DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a La saga crepúsculo, de la autora Stephenie Meyer, la historia es de mi autoría. Está prohibida su adaptación parcial o total y su traducción a cualquier idioma.
Capítulo beteado por Manue Peralta de Betas FFAD.
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Más vale tarde que nunca... Me gustaría haber publicado antes, pero entre que mi abuelo estuvo hospitalizado y que ahora ellos perdieron su campo por los incendios forestales aqui en Chile me ha tocado estar apoyando a mi familia.
*Película real
Capítulo 19: Velas de oscuridad
En algunas ocasiones, los momentos románticos entre Isabella y Edward se veían interrumpidos por fantasmas que no siempre sabían respetar a una pareja enamorada que deseaban mostrar su amor mutuo.
Los días pasaron sin variaciones para Edward y Bella, al igual que el clima de la zona de la Península de Olympic, era extraño el día en que las nubes abandonaban el cielo. La castaña, rodeada por un sentimiento de seguridad y valentía gracias a la compañía que le otorgaba su novio, asumió que el momento de enfrentar a ese espíritu que se apegaba a las personas y que iba apoderándose de todos los aspectos de su vida estaba por ocurrir.
En un principio, Edward le propuso a la mujer que amaba que únicamente fuera acompañada por él, pero ella había insistido con fervor en que Alice era absolutamente necesaria en el cine, pues si la vampira tenía una visión en la cual había señales de peligro, tendrían que ver la manera más rápida de actuar para que ninguno de los asistentes saliese herido.
Cuando Peter, Charlotte y Jazmín pasaron a formarse en la fila que derivaba a la boletería, Alice fue de manera inocente a colocarse tras ellos para saber qué película sería la elegida.
—¿Estamos de acuerdo en que puede ser cualquiera, menos de terror? —preguntó Peter un poco ansioso.
—Exactamente —le contestó su novia.
Al momento de llegar al lugar de compra de los boletos, los amigos escogieron Ya no somos dos*, así que Alice fue la encargada de comprar tres tickets para la misma película, dos filas más atrás del lugar donde se ubicaría el chico que lo perseguía un fantasma.
Ni siquiera Alice pudo haber predicho a tiempo lo que pasaría en el interior de esa sala de cine, el trabajo sería más duro de lo que, en primera instancia, habían supuesto los vampiros que le hacían compañía a la castaña.
La película iba por la mitad cuando Isabella percibió que el letrero que indicaba dónde se encontraba la salida de emergencia comenzó a parpadear repetidamente, los parlantes de sonido envolvente chirriaron casi imperceptiblemente y poco a poco el fantasma comenzó a presentarse ante la castaña, aunque con la reserva de estar lo más apegado a las sombras que se podía.
—Sé que puedes verme —murmuró Bella muy suavemente—. Ese chico está sufriendo, tengo otro medio por el cual no te sentirás solo.
El fantasma negó con la cabeza ante el intento de persuasión de Isabella, él sólo estaba entregando un recado, nunca había querido ser parte de los que deciden cambiar el mundo de las sombras para irse al cielo, no había nacido para ello.
La vida que había tenido en la tierra había sido en plena época de la segunda guerra mundial y aún estaba convencido de que el Führer tenía la razón, la raza blanca era la de más pureza. Por su parte, amaba imponer orden y escuchar los inservibles gritos de todos aquellos condenados que se subían a los trenes que irían a parar a las cámaras de gas. Qué tiempos aquellos, pensaba.
Pero llegó el instante de dar los recados correspondientes.
—Sólo vengo a darte un mensaje y me marcharé al lugar en el que estaba antes de perseguir al chico que está dos filas por delante —respondió—. Allá al otro lado se está gestando algo en tu contra, la envidia de algunos de los oscuros se ha estado acumulando desde hace mucho, ten cuidado.
Esas fueron las últimas palabras de dicho ente y, de la misma manera en que apareció en la oscuridad de la sala de cine, se esfumó y el joven dejó de estar bajo su influencia.
