Disclaimer: Los personajes son de S.M, la historia es mía, y cualquier parecido con otra es mera coincidencia. Esta historia está registrada en SaveCreative, absténganse de plagios.
Summary: -¿Qué quieres, Cullen? -inquirí con fastidio. -Saber -contestó como si fuese obvio. -¿Saber qué? -le seguí el juego al final. -Cómo es que Nerdbella Swan tiene tanto genio y no lo había presenciado hasta ahora. "Porque si algo no era Bella Swan, era ser una niña buena." AU Todos Humanos. M por mal lenguaje y lemmons.
Capítulo 19.
-Three days grace. Life starts now-
oOo
Acaricié la cabeza de Lady, mientras ella movía la colita de placer y me miraba con esos grandes ojos marrones, sonriéndome. Los perros no pueden sonreír, tonta Bella. Cállate, Lady sí.
Will nos estaba contando cuántos hijos tenía, y que dentro de poco tendría su cuarta nieta. Edward parecía haberse convencido de que no era un peligro, e interactuaba con él alegremente. Tenía que enseñarle a escuchar su instinto, además de a su cabeza. Él seguía analizando todo, cuando el punto de este viaje era alejar aquellos pensamientos y tomar las cosas con calma. ¿O aquel sólo era el punto para mí?
En cualquier caso, pensaba enseñarle que un señor de cincuenta y pico años no era una amenaza. Y, si se resistía, también podía enseñarle cómo noquearlo, en caso de que temiera por su vida.
Demonios, soy el hombre de la relación.
Me reí a carcajadas, sin importarme que Cullen y Will me miraran como si estuviese loca. Edward estaba sentado atrás, en el medio, y apoyaba cada antebrazo en los dos asientos, echándose hacia delante. No llevaba cinturón, pero Will conducía a veinte por hora, así que no había problema.
-Me recuerdas a mi mujer -sonrió Will, mirando prudentemente hacia la carretera.
-¿Por qué? -pregunté con curiosidad. Lady comenzó a lamerme la mano al ver que dejaba de acariciarla.
-Ella era cómo tú de joven: hermosa, despreocupada, alegre... Y sigue siendo las tres cosas.
Le dediqué una sonrisa agradecida, y pude ver, por cómo hablaba de ella, que Will amaba a su mujer más que a nada en el mundo.
-¿También tiene mal genio y dice malas palabras?
-¡Cállate, Cullen! -gruñí, e intenté darle un codazo que él esquivó con facilidad, sonriéndome con burla. Estúpido.
Will rió, y sacudió la cabeza.
-No, pero que Dios se apiade de ti si la enfadas -respondió él.
-¿Cuántos años lleváis juntos? -cuestioné con curiosidad.
Will suspiró, y sus ojos cobraron un brillo especial, mirando al pasado.
-Treinta y nueve años, y amé cada día de ellos -luego pareció volver a la realidad, y nos miró con una sonrisa-. Teníamos más o menos vuestra edad cuando nos conocimos, y dos años después tuvimos nuestro primer hijo. ¡Ya hemos llegado! -anunció de repente, y torció hacia la izquierda.
Delante de nosotros había una modesta casita blanca de dos pisos, con un gran jardín detrás. Es más, parecía que tenían una pequeña granja allí montada. Sonreí, aquello me recordaba a la casa de mi abuela Marie.
-Esto está un poco alejado de la carretera -se disculpó Will-. Pero podemos acercaros a la ciudad cuando queráis.
-Muchas gracias, Will -dije, agradecida. Él se veía cómo un cielo de persona.
Aparcó enfrente y apagó el coche. Bajamos, yo cargando con mi mochila y Lady, y Cullen llevando los instrumentos y su propia mochila. Will quiso ayudarnos, pero no le dejé.
Observé con curiosidad la fachada, que parecía recién pintada. Tenía una pequeña terraza en el segundo piso, y un tejado a dos aguas. En el porche había un banco y una mecedora, supongo que dónde se reunían para leer. Tenía un aspecto bastante moderno, y no pude evitar preguntarme cómo sería el interior.
Justo en aquel momento, la brillante puerta blanca se abrió de golpe y una mujer salió por ella. Tenía el pelo grisáceo, igual que Will, y un montón de arrugas surcaban su rostro, pero se veía hermosa igualmente. Podía imaginármela treinta años antes en las revistas de modelos, sin duda.
Will la había llamado antes para avisarla, así que nos estaba esperando. Nos sonrió con ternura y abrió los brazos para darnos un abrazo a cada uno.
-Chicos, esta es mi mujer, Amanda. Amanda, éstos son Edward y Bella.
-Un placer, queridos -dijo ella con una voz melodiosa-. Estamos encantados de acogeros, podéis quedaros el tiempo que queráis, mis niños. ¿Tenéis hambre? -soltó de un tirón, todavía sonriendo.
A pesar de los brownies, mis tripas rugieron ante la mención de comida.
-¡Por supuesto que sí! -exclamó ella-. Venid por aquí, Will os enseñará vuestra habitación mientras yo os preparo una tortilla.
Y nos cogió por los brazos, tirando de nosotros con una fuerza impropia de una señora de su estatura y edad. Era como un pequeño Hulk. Cullen y yo nos miramos mientras íbamos detrás de Amanda. Él parecía asustado, pero yo sonreí, divertida.
Will corrió detrás de nosotros, y nos enseñó la planta baja a pesar de las protestas de su mujer. Era mucho mejor que cómo la había imaginado. Por dentro era de lo más acogedora y hogareña, con los suelos de madera y tonos pastel. Al fin, nos llevó al piso de arriba y nos enseñó nuestras habitaciones, la mía al final del pasillo y la de Cullen al principio a la derecha. Según nos contó, eran los cuartos de sus hijos cuando eran pequeños.
