Holi! Ya sé que no tengo perdón ni nada, que llevo sin actualizar desde la semana pasada, pero he estado toda la semana muy ocupada y hasta hoy no he podido acabar el capítulo. El próximo espero subirlo como mucho el lunes por la noche. Y el jueves tendréis un tercero si es posible. I promise!
Disclaimer: Naruto y sus personajes son de Masashi Kishimoto.
Capítulo 19
Plegaria
"Las alegrías nacientes te dan coraje,
Si te pasas ahora, obtendrás sufrimiento,
Pero estoy seguro de que llegarás a la cima,
Dalo todo y sentirás la victoria."
Heroe's Come Back - Nobodyknows
-¿Por cuánto os vais?
La voz de Shizuka se escuchó algo ahogada. Solo podía mirar a Daichi mientras que su mano derecha se movía hasta su vientre con disimulo. Sentía la mirada de Kohaku y del novio de Akuma en ella.
-Serán solo un par de semanas, nada grave-Argumento Akuma por el hombre, mientras tragaba la comida que tenía en la boca.
-Ame y Konoha se han aliado para realizar esta misión, tenemos que desplegarnos por la frontera con el país de la Tierra para investigar. No tenemos más opciones que ir, están desapareciendo hombres y mujeres a cada misión cerca de esa zona.
-Kaito tiene razón Shizuka-Daichi tomó su mano izquierda-Tenemos que encontrar el causante de las desapariciones.
La Hatake miró a Kaito, el novio de Akuma. Tenía la piel tostada, llena de cicatrices, una rebelde melena rojiza y unos profundos ojos ámbar, que le hacían tener un aspecto salvaje. Probablemente rondaría el metro noventa y su complexión fornida intimidaba.
-¿Quiénes vais?-Quiso saber la de pelo púrpura-¿Quiénes lleváis a la misión?
-Los jōnin que formamos parte del escuadrón somos Daichi, Kaito, Shikari y yo-Akuma frunció el ceño-Y se vienen como refuerzo Inoshi, Chō, Shin, Tsume y Mimi.
Shizuka se tranquilizó un ápice al escuchar el nombre de su alumno entre los nombrados. Pero pronto volvió a preocuparse. Ninguno de los nombrados era ninja-médico, por lo menos completo.
-No lleváis ninjas-médico.
-Inoshi sabe un poco de ninjutsu médico, al igual que Chō y Mimi-Dijo Daichi con una sonrisa-Estaremos bien, ya lo verás…
-Llevaros a Hana-Propuso de inmediato-Ella está más cualificada que ningún otro aunque sea genin…
-Se marchó de la aldea junto a Tsunade-sama para ir a Iwa, a los exámenes chūnin-Habló Kohaku por primera vez en mucho tiempo-Les servirán como soporte si hay algún indicio de peligro. ¿Quieres tranquilizarte?
Daichi besó a Shizuka en los labios para que no siguiera asustada. Pero había algo en aquella misión de reconocimiento que no le gustaba ni un pelo. Y después de todas esas misteriosas desapariciones, no quería que ni su prometido ni su mejor amiga se marchasen.
Su mano se afianzó a su vientre y rezó porque aquella misión saliese bien, pues si los análisis que se había hecho aquella misma mañana salían positivos, necesitaría a ambos.
Y mucho.
-Shannaro!-
-Tsunade-bāchan, creo que deberíamos parar a descansar-Hana alzó la voz mientras corría-Ya está oscureciendo.
-De acuerdo, detengámonos aquí-Estuvo de acuerdo la Sannin, deteniéndose en una rama y saltando al suelo-Estamos a dos días de Iwa.
Hana bajó también y comenzó a preparar una pequeña fogata para calentarse, pues a pesar de que era verano, en el país de la Tierra parecía otoño. Se pusieron una frente a la otra mientras comían, con el fuego entre medias. Llevaban cinco días viajando casi sin parar. La Uzumaki comía con lentitud, como si estuviese pensando en algo, y Tsunade se dio cuenta de aquello.
-Estos días estás demasiado callada, ¿qué es lo que te preocupa?
-Nada en especial, solo que me gustaría ver como Shina-chan entrena con la espada-Hana sonrió quedamente-Mikoto y ella estaban muy emocionadas el otro día cuando entrenaban juntas kenjutsu.
