Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a JK Rowling, la trama a la genia de Bex-Chan.
Este capítulo fue revisado por Nanaa04(Nat)
HUNTED
Capítulo XX:
Juramentos
.
—El Juramento Inquebrantable —Draco repitió, meneando negativamente la cabeza al mago mayor. —Maldita sea, Pucey. Pensé que eras más listo que eso. ¿Qué demonios estás haciendo para estar de acuerdo con el juramento?
—No todos tuvimos la misma suerte que tú, Malfoy —él le dijo con una pizca de envidia. —Cuando el Ministerio te obligó a trabajar con ellos, te salvaron.
—¿Salvarme de qué?
—De los otros —dijo simplemente, respirando hondo para calmarse. —El Ministerio no atrapó a todos, y a los que seguían creyendo en la superioridad de la sangre formaron los grupos de rebeliones…
—Sé todo eso —Draco lo detuvo. —Es mi trabajo vigilarlos a todos. Cuéntame sobre el Movimiento Vendetta y qué tienen que ver con los asesinatos que están sucediendo ahora.
—Necesito pensar en las palabras para decir esto —él dijo cuidadosamente. —El Juramento Inquebrantable fue específico…
—Dilo de una vez —él amenazó, enderezando su varita para remarcar sus palabras.
—Cuando Voldemort fue derrotado—le dijo a Draco después de una larga pausa. —Los que lograron escapar formaron sus propios pequeños grupos de rebelión, acorralando tantas personas como fuera posible. Personas como yo fueron abordadas…
—¿Personas como tú?
—Personas de poco confiar —él confirmó. —Mi padre arruinó cualquier posibilidad que tenía para encajar en la sociedad después de la guerra y estaba perdido. Los grupos de rebelión prometieron seguridad y algún nivel de aceptación. Vaisey y yo éramos amigos así que acepté su oferta de unirme a un grupo. No me di cuenta que ellos tenían planes para imitar los ideales de Voldemort hasta que hice el Juramento Inquebrantable…
—Entonces eres un idiota —Draco criticó. —Vaisey siempre dejó sus opiniones sobre la supremacía de la sangre bien claras y tuvo una parte activa en la Guerra…
—Tú también —Adrian señaló astutamente. —Pero fuiste bienvenido de regreso a la sociedad después de que te estableciste en un pequeño dulce trabajo en el Ministerio. La tuviste fácil…
—Estuvo lejos de ser fácil…
—El Ministerio quería mantenerte cerca porque era el infame Malfoy, —él comentó con un tono sarcástico. —No creas que no nos encantó la ironía. Solo basta con mirarte una vez para darse cuenta que ya no crees en los prejuicios de la sangre.
—Crecí —Draco se encogió de hombros.
—No —él le argumentó. —A ti te dieron la oportunidad de cambiar y recuperar un poco de respeto. El resto de nosotros tuvimos que valernos por nosotros mismos.
—Caer en un grupo de rebelión es simplemente estúpido —el rubio reprendió. —Tanto Nott como Goyle lograron forjar una vida decente. Tu autocompasión es patética. Todos cometemos errores.
—En realidad nunca fui muy creyente de las visiones de Voldemort —él murmuró, agachando la cabeza como si estuviera avergonzado. —Pero mi padre selló mi destino. Vaisey era el único que me ofreció algo después de la Guerra.
—Fuiste un condenado tonto por apresurarte en algo —lo regañó, sintiendo como si le estuviera dando un sermón a un niño. —Especialmente en algo que involucrara un Juramento.
—Vaisey no era el líder —él confesó, mirando alrededor con una expresión paranoica. —Ambos sabemos que él era difícilmente el bastardo más listo. El Ministerio se equivocó. Alguien más era el líder.
—¿Quién?
—No te lo puedo decir —él negó con la cabeza. —Desearía poder hacerlo, pero no puedo.
—Entonces ¿qué me puedes decir exactamente? —Draco presionó, su impaciencia se estaba incrementando.
No mucho —suspiró. —Supongo que sabes que Vaisey y otros dos terminaron en Azkaban, pero yo logré evitarlo. Intenté mantenerme alejado del grupo cuando me di cuenta de lo que estaban haciendo.
—¿Entonces cómo Vaisey tiene algo que ver con los asesinatos que están sucediendo ahora? —el rubio frunció el ceño.
—No estás escuchando —él suspiró, pasándose los dedos por el pelo color ocre, estresado. —Vaisey no era el cerebro; era una marioneta, como el resto de nosotros. El otro manipulaba todo; lo planeaba todo. ¿Supongo que un nombre no figuraba en los archivos del Ministerio?
