerqué lentamente, procurando siempre no hacer ruido y una vez que estuve cerca de él, lo cubrí con el edredón azul y planté un beso en su frente.
«No puedes dejar de querer a la persona que te hizo más feliz que nadie en su momento, ¿no?»
Lo miré por un largo rato y pensé que Isabel tenía mucha razón, yo no odiaba a Erwin, tampoco había dejado de que quererlo pero era sólo eso, cariño. Me di cuenta que yo sólo podía darle el cariño que se le ofrece a un amigo porque después de todo, no podía dejar de querer a Erwin. Lo conocía desde que yo era un niño, fue mi primer vínculo importante cuando llegué a Alemania. Era obvio que tuvimos más malos ratos que buenos, pero cuando tuvimos buenos momentos... yo me sentía como la persona más feliz del maldito mundo, porque lo amaba. Lo llegué a amar demasiado y eso nunca cambiaría.
Suspiré y cambié mi ropa por una más cómoda, apagué la lámpara que estaba encendida y dejé la puerta emparejada, dejando que la luz del pasillo entrara por esa rendija. Yo aún no tenía sueño, así que había bajado a mi estudio a revisar algunos correos. Al llegar, le puse seguro a la puerta, más por costumbre que por otra cosa y me puse cómodo en mi silla, prendí mi portátil y estuve un rato revisando correos del trabajo, hasta que entre ellos, encontré uno de Hanji.
Guiado por la curiosidad, lo abrí casi de inmediato:
"¡Enanín!:
El otro día, mientras revisaba la página oficial de Punta de cielo me encontré con el archivo adjunto que te envié. Había un montón de esos, pero ese fue el último que subieron, espero que te guste."
Levanté una ceja y de inmediato le di click al archivo adjunto que me había mandado, se tardó un par de minutos en cargar, ya que era un vídeo lo que había mandado y la señal de wifi era terrible. Estaba interesado en saber que tenía qué ver Punta de cielo, hasta que el vídeo comenzó a reproducirse, era el interior de la preciosa cafetería, tal y como lo recordaba, en medio estaba montado un pequeño escenario improvisado y allí, estaban Armin en el teclado, Sasha sosteniendo su bajo, Jean la guitarra eléctrica, atrás Annie con la batería y Eren en medio, frente al micrófono con una guitarra acústica entre sus brazos.
Se veía hermoso aunque parecía triste, era ese mismo halo de tristeza el que le daba la hermosura que traspasaba la pantalla. Abajo, en la esquina inferior derecha, venía la fecha, ese vídeo había sido grabado en el verano de hace cinco años, días después de que me marché. Eren hacía una que otra broma estúpida y la gente que estaba ahí, reía. Fue entonces que presentó el nombre de la canción que tocarían para despedirse. Se llamaba My heart, era un simple cover de una banda.
Las guitarras fueron las primeras en sonar, después la batería y luego el teclado haciendo perfecta armonía para tocar una canción lenta y algo deprimente, en seguida la voz de Eren se hizo presente.
"I am finding out that maybe I was wrong
Estoy descubriendo que quizá estaba equivocado
That I've falled down and I can't do this alone...
Que he caído y no puedo hacer esto solo...
Stay with me this is what I need... please?
Quédate conmigo, es todo lo que necesito... ¿por favor?
Sing us a song and we'll sing it back to you
Cantános una canción y te la cantaremos de vuelta
We could sing our own but what would it be without you?
Podríamos cantar por nuestra propia cuenta, pero, ¿qué sería sin ti?"
La música que empezaba a sonar un poco más fuerte, fue bajando el ritmo hasta que sólo el teclado, la guitarra acústica que tocaba Eren y algunos aportes de la batería fueron todo lo que se escuchó. Y era hermoso ver como Eren tocaba con tanta maestría la guitarra y lo concentrado que parecía estar en eso. Incluso Jean tenía la mirada fija en él mientras que el castaño parecía perdido en su propio mundo.
"I am nothing now and it's been so long...
No soy nada ahora y ha pasado tanto...
... since I've heard the sound... the sound of my only hope
... desde que escuché el sonido... el sonido de mi única esperanza
This time I will be listening, sing us a song and we'll sing it back to you
Está vez estaré escuchando, cantanos una canción y te la cantaremos de vuelta
We could sing our own but what would it be without you?
Podríamos cantar por nuestra propia cuenta, pero, ¿qué sería sin ti?"
Eren hizo otra pausa dejando que el suave sonido de la guitarra que tocaba inundara los tímpanos de las personas que estaban ahí presentes, de pronto Annie empezó a golpear las baquetas en un sonido lento y con ritmo, Armin metió algunas suaves notas y Jean empezó a hacer los coros medio distorsionados y quizá, sin sentido, que repetían una y otra vez: "this heart" una y otra vez. Después de varios segundos así, Eren volvió a cantar y Sasha esta vez metió el sonido del bajo.
