CAPITULO 20

-¡Ring ring! ¡Ring ring!

Rukawa se removió en su cama, molesto con el irritante sonido de la alarma. Por fin había llegado el día de su regreso a las monótonas clases de Shohoku después de su convocatoria con la Selección. Se levantó y se dirigió al lavabo para darse una rápida ducha.

Ahora que lo pienso, hoy empezamos un nuevo trimestre. Espero que las clases no sean demasiado duras, las notas ya me van lo suficientemente mal, meditó en la ducha.

Una vez vestido y desayunado, se despidió de su madrastra y se montó en la bici que usaba habitualmente para dirigirse al instituto. Le había pillado el gusto a ir en bicicleta desde los doce años, cuando descubrió que montar en bicicleta le resultaba relajante e incluso terapéutico.

Por fin se acerca lo interesante.


Como siempre hacían desde que se conocían, Haruko, Fuji y Matsui, se reunieron dos calles antes de llegar a Shohoku, frente a una tienda de ropa que a esas horas aún no iniciaba su día. Haruko se mostraba alegre y cordial, el ánimo de Matsui era más tranquilo y aburrido mientras que Fuji siempre había sido callada y tímida. Todas extendieron sus manos para saludarse.

Ahora que Haruko era ayudante de Ayako, no existía para ella otro tema que no fuera el baloncesto, cuya terminología sus amigas comenzaban a entender. Por iniciativa de Haruko ambas comenzaron a acompañarla en sus entrenamientos matutinos como una simple forma de pasar el tiempo.

-Sigo sin entender como no dejas que Yohei te acompañe de casa al instituto y a la inversa – comentó Matsui mientras se acercaban a las puertas de Shohoku.

-No sé… tampoco creo que haga falta que estemos todo el tiempo juntos, él también sale muy a menudo con los chicos – contestó Haruko, en un tono poco convincente. En realidad ambos habían acordado ser discretos en el instituto, ahora que Hanamichi volvía a las clases de nuevo.

-¿Cómo se ha tomado lo vuestro Sakuragi-kun? – le interrumpió Fuji, provocando un leve rubor en Haruko.

-Pues no lo sé… no hablo con él desde el viaje a las aguas termales…

Sus otras dos amigas se miraron entre ellas pero no comentaron nada más.


Kenji Fujima caminaba a paso tranquilo y seguro, al tiempo que procesaba a una considerable velocidad, todos los datos que su libro entregaba. No necesitaba mirar el camino, lo conocía de memoria.

Como muchos a su edad había ingresado sin problemas a la universidad de Kanagawa, aunque se había esperado a después del invierno. Ahora, Kenji Fujima era consciente de sus capacidades deportivas y realista en cuanto a lo que pudiera lograr con ellas. Japón a un nivel profesional, no era un país ávido de baloncesto, solo en los institutos e universidades era un deporte popular, aunque no tanto como el baseball o el futbol. Su sueño de ganar el Campeonato Nacional, se vio duramente truncado durante sus tres años de preparatoria, lo que sin poder evitarlo, le llenaba de una gran frustración.

Aquella frustración pronto se convirtió en deseos de reiniciar todo y de hacer cambios drásticos en el manejo de Shoyo, lo que le llevó a ofrecerse como el entrenador del equipo, algo con lo que realmente disfrutaba y que lograba hacerle perder el sueño.

Irónicamente se había vuelto suplente en la universidad, debido a su estatura, modales y educación, lo tomaron por un simple novato tanto el entrenador como los jugadores, aunque era cierto que había notado que el nivel en la universidad aumentaba considerablemente, volviéndose extenuante aun para los físicos acostumbrados al deporte como el suyo. De todas maneras, sorteo con éxito las pruebas que los universitarios le obligaran a realizar, se impuso sobre ellos y estos viéndose superados por un "novato", prefirieron dejarle de lado, por no hablar de que la elegancia del muchacho los irritaba profundamente. Él entendía todo eso y admitía que era algo infantil, pero qué más daba. A toda esa situación, le daba la misma importancia a la que en aquel segundo le daba a caminar.