—No —Draco confirmó. —Solo el tuyo. ¿No me puedes decir quién es?
—De ninguna manera —respondió él. —Tampoco te puedo decir algo específico, antes de que preguntes. Ni el sexo ni tampoco algún indicio de su apariencia o algo así.
—¿Y tú crees que esta persona es responsable por los asesinatos?—Malfoy lo puso a prueba.
—Leí sobre las marcas V —él contestó distraído —Esa era la firma del grupo.
—¿Y por qué ahora? —preguntó. —Han pasado años desde que tu pequeño triste grupo fue detenido.
—Pudo haber sido cualquier cosa —él respondió, ladeando la cabeza mientras consideraba las opciones. —Se necesitaba tiempo para la preparación o tal vez algo sucedió que provocó a la persona. En verdad no lo sé.
—¿Y tú no has recibido ninguna carta o algo parecido desde que esto comenzó?
—No —lo miro a Draco de manera pensativa. —Pero tengo un presentimiento que pronto la recibiré. ¿Supongo que por tu pregunta has encontrado cartas dirigidas a todas las víctimas? —Draco asintió. —Me lo imaginé. ¿Y todas estaban codificadas?
—Por supuesto —el rubio gruñó.
—Los códigos de las cartas para los hijos de Muggle no serán tan difícil de descubrir —él dijo lentamente, como si las palabras hirvieran en su lengua.—Estoy seguro que serán las típicas amenazas e insultos…
—¿Solo las cartas de los hijos de Muggles? —Draco interrumpió con una voz confundida.
—Tienes que descifrar los códigos a las que fueron enviada a los ex Mortífagos, —dijo Adrian, en un tono que sonaba casi a advertencia. —Ayudarán. Leí que estás trabajando con Granger en los asesinatos y…
—¿Qué hay de ella? —Draco dijo rápidamente, odiando su evidente error.
—Nada —él dijo a la defensiva. —Solo iba a decir que si alguien puede descifrar las invitaciones sería ella…
—¿Invitaciones? —Draco repitió, su voz fuerte y agitada. Entonces se dio cuenta que Pucey se estaba sujetando su costado como si estuviera herido, sus ojos salvajes y asustado. —¿Qué quieres decir con invitaciones?
—Dije más de lo que debería —Adrian murmuró, su tono triste y frágil. —Desearía poder ayudarte más, Malfoy, pero he cruzado la línea.
—¿De qué estás hablando? —él ignoró el comentario del otro mago. —Las cartas a Goyle, Nott, Flint y Parkinson ¿eran invitaciones?
—No puedo seguir explicando más, Malfoy…
—¿Invitaciones para qué? —él continuó, escupiendo sus consultas y apuntando su varita en un claro desafío. —¿Invitaciones para qué, Pucey?
—Tienes que irte —Adrian apresuró sus palabras, evidentemente desesperado. —No puedo decir nada más…
—¿Cómo sabes que son invitaciones? —él le preguntó con recelo. —Pucey, voy a golpearte si tengo que sacarte la verdad…
—¡NO PUEDO! —él gritó, levantándose del sofá. —¡Te dije que estoy bajo el Juramento Inquebrantable! ¡Te he dicho todo lo que puedo! ¡De hecho, más!
—No es suficiente —Malfoy le discutió, su tono extrañamente sereno. —Hay vidas en riesgos. ¡Mierda, yo fui un Mortífago! Mi vida está en riesgo…
—Tú no —Pucey sostuvo con voz grave. —Te puedo prometer que tú no recibirás ninguna carta…
—¿Cómo puedes…?
—Trabajas en el Ministerio —dijo él. —Ningún grupo de Rebelión se atrevería a molestarte ahora. Has dejado en claro que tus principios han cambiado. Serías una carga.
—¿Una carga para qué? —Draco siseó.
—Sin dudas que ya te habrás dado cuenta, Malfoy —Adrian gruñó, sus ojos decepcionados y pidiendo al otro Slytherin que encontrara el sentido. —Piensa.
—Invitaciones —él musitó, más para sí cuando repetía la palabra en su mente. La realización fue enviada como un rayo a su cerebro. —¿Reclutamiento?
—No puedo confirmar nada —Adrian frunció el ceño. —El Juramento no permitirá…
—Pero eso es lo que es —Malfoy dijo con desdén, poniéndose de pie y arrojando la varita de Pucey a un rincón polvoriento. —Están intentando reclutar a los antiguos Mortífagos para unirse a este nuevo grupo. Y luego ¿qué? Si se niegan, ¿son asesinados?