"This heart it beats, beats for only you
Éste corazón late, late sólo por ti
This heart it beats, beats for only you
Éste corazón late, late sólo por ti
This heart it beats, beats for only you, my heart it's your's
Éste corazón late, late sólo por ti, mi corazón es tuyo
This heart it beats, beats for only you, my heart it's your's
Éste corazón late, late sólo por ti, mi corazón es tuyo
(Please don't go now, please don't fade away)
(por favor, no te vayas ahora, por favor, no te desvanezcas)
My heart is...
Mi corazón es..."
En cuanto la última nota dejo de sonar los aplausos no se hicieron esperar, también alguno que otro silbido de varias chicas. La gente estaba conmovida porque Eren había cantado con el corazón, incluso yo sentí una molestia incomoda en mi estómago mientras lo escuchaba cantar y veía sus expresiones de total concentración. Su maldito y perfecto cabello largo caía por su rostro, tal y como lo recordaba. Entonces, mientras veía a Eren sonreír avergonzado por los aplausos que recibía de la gente, lo supe, supe que lo había extrañado horrores, que lo extrañaba demasiado y que cada día se hacía más insoportable estar lejos de él.
Que ya no quería, ni podía estar lejos de él.
El feo crujido de las tuberías me despertó, no sabía exactamente cuanto había dormido, las cortinas estaban cerradas por lo que la habitación estaba en penumbras. Me tallé los ojos y después de estirarme como gato sobre la cama, me puse de pie. Al abrir las cortinas me di cuenta de que el sol ya estaba en lo alto pegando con fuerza, corrí a ver mi celular y ya era medio día, ¿tanto había dormido? Por lo general, me despertaba a las ocho y comía el desayuno junto con Erwin, no podía creer que esta vez me haya quedado dormido.
Bajé a almorzar algo sencillo, fruta y atún que había en la alacena. Luego me puse a medio limpiar la cocina, la sala y el comedor. No estaba de humor para limpiar la casa por completo, pensé que por una vez que no hiciera la limpieza en toda la casa no pasaría nada. Me dirigí al sótano y estuve cerca de media hora rebuscando entre las cajas hasta que por fin di con la que estaba buscando.
Saqué la larga bufanda negra y los dos libros de dibujos, la única prueba de que estuve con Eren.
Metí a lavar la bufanda junto con mi ropa sucia y mientras se lavaban, me dirigí al estudio con el par de libros de dibujo. Me aseguré de guardar en un lugar seguro el libro de pasta verde y me concentré en el que llevaba por título: "La historia del hombre más fuerte y su última esperanza". Sonreí con algo parecido a la calidez y lo hojeé, nos habíamos quedado justamente al final. Las sonrojadas mejillas de Eren y su mirada decidida de aquel día,volvieron a mi cabeza, de forma placentera.
«Quédatelo, cuando nos volvamos a ver, algún día quizá no muy lejano, le pondremos un final. Es una promesa, ¿sí?»
Sonreí ampliamente al recordar la promesa que a pesar de todo, parecía seguir vigente. Sin pensarlo dos veces, comencé a hacer trazos sobre el papel en blanco, dándoles la forma de personas, casas, sillas, objetos, cualquier cosa que se me ocurría. Y sin darme cuenta, terminé por hacerle el final "perfecto", Eren y yo siempre habíamos hablado sobre que darle un final feliz sería perjudicial para la historia, pero ahora más que nunca sentía que ellos merecían su final feliz. Después de todas las cosas que perdieron, después de todos los obstáculos que atravesaron con tanto esfuerzo, después de haber liberado a la humanidad, ellos... realmente merecían ser felices.
Porque cuando el momento llegara y volviera a ver a Eren, lo primero que le enseñaría sería el final que les di al hombre más fuerte y su esperanza. Quería que entendiera que pasara lo que pasara, esta vez me iba a quedar, así como la última esperanza quiso quedarse a lado de su capitán en el final que yo le dibujé. Las tripas empezaron a gruñirme y al mirar el reloj me di cuenta de que eran las cinco en punto, había estado casi tres horas dibujando, borrando y volviendo a dibujar.
Pero estaba conforme, ahora más que nunca estaba decidido a buscar a Eren algún día, quizá no muy lejano. Después de todo, habíamos hecho una promesa y las promesas deben de cumplirse, eso pienso.
Mi celular comenzó a sonar y cuando me fui a fijar de que se trataba, me encontré con que Erwin estaba llamándome. Contesté de buen humor pues me sentía animado, por alguna extraña razón, tenía el presentimiento de que algo bueno ocurriría esta vez. Tenía esa sensación de emoción y ansias haciendo estragos por todo mi cuerpo.
—¿Sí?, ¿Erwin?
—Levi, ¿crees que puedas venir a la ciudad?— Fruncí el ceño, pero terminé por decirle que sí podía, entonces él soltó un suspiro.— Hice reservaciones en uno de los mejores restaurantes, ¿qué tal?
—Suena bien.— Encogí los hombros mientras sacaba la ropa limpia de la secadora y hundía mi nariz en la bufanda negra.
—Entonces, ¿vienes?
—Sí, ¿por qué no?