-Tu hermana sorprendió a tus padres bastante cuando les gritó el día de su cumpleaños que quería ser samurái-Tsunade rió un poco-¡Y la cara de Sakura y Uchiha no fue menos cuando Mikoto les gritó que ella también quería serlo!
-Escuché a Tsume-san y Yoshino-san hablar entre ellas el otro día cuando fui a buscar a Shina-chan a la academia-Tragó lo que tenía en la boca-Miraban a Shina-chan y a Miko-chan, diciendo que era como si hubiesen revivido. Cómo si la abuela de Midori y mi abuela estuviesen ahí de nuevo…
Tsunade vio apenada la cara de confusión de su ahijada. Sabía que aún tenía algo que decir.
-Sé que es una tontería pero…Nunca he oído que me parezca a alguien.
Entonces la Sannin sonrió con nostalgia. Era cierto que la tercera generación tenía cierto parecido con la primera y casi todo el mundo lo sabía. Pero en algunos aspectos era mejor, la mayoría no eran niños que hubiesen nacido o vivido en mitad de la guerra, a excepción de Akuma Sarutobi. Pero las cosas se estaban revolviendo de nuevo y la amenaza de una nueva guerra se cernía sobre las aldeas ninja.
-Yo sí lo he oído-Se pronunció la mujer, llamando la atención de Hana-Lo primero que escuché fue que eras igual que tu madre pero con el carácter de tu padre, pero lo negué. Tu madre había perdido la bondad que la caracterizaba poco a poco y tu padre ya no tenía esa chispa arriesgada tan suya. Después fue que te parecías a tu abuela Hana, cosa que me creí rápidamente pues con siete años eras un calco de ella. Y hace poco descubrí que, en realidad, eras como…
El ruido de gente pasando entre los arbustos las alertó, interrumpiendo el relato de Tsunade. Hana echó agua a la fogata y ambas se escondieron en lo alto de una rama. La Sannin le pidió a su discípula que camuflase su chakra y esperaron. A los pocos minutos, aparecieron cuatro figuras encapuchadas en el claro donde habían estado.
-Mira, parece que alguien ha estado aquí recientemente…
-Sí, aun puedo sentir algo de chakra…¡Eh, quién está ahí!
Hana dejó de respirar al oír eso. ¿Cómo podían haberlas descubierto? Se fijó en la dirección a la que miraba la encapuchada y entonces vio a una mujer y a un niño. La mujer ponía tras de sí al niño, agarrando con firmeza un largo kunai. Por la forma en que se movía, parecía herida.
-Vaya, vaya…-Dijo la primera encapuchada que había hablado, soltando un carcajada-Pero mira lo que veo, una kunoichi de Kumo…
-Por favor, ayúdenme-Suplicó la mujer-Hemos sido atacados en la frontera por un ninja de Kusa…
-¿En serio?-La voz sonó burlona-Por orden de la Tsuchikage, al único miembro de Kumo que se le permite entrar es al Raikage. Los demás serán atacados y diezmados.
-¡Mi vida, corre!-Avisó la mujer al niño-Me mataréis a mí, pero a mi hijo ni le tocaréis…
Tsunade y Hana observaron la batalla desde la rama. A la Uzumaki se le encogió el corazón cuando vio que una de las figuras encapuchadas tomaba al niño por el cuello, dispuesta a clavarle una estaca metálica en el cuerpo. La mujer cayó al suelo desangrándose por culpa del gran kunai, que se lo habían arrebatado y usado en su contra. Hana forzó un poco más la vista y distinguió dos largos mechones de color azul-grisáceo salir de la capucha de la figura que había apuñalado a la mujer.
Las dos figuras restantes permanecían de pie tras la masacre, inmutables.
-¡Mami, mami!-Gruñía el niño entre sollozos-¡Mami!
-Mami, mami-Le imitó la encapuchada que le tenía-¡Me encanta matar a lloron…!
El sonido de alguien correr por los arbustos llamó su atención y la que había matado a la madre, gritó:
-¡Nos ha visto!-Bramó asustada-¡A por él!
Tsunade tenía la mano totalmente cerrada entorno a la muñeca de su ahijada, clavándole las uñas tan fuerte que un fino hilo de sangre recorría la pálida piel de la chica. Hana tenía los dedos formando el sello del Clon de Sombra. Los intrusos se marcharon y entonces se escuchó sollozar de nuevo al niño.
