¡HOSTIA PUTA, UN NUEVO CAPÍTULO! Pues sí, lo acabé y sufrí para subirlo porque estoy usando un software libre y al parecer hay un conflicto de formato porque no es exactamente .docx y PUES COÑO AQUÍ ESTÁ, YA. Creo que es el capítulo más largo hasta ahora y es que puse todo mi corazón en él porque hay cosas que quería hacerles sentir sin escribirlas explícitamente y espero haber logrado el objetivo. Además, por fin le dibujé la portada y también dibujé una de mis escenas favoritas de todo el fic, pueden encontrar ambos dibujos en mi Tumblr o en mi Instagram ( ). En fin, ¡disfrútenlo!
Yenapa: Eso es bastante típido de Bethesda, la verdad *suspiro*
XIX
La Senda del Peregrino
Sirion despertó antes del amanecer, había dormido profundamente la segunda noche que estuvo en el Portal Nocturno. Se había despedido el día anterior de Karliah y Brynjolf, con la promesa de volver a Riften con bien. Se había empacado un par de suministros antes de partir, después dio las gracias al posadero y se marchó. Al cerrar la puerta tras de él, sonrió reprochándose a sí mismo el gesto anterior y comenzó su andadura.
Ahorrándose tiempo haciendo sólo las paradas estrictamente necesarias, evitando encuentros inútiles y pasando desapercibido, logró avanzar con rapidez hacia el suroeste hasta llegar al Sepulcro del Crepúsculo.
La sala cavernosa y amplia, olía a humedad y putrefacción. Sonidos sutiles eran lo único que inundaba la cámara, los silbidos de las corrientes de viento que lograban entrar y las gotas de agua que se desprendían de las rocas y del techo, provocadas por las filtraciones. Sus propias pisadas le hacían girar las orejas al escuchar los guijarros crujir bajo sus suelas. Delante de él, una escalinata corta y una entrada adornada con un par de hogueras encendidas con un fuego espectral de color azulado, casi moribundo pero iluminando con la misma fuerza. Un escalofrío le recorrió la nuca y una voz profunda y calmada resonó lo suficiente como para imponer.
-No te reconozco pero siento que eres uno de los nuestros. ¿Quién eres?- habló una figura encapuchada con la misma armadura que él mismo llevaba puesta. Lucía etéreo, como una aparición.
-Podría hacerte la misma pregunta.- respondió Sirion, intentando calmar su corazón que palpitaba desbocado.
-El último de los Ruiseñores Centinelas, me temo. He defendido el Sepulcro solo durante lo que pareciera una eternidad.- aclaró la figura con semblante melancólico y cansado.
-¿El último? ¿Qué le pasó al resto?- preguntó Sirion, decidiendo que no estaba en peligro y acercándose.
-Fuimos traicionados por uno de los nuestros. De hecho, en parte es culpa mía lo que ha pasado aquí.
-¿Por qué?- cuestionó nuevamente el khajita, comenzando a hilar eventos en su mente.
-Estaba ciego. Cegado por una oscura artimaña disfrazada de amistad. Tal vez, si hubiera sido más atento, Mercer Frey no me habría guiado a mi destino y robado la Llave de Esqueleto.
-Tú eres Galo, ¿cierto?- declaró entrecerrando un poco los ojos, intentando ocultar su sorpresa.
-No he escuchado ese nombre en mucho tiempo… ¿Cómo sabes sobre mí?- preguntó la figura inclinándose ligeramente hacia adelante, escudriñando el rostro de Sirion.
-Karliah me contó todo.
-¿Karliah? ¿Sigue con vida? Temía que ella hubiera encontrado el mismo destino, como una víctima de la traición de Mercer.- los hombros de Galo se relajaron visiblemente y su voz aumentó ligeramente en tono.
-Y tengo la Llave.- agregó Sirion con una ligera sonrisa al ver su alivio.
-¡La Llave! ¡Tienes la Llave de Esqueleto! No creía que la volvería a ver.- alzó la voz con entusiasmo y luego tomó un tono más sombrío.- ¿Y Mercer?
-Muerto.- replicó sintiendo una punzada en el abdomen.
