Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.

Misty se encontraba sentado en el sillón frente al televisor; música clásica sonaba y el televisor le decía que las cosas en la ciudad no iban nada bien. Mientras esperaba el arma que le había encargado a Minos miraba a sus alrededores tratando de encontrar una forma de llegar rápido a Afrodita. Si bien Baian le había hecho todo un plano de la casa de Minos, aún le costaba un poco de trabajo reconocer algunos puntos, después de todo, como le había dicho el chico, no era buen dibujante.

- ¿Quieres algo de tomar o algo así? - le dijo Minos sentándose en el lado derecho frente a Misty, casi al lado de la televisión.

Al verlo, Misty apagó el televisor, le habían dicho que lo mejor era que Minos no supiera lo que estaba pasando y hasta ahora parecía que en verdad Minos no sabía, aún.

- No gracias.

- Bueno - Minos suspiró - ¿y por qué apagaste la televisión? ¿no había nada bueno?

- No... nada - dijo Misty levemente nervioso.

- Está bien.

- ¿Puedo preguntarte algo?

- Eso depende.

- ¿Afrodita sigue con vida?

Ante la pregunta lo único que podía escucharse era la música clásica y los truenos, señal de que la tormenta se acercaba. Minos abrió la boca, estaba a punto de preguntar cómo sabía eso, pero justo en ese momento apareció Lune, con el arma que esperaban.

- Bien, aquí está - dijo Lune mirando el arma y entregándosela a Misty.

Nadie dijo nada, Lune estaba distraído asegurándose de que el arma fuera del gusto del rubio; Misty la examinaba y discretamente, buscaba que estuviera cargada, era conocido por todos que la primera carga era cortesía de Minos; este último veía con detalle los movimientos de Misty, mientras colocaba discretamente su mano en la funda de su arma que colgaba de su cinturón.

- ¿Y es buena?

- De las mejores - Lune sonrió - cuando puedas pruébala.

- Justo eso haré.

Ante la última palabras de Misty, este levantó el arma y le apuntó a Lune pero antes de disparar Minos empujó a su compañero y dio el primer tiro.

- ¡¿Qué está pasando?! - gritó Lune.

La casa de Minos era de dos pisos y el sótano; en la primera planta la puerta principal adentraba al invitado a un largo pasillo que terminaba con las escaleras para subir a la segunda planta. Del lado derecho se encontraba la oficina de Minos y la de Lune, donde usualmente se guardaban varias armas; en el izquierdo, la sala y cocina. La planta de arriba sólo constaba de cinco habitaciones, sólo dos estaban ocupadas, las demás se encontraban vacías y cerradas.

El disparo de Minos falló, cinco centímetros a la derecha y hubiera herido a Misty en el hombro. Ambos hombres se cubrieron con los sofás, mientras que Lune había salido casi de la sala y terminado en en pasillo por la agresividad de Minos al aventarlo.

- ¿Cómo lo sabes? - dijo Minos sentándose.

- Un pajarito me lo dijo - Misty miró el arma que le había dado Lune, era sencilla y cómoda.

- ¿Te lo dijo Shura? - Minos sonrió.

- Supongo que debido a que no pasarás de este día no tiene nada de malo que te lo diga - Misty sacó su celular y le envío un mensaje a Shun diciéndole que entrara - sí, me lo dijo él.

- Maldito - dijo en voz baja Minos, después subió la voz - ¿Para quien trabaja ese desgraciado?

- No lo sé. No estoy aquí para eso, vengo por Afrodita.

- Sólo eres uno contra nosotros dos, ¿qué te hace creer que tienes oportunidad?

- Que no estoy solo.

En ese momento se escucharon varió disparos en la puerta de entrada, Lune, quien había corrido a su oficina buscando un arma, se detuvo en el pasillo al escucharlos. La puerta se abrió con una patada y dejo ver a un chico que nunca en su vida había visto.

- ¿Quién...?

Antes de terminar su frase Shun le disparó, pero Lune logró llegar hasta la puerta de la oficina de Minos y ponerse a salvo.

