Capítulo 19 La Vida no es Justa.
El tiempo pasaba rápidamente, cada habitante del castillo se hallaba sumido en sus propios asuntos. Alumnos y profesores andaban atareados preparándose para los exámenes de antes de las vacaciones de pascua y mientras tanto, el reloj avanzaba incesante.
Draco y Ginny se encontraban nuevamente en los vestidores de Slytherin después del entrenamiento de Quidditch de Draco. Lo que había nacido como un hecho esporádico, se había hecho una dulce costumbre, después de lo que había pasado tras el partido entre sus casas, les gustaba pasar aquellos ratos juntos.
¿Quién hubiera imaginado por entonces que entre ellos iba a nacer esta relación? Ellos por supuesto que no, toda su vida se habían detestado, sus familias se odiaban. Él, un sangre pura aferrado a las creencias de la pureza de la sangre; ella una sangre pura catalogada de traidora a la sangre por mezclarse con magos mestizos y muggles. Y aunque no se habían atrevido a catalogar aún lo que tenían, pero ambos sabían que era más que sexo. Lo sabían, sabían que era algo más, aunque no lo dijeran con palabras, aunque no le pusieran nombre, ambos con miedo al rechazo.
- ¿En qué piensas? – peguntó Draco mientras acariciaba suavemente la espalda de la chica recostada sobre él, en la banca que él había apartado a un rincón del vestidor. Ya nadie la ocupaba, se había asegurado que ese sitio no fuera profanado por nadie, para él era sagrado… era suyo y de ella.
- En nosotros, en todo esto… - Ginny levantó el rostro del pecho de Draco y lo miró a los ojos. – ¿Sabes que tiene que terminar, cierto? Esto no puede continuar así, yo… - cerrando los ojos se levantó de encima de Draco y comenzó a vestirse, cuando hubo terminado, volvió a mirarlo con una sombra de dolor en sus ojos. – Draco…
- ¿Sabes que es lo que me gusta de ti? – dijo sentándose sin molestarse en cubrir su desnudez, no le daba vergüenza mostrarse así ante ella. – me gusta tu sinceridad, tu carácter, tu ímpetu. Sé lo que me vas a decir… – la paró al ver que iba a decir algo y comenzó a enumerar. - que esto está mal, que estás de novia con cara rajada, que soy un Malfoy y que tú una Weasley… hay muchas razones para que no estemos juntos, todas tal vez eran válidas hace un tiempo atrás… ¿Pero ahora? Ahora ya carecen de valor. ¿Es que no te das cuenta que esto va más allá de nosotros?- La miró fijamente y levantó la mano hacia ella – Ven aquí… - la llamó, Ginny se acercó lentamente hasta estar a su lado, tomó la mano que él le ofrecía y se sentó en su regazo. – Sé que tu conciencia no te permite estar conmigo, sé que te preocupa el qué dirán, tus padres, tus amigos, mi familia… ¿Pero sabes una cosa? A mí no me importa nada de eso… aprendí a las malas, y creo que soy un poco más sabio. Nada de eso tiene valor cuando se trata de hacer lo correcto. Para mí la pureza de la sangre ya no es importante, creí que lo habías entendido Ginny. Hace un tiempo, desde que terminó la guerra, he tratado de enmendar mis errores, Hermione pudo verlo… ¿Por qué tú no puedes? – se abrazó a ella apoyando la cara entre el busto de la chica, aspiró fuerte, impregnándose en su aroma. – No me dejes…
- Draco… - Ginny devolvió el abrazo apoyando su cara en el cabello de él acariciándolo, era tan increíblemente suave. - Ya no sé qué siento por Harry, sé que siempre he estado enamorada de él pero… - levantó la cabeza y lo miró a los ojos – nunca pensé que me sentiría así contigo… - terminó con un suspiro dejando que volviera a poner su cara sobre su pecho, acunándolo.
- ¿Así cómo?
- Draco, voy a ser sincera contigo… la primera vez que estuvimos juntos… - él rio sobre los pechos de ella.
- Lo recuerdo muy bien… estabas cabreada… - apretó más su cara contra su pecho.
