Glee y sus personajes no me pertenecen.

No odien a Anastasia, tendrán que soportarla por un tiempo.

¡Disfruten! Y dejen rw… son gratis.


Capitulo Veinte.

Mis ojos se cerraron sintiendo como la media mejilla de Quinn junto a la comisura de su labio se alejaban de mi tacto. Ni siquiera tuve el valor de abrir mis ojos una vez que deje de respirar su olor.

— Raaach… — volvió a gemir en mi oído aun colgada de mi cuello.

— Ya basta, Anastasia. — tome sus brazos desenroscándolos bruscamente. — Nos vamos. — dije tomando su muñeca furiosa. Pero más furiosa conmigo misma al no haber detenido a Quinn o al menos, ir detrás de ella.

Depositando mi enojo en la fuerza, logre salir de esa marea de chicos bailando a nuestro alrededor, arrastrando detrás de mí a una borracha Anastasia.

Eche un vistazo hacia arriba de las escaleras. Ryan aun seguía con mis compañeros festejando sin siquiera percatarse de todo el problemón que se había ocasionado. Mi ansiedad por marcharme de allí se calmo un poco cuando pude cruzarme con Brooke en mitad de camino.

— Me iré. ¿Vienes conmigo o te quedas?

— Me quedare. — responde acercándose a mi oído — Oye… realmente lo siento. No quise contarle todo a Quinn.

Solo negué con mi cabeza. Ese no había sido el problema.

— Cuídate y deja de beber. Tomate un taxi, no te subas a un coche si ellos deciden conducir.

A cambio solo recibo su sonrisa con un asentimiento, decidiendo volver a tironear del brazo de Anastasia para retomar nuestro camino.

Hubiese sido buena idea salir por donde hemos sacado a mi hermana con Santana la ultima vez, teniendo en cuenta que por donde habíamos entrado esta noche estaba casi repleto por el tema del guardarropas. Me costó el doble atravesar la fila de chicos, intentando que no arrastrasen a Anastasia con ellos cada vez que la tomaban del brazo, pero al fin lo logre, descubriendo la figura de mi amigo en la puerta.

— ¿Qué haces aquí? — pregunto con mi ceño fruncido una vez que me detengo a su lado.

Él mira unos segundos sobre mis hombros, pudiendo casi palpar su molestia al ver a Anastasia casi babeando mi espalda.

— Esperando a Amy, la amiga que ha venido con Quinn. Con nosotros también se irá esta chica que conoció.

— ¿Karma? — pregunto sorprendida.

— Si, Karma. Están retirando sus abrigos. — Mira sobre su hombro el amontonamiento de gente en dicho lugar — ¿Tú? ¿Qué harás? — me echa un vistazo a mí con su ceja levantada para luego cruzarse de brazos y alternar su vista entre nosotras dos.

— Llevarla a su casa e irme a dormir.

— Eso espero… — dice molesto viendo como Anastasia me rodea con sus brazos dejando pequeños besos detrás de mi oreja. Por mi parte solo intento alejarme lo suficiente como para que esos besos caigan en mi pelo — Oye…

— No. — niego con mi cabeza. — No pasara. — me adelanto.

— No hablo de ella. — Murmura — Quinn.

— ¿Qué pasa con ella? — siento un empujón detrás mío ocasionado por alguien mas que, ha corrido a su vez a Ana. Me alejo unos pasos fuera de la disco, quedando ahora mismo, con la vista frente al lugar.

— Lo sabe.

— Si, se que ella lo sabe. — respondo provocando que abra sus ojos.

— ¿Lo sabes? — tartamudea.

— Claro. Ella me lo dijo cuando fue detrás de mí. Brooke se encargo de soltar la lengua.

— ¿Brooke? — Frunce su ceño — ¿Qué tiene que ver Brooke en todo esto?

— ¿Cómo que tiene que ver? — Aferro mis manos a las de Anastasia que aún se mantienen en mi abdomen. Parece estar cediéndole lugar al sueño al sentir su cabeza en mi espalda — Ella le ha contado sobre la apuesta, pero en verdad me la han jugado. Por eso quería irme de aquí. Estoy molesta con ellos.