-Entonces… Se acabó y mi muerte no fue en vano… Te debo una, Ruiseñor.- dijo Galo en medio de un suspiro. Como si al fin pudiera respirar después de años ahogándose.
-Lo hice por el Gremio, no hay nada que agradecer.- Sirion se cruzó de brazos esquivando la mirada del guardián.
-Le has hecho un gran bien al Gremio. Y aunque tal vez no lo demuestren, estoy seguro de que aprecian tus sacrificios. Mi único pesar es que tuviste que enfrentar esta tarea solo.
-Karliah y Brynjolf me ayudaron, no tengo todo el mérito. En cualquier caso,- hizo un ademán señalando al Ruiseñor.- ahora podrás devolver la Llave y todo volverá a la normalidad.
La mirada de Galo se ensombreció.
-Nada me enorgullecería más que devolver la Llave,- meneó ligeramente la cabeza.- pero me temo que es imposible. Desde el momento en que llegué aquí me sentí… Bueno, muriendo.- se encogió de hombros.
-¿Un espíritu puede morir?- preguntó Sirion alzando una ceja.
-El Sepulcro no es simplemente un templo o una caja fuerte para almacenar la Llave. Entre estas paredes yace el Pozo de Ébano… un conducto al Reino de Nocturnal, el Ocaso Eterno. Cuando Mercer robó la Llave, el conducto se cerró, limitando severamente nuestros lazos con ella.
-Entonces, tendré que seguir solo...
-Eso me temo. Me estoy debilitando, puedo sentirme a mí mismo desvanecerme. Los años sin restaurar mi poder han hecho mella. El daño que se ha provocado sólo puede ser corregido recorriendo el camino del Peregrino al Pozo de Ébano y volviendo a colocar la Llave.
-Ya. ¿Y qué pasa con los otros Centinelas?
-Con el Pozo de Ébano cerrado, y su repentina separación del Reino del Ocaso Eterno, me temo que sufrieron un cambio drástico. Son sombras de sí mismos. Ya no recuerdan sus propósitos verdaderos ni sus verdaderas identidades.
-¿Y qué hay de ti?
-Mi espíritu no se manifestó de inmediato en el Sepulcro. Por fortuna, no estaba presente cuando el Pozo fue sellado.
-Ya veo...- suspiró largamente, intentando resignarse a la idea de atravesar un calabozo más.- Debería irme ahora, tengo bastante qué hacer.
-Me parece que el esqueleto de ese desdichado.- Galo señaló hacia una esquina de la cueva- tenía notas sobre este Santuario. Quizá encuentres algo que te sirva de ayuda.
Sirion fue hacia el lugar señalado, se arrodilló y rebuscó entre la ropa mohosa del esqueleto hasta que encontró un cuadernillo de notas forrado en piel rojiza, lo examinó un momento y comenzó a hojearlo. Después de unas líneas de palabrería típicas de un diario, encontró un par de líneas más interesantes:
''Sombras son de lo que fueron, centinelas de la oscuridad. Vagan para siempre y dan muerte raudamente a los profanadores.
Por encima de todo se alzan, sin dejar de vigilar. Agradecidos con las sombras pero beligerantes con el brillo.
Ofrece lo que Ella más desea, pero rechaza lo material. Pues su mayor deseo es lo que no se puede ver, sentir ni llevar.
Recto y tortuoso. La senda de la salvación requiere tal sagacidad que la fortuna da la espalda a los necios.
El viaje se ha completado, el abrazo de la emperatriz aguarda a los caídos. No dudes si deseas obsequiarle tu devoción eterna.''
Pistas sobre cada prueba, las reflexionó un momento en silencio y se puso de pie.
-Gracias, Galo.- dijo escuetamente.
-Buena suerte, Ruiseñor.- se despidió el espectro viéndolo partir hacia el interior de la cavernosa entrada.