- Eso es quedarse corto – bufó la chica mientras acariciaba su cabello. – el punto, es que yo estaba muy muy enojada, sabía que tu comentario antes del partido solo era para molestarme, pero es que desde hace un tiempo que venía sintiendo cosas por ti, pero no quería reconocerlo. Estaba confundida…
- ¿Y aún estás confundida? ¿Qué tengo que hacer para que te quedes conmigo? ¿Recuerdas nuestra primera vez?
- ¿cómo olvidarla? – respondió con una sonrisa en sus labios, mientras recordaba esa tarde en que todo comenzó…
Draco abrazó a Ginny por la cintura y la atrajo hacia sí, recostándose en la banca, usando como respaldo la toalla olvidada, y hundiendo el rostro en el cuello de la chica.
-¡Merlín Ginny! ¿Que se supone que vamos a hacer ahora?- preguntó mientras le acariciaba la espalda con mimo.
Ginny levantó el rostro del pecho de Draco y lo miró a los ojos.
- Malf… Draco –rectificó al ver que la miraba con las cejas levantadas – Lo siento, yo… esto… no sé qué me pasó…
- ¿Que también caíste al encanto Malfoy? – preguntó con burla… pero su sonrisa y mirada indicaba todo lo contrario. – No me digas que te arrepientes por favor.- imploró bajando levemente la voz.
- Es que esto es un error…
- No, no lo es. No puede ser un simple error cuando tú y yo lo deseamos, yo no veo lo malo de todo esto… tal vez tú no lo quieras reconocer, pero yo voy a ser sincero contigo y conmigo… yo SI que lo deseaba hace tiempo, sólo que no me atrevía a expresarlo en voz alta. – Mientras hablaba había cambiado la caricia de la espalda por un leve roce de sus pómulos, tomó su rostro con suavidad y lo acercó al suyo, uniendo sus labios en un casto beso.
Ginny lo miraba estupefacta, no estaba preparada para una confesión así. Era cierto que desde un tiempo venia viendo a Malfoy de una forma diferente, pero siempre se veía opacada por el prejuicio hacia su familia y todo aquel rencor que siempre los había envuelto.
- Si estamos siendo sinceros… – contestó bajando la mirada pero sin alejar el rostro de las manos de Draco. - hace un tiempo que vi un cambio en ti, pero quería seguir creyendo que eras un malcriado, arrogante, prepotente y maldito hijo de puta. - lo miró a los ojos y sonrió en forma picara mientras levantaba el hombro en un gesto a forma de disculpa – así era más fácil convencerme a mí misma que lo que sentía por ti era rabia y no otra cosa.
Draco hundió el rostro entre los pechos desnudos de Ginny y aspiró fuerte, impregnándose de su perfume mezclado con el olor a sudor limpio que desprendía su cuerpo. – Hueles delicioso. – murmuró contra su piel logrando que se sonrojase. – Ni en mis más locos sueños pensé tenerte así, pero creo que la realidad supera la fantasía…
- ¿Fantaseas conmigo Draco Malfoy? – no pudo evitar preguntar con un deje de sorpresa en su voz.
- Claro… todo Hogwarts fantasea con la pelirroja Weasley. – respondió en forma automática – ¡Oh, Por Merlín! Dime que no dije eso en voz alta…
- Demasiado tarde Hurón… - Draco la miró, pero ella en vez de estar enojada, sonreía feliz a la vez que no evitaba el sonrojo.
Se besaron una vez más antes de volver a sus respectivas casas, con un entendimiento mutuo de que esto se repetiría cada vez que pudieran, sin compromisos, sin ponerle nombre, solo encuentros furtivos… cada uno sabiendo que en cualquier momento tendrían que terminarlo, ella por su compromiso con Harry, él… por las ataduras de su clase social, pero ninguno con deseos de que ese día llegase.
Así había sido una vez por semana al término de cada entrenamiento de Slytherin, ella se escabullía de sus amigos para encontrarse a escondidas con Draco Malfoy y él estaba encantado de que así fuera.