— ¿Por qué harían algo así?

— Porque según ellos… necesitaba un empujón con Quinn — susurro cerca de Kurt para que solo él pueda oírme.

— Y lo necesitas — me alejo frunciendo mi ceño — Pero ya no, porque ella lo sabe.

— Si, lo sé. No hace falta que lo repitas.

— No, cariño. Me refiero a otra cosa… — dice llamando mi atención — Ella tenía muy en claro que esta noche te buscaría. Que iría detrás de ti tarde o temprano.

— ¿C-como dices? — balbuceo abriendo mis ojos. Repentinamente me cuesta tragar saliva y el hecho de cuidar a Anastasia pasa a segundo lugar.

— Ella te oyó hablando por teléfono.

Retrocedo un paso mirando sus ojos para saber que tanto estaba mintiendo al respecto. No logre encontrar ni una sola mueca en su rostro.

— ¿Qué tanto escuchó? — pregunto nerviosa.

— Todo. — Baja su vista a las manos que se enlazaban conmigo — Y no soportó la idea de que realmente hicieses eso. Ella fue quien pidió venir aquí, sacándote información a ti.

Mi boca se abre y cierra como si estuviese a falta de aire. Aquello tenía que ser una cruel mentira. Al menos, no podía ser realidad. No cuando me encontraba atrapada entre los brazos de Anastasia.

— ¿Dónde estacionaste tu coche? — pregunto en un arranque de coraje.

— Allí solo esta Blaine, cariño. — toca mi brazo haciendo una mueca con su boca, buscando apaciguar mis impulsos.

— ¿Dónde está?

— Se fue, Rachel. — Dijo con firmeza pisando fuerte sobre mi estado que comenzaba a alterarse — Se subió a un taxi y se marcho de aquí.

— ¿Cómo has dejado que se marche sola, Kurt? — Digo rebuscando en mi saco las llaves de mi auto — Anastasia, despierta. Debemos irnos. — pido deshaciendo su abrazo para marcharnos de allí.

— ¿Qué harás, Rachel?

— Ir detrás de ella, Kurt. Dar el siguiente paso. — Fue lo último que dije antes de dejarle un sonoro beso en su mejilla provocando su sonrisa.


— Ana… despierta — pido moviendo su hombro izquierdo. Su cuerpo permanece inmóvil en el asiento de copiloto.

— ¿Llegamos? — Abre apenas sus ojos tras sentir como la claridad de la madrugada comienza a despertar.

— Si. ¿Quieres que te acompañe hasta la puerta?

Frunce su ceño y mira a su derecha, donde la entrada de su casa espera por ella — Pensé que me llevarías contigo. — murmura volteando su cabeza para mirarme.

— No. Tengo cosas que hacer mañana, ya te lo he dicho. Otro día, ¿de acuerdo?

— ¿Dormirás con ella?

— ¿Con quién? — Hago el idiota sintiendo como mi corazón comienza a sentirse nervioso.

— No me tomes por estúpida, Rach. Sé que iras por la rubia que vimos en la disco.

— No sé de que hablas. Solo me iré a mi departamento a descansar. Mañana tengo un día bastante agitado. — aprieto el botón que descansa cerca de la caja de cambios para destrabar las puertas. Durante todo el camino había repasado el impulso que tuve en las puertas de la disco junto a Kurt, y pensándolo bien… aquello me parecía ridículo. No por el hecho de ir detrás de Quinn, sino por mirar la hora y darme cuenta que debía actuar como persona adulta. Sentar a Quinn para conversar y aclarar la situación. No así. No de esta forma.

— Rach… — Toma mi brazo sintiendo como el sudor cubre la palma de su mano — Quédate aquí, conmigo. Por favor.

— No puedo. — digo suspirando aun sin apartar mi vista del botón y su agarre.

— Por favor, cariño… — suplica murmurando captando al fin mi atención.

— No pue… — intente volver a repetir la misma frase que se repetía en mi mente pero sus labios entorpecieron mis palabras.

Luego de haber pasado casi tres años de mi enamoramiento secreto con ella, Anastasia estaba besándome. A mí. A Rachel Berry.