—No puedo contestar eso —dijo él, cansado y frustrado. —Porque no lo sé. Nadie fue asesinado cuando estaba en el Movimiento Vendetta.
—Excepto por los hijos de Muggles —él remarcó con una mueca de disgusto. —¿Hay algo más que puedas decirme?
—No, —Adrian murmuró. —Ojala pudiera…
—Entonces no me eres más útil —Draco lo menospreció, dirigiéndose a la puerta. Si descubro que me has mentido, regresaré con suficiente Veritaserum para ahogarte.
—Entendido —él asintió, mirando la espalda de Malfoy mientras salía del departamento. Sus labios se torcieron. —Hay algo más —él tartamudeó, el rubio detuvo sus movimientos pero se negó a girar.
—¿Qué? —Draco gruñó entre dientes.
—Dile a Granger que tenga en cuenta la Antigua Roma cuando trate de descifrar las cartas —murmuró a través de un doloroso gemido. El Juramento estaba protestando contra su consejo. —Eso podría ayudar.
—Lo haré —él miró por sobre su hombro para ofrecerle al mago una pequeña inclinación de cabeza.
—Y también dile que se cuide la espalda —aconsejó, y Draco sintió cómo sus uñas dejaron marcas en las palmas de sus manos. —No tienes idea las ganas que los grupos de Rebelión tienen de poner sus manos en la "Princesa Sangre sucia" y…
—¡Impedimenta!—Draco gritó, girando justo cuando la espalda de Adrian golpeó contra la pared. Esperó a que su antiguo compañero de clase pensara con claridad antes de hablar, su voz áspera como fragmentos. —Nunca estuve aquí ¿entendiste? ¿O tengo que utilizar el Encantamiento Confundus? ¿O algo peor?
—Nunca estuviste aquí —Adrian murmuró, observando la punta de la varita de Draco con un temor inestable.
—Bien —él siseó, y luego se marcho.
.
vvv~vVv~vvv
.
Draco caminó con una prisa que no había sentido en mucho tiempo, dirigiéndose a las Oficinas de Aurores. Tenía que contarle a Granger lo que Pucey había revelado. Esto podía cambiar todo. Había alguien intentando reclutar ex Mortífagos para formar un grupo. Un grupo de supremacía de la sangre.
¿Y si alguna de las invitaciones había tenido éxito?
El grupo ya podría tener más de un miembro.
Podría haber más de un asesino.
Ahora casi estaba corriendo, con largas zancadas y con un propósito mientras se dirigía a las instalaciones del entrenamiento de Aurores. Dobló la esquina y casi choca con Neville Longbottom. Draco logró detenerse antes de colisionar, y observó la ropa hecha jirones de Longbottom y su aspecto maltratado con una ceja arqueada.
—Malfoy —el Auror lo saludó tímidamente, utilizando su pulgar para quitarse el rastro de sangre de sus labios.
—Longbottom —Draco asintió, mirando las pre contusiones del hombre y la postura cansada con curiosidad. —¿Has visto a Granger?
—Está entrenando —él exhaló, encogiéndose cuando el movimiento le causó dolor. Draco pasó a su lado, pero se detuvo cuando la voz de Longbottom captó su oído. —En realidad no la interrumpiría si fuera tú. Está de un humor de perros…
—Ha habido un gran avance en el caso —él argumentó, pero hizo una pausa cuando tuvo en cuenta el estado del torpe mago. —¿Ella te hizo eso?
—Sí —él admitió con un ligero rubor. —Todo estaba bien esta mañana, pero cuando regresó del almuerzo se desbocó…
—¿Adónde fue a almorzar?
—A su casa —Neville se encogió de hombros con poco esfuerzo. —Está ahí con Castor y Jason, pero no digas que no te advertí…
—Esto es importante —él lo interrumpió, haciéndose camino hacia la puerta sin ni siquiera tocar.
Entró a la sala aferrado a su varita, solo en caso de que si tuviera que lanzar un rápido Protego. Su mente se desvió al complejo de su amante con los viernes, pero solo por un segundo. Quería que su conversación con Pucey se mantuviera fresca en su cabeza.
Él la pudo ver con sus dos reclutas, ellos disparándole hechizos y ella bloqueándolos y lanzando sus propios hechizos. Los dos hombres lucían agotados y ella parecía impulsada, casi poseída. Él pensó sobre la advertencia de Longbottom y casi decidió dejar la sala. Pero no, esto era esencial.