La primera sala era algo reducida en comparación con el espacio abierto en el que había estado antes. Se mantuvo un momento en el pórtico, con las orejas en alto y los ojos cerrados tratando de escuchar algún sonido sospechoso hasta que pudo detectar tres voces distintas. Sonaban agotadas, como de ultratumba y entonces abrió los ojos y pudo ver un par de figuras fantasmales. Iban encapuchadas y maldecían por lo bajo mientras rondaban la sala. Esos debían ser los Ruiseñores de los que le había hablado Galo. Por algún motivo, comenzó a palidecer, sus pensamientos acerca de la horrible muerte que podría tener dentro y la expectativa de volver vivo y con la Llave lo aterraban a partes iguales. Se tomó del marco del pórtico y silenciosamente se deslizó hasta quedar en cuclillas a pesar de haber estado casi seguro de que se había estado sosteniendo con todas sus fuerzas. Fallaría.
Cerró los ojos fuertemente e intentó dejar de temblar. Le venían a la mente imágenes aleatorias hasta que terminó recordando a Isildë.
''Nunca debes enfrentarlos abiertamente si crees que no puedes con todos a la vez'' .
Abrió los ojos y respiró profundo. Isildë había usado una poción de invisibilidad cuando sabotearon aquella Hacienda, ¿no?
Sacó la poción de uno de los bolsillos, la bebió y avanzó lentamente, cuidando que cada una de sus pisadas fuera ágil y veloz pero silenciosa. Atravesó la sala esquivando las sombras y conteniendo el aliento cada vez que una pasaba demasiado cerca a él. Afortunadamente, éstas merodeaban un tanto separadas unas de otras, así que logró cruzar sin ser detectado.
La segunda cámara que encontró estaba sumida en la penumbra, salvo por las zonas circundantes de unas lámparas que ofrecían un tembloroso pero muy brillante fuego.
''Agradecidos con las sombras pero beligerantes con el brillo''.- recordó.
Se escabulló de sombra en sombra hasta llegar a una escalerilla que subía por una plataforma que conectaba a otra por medio de un puentecillo de madera desvencijada, del otro lado había una escalinata que descendía hacia la salida de esa zona. Al ascender, saltó una cuerda que conectaba a una trampa pero al descender había sido más descuidado y una nueva trampa se activó, lanzando dardos envenenados. Ninguno lo tocó pero al intentar esquivarlos había metido la mano de lleno en la luz de la última lámpara. Siseó de dolor y volvió a las sombras. Había sentido una quemadura intensa pero al revisar su mano se dio cuenta de que estaba intacta, ni siquiera su pelaje estaba quemado. ¿Un hechizo ilusorio, tal vez?
La siguiente sala era mucho más pequeña que las dos anteriores. Únicamente era un pasillo corto que cortaba en una estatua de Nocturnal y un par de molduras decorativas de roca tallada. No había más camino ni enemigos ni otra cosa, salvo un pequeño cuenco con ofrendas a la daedra. El acertijo decía que había que ofrecerle algo que no se pudiera ver, sentir ni llevar. La siguiente hora estuvo un buen rato dándole vueltas a aquella frase. Se le ocurrían muchas cosas pero ninguna que cumpliera con los requisitos. Caminó lo que le parecieron mil veces al pasillo pero no llegaba a ninguna respuesta. Finalmente, comenzó a desesperarse.
''Derrotado por una estatua inmóvil. Pues no es el peor de los finales.''- pensó con pesimismo y se recargó en una de las molduras.
Un tintineo llamó su atención. Una cadena oculta se mecía debajo de la curva de la moldura. Giró la cabeza hacia la otra moldura y había una exactamente igual. Con algo de recelo, tiró de la primera. Un sonido de mecanismo sonó dentro del muro. Tiró de la segunda y lo que antes parecía roca sólida detrás de la estatua comenzó a moverse para revelar un nuevo pasadizo.
-¡Pero claro! Tiene mucho sentido. ¿Cómo no me di cuenta?- se dijo en voz baja con el entrecejo fruncido por el sarcasmo hastiado, aunque los hombros mucho más relajados.
Lo siguiente que encontró fue un pasillo, sencillo pero lleno de guillotinas que se balanceaban y, sospechaba, algunas trampas más escondidas.
´´Recto y tortuoso. La senda de la salvación requiere tal sagacidad que la fortuna da la espalda a los necios… Pues a mí me parece que es de necios el intentar cruzar esto así.''- se quedó parado un momento con las manos en la cintura, observó el entorno con detenimiento.