Después de las intimidatorias palabras, Isabella quedó con la mirada perdida y totalmente pálida, el miedo que tenía de enfrentar la oscuridad realmente comenzaba a aterrarla, no consentía una vida alejada de Edward, ahora que vivía el amor que él le entregaba, le costaba pensar en que terminara por culpa del mundo paranormal que la rodeaba.
Entre Edward y Alice sacaron a una catatónica castaña hacia el exterior del centro comercial, Edward le entregó las llaves del Volvo a su hermana para que ella se hiciera cargo del volante mientras él se subió en la parte trasera de su vehículo, con tal de abrazar a su novia e ir todo el camino ofreciéndole seguridad a través de sus mimos.
—Amor, por favor, dime qué sucedió. —La ansiedad del vampiro estaba reflejada en sus ojos que anhelaban ver a su amor sin tanto agobio.
—La amenaza en mi contra es más grave de lo que creía —expresó Bella inquieta—. Ese fantasma parece que se hacía una idea de que se encontraría conmigo y vino a advertirme que dejara a los fantasmas de lado.
—¿Lo puedes hacer? —preguntó con duda Alice.
—Ojalá esto fuera un interruptor que pudiese apagar en circunstancias en que me veo amenazada y continuar mi vida sin dramas, pero no funciona así.
Los Cullen dejaron a la castaña en su casa, ellos se marcharon para contarle al resto de su familia esta nueva amenaza que Bella había recibido, pese a esto, Edward había prometido volverla a ver.
Cuando Isabella entró por el umbral de su casa, pudo notar que su padre estaba viendo televisión en la sala, ella lo saludó con un asentimiento de cabeza y se marchó a su habitación. Este hecho no pasó desapercibido para Charlie, quien temía preguntar si su mutismo se debía a una discusión con Edward, pero prefirió no avasallar a su hija con preguntas en ese instante pues si se equivocaba, haría que su ella se frustrase por las preguntas y por el problema anterior que la hizo ingresar en silencio.
Algo de lo que Isabella no estaba consciente era que por cada enemigo que se le ponía en el camino, ella hacía uno o dos aliados que en un determinado momento no la dejarían derrumbarse.
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James estaba furioso con el último fantasma que se había enfrentado a la castaña, parecía que su sed de sangre se había volcado en las ganas de encontrar al ser responsable de soltar a tanto demonio y de dejarle en claro que Bella no estaba sola. Sasha y Vasilii lo encontraron murmurando por lo bajo y con sus ojos llameantes de ira, caminando sobre un espacio de dos metros cuadrados.
—Hijo, ve a jugar con tus amigos.
Los otros niños inmortales, jugaban siempre cerca de Sasha, pues muchos de ellos aún no encontraban a los vampiros que habían estado a su cargo en su época de la tierra.
La rubia comenzó a hablarle a James de manera suave, pausada y con las palabras justas para que la rabia acumulada no generara algún inconveniente de mayor gravedad.
—Piensa que a Bells no le gustaría verte así de furioso. —El llamado de atención sirvió—. Además, si existen fantasmas que estén planeando algo en contra de ella, tenemos que alistarnos y no fallarle en aquel momento.
Ellos no sabían que serían parte de un gran grupo que, llegado el momento, tendrían que intervenir para que Bella recuperara su vida.
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Seattle amaneció completamente nublado, pero no había posibilidad de que la lluvia cayese desde el cielo.
Edward miraba a su novia dormir, a él le había parecido extraño que ella no estuviese la noche entera murmurando palabras ininteligibles, pero al mismo tiempo comprendía la presión que la castaña estaba sintiendo con el círculo de fantasmas que querían volverla loca y separarla de las personas que más quería.
Con besos mariposa repartidos por el rostro de la hija del sheriff, el vampiro hizo que Isabella despertara.
—Me tengo que ir —susurró Edward—. Pasaré a buscarte la misma hora para ir a clases.
Todavía un poco adormilada, la castaña asintió.
El día fue avanzando casi sin que se notara, el cielo llegó a su punto de máximo brillo, aunque estaba cubierto de nubes blancas, Edward y Bella se encontraban en la última clase de la jornada matutina, ambos estaban trabajando calmadamente en la guía de ejercicios de álgebra que el profesor había entregado al iniciar la clase.