Dejé mis cosas encima de la cama, con cuidado de no pisar a Lady, que me seguía a todas partes.
-Siento lo de mi mujer -dijo Will desde el marco de la puerta-. Cuando está emocionada se vuelve muy impetuosa.
Yo simplemente sonreí.
-Entonces creo que me llevaré muy bien con ella.
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-Muchas gracias por todo, Amanda -repetí por millonésima vez mientras me comía a grandes bocados la tortilla más deliciosa que había probado en mi vida.
-Oh, cariño, de nada -sonrió ella-. Pobrecitos, ¿cuánto tiempo llevabais vagando por ahí? Santo cielo, qué hambre debíais de tener.
Amanda sacudió la cabeza horrorizada. Cullen se rió, sentado a mi lado.
-No tiene hambre, siempre come así -se burló. Fruncí el ceño y le pegué una patada por debajo de la mesa.
-Eftúpido -espeté con la boca llena. Luego me arrepentí, porque Amanda y Will estaban delante-. Lo fiento.
Ellos, sin embargo, se rieron.
-Oh, no pasa nada -Will le quitó importancia con un gesto de la mano-. Amanda y yo éramos iguales de jóvenes. Creo que nos llamábamos cosas peores que estúpido.
-Cierto -asintió ella, sonriendo y besando la mejilla de su marido.
-Tienen que oírla enojada de verdad, entonces -replicó Cullen, con lo cual se ganó otra patada. Le fulminé con la mirada para que dejase de hablar mal de mí. Es decir, me estaba haciendo quedar como una mal hablada y gruñona. Y yo no era nada de eso... por lo menos, no con personas que no fuesen Cullen o los Jonas Brother.
-Soy más normal de lo él dice -aseguré-. Es él el raro aquí.
-Seguro -bufó Edward burlonamente. Le dirigí 'la mirada', pero no me vio. Estúpido Cullen y estúpida su boca. Asentí para mí misma, orgullosa de mis pensamientos, y seguí comiendo.
-Habladnos un poco más de vosotros -propuso Will.
-Umm... vale -dije después de tragar. Parpadeé un par de veces y observé sus resplandecientes rostros-. ¿Qué queréis saber?
-¿De dónde sois? -preguntó inmediatamente Amanda, como si se hubiese estado conteniendo para no saltar con las preguntas.
-De Forks -respondimos Cullen y yo al mismo tiempo. Nos miramos y sonreímos. Demonios.
-Sí, yo nací allí -expliqué-. Luego mi madre se divorció de mi padre y nos mudamos a Phoenix, hasta que volví a vivir con mi padre hace dos años.
-Oh, lo siento mucho, cariño -Amanda extendió el brazo y me palmeó la mano con cara triste.
-No fue tu culpa -me reí, quitándole importancia, pero verdaderamente agradecida por su gesto.
-¿A dónde os dirigís? -esta vez preguntó Will, posando una mano en el hombro de su mujer y apretándola suavemente.
-Hacia el leste -respondí sin pensarlo.
-¿Ah, sí? -inquirió Cullen, alzando una ceja.
-Ajá.
-¿Y cuándo pensabas decírmelo, Swan?
-No sabía que ahora tuviese que compartir todo contigo, Cullen -me burlé, abriendo mucho los ojos. Él resopló y me picó en el costado, a lo que yo salté y le eché la lengua. Él es el inmaduro.
-¿Y cuanto tiempo pensáis quedaros? -cuestionó Will.
-Oh, no más que unos días, no queremos ser una molestia -me apresuré a aclarar.
-¡Cariño, no molestáis! -exclamó Amanda, sonriendo maternalmente-. Podéis quedaros el tiempo que queráis -aseguró, y luego nos guiñó un ojo.
-Gracias -repetí, haciendo reír a la adorable pareja.
-¿Has terminado? -me preguntó Cullen en un susurro, alargando la mano hacia mi plato dónde quedaban unos trozos de tortilla-. ¡Auch! ¡Demonios, Swan!
-Aléjate de mi comida -le amenacé, blandiendo el tenedor con el que acababa de pincharle. Él me dirigió una mirada mortal y yo aproveché para meter en mi boca lo que quedaba de comida antes de que intentase volver a cogerla. Amanda y Will se rieron entre dientes, al parecer, divertidos por nuestro espectáculo.
Pero pronto volvieron con la ronda de preguntas, y no sabía cómo, terminamos hablando del color de las cortinas de la cocina de mi padre. Y a Cullen le parecía tremendamente divertido que combinasen con la bufanda que él me había comprado por la mañana.
Fue entonces cuando decidí cambiar de tema y preguntarles algo a ellos sobre su vida, pero Amanda no se dio por vencida. Sin ser yo consciente de cómo mierda lo había conseguido, dirigió de nuevo la conversación hacia Cullen y yo.
-¿Sois músicos? -preguntó ella. Y justo tuvo que hacer esa jodida pregunta.
Sin pensarlo, giré la cabeza hacia Edward, que parecía extrañamente apesadumbrado. Sabía en lo que estaba pensando. Casi podía oír la voz de Carlisle Cullen gritándole a su hijo en la oreja.
-Sí, lo somos -dije en voz alta, y a pesar de estar molesta con él, no pude evitar observarle con un poco de orgullo. Mi valiente niño mimado... ¿De dónde mierda había salido eso?
Edward alzó la vista, y nuestros ojos chocaron. Me dirigió esa media sonrisa, agradecido, y yo no pude más que rodar los ojos y quitarle importancia. No fuera a ser que se le subiera a la cabeza.
-¿Tocarían para nosotros? -preguntó Will con entusiasmo.