- Debo regresar a mi sala común, ya es hora de la cena y Harry me debe estar esperando…
- Ginny…
- No Draco, ya hemos hablado de esto miles de veces, por favor dejémoslo así… - se levantó y quitó los hechizos que les permitían estar a solas sin interrupciones. – Además, mañana lunes hay clases y debo terminar un trabajo… Nos vemos. – Dijo a modo de despedida, zanjando cualquier posibilidad a réplica. Se acercó y lo besó largamente, saboreando aquel último beso con sabor agridulce, antes de dar media vuelta y salir del vestidor, dejando a Draco sumido en soledad y tristeza con un mal sabor de boca.
Hermione esperaba con impaciencia a que llegara Ron. Habían quedado en las puertas del colegio para salir a pasear cerca del lago. Severus se había ausentado todo el fin de semana para recolectar los ingredientes que faltaban para la poción, habían decidido que los recolectarían a medida que los fueran necesitando, para asegurar la frescura del género, por lo que se turnaban de acuerdo a las necesidades y horario de cada uno. Por lo general, era ella quien se ausentaba durante la semana a medida que necesitaban los componentes, pero después de aplicar un ingrediente mañana lunes, la poción debía reposar por siete días, por lo que Severus iría en busca de los ingredientes más difíciles.
Así que tenía toda la semana libre, sólo debían mover la poción por dos horas diariamente.
Había resuelto dedicar esa semana a sus amigos y a Ron, hacía tiempo que los tenía descuidados y ya era hora que tomara ciertas decisiones importantes…
Había esperado este momento con ansia, lo había pensado y meditado intensamente… y ya se encontraba lista, estaba segura ante lo que pensaba hacer.
Lo vio caminar hacia ella con una sonrisa en los labios y no pudo evitar que su estómago se contrajera, lo había extrañado tanto…
Cuando estuvo a su lado lo vio a los ojos y colocó sus brazos en su cuello, sin demora tomó sus labios en un beso demandante, invadiendo su boca de forma brusca.
Ron se sorprendió por el beso tan efusivo, eso no era normal en ella, siempre era él quien invadía, el que siempre exigía algo más. No es que se quejara, le gustaba esta Hermione agresiva, tan impropio de ella, por lo que respondió al beso abrazándola y apretándola más contra su cuerpo, aprovechando para rozarla con su entrepierna que estaba a punto de explotar sus pantalones por ese beso. Se separaron lentamente, cuando se hizo evidente la falta de aire.
- Hola – saludó Hermione soltando su abrazo y tomándolo de las manos, completamente sonrojada por lo profundo del beso.
- ¡Wow, Hermione!- exclamó el muchacho- eso fue… - se pasó las manos por el pelo mientras sonreía – Hola... – dijo volviéndola a besar, ella solo se dejó.
Cuando se separaron, Hermione lo tomó de la mano y con una sonrisa, comenzó a caminar lentamente hacia atrás mientras lo miraba y sonreía. Ron solo se dejaba llevar.
Llegaron al límite del castillo, hasta los portones que los llevaba al camino de Hogsmeade.
Cuando estuvieron lo suficientemente lejos, ella lo miró y con una sonrisa, se desvaneció con él apareciendo en el interior de la casa de los gritos, dónde mismo la había llevado él una vez. Estaba todo en orden, arreglado hasta lo más mínimo… él recordaba haber dejado todo patas arriba la última vez que estuvo ahí con Alina… Ron miraba con cierto recelo todo, tenía claro en la memoria lo sucedido después de la discusión que tuvo con Hermione la última vez que estuvieron ambos allí. Ahora todo estaba limpio y arreglado.
- Hermione… - comenzó a decir Ron, pero fue interrumpido por ella quien se había lanzado a sus labios. Pasado el momento de sorpresa, solo se dedicó a disfrutar. Aprovecharía cada minuto que ella le quisiese dar.
- Ron, Ron… -decía Hermione, cada vez más concentrada en besar y acariciar a Ron, quien no se dejaba estar, aprovechando cada momento para besar y acariciar el cuerpo de ella.