—Te espero en mi trabajo, a las siete— Respondí con un "ajá" y entonces él hizo una breve pausa, pero después de varios segundos, pareció animarse a decir lo que tenía en mente.—Levi... te amo.
Y yo no pude sentirme más asfixiado ante esa repentina mentira. Sí, porque yo sabía que los te amo que Erwin me decía, era la mentira más grande que él pudiera decir y eso me hacía sentir incomodo, porque yo ya no quería mentirle y seguir con este juego tonto.
—Yo también— Mordí mi labio inferior y luego solté un suspiro.— Nos vemos allá.
Colgué y abrace contra mi pecho aquella bufanda, no quería casarme, al menos no con Erwin. Y llevaba días pensando en una excusa perfecta en la que pudiera zafarme del compromiso. En otro tiempo se lo habría dicho de frente, pero ahora... no quería romper su corazón porque lo quería, pero querer ya no era suficiente. Ya no alcanzaba.
Estacioné el automóvil cerca del dichoso restaurante, Erwi no llevaba su auto por lo que se había venido en el mío a pesar de que siempre se quejaba de lo pequeño y poco elegante que era. Bajamos y el celular de Erwin no tardó en sonar, él caminaba algunos pasos adelante de mí mientras yo veía las tiendas sin interés alguno, hasta que pasamos justo frente a un restaurante de comida rápida. Me quedé ahí parado, viendo con atención la escena que se podía apreciar a través del enorme ventanal del local.
Había dos novios platicando muy animadamente, vaya a saber Dios sobre qué, ambos mostraban con orgullo sus dos manos entrelazadas sobre la mesa, como si estuvieran probándole al mundo que estaban juntos. En ese momento llegó la camarera con un par de enormes hamburguesas para ellos, parecía que los conocía pues uno de ellos bromeó con algo y la chica le soltó un ligero golpe en la cabeza con la bandeja de plástico en donde antes llevaba la comida. Sonreí porque esa escena se me hacía de lo más familiar.
De un momento a otro, los rostros de los chicos se me hicieron conocidos: un Eren y un Levi.
También Annie estaba allí, incluso una chica de largo cabello negro se acercó al trío de jovencitos, dándole un vago aire de parecido a Mikasa. Miré con nostalgia la escena en donde los cuatro reían sin preocupación alguna. Extrañaba tanto mi vieja vida en Friburgo y darme cuenta de eso no me asustó, ni me sorprendió... simplemente me entristeció. Agité la cabeza de un lado a otro, como si intentara quitar diminutos animalitos de ella con ese gesto, aparté la mirada del lugar y caminé los pasos que me hacían falta para llegar a Erwin, él me miraba con extrañeza pero no comentó nada, sólo se limitó a tomar mi mano de manera un tanto brusca mientras tiraba de mí como si fuera una muñeca de trapo.
En cuanto llegamos, Erwin dio su nombre y de inmediato nos hicieron pasar al elegante restaurante, con sus meseros bien vestidos, las antiquísimas lámparas que colgaban del techo y las pequeñas mesas redondas. Nos tocó justo en donde estaba la terraza, tenía una agradable vista hacía todo París y la torre Eiffel, tomamos asiento y casi enseguida nos dieron los menús.
Erwin hojeaba el menú, mientras que yo simplemente jugaba con el delgado libro para matar el aburrimiento. Después de varios segundos así, el rubio se aclaró la garganta y habló:
—¿Qué vas a pedir?— Cambió de hoja, ni siquiera estaba mirándome.
—Los caracoles no— Hice una mueca de asco y dejé el menú sobre la mesa, encogiendo los hombros.— La verdad es que no se me antoja nada.
—Bueno, los caracoles no pero tienes que pedir algo.
Respondió con calmada voz mientras seguía observando su aburrido menú, con sus aburridas comidas. Relamí mis labios y apoyé mi mejilla derecha sobre la palma de mi mano.
—Vi... un restaurante de comida rápida allá afuera, ¿por qué no mejor vamos a comer allá?
Bajó lentamente el menú y sus ojos azules por fin se encontraron con los míos, soltó un suspiro y luego una mueca de completo desagrado se plasmo en su sereno rostro.
—Levi, ¿te das una idea de cuánto trabajo me costó conseguir reservación aquí?— Clavó nuevamente la mirada en la carta y volvió a cambiar de hoja.— Ya eres un pintor reconocido, no deberías andar comiendo en lugares así como si fueras adolescente. Deja tu sombrío pasado atrás, los malos hábitos y todo lo demás que hacías con Eren, o como se llame, se quedó en Alemania.
Levanté la mirada y fruncí el ceño pero el más alto ni siquiera prestaba atención a lo que sucedía. Me había dolido lo que dijo porque en parte sabía que era cierto, todo lo bello que había vivido con Eren se quedó abandonado en Alemania, yo decidí dejarlo atrás y al parecer Eren también. Me encogí en mi lugar, sintiéndome pequeño e insignificantes, Erwin seguía dándome razones para no querer casarme con él y eso sólo me entristecía.
—Bien.