-¡Por supuesto! -exclamé, e iba a levantarme cuando Cullen me interrumpió.
-Ya voy yo -dijo, poniéndome una mano en la rodilla y saliendo disparado escaleras arriba. Resoplé ligeramente, volviendo a mi sitio.
Amanda comenzó a recoger los platos, y casi me tira uno a la cabeza cuando intenté ayudarla. Will se rió y me miró con comprensión. Al parecer, no era la primera vez que hacía eso.
-¿Y cuanto lleváis Cullen y tú juntos? -preguntó él de repente, haciendo que me atragantara con el agua que estaba bebiendo.
Otra vez no, por favor.
Tosí un par de veces, negando con la cabeza.
-¡Oh, cariño! ¿Estás bien? -se preocupó Amanda, y yo asentí en medio de mis negativas. Cuando logré encontrar de nuevo mi respiración, respondí.
-No estamos juntos -aclaré-. Para nada.
Quizá mi vehemencia fuese un poco más fuerte de lo requerido. ¿A quién estaba convenciendo, a mí o a ellos? Cállate, Bella. Ajam, le haría caso al regreso de mi voz interior, que parecía enfadada conmigo sin saber yo por qué.
-Oh, yo creí...
-No pasa nada -dije-. Todo el mundo nos confunde.
-Parecéis una pareja -se explicó Will-. Me recordáis mucho a nosotros cuando éramos jóvenes.
Justo ese instante, Cullen entró por la puerta. Nos miró intentando averiguar de qué estábamos hablando para que mis mejillas se volvieran de un color rosado. Estúpidas mejillas traicioneras.
-Aquí tienes -dijo, pasándome mi guitarra. Le sonreí en agradecimiento y la saqué de la funda.
Amanda aplaudió, emocionada, y comenzó a parlotear de lo mucho que le gustaba la música. Will tuvo que obligarla a sentarse para que se calmara. Les sonreí, y moví las cuerdas, buscando una canción para tocar. Cullen me miraba, esperando. Y entonces la encontré.
Comencé a tocar, era una canción que amaba, y que me había ayudado muchas veces a levantar el ánimo. Sabía, sin lugar a dudas, que Edward la conocería.
Y él empezó a cantar:
-You say you feel so down, Every time i turn around, And you say you should've been gone by now... * (Dices que te sientes tan deprimido/ Cada vez que me doy la vuelta/ Y tú dices que yo debería haberme ido por ahora...)
Nuestros ojos se encontraron, y yo canté esta vez:
-And you think that everything's wrong, You ask me how to carry on, We'll make it through another day just hold on... (Y tú piensas que todo va mal/ Tú me preguntas cómo seguir adelante/ Lo haremos a través de otro día, tan sólo espera...)
Entonces, cantamos juntos:
-Cause life starts now., You've done all the things that could kill you somehow, And you're so far down, But you will survive it somehow because life starts now... (Porque la vida empieza ahora/ Tú has hecho todas las cosas que podrían matarte de alguna manera/ Y estás tan abajo/ Pero tú vas a sobrevivir de alguna manera, porque la vida empieza ahora...)
-I hate to see you fall down, I'll pick you up of the ground, I've watched the weight of your world come down... (Odio verte caer/ Yo te recogeré del suelo/ He visto el peso de tu mundo venirse abajo...) -cantó él. Sonreí ante esa parte, y Edward me devolvió la sonrisa.
-And now its your chance to move on, Change the way you've lived for so long, You find the strength you've had inside all along... (Y ahora es tu oportunidad de seguir adelante/ Cambiar la manera en la que has vivido durante tanto tiempo/ Encontrarás la fuerza que has tenido todo este tiempo dentro...) -canté yo, y esta vez fue su turno de sonreírme.
Volvimos a cantar el estribillo juntos, sin despegar los ojos uno del otro.
-Cause life starts now., You've done all the things that could kill you somehow, And you're so far down, But you will survive it somehow because life starts now... (Porque la vida empieza ahora/ Tú has hecho todas las cosas que podrían matarte de alguna manera/ Y tú estás tan abajo/ Pero sobrevivirás de alguna manera, porque la vida empieza ahora...)
-All this pain, Take this life and make it yours. (Todo este dolor/ Coge la vida y hazla tuya...) -canté.
-All this hate take your heart and let it love again, You will survive it somehow... (Todo este odio/ Coge tu corazón y deja amar de nuevo/ Sobrevivirás de alguna manera...) -cantó él.
-Life starts now., You've done all the things that could kill you somehow, and you're so far down. Life starts now. You've done all the things that could kill you somehow, and you're so far down. Life starts now... (La vida empieza ahora/ Tú has hecho todas las cosas que podrían matarte de alguna manera/ Y estás tan abajo/ La vida empieza ahora.../ Tú has hecho todas las cosas que podrían matarte de alguna manera/ Y estás tan abajo/ La vida empieza ahora...)
Dejé sonar los últimos acordes, mientras mi voz y la de Cullen se iban apagando. No sabía por qué había elegido esa canción. En verdad parecía que cada parte iba dirigida a uno de los dos, y el otro se la había cantado.
Los ojos de Edward me abrasaban. Sentí cómo empezaba a respirar entrecortadamente, y como no podía evitar sonreír como idiota. En fin, la sonrisa de Cullen no era mejor. El único problema era que me parecía arrebatadora, y eso era malo, muy malo.
Fue entonces cuando Amanda y Will estallaron en aplausos, rompiendo el momento. Les sonreí con esfuerzo, e intenté parecer igual de animada que ellos. Le devolví el abrazo a Amanda y el guiño a Will. Observé cómo Cullen se sonrojaba cuando Amanda le había abrazado y le había dado un beso en la mejilla.