- Hermione – la detuvo en un momento en que necesitaron aire – qué… ¿qué significa esto? Acaso tú…
- Ron, creo que ya es tiempo de que te demuestre cuánto te amo. - le dijo sonriendo y sonrojándose – sé que no he sido la novia que todos quieren, pero quiero que sepas que te amo y hoy te lo voy a demostrar.
Lo tomó del cuello y lo besó arrastrándolo por la habitación hasta chocar con la cama, quedando a horcajadas sobre él, cuando logró reaccionar, Ron la tomó de la cintura y con un movimiento rápido, logró que ella quedara bajo él. La miró los ojos y la volvió a besar, ya más tranquilo, saboreándola poco a poco, acariciándola. No podía creer que por fin todos sus sueños se iban a hacer realidad.
Dejó su boca para comenzar a besar su cuello, llegando a la clavícula, con sus manos lentamente comenzó a desabrochar la blusa que llevaba, mientras decía que era hermosa, cuánto la amaba… palabras que estaba seguro lograrían que ella se encendiera y perdiera la cordura.
Hermione se estaba esforzando, trataba de pensar en lo que estaba a punto de hacer, necesitaba estar relajada para poder hacer lo que traía entre manos, ya no quería ser la mojigata, quería ser como cualquier chica de su edad, pero las palabras y las manos de Ron no lograban su cometido.
Cuando sintió que tomaba sus pechos a través del sujetador, se tensó en forma involuntaria, obligándose a no detenerlo con sus manos, sujetándose del cobertor de la cama y tomando una respiración profunda mientras Ron lograba hacerse con su boca de un pezón, mordiéndolo en lo que él creía era una forma suave, pero logrando que Hermione soltara un pequeño quejido de puro dolor
Tomándolo como una señal de que iba todo bien, comenzó a masajear el otro pecho, torturando ambos con sus manos y boca.
Hermione pensaba que realmente esto era normal y que ella era la que estaba exagerado, pero cuando sintió que Ron invadía dentro de sus pantalones apenas desabrochados con una mano, de una forma un tanto brusca, si no que casi asaltando su intimidad de una forma nada suave, es que ella no pudo más, con lágrimas en los ojos, trató de apartarlo de sí.
- Para… - soltó de pronto, pero al ver que él no se movía, sino que continuaba con lo que estaba haciendo, sobando su intimidad en forma ruda y sus pechos que ya estaban rojos por la forma en que estaban siendo besados y masajeados – Ron por favor, para…
- Hermione – soltó Ron con la vista nublada, y la respiración entrecortada… - oh! Mi Mione… - y volvió a perderse entre sus pechos…
- ¡Ron suelta! – pero al ver que no había intenciones de que Ron parara, Hermione usó toda su fuerza para apartarlo, logrando que casi callera de la cama al rodar a un lado al verse libre.
- ¡Pe - pero Mione! ¿qué sucede? – preguntó Ron aún confundido.
- ¡Eres un bruto Ron!- le chilló ya sin ningún tipo de tapujos.
- ¿Yo un bruto? ¡Pero si estabas disfrutando! – al ver la cara de desconcierto de la chica, agregó- ¡No trates de negarlo, porque oí perfectamente tus gemidos Hermione!
- ¿MIS GEMIDOS? Eso que escuchaste Ron, sí eran gemidos… ¡PERO DE DOLOR, IMBÉCIL! – gritó mientras se limpiaba con el dorso de la mano las lágrimas que había estado conteniendo, no podía creer lo que le estaba pasando. Había fantaseado miles de veces con su primera vez, como cualquier chica, había imaginado un momento mágico y romántico con la persona que amaba… y ahora nada quedaba de eso.
- Mione yo…
- Olvídalo Ron, esto es un error. – Dijo más para sí misma que para el pelirrojo, mientras se acomodaba el pantalón y comenzaba a abrocharse la camisa. – Siempre fue un error.
- Hermione… no puedes irte, - pidió Ron – podemos intentar nuevamente, puedo ser más suave, realmente puedo serlo… - Ron rogaba a Hermione, pero ella no lo miraba siquiera, estaba concentrada en terminar de vestirse. – Mione, de verdad… no lo dejemos así…
- De verdad Ron, no puedo… - levantó la mirada y lo encaró – No Ron, esto realmente fue un error…
Ron se puso rojo en un instante, respiró profundamente tratando de relajarse, la miró fijamente y asintió. Sin acercarse a ella, dijo.