El choque de las ramas de un árbol contra la ventana de la sala de clases y un parpadeo anormal del tubo de la luz que se encontraba sobre la mesa del profesor, le dieron las pistas necesarias a Edward para comprender que a su novia le tocaría enfrentar un fantasma.
Con la suavidad de una pluma, el vampiro se acercó al oído de Bella murmurándole sus percepciones, ella asintió y en un pequeño papel le respondió que el fantasma estaba en la esquina delantera del salón, pero que no se veía amigable y que se haría la desentendida.
Lo que nadie sabía hasta ese minuto era que aquel fantasma tenía súper claro quién de ese salón de clases podía verlo y, era exactamente esa la persona que tenía encomendado destruir.
—Hey, no sirve de nada que pretendas que no existo cuando ambos sabemos que puedes verme perfectamente. —La luz volvió a tiritar violentamente y a Isabella se le erizaron los vellos de la piel y la nuca—. Sólo te diré que comienza la cuenta regresiva.
El escalofrío que inundó a Bella fue percibido por Edward, que le preguntó qué era lo que sucedía. La respuesta que la castaña escribió en el papel dejó helado al vampiro.
"La cuenta regresiva comenzó, ese fantasma va a atacarme".
La clase se dio por terminada cuando el timbre, aquel aparato que siempre tenía un sonido bastante atronador y que estaba colocado en cada edificio del instituto, comenzó con su clásico ruido.
—Hey, Isabella. —El espíritu oscuro se hizo notar con una voz grave, de esas que dejan completamente paralizado hasta el más valiente—. Dile a tu vampiro tus palabras de despedida.
Desde ese minuto, Bella intentó utilizar todos sus conocimientos para enfrentar a aquel espíritu, pero todas sus defensas estaban fallando, James y Sasha intentaron ayudarla desde el pedacito de cielo en el que vivían sin resultados positivos.
Edward la miraba absolutamente preocupado y comprendió que algo muy malo estaba por venir, sabía que la mujer que amaba estaba luchando con todas sus fuerzas, pero no estaba seguro del final que tendría aquella pelea.
Ante los pocos estudiantes que aún arreglaban sus mochilas para retirarse al almuerzo y Edward, Bella no resistió más.
—Edward, te amo —murmuró antes de cerrar sus ojos en la inconsciencia.
Aquello movilizó a todos los estudiantes que quedaban en el salón, dos se encargaron de ir a pedir ayuda, otra chica guardó las cosas que quedaban en la mesa de Isabella mientras Edward intentaba en vano que despertara.
—Amor, no me abandones, por favor… —Fue la súplica del alma torturada del vampiro que murmuró suavemente en el oído de la castaña.
La enfermera y el inspector del instituto aparecieron por la puerta del salón, le hicieron miles de preguntas mientras la enfermera determinaba que Isabella estaba con la presión sanguínea muy alta y una taquicardia peligrosa, que lo mejor era derivarla a un centro médico lo más rápido posible.
—Mi padre es médico —mencionó Edward—. Es mejor que yo la lleve allí.
—¿Seguro que puede manejarlo, joven Cullen? —cuestionó el inspector.
—Estoy bien, sólo necesito que nos justifique por el resto del día. —El inspector asintió.
Una compañera de clases acompañó a Edward, que llevaba a Isabella en brazos; la chica llevaba las mochilas y en cuanto las dejó en el automóvil del vampiro corrió al comedor a contar las novedades. En el intertanto, el inspector llegó con el justificante y la enfermera con los antecedentes que le permitirían a Edward ingresarla al centro médico.
Lo que Bella veía en su inconsciencia era una oscuridad abrumadora, avanzaba por calles de una ciudad que no conocía, en las que no había nada ni nadie, las luces de las casas que veía pasar estaban todas apagadas; sin embargo, sabía que no podía quedarse rezagada pues tenía claro que se encontraba en ese lugar por fantasmas oscuros que querían verla derrotada. No se le ocurría una manera para escapar, pero una vez pasara el pánico a que le siguieran haciendo daño, pondría a prueba todo lo que James y Sasha le habían enseñado.