Había un pasillo muy discreto, disimulado entre la pared de roca que lo guiaba hacia la izquierda. Entró en él haciendo el menor ruido posible y se encontró con una puerta en el muro derecho, aparentemente paralelo al pasillo de las trampas. Le llevó un rato forzar la cerradura ya que no había querido usar la Llave de Esqueleto, cuestión de principios. Efectivamente, este nuevo pasillo lo llevó hasta una sala pequeña que conectaba con la siguiente a través de unas puertas dobles.
-Conveniente.- se dijo poco sorprendido por la simplicidad con la que había pasado.- Aunque creo que muchos habrían pasado por alto el resquicio.
Revisó alrededor de las puertas, por si se encontraba con alguna otra trampa y las abrió. Era una sala con iluminación muy tenue y un pasillo más amplio. Avanzó con cautela y al final encontró el pozo. Alzó las cejas, la verdad es que era algo muy sencillo en comparación con lo que había estado imaginando. Un agujero de diámetro considerable en el suelo con paredes recubiertas de ladrillos y eso era todo.
´´El viaje se ha completado, el abrazo de la emperatriz aguarda a los caídos. No dudes si deseas obsequiarle tu devoción eterna.´´
Suspiró, volvió a colocar los brazos en la cintura y miró atrás como buscando una alternativa menos drástica. Devolvió la mirada al pozo y se resignó, el mensaje era muy claro.
-Bueno, no es lo peor que he tenido que hacer.- se consoló y saltó dentro.
Al tocar el suelo dobló las rodillas y rodó para minimizar el impacto. Se tomó unos segundos para recuperarse de la sensación de vértigo y se puso de pie, mirando a su alrededor. En el suelo yacía un esqueleto con pinta de haber pasado allí mucho tiempo, pero ni una rendija, ni palanca, ni botón, ni ningún otra pista que le indicara qué era lo que tenía que hacer a continuación. Se arrodilló junto al esqueleto y buscó en sus bolsillos. Consiguió un trozo de papel arrugado y viejo.
´´No puedo creerlo. He realizado todo este trayecto, he resuelto todos esos ridículos acertijos, ¡sólo para acabar aquí! Tras memorizar las pistas que Nystrom había conseguido de Lytelo, le corté el cuello. Supongo que el que se la ha cargado soy yo, porque estoy atrapado y no veo forma de salir. Espero que alguien venga pronto, empiezo a tener hambre.''
-Y así terminó la temporada de liderazgo más corta en la historia del Gremio de Ladrones y al mismo tiempo se convirtió la más estúpida de las muertes.- rezongó controlándose para no gritar.- Deben estar bromeando… Deben estar bromeando...- dijo bajando aún más el volumen de su voz buscando algún sitio por el que pudiera trepar y comenzando a sentir el pánico ascender por su estómago. Comenzaba a desesperarse cuando tuvo una sensación extraña, como si el suelo hubiera dado un tirón pero nada se había movido. La vista se le oscureció un momento y al siguiente el pozo estaba casi totalmente en penumbras y el esqueleto había desaparecido, en el suelo había una plataforma ligeramente cóncava con tintes azules y verdes. En el centro había el ojo de una cerradura.
Mirando hacia todas partes, procurando que ninguna trampa lo tomara desprevenido, colocó la Llave. Una columna se alzó del centro de la plataforma y se abrió revelando un vacío profundo del cual salieron volando una parvada de cuervos y al centro, Nocturnal.
-Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? Ha pasado un largo tiempo desde la última vez que pisé tu mundo. ¿O fueron solo momentos? Uno tiende a perder la noción del tiempo.- Nocturnal calló durante unos instantes, esperando alguna respuesta. Sirion permaneció impasible, no se había convertido en un Ruiseñor por verdadera convicción, así que tampoco le daría el gusto de verse sumiso. Por supuesto, tampoco era lo suficientemente estúpido como para retarla.- Así que una vez más la Llave ha sido robada y un Campeón la ha devuelto al Sepulcro. Ahora que el Pozo ha sido restaurado, estarás esperando un par de elogios, una palmada en la cabeza, un beso en la mejilla… Lo que no comprendes es que tus acciones han sido sólo lo que esperaba que hicieras y no representan más que el cumplimiento de tu deber.- Sirion se tragaba sus respuestas, ni siquiera le dejaría saber que le había molestado.- No confundas esto con disgusto, después de todo has realizado tus deberes al pie de la letra, pero ambos sabemos que esto no se trata de honor, lealtad o pactos. Es por la recompensa, el premio. No temas, lo tendrás. Tu deseo de poder, tu hambre de riquezas. Te invito a beber del Pozo de Ébano, mortal. Aquí es donde el Agente de Nocturnal nace. El Pacto ha sido sellado, tu muerte te guiará hacia el Ocaso Eterno.- un escalofrío recorrió la espalda del khajita, pero no cedió.- Hasta luego, Ruiseñor, y cuida que la Llave se quede en su lugar esta vez, ¿quieres?- concluyó perdiéndose nuevamente en el Pozo, que volvió a cerrarse.
