Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es de LyricalKris,yo solo la traduzco.

Capítulo 20

~ Poco antes de la graduación ~

—No.

—Sí.

Bella resopló, cruzando los brazos.

—Edward, no.

Gruñendo, Edward cogió una almohada de la cama y se golpeó la cabeza contra ella.

—Muchas parejas hacen esto. Tiene sentido. —Habían hablado de eso mil veces ya, pero él lo intentó de nuevo en caso de que esa vez dijera que sí—. Tienes la beca, por lo que irás a la universidad primero. A tiempo completo. Como Charlie no va a cobrarnos el alquiler, eso me dará para cubrir todo lo que necesitamos para Emma y para nuestras cosas. Puedo hacer eso, y seguiremos siendo capaces de ahorrar si sigo trabajando a tiempo completo.

Su mirada estaba marchitándose.

—Eso no es justo. ¿Por qué no podemos los dos trabajar e ir a la universidad nocturna y a cursos en línea como lo que hablamos? Nos podría tomar más tiempo, pero…

—No se trata de lo que es justo para ti y para mí —la interrumpió él un poco frustrado—. No tenemos tiempo para eso. Tienes la beca. Disfruta de ella. Vas a la universidad y saldrás en cuatro años, en menos, si eres aplicada.

Ella lo miró con los labios apretados y las manos en las caderas.

—Bien —dijo con un resoplido, sentándose a su lado.

Edward parpadeó, sinceramente sorprendido de haber ganado ese argumento tan rápidamente. Miró a Bella por el rabillo del ojo, viendo como su cara se convertía lentamente en una sonrisa. Los dos se rieron al mismo tiempo, la tensión entre ellos se disipó.

Él volvió su cabeza y la besó en la mejilla. Antes de que pudiera volver atrás, ella cogió un lado de su cara con la mano. Él no pudo evitar sonreír contra sus labios mientras profundizaba el beso.

~ Tres años después ~

—¡Mamá!

Bella apenas tuvo tiempo de quitarse la chaqueta antes de que su hija de cuatro años se lanzara sobre ella. Ella resopló cuando Emma la golpeó. Agachándose, cogió a Emma en sus brazos, abrazándola fuertemente.

—Te ves muy guapa hoy, mamá. Y papá y yo estamos orgullosos de ti —balbuceó alegremente.

Para entonces, el resto de la familia había alcanzado a Emma, y Bella se encontró a sí misma envuelta en abrazos y felicitaciones.

Si hubiera sido a su manera, Bella se hubiera graduado en silencio sin ningún problema. Pero cuatro años de maternidad le habían enseñado que rara vez podía hacer las cosas a su manera. A pesar de que había tratado de asegurar que Emma estuviera presente en la graduación de la secundaria de ella y de Edward, la niña estaba obsesionada con la idea de ver a Bella caminar por un escenario vestida con los colores de la universidad para recibir su diploma.

Y por supuesto, después de hablar con su padre, Emma no había perdido nada de tiempo en reunir a las tropas. Como resultado, Bella estaba ahora rodeada de su familia: los Masen, su madre, padre, madrastra, hermanastros, y todos los hijos de los Cullen. Incluso Bree estaba allí.

Aunque ella se sonrojó ante toda la atención, Bella nunca podría dudar de que era muy querida.

Siempre paciente, Edward se quedó atrás, dejando que todo el mundo tuviera su ración antes de que él se diera a conocer.

—Felicidades —murmuró en su oído mientras al fin la abrazaba.

El orgullo en sus ojos, en su voz, era inconfundible, y el corazón de Bella se sintió lleno. Sin su constante amor y apoyo, ella nunca podría haber acabado la universidad como lo había hecho. Él había sido increíble, trabajando duro y todavía cuidando a Emma cuando Bella estaba abrumada con exámenes parciales y proyectos.

Era un verdadero socio.

Envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Edward, se puso de puntillas para poder susurrarle al oído.

—Cásate conmigo.

Él se puso rígido y se echó hacia atrás, con los ojos cómicamente amplios.

—¿Qué? —dijo inteligentemente.

Aunque estaba nerviosa, Bella no pudo evitar reír ante la expresión atónita que él llevaba. Una vez más ella se acercó para poder susurrarle, porque no quería que su familia —y probablemente más importante, su hija— lo escuchara hasta que estuvieran listos.

—Cásate conmigo —repitió.

La sonrisa de él era impresionante, pero se fue hacia abajo mientras inclinaba su cabeza para susurrar.

—No lo sé, señorita Swan. Somos demasiado jóvenes para atarnos.