Edward iba en el auto cuando llamó a Charlie para avisarle de la "descompensación" que Bella había sufrido, insistiéndole que la llevaría donde su padre para que se viesen en el hospital. Enseguida llamó a Carlisle, le resumió las razones que tenían a su novia con los ojos cerrados y luchando por mantener su alma libre de los demonios. Pasados unos minutos el vampiro se estacionó en el área de emergencias, corrió a la puerta del copiloto, tomó a Bella en sus brazos y partió hacia el interior donde Carlisle ya lo esperaba.
Edward se encargó del papeleo, entregó todo el informe con el proceso que se había seguido en el instituto, estaba entregando la documentación con el número de seguro social cuando Charlie llegó.
—¿Qué fue lo que le sucedió a mi niña, Edward? —Las lágrimas en los ojos del policía estremecieron a Edward, pues pudo leer perfectamente en la mente de su suegro los recuerdos que le había dejado la muerte de Renée
—Estábamos en clase, ella se quedó quieta después que terminó la hora, se puso de pie y se desmayó, al parecer fue un alza repentina en su tensión sanguínea.
—¿Tu padre está a cargo? —preguntó Charlie y Edward asintió.
Ninguno habló más.
Edward se concentró en buscar en la mente de todos los funcionarios lo que estaba sucediendo y cada uno de sus puntos de vista, no podía perder al amor de su existencia, aunque sabía que ninguna de las personas que trabajaban en el hospital podría hallar una solución para que Bella despertase.
—Edward, dile a Charlie que vas al baño y ven a mi consulta para discutir lo que diremos de Bella. —Fue lo que el vampiro pudo leer de la mente de su padre.
Cumpliendo con lo que le habían dicho, partió hacia el piso siguiente y entró sin hacer ruido en la consulta.
—¿Hijo, cómo lo sobrellevas? —preguntó de inmediato Carlisle.
—Es difícil, aunque tengo esperanzas de que todo podrá solucionarse pronto y haré todo lo que esté a mi alcance. —Esa sería la manera que tendría Edward de no perderse ante la falta de su corazón que estaba en manos de su novia.
El tema que siguió después fue el de la versión "oficial" que se daría sobre el estado de salud de Bella. El patriarca de los Cullen expuso que lo mejor era decir que quedó en un coma causado por la fuerte alza de la presión sanguínea, que no había ninguna secuela por ello, pero que Isabella despertaría en cuanto su cuerpo sintiese que sería necesario hacerlo.
—Iré donde Charlie ahora —comunicó Carlisle con su característico tono de tranquilidad y de cariño que otorgaba por su familia.
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En el cielo todo era un terrible caos, todos los espíritus que tenían conocimiento de la habilidad de la castaña se estaban reuniendo, Sasha estaba intentando dirigirlos antes de que todo se saliera de control, pero no contaba con la ayuda de James que se había arrinconado en solitario, alejado de todo el grupo.
La ira incontrolable por lo que había sucedido con Bella estaba haciendo que esa sed de sangre, con la que él creía haber sido castigado por desobedecer una orden de un espíritu mayor y que con el tiempo había aprendido a dejar a un lado, estuviese llevándolo a la locura. La desesperación era horrible y la angustia por querer hacerle saber a su amiga que no estaba sola lo tenía apartado, aferrándose fervientemente a ese poco de cordura para no bajar a la tierra y cometer una acción que lamentaría más tarde.
"Piensa en Victoria", era lo que constantemente se repetía.
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Charlie estaba con la mente en todos los recuerdos que tenía sobre su pequeña, la felicidad que lo embargó la primera vez que la tuvo en brazos, su primera palabra, papá, el día que desde sus brazos se lanzó a los de Renée, la expresividad de sus ojos y los momentos en que se sentaba en la ventana de su habitación a leer algún libro. Todo opacado por la quietud y la palidez que tenía ahora, en aquella cama de hospital de la cual era prisionera.