-Ma-mami…
Ambas se lanzaron hacia ellos sin pensarlo. Tenían que intentar salvar a la madre.
-Mi niño…-La mujer puso débilmente la mano en la mejilla del pequeño-No llores…
-Por favor, resista un poco más-Pidió Hana abriéndole el chaleco para ver la fea herida que no paraba de sangrar y comenzar a usar la Palma Curativa.
-E-ella t-te va a cu-curar-El niño miró a Hana suplicante.
-Ya no hay solución…no puede hacer nada-Tosió fuertemente, haciendo que bastante sangre resbalase por la comisura de sus labios-Sé fuerte…cauto…valiente…Mi dragón, mi Ryū.
Los ojos ambarinos se toparon con los ojos miel de Tsunade. Sus pupilas se dilataron de la sorpresa al reconocerla y componiendo una breve sonrisa, murmuró:
-Tsunade-sama…¿le podrá cuidar por mí?-Sus ojos se entrecerraron-¿Podrá cuidar a mi Ryū?...es un niño…es…
-Lo haré-Se pronunció solemne-Cuidaré al niño. Se lo prometo…
-Minako-Susurró, probablemente por última vez-Te quiero cariño…
La mano de Minako cayó, muerta, de pronto. Hana percibió como el corazón dejaba de latir en cuanto puso la oreja encima de su pecho y dijo:
-No dejaré que muera, ni de broma.
Un, dos, tres, cuatro, cinco.
Insufló aire.
Un, dos, tres, cuatro, cinco.
Ryū retrocedió lentamente, llegando hasta Tsunade y abrazándola.
Un, dos, tres, cuatro, cinco.
La Sannin correspondió el gesto, sin apartar la mirada de su discípula. Tragó saliva y murmuró:
-Hana, detente. Ya no puedes hacer nada.
-Dijiste que los ninja-médicos debían seguir con el tratamiento mientras respirasen…-Jadeó la chica.
-El problema, es que ella ya no lo hace.
Se detuvo lentamente, dejando caer sus manos a sus costados, llenas de sangre. Agachó la cabeza y poco a poco, le quitó el chaleco y la banda ninja. Con la manga de su kimono de entrenamiento, limpió la sangre de su rostro, y después acicaló su largo y lacio pelo blanco. Se puso en pie y dio un golpe con ambas palmas al suelo.
-Elemento Tierra: Movimientos Tectónicos.
La tierra se hundió bajo el cadáver de Minako y pronto también desapareció bajo la tierra.
-Vámonos, nos quedan dos días para llegar-Se pronunció sin mirar a su madrina, dándole las identificaciones de la kunoichi para que las guardase.
Ryū la miró con los ojos llenos de lágrimas y Hana se agachó, ofreciéndole su espalda para que subiera. El niño se encaramó, agarrándose con fuerza, y sorbió con fuerza mientras apoyaba la mejilla en el hombro de la Uzumaki. Tsunade tomó la mochila de Hana y su bolsa y dijo:
-Si la Tsuchikage ha ordenado eso, estaremos en problemas más graves. Ándate con mil ojos, querida.
Hana asintió, afirmando el agarre para que Ryū no se cayese. Recordó el sonido de la voz y el color del pelo de la que mató a la madre del niño.
La mataría si llegaba a encontrársela. Le arrancaría la garganta.
-Shannaro!-
-¡Y mi papá se enfrentó al mono, que era así de grande!-Ryū levantó los brazos todo lo que pudo-¡Lo vi todo!
-¿Y qué pasó con el mono, Ryū-kun?-Preguntó con su profunda voz Kuroi, totalmente interesado por la historia del niño.
-Eh…no me acuerdo-Se rascó la sien-Mi mamá dijo que papá y el mono se marcharon juntos a otro lugar. Y dijo que, a pesar de todo, él estaría aquí dentro…¡Y el señor mono también!
Kuroi y Hana se apenaron al escuchar aquello, mientras el niño se ponía la mano en el pecho lleno de esperanza. Ryū era un niño avispado para tener solo cinco años, tenía el pelo albino hasta los hombros por lo que la Uzumaki se lo había recogido en una coleta para que no le molestase. Sus ojos negros tizón brillaban con entusiasmo y su sonrisa desdentada, pues parecía que se le había caído hace poco un diente, brillaba impoluta.
