Summary: Kuchiki Rukia ha vivido hasta ahora una historia bastante trágica, ha perdido a numerosos seres queridos y se ha visto privada de la compañía de su hermana Senna. Ahora tendrá la oportunidad de encontrarla pero ella no estará sola, estará acompañada de sus mayores enemigos. Kuchiki Rukia luchará con todas sus fuerzas contra éstos enemigos de su familia pero también luchará contra su propio corazón ¿Ganará la partida?
Disclaimer: "Bleach" no me pertenece, tampoco sus personajes, son propiedad de Tite Kubo; solo soy poseedora de esta historia alternativa.
Aclaraciones:
Diálogos: —
Flashbacks: Título en negrita
Pensamientos: "pensamiento"
Parte de algún escrito en particular: "Escrito"
Cambio de escena: Raya divisoria (_)
Capítulo XX
Un nuevo día se levantaba en Tokio, dejando que los rayos del sol despertaran a los aún durmientes ciudadanos. Rukia sintió los rayos del sol en su rostro. Trató de cerrar más los ojos para que la luz no le impidiera seguir durmiendo pero no pudo. Abrió los ojos pesadamente para luego sobárselos con parsimonia. Grande fue su sorpresa al estudiar en cuarto en el que estaba, miró por todos lados sin entender en dónde se encontraba. La habitación tenía las paredes pintadas de color crema, casi blanco. Las ventas estaban adornadas de cortinales color vino y blanco que dejaban que la luz ingresara levemente. Al lado de la ventana había una silla de diseño europeo antiguo y al lado de ésta había un mesa del mismo diseño con una lámpara sobre ella. Dejó la cama y se puso de pie notando que tenía la misma ropa de ayer. Caminó por la habitación, deteniéndose al lado de la silla en donde había una bolsa con una nota encima. Desdobló la nota y leyó.
"Enana:
Te quedaste dormida ayer en la cocina así que te traje a mi habitación. Antes de ir de nuevo hasta el hospital fui a tu casa. Ahí le pedí a una buena señorita llamada Sophie que preparara una muda de ropa para ti. Está dentro de la bolsa. Puedes quedarte todo el tiempo que quieras.
P.D: Gracias por cocinarles a mis hermanas ayer."
No pudo evitar sonreír luego de leer aquello, sí que era un idiota detallista. Luego de un segundo su sonrisa se borró al recordar algo que la dejó totalmente roja. No sabía si lo soñó o no pero a su mente fueron evocadas la imagen de Ichigo sin camisa y en toalla. Se llevó la mano a la cara, tratando de hacer pasar el sonrojo pero era imposible porque no pudo evitar decirse "Se veía atractivo". Se dio un golpe mental y fue corriendo hasta el baño.
Luego de ducharse con agua tan caliente que dejó su piel roja como un tomate tomó la toalla para de nueva cuenta eludir sus pensamientos. Fue hasta la habitación contigua y tomó sus prendas para luego vestirse a toda prisa.
Ese día debía ir a la universidad a presentar el guión de su tesis pero concluyó en que simplemente se lo daría a Urahara porque hoy no podía pensar en nada más que no fuera Senna.
Tomó su bolso y caminó hacia la sala del departamento. Escuchó el ruido de la televisión así que fue a la cocina. Allí se encontró a los cuatro habitantes nuevos con comida lista.
— Buenos días, Rukia-san ¿Quieres desayunar? —le preguntó Yuzu sirviendo en un plato los huevos revueltos.
— Se ve delicioso pero debo irme. Tenía que ir a dejar unos papeles pero creo que no lo haré. Gracias por todo y perdonen la intromisión.
Todos la vieron alejarse para que luego Karin sonriera pensando "¿Qué no salió de la habitación de Ichi-nii? Interesante".
Rukia por su parte fue hasta el aparcamiento para luego subir a su Bentley blanco. Luego de unos minutos ya se encontraba en las calles. Fue hasta La Sociedad de Almas y le dejó su proyecto a Kisuke pidiendo que lo revisara. Luego de ahí fue directamente hacia el hospital. Caminó hasta la sala que debía corresponder a Senna y cuando dobló en la esquina del pasillo se quedó de piedra pensando en correr de ahí, pero era demasiado tarde. Ahí estaban Ulquiorra, Aizen, ese hombre de pelo negro (Nnoitra) y el peliceleste. Ichigo, que estaba sirviéndose agua casi la tira al ver al Rukia. Al notar su expresión todos se giran, encontrando a la mayor de las Kuchiki ahí parada.