—¡Granger! —él la llamó, dando algunos pasos hacia adelante,
La camisa de ella estaba rasgada, y él pudo ver la luz reflejada en el sudor sobre su frente. Su respiración era tensa y sus hombros encorvados, pero definitivamente estaba en mejor forma que sus aprendices.
—¡Granger! —volvió a gritar, y ella giró de golpe, absorbiéndolo con sus ojos enojados.
Ella estaba lista para dispararle una Imperdonable, pero un hechizo le golpeó el hombro y su rostro se contorsionó en un gesto de dolor.
—¡Suficiente! —ella le gritó a los dos magos cansados, haciendo un gesto hacia el intruso rubio para que ellos comprendieran. —Descansen dos minutos.
Ellos colapsaron al suelo de inmediato, sus pechos agitados, pero Draco no les prestó atención. Era difícil darse un momento para pensar en ellos cuando su amante venía furiosa hacia él, todavía agarrándose el hombro herido. Cuando estuvo a un metro, él pudo ver que algo extraño había afectado sus ojos. ¿Había estado llorando?
—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —ella espetó. —¡Te dije la última vez que no irrumpieras aquí! ¿Eres jodidamente sordo o…?
—Cálmate —él aconsejó, manteniendo su tono de voz severo y bajo. —Mi reunión con Pucey…
—Acordamos que lo hablaríamos más tarde —ella le recordó, su voz fría y posiblemente angustiada. —Estoy entrenando…
—Esto es importante…
—Puede esperar para más tarde —ella insistió con un gruñido contundente. —No tengo tiempo para esto y tú no deberías haberme interrumpido…
—Basta —le siseó, tomándola de la muñeca y presionándola un poco fuerte. —Mira, no me importa una mierda cuál es tu problema con los viernes, pero tengo cosas que contarte sobre el caso que son significantes. Deja de ser una perra.
Ella parpadeó un poco, sus rasgos determinados se suavizaron un poco, pero la testarudez seguía presente. Estaba respirando por la nariz, y bajó la mirada hacia la mano sobre su brazo. Él pudo ver cómo sus mejillas cambiaban cuando apretó los dientes, los ojos volviendo lentamente hacia los de él con una resignación reticente.
—Bien —ella resopló, apartando la muñeca de su agarre. —Estaré en tu oficina en diez minutos.
—Bien —dijo él con sarcasmo. —Y cambia la actitud, Granger. No es atractiva.
Con otra mirada penetrante, ella giró sobre los talones, probablemente para decirles a Castor y a Jason qué hacer mientras ella estuviera afuera. Él no se quedó para saber. En dos minutos estaba sentado en el escritorio, escribiendo los puntos esenciales de las confesiones de Pucey. Pudo escuchar las fuertes pisadas mientras ella se acercaba a la oficina, y se estremeció cuando dio un portazo tras ella.
—Bien —ella resopló, dejándose caer en su asiento. —¿Por qué demonios me interrumpiste…?
—Te dije que cambiaras la actitud —le recordó, dándose cuenta que su hombro seguía sangrando, un tono carmesí marcaba la tela blanca. —Cálmate…
—Estoy calmada —ella protestó poco convincente. —Solo continua, Draco.
—Pucey dejó escapar que las cartas a los antiguos Mortífagos son para intentar reclutarlos —le dijo en una voz serena, y supo por la forma de sus ojos que había capturado su atención. —Para intentar convencerlos en unirse a un grupo anti Muggle.
—Mierda —Hermione jadeó sorprendida. —Continúa.
—Pucey dijo que había una persona en el Movimiento Vendetta quien piensa que es el responsable —Draco continúo. —Alguien cuyo nombre no es mencionado en el expediente que encontraste.
—Él no te dio un nombre ¿cierto?
—No podía —le explicó negando con la cabeza. —Está bajo el Juramento Inquebrantable. Dijo que las cartas serían de ayuda si pudieras decodificarlas…
—Lo estoy intentando —ella se quejó a la defensiva. —Solo que no se que…
—Dijo que deberías pensar en la Antigua Roma cuando las estuvieras descifrando.
—¿Solo la Antigua Roma? —ella preguntó, evidentemente sorprendida. —¿No explicó más? ¿No? Pero hay tantos aspectos; Latino, mitología, elementos geográficos, todos los sabios famosos…
—Sé lo que es la Antigua Roma —él frunció el ceño, incluso si era un alivio ver uno de sus conocidas diatribas inteligentes. —Granger, podemos estar buscando un grupo aquí. Puede haber más de una persona involucrada. Si esta persona ha logrado a convencer a las personas que se unieran, entonces puede haber algunos miembros.