En la sala de espera Edward aparentemente dormía, aunque realmente estaba atento a la mente de Charlie, por eso pudo observar cada pedacito de vida de la castaña desde los ojos de su padre.
Un pensamiento distinto y un efluvio conocido, fue lo que llegó a la mente de Edward, su madre, Esme, venía acercándose desde el pasillo de la izquierda.
—¿Cómo estás? —preguntó ella inquieta.
—Supongo que bien… —El vampiro suspiró innecesariamente—, al menos físicamente. Bella sigue igual y no encuentro manera de ayudarla, quisiera poder escuchar a James y ver como despertarla.
—Al menos te traigo una buena noticia, no tendrás que seguir yendo al instituto mientras Bella no se recupere. —Edward le sonrió a su madre a manera de agradecimiento—. Tendrás que rendir algunos exámenes, pero no estarás obligado a asistir.
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La oscuridad de la noche aún estaba presente, Bella caminaba sin saber muy bien dónde se dirigía, con el miedo de que algo apareciera a sus espaldas y ella no pudiera defenderse.
Llegó un minuto en que la calle por la que avanzaba se convirtió en una avenida con grandes árboles que opacaban la luz de las farolas, Isabella decidió seguir caminando por el lado derecho, algo la llamaba, su corazón latía cada vez más rápido.
Avanzó cerca de una cuadra, donde pudo apreciar un enrejado que daba a un lugar oscuro, en donde se veían muchas velas pequeñas encendidas y a medio consumir colocadas a una distancia regular.
—Un cementerio —murmuró la castaña.
Cuestionándose el por qué no veía a nadie, sabiendo que debería ser capaz de al menos ver a algún fantasma entró en el recinto, fue avanzando por un camino de grava gris, que sonaba a cada paso que ella daba y que la llevaba hacia el centro del camposanto.
Lo que Isabella no sabía es que siete espíritus oscuros estaban refugiados en las sombras del lugar, que el terror que ellos infringirían sólo podría detenerse si tenía las herramientas suficientes y aliados que colaboraran con ella.
La ansiedad comenzó a hacer mella en la muchacha, porque pensaba que allí podía encontrar la salida al lugar. La ansiedad se transformó en cautela cuando se levantó un viento horrible que hacía que los árboles desplazaran sus hojas, haciendo que se formaran siluetas que sus ojos no podían determinar su origen; y cuando la luz de las velas comenzó a rendirse al viento, comenzó a retroceder angustiada.
Ya no veía en dónde estaban las puertas del recinto, la luz se veía mucho más lejana de lo que creía posible y comenzó a volver sobre sus pasos temiendo que ocurriera lo inevitable, que se diera por vencida ante la oscuridad, abandonando las esperanzas de poder regresar con Edward.
Un extraño olor a humedad y una brisa helada surcaron el ambiente.
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Era de noche, Charlie ya se había ido a descansar antes de enfrentarse a un nuevo día en el que tendría que compaginar su trabajo con sus horas en el hospital.
La hija del sheriff Swan estaba acompañada por Edward, que atentamente esperaba por si despertaba. Él se acercó lentamente a la camilla, le dio un beso en la frente y un cúmulo de sentimientos se apoderaron de él, haciendo que sus ojos se aguaran, aunque por el hecho de ser vampiro, todas aquellas lágrimas nunca las podría derramar.
El vampiro, obligado por sus hermanos, había salido de cacería durante la mañana, sin embargo, no le importaba que Alice estuviera al lado de Bella, ni que Charlie la visitara durante el almuerzo e incluso que ante cualquier complicación su padre encabezaría el personal del hospital que atendería a la mujer que amaba, la ansiedad lo consumía lentamente.
Él siempre se había entregado a sus instintos mientras salía en búsqueda de alimento, pero ante la situación que Isabella vivía, no fue capaz de hacerlo. Ella era lo único que ocupaba sus pensamientos, por lo que buscó varios herbívoros para saciarse de manera rápida y volver al hospital antes de que llegara la hora del crepúsculo.