Ésta adoptó la actitud digna que portaba para enfrentar a personas que no le agradaban. Caminó a paso lento pero sumamente elegante hasta ellos.
— Pero si es mi sobrina. —Expresó Aizen interceptándola en su recorrido hacia la habitación—. ¿Qué te trae por aquí, Rukia?
La joven le dedicó una mirada burlona a su tío para luego escupir con ponzoña:
— No se preocupe tío, no vine a verlo a usted sino a Senna.
— Eso es lo que me preocupa ¿Quieren hacerle más daño? Dime ¿Qué mentira inventarás ahora?
Rukia rió sonoramente como si le hubieran contado el mejor chiste de la historia.
— No tío, decir mentiras es su trabajo no el mío. Así que no se preocupe, no le quitaré el mérito a todo el trabajo que ha hecho durante todos estos años envenenando la mente de Senna. —sonrió para ir hacia la puerta pero Aizen la detuvo agarrándola fuertemente del brazo. Ulquiorra e Ichigo casi se le abalanzan encima pero se contuvieron.
— Escúchame bien, mocosa. No dejaré que entres a verla. Yo decido quién la ve y quién no.
— Jah, lo siento tío pero usted no decide eso. Le daré un consejo, vaya a llamar a seguridad y trate de quitarme. Verá, yo soy su hermana ¿A quién le creerán? ¿A mí o a usted? Otra cosa... —se deshizo del agarre con un violento movimiento—. No se equivoque porque yo no voy a dejar que me amedrente porque sí. Usted puede tener la astucia de los Kuchiki pero créame que yo tengo el mal humor. No conviene un choque entre los dos ¿No cree, tío?
Luego de decir esto y ver que Aizen simplemente la miraba con odio ingresó al cuarto sin más miramientos, dejando a Ichigo y a Ulquiorra sonrientes.
Rukia entró a la habitación encontrado a Senna despierta. La aludida se giró para observar a la recién llegada.
— Rukia. —llamó.
La mayor de las Kuchiki no dijo nada, solo se sentó a su lado en la cama.
— ¿Qué tal estás? —le preguntó.
— Bien, pero necesito que me hagas un favor. Quiero que vayas a casa de Aizen y busque s las cartas de papá.
Rukia abrió los ojos en grande por la petición, ir a casa de Aizen... Senna obviamente estaba pretendiendo que ella se metiera a escondidas.
— ¿Quieres que me meta a escondidas?
— Por favor, yo de verdad necesito saber. Envíale un mensaje a Ichigo y dile que vaya contigo. Si encontramos esas cartas... Yo ya he tomado una decisión.
Rukia la vio tan decidida que no pudo negarse. Tomó su móvil y escribió el mensaje que enviaría.
— Ya está ¿Qué piensas hacer? —preguntó de nuevo con los ojos puestos sobre su hermana.
— Ya verás. Ahora vete y espéralo. Ichigo sabe en donde es, solo una cosa más. Pueden entrar sin que nadie los vea por el sótano, hay una ventanilla que está sellada, si quitan el sello podrán inmiscuirse sin que los vean al interior de la casa.
— Bien. —Se puso de pie y fue hacia la puerta—. Hazte de la dormida mientras me voy, asiente a todo lo que te digan porque peleé con Aizen al entrar y estará como león enjaulado.
Senna asintió para luego de despedirse con la mano, acomodarse entre las colchas de nuevo. Rukia tomó el pomo de la puerta y lo giró para minutos después salir. Aizen levantó la mirada al verla.
— Más te vale que no la hayas alterado.
Rukia simplemente le sonrió para luego caminar hasta el final del pasillo y desaparecer, su revancha la tendría luego. Aizen entró a la habitación de Senna como alma que lleva el diablo, pero al encontrarla dormida sonrió sentándose a su lado.
— Voy a cambiarme y a trabajar. Luego vengo. —dijo Ichigo sin recibir respuesta de nadie.
En la recepción del hospital se encontró con Rukia que lo estaba esperando.
— ¿Qué es lo que traman ustedes dos?
— Senna quiere las cartas así que nos meteremos a la cueva del lobo con sigilo.