—Maldita sea —ella suspiró. —¿Entonces puede haber más de un asesino? —Él asintió con la cabeza. —¿Dijo algo más que podía ser útil?
—Solo que sospecha que esta persona tal vez esté intentando revivir el Movimiento Vendetta —dijo intentando de ver mejor a sus ojos entornados. ¿Había estado llorando o no? —Y dejó implícito que los ex Mortífagos son asesinados si rechazan la invitación para unirse al grupo de la rebelión.
—Ya veo —ella exhaló, frunciendo los labios por un segundo. —Bueno, parece que tu visita a Pucey valió la pena —dijo con una débil sonrisa. —Sabía qué harías un buen trabajo.
Él descansó la barbilla sobre su puño cerrado y examinó su rostro. El borde oxidado de sus parpados la delataba; definitivamente había llorado en algún momento del día. Y si tenía que adivinar por el glaseado brillante de sus pupilas dilatadas, diría que eran lágrimas de frustración y enojo. Sus ojos se movieron a su hombro lastimado y se levantó de su asiento, parándose detrás de ella.
—Déjame curarte el brazo —dijo él, bajando la tela empapada de rojo para pasar su varita sobre el corte. Sintió cómo ella se relajaba cuando la calida sensación le hizo cosquillas contra su piel, y él inconscientemente utilizó su mano desocupada para acariciar su cuello, ganándose un suspiro contenido.
—Gracias —ella susurró una vez la herida hubo desaparecido, pero él permaneció detrás de ella, los dedos rozando su clavícula y hombros. —Estoy intentando pensar qué es lo siguiente que deberíamos hacer.
—Deberías trabajar en las cartas —él aconsejó, moviendo su pelo a un lado. —Y veré si puedo encontrar algo más sobre el Movimiento Vendetta.
—Está bien —ella estuvo de acuerdo, exhalando fuertemente cuando los labios de Draco se presionaron contra su garganta. —¿Qué estás haciendo?
—Me crucé con Longbottom antes de encontrarte —él murmuró contra su piel. —Y mencionó que fuiste a almorzar a tu casa, y regresaste de mal humor. "Desbocada" creo que fue la palabra que utilizó.
—¿Desde cuándo hablas con Neville? —ella replicó, pero permitiendo sus pequeños besos.
—Estabas bien esta mañana —él continuó, ignorando su pregunta, y pudo sentir cómo ella se tensaba bajo sus labios.—Entonces ¿qué sucedió?
—Nada —respondió ella, intentando apartarse de él, pero él no la dejó. —Solo déjalo…
—¿Por qué simplemente no me dices? —la persuadió, dándole un beso detrás de la oreja. —Es evidente que algo te molesta los viernes, solo dime de qué se trata…
—No —ella frunció el ceño, apartándose y rompiendo el contacto. —Tengo que regresar…
—Dime —le exigió mientras ella se volvía hacia él. —Estoy harto de tu comportamiento los viernes.
—Entonces saldré de tu camino —dijo ella con un tono ronco, pasando a su lado dirigiéndose fuera de la sala. —Trabaja en el Movimiento Vendetta.
—¡Solo dime maldita sea!—él grito, tomándola del brazo para que no escapara.
—¡No puedo!—ella gritó, arrebatándole el brazo de su agarre.
La mirada asustada en su rostro lo detuvo, y pudo ver los destellos de las lágrimas que brillaban en su mirada. Estaba temblando un poco, pero él no se habría dado cuenta si no estuviera mirándola con atención. Ella se estaba negando a mirarlo, agachando la cabeza ante su mirada penetrante.
—No estoy preparada para decírtelo —ella susurró, cerrando los ojos con fuerza y succionando aire. —Lo siento.
Ella lucía vulnerable y agitada e hizo que algo en su pecho se hundiera. No le gustaba. De hecho, odiaba que no tuviera su forma de ser habitual. Ella era la encarnación de la tenacidad y la convicción, y verla de otra manera lo hacía enojar. Y lo que lo hacía peor era que él no sabía qué era lo que la había derrotado.
—¿Hay algo que pueda hacer? —él murmuró, su orgullo conteniendo las palabras.
Los labios de ella temblaron cuando forzó una muy falsa sonrisa que no coincidía con su mirada. Se inclinó hacia adelante para restar una sombra de un beso en la comisura de su boca. Él estuvo a punto de moverse y profundizar el gesto pero ella se apartó de él y se dirigió a la puerta.
—Solo trabaja en el caso —ella sugirió, y su voz se enredó a la mitad de la frase.