- ¡¿Alguien quiere explicarme qué carajo está pasando?! - gritó Lune exasperado.

Nadie le contestó, Shun caminó hasta la sala y disparó en la dirección donde estaba Minos, sin ver si este seguía ahí, no estaba, pero Shun no lo noto ya hasta que se acabó su armas.

Contrario a sus enemigos Minos no contaba con decenas de hombres que trabajaran para él, sólo tenía a Lune y dos hombres más que se encargaban del trabajo en la ciudad; no necesitaba nada más. Para ese momento ambos hombres había muerto a manos de Shun.

Al terminarse sus balas Shun aventó su arma, metió la mano en un jarrón que estaba sobre la mesa del centro de la sala y sacó otra que estaba escondida. Antes de irse el día anterior, Baian había escondido varias armas para que Misty y Shun no se quedarán sin municiones.

Shun sacó otras armas y se las dio a Misty.

- Ve por Afrodita, vengaré a mi hermano.

Misty asintió y salió por otra puerta que se encontraba cerca de la cocina. La puerta al sótano se encontraba al fondo, pasando la escalera; Misty salió con cuidado de la sala, a pesar de que sólo se enfrentaban a dos hombres nada les aseguraba que sería sencillo, después de todo esa no era la primera vez que intentaban matar a Minos dentro de su propia casa.

Con cuidado Misty logró llegar a la puerta, al ver que está estaba cerrada le disparó, a pesar de eso Minos y Lune no salieron de su escondite, necesitaban tener un plan para acabar con los invasores. Rápidamente el rubio bajó por las escaleras, su corazón latía rápidamente y por varios momentos se tuvo que detener debido a que estuvo a punto de tropezar y caer por las escaleras.

El sótano estaba oscuro y el mal olor era nauseabundo. Misty pensó en todo el tiempo que había pasado desde la ultima vez que había visto a Afrodita: un año, ocho meses y veinte días. Si su amigo, compañero y ex jefe había sobrevivido tanto sin duda Misty estaba dispuesto a besarle, ni siquiera el rubio, siendo el matón que era, sobreviviría por tanto tiempo a esa clase de tortura. Al llegar a suelo buscó con el tacto algún interruptor para encender la luz, no encontró nada, pero cuando su vista se habituó a la oscuridad pudo distinguir un bulto en la esquina derecha del pequeño cuarto, al llegar al centro de este Misty sintió una pequeña cadena que estaba conectada al foco, Misty la jaló lentamente sintiendo como sus nervios estaban a flor de piel, tenía una idea sobre lo que era ese bulto.

Con la luz encendida y varios disparos escuchándose arriba Misty abrió los ojos al ver a Afrodita en un estado casi deplorable. Su amigo estaba vestido con una playera vieja y unos pantalones largos; su cabello, antes símbolo de su belleza, dedicación y cuidado, estaba maltratado, alborotado y tenía algunas partes cortadas; su aspecto delgado y pálido daba la impresión de que no había sido alimentado en varios días mientras que sus ojeras mostraban lo poco que dormía.

- Amigo mío - susurró el rubio - ¿qué te han hecho?

Cuando Misty se acercó a Afrodita este se levantó rápidamente y sacó un vidrio roto, trató de atacarlo con eso pero el rubio pudo moverse más rápido y evitar algún tipo de daño. También ayudó el que Afrodita tuviera una cadena en el cuello que no permitía que avanzara más allá de la mitad de la habitación.

- ¡Afrodita! - Misty trató de acercarse - ¡soy yo! ¡Misty!

Afrodita detuvo su frenético ataque y levantó el rostro provocando que el rubio entrecerrara los ojos al ver las heridas que este tenía.

- ¿Misty? - preguntó Afrodita confundido.

- Sí, vine por ti.

Afrodita sonrió.

- ¿Por qué tardaste tanto?

En la primera planta Shun tenía problemas. Misty tardaba más de lo esperado y entre más tiempo pasaba el joven sabía que Minos y Lune no tardarían en acorralarlo o conseguir un arma más grande para matarlo. Shun se llevó su mano a su pierna izquierda, le habían disparado, estaba sangrando mucho, pero por suerte parecía que también le había dado a Lune, ya que lo había escuchado maldecir después de disparar, por lo que quería pensar que tenía la victoria asegurada, en especial si consideraba que con Afrodita tenían ventaja numérica.