Suerte diferente corrían Hanagata y Akagi, con quienes también compartía equipo. Hanagata tenía una gran altura y un carácter muy duro, a pesar de lo que pudiese parecer desde fuera, por lo que poco a poco se estaba haciendo un hueco en la rotación y ganándose el afecto de sus compañeros.

Y Akagi era sin duda, el que se encontraba en mejor posición de los tres. También se había incorporado después del invierno, pero todo el mundo en la Universidad estatal de Kanagawa era consciente de su enorme potencial y talento. Había sido convocado por la Selección Nacional y era un secreto a voces que había estado a punto de fichar por la Shintai, la universidad japonesa con mejor equipo de baloncesto. Todo eso le permitió ganarse el puesto de titular por delante de los veteranos, que tenían que aceptar a regañadientes que aquel novato les superase.

Quizás el karma sí exista, pensó sarcástico Fujima. Akagi, que hasta su último año de instituto sufrió fracasos estrepitosos, ahora ha logrado alzarse por encima de mí y de Toru. Aun así, se lo merece. No he visto a otro hombre que ame más el baloncesto que él.

Mientras cavilaba sobre todos aquellos asuntos, caminaba hacia Shoyo, a conocer el nuevo equipo que él dirigiría.


Hanamichi recorrió las afueras de Shohoku sin ningunas ganas de entrar.

Había un motivo por el cual no quería entrar, un motivo del cual era plenamente consciente; Haruko. Sin saber por qué, se le vinieron a la mente los recuerdos de los avances que había hecho con ella durante sus meses de rehabilitación.

Se enviaron muchas cartas durante aquella etapa, pero todas y cada una de ellas, le daban a entender la tranquila cordialidad y amistad que la chica le ofrecía y en sus días más decaídos, esa idea le atizaba con la molestia de la burla. Finalmente se le dio el alta.

Regresó a Shohoku, notó la confianza de todos los miembros del equipo en su recuperación y comenzó a animarse de nuevo para luego recibir otro terremoto emocional. Finalmente le confesó a Haruko sus sentimientos, ella quedó en shock y entre todo aquel tsunami apareció Yoko como un bálsamo para sus heridas. Más adelante volvió a caer en la irresistible tentación que era para él la pequeña Akagi e incluso llegaron a perder la virginidad juntos. Después vuelta a la fría educación mientras tenía que cargar con el peso de la culpabilidad respecto a Yoko. Y para rematarle del todo, su mejor amigo, aquel que había estado con él en todas sus penurias, le confesaba que también estaba enamorado de Haruko.

No había vuelto a hablar con él desde su marcha a Tokio, pero imaginaba que ya se habría confesado a Haruko. ¿Cuál habría sido la respuesta de la chica?

-¡Eh, Sakuragi! ¿Qué haces ahí plantado? – le interrumpió la voz de Mitsui, que también llegaba al instituto.

-Micchi - pronunció Hanamichi mientras veía como el más mayor se acercaba. – Es que… no tengo ganas de ir a clase hoy…

Hisashi no dijo nada, pero al llegar a su lado se paró y le dio una colleja.

-Entra a clase, idiota. Recuerda que si quieres participar en el Nacional no puedes hacer el burro con los estudios – le regañó Mitsui, que comenzaba a parecer una especie de hermano mayor para Sakuragi.

-¡Eh, no puedes tratar así al genio del equipo Micchi! – exclamó Sakuragi mientras le seguía, ofendido.


Rukawa subía las escaleras que conducían a la azotea para echar su habitual sueño de la hora de comer, cuando al revolver una esquina casi se lleva por delante a Haruko Akagi. La chica, a pesar de que ya había pasado aquella etapa de enamoramiento platónico, seguía alterándose delante del atractivo jugador estrella de Shohoku.

-P-perdona Rukawa – pronunció la joven, perturbada.

-Ha sido culpa mía, no iba mirando por donde iba. – Contestó él, que siguió con su camino.- Lo siento, Akagi.

-N-no pasa nada – contestó Haruko desconcertada y se quedó observando su espalda.

¿Es posible? ¿Aún no puedo evitar ponerme nerviosa delante de él?


Para alegría de muchos alumnos, las clases por fin llegaron a su fin y todo el mundo comenzó a salir de sus clases para dirigirse a sus respectivos compromisos.