Él contempló la idea de volver a intentar preguntar la causa de su estrés, pero se mordió la lengua y la vio marcharse. Con un ruido cercano a un gruñido, regreso a su escritorio y proyectó toda su concentración en el caso. Tenía que averiguarlo.
.
vvv~vVv~vvv
.
No escuchó de Hermione el resto del día así que decidió no ir a verla a su casa. Para ser honesto, su enojo se había incrementado mientras estaba confinado en su oficina. No estaba seguro si estaba frustrado por el comportamiento de su amante o si era su inhabilidad de alterarlo, pero la ira estaba ahí de todas maneras.
En su lugar, se encontró caminando en su piso por algunas horas, murmurando diatribas secretas para sí mismo. Con un resoplido decisivo, tomó un puñado de polvos Flu y se dirigió a la Mansión Malfoy. Salió disparado de la chimenea con las llamas verdes rugiendo detrás de él y casi dándole un susto de muerte a su madre y sus amigas.
—¡Draco! —Narcissa se sobresaltó, poniendo la palma de la mano sobre su pecho. —¿Qué estás haci…?
—Tengo que hablar contigo —le dijo bruscamente, lanzando una mirada furiosa a sus dos acompañantes. —A solas. Estaré en la sala de estar principal.
Él pudo escuchar cómo su madre se disculpaba mientras él dejaba la sala y se dirigió a la espaciosa sala de estar, dejándose caer en el sofá. Sin tener que pedirlo, uno de los elfos domésticos de su madre le sirvió un vaso de whisky de fuego el cual bebió con avidez, exigiéndole al elfo que dejara la botella. Narcissa se juntó con él un momento después, su rostro tormentoso mientras miraba a su hijo.
—Será mejor que valga la pena, Draco —ella le advirtió, sentándose en un sillón diferente. —Estoy cansada de que ofendas…
—¿Por qué todas las mujeres están jodidamente locas? —él espetó acusadoramente a su madre. —En serio ¿qué demonios está mal con ustedes?
—¿Qué? —ella frunció el ceño, pero luego lentamente una mirada divertida robó su rostro. —¿Esto tiene que ver algo con Hermione?
—Sabía que había una buena razón de por qué evitaba tener una relación —él continuó, levantándose de su asiento para seguir un camino imaginario. —Es porque todas ustedes son malditamente psico…
—Lenguaje, Draco —ella lo regañó —¿Qué es lo que hiciste?
—¡No hice nada! —le discutió, haciendo una pausa en sus pasos para lanzarle una mirada furiosa.
—¿Entonces tuvieron una pelea? —Narcissa probó, esforzándose para disimular su diversión. No era algo de todos los días ver a su hijo quejarse sobre una pelea de amantes y estaba bastante desconcertada.
—Sí —él confesó, ladeando la cabeza a un lado. —Pero ese no es el problema.
—Entonces, ¿cuál es exactamente el problema?
—Esta es tu culpa —él la acusó, frunciendo el ceño. —Tú alentaste esta relación…
—Sí, yo te obligué —remarcó ella con el sarcasmo impecable típico de los Malfoys. —¿Terminaste…?
—No —exhaló, su voz ahora cansada. —Dame un poco de crédito. No soy tan caprichoso, madre.
—Bien —su madre suspiró. —Entonces, ¿por qué discutieron? Tienes que decirme más si quieres mi ayuda.
—¿Y por qué diablos piensas que quiero tu ayuda? —él espetó, decidiendo que en verdad había tenido suficiente de la especie femenina por un día.
—¿Por qué otra razón estarías aquí? —ella rodó los ojos. —Solo escúpelo.
Él se volvió a sentar en el sillón, sofocando un gruñido mientras descansaba los codos sobre sus rodillas. Consideró en decirle a su madre que se metiera en sus propios asuntos e insistir que solo necesitaba descargarse, pero lo pensó mejor cuando ella igualó su mirada desafiante. Él inhaló como si el aire le proporcionara respuestas.
—Todos los viernes… —él comenzó reticente, mirando para otro lado. —…ella actúa diferente. Algo la molesta y se pone de un humor de perros todo el día y no dice porqué.
—¿Específicamente los viernes? —ella preguntó, recibiendo un pequeño gesto de afirmación. —¿Comenzó a actuar así cuando comenzaron a trabajar juntos?
—No —él negó con la cabeza. —No estaba más irritable que cualquier otro día. Se inició simplemente al azar después de algunas semanas.
—Eso es extraño —Narcissa confeso con rostro pensativo. —¿Y estás seguro que no has hecho nada?