Ella se echó a reír. Ella ni siquiera tenía veintidós todavía. Con todas sus responsabilidades, Bella se sentía a menudo como si tuviera por lo menos treinta y cinco años, y sin embargo, otras veces, se sentía tan estúpida y tan joven como ella había estado a los diecisiete años.

Edward acarició el costado de su cabeza con la nariz y la besó en la mejilla.

—Por supuesto que me casaré contigo.

~ Tres meses después ~

—Eso es algo que no se ve todos los días.

Bella, bailando segura con su padre, miró por encima del hombro a Jasper. Fue su regalo de bodas el haber ofrecido sus servicios como fotógrafo de bodas.

Mientras Bella le observaba, él levantó la cámara, sacando otra foto de la hermosa escena en la pista de baile.

Emma aparentemente había malinterpretado el tradicional baile padre-hija, madre-hijo. Había empujado a Elizabeth fuera del camino y ahora se encontraba encaramada en los pies de su papá, mirando hacia arriba con la mayor sonrisa.

Ese espectáculo estuvo a punto de hacer llorar a Bella, era tan hermoso. Ahí estaba Edward —su amante, su pareja y el padre de su hija— viéndose pecaminosamente bien en su traje. Desde que habían puesto los ojos el uno al otro ese día por la mañana, él tenía una sonrisa impresionante que no había abandonado su rostro. Su felicidad y satisfacción era un reflejo de todo lo que ella sentía. Todavía estaban tropezando, pero estaban consiguiendo pasar a través de una vida juntos.

Y su bebé, su Emma. Era una niña increíblemente preciosa con los hermosos ojos verdes y el color de pelo de su padre, el cual caía en rizos, como los de su abuelo Charlie. Pero tenía toda la cara de Bella. Ella era una chica tranquila, sus ojos casi siempre se iluminaban y se emocionaban, tal y como estaban ahora. Ella estaba adorable con el vestido que orgullosamente había elegido por sí misma —un elegante y suave vestido lavanda que había elegido para parecerse más a su mamá. Por lo general, a Emma le gustaba todo lo que era de color rosa brillante, con volantes— muy a diferencia de su mamá.

Charlie se rió entre dientes, llamando la atención de Bella de nuevo.

—¿Eres feliz, Bells? —preguntó, aunque él tenía que saber la respuesta.

—Sí. Realmente lo soy.

~ Seis meses después ~

Edward sintió una inmensa sensación de satisfacción cuando él y Bella firmaron el contrato de arrendamiento y el arrendador les entregó las llaves.

Tenían su propio apartamento. Era pequeño —tres habitaciones pequeñas, una de las cuales usarían como un espacio de trabajo de oficina— pero era 100% su responsabilidad. Tardó un tiempo en llegar, pero Bella por fin había encontrado un buen trabajo, y Edward —habiendo caído en una carrera decente en el campo del márquetin mientras Bella se graduaba— había decidido no seguir una educación superior. Lo que él hacía no requería ningún grado, solo experiencia.

Ellos estaban listos para eso, para vivir sin la red de seguridad de cualquiera de sus padres.

De la mano de Bella, miraron a su alrededor al espacio en blanco.

—¿Creo que somos adultos ahora, no? —Bella finalmente dijo, rompiendo el silencio.

Él se echó a reír.

Y la besó.

Y dándose cuenta de que no había absolutamente ninguna posibilidad de que nadie les interrumpiera, le hizo el amor a su mujer en el suelo en medio de la sala de estar.

~ Y entonces ~

Emma era una especie de prodigio del piano.

Había heredado el oído de su padre —Edward tenía la posibilidad de elegir un instrumento y solo empezar a tocarlo— y la pasión por la música. Al principio, sus padres habían hecho lo que habían podido —consiguiendo todo el trabajo extra que pudieran tener en sus manos— para apoyarla. Lecciones, música, campamentos musicales privados, todo sumaba.

Pero valía la pena, pensó Edward, mirándola con asombro.

Ella era una niña de nueve años, vestida muy graciosamente mientras tocaba música de fondo para uno de los restaurantes de clase alta y ostentoso de Seattle. Los otros clientes estaban encantados. Edward y Bella no podía haber estado más orgullosos.

Llegando al otro lado de la mesa, él tomó la mano de Bella y apretó.

—Nuestra hija es impresionante —susurró, inclinándose con complicidad.

La sonrisa de ella en respuesta fue cegadora.

Pero entonces, mientras la miraba, se fijó y ella parecía... no perturbada, exactamente...

¿Nerviosa, tal vez?

—¿Qué pasa, Bella?

Efectivamente, su mirada cuando ella lo miró, era furtiva. Ella respiró hondo y miró hacia él, tratando de tener un tono ligero.