Ryota Miyagi no había ido a la última clase del día para poder preparar con total calma el entrenamiento. Era el primer entrenamiento con todos los miembros del equipo desde el mes de Enero y quería prepararlo bien. Hoy ingresaban nuevos jugadores al equipo y estaba ensayando el discurso que pronunciaría delante de todos.

-Ryota – pronunció Ayako a sus espaldas, que era la segunda en llegar. – No deberías haber hecho campana, menudo capitán más impresentable… – continuó la chica medio en broma medio en serio. Pero fue callada por Miyagi, que le selló la boca con un beso.

-¿Estás listo? – le preguntó con suavidad una vez se separaron.

-Sí. Aunque tengo que admitir que estoy algo nervioso, pues el Campeonato Estatal no se puede comparar al de invierno. Ahora nos jugamos mucho más. – dijo el actual número 4 de Shohoku.

Ayako, que sabía que había algo más, insistió.

-¿Y…?

Miyagi soltó un suspiro. – No sé si estoy listo para esta presión, Ayako. Sabes lo que significa llevar el número 4 del instituto Shohoku. Nunca podré escapar a las comparaciones con el capitán Akagi.

-Lo sé. Pero tú eres Ryota Miyagi, no Takenori Akagi. Si mantienes con claridad ese pensamiento, todo irá bien. – continuó su chica, sonriéndole. - ¿Tienes pensado lo que vas a decirle a los nuevos?

-Por supuesto, ¿qué piensas que he estado haciendo durante todo este rato? – dijo el joven del pendiente, simulando estar ofendido.- Ejem. "Bienvenidos al equipo de baloncesto del Instituto Shohoku. Nuestra meta es ganar el Campeonato Nacional. Los entrenamientos serán durísimos, pero espero que todos os esforcéis al máximo."

-Breve pero claro. Me gusta – comentó la manager con una risita.

-¿Puedes pasarme la lista de jugadores que hay en el equipo actualmente? – pidió Ryota.

-Claro.

Jugadores de tercer año: Ryota Miyagi, capitán, 1'68 cm, 62 kg. Hisashi Mitsui, sub-capitán, 1'84 cm, 76 kg. Yasuharu Yasuda, 1'64, 59 kg. Tetsushi Shiozaki, 1'70, 64 kg. Satoru Kakuta, 1'80 cm, 70 kg.

Jugadores de segundo año: Kaede Rukawa, 1'89 cm, 81 kg. Hanamichi Sakuragi, 1'92 cm, 86 kg. Kentaru Ishi, 1'72 cm, 67 kg. Satoru Sasauka, 1'74 cm, 68 kg. Toki Kuwata, 1'66 cm, 60 kg.

Jugadores de primer año: Hiroto Watanabe, 1'88 cm, 78 kg. Kichi Hayate, 1'70 cm, 68 kg.

-Somos 12 jugadores actualmente. El máximo de jugadores por equipo son 15 y la lista de solicitudes de este año ha aumentado de manera increíble. – comentó Miyagi.

-Me parece que vas a tener que dirigir unos entrenamientos muy interesantes, Ryota. – le dijo Ayako seria. – Tres puestos y más de diez aspirantes.

Miyagi resopló. – Solo de pensar en ello me duele la cabeza.

-¡Hola! – saludó la aguda y dulce voz de Haruko a sus espaldas. Iba cargada con una maleta llena de material deportivo, como vendas, toallas, botellas de agua y etcétera.

La pareja correspondió al saludo de la chica.

-¿Qué Haruko, lista para tener que tratar con un montón de niñatos engreídos al mismo tiempo? – bromeó Ayako. – Te advierto que la cantidad de novatos que se inscribieron en otoño será una broma al lado de lo de hoy.

-Bueno, eso en el fondo beneficia a Shohoku ¿no? – dijo inocentemente la segunda manager. – Así la competencia será mayor y sólo quedarán los mejores.

El capitán y la mánager más antigua se quedaron callados ante un razonamiento tan sensato y acertado.