-Me alegra que hayas podido traer la Llave de vuelta.- Karliah había surgido de las sombras.
-¿Me estás siguiendo?- Sirion alzó una ceja y la miró con indiferencia mientras trataba desesperadamente de recordar si había visto alguna sombra sospechosa y luego sintiendo un calorcillo extenderse por sus mejillas recordando que casi se había acobardado al inicio.
-Así es.- le sonrió ella.
-Creí que conservaba mi derecho a la privacidad.
-Sólo me aseguraba de que no te perdieras.- Sirion maldijo por lo bajo.- Nocturnal parecía muy complacida con tus esfuerzos.- continuó Karliah.
-¿Complacida? A mí me sonó indiferente.
-No te lo tomes a pecho. Ella es así. Piensa en ella como una madre severa que te empuja para que triunfes; aunque suene molesta, está contenta. Te aseguro que si hubiera estado disgustada no estaríamos teniendo esta conversación.
-Eso me incomoda más de lo que me tranquiliza.- murmuró él recordando el escote de la daedra, Karliah sonrió. Sirion sacudió la cabeza como desechando aquél pensamiento.- ¿De qué va eso de convertirme en un Agente de Nocturnal?
-Los círculos en la base del Pozo de Ébano te imbuyen con los poderes para ser un Ruiseñor. La luna creciente representa al Agente de la Sombra, la media luna es para el Agente del Subterfugio y la luna llena al Agente de la Lucha.
-¿Y por qué no ser los tres?- sonrió ante su propio intento de pasarse de listo pero ya imaginaba la respuesta.
-Es la forma que Nocturnal tiene de mantener el balance.- se encogió de hombros la elfa.
-Háblame del Agente de la Sombra.
-Es el maestro en permanecer oculto. Es capaz de manipular la oscuridad para su beneficio y usarla para tomar ventaja. Es prácticamente invisible.
-Con eso me basta.- dijo Sirion.
-¿No quieres escuchar sobre los otros antes de decidir?- preguntó Karliah buscando algún atisbo de duda en su andar.
-No hace falta. Sé cuál es mi lugar.- pisó el círculo de la luna creciente y se tocó el pecho mientras sentía su mente y su cuerpo ser inundado con nuevo conocimiento.- Ella me enseñó cómo encontrar mi lugar.- murmuró para sí. Karliah prefirió no preguntar sobre aquella última frase y la guardó para sí con el entrecejo ligeramente fruncido.- ¿Y ahora qué?
-Ahora tu vida como Ruiseñor comienza. Dado el caso, serás llamado al Sepulcro para defenderlo.- explicó la elfa con nuevo entusiasmo.
-¿Y tú?
-El Gremio me ha recibido de vuelta con los brazos abiertos. Siento que un vacío en mi vida ha sido llenado de nuevo. Esto no es el final de las cosas sino un nuevo comienzo.
-¿Comienzo de qué?
-Probablemente la serie de crímenes más grande que Skyrim haya visto. Hay muchos bolsillos y botines llenos de riquezas por saquear. Podremos ser Ruiseñores pero en nuestro interior seguimos siendo ladrones y somos condenadamente buenos en lo que hacemos.- Sirion sonrió ampliamente con una sensación cálida en el pecho al escucharla hablar con tanta emoción.
-¿Karliah?- un destello azul había traído una nueva presencia al Pozo.