—Ella estaba bien esta mañana —dijo Draco, decidiendo no mencionar que ella en verdad había estado de un humor insaciable cuando se habían despertado. —Y luego Longbottom dijo que había ido a su casa a almorzar, y cuando regresó estaba enojada como los mil demonios.
—¿Y no te ha dado ninguna explicación? —su madre preguntó.
—Me dijo que no está preparada para contarme —su hijo frunció el ceño, jugando con los puños de su camisa.
—Entonces solo vas a tener que esperar hasta que esté lista —explicó ella con un tono de paciencia. Draco la miró como si hablara en una lengua extranjera, sus labios se pusieron en una línea recta. —lo siento, Draco. Te lo va a decir cuando pueda…
—Pero me está irritando—le dijo con desdén.
—Solo han estado saliendo hace una semana…
—Se siente más tiempo —él objetó, sirviéndose otro vaso de whisky de fuego.
—Supongo que sí —dijo ella ocultando una sonrisa. —Tiene sentido si ha habido algo entre ustedes desde mi cumpleaños…
—Entonces, ¿no me va a decir? —Draco repitió, encogiéndose de hombros. —¿Y no tienes idea de lo que puede ser?
—Lo siento, hijo —ella exhaló, levantándose de su asiento. —Vas a tener que esperar.
—Jodidamente fantástico —dijo entre dientes, también poniéndose de pie. —Si no puedes decir nada útil, me voy a mi casa, madre.
—Siempre tan encantador —ella le sonrió, siguiéndolo a la puerta. —¿Sabes? No te mataría decir gracias, Draco.
—No vale la pena —ironizó, girando para mostrarle los dientes. —Diviértete con esas tontas que llamas amigas. Mañana te mandaré una lechuza.
—Ten paciencia con ella —Narcissa sugirió cuando llegaron a la chimenea. —Dale un poco de espacio y te apuesta que ella te irá a buscar mañana y se disculpara.
Draco solo le arqueó una ceja antes de desaparecer detrás de las brasas esmeraldas.
.
vvv~vVv~vvv
.
Cuando estaba por ser la medianoche del sábado, Draco todavía no había escuchado de ella. Decidiéndose tomar una ducha para aliviar la tensión en sus hombros y espalda, sus pensamientos batallaban mientras consideraba ir a verla. El vapor del agua calmaba su cuerpo, pero su cabeza seguía rugiendo con ideas de cómo debería manejar la ansiedad de Hermione con los viernes.
Se puso una toalla alrededor de la cintura, todavía sin estar seguro si podría perder una pizca de su dignidad para visitarla primero. Su orgullo ciertamente había recibido una paliza desde que ella se hizo camino en su vida. ¿Qué daño podía una esquirla más causar en su ego? De todas maneras no importó, porque ella lo estaba esperando en su cama cuando entró a su dormitorio.
—Hola —ella murmuró, jugando nerviosamente con sus dedos mientras observaba su pecho desnudo. —Probablemente debería haberte hecho saber que venía.
—Sí deberías —él estuvo de acuerdo.
Tomó un boxer y arrojó la toalla a un lado, indiferente a su desnudez delante de ella. Él tenía el presentimiento de que ella estaba ruborizada, pero no le importó. Cuando terminó se volvió hacia ella, con los brazos cruzados sobre su pecho y una mirada expectante en su rostro.
—¿Y bien? —él le dio lugar, notando su postura nerviosa.
—Te debo una disculpa —dijo ella, manteniendo el contacto visual con él. —Ayer estuve fuera de lugar. No debí desquitar mi frustración contigo…
—No, no debiste —él contestó tenso. —Fuiste una maldita perra.
—Lo sé —ella asintió, dejando la cama y dando unos pasos hacia él. —Lo siento.
Él exhaló, su respiración moviendo algunos de sus cabellos. Ella hizo una pausa delante de él, apenas a unos centímetros, y luego sus manos inseguras se colocaron lentamente sobre su pecho mojado. Le ofreció una tímida sonrisa antes de descansar sobre las puntas de sus pies para empujar un pequeño beso contra sus labios.
Él se resistió por el total de cinco segundos antes de aceptar el gesto, permitiéndole profundizar con sus succiones audaces a su lengua. Un gemido delicado salió de su boca hacia la de él, y sus manos fueron a su cintura, trayéndola más hacia él. Ella se apartó, pero mantuvo sus labios sobre los de él, casi tocándolos pero no del todo.