-Buenas. – oyeron saludar a sus espaldas. Por una de las puertas del gimnasio de Shohoku entraban Yasuda, Shiozaki y Kakuta, tres de los miembros más antiguos de Shohoku.

-Hola chicos, llegáis temprano. – les contestó Ryota. Poco después llegaron Ishi, Sasauka y Kuwata (que siempre iban juntos) acompañados de Hiroto y Kichi, los únicos novatos de otoño que habían logrado permanecer en el equipo.

Poco a poco comenzaron a llegar jugadores novatos, de los que querían ingresar en el equipo. Se acomodaban silenciosamente en la parte central del gimnasio, esperando recibir instrucciones de sus senpais.

Miyagi comenzó a inquietarse, pues ya solo quedaban tres jugadores por llegar, los tres jugadores clave del equipo, hasta que finalmente…

-Eh, mirad, es él, sí, es cierto es él… - comenzaron a murmurar los novatos mientras miraban una de las puertas del gimnasio.

Por ella entraba Kaede Rukawa, la superestrella de Shohoku. Todo el gimnasio se sumergió en un profundo silencio mientras observaban como se acercaba a Miyagi, se inclinaba a modo de saludo y se apoyaba en una de las paredes sin pronunciar palabra alguna.

-Ya sólo quedan por llegar Sakuragi y Mitsui. – señaló Ayako.

-Quedan cinco minutos para que comience el entrenamiento y esos idiotas aún no han llegado. – gruñó Ryota. Pero no pasaron ni treinta segundos cuando…

-¡Hahahaha, el genio y jugador estrella de Shohoku ya ha llegado! – exclamó Hanamichi Sakuragi mientras abría ruidosamente una de las puertas del gimnasio. Detrás de él iba Mitsui con gesto de resignación.

Los novatos ahora se miraron unos a otros, sorprendidos del carácter tan abierto y extrovertido de un jugador tan conocido en Kanagawa como lo era el pelirrojo.

-Parece que por fin podemos empezar. – dijo Miyagi mientras se acercaba a los novatos, que se habían puesto en fila. – Mi nombre es Ryota Miyagi, soy el capitán del equipo.

-Y yo me llamo Hisashi Mitsui, soy el sub-capitán. – añadió Mitsui posicionándose a su lado.

Maldito bastardo, llegas tarde y encima vienes con aires de importancia, pensó Miyagi irritado.

¿Pensabas que iba a dejarte todo el protagonismo? , le respondió telepáticamente Hisashi, picado.

Después presentaron al resto de miembros del equipo, con la excepción del entrenador Anzai, que no solía acudir a los primeros entrenamientos de Abril.

-Que todos los que solicitan una plaza en el equipo se presenten. – ordenó Mitsui. A partir de ahí tuvo que escuchar pacientemente los nombres y datos de un montón de jugadores que a la postre no estarían en el equipo.

-Bien. Antes de empezar el entrenamiento hay algo que quiero dejar bien claro. – declaró Miyagi avanzándose. - Nuestra meta es ganar el Campeonato Nacional. Mentalizaos a que los entrenamientos serán durísimos, espero que todos os esforcéis al máximo.


Mientras tanto, en el instituto Kainan…

-Uno, dos, uno, dos, uno, dos – pronunciaban los jugadores del equipo de baloncesto Kainan mientras corrían por el campo de atletismo del instituto privado. Sora y Kiyota iban a la cabeza del grupo, como de costumbre.

-¡Va, va! ¡Con más energía! – gritaba Takao desde las gradas.

Después de correr por el campo de atletismo marcharon hacia el gimnasio del instituto, para entrenar los fundamentos, algo típico en Kainan. Entretanto, una voz femenina se filtró en el gimnasio y llamó la atención de los jugadores.

-Hola entrenador Takao, me llamo Yayoi Aida de la revista He Got Game. Me gustaría hacerle unas preguntas a usted y al capitán del equipo, si no es molestia. – se presentó la periodista, hermana del jugador de Ryonan Hikoichi Aida.

-Eh, sí, claro, claro… - contestó el entrenador Takao, algo desconcertado. – Sora, acércate y trae unas sillas.

El vanidoso capitán obedeció, pues aunque no lo pudiese parecer a simple vista, Sora Shimizu era alguien que respetaba mucho a sus mayores.