- Está bien Hermione como tú digas, si esto fue un error de tu parte, no te voy a obligar, solo te puedo decir que te estaré esperando por siempre, el tiempo que sea necesario hasta que te sientas preparada para estar conmigo. Te amo y no te reprocho nada. Adiós Hermione, espero que pienses bien lo que estás haciendo. – se desapareció, dejando a Hermione sola y con una presión en el pecho que no lograba sacar.
Se dejó caer en el suelo apoyando la espada en la pared y lloró, lloró por Ron, por no poder cumplir como mujer, sintiéndose en parte sucia, en parte frígida. No entendía por qué cada vez que se trataba de sexo, ella no podía corresponder, nunca se podía concentrar y por lo tanto no se relajaba lo suficiente. ¿Realmente sería frígida? No entendía, cada vez que se tocaba ella misma imaginándose con Ron, sí podía llegar al orgasmo, pero cuando estaba con él, siempre sucedía algo que la frenaba.
Lloró hasta que no le quedaron más lágrimas por derramar. Lentamente se levantó y comenzó a caminar por el pasadizo hacia el castillo, pasear le haría bien. Necesitaba pensar en lo ocurrido.
Se apareció en Hogsmeade, agotado, comenzó a caminar rápidamente hacia el castillo. Llevaba dos días sin dormir, pero lo había logrado, en tiempo casi récord se había hecho con el ingrediente. Este debía ser incorporado a la poción sí o sí al día siguiente, lunes, después de eso, tendría una semana para encontrar los que faltaban.
Cuando llegó a las puertas del castillo, se dirigió primero a las mazmorras, necesitaba ver a Hermione, ver su rostro de felicidad al mostrarle que había conseguido lo que necesitaban. Luego iría a hablar con Minerva. Debía organizar sus clases de manera de que su ausencia la próxima semana no afectara su rendimiento escolar.
Había caído la noche cuando se dirigió al despacho de Minerva, no había encontrado a Hermione por ningún lado, por lo que resignado, había dejado sus cosas de viaje en el laboratorio, con la esperanza de que cuando regresara, ella ya se encontrara trabajando, por muy tarde que fuera.
Iba llegando al segundo piso, cuando se encontró con la prefecta de Gryffindor, corriendo como quien escapa del diablo.
- Diez puntos menos por correr en los pasillos señorita Yohnez – la chica paró en seco mirando asustada a su profesor, Severus no pudo evitar ver que la chica tenía el rostro desencajado y las lágrimas corrían sin control por su rostro, se dio cuenta de inmediato que algo había sucedido. – ¿Me puede decir que ha pasado que la tiene en ese estado?- La muchacha comenzó a mascullar palabras sueltas casi en susurros.- Hable más alto, que no la entiendo.- demandó con autoridad.
- Ron… Harry Potter… séptimo piso… - fue lo único que logró descifrar antes de salir corriendo a ver qué era lo que pasaba. Si estaba involucrado Potter y Weasley, era seguro que encontraría a Hermione y por el estado de la chica, no era nada bueno.
Harry y Luna salían de las cocinas cuando vieron pasar a Alina junto a sus amigas frente a ellos, instintivamente Luna tomó las manos de Harry. Sabía que la chica no era de su devoción, más cuando Harry le había contado su conversación con Ron y le había confirmado que efectivamente se había estado acostando con ella. No le gustaba mucho, pero ¿quién era ella para juzgar, si ella misma estaba en la misma situación? Le costaba ser imparcial, pero lo hacía por Harry, ya que estaba muy afectado con el asunto.
- Déjala Harry – le susurró en el oído.
Harry cerró los ojos y los volvió a abrir, la miró sonriéndole. Su Luna, siempre sabía qué estaba pensando.
La acorraló en un rincón al lado de una estatua y la besó. Luna después de recuperarse de la sorpresa, correspondió al beso demandante de Harry. Estuvieron así por varios minutos, hasta que ella rompió el prolongado beso.