- Escucha chico - dijo Minos cargando su escopeta - no tengo la menor idea de quien seas o por qué lo estés haciendo, pero lo que te estén pagando, te lo duplico.

Shun rió, tan alto que Minos y Lune se voltearon a ver preguntándose la razón.

- Esto no lo hago por dinero - aún en la sala, Shun buscaba y recolectaba todas las armas que había escondido Baian - es por mi hermano, ¡lo recuerdas! ¡El chico que asesinaste el día que Helena le dio la libreta de su esposo a los gemelos!-

- ¡¿Qué?! - Minos miró a Lune esperando alguna respuesta, pero este estaba tan confundido como él, ambos se dieron cuenta de que los habían sacado de nuevo de la jugada.

- ¡No sé de que me hablas niño!

- ¡Mentiroso! ¡Asesinaste a mi hermano! ¡Vi tu maldito auto!

- ¿Mi auto? - Minos tuvo la necesidad de salir de su oficina y caminar hacia enfrente hasta llegar a la sala y hablar con el chico - ¿Mi viejo Cadillac blanco?

- ¡Sí! Además - Shun revisó que una de las armas estuviera cargada, como lo estaba haciendo con todas - También encontré tus estúpidas balas gravadas con tus iniciales, maldito idiota.

Minos se quedó sin palabras, ese auto se lo habían robado casi dos meses hasta que Baian lo encontró abandonado en alguna calle de la ciudad. Analizando las cosas, el auto se lo habían robado a Baian después de darle una golpiza; a pesar de que Minos utilizó a sus dos hombres para buscar el auto no pudo encontrarlo; hasta que Baian lo encontró pero no dio mayor explicación sobre el lugar exacto. Respecto a las balas, Minos le había dado varias al chico ya que este quería aprender como gravarlas, por lo que las que le dio, pensó Minos en su momento, servirían para guiarlo.

- Lune, ¿piensas lo mismo que yo?

- Ese mocoso nos traicionó - Lune olvidó su herida en su hombro, su enojo era más grande.

Relativamente lejos de ahí, Sorrento escuchaba toda la conversación; días atrás Baian había escondido micrófonos en toda la casa, tantos que era imposible no escuchar hasta el más mínimo sonido; estos habían sido colocados con la intención de asegurarse que cosas como las que estaban pasando no sucedieran. Tenía que admitir que su amigo había hecho un gran trabajo, nadie había sospechado de él hasta ese momento, y aún no se percataban de los micrófonos. Sorrento se levantó de donde estaba y caminó hacia la casa, se suponía que esos sujetos debían de estar disparándose, no hablando y llegando a conclusiones a las que no era necesario llegar.

Al estar frente a la casa Sorrento se quitó sus audífonos, ya podía escuchar la conversación en vivo.

- Nos tendieron una trampa chico - dijo Lune.

- Podemos llegar a un acuerdo si prometes salir de la sala sin armas, nosotros haremos lo mismo - habló Minos.

- ¡Mentirosos!

Antes de que alguien más pudiera añadir algo, y gracias a que nadie estaba asomándose por las dos entras, Sorrento se dio la oportunidad de lanzar dos granadas de humo hacia ambas habitaciones y salir rápido de ahí, esperaba que eso fuera suficiente para motivarlos; era mejor que ya todos estuvieran muertos, pero no tenía muchas ganas de matar a alguien ese día, además de que ya había comenzado a llover.

Con las bombas de humo los tres sujetos tuvieron que salir rápidamente de sus respectivos escondites; todos se encontraron en el pasillo y al verse cara a cara se atacaron. Shun le apuntó a Minos pero Lune logró empujar a su jefe, quien terminó saliendo de la casa y comenzó a mojarse por la lluvia. Dentro, Lune le quitó a Shun el arma y la aventó lejos, después golpeó a Shun en el estómago, este resistió el golpe y tomó a Lune con fuerza del hombro herido, provocando que este gritara y terminara arrodillándose.