Al ver a Rukia sonreír con malicia Ichigo no pudo más que imitarla. Ambos subieron a sus respectivos autos, claro que precedidos por Ichigo que conocía el camino.
Una vez frente a la mansión rondaron la casa por unos segundos para luego estacionar un poco alejados de ella. Rukia tomó su celular que estaba omitiendo el molesto timbrecillo de llamada entrante y atendió.
— ¿Cómo vamos a entrar? —le preguntó Ichigo del otro lado.
— Senna dice que hay una ventanilla que lleva al sótano y que si le quitamos el sello podremos entrar.
— Es cierto pero cómo le quitamos el sello... —se quedaron en silencio por unos segundos—. Ya sé cómo, vamos. -luego de decir esto colgó.
Minutos después se encontraban en la parte trasera de la mansión. Cabe resaltar que solo la parte delantera contaba con guardias ya que la trasera tenía un cercado eléctrico que la protegía.
—Genial ¿Y ahora cómo pasamos la cerca? —preguntó Rukia estudiando el panorama.
— Podemos subirnos a ese roble ¿Ves? Su rama perfectamente pasa la cerca eléctrica. Al llegar al extremo saltas y listo.
— ¿Y listo? ¿Qué pasa si me rompo una pierna al saltar? La rama no se ve muy baja que digamos.
— ¿Tienes miedo princesa? —habló Ichigo con tono competidor.
— Jah, ya quisieras. Solo no me llores cuando te rompas la pierna.
Luego de decir eso fue hasta el roble y lo escaló con maestría. Era una suerte que llevara puestos un par de tenis. Se deslizó por la rama con mucho cuidado para llegar hasta al extremo. Al llegar el momento de saltar le entró el miedo, se viró hacia su compañero que esbozó una sonrisa socarrona. Al instante, incapaz de verse en ridículo, movió los labios diciendo "Nos vemos en el infierno" a su amigo y se tiró, cayendo perfectamente de pie.
Ichigo le sonrió para luego seguir el mismo procedimiento, claro que más veloz. Una vez dentro del jardín caminaron con sigilo hacia los arbustos para esconderse tras ellos.
— ¿En dónde está la ventanilla? —preguntó Rukia en un susurro.
— Más adelante, sígueme.
Así lo hizo Rukia para luego tener que arrastrarse por el césped para que no los vieran por las ventanas. Una vez llegaron a su objetivo observaron con cuidado a la ventanilla. Estaba sellada con una especie de pegamento.
— ¿Cómo vamos a abrir?
— Pues el pegamento se debilita con el calor pero no creo que tengamos mucho tiempo así que... —sacó de uno de sus bolsillos un destornillador.
— ¿En dónde demonios conseguiste eso? —preguntó Rukia entre risas.
— Un hombre siempre tiene uno.
Rukia lo observó seria para luego explotar de la risa por lo dicho por el joven. Éste lo ignoró con su orgullo lastimado. Empezó a aflojar las bisagras hasta que las sacó totalmente, ahora lo único que mantenía a la ventanilla en su lugar era el pegamento. Se sentó y con las piernas empezó a patear la ventanilla notando de inmediato que se aflojaba.
— ¡Se afloja! —comunicó.
— Que bien pero aún así haces mucho ruido.
Unas paladas más y la ventanilla cayó, el problema es que lo hizo ruidosamente y las personas de dentro empezaron a inquietarse, caminando a todos lados buscando la fuente de aquel ruido. Ichigo se lanzó por el agujero de la ventanilla sin importarle romperse la cabeza al caer. Rukia lo imitó, cerrando los ojos para luego lanzarse con todo el miedo encima. La cosa es que cayó sobre algo blando y no se lastimó en lo más mínimo.
— ¡Estoy viva! —celebró en un susurro.
— Claro si caíste encima mío. Bájate que hay que cerrar la ventanilla.
Rukia se quitó de encima al instante. Ichigo se levantó y fue hasta el hueco que habían dejado, tomó la rejilla de la pequeña ventana y ocupó una vieja silla para lograr colocarla de nuevo.
— Ven a acá princesa. —exigió para luego apretar a Rukia contra la pared, en un oscuro rincón de ese lugar. Arriba escucharon voces que preguntaban qué había sido eso.