Respondí a secas, pero Erwin, como el gran idiota que es, no le importó. No volví a abrir la boca en todo el tiempo que estuvimos ahí, a excepción de cuando decidía llevarme alguna verdura a la boca, las ganas de comer y el entusiasmo que había sentido esa tarde se esfumó. En algún momento enfoqué la mirada en la ciudad, con todos esos edificios brillando y la torre Eiffel sobresaliendo. Volví a pensar en Eren, me preguntaba qué era lo que podría estar haciendo, si se encontraba bien. Y así, una cosa llevó a la otra y cuando menos me di cuenta, ya estaba evocando recuerdos del pasado.
"Friburgo de Brisgovia, Alemania.
5 años atrás.
El humeante olor de las papas fritas y el queso derritiéndose sobre ellas llegó a mi nariz y se introdujo muy adentro en mi cerebro. Al ver lo grasosas que eran sólo atiné a hacer una mueca, después miré la hamburguesa con un montón de calorías y sentí que de tan sólo mirarla había subido como tres kilos. Luego llevé la mirada a Eren, él miraba con los ojos brillosos la enorme hamburguesa que tenía enfrente.
No tardó mucho en tomar la hamburguesa entre sus manos y llevársela a la boca para darle una gran mordida y fue como si todo el rostro de Eren se iluminara y alrededor de él apareciera una aura rosada con florecitas y brillantina titilando con fuerza. A veces pensaba que el verdadero amor de Eren no era Sol, sino las hamburguesas con mucho queso y muchas calorías. Mientras masticaba su bocado de hamburguesa, noté que en la comisura de sus labios había restos de ketchup y mostaza embarrada.
Relamí mis labios y luché contra las ganas que tenía de lanzarme sobre él y chuparle la cara hasta que estuviera limpia. Tomé una servilleta y me incliné sobre la mesa hasta estar frente a frente con Eren; levantó la confundida mirada, me veía como si me hubieran salido tres ojos y era porque prácticamente estaba violando su espacio personal.
—Levi, ¿qué... qué haces?—Preguntó con las mejillas coloreadas de carmín, mientras desviaba la mirada avergonzada a otra parte.
Rodé los ojos y sonreí con diversión, me acerqué un poco más y limpié sus labios con la blanca servilleta, una vez que cumplí mi objetivo dejé la servilleta echa bolita en su lugar y yo volví a tomar asiento cruzando los brazos e intentando actuar normal, como si no me hubiera afectado estar tan cerca de Eren. Él simplemente pestañeó un par de veces y soltó un suspiro tembloroso.
Mantuve la mirada fija en la ventana, pero después de un rato de sentir la constante mirada de Eren sobre mí, fruncí el ceño y llevé nuevamente los ojos a él.
—¿Qué?— Levantó una de sus espesas cejas y yo tomé una de las papas y la llevé a mi boca, probando el sabor que en realidad no estaba tan mal, más bien, no era malo.— Sólo quería quitarte la suciedad de tus labios.
—En ese caso...
Imitó mi mismo gesto de hace rato y se inclinó sobre la mesa, con sus verdes y profundos ojos devorándome. No miento, me sentí bastante nervioso al ver como se acercaba a mí de manera peligrosa y casi —desde mi punta de vista— sensual. Tragué con fuerza cuando su rostro y el mío quedaron a sólo centímetros, oh, dulce madre de todos los detergentes, con tal concentración fue pasando la servilleta por mis labios, limpiando los restos de queso que habían quedado en ella, podía sentir las rodillas temblándome como gelatina aguada.
Cuando terminó de hacer su "complicada" tarea, se quedó por algunos segundos más observando mis labios, como queriendo asegurarse de que no quedara ninguna mancha más. Después sus ojos subieron a los míos y nuestras miradas se encontraron, era una total tortura placentera ver esos ojos casi traslucidos y que ellos me miraran a mí, cargados con esos sentimientos que jamás logré, ni lograré comprender.
¿Cuántas veces había hecho míos a esos ojos? ¿cuántas veces esos ojos habían hecho suyos a mis ojos?
Había perdido la cuenta de las veces que mi mirada y la de Eren se habían conectado por un largo rato, era lo más cercano que podía estar de volar, Eren era lo más cercano al cielo que nunca estaré. Después de varios segundos fundiendo el verde con el gris, él apartó la mirada y sonrió ampliamente, cómo si el maldito no supiera que con eso sólo lograba que mi corazón latiera con fuerza dentro de mi costillas.
—Ahora tú también quedaste limpio.— Volvió a sentarse en su lugar y también tomó una de las papas para llevársela a la boca y saborearla como si fuera un manjar.
Volvió a coger su hamburguesa y se la llevó a la boca pero esta vez tuvo cuidado de limpiarse bien los labios, yo sólo picaba el pan mientras lo observaba en silencio. Me daba gusto verlo comiendo con ganas, generalmente comía como si estuviera prohibiéndose algo, o fuera un pecado y yo ya sabía porqué era de esa forma. Ojalá pudiera arrancarle todas esas inseguridades y pulverizarlas entre mis puños, era lo que deseaba.