Shun aprovechó la ventaja en estatura para tomar a Lune de la camisa y golpearle el rostro; pero después de un par de golpes y la nariz sangrando Lune logró levantarse, de su bolsillo derecho sacó una pequeña navaja y se la clavó a Shun justo abajo de las costillas. En cuanto el chico sintió el metal dentro de su cuerpo miró hacia abajo buscando el lugar de la herida. Lune sacó al navaja y volvió a clavársela, ahora del otro lado y lo acercó a él.

- Ahora puedes reunirte con tu hermano - susurró, antes de comenzar a clavarle la navaja en distintas partes del cuerpo.

Cuando Shun dejó de moverse Lune dejó caer el cuerpo, el humo comenzaba a disiparse, pero aún era difícil ver a través de él, por eso no notó cuando Misty lo tacleó y ambos salieron de la casa, justo en el lugar donde había terminado Minos minutos atrás, sólo que para su suerte ya se había levantado.

Con Lune y Misty en el suelo tratando de levantarse Minos caminó dentro de su casa, estaba completamente empapado por lo que tuvo que hacer todo su fleco para atrás para poder ver mejor, frente a él se encontraba Afrodita.

- Veo que te dejaron libre - Minos sonrió.

- Te dije que me vengaría.

- ¿Crees que podrás conmigo? ¿En el estado en el que te encuentras?

- Lucharía contra ti estando peor, no descansaré hasta que pueda bailar sobre tu tumba.

- Bien - Minos levantó los puños - en ese caso terminemos con esto de una buena vez.

- ¡Misty! - gritó Afrodita también levantando los puños - ¡No quiero que intervengas! ¡Mata al perro de Minos y lárgate de aquí!

- ¡Digo lo mismo Lune!

Ambos nombrados se voltearon a ver, aceptaban las palabras de sus compañeros, por lo que rápidamente comenzaron a batirse en el lodo que se había formado.

Dentro de la casa, Afrodita y Minos habían entrado a la sala, nadie aún lanzaba un golpe, ambos se miraba fijamente esperando a que uno comenzará. La habitación estaba destruida por lo que trataban de caminar con cuidado para evitar caer; Afrodita estaba cansado y no sabía cuánto tiempo podría mantenerse lucido, usualmente a esas horas solía desmayarse o dormir, pero la sed de venganza y toda la adrenalina lo mantenía despierto; por su parte Minos se encontraba cansado por todo el trabajo que le había dado Shun.

Ambos decidieron que era momento de atacar y lanzaron un golpe al mismo tiempo, el golpe de Minos logró ser más fuerte que el de Afrodita, quien terminó en el suelo, pero Afrodita logró levantarse rápidamente, sólo para recibir otro golpe; en el suelo una vez más, utilizó su pies para tirar a Minos y una vez que esté también terminó en el suelo Afrodita aprovechó para subirse arriba de él y comenzar a golpearlo en el rostro.

Con dificultad, Minos logró safar uno de sus brazos, debido a que Afrodita tenía sus piernas sobre estos, y le dio un golpe en el estómago. Una vez que se pudo levantar aprovechó para comenzar a patear a Afrodita, que seguía en el suelo; para tratar de alejar a Minos, Afrodita logró alcanzar un trozo de madera del mueble que había sido destruido por las balas y golpeó a su contrincante con él, lo arrojó hacia su cabeza.

Sangre comenzó a salir de la cabeza de Minos y Afrodita, en un acto sumamente descuidado, se levantó rápidamente y empujó a Minos contra la ventana, rompiéndola y terminando ambos afuera. Minos se quedó en el suelo, él había recibido el mayor daño e incluso podía sentir como algunos pedazos de vidrio se habían quedado en su espalda, pero no había sido el único herido, Afrodita, al incorporarse, notó que sangre salía de su brazo izquierdo, un enorme pedazo de vidrio se había incrustado en este, muy cerca del codo.

