¡Buenas, mis queridos lectores!, espero que la estén pasando demasiado bien, yo ahí, andando con la vida y a nada de graduarme (Lo que anhelo tanto, pero tanto).
Este capítulo es sumamente corto, ya que es uno de transición, pero el día de mañana subiré otro.
Como sabrán, "El Hobbit pertenece a J.R.R. Tolkien, los personajes no reconocidos son de mi propiedad.
Sin más que decir, espero que les guste el capítulo.
Capítulo 17: AzulAbrí mis ojos y pude apreciar que mi habitación seguía congelada, me levanté y resbalé con el hielo y pude estabilizarme con la ayuda de mi cama, para luego tratar de abrir la puerta, pero está no se quería abrir.
- Mierda -Susurré- ¡Ayúdenme! -Pedí a gritos, pero parecía que nadie quería pasar por esos corredores, golpeé con fuerza la puerta hasta que escuché una vocecita del otro lado- ¡Bilbo ayúdame!
- ¡Está atascada, no puedo abrirla! -Gritó él- ¡Pareciera como si…!
- ¡Está congelada la puerta! -Le grité del otro lado- ¡Hay que derribarla! -Pegué un gritó.
- ¡Espera! -Dijo Bilbo- Usa tú fuego… descongélala.
Suspiré, Bilbo tenía razón, luego pensé en varias cosas del día anterior, desde que desperté hasta el golpe, fruncí el ceño y apreté mis manos en puños para luego poner las manos en la puerta y vi como lentamente el hielo se hacía agua y caía al piso haciendo un gran charco.
Abrí la puerta y pude ver a un Bilbo con ojeras y un poco somnoliento, pero a la vez sonriendo- Me contaron lo que pasó… -Dijo él- Nunca pensé que Thorin te pondría una mano encima… salvo para salvarte o darte un abrazo…
- Ni yo -Dije frunciendo ligeramente el ceño- A perdido todo mi respeto… y encima llamando a Dain y su ejército… ¿Qué creé que está haciendo?
- Lo que tiene que hacer -Nos giramos y pudimos ver a Dwalin con el ceño fruncido de brazos cruzados- Es nuestro rey… y tiene razón. Defenderemos a Erebor aunque nos cueste la vida…
- ¿Pero hasta a esos extremos tenemos que llegar? -Hay que ver que la única que tenía cerebro en esta vaina era yo- La guerra nunca beneficia a nadie -Le dije- Hay que hablar con diplomacia y…
- Eso no sirve -Dijo Dwalin- Los Elfos y los hombres no querrán escuchar.
- ¡Pero Bardo fue quien…! -Me callé al instante- Olvídalo… no se puede discutir con los enanos… la terquedad les gana -Dije y vi su ceño fruncido, me giré y me alejé de Bilbo y Dwalin.
- ¿A dónde vas? -Preguntó Bilbo girándose.
- ¡A desaparecer! -Grité con ganas y doble la esquina.
Empecé a susurrar cosas para mí misma, estaba molestísima y quería destruir algo, lo que fuera y si pudiera, que fuera la maldita corona y el estúpido oro ese que no sirve para nada.
Fui directo a la cocina donde pude ver como todos hablaban entre sí, sin importarme un pepino, avancé y busqué un poco de agua, todos me miraban, pero yo no los miraba, estaba harta ya de los enanos, debía cambiar de atmósfera o me daría un ataque en este lugar.
Me senté una silla, apartada de todos, para luego sentir una mano en mi hombro, giró mi cabeza con el ceño fruncido y puedo ver a un asustado Kili que se fue rápidamente, tuvo cabeza, ya que en esos momentos no quería que nadie me molestara, respiré hondo, muy hondo y luego tomé agua del vaso, para dejarla en la mesa y levantarme, escuché una silla chichar contra el piso tras de mí, me paré en el marco de la puerta y puse mi mano en esta- Si a alguien se le ocurre seguirme… juro que lo quemaré -Aseguré y me fui del lugar, directo a quien sabe dónde.
Erebor era demasiado grande, y podía perderme en cuestión de minutos, hasta que pude vislumbrar un apartado de la montaña, donde había un río corriendo levemente y matas y árboles seco, me acerqué al lugar, sin duda estaba horrible, me senté en lo que parecía tierra quemada y miré al río.
Para luego pasarme las manos por la cara frustrada y luego gritar de dolor, a pesar de que él golpe de ayer me había dolido al tocar mi mano con mi mejilla, el ardor del fuego lo hizo arder.
Miré mis manos y estás estaban rojas de fuego, incluso salían humo-No… -Susurré- Tranquilízate… -Me dije y traté de respirar normalmente, pero el fuego no quería irse, todo lo contrario, empezó a agrandarse más.
Me paré asustada, hipeando de miedo, ahora sentía miles de emociones en todo mi ser, para luego ver el río y correr a este, metí las manos y pegué un grito, pero luego ya no sentí el fuego en mis manos, las saqué del agua y miré mis manos un poco quemadas, las apreté en contra mi pecho y caí sentada cerca del río, luego miré la pulsera que tenía en mi mano derecha, esa que siempre estaba conmigo y que nunca se me cayó.
La saqué con cuidado de mi mano, y miré el corazón- Como te extraño mamá -Susurré a la nada sintiendo de nuevo las lágrimas a punto de salir de mis ojos, apreté la pulsera y miré el hermoso dije de corazón, lo jurungué un poco, y encontré un broche para abrirlo, cosa que no sabía, lo abrí y pude ver algo que me llamó la atención, era un polvito azul, un azul brillante, agarré un poco con mi dedo índice para luego cerrar el dije.
Acerqué el polvito a mi lengua y probé, hice una cara de horror, eso sabía asqueroso, peor que la comida que servían en el colegio, limpié mi dedo con el agua y fue en ese momento que me fijé en mis manos, las quemaduras se habían ido.
Sorprendida miré de nuevo el dije, luego mis manos y me asomé al río para ver mi reflejó, la marca del golpe también había desaparecido, sonreí algo asustada, pero a la vez divertida, había descubierto algo que ni siquiera sabía que existía.
- Gracias, mamá -Susurré a la nada mientras apretaba la pulsera contra mi pecho, luego la volví a poner mi mano después de admirarla por un momento.
Me levanté y me fui de aquel lugar, ese secreto era mío y solo mío, sonreí al saber que llevaba algo más que el dije de mi mamá conmigo misma, y emprendí la carrera de vuelta de a mi habitación, tenía trabajo, debía descongelarla rápidamente para luego evitar un masacre innecesaria.
Así que lo había decidido, iría esa misma noche a convencer a Bardo y a Thranduil de no ir a la guerra, sino de ir a la diplomacia, y como princesa de Erebor tenía el deber de elegir lo que era bueno para mi pueblo.