-¡Galo! Temía no volverte a ver, que te hubieras vuelto como los otros...- Karliah por poco corría hacia el Ruiseñor con la voz temblorosa y los ojos llenos de lágrimas.
-Si no hubiera sido por las acciones de este Ruiseñor,- hizo una ligera reverencia hacia Sirion.- tus miedos se habrían vuelto realidad. Él nos honra a todos.- le sonrió el Ruiseñor y Sirion respondió con una torpe y profunda reverencia sin decir nada.
-¿Qué harás ahora, mi amor?- Sirion movió los hombros incómodo, mirando a todas partes menos a la pareja.
-Nocturnal me llama al Ocaso Eterno. Mi contrato ha sido completado.- Karliah suspiró.
-¿Te veré de nuevo?
-Cuando tu deuda a Nocturnal haya sido pagada, nos encontraremos de nuevo.- le tomó las manos y unió su frente con la de ella.
-Hasta luego, Galo. Mantén los ojos abiertos y camina en las sombras.- dijo Karliah mirándolo a los ojos intensamente.
-Adiós, Karliah.- le soltó las manos lentamente y caminó al centro del pozo, desapareciendo poco después dentro del mismo, como había hecho Nocturnal poco antes.
El silencio invadió su entorno, sólo se escuchaban las respiraciones de ambos Ruiseñores que se encontraban inmersos en sus propios pensamientos mientras observaban las curiosas formas que se alcanzaban a notar en los movimientos del portal azulado.
-¿Ahora a dónde irás?- dijo Sirion atreviéndose a romper el silencio.
-He decidido hacer del Salón de los Ruiseñores mi hogar.- la voz de Karliah fue casi un susurro al inicio pero cobró fuerza después.- Y dado que es tu hogar también, espero verte allí y a Brynjolf también.
-Aún no tienes ganas de deshacerte de mí, ¿eh?- sonrió con pesada ironía en su voz.
-Aún tienes mucho con qué sorprenderme.- le devolvió ella la sonrisa.- Claro que de vez en cuando visitaré algunas ciudades para ''adquirir'' algunas cosas. No me puedo permitir oxidarme, ¿o sí?
-Ni yo.- silencio nuevamente.- ¿Cómo sabré si este sitio está en peligro de nuevo?
-Cuando llegue el momento, las sombras te llamarán. Hay un portal que conecta el Sepulcro con el Salón, puedes usarlo cuando lo necesites.
Silencio unos minutos más.
-¿A dónde fue Galo?- sentía un zumbido en los oídos al pronunciarlo.
-Galo ha cumplido con su juramento. Los términos de su contrato han sido cumplidos, ahora su espíritu se volverá uno con el Ocaso Eterno, se ha vuelto uno con las sombras. Es el mayor honor que un Ruiseñor pueda tener, en la muerte se ha vuelto parte de lo que hemos usado para vivir.
-¿Son como las sombras que nos rodean ahora?- repentinamente se sintió muy consciente de su propio cuerpo.
-Sí, cuando decimos ''camina con las sombras'', le estamos pidiendo a los Ruiseñores anteriores que nos protejan. Se cree que son ellos los que guían nuestra suerte al colocar sus manos en las nuestras.- un escalofrío le recorrió la espalda al khajita.
-Ya…- zanjó Sirion.- ¿Podríamos irnos ya? No me es muy agradable estar aquí.
-Vamos.- rió ella.
El portal los había transportado al Salón de los Ruiseñores, tal como había dicho Karliah. Durante el camino de vuelta a Riften, la elfa logró sacarle un par de sonrisas y algunas pequeñas historias de sus meteduras de pata cuando aún estaba aprendiendo de Brynjolf pero no consiguió ni una palabra acerca de Isildë. Ya le contaría en algún momento, pensaba Karliah.
Al llegar al Jarro Ajado, Tonilia los recibió con una enorme sonrisa y las manos en la cintura.
-Brynjolf esperaba tu regreso. Quiere hablar de la ceremonia del maestre del Gremio.- le dijo a Sirion palmeándole la espalda.- Felicidades, mandamás.
-Gracias...- alcanzó a mascullar Sirion.
