Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.
Nota de autor: Capítulo del Miércoles, hoy también prontito. Rebeca, "insertar corazoncito". Eso lo dice tó. Aquellos interesados en las buenas historias, pasad por su perfil u/3953563/Sadder-than-Silence ;)
...
—Viviste en el Saint Anne Marie…
—Sí, algo más dos años.—Carraspeo de nuevo porque la información que me está dando me sorprende demasiado y no sé qué decir. Saber que él vivió una situación parecida, me hace sentir extraña.
—Eres huérfano…
—Ajam…—Suspira y mira por la ventana— Mis padres y mis dos hermanos mayores murieron en un accidente de coche cuando yo estaba a punto de cumplir dieciséis años. Ya sabes cómo son estas cosas, lluvia, un coche a más velocidad de lo permitida con un conductor borracho…—Susurra toda la historia sin mirarme y yo me siento mal, por él, triste por lo que tuvo que pasar, porque sé lo que es perder a tus padres, al menos a mi me quedo Prim.
—Peeta…yo…—Sin pensarlo pongo mi mano en su muslo— Siento haber sacado el tema. No pensé que…— "Katniss idiota, háblale, deja de tartamudear", me recrimino a mí misma, pero es algo por lo que yo también he pasado que no puedo más que compadecerle.
—Katherine—me sonríe y eso me sorprende, y ahora aun más, porque aún con la perdida el chico no deja de sonreír—Pasó hace mucho, no lo sabías, todo está bien.—Pone su mano encima de la que yo tengo sobre su muslo y me la aprieta con suavidad.
—Aun así…
—Sssshhh…—Pone un dedo en mis labios.
— Eso ayudó a que viera en la situación en la que vivían esos niños— Susurra. Si entro con dieciséis años eso quiere decir que entró poco después que nosotras. Intento recordarle. Buscar en mi memoria un chico de 16 años rubio, guapo y de ojos azules. Pero no lo consigo, éramos demasiados y las chicas y los chicos solo nos mezclábamos en contadas ocasiones.—Cuando salí de allí tenía el dinero de la indemnización del accidente…y luego bueno, resulto que si que tenia familia, un tioabuelo que no conocía, ni él a mí, que al parecer era muy rico…y mírame, obtuve un dinero que no se si merecía.
—Tuviste un golpe de suerte, muchos huérfanos salen con una mano delante y otra detrás…
—Lo sé…— Sonríe un poco.—Cuando decidí ayudarles regresé al orfanato, yo ya tenía unos veintiuno o veintidós años.—Le miro a los ojos esperando que continúe, mi mano no se aparta de él y la de él no se aparta de la mía.— Recuerdo una niña, debía de tener ocho o nueve años, aunque parecía más pequeña, muy rubia, con dos trenzas y con los ojos muy azules rojos de llorar.—mi mente va directamente a Prim, la edad coincide, el pelo…Oh Dios…
—¿Llorar?¿ La trataban mal?–Murmuro bajando la vista a nuestras manos unidas sobre su pierna.
—No, lloraba por su hermana, era mayor para seguir en el orfanato y se había tenido que ir.—creo que puedo oír el "crash" de mi corazón cuando se rompe—Le regale un oso de peluche, vestido de marinerito, me golpeó con él aunque luego me pidió perdón y se lo quedó— él se ríe, porque para él es un buen recuerdo, pero yo jadeo confirmando lo que sospechaba desde que dijo el color de pelo de la niña, en el orfanato había muy pocos niños rubios como Prim, ya que eran adoptados casi al instante.—Intenté ayudar a esa niña…pero la ley del país es horrible en estos casos…—le miro a los ojos, con las lágrimas pidiendo salir de mis ojos. Mareada por la información.— Katherine, ¿te encuentras bien?— Asiento, mintiendo.
—Si solo es que…la historia me pone triste…Pobre…niña…—Susurro—necesito…Voy al baño un minuto.
Me levanto rápidamente y me dirijo a la cola del avión, al aseo, es un baño espacioso, para nada como el típico de los aviones, hasta dispone de una pequeña ducha. Me miro al espejo y doy pena. Los ojos están rojos y mi cara es de autentico espanto. No lo reprimo más y dejo que las lágrimas corran por mis mejillas apretando los puños y los dientes con rabia.
Me permito solo cinco minutos de llanto.
Luego me miro al espejo con determinación. Me lavo la cara para eliminar los restos de las lágrimas y vuelvo a mirarme al espejo. "No poner sentimientos" Me digo a mi misma. Nada de sentimientos. No sentir, no emocionarse. Es solo un objetivo más. Haces tu trabajo. Le engatusas. Le quitas el dinero y le clavas una inyección de adrenalina, le das a tomar flunitrazepam, estricnina o escopolamina.
Y Ya está.
Salgo del baño fingiendo que me encuentro mejor y me siento junto a él, no hace falta que me pregunte nada, su cara lo dice todo:
—Estoy bien Peeta, solo que…soy una sensiblona…—Susurro
—¿Sensiblona…?—Sonríe—¿Quieres que lo dejemos?—Coloca su mano sobre la mía y asiento.