Pero en lo único que podía pensar era... ¿Por qué mierda siempre me ocurría que cuando cantaba con Edward me olvidaba de todo lo demás?
Sacudí la cabeza y decidí dejar de pensar en eso. Me concentraría en Lady, que había aparecido de la nada y reclamaba mi atención.
Sonreí y la cogí, acariciándola. Will propuso pasar al salón, y fuimos a sentarnos en los malditamente cómodos sillones. Podría jurarlo, los más cómodos de toda mi vida.
Lady comenzó a lamerme la mano para que siguiese acariciándola. Mientras rascaba su pequeña cabecita escuchaba distraídamente cómo Edward, Will y Amanda hablaban sobre sus hermanos y sobre sus calificaciones en el instituto. Sonreí al ver cómo se reía o se sonrojaba débilmente, siendo un perfecto caballero con ellos pero un asno conmigo. Y sin embargo no me importaba. Adoraba su forma de ser, incluso lo malo.
¡Jodida Mierda! ¿Yo, Isabella Swan, acababa de pensar lo que creía que acababa de pensar?
Bajé la vista hacia Lady, sentada en mi regazo y mirándome con grandes ojos marrones y la lengua fuera. La alcé y observé cómo movía graciosamente su hocico.
-Creo que me he vuelto loca -le confesé pesarosamente. Ella simplemente movió la cola y me lamió la nariz.
Gran respuesta. Me encantaba su opinión, era de lo más sincera.
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El reloj marcó las seis, y aún seguíamos en el sofá charlando sobre nuestras vidas cómo si estuviésemos en un maldito reality show. Tenía dormido el culo, y no lo sentía. Pero no quería levantarme, ya que Amanda hablaba sin parar, haciéndonos preguntas. Juraría que ni respiraba. Ella era cómo un jodido volcán en erupción.
Ahora mismo estaba discutiendo con Edward sobre cupcakes**, cómo debían prepararse y los ingredientes malos para la salud que llevaban. Yo tenía mi opinión sobre los cupcakes, pero ni loca me metería en medio de aquella campaña naval. Así, si Amanda decidía echar a Cullen a la calle yo no me iría con él.
Will parecía avergonzado por el comportamiento de su mujer, y nos pedimos disculpas con la mirada el uno al otro. Hasta que miró el reloj y dio un salto en el asiento.
-¡Cariño! -exclamó-. ¡La cena con los Bilsons!
-¡Oh Dios! -chilló Amanda, y en medio segundo se encontraba subiendo las escaleras. Demonios, ¿qué era, una señora de cincuenta años o una niña de cinco? Porque era más rápida que Cullen.
-Lo siento, chicos -se disculpó Will-. Habíamos quedado hace quince minutos con unos vecinos para ir a cenar.
-Sentimos haberos retrasado -se apresuró a decir Cullen.
-Es cierto, es culpa nuestra -dije, afligida. Will sacudió la cabeza.
-No, ha sido un fallo mío -aseveró.
Amanda bajó por las escaleras como un vendaval, corriendo hacia la entrada a por los abrigos. Cullen y yo nos levantamos al mismo tiempo y fuimos al pasillo, viendo como Will y ella se preparaban para irse.
-¿Y qué hacemos nosotros? -preguntó Edward, dándole voz a mis pensamientos. Eso captó la atención de Amanda, que se giró con los ojos muy abiertos.
-Oh, queridos, estáis en vuestra casa -aseguró-. Podéis hacer lo que queráis, hay comida en la nevera y tenemos un coche en el garaje si queréis acercaros a la ciudad. Es manual y un poco viejo, pero sigue funcionando.
-Espera -interrumpí-. ¿Nos vais a dejar solos aquí?
No me quejaba, pero nos habían conocido esta mañana. Es decir, tendría que haber un periodo de prueba antes de dejar en casa a dos extraños adolescentes, ¿no?
Pero Amanda no pensaba lo mismo.
-¡Por supuesto, cielo! -sonrió, acercándose para darnos un beso a cada uno-. Confío en vosotros, sé que no sois mala gente.
-Pero podríamos serlo -dijo Cullen, poniéndose serio. Podía verse en su cara la desaprobación. Quizá podía verse demasiado bien.
Amanda se rió, cómo si no le hubiese escuchado, y se giró para irse. Will abrió la puerta y arrastró a su mujer fuera mientras ella comprobaba que llevaba todo en su bolso.
-¡Ah! -chilló de repente-. ¡Tened cuidado con Henry!
Y cerraron la puerta. Minutos después, el motor de la camioneta de Will se perdía por el sendero camino de la carretera.
Cullen y yo nos miramos, los dos desconcertados, y exclamamos al mismo tiempo.
-¿Henry?
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Dejé mi vaso de agua en la encimera central y me dirigí a la nevera. Había pasado ya media hora desde que Amanda y Will se habían ido y yo no había podido evitar husmear en la cocina y limpiar los platos sucios -a pesar de cualquier futura protesta por parte de Amanda. Cullen, por otro lado, se había sentado en el sofá y había puesto la televisión. Podía ver cómo echaba de menos estar en una casa que no tuviese ruedas. A decir verdad, yo también había echado de menos tener calefacción.
La cocina era enorme, y la adoraba. Después de pasar casi toda mi vida en la cocina del apartamento de mi madre, y luego en la de Charlie -que, increíblemente, no era mucho más grande- había olvidado lo genial que era poder moverse sin chocar contra sillas o platos tirados por el suelo. Había una encimera central en medio de la estancia, y unos grandes ventanales por dónde entraba la luz.
Abrí la puerta de la nevera y observé qué había dentro. Por supuesto, estaba llena. Mis tripas rugieron, y decidí hacerme un sandwich.
