Los siguientes tres días fueron un auténtico infierno para Sam. Dean apenas hablaba y lo malo era que su hermano sabía perfectamente lo que pasaba por su mente. Por más que lo intentaba, Dean no podía quitarse de la cabeza que su padre no era el hombre que su hijo siempre había pensado y eso no le estaba ayudando nada en su recuperación. La fisioterapeuta se acercó a Sam la mañana del tercer día para hablar personalmente con él y exponerle la situación en la que se encontraba su hermano.

"Sam, se que no es de mi incumbencia, pero para ayudar a tu hermano necesito saber si ha pasado algo entre vosotros. Dean está muy distinto a cuando empezamos con la rehabilitación, ahora es como si le diera igual volver a caminar o no. ¿Qué ha pasado Sam?"

El menor de los hermano apartó la vista de la joven doctora y la clavó en el suelo. Apretó las manos hasta hacerse daño y luchó con todas sus fuerzas contra si mismo para llorar delante de ella.

"Si, creo que si ha pasado algo, pero no estaba seguro como afectaría a Dean." La chica lo miró, sabía que tenía que contarle algo más para que ella pudiera ayudar a su hermano a recuperarse antes. "Hablamos con una persona, su padre conoció a nuestro padre y bueno… Dean estaba muy apegado a él, era como su héroe particular y ella dijo…"

"Su padre no se llevaba buen con el vuestro y Dean no lo lleva muy bien." Sam negó con la cabeza dándole la razón a ella. "Supongo que puedo trabajar con eso, pero voy a necesitar que me eches una mano. Es tu hermano, no hay nadie que lo conozca mejor que tu, así que nadie podrá ayudarle mejor que su propio hermano."

"Sobre eso," Sam se pasó la mano por el cabello. "No estoy seguro que Dean quiera verme ahora mismo. Digamos que se cierra en banda cuando está realmente preocupado por algo."

La mano de la doctora sobre su brazo le hizo levantar la vista y dejar de hablar, para mirarla a los ojos. "He visto muchos pacientes que han pasado por situaciones horribles, mucho peor que descubrir algún secreto de su padre. Te aseguro que tu hermano es un hombre muy fuerte y saldrá adelante. Pero sinceramente Sam, tu hermano te necesita a ti, no necesita que yo esté ahí diciéndole que de un paso adelante, ni tampoco necesita medicinas, lo único que le hará bien, será tenerte a ti a su lado."

"¿Cómo lo sabes?" Preguntó Sam, aunque una parte de si mismo ya sabía eso.

"¿Tomamos un café? No tienes buena cara, llevas todos estos días preocupado por tu hermano y necesitas descansar un poco." La doctora sonrió y Sam pensó que tenía unos ojos realmente bonitos en los que no se había fijado nunca. "Por cierto, puedes llamarme Katie."

Tomaron casi en silencio la mitad de un café muy cargado, Sam estaba a punto de caer dormido en la silla de la cafetería. Katie lo miraba sonriente. "Dean habla mucho de ti, habla de muchas cosas, pero sobretodo habla de ti, de lo cabezota que eres y de las muchas veces que te ha salvado la vida. ¿Qué tipo de vidas lleváis vosotros Sam?" Dijo la muchacha sonriente. Ahora que se fijaba Sam, parecía mucho más joven de lo que era en realidad. Sam abrió la boca para contestar, pero no supo que decir a eso. "Lo siento, no es de mi incumbencia. Pero es cierto, Dean no hace más que hablar de ti. Precisamente por eso, creo que te necesita."

"No creo poder hacer mucho ahora mismo por mi hermano." Dijo Sam con absoluto pesar. "Han pasado muchas cosas últimamente, Dean ha sufrido mucho y de alguna forma… Dean no es el tío más abierto del mundo."

"Ayúdale tu entonces."

Sam abrió los ojos de par en par, de repente todo parecía sencillo, Dean le necesitaba y aunque no sabía cómo ayudarle, todavía, Katie tenía razón, Sam podía hacerlo, tenía que hacerlo, como fuera y desde luego la forma no era quedarse sentado en la cafetería del hospital lamentándose por todo lo que había pasado.

"¿Ha terminado ya mi hermano su hora de rehabilitación de hoy?"

Katie asintió. "Supongo que estará agotado, las sesiones con mis compañeros son siempre dolorosas y muy duras. Estoy seguro que se alegrará mucho de verte."

Sam se despidió de Katie prometiéndole que volverían a tomar café juntos y que hablarían de Dean siempre y cuando Sam lo necesitara. Se encaminó a la habitación de su hermano, por un lado temeroso del estado en el que pudiera encontrarse su hermano y de lo mucho que todo aquello estaba ocurriendo le estuviera afectando. Se quedó delante de la puerta cerrada y respiró con fuerza. Katie estaba en lo cierto; tenía que ser el fuerte y estar con Dean y protegerle, como tantas otras veces había hecho su hermano con él. Era el momento de devolverle lo que Dean había hecho durante tantos años.

Abrió la puerta con cuidado, si Dean estaba durmiendo no quería despertarle. Todo estaba oscuro, pero al adentrarse en la habitación vio otra figura sentada en el sillón junto a la cama. Por un momento temió que se tratara de Rebeca, cada vez que esa chica se acercaba a Dean, su hermano terminaba sufriendo mucho más. Se aseguró que tenía el arma en su sitio, preparada para disparar al que intentara hacerle daño a su hermano y entró en el cuarto.