—Pronto te lo explicaré —ella susurró, pasando el dedo índice por su mandíbula. —Solo necesito un poco más de tiempo…
—Está bien —él la detuvo, dándole un rápido beso. —Solo no te conviertas en una bruja loca. No me importa si te tienes que encerrar en una habitación oscura. No quiero lidiar con eso.
—Me parece justo —ella lo agració con una pequeña sonrisa. —Gracias. ¿Un masaje te aliviaría un poco?
—Puedes intentarlo —él sonrió, jugando con algunos de sus botones para desabrocharlos. —Quitarte algunas de tus prendas también podría ayudar.
Con una pequeña risa, se sacó el sujetador y bragas azul marino mientras él se colocaba en la cama. Se puso a horcajadas sobre su cintura y comenzó a masajear su espalda con dedos ágiles, produciendo suaves suspiros y quejidos en él.
—Hay algo más que tengo que decirte —ella dijo cuando estuvo convencida que estaba lo suficientemente calmado. —Y no estoy segura si son buenas noticias o malas…
—Ve al grano —él murmuró contra su almohada. —Estás deprimiendo mi masaje.
—Anoche fui a lo de Ginny —ella comenzó ansiosa. —Y me dijo que Ron regresaría a Londres el próximo lunes. —Ella sintió cómo los músculos de él se tensaron bajo sus dedos. —Y voy a contarle sobre nosotros.
Ella esperaba que él tuviera el equivalente a una rabieta Malfoy y murmurar un hilo de insultos, o tal vez comenzar a hechizar objetos al azar. Contuvo el aliento, esperando por una reacción, y estuvo sorprendida cuando se dio cuenta que su espalda se relajo bajo las palmas de su mano.
—Era hora —dijo él después de una pausa. —Ya me estoy cansando de comer en restaurantes Muggles.
—¿Estás de acuerdo con esto? —ella preguntó.
—Solo estoy contento de terminar con esto —comentó, moviendo su cabeza así la podía mirar por sobre su hombro. —Al menos que estés esperando que esté ahí, que en ese caso, sí tengo un problema. No quiero a tu ex celoso cerca de mí en un día normal, menos cuando le digas que estamos follando.
—Él no va a estar celoso, solo es protector —dijo ella, frotando círculos constantes a lo largo de su columna. —Y creo que puedo decir con seguridad que tu presencia no será beneficiosa. Voy a lidiar con eso yo misma.
—Bien —el gimió a medias cuando sus manos tocaron un punto sensible. —Solo no le digas dónde vivo. La idea de que Weasley esté en mi casa me enferma. Y no creo que no pueda hechizarlo si se pone imbécil.
—Draco —ella lo regañó, pero fue a medias. —Por favor no hagas esto más difícil de lo que va a ser…
—Bueno —él rodó lo ojos. —Pero para que sepas, voy a elegir los restaurantes que vamos a ir durante el próximo mes, y todos van a ser lugares mágicos.
—Eso es justo —ella se rio un poco, inclinándose hacia adelante para darle un beso entre sus omoplatos. —¿Y prometes comportarte si ves a Ron?
Una risa retumbó en su garganta.
—Serás afortunada si eso sucede, Granger.
.
NdT: ¡Hola tanto tiempo! Otra vez pidiendo disculpas por el retraso, pero créanme cuando les digo que no han sido días fáciles…para los que no estaban al tanto les cuento que plagiaron mi primera traducción llamada "Cruel y Hermoso Mundo" fic que le tuve que dar de baja porque la autora, Lena Phoria, lo convirtió en original. No quiero explayarme mucho pero la cuestión fue que la plagiadora desistía en darlo de baja, alegando que la historia era de todas y que merecía ser leída, yendo en contra los deseos de Lena… en fin, fueron muchos vaivenes, pero por ahora la historia la elimino, y espero de corazón que no vuelva aparecer, porque fue mucho el esfuerzo y el amor que le puse para que alguien lo publique porque se le dio la gana; y más cuando siempre estuve dispuesta a pasar la historia a los que me lo pidieran. Todo eso sumado a la salud de mi mamá que no es la mejor, tiene Parkinson, y al ser la única que la cuido… el estrés ha sido sinceramente desbordante. Como dije no quiero aburrirlos con el tema, pero créanme que me siento muy comprometida con todos ustedes, me encanta hacer esto y es de alguna manera lo que me despeja de la lucha diaria que tenemos con mi mamá. Así que disculpen y acá seguiremos… espero seguir viéndolas del otro lado. Muchas Gracias
Ah cierto agradezco muchisimo a todos los que me ayudaron con el tema del plagio, incluso personas que no eran del shipp de Dramione ni del fandom de Harry Potter... eternamente agradecida.