- Harry, tengo que estudiar…- se quejó.
- Hmmm – le respondió, mientras pasaba sus manos por la estrecha cintura de la chica, introduciendo los dedos dentro de la polera, rozando suavemente la delicada piel de Luna, quien soltó un suspiro al sentir la caricia.
- Harry… - Pronunció su nombre en un suspiro.
- Luna… - respondió en un susurro mientras besaba el cuello de la chica y se dirigía a besar su lóbulo.
- Harry… de verdad tengo que estudiar – logró decir, todo pensamiento coherente se estaba escapando y sabía que si no paraba ella, él no lo haría. Tomándolo de los hombros lo apartó lo más suavemente que pudo – ¿Por qué no quedamos más tarde en las cocinas? De verdad que no puedo entretenerme más….
Con un gruñido, Harry se apartó pasándose las manos por el pelo, desordenándolo más si cabía, en una clara demostración de la frustración que lo embargaba.
- Merlín Luna, no sé qué me has hecho, pero cuando estoy contigo me cuesta mantener el control. – La besó rápidamente y se apartó de la chica mientras la tomaba de la mano y salían del recoveco en el que se encontraban. – Más tarde tengo reunión con Minerva, no tendré respiro en toda la semana, Snape se ausentará la próxima semana del colegio y tendré que reemplazarlo, a cambio, él tomará mis clases las siguientes dos semanas, ya que necesito rendir exámenes en la Academia de Aurores, por lo que me ausentaré de Hogwarts por esas dos semanas. – explicó mientras volvía a acariciar a Luna siguiendo la línea de ropa de su cintura.
- Entonces ¿el profesor Snape impartirá tus clases a los de primero mientras no estés? – preguntó con un deje de tristeza en la voz.- Me dan un poco de pena…
- De eso se trata, pero estoy tratando de convencer a Minerva que por estas dos semanas Hermione me reemplace, no me gusta que Snape torture a los chicos y eche por la borda todo lo que he logrado en estos meses. – dijo volviendo a besar el cuello de Luna mientras la acercaba más a su cuerpo, rozando sus caderas con la de ella en una clara insinuación, movimiento que no pasó desapercibido por la chica.
- Contrólate Harry, sabes que no es correcto. – Lo reprendió, pero no tan firme como hubiese querido, su cuerpo la traicionaba respondiendo positivamente a Harry, quien con una sonrisa traviesa, volvió a moverse contra ella, esta vez, haciendo más presión mientras el cuerpo de Luna respondía, en sus ojos se reflejaba claramente el deseo.
Con un gruñido, Harry se apartó de Luna dejando claro su descontento. La besó una última vez a modo de despedida.
- Nos vemos en aproximadamente tres semanas Luna. – Levantó la mano y la posó en el rostro de Luna en una suave caricia – Te voy a extrañar tanto… estoy tan acostumbrado a ti. – Luna solo sonrió, acercándose más si podía, se puso en puntillas y lo besó, tiernamente al principio, transformándose el beso lentamente en algo más pasional, dejándolos a ambos sin aire en poco tiempo, obligándolos a romper el beso a regañadientes, ninguno queriendo separarse, ambos sabiendo que era inevitable.
- Adiós Harry, te estaré esperando – y lo empujó suavemente para apartarlo de ella y poder salir al pasillo.
Harry la dejó pasar, sintiendo un peso en el pecho, anticipándose a la separación que estaba por venir. La vio dirigirse lentamente hacia la torre de Ravenclaw.
Definitivamente esas tres semanas serían un infierno sin ella.
Con un suspiro de resignación, tomó el camino por las escaleras hacia el despacho de Minerva en el segundo piso, debía convencerla de que dejar a Hermione en su reemplazo era la mejor opción, pero sabía que la mujer era un hueso duro de roer.
Ya era de noche cuando salió del despacho de la directora, henchido de felicidad, había logrado que aceptara su propuesta, ahora sólo debía convencer a Hermione, aunque conociéndola, aceptaría encantada.