Rukia por su parte estaba hipnotizada por la cercanía de Ichigo, su aliento caliente acariciaba su cuello. No pudo evitar recordar el beso y esa imagen que no sabía si era verdadera o una simple invención de su cabeza, la imagen de Ichigo semidesnudo. No pudo evitar que la sangre se le subiera al rostro. Inconscientemente se iba acercando a los labios de Ichigo que parecía no notar aquello por estar muy atento a las personas alborotadas. Justo en el momento en que iba a besarlo él se alejó.
— Bien, princesa ahora hay que buscar.
Rukia se despabiló para luego darse un golpe mental ¿En qué demonios estaba pensando? Ignoró sus pensamientos para de nueva cuenta caminar hacia el pelinaranja. Ya con un atisbo de luz que entraba de la ventanilla pudieron ver el lugar. Había grandes estantes con diversas cajas en ellos. Los estantes estaban distribuidos en filas, uno al lado del otro así como también uno detrás de otro dejando un pasillo accesible para la libre movilidad.
— Empezamos ahora. Busca lo más rápido posible, Rukia.
Ambos asintieron para ir hacia los estantes. Afortunadamente estos tenían etiquetas que decían de qué eran. En una caja decía "Juguetes de Senna". Rukia no pudo evitar revisar esa caja. Ahí había un piano de juguete, unas pelotas un poco desinfladas, muñecas y un cuaderno de dibujos. Sonrió con añoranza para luego colocarlo todo en su lugar. Nuevamente repasó los estantes, encontró cajas que decían "cosas de la Universidad", "Cosas de Soi Fong" y "Álbumes familiares", simplemente ignoró aquello no necesitaba ver cosas de su mamá ni cosas del pasado. Caminó más y encontró simples chucherías hasta que vio un libro que llamó su atención. Lo tomó y lo ojeó, era un libro de física. Sin darse cuenta echó al piso un papel, al percatarse se agachó para alzarlo. Lo estudió mejor y dio con algo bastante interesante, era una foto de Aizen y un hombre, dio la vuelta la foto y atrás de la imagen tenía escrito "Yo y Kaname Tôsen".
— Ichigo. —llamó.
— ¿Qué? —preguntó en un susurro.
— Encontré una foto de Aizen y el tal Kaname. Indudablemente era él quien los estaba traicionando.
— ¡Qué! Déjame ver. —dijo desde algún punto—. ¿En dónde demonios estás?
Rukia rodó los ojos para luego seguir su voz, en segundos lo encontró.
— No eres bueno con los rastreos. Como sea, mira. —le tendió la foto.
— Yo y Kaname Tôsen. —Leyó en voz alta—. Ambos se veían bastante jóvenes aquí, seguro estaban en la universidad.
— De hecho lo encontré en un libro de física.
— Bien, sigamos. —dijo guardando la foto en el bolsillo delantero de su pantalón.
Rukia caminó tras él estudiando los estantes, hasta pensar en un pequeño detalle.
— ¿Sabes? Si yo fuera él y no quisiera que alguien encontrara algo que estoy escondiendo creo que lo metería en un cofre y éste lo escondería una especie de agujero. —expuso pensativa, sin prestar mayor atención a lo que decía.
— ¿Un hoyo como este? —dijo Ichigo de la nada.
Rukia fue hacia él. Estaba arrodillado con la cabeza bajo uno de los estantes. Ella lo imitó y definitivamente, ahí vio un hoyo de gran tamaño que parecía tapado con una tabla de madera.
— ¿Sacamos la tabla? —preguntó Ichigo mirándola.
— Obviamente.
Así lo hicieron, para que después Ichigo tratara de meter la mano sin éxito.
— El espacio es muy pequeño. —Luego decir eso estudió a Rukia—. Métete tú.
— ¿Q-Qué? ¿Estás loco? Qué pasa si encuentro algún cadáver, ni de broma.
— De las cartas depende que Senna vuelva a ustedes. —dijo con una disimulada sonrisa.
— Tsk, está bien.
Al instante se arrastró para entrar bajo el estante. Sacó la tabla y metió la mano con mucho cuidado. El hoyo ni era profundo así que al instante sus manos chocaron con un metal frío.
— Encontré algo.
Lo sacó con un poco de dificultad para que luego un tic hiciera presencia en su ojo derecho. Salió de abajo del estante con el objeto en sus manos.
— ¿Un cofre? Guau eso demuestra que te pareces a Aizen enana. —bromeó Ichigo.
— Cállate. —contestó Rukia para luego abrir el dichoso cofre.