—Ella ha salido bien.

—Sí —estuvo de acuerdo.

—¿Qué piensas acerca de tratar nuestra suerte otra vez?

Tardó unos segundos en comprender lo que ella estaba diciendo. Entonces sintió una oleada de miedo seguido rápidamente de emoción. Levantó la mano hasta su mejilla, rozando su cara con las yemas de sus dedos.

—Sí. Creo que es una gran idea.

~ Trece meses o así más tarde ~

—Esto es irónico, eso es lo que es —Bella se quejó—. La primera vez ni me di cuenta de que estaba embarazada. Esta vez, es como si este chico se estuviera asegurando de que no puedo olvidar lo que hay aquí.

Edward apretó los labios, mordiéndose el interior de la mejilla. Había un montón de cosas que podría decir, pero la experiencia le había enseñado a mantener la boca cerrada. En ese embarazo había estado tratando de decir lo mínimo, y cuando ella estaba sufriendo los efectos negativos, parecía que todo lo que salía de la boca de Edward estaba mal para su hermosa, fantástica y amante esposa.

Lo que quería decirle es que estar en reposo en la cama no era la peor cosa en el mundo. Era mejor que la horrible enfermedad matutina que la había atormentado los primeros cinco meses de su embarazo. Pero a Bella no le gustaba que la atendieran, no le gustaba estar tan quieta. Eso la ponía muy inquieta.

Así que Edward guardó silencio, frotándole la espalda en círculos lentos y simplemente ofreciendo su presencia amorosa.

Después de un minuto, Bella dejó escapar un suspiro largo y lento, y cuando ella se volvió hacia él, estaba sonriendo.

—Bueno, la buena noticia es que creo que he encontrado un buen nombre para nuestro hijo —se frotó el vientre enorme en esta ocasión—, como para compensar lo que se escondió el su hermana —dijo con ternura.

—Dilo —Edward le pidió, cambiándose para poder poner un brazo alrededor de sus hombros y poner su otra mano sobre su vientre.

—He estado viendo The West Wing.

—Ese programa es antiguo.

Bella lo miró y Edward cerró la boca rápidamente.

—Sí, bueno. Eso es lo que pasa cuando estoy sola en casa con nada más que Netflix para hacerme compañía. ¿Puedo continuar?

Edward hizo un gesto con la mano para indicar que siguiera.

—De todos modos. Hay un personaje que me gusta mucho: Josh. Creo que es un buen nombre.

Inclinando la cabeza, Edward lo consideró.

—¿Seguimos con el tema de nombrar a nuestros hijos como lo último que hemos visto, eh? —le frotó el vientre con la mano de la mano, sonriendo—. ¿Joshua Alexander Masen? —sugirió.

—Sus iniciales serían JAM (mermelada en inglés), ¿te das cuenta de eso, verdad?

—Eso tiene todo tipo de grandes posibilidades —él sonrió, inclinándose para besarla. Fue un pequeño besito —él no sabía cómo se sentía ella hoy— pero antes de que pudiera retroceder, ella lo cogió, con su mano en la parte posterior de su cabeza. Ella lo sostuvo allí, al parecer no había acabado de besarlo.

Los labios de Edward se fueron hacia arriba mientras se besaban. Él llevó su mano hasta su mejilla para acariciarla con la parte posterior de sus nudillos. Dejó su otra mano contra su hinchado estómago. Sus dedos en su cabello se sentían tan bien que no pudo evitar el pequeño gemido que escapó de sus labios.

Estaba locamente enamorado de esa mujer. Habían tenido suerte, y él lo sabía. Era cierto que habían trabajado increíblemente duro —criar a un bebé a una edad tan joven, permanecer juntos a pesar de todos los desafíos— pero aún así, tuvieron suerte. La vida podría tener la misma facilidad para separarlos como para juntarlos.

Cambiando la postura, se movió para poder envolver un brazo alrededor de sus hombros, apretándola con fuerza contra él. Él le acarició el vientre, apoyando su cabeza contra la de ella.

—Está casi aquí. ¿Puedes creerlo?

Ella bufó, poniendo su mano sobre la suya.

—No —admitió.

¿Cómo podía culparla? Su hijo no podía haber sido más planificado. A lo largo de su relación, ellos habían sido diligentes con el control de la natalidad, más allá que diligentes, habían estado obsesionados con ella.

Tal vez era porque no habían tenido una elección antes, pero la elección de la forma y el momento de tener a su segundo bebé fue una decisión que examinaron por todas partes. Consideraron la adopción. Consideraron seriamente no tener otro bebé en absoluto.