Cuanto tiempo había soñado con este momento. Con sus labios pegados a los míos y sus brazos alrededor de mi cuello, como ahora mismo Anastasia procedía. Su cuerpo estaba ocupando mi asiento casi al completo, dejando solo sus piernas en el asiento de copiloto.

Hice el intento de abrir mi boca para detenerla, ni siquiera había movido los labios para darle a entender que estaba de acuerdo con el beso, pero ella lo tomo como si quisiera profundizar el beso metiendo su lengua en mi boca.

— Anastasia… — la interrumpo sintiendo como se sube a horcajadas sobre mí dejándome sin aliento, tomándome por sorpresa. Ella comenzaba a cumplir los sueños que había querido hacer desde el momento en que la vi por primera vez en el instituto. Me aferre a su cuello introduciendo mis dedos en su extensa melena. Se acerco a mi boca sin dejar que piense en aquello mucho más. Sus labios estaban calientes. Abrió su boca de inmediato, tomando la mía para succionar mi lengua, descubriendo que aquello me gustaba, perdiendo completamente las riendas de la situación. En esos momentos mi mente divagaba y me golpeaba constantemente el sentimiento de no querer hacer esto mucho más tiempo.

Pasó sus manos por mi espalda y yo gemí en sus labios tras sentir el empuje de su cuerpo contra el mío.

Su sabor. Su olor. Por dios santo… era lo que había imaginado. Era como había soñado que se sentiría pero en lugar de tomar el impulso de aferrarme a sus labios, vi el rostro de Quinn pasar frente a mis ojos.

Me aparte de su boca apoyando mi frente en su pecho buscando aliento tras nuestro desenfrenado beso. La aparte lejos de mi cuerpo para lograr respirar y calmar mi atontado corazón que estaba completamente dividido en dos. El pensamiento de Quinn en mi mente me atormentaba y Anastasia no ayudaba dejando besos en mi rostro y cuello.

— P-para… para, Ana. — pedí empujando sus hombros levemente lejos de mi. Deje de sentir sus labios pero sus ojos se conectaron a los míos.

— Quiero esto, Rachel. Te quiero a ti. — Toma mi rostro entre sus manos — Se que tú también me quieres… siempre me has querido. Por favor… — ruega.

— No — niego con mi cabeza — Tú estás tomada y mañana ni siquiera recordaras esto.

— No, no, no. No lo estoy. Solo he tomado cerveza en tu casa. Eso ni siquiera puede ponerme alegre. En la disco no he tomado nada, lo juro. — Admitió — Quiero pasar la noche contigo.

Frunzo mi ceño — ¿Has fingido estar borracha?

— Solo para marcharnos de allí rápido. Pero eso no quita el hecho de quererte conmigo hoy y siempre… — dice apresurada viendo como mi enojo comienza a reflejarse en mi cara.

— Sigues siendo una egoísta. — digo furiosa tomándola de su cintura para empujarla y devolverla a su asiento. — No has cambiado en absoluto. — termino mi frase cruzando la mitad de mi cuerpo sobre ella para alcanzar la manija de la puerta abriéndola, dándole a entender que no la quería mas aquí dentro.

— No, Rachel… debes escucharme primero. Yo… — la interrumpí.

— Ya no mas, Anastasia. Hasta aquí llegue.

— Claro que no. — Dijo firme — Ella te lastimara — afirmó viendo como sus ojos se llenaban de lagrimas. — Y tú me besaste. Me deseas, Rach. Pude sentirlo.

— No quiero hablar más al respecto. Por favor, Anastasia — murmure con mi mandíbula apretada y los dedos haciendo presión en el volante. Mi vista permanecía fija en la calle desierta.

— No quiero perderte. No ahora… — pide aferrándose a mi brazo derecho que permanece extendido.

— Lo hubieses pensado antes.

— No, Rachel…

— ¡Vete! — digo elevando mi voz a la vez que le doy un golpe al volante con mi puño cerrado.

Ni siquiera veo como toma mi reacción. Mi mirada está lejos de ella y mis pensamientos aun más.

Lo siguiente que escucho es como la puerta da fuerte contra mi coche y en forma automática coloco primera para salir rápidamente de allí.