—Solo unos minutos…necesito un descanso— "Necesito alejarme de tu olor y tu calor" pienso para mí misma.
—Túmbate en uno de los sofás…son cama también…
—No hace falta…pero gracias…
Aparto disimuladamente mi mano de debajo de la suya. Me apoyo del todo en el sillón y cierro los ojos. A mi mente viene la imagen de un Peeta más joven dándole ese osito a mi pequeña hermana de ocho años. Seguro que le dio un buen golpe con él, porque Prim, puede ser muy dulce, pero no le falta el carácter Everdeen. Eso me hace curvar un poco los labios, pero sigo con los ojos cerrados.
Y el olor de Peeta me aturde un poco.
Ahora entiendo cuando Johanna decía que era más fácil con alguien que no te atrajera físicamente, simplemente porque es más fácil separar la mente racional de la irracional. Si no te gusta alguien no hay peligro de que la parte irracional de tu cerebro empiece a comportarse de la manera que está empezando a comportarse la mía.
Peeta se aparta de mí dándome un espacio que me hace respirar más tranquila, sin su olor cerca ordenar mis pensamientos es más fácil. Peeta solo es trabajo. Nada más.
Sé que me quedo dormida porque cuando abro los ojos tengo una sensación extraña en el cuerpo, de relajación. Peeta está de pie junto a una de las ventanas mirándome.
—Me dormí…—Susurro intentando evitar el estirarme y frotarme los ojos como haría habitualmente.
—Me he dado cuenta…—Sonríe un poco más.
—¿Cuánto tiempo…?
—Un par de horas…
—Oh Dios, lo siento…—Me incorporo rápidamente.—Lo siento mucho Peeta, vaya trabajadora que estoy hecha.
—Katherine, tenemos aún muchas horas de vuelo, parecías cansada…creo que ese par de horas durmiendo te han sentado bien.
—Ya bueno…ehm…¿he hablado o hecho algún sonido extraño?
—No, ninguno sonido extraño…—Por su tono de voz y esa sonrisa que aparece en su boca sé que si he hecho algún sonido, mierda.
—Suelo hablar en sueños, si es intranquilo…yo… si he dicho algo…
—¿Qué estabas soñando para estar tan preocupada?
—No me acuerdo— Digo encogiéndome de hombros.—¿Continuamos con las cuentas?
— Sí…— Vuelve a sentarse a mi lado y su olor a golpearme en la nariz, haciendo que algo se encoja en mi interior— Nos habíamos quedado en el orfanato Saint Anne Marie.
Volvemos a enfrascarnos en las cuentas, donación e inversiones. Peeta procura no contarme ninguna historia emotiva, supongo que piensa que lo de la niña me emocionó. Prefiero que lo haga así. Trabajamos en silencio hablando solo lo imprescindible. Al cabo de otro par de horas acabamos y Peeta le pide a la azafata que nos sirva la comida. Yo se lo agradezco porque me salen los números por las orejas.
— De momento esta cuadrando todo—Murmuro mientras que saboreo la ensalada caprese que la chica amablemente nos ha preparado, según Peeta para ir abriendo boca con los platos italianos. Aunque la verdad que de Italia yo me quedaría con las pizzas y la pasta.
— ¿No crees que derrochemos?
—No—trago el trozo de mozzarella que tengo en la boca— Todo el dinero que recaudáis lo invertís en proyectos. Lo único que veo, es que faltan fondos por si en algún momento hay una emergencia en la fundación.
—¿Una emergencia?
— Sí, ¿qué pasaría si alguna de las escuelas que construís en los países subdesarrollados sufre un accidente? Por ejemplo, se derrumba o algo así. Tenéis que tener un fondo fijo para las emergencias— En realidad estoy hablando sin saber mucho, pero es lo que yo haría si tuviera tanto dinero y la educación y la vida de tantos niños en mis manos.
— Es una buena idea— Sonríe— Quizás es que no seamos muy catastrofistas…
—Siempre hay que tener un plan B, Peeta.
—¿Tú siempre lo tienes?
—Siempre.— Le miro y recuerdo porque estoy aquí, así que le guiño un ojo, que hace que amplíe su permanente sonrisa.
—Chica precavida vale por dos ¿no?
— Eso dicen…— Me acabo mi plato y le miro mientas que él acaba de comer y vuelto a tener que apartar la mirada de sus labios porque el impulso de mi parte irracional es besarle.
—¿Qué te apetece hacer ahora, Katherine?—Le miro de nuevo, pensando en que si el supiera lo que me apetece hacer (hacerle) saldría huyendo de mí.
—¿Qué se puede hacer aquí?—Miro a mi alrededor, como si diera a entender que no se puede hacer mucho.
—Pues, podemos ver alguna película, tengo videoconsolas para jugar, hay una pequeña biblioteca también hay conexión a inter…
—Para, para, para, ¿videoconsola?