En algún momento dado y sin saber exactamente por qué, tomé una papa que estaba completamente bañada en queso amarillo y simplemente la embarré en el rostro del castaño. Él me miro entre sorprendido e incrédulo, llevándose los dedos a su cachete para asegurarse de que lo que tenía era queso, me miró como preguntando el por qué y yo sólo encogí los hombros con una sonrisa burlona. Él también tomó una papa y como el chico infantil y vengativo que era, embarró el queso en la punta de mi nariz.
—Estamos a mano.
Dijo con una sonrisa de total triunfador, yo arrugué la nariz al sentir la incomoda sensación del queso cayendo de ella hasta mis labios. Hice un mohín con la boca y le devolví el favor, asegurándome de dejar bien embarrado el queso en toda su nariz, él tampoco se quedó atrás y se fue contra mi mejilla, después yo contra la suya y sin darnos cuenta, ambos estábamos hechos un asco. Con todo el rostro embarrado de queso y ketchup, cuando ya no hubo más lugares en el rostro del otro en donde pudiéramos embarrar más del queso, ambos hicimos un mutuo acuerdo de rendición y tregua.
—¿Qué estamos haciendo?
Preguntó entre risitas, mientras se desparramaba sobre la silla, yo sólo negué con la cabeza y encogí los hombros.
—No lo sé.
En ese momento Annie se acercó y al ver nuestros rostros repletos de condimentos para la comida, soltó una carcajada y luego negó varias veces con la cabeza. Eren también rió, contagiado por la rubia y yo sólo pude cruzar los brazos y fruncir los labios. Mientras desviaba la mirada y aparentaba estar enojado, aunque en realidad... también quería reír con ellos."
—Levi, ¿me estás escuchando?— Parpadeé varias veces y llevé mi mirada perdida a Erwin.— Te pregunté si no piensas comer.
—Ah, sí.
Tomé el tenedor y pinché una zanahoria, luego la carne. Estaba en el mejor restaurante de Francia, comiendo la que se suponía era la comida más deliciosa de todo el país y aún así... gustoso habría cambiado esto por estar en la sencilla pero cálida cafetería Punta de cielo, comiendo más de esas grasosas hamburguesas y las papas con queso, que aunque nunca lo admití, me gustaban demasiado, claro, todo eso con la única persona que se reía de mis bromas sarcásticas: Eren Jaeger.
La cena transcurrió en completo silencio, ninguno de los dos decía nada, también regresamos a casa en completo silencio. No estaba enojado con él, estaba dolido y eso era lo peor del asunto, sentirme herido, saber que él sabía en donde y como golpear. Odiaba ser tan débil y vulnerable cuando se trataba de Eren, pero odiaba más que Erwin aprovechara eso para atacarme y golpear, ¿por qué? ¿qué ganaba lastimándome?
Prendí las luces del vestíbulo y Erwin cerró la enorme y pesada puerta de madera detrás de él, ésta chirrió en protesta por el azotón que el rubio le dio, coloqué las llaves sobre la pequeña y redonda mesa y me permití hundir mi nariz en la bufanda negra, de alguna manera un tanto enferma, sentía que tenía a Eren a mi lado dándome fuerzas. Escuché el suspiro pesado de Erwin y me volteé para encararlo.
—¿Estás molesto por lo que te dije?— Preguntó mientras se acercaba a mí, yo sólo desvié la mirada y también suspiré.
—No.
Hundí de nueva cuenta la nariz en la bufanda, por primera vez en mi vida no me sentía molesto con él, sino extremadamente herido.
—Pero tocaste fibras muy delicadas— Murmuré mirándolo directamente a los ojos, esta vez no pensaba mentir y decir que Eren no me importaba, porque era un asunto que me estaba afectando demasiado y estaba pudiendo conmigo más de la cuenta.— Eren es...
Empecé a hablar, intentando explicar que él era especial y que me dolía que se expresara así de él, pero mi habla se quedó a medias cuando él se alejó y arrojó con fuerza las llaves de mi auto al piso, en señal de total enojo. El piso de madera crujió ante el golpe y yo sólo respingué en mi lugar, mientras comenzaba a sentir un miedo real de Erwin.
—¡¿Por qué carajos te empeñas en hacer de Eren un tema "delicado"?!— Tiró de sus rubios cabellos y me miró con el ceño fruncido, yo sólo me encogí más en mi lugar y desvié la mirada, jamás me había hablado así. Después de varios segundos él tomó aire y me miró con seriedad.—Dime la verdad, Levi, ¿te acostaste con él?
Levanté la mirada, incrédulo por la pregunta pero eso pasó a segundo plano, porque ahora sentía enojo. Sí, esta vez sí me sentía bastante molesto, fruncí el ceño y afilé los ojos, mirándolo con total amenaza.
—Erwin— Escupí su nombre entre dientes y me acerqué más a él, casi de forma amenazante— Puedes pensar que le abrí las piernas a quien quieras creer, no me importa— Fruncí aún más el entrecejo y él retrocedió un par de pasos, entonces exploté.— ¡Pero con Eren no te metas! ¡no vuelvas a intentar manchar su luminoso recuerdo! ¡él no es como tú!