El camino comenzaba a notarse más claro a medida que mi coche avanzaba sin un rumbo fijo. El trafico en Nueva York nunca cesaba, mucho menos en la zona donde mi departamento se encontraba, pero ahora mismo… observando los imponentes portones negros a mi costado, ni siquiera sabía cómo había llegado hasta allí.

Tome mi móvil, marcando la tecla 2 rápidamente. Por unos segundos pensé que mi llamada moriría en el buzón de voz, dejando allí el único intento que haría hoy. Pero su voz adormilada detuvo mi acción de alejar el móvil de mi oreja. Mi frente comenzó a sudar levemente.

¿Hola? ¿Quién habla? — preguntó con su voz pastosa.

Soy yo… Rachel. — respondí nerviosa.

¿Le ha pasado algo a mamá?

No — negué haciendo silencio.

Rachel… ¿Qué sucede? — Se preocupó por mí, escuchando rápidamente como una voz a su lado preguntaba quien llamaba a esta hora — ¿Dónde estás?

¿Esta Quinn ahí? — Murmure apretando el volante con mi mano libre.

¿Quinn? — Balbuceó — Pues… no lo sé. — alejo su móvil y le preguntó, seguramente a Sebastián, si Quinn estaba en su casa.

No, Rach. ¿Qué sucede?

Nada. — respondí pensando que seguramente se fue a la casa de una amiga. Lejos mío. Quería pensar en eso firmemente, y no que ahora mismo podría estar durmiendo en la cama de alguien más. Aquello simplemente… me enfermaba.

¿Dónde estás?

En casa — mentí — Solo me pareció verla en una fiesta y quería saber si había llegado bien.

Sebastián dice que seguramente se marcho con su amiga. No te preocupes. Vuelve a dormir.

Tú también… — hice silencio — Ali…

Dime…

Te quiero mucho.

Yo… yo también te quiero, Rach. — susurró extrañándose seguramente por mi actitud.

Descansa.

Adiós.

Sin más corte la llamada pensando mil y un cosas.

Tenía su móvil en mi agenda, por supuesto que sí, pero el temor por no atender mi llamada o peor aún, que cortara en mis narices me helaba la sangre.

Debía volver a mi departamento. De nada servía seguir dándole vueltas al asunto.

No es el momento. Mañana será otro día.

Asentí y conduje dejando las tranquilas calles de su barrio para adentrarme en el corazón de Manhattan. Mi cabeza iba tan deprisa que tenía miedo de ni siquiera ver cuando un auto estuviera contra el mío. Me detuve unos minutos en el semáforo buscando la serenidad que necesitaba en grandes bocanadas.

— Increíble. — murmure avanzando tras ver como la luz cambiaba a verde.

Era la única palabra que encontraba para describir todo lo que había sucedido en tan pocas horas. Me sentía borracha por el hecho de encontrarme desorientada sin saber que paso dar y sin siquiera haber probado una gota de alcohol.

Increíble era el hecho de haber tenido a Quinn a un suspiro de mis labios. Increíble porque la había tocado. Increíble por haber sido besada por Anastasia… mi primer amor.

Un error… era todo un grandísimo y gordo error. Pero Quinn… ella no se sentía necesariamente como uno. No, Quinn podría intentar alejarse, incluso desentenderse de lo que había pasado dentro de la disco, y sin duda lo haría si yo estuviese en su lugar cagada del miedo. Pero, demonios… la tensión que había notado al estar cerca de ella podía hasta quemarme. Era tan fuerte que sabía que tenía que detenerme ahora mismo. Sin embargo, eso sonaba asqueroso en mi mente. No podía parar. Podía sentir que Quinn era la elegida por mi corazón. Quinn me había pedido que la bese, ¡por el amor de Dios! ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Negarme al hecho que no moría por hacerlo también? ¿Decirle que no quería besarla?

— Increíble. — volví a negar con mi cabeza una vez que el portón automático se abrió para poder meter mi auto en la cochera.

Increíble lo era Quinn. Su tacto suave y su aliento atrapante. ¡Dios santo! Debía detenerme ahora mismo. Mi corazón palpitaba desesperado como un sabueso detrás de su presa una vez que llegue al hall de entrada.