—Sí—Vuelve a sonreír. Por dios, que deje de hacerlo ya, acabará deslumbrándome.
—¿Tú, el serio Peeta Mellark, jugando a la videoconsola?
—¿Serio? ¿Piensas que soy serio?—Mi cara entera arde, mierda, he metido la pata.
— Un poco— Susurro mirándole—Quiero decir, siempre vas en traje, te gusta la música clásica, y de la comida italiana prefieres una ensalada capestre a una pizza. Don Peeta Mellark, es usted un hombre serio.— Intento poner mi mejor sonrisa, la más seductora, para que vea que estoy bromeando.
—Y eso lo dice usted, señorita Woodgreen que hoy es la primera vez que la veo con vaqueros…¿Le tengo que recordar el traje que llevaba usted ayer?— Dice haciéndose el ofendido.
— ¿Lo recuerda, señor Mellark?
—Perfectamente… traje de chaqueta negro con un adorno en forma de rosa en un lateral de la misma y una falda de tubo del mismo color, con una bonita camisa blanca.
—Buena memoria…—me paso la lengua por los labios. Que recuerde mi atuendo del día anterior es algo bueno.
—La tengo…aunque contigo es fácil…
—¿Por qué?— El se encoge de hombros y se levanta.
—¿entonces te apetece jugar a la videoconsola?
—No se me da nada bien esos aparatos del infierno, pero por verte jugando…lo que sea…—Dejo pasar que no me conteste a mi pregunta y que el crea que se ha salido con la suya.
Nos sentamos en uno de los sofás y del techo, literalmente, aparece una enorme pantalla de televisión. De un armario saca los mandos inalámbricos de la videoconsola y me entrega uno. Enciende el aparato y me deja elegir el juego. Entre todos no sé porque elijo el "Mortal kombat" supongo que es uno de los juegos con los que más adrenalina puedo descargar. Pronto comenzamos a jugar y Peeta parece entrenado, porque en dos golpes mi personaje cae K.O al suelo. Obviamente le pido la revancha y volvemos a jugar y vuelve a ganarme. El asunto es personal cuando me gana por tercera vez. En nuestro quinto juego yo grito al personaje y pataleo para que se mueva, y milagrosamente consigo ganarle. Doy un brinco gritando haciendo que Peeta se ría.
—Una de cinco, no está mal…
—hey…—Le doy un golpe en el hombro— Dije que estos juegos se me daban mal…Quizás deberíamos cambiar a las películas…— Me acomodo en el sofá, recostándome un poco.
— Como gustes…¿Alguna en especial?— Se levanta a guardar los mando y veo como tira de la corbata.
—Me da igual…suele gustarme todo tipo de películas…—me muerdo el labio— ¿Por qué no te la quitas?
—¿Qué?
—La corbata, y la chaqueta…Nadie se va a escandalizar porque no la lleves puesta aquí…y parece que ya empieza a molestarte…—Me levanto sin pensarlo y me acerco a él. Me permite ese acercamiento y le desanudo la corbata con cuidado, luego se la quito y le desabrocho los dos primeros botones de la camisa. Cuando levanto la mirada él me está mirado atentamente, y creo que es la primera vez que nos miramos y yo sonrío primero. El me devuelve la sonrisa y me permite que le quite la chaqueta también.—Mucho mejor, hasta pareces menos serio— Le dejo un poco de distancia porque parece un poco tenso y no quiero asustarle.
—te demostraré que no soy tan serio…
—Claro, claro…— Sonrío colocándome su corbata alrededor de mi cuello y sentándome en el sofá de nuevo para ver la película.
Comenzamos una sesión de películas de comedia románticas. Y aunque divertidas tampoco son una maravilla, y lo compruebo cuando oigo la respiración pausada de Peeta. Se ha dormido. Y así puedo mirarle más tranquilamente, sobretodo esas pestañas que me tienen hipnotizada.
Y vuelvo a lamentarme por lo guapo que es y de lo buena persona que hasta ahora me ha demostrado. ¿Por qué este chico joven, cariñoso, amable, y bueno en todas las acepciones de la palabra, tiene que ser eliminado?
Creo que no es justo. No es justo que tenga que hacerle eso. No merece morir, él no.
Le aparto un mechón que le cae sobre la frente y suspiro. ¿Qué me estás haciendo Peeta Mellark?
Cuando voy a volver a tocarle el pelo el piloto nos dice que nos sentemos en los sillones y nos pongamos los cinturones porque estamos llegando. Eso hace que Peeta se despierte y me mire aturdido.
—Estamos llegando…—Murmuro y evito pensar en el inevitable final del chico, me alejo de él y me siento en mi sillón para abrocharme el cinturón.
...
Nota de autor: gracias por haber llegado hasta aquí, significa mucho para mí. Actualizo los miércoles y los domingos.
Agradecimientos: gracias a todos por leer, y muchas gracias por vuestros reviews!
Adelanto: como ya sabéis en mi pagina de facebook (está en mi perfil)
Besos de fuego!