Tsunade y Mei escuchaban lo que el niño contaba de trasfondo. Estaban tratando desde hacía rato el tema del ataque por enésima vez desde que llegaron a Iwa hace tres días. Y la Mizukage ponía al tanto a la ex-Hokage de lo que estaba pasando en sus respectivas aldeas.
-A está reuniendo un grupo de asalto para el momento en que Iwa ataque-Murmuraba la pelirroja, mientras comía una gamba-Y yo también estoy reuniendo a mis shinobis y a los Espadachines. De hecho, A ha enviado a Kuroi-kun como un infiltrado de Kumo, su alumna y el chico que he traído yo están haciendo equipo y ni si quiera son de la misma aldea. No queríamos arriesgarnos después de lo ocurrido con el Yonbi.
-Entonces lo que dijeron en el bosque es cierto, la presencia de Kumo es non-grata en Iwa. ¿Qué pasó con el Mono de Cuatro Colas?
-Apareció de pronto en una pequeña aldea de Kumo, cerca de la frontera, hace poco más de un año. Destruyó la mayor parte del lugar, se cobró muchas vidas. Kurotsuchi y A se enfrentaron sin éxito a él, hasta que un ninja de Kumo intervino. Por lo visto igualaba en poder a la bestia y a gracias a su sacrificio, lo selló dentro de su hijo. Hubo una gran discusión y casi se declararon la guerra allí mismo, Kuroi-kun lo presencio todo. La madre y el niño escaparon casi de inmediato y…
-Mei, espera un momento…-Tsunade miró de reojo a los tres y bajó la voz-¿Crees que él pueda ser…?
-Quizás si o quizás no, pero Konoha tendrá que albergar a un integrante más-Mei sonrió-Esperemos que…
Y ambas se quedaron mudas cuando miraron a los más jóvenes. Kuroi tenía entre sus brazos a Hana, que tarareaba una canción peculiar, con la mejilla apoyada en su cabeza. Ryū dormitaba en el pecho de la chica, abrazándose a ella como un pequeño mono a su madre. Ella le hacía pequeñas caricias en la espalda con la mano derecha y la izquierda se apoyaba en su cabeza. Estaban los tres tan absortos que las dos mujeres sabían que no se enterarían de nada.
-Creo que ella va a ser mejor madre que tú-Se carcajeó en un murmullo Mei-Mírala…
-De todas las cosas que sé hacer, ese no es mi mayor fuerte-Gruñó Tsunade apoyando la cara en una mano-Pero todavía le queda mucho por aprender.
-¿En serio?-La pelirroja alzó una ceja-A conseguido que se duerma en menos de cinco minutos y Kuroi está a punto de caer también…¡Ni cuando mis cuatro hijos eran pequeños era capaz de tal proeza!
-Eso viene con los genes-La rubia sonrió de forma socarrona, para después transformarse en una sonrisa apenada-Ella fue quien luchó por mantener viva a la madre de ese crío y ahora mismo está lidiando con su primera muerte.
Mei le dirigió a Hana una mirada llena de compasión. Quizás ver morir a alguien frente a ti, sin que puedas hacer nada, es doloroso. Pero ver como mueren poco a poco mientras les tratas, a sabiendas de que estás intentando mantener a alguien con vida, es un tipo de dolor que solo los ninja-médico sabían sobrellevar.
-Shannaro!-
-¿Sabéis una cosa? Estoy embarazada de Daichi.
El murmullo de Shizuka se perdió en el aire. La Hatake se encontraba de pie frente a la Piedra de los Héroes. Sus dedos rozaron un par de nombres, que estaban escritos cerca del final de la lápida.
-Sí, ese imbécil al final consiguió lo que quería-Sollozó soltando una risa-Me encantaría que estuvieseis aquí y estoy segura de que Naruto-sensei también lo hubiese querido, después de todo el sigue mal por lo que pasó…
"Tanbo Namegure", "Minako Tenzohara". Aquellos nombres, los nombres de sus antiguos compañeros de equipo estaban plasmados ahí. Habían muerto en una misión en el País del Sonido, cuando solo eran chunin de diecisiete años. Habían muerto por Konoha, por detener una revolución. Shizuka se echó hacia atrás y comenzó a caminar de vuelta a casa, tenía que dar la noticia de una vez por todas…Después de una semana de saberlo.