— Hola, Robin — salude al encargado del edificio. Él solo me sonrío agitando su mano. No sabía cómo demonios hacia para mantenerse tan despierto o positivo a estas horas de la madrugada.

Mire mi reloj pulsera una vez que las puertas del ascensor se cerraron frente a mis ojos. Eran casi las 5:00am.

— Vaya… — levante mis cejas sin creer lo que mis ojos veían.

Era la primera vez que regresaba de algún lugar a esa hora en un largo tiempo. Por lo general mis energías se agotaban antes de las 2:00am mirando una película o en alguna cena con amigos. Los pies de todas formas me seguían recriminando llamando mi atención con un dolor intenso en la planta. Sostuve mi cuerpo apoyando la palma de mi mano derecha contra el espejo del ascensor para quitarme los zapatos, dejando allí mi huella. Una vez lejos de ellos, pase la manga de mi saco para quitar la mancha en el pero solo empeore la situación.

— ¡ups…! — torcí mi boca haciendo una mueca.

¡Por dios santo! ¡Parecía un muerto! Las grandes manchas negras debajo de mis ojos eran la clara muestra de mi cansancio. Tome mi rostro con ambas manos acercándome al espejo para mirarme mejor cuando sentí como el ascensor abría sus puertas. Pestañe varias veces actuando como una niña pequeña haciendo muecas antes de agacharme para recoger mis zapatos y salir de allí chocándome de lleno con un cuerpo ajeno al mío.

Su risa entró por mis oídos y creía que solo estaba siendo testigo de un espejismo.

— ¿Siempre haces eso en los ascensores? — Frunció su ceño sonriéndome, viendo su blanca dentadura. — Pensé que nunca volverías… — continua tras ver que de mi boca no hay intensiones de palabras en ella.

En un abrir y cerrar de ojos siento como sus manos se aferran a mi saco empujándome contra ella. Las puertas del ascensor se cerraron detrás de mí, salvando mi culo de ser apretado.

Me sentía demasiado nerviosa por el hecho de permanecer aquí, en el pasillo, siendo sostenida por los brazos de Quinn.

— Rachel… — susurró sintiendo como sus manos se cerraban aun más en mi saco.

Debía moverme. Debía hacerlo, lo sabía. Quinn estaba demasiado cerca y si no me movía pronto terminaría haciendo algo estúpido aquí mismo.

— Rach… — volvió a susurrarme siendo consciente de mi nerviosismo. Mi pecho subía y bajaba mientras intentaba recuperar el aliento. — Mírame — me pidió.

Sabía que estaba atrapada en el momento en que conecte mi mirada con la suya. Sus ojos color avellana estaban completamente oscuros, como si un verde oscuro se apoderara de ellos mesclando el deseo con algo más. Sentí… miedo, miedo de lo que Quinn podía provocar en mí despertando lo que mis ojos ocultaban.

— No lo hagas. — susurre adelantándome a los hechos.

Quinn se quedo allí, su mirada alternándose entre mis ojos y mi boca.

Sacudí mi cabeza en negación pero siendo consciente que mis brazos comenzaban aferrarse a los suyos para tirar más cerca de su cuerpo al mío. — No lo hagas, Quinn.

— ¿Por qué no hacerlo? Dime una excusa creíble.

Atrapada bajo su hechizo mis brazos volvieron a moverse sobre su cuerpo sin mi control. Ellos recorrieron los suyos llegando hasta su cuello.

Con mis ojos cerrados, pedí. — No lo hagas. — susurre antes de que su boca se abriera hacia mí.

Sentía como Quinn me besaba suave pero a la vez ligero. No podía contener los gemidos involuntarios que se escapaban de mi boca. Acerque más a Quinn, abriendo mi boca para que nuestras lenguas comenzaran una lucha lenta pero firme.

Mi corazón jamás había golpeado tanto en mi pecho por un beso. Un beso de una mujer. Podía sentir como mi cuerpo comenzaba a traicionarme cuando Quinn empujó mi cuerpo contra las puertas del ascensor.