La sombra se movió y se lo quedó mirando.

"Sam."

"¿Cass? ¿Qué haces aquí? Creía que después de lo que pasó, tu no volverías."

"Creí que éramos amigos. Los amigos humanos es lo que hacen. ¿no es así?" Sam se acercó a la cama en silencio.

"Lo siento Cass, no pretendía."

"Lo se, lo entiendo, no pasa nada."

"¿Cómo está Dean? ¿Qué tal le ha ido la fisioterapia?"

Los dos se quedaron mirando a Dean que dormía en la cama. "Dean nunca lo reconocerá, los dos lo conocemos bien, pero tu hermano ha llorado."

"¿Qué?" Sam se volvió hacia la cama, con miedo por haber gritado demasiado alto y que Dean se hubiera despertado. Pero su hermano seguía durmiendo, seguramente estaba demasiado agotado por el trabajo del día. Pero aún así bajó la voz. "¿Que Dean ha estado llorando?"

Se acercó a la cama y se sentó al lado de su hermano, le rozó la frente con dos dedos e hizo todo lo que pudo para contener los sentimientos que se agolpaban en su interior. "Dean no se ha dado cuenta que le he visto llorar."

"Dean ha estado llorando." Dijo Sam para si mismo. "Cass…"

"Creo que hay una forma de ayudar a tu hermano a recuperarse, a que su interior se reponga."

Sam se volvió rápidamente al escuchar aquello. "¿Por qué no me lo habías dicho? ¿Por qué no habías llamado antes?"

"No estoy seguro, ni siquiera de vaya a funcionar, temo incluso hacer daño a tu hermano, es algo muy peligroso."

Dean se removió en la cama y abrió poco a poco los ojos. Sam necesitaba saberlo, Castiel tenía que decirle que era lo que había descubierto antes de que su hermano se despertara. Miró a su amigo y esperó la respuesta.

"Debe volver a comprender quien era su padre y que es lo que John hizo por vosotros durante todos esos años."

"¿Comó…"

"Sam ¿Qué haces aquí? Anoche dijiste que te hirias a dormir al motel y que vendrías hoy después de comer." Dean se había despertado y lo estaba mirando. A pesar de sonreírle, no había forma de que escondiera el dolor físico y emocional que estaba sufriendo en su interior.

"Ya ves, parece ser que no puedo vivir sin ti."

"Empiezo a pensar que eres excesivamente dependiente de mi, Sammy."

"Si claro ya te gustaría a ti." Dean sonrió y se incorporó, aunque tuvo que ayudarse con las manos porque sentái las piernas demasiado pesadas y doloridas por la rehabilitación. "Ahora en serio," dijo mirando a Castiel, desde su úlitma discusión no había visto al ángel. "¿Qué estáis haciendo los dos aquí?"

"Dean, deberías descansar, he hablado con tu doctora y me ha dicho,"

"Ya, ya, doctores. Creo conozco mejor mi cuerpo de lo que sabrán ellos. Estoy bien, Sammy, me siento bien." Mentía, Sam lo sabía, pero no dijo nada al respecto, porque no quería discutir con su hermano. "Y puedo enterarme de lo que estáis tramando."

"Dean, no se trata de eso."

"Sam… Por si no lo recuerdas, te conozco tan bien que te he cambiado los pañales siendo un bebé. ¿Crees que no se perfectamente cuando me estás mintiendo? ¿Qué es lo que no me estáis contado Sammy?"

Castiel dio un paso adelante y se colocó junto a Sam.

"Creo que puedo ayudarte a reconciliarte con tus recuerdos." Dean estaba a punto de soltarles, que no tenía ningún problema con sus recuerdos, que ahora lo tenía todo claro y que estaba convencido que su padre les había mentido durante toda su vida. Sin embargo, un parte de él, le obligó a guardar silencio y mirar a su amigo a los ojos, esperando que siguiera hablando. "Será doloroso y no estoy seguro si en tu estado, ahora mismo, podrás soportarlo."

"¿De que se trata?" Dijo El mayor de los hermanos con la voz ronca, sin expresar ningún tipo de sentimiento en ella.

"De volver a ellos, entrar en mente y ver de nuevo todo lo que ahora temes revivir y descubrir. No será muy agradable Dean, pero es la única forma de que vuelvas a ser, tu mismo, completamente tu."

Dean se puso tenso y su espalda se resintió terriblemente. Se mordió el labio para no protestar y se quedó ahí mirándolos a los dos. Sam tampoco sabía que decir, pero espero a que fuera Castiel el que siguiera hablando.

"Solo puedo hacer una cosa para hacerte experiencia menos traumática, puedo hacer que Sam vaya contigo." El menor de los hermanos también se puso tenso, no se había esperado eso y ni siquiera estaba seguro si estaba preparado para algo así, pero se lo debía a Dean, se lo había prometido a si mismo, que haría cualquier cosa por su hermano.

"Muy bien, supongo que puedo hacerlo, a ver si así son convencéis de una vez que estoy bien y así tal vez te pueda perder de vista de una vez." Dijo el cazador de mayor edad clavando al vista en Castiel.

"Dean no digas eso."

"No pasa nada Sam, no importa." Contestó el ángel. "Se que estás roto, Dean, soy un ángel lo veo en tu interior. Por eso estoy aquí, para ayudarte y si cuando terminemos sigues queriendo que me marche lo haré gustoso."

"Muy bien, pues vamos a terminar esto de una veza por todas."