En él había cientos de cartas acomodadas sigilosamente. Los ojos de ambos brillaron ante el descubrimiento. Se miraron y sonrieron. Ichigo tomó una para luego decir.
— Las encontramos.
Ambos se miraron sonrientes, festejando el hallazgo que hicieron, pero luego de unos segundos se dieron cuenta de la situación en la que se encontraban. Se despabilaron y caminaron de nuevo hacia la ventana que minutos antes habían destrozado.
— ¿Cómo se supone que subamos? Además, ahora con el cofre se hará el doble de difícil. —expuso Rukia tratando de encontrar una forma de salir.
Ichigo estudió su alrededor hasta llegar a una conclusión, debían ser veloces y silenciosos para llevarlo a cabo y salir de ahí victoriosos.
— Sube a mis hombros, princesa. Luego de que subas lo haré yo, claro que con tu ayuda.
— Pero… —iba a replicar pero calló, era cierto, no había otra forma de salir de ahí.
Ichigo se arrodilló en el piso para que Rukia subiera a sus hombros. Claro que ésta tenía la idea de sentarse y lo iba a hacer pero él la detuvo.
— ¿Qué haces, Rukia? Tienes que pararte, no vas a alcanzar la ventana sentada.
— ¿Qué estás insinuando?
— No estoy insinuando nada, te estoy diciendo que eres muy enana. —dijo riendo.
Ella refunfuñó pero cumplió con su demanda a la larga. Subió a sus hombros apenas logrando equilibrarse con el cofre bajo un brazo. Ichigo se puso de pie, atajando los tobillos de la azabache con ambas manos.
— ¿Q-Qué vas a hacer? La silla no va a aguantar nuestro peso. —se quejó con miedo al ver que Ichigo planeaba subir a la silla que había encontrado minutos después.
— Relájate. —tranquilizó este subiéndose sobre ella—. La silla es de metal puro, no se romperá.
Rukia respiró hondo para luego concentrarse en mantener el equilibrio. Minutos después estaba bastante cerca de la ventana. Estiró un poco el cuerpo y la abrió luego de buscar con la vista a alguien que pudiera verlos. Al ver que el caminó estaba libre, se estiró más dejando el cofre afuera para luego ella estirarse con ayuda de sus brazos y lograr subir, se arrastró hasta lograr quitar completamente el cuerpo.
— Ya salí. —avisó a su amigo.
— Bien, ahora necesito que me ayudes a subir. Toma mis brazos.
Rukia los tomó pero casi se le caen los brazos al suelo por el esfuerzo que estaba haciendo, tuvo que hacer un esfuerzo extra con las piernas para lograr subirlo.
— ¡Demonios, Ichigo! Sí que estás pesadito, hazme el favor de hacer dieta ¿Quieres? —reprendió ya con la mitad del cuerpo de Ichigo fuera de la ventanilla.
Él no respondió, solo rió como un niño metido en problemas. Una vez con el cuerpo afuera cerró de nuevo la ventanilla para correr junto con Rukia hacia el árbol que había usado para entrar anteriormente. Subieron a la rama sin muchos problemas y bajaron al otro lado cantando victoria. Habían conseguido la carta de triunfo.
Ya en el hospital corrieron como si su vida dependiera de ellos hasta recordar un detalle, probablemente Aizen y los demás guardianes aún se encontraban ahí. Fueron con más cuidado para no encontrar a nadie, solo Kurotsuchi que les sonrió, cosa rara en él, al verlos.
— ¿Qué traen ahí? —preguntó al ver el cofre.
— Ya verás. —contestó Ichigo para luego entrar al cuarto de Senna.
Esta estaba muy ansiosa. Esa mañana le había dado de alta y ahora ya estaba vestida. Al verlos ingresar casi corrió hacia ellos.
— Senna, no corras que aún estás débil. —reprendió Kurotsuchi.
Ella chasqueó la lengua para luego fijar su atención en los recién llegados. Éstos le tendieron el cofre sin decir más. Ella lo tomó entre sus temblorosas manos para luego abrirlo. En él encontró infinidad de cartas que tenían como Destinatario a Kuchiki Senna y como remitente a Kuchiki Byakuya. Ahí supo que todo lo que le había dicho su padre era verdad.
— Paguen la cuenta, yo necesito hacer algo.