Viendo que se había saltado la cena, y que no podría compartir con Luna una cena tardía en la cocina, decidió dar su ronda nocturna, así podría pensar con tranquilidad y aprovecharía de dar un paseo por el castillo.
Iba llegando al séptimo piso, recordó todas las veces que había pasado por ahí con el ejercito del ED, sonrió al recordar esos viejos tiempos. Si echaba su mirada hacia atrás, encontraría que a pesar de las presiones y el miedo de ser encontrados, podía decir que fueron buenos tiempos, había hecho buenos amigos. Se sorprendió mirando fijamente la pared en donde se suponía que debía estar la entrada a la sala de los menesteres. Sin pensarlo, comenzó a pensar en la sala del ED, no había dado el primer paso cuando la puerta comenzó a materializarse.
Rápidamente se escondió en un recoveco que dejaba un pilar, no eran muchas las personas que conocían la entrada a la Sala y de ellos, ni la mitad estaban en ese momento en el castillo.
De la sala, emergió Alina Yohnez, miró cautelosamente hacia ambos lados antes de salir completamente y hacer un gesto hacia adentro, antes de tirar de la mano de un Ron sonriente y comenzar a caminar hacia las escaleras.
Harry emergió rápidamente de su escondite, casi chocando con la chica, quien no iba mirando precisamente hacia adelante.
- Qué sorpresa – su voz fue casi un susurro, Ron quedó petrificado en su lugar, no podía moverse. - Señorita Alina, por favor retírese a su sala común, diez puntos menos para Gryffindor. Señor Weasley, espere un momento, quiero cruzar unas palabras con usted. – Alina no lo pensó dos veces, dando una mirada de extrañeza por esa forma de hablarle de Harry a Ron, soltó su mano y se fue directo a las escaleras con dirección a su sala común.
- Harry, pued…
Ron no pudo terminar de hablar, el puño de Harry se estampó tan rápido en su cara que no alcanzó a reaccionar, sólo pudo sentir como su espalda chocaba con la muralla del pasillo, el dolor de su nariz rota y el líquido viscoso de la sangre deslizándose. No alcanzó a ponerse de pie cuando otro puñetazo le hizo caer al suelo nuevamente, la sangre corría por su rostro sin parar, intentó ponerse de pie una segunda vez, pero una patada en el estómago lo hizo doblarse en dos mientras Harry no paraba de propinarle patadas. No le importaba donde cayeran, quería hacerle daño, sin esperar a que se repusiera, se sentó sobre el cuerpo de Ron y comenzó a propinarle puñetazos en la cara a diestra y siniestra, no le importó que estuvieran en un pasillo de la escuela, que cualquiera los podía encontrar, estaba cegado con una furia que no podía controlar.
Alina, quien se había vuelto para ver que sucedía al escuchar el rifirrafe, se encontró con Harry pateando sin compasión a Ron en el suelo, sin posibilidad de poderse defender, por lo que corrió a buscar ayuda.
Así los encontró Severus, sin demora, tomó a Harry de los hombros intentó sepáralo del cuerpo de Ron, pero era imposible.
- Potter – Lo llamó, pero no obtuvo respuesta. – ¡Harry!- le llamó por primera vez en su vida por su nombre de pila.- Ya basta, lo vas a matar…- tras esas palabras, se detuvo. Lagrimas corrían libremente por su rostro. Dejó que Severus le ayudara a levantarse, mientras Weasley intentaba penosamente levantarse del suelo en dónde estaba tirado sin ápice de dignidad.
- ¡Eres una basura! – le gritó Harry, sin importarle la presencia de su colega y el que había sido su profesor de pociones por seis largos años.
- Harry…
- Te lo advertí Ron, te advertí que no engañaras a Hermione, me lo prometiste. – Se limpió la cara con el dorso de la mano con un deje de furia. - Prometiste que dejarías de revolcarte con Alina, me dijiste que amabas a mi hermana, y yo te creí… TE CREÍ.