Así que ahí estaba, al lado de la mujer que amaba, vigilando el sueño en el que estaba inmersa y que la tenía atada a una cama de hospital.
—Despierta, mi amor —le dijo suavemente, anhelando un milagro—. Espero que me des una pista de cómo poder ayudarte.
Pero nada ocurrió en ese minuto, los monitores de Isabella seguían marcando la misma frecuencia que el día que fue ingresada.
El vampiro extrañaba las mejillas sonrosadas de Isabella, que llegaban a ese estado casi por cualquier situación que la dejara como el centro de atención, o su manía de tomar uno de sus bucles que tenía en su pelo, para retorcerlo en su dedo índice derecho cuando estaba concentrada intentando resolver ejercicios de física o álgebra.
La necesidad de saber lo que podría estar ocurriendo dentro de la cabeza de Bella tenía a Edward absolutamente concentrado, esperando aunque sea una palabra, un pequeño eco o una imagen que Bella le transmitiera, pero no pudo quebrar la mudez mental.
La máquina de actividad cerebral comenzó a mostrar parámetros de demasiada actividad, por lo que preocupado llamó a su padre que entró velozmente en la habitación.
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El grito de terror de Bella hizo eco en todo el cementerio, las velas que estaban iluminando el camino hacia la entrada se habían apagado, encendiéndose luces dentro de algunos mausoleos de color plomo desvaído, llenos de moho y flores secas que en vez de tener representaciones de ángeles, de Cristo en la cruz o alguna imagen de la virgen, tenía cadenas rotas, símbolos con curvas extrañas.
Las puertas de los mausoleos eran de hierro, y se podía observar que en todas había una hoz, como si todos los muertos enterrados allí le rindieran culto a la muerte.
Cuando la castaña había decidido ir a gatas siguiendo el camino de grava, no importándole quedar herida, pero salir de ese lugar que sólo le provocaba escalofríos por el miedo, tuvo que detenerse por la sombra que apareció delante de ella.
—¿No pretenderás salir de aquí? —Se burló aquel espíritu oscuro con una voz profunda, grave y muy gruesa—. ¿No ves que queremos jugar?
—Queremos… —musitó la castaña impactada, su piel quedó aún más pálida de lo que siempre había sido.
Temerosa de lo que se ocultaba entre las sombras y con la frente perlada en sudor frío, fue girando lentamente la cabeza encontrándose con siete siluetas definidas.
Tembló.
Siete demonios eran los que querían enfrentarse a ella y aunque temblaba de miedo, su corazón latió firme, recordándole que luchara por quien era su dueño, Edward. Y ese fue el primer escudo al que se pudo aferrar para comenzar su pelea.
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James en el cielo se le ocurrió una idea, que fue lo que lo motivó a apartar otra vez ese estado de ansiedad por la sed que tenía al dejar libre su ira, los arcángeles, como espíritus mayores y colaboradores con todo ser humano tenían que ayudar a su amiga a luchar con los demonios.
Todo ángel, como ser de luz creado por Dios, estaba predispuesto para iluminar cualquier circunstancia y ante cualquier mal que ocurra, otorgar la paz de los involucrados.
Cuando Sasha se percató del nuevo humor de James, detuvo toda conversación que entre todos los que se habían logrado reunir y lo dejó hablar.
—Como todos saben, los arcángeles son los más indicados para tener esta lucha contra los enemigos que tendrá que combatir Isabella, pero como ninguno de nosotros puede llegar a ellos dado nuestra condición de vampiro fallecido, sé que Edward, que es el novio de nuestra amiga, sabrá comprender si le doy las señales correctas.
—¿Qué tendremos que hacer nosotros? —preguntó alguien entre la multitud.
—Cada uno se encargará de hablar con los fantasmas que estén circulando en el hospital para que se queden fuera del edificio hasta que yo haya sido capaz de completar mi mensaje.
Habían pasado un par de horas, estaba por despuntar el alba y Carlisle, que estaba junto al neurólogo en la habitación de Bella, no podía dilucidar a qué se debía el alto nivel de actividad cerebral.