Él abrió los ojos y arqueó las cejas, sabía que lo que acababa de decir fue como si lo hubiera pateado justo en medio de las piernas. Siempre había odiado que mi mamá lo comparara con Eren y estaba seguro que odiaba más que yo lo hiciera, ahora aparte de enojo había dolor en sus ojos. Bueno, ahora estábamos a mano. Caminó hasta la puerta y tomó las llaves de su auto y se giró para verme.
—Vete al diablo, Levi.
Salió de la casa y detrás de sí volvió a azotar la puerta. Caí de rodillas en el piso y apresé entre mis puños la bufanda de Eren.
—¡Ya estoy en el infierno!
Grité con todas mis fuerzas mientras me seguía aferrado a la bufanda de Eren, escuché como está vez azotaba la puerta de su automóvil y prendía marcha a quién sabe dónde. Realmente no me importaba, miré el reluciente anillo en mi dedo y fruncí los labios, nunca, jamás, me casaría con él. De inmediato me coloqué de pie y subí corriendo a la habitación, saqué todas mis maletas y empecé, casi de forma histérica a guardar mi ropa. Cuando la cordura regresó a mi cabeza y la emoción del momento se había apaciguado, acomodé mejor la ropa entre las maletas y saqué del baño mi cepillo de dientes, mi hilo dental y todas mis cosas personales para el aseo de mi cuerpo.
No pensaba quedarme con Erwin, esta vez no habría terceras oportunidades, acababa de darme el pretexto perfecto para hacer lo que desde hace mucho tiempo debí haber hecho: largarme de esta casa, romper el compromiso que me ataba a él. Liberarme.
Pasé toda la noche despierto empacando lo más que podía, claro que ni siquiera pude terminar la mitad porque eran demasiadas cosas, entre mi ropa, zapatos, mis pinturas, mi material de trabajo. Con suerte logré que tres de mis seis pinturas entraran en mi pequeño coche, al igual que alguna que otra maleta. Odiaba pensar en que tendría que hacer varios viajes para llevar mis maletas a la casa de Kenny, mientras conseguía un nuevo departamento.
Me senté en el sillón cuando terminé de empacar toda mi ropa y dejé la maleta a un lado del sillón. Estaba esperando a Erwin, al menos quería darle el anillo en la mano y tratar de dejar las cosas en paz, no de la manera en que se habían quedado anoche, me sentía ansioso y no sabía exactamente por qué. Jugaba con el anillo en mi dedo para matar el tiempo.
En eso, varios golpes desesperados se hicieron presentes, haciendo eco en toda la casa.
Me levanté de mi lugar y me apresuré en ir a ver de quién se trataba, cuando la puerta se abrió, abrí los ojos con sorpresa y balbuceé alguna que otra incoherencia, era la persona que menos esperaba ver en estos momentos. Pero lo que me detuvo de seguir actuando como si fuera un total idiota, fue verla con un semblante completamente destruido. Tenía grandes ojeras bajo sus ojos, estaba pálida y a través de los lentes pude ver que tenía los ojos hinchados de tanto haber llorado.
—¿Hanji?
Y pronunciar su nombre basto para que la mujer cayera derrumbada en mis brazos llorando. Pestañeé confundido, sin saber que hacer, o que decir, la volvía a ver después de cinco años y ella venía a mí llorando, completamente deshecha. La abracé con fuerza y ella se aferró aún más a mí, la arrastré por el enorme vestíbulo hasta la sala y la hice tomar asiento en uno de los enormes sillones. Me dediqué a intentar consolarla, acariciando su cabello castaño que en ese momento estaba hecho un lío.
Cuando por fin pudo calmarse, me separé un poco de ella, rompiendo el abrazo. La miré atentamente mientras ella se quitaba los lentes y limpiaba sus lágrimas.
—¿Qué paso, Hanji?— Ella apretó los labios y soltó un suspiro tembloroso— ¿Tu papá? ¿le ocurrió algo?
—Él está bien— Terminó de limpiar sus lentes y se los colocó, pero los ojos volvieron a llenarse de lágrimas.— Mike y yo terminamos.
Soltó por fin, con la voz rota y un tono un tanto lastimero, suspiré y palmeé su espalda. Ya se me hacía raro que esa relación siguiera funcionando después de tanto tiempo, yo nunca le vi a Mike real interés por Hanji... de hecho, Hanji era la única que se esmeraba por hacer que funcionara. Mike no era para ella, siempre lo supe, eran demasiado distintos y por eso mismo no podían complementarse. Había un largo trecho de diferencias entre ambos, lo que aún no entendía era el por qué habría venido de tan lejos sólo para decirme que terminó con Mike.
Es decir, sabía que estaba devastada y que le dolía en el alma, pero Hanji no era del tipo de mujer que haría un escándalo por eso. Debía haber otra razón por la cual ella había venido hasta acá y se encontraba en este estado tan lamentable, sin embargo no mencioné nada, esperaba que ella me lo dijera.