Repentinamente, el sonido a su alrededor parecía llegar de algún sitio muy lejano y etéreo, un nudo en el estómago le hacía sentir que le faltaba el aire. Se había olvidado del tema del Maestre y de pronto se sentía como el jovencillo que Isildë había accedido a llevar. Siguió caminando dejándose guiar por las manos en los hombros y las felicitaciones que vagamente alcanzaba a agradecer. Karliah se las arregló para volver a tomarlo del brazo, Sirion volvió en sí y la miró. Karliah le sonrió con complicidad y asintió. Sirion respiró hondo y continuó caminando intentando mantenerse sereno.
¿Qué diría ella si estuviera aquí?
-Creo que es hora de que tengamos un nuevo líder.- le sonrió Vex al ver al khajita llegar al centro cisterna, junto con Delvin, Brynjolf y Karliah. El resto del Gremio observaba desde los alrededores.
-Es hora de que hagamos oficial esto del maestre del Gremio.- le sonrió Delvin.
-Es el momento de que te conviertas en el maestre de nuestro Gremio.
-Parece que fueran a sacrificarme o algo.- sonrió Sirion rascándose la parte posterior del cuello, sintiendo las miradas de todos sobre él.
-No te preocupes, te prometo que va a ser dulce y breve.- rió Brynjolf y Sirion rodó los ojos con una sonrisa disimulada ante el doble sentido.
-Oye, estas cosas nunca se me han dado bien, así que...-adoptó un tono solemne mal fingido.- Ser Maestre del Gremio supone algo más que llevarse una parte de los botines, hay que ejercer de líder y mantener el orden. Teniendo eso en cuenta, propongo que tú asumas el cargo de maestre. ¿Delvin?
-De acuerdo.- Delvin se encogió de hombros casualmente.
Brynjolf miró a las dos mujeres.
-Claro, porqué no.- asintió Vex.
-Desde luego.- respondió Karliah guiñándole un ojo a Sirion, él le sonrió el gesto.
-Todos están de acuerdo así que ahora te nombro Maestre del Gremio y te deseo buena suerte y una larga vida.- concluyó hablando rápidamente y después hizo un ademán mientras alzaba la voz un poco más.- Y ahora, todos a trabajar.
Los que habían estado observando aplaudieron brevemente y se retiraron haciendo comentarios entre ellos.
-Supongo que te lo mereces. No podrías ser peor que Mercer de todos modos.- dijo Vex y se encogió de hombros.
-No se me ocurre una persona mejor para el trabajo, Ruiseñor.- negó Karliah con una amplia sonrisa.
-Y si necesitas algo, cualquier cosa, no dudes en preguntar.- Brynjolf le puso las manos en los hombros y esperó a que estuvieran solos para continuar hablando.- No podría sentirme más orgulloso de pertenecer al Gremio, ni de su nuevo maestre.- le dijo esta vez con sinceridad.- Lamento que no sea la ceremonia que esperabas, pero no somos famosos por derrochar dinero. Ve a ver a Tonillia después de esto, te dará tu armadura de Maestre. ¡Ah! Y una última cosa, quiero que tengas esto. Es una especie de tradición por aquí.- le dijo entregándole un amuleto y la Llave que había resguardado Mercer anteriormente.
-Te lo agradezco muchísimo.- murmuró Sirion sin alzar la vista del collar.
-Sí, sí, no hace falta que me beses.- ambos rieron.- Ahora ve con Tonillia.- dijo dándole un ligero empujón.
En el Jarro Ajado, Delvin y Tonillia estaban sentados a la misma mesa mientras bebían.
-Has pasado de ser aprendiz a dar las lecciones, ¿eh? Buena demostración.- Delvin hizo un brindis hacia Sirion.
-Haré mi mejor esfuerzo.- se inclinó Sirion.
-Sabemos que sí.- intervino Tonillia.
-Brynjolf me ha dicho que tenías algo para mí.- dijo Sirion.
-Sí, y estoy encantadísima de poder dártelo.- sacó una armadura doblada cuidadosamente y se la entregó.- Aquí tienes, debería quedarte como guante.
Sirion miró a su alrededor y no pudo evitar sonreír ampliamente. Hacía mucho que la palabra ''hogar'' no había aparecido en su mente con tanto significado como ahora.