"Es como si estuviese teniendo una pesadilla", fue lo que pudo oír Edward en la mente del neurólogo.
De la nada una luz comenzó a pestañar, era un patrón repetitivo y cuando pudo darse cuenta que tenía la frecuencia del código Morse prestó más atención. Cuando James pudo obtener la atención de Edward tal como quería, siguió repitiendo el patrón de movimiento en diferentes luces, avanzando hacia un ventanal que tenía agua condensada.
Cuando Edward vio avanzar las luces, las siguió, sabía que era un espíritu y pese a que no sabía de qué lado estaba, su instinto le dijo que era la señal que buscaba para ayudar a su amor, una esperanza para poder tenerla de regreso. Las luces guiaron a Edward a una ventana y cuando vio que el mensaje estaba firmado por una J, supo que James quería que fuese a la iglesia que tenían en un ala del hospital.
Ya en la iglesia, una brisa que iba dejando James al caminar, fue la que siguió Edward y lo llevó al púlpito donde había una biblia abierta.
En cada hoja que James había seleccionado habían palabras destacadas:
Llamar
Arcángel Miguel
Fue en ese minuto, en que el vampiro cayó en cuenta de que Dios y sus ángeles eran los únicos capaces de hacer que el amor de su existencia volviese a compartir su día a día.
Quizá él no había tenido cercanía a Dios después de haberse convertido, pero si era Bella la persona que necesitaba que lo hiciera, seguiría hasta las últimas consecuencias. Con palabras toscas, por no saber cómo hablar, pero cada una de esas palabras cargadas de ese sentimiento de amor infinito que le tenía a la hija del sheriff, le pidió a Dios que mandase al Arcángel Miguel hacia Bella.
Por la concentración que el vampiro puso en su oración, no se dio cuenta cuando la luz del sol, que se encontraba oculto entre todas las nubes que Seattle tenía, se hizo presente y que ya era de mañana, Charlie llegaría pronto para saber los detalles sobre cómo Bella había pasado la noche.
El joven dejó que su padre hablara sobre la crisis que había tenido e inteligentemente, Carlisle no mencionó que Edward se había quedado esa noche con la castaña, ya que hace dos noches lo había encontrado ahí con la misma ropa del día anterior y le solicitó expresamente que fuera a descansar, se cuidase para que le diera las fuerzas a Bella para salir adelante.
Si Charlie supiera que lo que menos necesitaba Edward era el descanso y que lo que más anhelaba su corazón era volver a ver esos expresivos ojos café que tanto amaba, quizá se aseguraría de que pudiese estar con Isabella siempre, pero los Cullen tenían que seguir manteniendo su historia para que nadie sospechara la verdad.
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Fue increíble la cantidad de energía acumulada que Isabella pudo evocar para combatir contra los demonios, teniendo como escudo únicamente el amor que sentía por su padre y por Edward. Claramente no estaba siendo una pelea fácil, las amenazas verbales crecían a medida que ella continuaba defendiéndose, además que sus hombros comenzaban a doler por la rigidez que soportaban ante la concentración.
—No creerás que vas a poder derrotarlos así —comentó uno de los espíritus oscuros con sorna—. Ya te cansarás para jugar de verdad.
Las risas de los espíritus eran acompañadas del ruido del crepitar de la llama de cada vela que estaba encendida en los mausoleos, que mantenían en penumbra las zonas cercanas.
Aunque no lo demostrara, la castaña se agotaba poco a poco y sabía que si nadie la ayudaba, sucumbiría, pero no lo haría sin dar hasta su último aliento.
A lo lejos, en lo alto del cielo, una estrella se volvió extremadamente brillante, y comenzó a caer desde las alturas a una velocidad extraña y un segundo después muchas más le siguieron aunque ni Bella ni los demonios e percataron de ello.
La ayuda que Edward había pedido estaba a punto de llegar.
Hasta aquí el capítulo hoy, espero ansiosa esos comentarios que me alegran el día, pronto responderé los que no he contestado aún.
Nos vemos en el próximo cap.