Severus solo era capaz de escuchar y observar en silencio la situación. No podía creer las palabras que estaba escupiendo Potter. ¿Así que Ron Weasley se estaba revolcando con esa chica, la prefecta de Gryffindor mientras aún tenía una relación con Hermione? No pudo evitar cerrar los puños con fuerza, ganas no le faltaban de terminar con lo que había empezado Potter.
- No quiero volver a ver tu careto, - le espetó con furia. - tú y yo ya no tenemos ninguna relación, sólo te lo advierto una vez: aléjate de Hermione. – Cuando terminó de hablar, se iba a dar media vuelta, lo pensó mejor y se volteó a ver una vez más a Ron, quien se encogió con sólo mirar la cara de Potter. Harry le dedicó una mirada de profundo de desprecio y con un paso se acercó más al que había sido su amigo. Y con todo el asco del mundo, escupió en la cara del muchacho.
Cuando se dio la vuelta, advirtió que Severus aún estaba a su lado contemplando la escena, había abandonado su expresión inexpresiva y se le veía claramente enfadado, se acercó en dos zancadas a él y mirándolo a la cara informó.
- Tengo los documentos que me pidió para mi reemplazo profesor, están en mi despacho – se limpió nuevamente la cara con el dorso de la mano, rodeó a Snape y siguió su camino. – Si gusta, me acompaña y podemos conversar de los ajustes en mi horario.
Y sin esperar que Snape lo siguiera, comenzó a caminar mientras era seguido de cerca por un iracundo Severus Snape y observado por un magullado Ron.
Severus había dado dos pasos, cuando lo pensó mejor y de devolvió sobre sus talones. Miró fijamente a Ron tirado en el suelo.
- Diez puntos menos por andar a deshora en los pasillos – informó con sarcasmo, se iba a devolver cuando lo pensó mejor y con una media sonrisa le informó. - Tiene castigo conmigo hasta las vacaciones de pascua. Lo espero en mi despacho mañana después de la cena. – sin mirar a un muy magullado Ron siguió su camino en dirección al despacho de Potter.
Su cerebro iba a mil por hora, aún no terminaba de creerse lo que acababa de presenciar.
¡Muuuuuuuyyy buenos días, tardes, noches! ¿Qué tal están? Yo aquí con un nuevo capítulo, no voy a pedir perdón por el retraso, ya que como dicen por ahí… la disculpa agrava a falta (toma la varita… "¡Protejo!"). Solo decir que fui abducida por extraterrestres llamados "Balances" del planeta "Contabilidad" jajaja ya, hablando en serio, el trabajo no me dejaba poder terminar el capítulo, pero ya está. Espero les haya gustado. Este capi se lo dedico a todas aquellas que odiamos a Ron Weasley, no saben cuánto disfruté escribiendo esta escena, no hallaba la hora de llegar aquí y ver como terminaba, espero no haber tocado el punto sensible de ninguna… (Aunque creo que no XD).
Gracias especiales a mi Beta, sin ella esto aún estaría dando vueltas en mi computador… ¡Te quiero hasta el infinito y más allá!
Un cariñoso saludo a las chicas del Escuadrón Snape, sé que he estado muy "liada" como dicen las "ezpañolas" ;) pero ustedes saben que siempre estoy atenta a todas y cada una, aunque sea en las sombras. ¡Son geniales!
Ya estoy más tranquila en lo que a trabajo respecta, así que espero no demorar tanto con la historia, solo decir que la tengo bien estructurada y tengo el camino a medio andar.
Tantas gracias a las que ponen en alerta y favoritos a este intento de fic, a las que dejan comentario y las que leen en silencio. Gracias de corazón.
Bueno, ahora inicio "Tanda Comercial"…
No dejen de visitar la página de Face "Adictas al Sevmione", les aseguro que no se arrepentirán.
Los invito a visitar la parte más oscura de mi… una mortífaga acérrima del Señor Tenebroso y yo (por qué negarlo, me atrapó el lado oscuro de la fuerza XD) administramos otra página de Face… se llama "Mortífagas de Lord Voldemot", aventuras y torturas garantizadas, el lado oscuro se sabe divertir, no lo duden.
Fin "Tanda Comercial"
Nos estamos leyendo,
Valitos