¿Y cuando no tengas una nevera qué vas a hacer, eh, Swan? Saquear los cubos de basura. Resoplé y rodé los ojos, molesta con mi estúpida voz interior. Saqué un par de cervezas, también.
Cuando tuve listo mi sandwich de pavo llevé todo al salón. Me senté en el sofá, al lado de Cullen, y le pasé una cerveza. Él estaba demasiado concentrado en las noticias como para notar qué era lo que cogía hasta pasados unos minutos.
-¿Qué mierda es esto, Swan? -exclamó, mirando la botella como si fuese la primera vez que veía una.
Rodé los ojos.
-Cerveza. ¿Es que acaso ya no sabes leer, Cullen?
Él fruncía el ceño, viendo cómo yo le daba un gran trago a la mía y luego la dejaba en la mesa. Mordí mi sandwich y mastiqué rápidamente.
-Yo no bebo.
-Está rica -respondí simplemente-. Y sí que bebes. Lo que te ocurrió hace un par de días se llama resaca.
-Nunca he probado la cerveza -replicó él.
-Me lo imaginaba -mascullé por lo bajo, mirándole divertida de reojo. Él se veía lindo, observando con desconfianza aquella botella de cristal.
Volteé para seguir viendo las noticias, aunque no me interesaban demasiado. Sinceramente, lo único que conseguían hacer era deprimirme.
-¡Demonios, Swan! ¡Dijiste que estaba rica!
Estallé en carcajadas al ver la mueca de desagrado de Cullen. Yo había puesto la misma expresión la primera vez que Rose me pasó una cerveza. Ahora había logrado acostumbrarme al sabor, pero habían pasado cuatro largos años desde aquello.
-Vamos, Cullen, no seas crío -me reí, comiendo y dándole un trago a mi cerveza. Él dejó la suya en la mesa, negando con la cabeza. Luego se giró hacia mí, y me sonrió.
-Swan...
-¿Qué? -pregunté con desconfianza. No me gustaba para nada la expresión de inocencia que había puesto.
-¿Me das un trozo de tu sandwich?
-No.
-¿Por qué no?
-Porque es mío. Levántate y hazte uno para ti.
-Venga, Swan, sé buena...
-¡He dicho que no!
Cullen resopló y, a pesar de mis negativas, extendió el brazo hacia mi plato. Seguí el curso de su mano con la mirada, deseando que explotase en mil pedazos, hasta que tocó mi sandwich. Así que le agarré y le mordí el dedo.
-¡Mierda! -chilló él, saltando del asiento y dando saltitos mientras se sujetaba con fuerza la mano. Yo no pude evitar reírme como loca. Es decir, era de lo más divertido, aunque Cullen no lo viese así.
Seguí comiendo mientras él murmuraba algo y se iba fuera del salón. Terminé mi sandwich y también la cerveza. Incluso la de Cullen. Me recosté en el sillón, enroscada en una manta, y sonreí.
Oh, sí, esto es vida, pensé.
Estaba empezando a quedarme dormida cuando sentí un peso a mi lado. Abrí los ojos, sin haber sido consciente de cuando los había cerrado, y vi a Edward, pero él no me miraba. Tenía la vista en el televisor, con el ceño fruncido. Seguía enfadado.
Que le jodan. No quería discutir ahora. Estaba disfrutando verdaderamente del mullido sillón, a pesar de que no sentía mi culo de nuevo.
Me moví un poco y recosté mi cabeza en el hombro de Cullen, subiendo los pies al asiento -por supuesto, quitándome los zapatos primero. Volví a cerrar los ojos, sonriendo al sentir sus músculos tensarse y destensarse, y cómo, después de unos momentos, levantaba su brazo y lo pasaba por mis hombros, recostando mi cabeza en su pecho.
-Siento haberte mordido -murmuré, suspirando-. En realidad no, pero no quiero que te enfades -dije segundos después con sinceridad.
-Siento haber intentado coger de tu bocadillo sin permiso -susurró él, en cambio.
-Duh -ronroneé, y, en aquel instante, me sentí completamente feliz.
Sentí sus labios en mi frente, dejando un ligero beso. También note cómo inspiraba hondo, oliéndome. No podía culparle, él olía genial para mí. Me desperecé un poco y levanté la cabeza para poder mirarle.
Él era jodidamente hermoso. Quizá demasiado para su ego, pero así era. Y me miraba de esa forma totalmente adorable, tierna, que hacía que mi estómago se contrajera. Demonios, él me sonreía con esa media sonrisa, y tenía el cabello alborotado y... Jodida mierda, él consiguió que suspirase.
-¿En qué piensas? -preguntó Edward en un susurro. Alzó la mano y trazó mi rostro con la punta de los dedos. Cerré los ojos, sintiendo su tacto.
-En ti -respondí con sinceridad.
-¿Y eso es bueno o malo?
Tardé cinco segundos en contestar.
-Las dos cosas -Siempre era las dos cosas.
Nos quedamos en silencio, simplemente sintiéndonos el uno al otro. Abrí ligeramente los ojos e hice como él. Con la punta de los dedos tracé su mandíbula, sus labios, su nariz, sus ojos. Bajé por su cuello y descansé la palma de la mano encima de su corazón. Latía desenfrenadamente.
-Bella... -musitó, haciendo que nuestros ojos se encontrasen. Su mirada me abrasaba. De verdad sentía cómo mi cuerpo ardía. Estaba en llamas.
Y entonces Lady saltó encima nuestra. Volví a chillar como una niña y casi caí del sofá. Maldita sea, había sido asustada por esta perrita dos veces en un mismo día. Esto no podía volver a suceder.