Pero, finalmente, los dos acordaron que querían lo que se habían perdido la primera vez: un embarazo. Querían el momento de contener la respiración cada mes, esperando a ver si habían suscitado una nueva vida. Ellos querían contárselo a su familia y amigos, ver la felicidad en el resto al decirles que iba a llegar un nuevo bebé. Querían que todos los hechos: la primera ecografía, observar el cambio del cuerpo de Bella mientras su hijo crecía en ella, averiguar si era un niño o una niña. Querían todos esos momentos que habían sido despojados por el destino y las circunstancias.

Pensando en la infancia agitada de Emma, Edward se preguntó cómo sería esta vez.

Bueno, un par de semanas y se enterarían.

Bella siseó con su mano en su barriga.

—¡Ouch! Jesús —hizo una pausa—. Oh, joder.

Ambos miraron sus pantalones, oscureciéndose rápidamente por la parte delantera.

—Bella... ¿acabas de romper aguas?

—Um. ¿Sí?

Aún faltaban un par de semanas...

~ Dieciocho horas después ~

Edward bostezó, sintiéndose un poco cansado, y trató de averiguar lo que le había despertado.

Oh, cierto. Su hijo de tres horas.

Trató de no empujar a Bella mientras salía de la demasiado pequeña cama del hospital, pero era inevitable. Ella hizo una mueca cuando se despertó y miró a su alrededor con ojos legañosos.

—Shh —le murmuró él—. Vuelve a dormir. Tus pechos no son necesarios —metió la mano en la cuna de plástico, cogiendo con cuidado a su hijo en sus brazos—. Quieres a tu papá, ¿no, Josh?

El bebé hizo un poco de ruido mientras se quejaba, pero no empezó a llorar. Ubicado frente al cálido cuerpo de su padre, sus ojos se cerraron y volvieron a caer.

Edward estaba tan encantado.

Miró a Bella mientras se sentaba en la cama.

—¿Ves?

Ella rodó sus ojos, pero su sonrisa era indulgente.

Estando enamorado de ella de nuevo por lo que acababa de hacer para ellos —traer a su bebé al mundo—, Edward se inclinó hacia adelante, capturando sus labios en un suave y dulce beso.

—Gracias por esto, Bella. Por todo.

Ella sonrió contra su boca, pero le dirigió una mirada mientras se echaba hacia atrás.

—Me gustaría agradecerte tu parte, pero no me gusta mucho esa parte de ti en estos momentos.

Su expresión se escandalizó burlonamente.

—No delante del niño inocente, Bella. ¿Qué te pasa?

Antes de que pudiera responder, la puerta de la habitación de maternidad se abrió lentamente.

—¿Hola? —escucharon un susurro familiar.

—Hola, Emma —Edward dijo en voz baja, mirando hacia el lugar donde su hija estaba en la puerta. No se había dado cuenta de que era lo suficientemente tarde como para que ella estuviera fuera de la escuela. El tiempo se había vuelto un poco deformado después de que Bella se pusiera de parto—. Ven aquí. Ven a conocer a tu hermano.

Emma se apresuró, siendo esa niña de casi once años de edad, mientras miraba el bulto en los brazos de Edward. Su nariz se arrugó cuando ella lo miró.

—Él es muy pequeño.

—Tú fue aún más pequeña —dijo Bella suavemente.

La mirada en el rostro de Emma sugirió que ella pensaba que sus padres podrían jugar con ella, pero ella no discutió. Cogió un dedo del bebé, flexionándolo y sacudiéndolo.

—Hola, pequeño.

Durante un largo minuto, ella escudriñó al bebé antes de asentir con la cabeza.

—Creo que me gusta.

—Bueno, eso es bueno —dijo Edward secamente—. Tenía la esperanza de que pudiéramos quedárnoslo.

Emma sonrió y se encogió de hombros.

—Supongo que está bien.

Corriendo por el otro lado de la cama, Emma le dio a Bella un beso grande.

—La abuela está hablando con todo el mundo fuera. Me dijo que fuera a buscarla si estabas despierta. ¿Estás despierta?

Bella se echó a reír.

—Oh, supongo que sí.

—Está bien —dijo Emma alegremente—. Les diré que pueden venir a verte.

Ella salió corriendo y Bella miró a Edward y a su hijo en sus brazos.

—Al final del día, todo es muy simple, ¿no?

—¿Qué es eso?

—Yo amo a mis hijos —su sonrisa era adorable mientras ella lo miró—. Y te amo a ti.

Inclinándose, la besó de nuevo, fue un movimiento tierno y adorable.

—Esa es la cosa más sencilla del mundo.

-FIN-