—Levi— Hizo una pausa, como queriendo buscar las palabras correctas y luego soltó otro suspiro.— Mike y Erwin se entendían, lo... lo han hecho desde que empezaste a salir con Erwin.
Solté un suspiro pesado y entrecerré los ojos, siempre había sospechado eso pero nunca quise averiguarlo. Ellos siempre habían sido unidos, tenían tantas cosas en común y Erwin sonreía más cuando estaba con Mike, quien extrañamente se ponía bastante platicador con él. Siempre lo supe.
—Mike esta muy enamorado de Erwin y no quería que se casara— Continuó hablando con seriedad, la mirada café estaba perdida en alguna parte de la pared.— Pelearon por eso y entonces Mike entendió que ni tú ni él merecían estar con alguien como Erwin, fue por eso que me contó toda la verdad... él no podía decírtelo en persona, ya que teme que no lo creas porque ya antes le has perdonado una infidelidad a Erwin.
—Siempre lo supe, supongo— Rodé los ojos y esta vez me quité el anillo del dedo y lo encerré entre mi puño.— Pero no quería creerlo, Erwin siempre me tuvo de su imbécil.
—Mike...— Ella tragó saliva con fuerza y su labio inferior tembló— Él siempre estuvo enamorado de Erwin y quería hacer las cosas bien con él, pero Erwin... ese hombre nos manipuló a todos. Se aprovechó de que Mike lo amaba, se aprovechó de que yo lo veía como un hermano y se aprovechó de que tú lo amabas también— Una lágrima gruesa rodó por su mejilla.— Mike jamás me quiso, yo sólo fui el medio para que pudiera estar cerca de Erwin.
Solté una risa llena de ironía y Hanji me miró atentamente, entonces solté varias carcajadas, dándome cuenta de lo que estúpido que seguramente parecía, de lo estúpido que seguramente pensaba Erwin que era. Había dejado Alemania por él, a mi mamá, mi vida y como la misma mierda que lo había puesto antes que a Eren, sólo porque no quería lastimarlo.
Era cierto que la estupidez humana era infinita.
—No es gracioso, Levi— Negó con la cabeza e hizo un mohín con los labios, yo sólo negué con la cabeza entre risas.
—No, es que sí es gracioso— Solté otra carcajada— Nos tuvo de sus idiotas, a los dos, a ti y a mí— Hice una pausa y las risas cesaron, tomé aire y encogí los hombros.— Es que siempre fue obvio para mí, bueno... me daba cuenta de algunas cosas. Somos patéticos, ¿no?
Ella soltó una risita y luego negó con la cabeza, porque en lo profundo de su corazón ella sabía que Mike no la quería, y también se daba cuenta y notaba lo que siempre estuvo frente a nuestras narices. Pero yo, a diferencia de Hanji, no sentía... nada, quizá porque siempre lo sospeché, tal vez porque esto me liberaba definitivamente de Erwin y otro poco porque él ya no era a quien amaba, porque de hecho, lo había dejado de amar desde la primera vez en que mis ojos y los de Eren se encontraron.
Fue ahí que irremediablemente le pertenecí a Eren, era lento pero ya lo había entendido.
Y él se encargó de asegurar las cadenas que me atan a él, pero no cadenas como las que sentía estando con Erwin, sino... ese tipo de cadena dulce y cálida, que te aprieta el cuerpo de forma placentera. Y yo quería estar encadenado a Eren por siempre. Lo único que sentía era enojo, pero no enojo por mí, sino enojo por ver que a Hanji le habían roto el corazón; había perdido a su novio y a su mejor amigo.
—Por eso...— Está vez me miró con ojos suplicantes— ¡Enano, no puedes casarte con Erwin!
—De cualquier forma ya no pensaba casarme con él— Entonces ella suspiró pareciendo aliviada, como si un enorme peso se le hubiera quitado de encima, a pesar de todo, ella estaba más preocupada por mí.— Hace cinco años que ese amor se había esfumado, la verdad es que sólo estaba buscando un pretexto.
Hanji me miró fijamente por segundos y luego llevó la mirada al retrato que sobresalía de entre todas las demás cosas, el retrato en donde Eren y yo nos sonreíamos mutuamente. La única foto que tenía de él.
—Eren era el indicado— Murmuró con voz llena de pesadumbre, supongo que sintiendo un poco de lastima por mí.
—Lo sé, siempre lo supe— Fruncí los labios y recargué mi espalda contra el respaldo del sillón.— Quizá siempre estuve asustado de él.
La mujer frunció el entrecejo y me miró con extrañeza.
—¿Cómo que asustado de él?
—Sí, me asustaba... ya sabes, sentirme tan bien cuando él estaba cerca— Relamí mis labios y encogí los hombros— Estaba asustado de luchar por él y entregarme completamente, tenía miedo de que eso no bastara y el no pudiera corresponderme de vuelta.
—Pienso que no era necesario que te esforzaras demasiado, quizá... sólo un poco— Hizo un ademán con la mano.— Eren te quería mucho y tú lo sabías, pero nunca quisiste creerlo.