Cullen se echó a reír, y yo me uní a él. Sin mencionar que casi me había echo pipí encima, sí, la situación era de lo más cómica.
-¡Oh, Dios, Swan! Tendrías que haberte visto la cara -se rió Edward, agarrándose la barriga.
-¡Ey! Tú no estuviste mucho mejor -le piqué, levantándome del sofá y cogiendo a Lady-. Eres una perrita mala -le recriminé, pero ella me miró con ojos grandes de cachorro hundido y estuve perdida-. No eres mala, eres una perrita buena -me rendí, dejando que me lamiera la barbilla.
Miré mal a Cullen, que seguía riéndose tirando en el sofá, y froté mi culo para dejar de sentir pinchazos en él.
-Tengo el culo dormido por tu culpa -le espeté de malas maneras.
-¿Mi culpa? -cuestionó Edward, llevándose una mano al pecho con aire ofendido.
-Sep.
-Espera que te ayudo a que se despierte.
¡Plas!
-¿Acabas de azotar mi trasero? -pregunté con incredulidad, sintiendo la zona en dónde su mano había impactado arder. No podía creerlo. No podía ser verdad.
Caca de vaca. ¡Edward Cullen me había dado una nalgada!
Él me sonrió con arrogancia y arqueó las cejas, tumbándose en el sofá con los dos brazos extendidos por el respaldo. Se veía un actor porno de alguna película.
-¿Qué pasa, Swan? Admite que te gustó -se burló él. Entrecerré los ojos y me agaché para dejar a Lady en el suelo.
¡Plas!
-Ohhh, tú no has hecho lo que creo que has hecho -amenacé, volviéndome con mirada asesina. Edward parecía de lo más divertido.
-¿No eres de ésas, Swan?
Y me lancé contra él. Rodamos por el sofá y terminamos en el suelo, mientras Lady nos ladraba. Por suerte para él, cayó encima de mí, y se apresuró a inmovilizarme contra el suelo.
-¡Suéltame, Cullen! -le grité, enfadada.
-No hasta que pidas perdón -replicó él, todavía sonriendo con arrogancia.
-Me diste dos nalgadas -chillé, sintiendo cómo mi cara se volvía poco a poco roja.
-¿Y no te gustaron?
-¡Cullen!
Inflé mis mejillas y le observé con 'la mirada'. Él no se inmutó, en vez de eso, comenzó a reírse.
-No es gracioso -gruñí, queriendo de verdad pegarle.
-Sabes que sí -contradijo-. Vamos, Swan, te dejaré darme una nalgada en compensación.
-Fueron dos nalgadas -observé.
-Tks -me interrumpió, y me agarró las dos muñecas con una mano, mientras con la otra comenzaba a hacerme cosquillas. Chillé y me revolví, pero no lograba liberarme.
-¡Cullen, basta! ¡Por favor, para! -grité, riéndome y odiándole al mismo tiempo, y Lady comenzó a ladrar mucho más fuerte.
Al final, Edward se apiadó de mí y me soltó, levantándose del suelo y ayudándome a mí también. Nada más tener los dos pies bien asentados, le pegué un puñetazo en el brazo que sabía iba a dejarle un moretón.
-¡Auch! -exclamó él, frotándose el sitio dolorido-. ¡Era una nalgada, Swan, no un puñetazo!
-Eres estúpido -espeté, y me giré para ir a la cocina con la cabeza bien levantada.
En realidad no sabía por qué me había molestado tanto que me azotase. Una parte de mí lo había encontrado de lo más excitante, y había querido saltarle encima, pero para hacer otras cosas en vez de derribarle. La otra parte de mí... simplemente le daba la razón a la primera.
Me apoyé en la encimera central y respiré hondo. Sabía, sin necesidad de girarme, que Cullen me había seguido.
-Oye, lamento mucho haberte molestado, yo... -empezó a decir, pero me giré y le tapé la boca con la mano.
-Si continúas esa frase te arrancaré la lengua -le amenacé. Nos quedamos en silencio, mirándonos el uno al otro, hasta que sonreí. Aparté la mano y apoyé mi espalda contra la encimera.
-En fin, tenías razón -suspiró él, devolviéndome la sonrisa mientras se pasaba una mano por el pelo.
-Suelo tenerla, ¿sobre qué tema en particular en esta ocasión? -pregunté con fingida altanería. Cullen se rió entre dientes y apoyó las dos manos a cada lado de mi cuerpo, aprisionándome.
-Will es buena gente -contestó, bajando la cabeza y rozando mi mejilla con los labios.
-Te lo dije -susurré con voz entrecortada.
-Lo sé -musitó él contra mi piel.
Suspiré, y, con la poca fuerza de voluntad que me quedaba, apoyé las manos en su pecho y empujé, apartándole de mí. Él me miró con grandes ojos tristes y confusos, recordándome a Lady.
-Aún no -dije simplemente, y juraría que mi voz expresaba mucho más pesar que su rostro.
-De acuerdo -murmuró, bajando la cabeza.
Maldición. Dando un paso adelante, le abracé por la cintura con todas mis fuerzas. Él me devolvió el abrazo, pero de una forma un tanto rígida. Lo siento, quise decir. ¿Pero qué sentía?
Me separé de él y le dirigí una ligera sonrisa. Edward me apartó el pelo de la cara, poniéndolo detrás de mi oreja y suspiró.
-Voy a ver la televisión -declaró, dándome un beso en la frente, se giró para salir de la cocina-. Supongo que tendré que esperar -juraría que le oí mascullar por lo bajo.
Me quedé quieta, analizando lo que había dicho. Supongo que tendré que esperar. ¿Esperar a qué? Lo había dicho como si... simplemente quisiese cogerlo y listo. Como si algo le estuviese pesando y quisiese quitárselo de encima de una vez por todas. Mis mejillas se encendieron, mientras mi cuerpo se iba calentando a medida que mi enfado crecía.