Al pasar por el cementerio de Konoha, pudo ver a alguien arrodillado frente a una tumba. Parecía que no era la única que aprovechaba aquella tranquila noche para visitar a quienes se había querido. Se acercó un poco más y se sorprendió al reconocer a la madre de Akuma.
Kurenai miraba la tumba con las manos juntas, realizando una oración.
-Asuma, protégela-Escuchó que murmuraba-Impide que la ocurra algo malo, esa misión no me da buena espina. Llámame paranoica si quieres, pero lo siento aquí dentro-Se puso la mano en el pecho-Protégela, por favor. A ella, a Daichi, a los niños, a todos.
La plegaria de Kurenai Yūhi caló en la menor de los hijos de Kakashi Hatake y Anko Mitarashi. Podía sentir incluso el mismo miedo que probablemente sentía la mujer de ojos carmesíes.
Aquella misión no le había gustado ni un pelo desde el principio.
-Shannaro!-
Hana abrió los ojos adormilada. Miró por la ventana, viendo como poco a poco el cielo se iba aclarando. Probablemente serían las seis de la mañana o así. Ryū seguía entre sus brazos, con la cabeza apoyada en su pecho, y a su vez ella misma era acogida por los grandes brazos de Kuroi. Con mucho cuidado, se incorporó, dejando al niño en el suelo y tapándole con una manta a él y al muchacho de Kumo. Se desperezó y se quitó la ropa que había usado como pijama, una camiseta negra enorme de Kuroi y sus inseparables pantalones cortos azules, dispuesta a ponerse su equipamiento. Pero a mitad de camino para coger sus pantalones, una voz la interrumpió:
-Hana, quería darte una cosa.
-¿Qué es Tsunade-bāchan?
Tsunade llevaba algo agarrado en su mano derecha, mientras que la izquierda cerraba su bata verde para evitar que el calor que le quedaba escapase. Parecía que se había despertado casi al mismo tiempo que ella. Hana vio cómo su madrina se lo tendió y ella lo cogió entre sus manos.
-Es mi regalo como maestra. Ese es el traje que llevé en su día, cuando me entrenaba con el tercero, Jiraiya y Orochimaru. He tenido que llevarlo para que le agrandasen, ya que era más pequeña y…
Estiró las prendas, descubriendo un kimono de entrenamiento verde, con las solapas color rosa oscuro con unos puntos amarillos. Una camiseta de rejilla y unas mallas negras hasta la rodilla. Se quedó muda, las palabras ni siquiera podían salir de su garganta. Se vistió bajo la atenta mirada de Tsunade y una vez se ajustó el kimono, le preguntó:
-¿Qué tal me sienta?-Una sonrisa suave se instaló en sus labios.
La Sannin se quedó impresionada. Si no fuese por su largo pelo negro-azulado y su fisionomía, juraría que podía verse en un espejo del tiempo. Caminó hasta ella y dándole un abrazo, contestó:
-Genial querida, como un guante-Besó su coronilla-Buena suerte hoy en el examen, estaré observándote.
Hana se quedó sola de nuevo en el salón del lugar donde se quedaban a dormir. Fue hasta la ventana y se quedó mirando el exterior. Se hizo una coleta alta, sintiendo las puntas de su pelo hacerle cosquillas en el cuello. Ya lo tenía muy largo, quizás había llegado el momento de cortárselo…
-Este mocoso sí que se agarra bien…Buenos días, Hana-hime.
El murmullo de Kuroi le puso la piel de gallina. Giró un poco el rostro y pudo ver como el de pelo bermellón se acercaba a ella, con Ryū en brazos todavía dormido. Hacían un gran contraste, sobre todo por el pelo blanco del niño contra la piel del hombre.
Y al verle así, sintió algo revolotear en su pecho. Un sentimiento de miedo, angustia y algo que desconocía comenzó a crecer ahí dentro.
Simplemente se dijo a sí misma que daría lo mejor en batalla. Tanto en el examen como si en algún momento debía pelear de verdad.
Nee contadme vuestras expectativas, por favor. Sobretodo de la parte de Shizuka y la de Ryū…es lo que más me ha emocionado escribir
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