A ambos les costaba trabajo respirar, el olor a sangre y tierra mojada era tan penetrante que por un momento Afrodita pensó que ese olor se quedaría con él para siempre. Mientras agachaba la mirada y trataba de quitar el pedazo de vidrio Minos logró levantarse y se aventó con Afrodita de regreso a la casa, sólo que esta vez Afrodita cayó sobre una pequeña mesa que ese encontraba ahí.

Esta vez ninguno pudo levantarse, ambos estaban cansados. Afrodita se dio cuenta de que no podría ganarle a Minos en su estado, pero tampoco podía permitir que este triunfará. Con trabajo, se comenzó a arrastrar en dirección a la cocina; para llegar a esta era necesario entrar por la puerta que conectaba ambos cuartos, para su suerte, esa puerta se encontraba en el lado izquierdo, donde estaba.

Mientras Afrodita se arrastraba Minos perdió momentáneamente la conciencia, un estruendoso trueno lo hizo abrir los ojos y preguntarse qué pasaba, el dolor de su cuerpo lo hizo reaccionar. Levantó la cabeza en busqueda de su enemigo pero no encontró a nadie.

Lentamente, se levantó y siguió tambaleante el rastro de sangre que había dejado Afrodita. Al llegar a la cocina encontró a este sentado a lado de la estufa.

- ¿Te harás el héroe? -le preguntó.

- Creí que lo habías entendido, Minos, no hay héroes en esta historia.

- ¿Piensas desperdiciar tu vida así? - Minos trataba de hacer tiempo en lo que buscaba algún arma con la mirada - ¿Qué hay sobre lo de bailar sobre mi tumba?

- Tendrá que esperar.

- ¿Crees que sea buena idea? - le preguntó con una sonrisa burlona, había localizado un arma justo frente a él.

- Bueno, al menos podré llevarte al infierno yo mismo.

Minos abrió la boca para agregar algo más pero no puedo; minutos antes de que apareciera, Afrodita le había abierto a las llaves de gas de la estufa y en sus manos tenía un encendedor, en ese momento Afrodita encendió el encendedor y toda la casa explotó.

Fuera de ella Lune y Misty dejaron de luchar en cuanto vieron la explosión, ambos miraron sorprendidos como la casa se incendiaba con sus dos amigos adentro. Lune sintió un enorme odio y tristeza invadirle, antes de que Misty reaccionara Lune lo tomó de los hombros y le dio un cabezazo, dejando al rubio en el suelo. Al voltear a la derecha Misty vio un arma en el suelo, no importaba como había llegado ahí, así que Misty comenzó a gatera hacia ella, pero Lune notó sus intenciones y también avanzó.

Estirando su mano lo más que pudo Misty logró tomar el arma y le disparó a Lune justo en el cuello, este terminó en el suelo, comenzaba a ahogarse en su propia sangre, al revisar el arma Misty descubrió que está ya no tenía balas, tendría que dejar a Lune morir ahogado en su sangre en lugar de ahorrarle el sufrimiento.

Misty miró hacia enfrente y contempló la casa en llamas, parecía que todo había terminado, se levantó, había salvado a Afrodita y dejado que este tomara su propia decisión respecto a cuándo y cómo morir.

Miró hacia atrás al escuchar el sonido de un arma siendo cargada.

- ¿Me matarás? - le preguntó a Sorrento, que se cubría con un paraguas.

- Depende de lo que hagas.

- Cuando éramos niños le había prometido a su madre que lo cuidaría - Misty volvió a ver la casa - era un niño delgado y débil, creo que por eso tanto interés por salvarlo. Basé toda mi vida en él, en velar por su bienestar, por ella.

- ¿Qué harás ahora?

- Mi promesa ya no tiene sentido - Misty suspiró - debo de decirle que falle.

- En ese caso - Sorrento guardó su arma - te dejo ir.

Misty asintió en silencio, miró hacia el cielo, dejando que la lluvia se llevará la sangre y lodo, y esperó de corazón que el hombre que le había dicho donde estaba Afrodita estuviera bien y cumpliera con su misión, era lo menos que podía hacer.