¿Quién se creía que era? ¿Es que acaso simplemente quería acostarse conmigo? ¿Era por aquello por lo que llevaba tanto tiempo a mi lado? Quizá quisiese volver a su antigua vida llena de lujos, pero no sin antes llevarme a la cama. ¿Era aquello de lo que se trataba?
Sin llegar a pensarlo más, salí disparada hacia el salón. Si lo hubiese pensado un poco más, me habría dado cuenta de que aquel no era el Cullen que yo conocía. Que él no era así. Pero cada célula de mi cuerpo vibraba llena de ira, y no podía controlarme.
-¿A qué ha venido eso? -le grité, sobresaltándole y haciendo que casi cayese del sofá.
-¿Qué? -inquirió Edward, totalmente desconcertado. Apagó el televisor y se giró hacia mí.
-Supongo que tendré que esperar -hice una mala imitación de su voz, y el rostro de Cullen se volvió pálido-. ¿Qué querías decir con eso?
Esperé, respirando agitadamente mientras veía cómo buscaba algo que decir. Apreté los puños con fuerza, lista para pegarle en caso de que fuese necesario.
-Yo... -bien, él parecía un pez fuera del agua.
-Dime, Cullen, ¿qué significa eso? -dije con los dientes apretados-. ¡Vamos! ¡Responde!
Sin embargo, no contestó.
-¿Por qué estás enfadada? -preguntó, saliéndose del tema.
-¡Mierda, Cullen! ¡Respóndeme! -grité, y sentí cómo mis ojos empezaban a llenarse de lágrimas. Oh, no, no, no, no. Isabella Swan, tú no vas a llorar.
-¿Estás llorando? -preguntó Cullen, y su voz sonó estrangulada. Dio dos pasos hacia mí, y yo retrocedí, apretando con fuerza la mandíbula para mantener mis reacciones bajo control.
-No -gruñí.
-Oh, Bella, yo... -Edward suspiró, y me miró con miedo.
-¿Es que acaso sólo me quieres por sexo, Cullen? -le espeté, finalmente. En cuanto aquellas palabras salieron de mi boca, me sentí estúpida. Pero ya estaba dicho.
-¡No! -exclamó él, con los ojos bien abiertos. Parecía que eso era lo último que se esperaba-. ¡No! ¡Demonios! ¿Cómo puedes pensar eso?
-¡Es lo que dijiste! -chillé yo-. ¿Por qué dirías aquello sino?
Edward se rió sin gracia, y vi como sus ojos se oscurecían. Poco a poco, volvía a ser el engreído y estúpido Cullen que había sido en Forks.
-¿Sabes qué, Swan? Eres increíble -escupió él-. Todo este tiempo, y ¿piensas eso de mí?
Apreté con fuerza la mandíbula, sin contestar. Porque si lo hacía, me echaría a llorar.
-Créeme, si hubiese querido, ya te habría llevado a la cama -dijo con voz glacial-. Lo estás deseando, puedo verlo. No eres mejor que Tanya, después de todo.
Edward me dedicó una última mirada letal y se fue a la cocina. Yo seguía parada en mi sitio, sintiéndome estúpida, dolida, ofendida, y muy, muy cabreada. Ya no por su comentario dicho entre dientes; sabía que había sacado las cosas de quicio, y que Cullen, por muy asno que pudiera llegar a ser, no era de ése tipo de chicos. Estaba cabreada por cómo me había hablado, por lo que había dicho. Era mi culpa, y él tenía razón en enfadarse. Pero, aún así -y aunque sabía que era yo la que tenía que disculparse-, lo único que quería hacer era pegarle hasta dejarle inconsciente.
Caminé con grandes zancadas hasta la cocina. Edward estaba apoyado en la nevera, con la cabeza entre los brazos y los hombros hundidos.
Ni siquiera pensé en lo que hacía hasta que cogí una espátula y se la lancé a la cabeza. Le golpeó en la espalda, y él se giró con cara de asombro, viéndome cómo si fuese la primera vez.
-¡Cómo te atreves a compararme con la zorra de tu ex! -bramé, cogiendo un servilletero y lanzándoselo a la cabeza de nuevo. Él lo esquivo, pero por los pelos-. ¡Cómo te atreves! ¡Cómo te atreves! ¡Cómo te atreves! -chillaba sin parar, cogiendo lo primero que veía e intentando clavárselo en la nariz.
Cullen esquivaba todo lo que le lanzaba con maestría, medio en shock por la escena que estaba viviendo, hasta que me quedé sin munición. Avancé unos pasos y estaba a punto de pegarle un puñetazo que le rompería la nariz cuando él explotó.
-¡Estás chalada, Swan! -gritó, haciendo que parara en seco-. ¡Dios mío, estás mal de la cabeza! ¿Tú te ves? ¡No eres más que una psicópata!
Aquello me hirió en el alma. Sentí las lágrimas recorrer mis mejillas, pero Cullen no pareció inmutarse por eso. Sus ojos verdes ardían de ira y no distinguía al chico con el que había cantado horas antes.
-No me llames chalada -musité, intentando que mi voz no se quebrase, sin conseguirlo-. Siento haber pensado eso de ti -dije, rápidamente-, pero si me vuelves a llamar chalada, te juro, que no volverás a verme nunca más.
Edward resopló con fuerza, riéndose con burla.
-¡Vamos, Swan! Estás exagerando, siempre exageras -me miró desdeñoso, provocando un pinchazo en mi pecho.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza. Extendí el brazo, agarré mi vaso de agua que antes había dejado allí y lancé el contenido. Pude ver cómo el agua impactaba contra el rostro de Cullen, y mojaba su pelo y su camiseta.