Senna caminó hacia la puerta con el cofre bajo el brazo, tomó su bolso y fue hacia afuera. Rukia e Ichigo iban a ir tras ella pero el mayor los detuvo.
— Déjenla, ella debe enfrentar a Aizen. No deberían preocuparse. Kurosaki, tú más que nadie sabe que hay tres personas que no permitirán que Aizen le haga nada mal, tres personas además de ti y de mí, claro.
Sigamos a Senna que fue hacia su auto (En el cual la habían traído al hospital luego de que se desmayara ya que Ichigo había usado anteriormente el automóvil de Ishida) en el estacionamiento del hospital y lo condujo rápidamente hacia la oficina de Hueco Mundo en donde sabía estaría Aizen.
En unos minutos más llegó hasta ahí. Con paso ligero salió del auto para luego caminar hacia la entrada del edificio. Se preguntarán ¿Cómo es que no estaba molesta con el carácter que generalmente demostraba? Esta vez es diferente porque ahora ya no se siente sola y en todo ese tiempo en el hospital pudo tomar una decisión. Era hora de poner las cosas claras, ya no aceptaría mentiras de su tío.
Caminó pues hacia las puertas que se abrieron al instante dejándola ingresar. La recepcionista del lugar, al verla entrar, se levantó de su lugar y le hizo una profunda reverencia.
— Buenos Días, Señorita Senna. —dijo la mujer recibiendo solo un saludo con la cabeza de parte de la recién llegada.
Senna caminó hasta el elevador para ir hacia la oficina principal. Había escuchado de su tío que ese día tendrían una junta, mejor aún porque todos los traidores estarían concentrados en un mismo punto.
Al llegar al piso que correspondía a la oficina caminó con premura. La secretaria de Ulquiorra la vio llegar y rápidamente caminó hacia ella.
— Senna-sama ¿Qué la trae por aquí? —Dijo la joven caminando tras ella pero al no recibir respuesta y ver que iba a entrar a la sala de juntas se desesperó por alcanzarla—. No puede entrar ahí, están en una junta muy importante.
La menor de las Kuchiki no la escuchó, simplemente ingresó abriendo las puertas como una tormenta. Todos los ahí presentes la observaron con sorpresa. Ahí se encontraban Nnoitra, Grimmjow, Ulquiorra y Aizen, con los lugares vacíos de Ichigo y Kurotsuchi.
— Aizen-sama, le dije que no podía ingresar pero no me hizo caso. —denunció la secretaria asustada.
— Vete. —ordenó Senna sin siquiera mirarla.
La secretaria totalmente asustada hizo una reverencia para luego salir del lugar lo más rápido posible.
— Senna… ¿Qué haces aquí? Creí que… —Aizen se interrumpió al verla avanzar.
Senna los miró a todos los presentes con odio, incluso a Grimmjow que vio esa furia en sus ojos y por primera vez en mucho tiempo se sintió cohibido. Se viró hacia Aizen quedándose de pie frente a él.
— Tío, usted sí que sabe actuar. Bueno, creo que usted y mi madre hacen el complemento perfecto, al igual que todos ustedes, hipócritas. —escupió Senna.
— Senna de qué hablas. No puedes dirigirte a mí así, yo que te he cuidado todo este tiempo. —dijo Aizen con la voz dolida.
— ¿En serio? ¿Me has cuidado? ¿Y cómo lo has hecho, tío Sosûke? Sí, ya lo imagino… Escondiéndome éstas y mintiéndome —gritó abriendo el cofre para lanzarle las cartas a su tío que abrió los ojos como platos.
— ¿En dónde…? —Aizen había perdido el control sobre su cerebro y había preguntado eso sin pensar, se interrumpió al darse cuenta de que diría "¿En dónde las encontraste?"
— ¿En dónde las encontré? No lo sé ¿En dónde las escondías? —increpó totalmente molesta.
Notas de la Autora:
Senna se enteró de la verdad ¿Qué ocurrirá ahora? Me encantó escribir sobre la súper misión suicida de Ichigo y Rukia, fue divertido. No sé si se dan cuenta de que Rukia está empezando a sentir algo por el cabeza de zanahoria kufufufufufu. Gracias por leer como siempre y dejar sus reviews :D
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"Oh, todos soñamos que volamos por los cielos con los ojos abiertos." (Shiba Kūkaku"
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¿Algún review?
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—Saya Christopher—