En ese preciso momento las palabras de Riko llegaron a mi cabeza, retumbando hasta en el último espacio de mi cabeza.
«Bueno, digamos que tú no eres el tipo más brillante cuando se trata de amor. Te gusta conformarte con poco.»
Sonreí con ironía, ella nunca se equivocaba respecto a mí, claro que yo no era la persona más brillante cuando se trataba de cosas como el amor. Siempre creía que el amor que recibía por parte de Erwin era el que realmente merecía, nunca había sido así, de alguna manera... yo sentía en lo profundo de mi alma que el amor que realmente merecía, que siempre había deseado sentir era el de Eren. Aunque sólo fuera amor de amigos, no debió de importar, pero yo siempre, siendo una criatura tan ambiciosa quise más de lo que tenía y por eso nunca me daba cuenta cuando algo realmente bueno tocaba a mi puerta.
Hanji me volvió a abrazar como teniendo la certeza de que ahora, yo era todo lo que le quedaba. No era muy propio de mí, pero la volví a abrazar con fuerza y troné un beso en su frente en un gesto de total hermandad, sequé las pocas lágrimas que aún resbalaban por sus ojos y ella me miró enternecida.
—¿Por qué tuviste que nacer gay?, seríamos perfectos juntos.
Preguntó con un puchero infantil y yo sólo pude encoger los hombros y negar con la cabeza. Ambos reímos por la ocurrencia de Hanji, pero nuestras risas cesaron cuando escuchamos el crujir de la puerta seguido de unos pesados pasos sobre el suelo de madera, Hanji se tensó y yo le di un apretón a su mano para darle a entender que no estaba sola, que estábamos juntos en esto. Ambos nos pusimos de pie y Erwin por fin hizo su gran aparición. Llevaba un enorme ramo de rosas en su mano derecha, sabía más o menos lo que quería lograr con eso pero yo ya no pensaba ceder, ni mucho menos aceptar sus hipócritas rosas, con sus hipócritas intenciones y sus hipócritas palabras de "amor". Dudaba que él lo hubiera llegado a sentir por otra cosa que no fuera él mismo.
En cuanto vio a Hanji parada a mi lado borró la enorme sonrisa que llevaba puesta y la miró con bastante confusión, dejó las llaves sobre la mesita de centro que estaba a lado de uno de los tantos ventanales, forzando una sonrisa dio unos cuantos pasos más pero se detuvo al ver la seriedad en nuestros rostros. Crucé los brazos, mirando con aburrimiento a Erwin, quien sólo pasaba la mirada azul de Hanji a mí y así sucesivamente.
Pero luego soltó una risa nerviosa y habló:
—Hanji, que sorpresa tenerte aquí— Sonrió falsamente y ahora lo sabíamos la cuatro ojos y yo, todo lo que Erwin hacía o decía, era falso.— Pero creí que te vería en la boda, no semanas antes... sí te llegó la invitación, ¿verdad?
Ambos fruncimos el ceño y después de eso, todo pasó como en cámara lenta. Erwin se acercó para saludar a Hanji pero todo lo que se escuchó fue una fuerte palmada estrellándose contra la mejilla derecha de Erwin, el ramo de rosas cayó al piso, deshojando varios de los delicados pétalos de las flores. El sonido retumbó por toda la casa, haciendo eco en las paredes hasta el último recoveco del lugar, cuando el rubio se recuperó del reciente golpe, volteó a verme con los ojos bien abiertos y un montón de dudas en la cabeza. Se llevó la mano a su mejilla, aquella que tenía la mano bien marcada en rojo.
Pero yo simplemente encogí los hombros y vi a Hanji fruncir aún más el ceño entre la confusión y la satisfacción. Ninguno de los tres se esperaba esto y yo... yo me sentía más que conforme.
¡Hola a todas/os! Espero que se encuentren muy bien y que el capitulo de hoy haya sido de su agrado, por fin Levi decide hacer lo correcto en mucho tiempo y se libera de Erwin. Hace poco una lectora me comentó que el más maduro de esta historia ha sido Eren y sí, es el personaje que más evoluciona y que más cambios tiene; a pesar de que la gran mayoría de la historia es contada desde el punto de vista de Levi y sus vivencias, de cierto modo siempre he pensado que Eren es el verdadero protagonista. La mayoría del tiempo todo es acerca de Eren y es el personaje que siempre toma decisiones difíciles. Levi se verá forzado a madurar cuando se encuentre nuevamente con Eren porque encontrara que él ya no es la misma persona y que ahora tiene prioridades distintas que ya no van enfocadas en Levi, y nuevamente, el cambio que sufrirá Levi será gracias a Eren, así que sí, es Eren quien hace toda la magia aquí. Eso era todo lo que quería agregar porque me pareció interesante que por fin alguien me hiciera esa observación; muchas gracias infinitas a las chicas que se molestan en dejar reviews para expresarme qué es lo que piensan respecto a Green eyes y por darle todo su apoyo. Sin nada más por decir, nos estamos leyendo próximamente, ¡saluditos!✨
All the love, Dragón. 🐉🌹