Edward parpadeó un par de veces, sin reaccionar. Yo aguanté estoica, con la mandíbula apretada y mirándole con toda la furia que lograba mantener. Poco a poco, su cara se iba transformando desde el más absoluto asombro a convertirse en una máscara de ira.
-¡Eres...!
-¡Vamos! -le interrumpí, gritando. Estrellé el vaso contra la encimera, sintiendo cómo más lágrimas caían de mis ojos, pero no las limpié-. ¡Dilo! ¡En voz alta! -bramé furiosa.
Cullen me fulminó con la mirada, pero no contestó. Pasaron unos segundos que se me hicieron eternos, antes de que se girara y se dirigiera a la puerta trasera de la cocina, saliendo al jardín.
Limpié las lágrimas con mis manos, rápidamente, queriendo que pararan de caer. Mi corazón pareció romperse cuando la puerta se cerró con fuerza. Sentía cómo empezaba a hiperventilar, acelerando mi respiración. ¿Era posible que estuviese teniendo un ataque de pánico? Porque en cuanto la realidad cayó sobre mí, no pude controlarme.
-¡Cullen! -chillé, e incluso yo pude notar el timbre de miedo que teñía mi voz. Miedo de perderle.
Corrí hacia la puerta, sin importarme lo que él hubiese dicho. Sólo quería abrazarle. Y entonces cuando la abrí y salí a fuera choqué de lleno contra su espalda. Me agarré al marco antes de caer y me enderecé.
-¿Qué mier...?
Corté de golpe la frase al escuchar un gruñido gutural y persistente que me heló la sangre. Me puse al lado de Cullen, que cómo pude comprobar de reojo, estaba pálido al igual que un fantasma. Sin embargo, lo que reclamaba mi atención era un enorme Dóberman negro azabache que nos miraba a los dos fijamente y nos enseñaba los dientes.
En su collar rezaba 'Henry'.
-Jodida mierda -susurré, paralizada.
De todas las maneras en las que habría imaginado morir, nunca se me habría ocurrido que sería así. Es decir, ¿comida por un perro? Eso no era para nada poético.
Y entonces Cullen rompió aquel tenso y prolongado silencio.
-¡Corre! -gritó, agarrándome con fuerza por el brazo y tirando de mí hacia atrás.
Y Henry saltó hacia delante.
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*A petición de Ysliomir , a partir de ahora pondré las canciones traducidas, ¿qué les parece?
**Cupcakes: es una pequeña tarta para una persona, frecuentemente cocinada en un molde similar al empleado para hacer magdalenas o muffins.
¡Sorpresa! :D ¡Hola, hola! ¿Me echaron de menos? Jajaja, lamento mucho muchísimo el retraso. El instituto me absorbe y casi no puedo ni escribir. Saqué este cap después de mucho esfuerzo y de insistir. Actualizo ahora ya que voy a tener las semanas siguientes llenas de exámenes y no creo que pueda volver a actualizar hasta Navidades :( Iba a hacer este capítulo más largo, pero me convence más dejarlo así y resolver todo de un plumazo en el siguiente.
Y ahora pequeñas notas importantes:
-Como ya dije antes, a petición de Ysliomir voy a empezar a poner la traducción de las canciones. Díganme qué les parece la idea :)
-Muy importante: Le di permiso a Leona-rebelde para publicar 'Unstoppable' en su blog. El link está en mi profile, ¡pasaros por allí! :D
-Puse imágenes de Lady y de la casa de Will y Amanda en mi Twitter, para quién quiera verlas.
Y creo que ya nada más que anunciar. Por supuesto, mil gracias a todas por dejarme review :3 Sin vosotras, ¡No sería nada! Ahora respondo a unas cuantas dudas:
Primera: Como bien se puede ver en este capítulo, Will y Amanda no son malos. No va a pasar nada malo con ellos, simplemente son dos señores muy amables y cariñosos que los van a acoger en su casa.
TenebraeCullen: El tatto de Bella, el que no es de Henna, se dice en el capítulo 14 (Chapter 15 según ff) :)
veroc: El mirón no vuelve a aparecer, sinceramente, fue una manera mía de decir que, después de ese 'día llorón de Bella', seguía siendo la misma de siempre, con mal genio y que puede enfrentarse a cualquiera que se le cruce. Y tu teoría... no va para nada desencaminada ;) Ya se explicará más adelante, pero ya voy dejando varias pistas y reacciones de Edward, sólo hay que fijarse en él. Mil gracias :)
Nessie: Es genial saber que tengo lectoras fantasma, y que siguen desde el principio y aman esta historia :)¡ Mil gracias por tu review, me ha sacado una gran sonrisa!
yolabertay: La expresión de'Caca de vaca' sale simplemente de que Bella al principio, cuando conoció a Rose y a Jasper, ella era una buena niña y nunca antes había dicho una mala palabra. Entonces, en vez de decir 'mierda' o 'joder' (como dice ahora) decía 'caca de vaca' como una expresión para maldecir pero sin sonar tan fuerte como las otras. Y de vez en cuando la dice, porque se le escapa.
Mil gracias también a las demás que dejaron review :) Me encantaron los reviews de este último cap, fueron realmente emotivos y me sacan una sonrisa cada vez que los leo.
Y también, gracias a mi querida beta, que me corrige y aguanta mis frustraciones al irse mi inspiración, y por estar siempre ahí. :)
Y respondiendo también a todas sus dudas: No voy a dejar de escribir 'Unstoppable'. Sé que tardo en actualizar, pero la historia continúa, nunca duden eso. :)
Sin más, me despido, hasta el próximo cap.
Besos,
JC.