Aun así mi mente seguía pensando razonablemente. Podía detenerme ahora mismo y pedir que se marchara de aquí, pero mi error fue dejar que ella recorriera mi cuerpo con sus manos. Mi error fue separar mis piernas, dejando que Quinn colocara su piernas entre las mías. La humedad empapó mis bragas delatándome frente a los sentidos de Quinn que mi cuerpo ya había perdido la batalla. Como respuesta recibí su gemido dentro mi boca. Esa noche yo también había decidido colocarme un vestido.

Volví a gemir sintiendo la mano tímida y temblorosa de Quinn sobre uno de mis pechos. Incline mi cabeza hacia atrás, disfrutando de las sensaciones que me provocaban sus labios contra mi cuello hasta el hueco de mi garganta. Mi mente ya había bajado sus barreras empujándome a tomar la mano libre de Quinn pasándola entre nuestros cuerpos.

Gemí. Gemí como nunca lo había hecho en mi vida. — Dios… ¡sí! — apreté los dedos de Quinn contra mi intimidad dolorida. La sentí gemir a la vez, sabiendo que ella podía sentir mi humedad a través de mis bragas.

Quinn se apartó buscando mis ojos. Tragó saliva, aun dejando sus manos sobre mi cuerpo. Negó con la cabeza intentando alejarse pero rápidamente la tome de los hombros apretándola contra mi cuerpo.

— Si, Quinn. — susurre.

Ella cerró sus ojos. Podía ver su lucha interna consigo misma, sabiendo que ambas debíamos parar, que tenía que marcharse ahora mismo. En mi mente se creaban diferentes reacciones mañana en la mañana, cuando el deseo se haya apagado y la consciencia vuelva a actuar como corresponde. Quizá, ella arrepentida, avergonzada y hasta enojada. Pero esta noche, quería que Quinn me hiciera el amor. Y mientras sentía como sus dedos volvían a moverse contra mi cuerpo, lo único que pensaba era en tenerla dentro de mí.

Sin pensarlo dos veces, me despoje de mi saco permitiendo que Quinn volviese a tomar el control de la situación. Mi boca corrió hasta la suya capturándola de nuevo cuando su mano se deslizo dentro de mis bragas. Allí, contra el ascensor, en medio del pasillo que da a mi departamento, mis muslos se abrieron aun mas dándole paso a los dedos de Quinn para lograr deslizarse dentro de mí.

Mis ojos se cerraron cuando la sentí dentro. Mi cabeza chocando contra las puertas, con mi boca abierta buscando el oxigeno suficiente para no morir allí mismo ahogada de placer. Sus dedos se deslizaron fuera de mi cuerpo, moviéndose contra mi clítoris hinchado. Ella era condenadamente perfecta y suave, moviéndose tan rápido como la velocidad de la luz. Sabía que mis jadeos podían escucharse en todo el pasillo, sintiendo como mi orgasmo comenzaba a crecer más y más en cada movimiento que ella hacía.

Me aferre a los hombros de Quinn cuando el orgasmo explotaba y los espasmos sacudían mi cuerpo, sintiendo como mis piernas perdían fuerzas. Abrí mi boca dejando que el grito por fin saliera desde mi garganta. Jamás en mi vida había gritado de esa manera, mucho menos llegado al clímax en tan corto tiempo y con tanta facilidad. Me sentía bastante avergonzada.

Permanecimos allí. Contra las puertas del ascensor, sintiendo como Quinn respiraba con dificultad apoyando su frente contra mi pecho. El olor a sexo se mesclaba con nuestros alientos.

¡Oh, dios mío. ¿Qué demonios he hecho?!

— Quinn… yo… — mi mente se despertó de repente sintiéndome avergonzada por quizá, aprovecharme de ella.

— Déjame dormir esta noche contigo, Rachel. Por favor. — pidió en un susurro contra mi pecho, aferrándose a mí en un abrazo.

Coloque mi mano en su mentón, provocando que subiese su cara a la altura de la mía, tirando de su boca contra la mía. — Yo quiero despertar contigo, cariño. — Susurre contra sus labios, recibiendo su sonrisa a cambio.