Los jugadores de Kainan, que seguían observando con curiosidad la escena, fueron interrumpidos por unas palmadas de Soichiro Gin, el sub-capitán.

-Nosotros a lo nuestro. Ahora haremos entradas a canasta.

-Verá, entrenador Takao, nuestra revista quiere hacer un reportaje sobre los cuatro equipos más potentes de Kanagawa, ahora que se acerca el campeonato estatal. – explicó la periodista en el otro lado del gimnasio. – Eso sí, le prometo ser breve.

-De acuerdo, adelante, pregunte.


-¡Por hoy es suficiente! – decidió Miyagi en voz alta.

Los jugadores comenzaron a murmurar palabras de alivio mientras se dirigían a los vestuarios. Ya llevaban dos semanas de entrenamientos y lo cierto es que nadie diría que Akagi no estaba. Miyagi estaba diseñando unos entrenamientos tan duros como los del antiguo capitán o incluso más, por culpa de la necesidad de hacer descartes, ya que aquel año habían más miembros que nunca y sólo podían quedar quince para el comienzo del Estatal.

De momento, de los doce o trece jugadores nuevos que entraron al principio ya sólo quedaban siete, para tres plazas. Ryota era consciente de que aquello estaba en contra de todo lo que el entrenador Anzai defendía, pero aquella era una situación excepcional, jamás Shohoku había tenido tanta popularidad.

-Eh Miyagi, ven un momento – le ordenó el entrenador Anzai, que hoy había asistido al entrenamiento y estaba sentado. Una vez estuvo a su lado continuó – Llama a Mitsui y Hiroto.

-¡Eh, Mitsui, Hiroto, venid! – gritó Ryota para hacerse escuchar entre todos.

Los dos jugadores se acercaron, curiosos ante la repentina llamada del capitán. Anzai se levantó, como solía hacer cuando tenía algo importante que decir.

-Hiroto-kun, no creas que tus grandes partidos en el Campeonato de Invierno pasaron inadvertidos. Demostraste un gran talento como defensor al dejar a un anotador como Fukuda en tan sólo 10 puntos, algo realmente meritorio. ¿Puedo preguntarte en qué equipo jugabas en la secundaria?

El novato de cabeza rapada agachó la cabeza, parecía estar avergonzado.

-Yo… yo no jugaba a basket en la secundaria, sensei. Aprendí a jugar a baloncesto en una cancha callejera que había al lado de mi casa. Eran one-on-one todos los días.

A Anzai le brillaron las gafas.

Vaya, este chico es un diamante en bruto, meditó el sabio entrenador.

-Perdone entrenador, ¿pero tengo algo que ver en todo esto? – preguntó Mitsui, extrañado.

-¡Ah, sí! A lo que iba. Bien, dado que Hiroto-kun ya posee un gran talento como defensor, es momento de pulir sus habilidades ofensivas. Y sinceramente creo que por tu posición, si logras coseguir un buen tiro de tres puntos, serías un jugador clave en la ofensiva de Shohoku – explicó Anzai. – Aquí es donde entras tú, Mitsui-kun. Quiero que cada día, después de los entrenamientos, enseñes a Hiroto-kun a lanzar triples, si estás de acuerdo claro.

-¿Eh? ¿Yo? Por supuesto que sí, entrenador Anzai. – contestó Hisashi rápidamente, pues siempre hacia lo posible por complacer a su idolatrado maestro.

-Me alegro, hohoho. Seguro que aprenderás muy rápido, Hiroto-kun, Mitsui-kun es un magnífico profesor.

Los dos jugadores hicieron una rápida reverencia y marcharon hacia una de las canastas.


Rukawa se había quedado para practicar más tiempo, como de costumbre. Estaba tan concentrado en los tiros en suspensión que estaba realizando, que no se dio cuenta de la presencia de Ayako a sus espaldas.

-Rukawa. – le llamó la mánager con el mayor tono de indiferencia posible.

El atractivo joven paró la carrera que estaba a punto de realizar y se giró, extrañado.

-¿Si?

-Te dejo esto aquí, por si lo necesitas – contestó la manager, rehuyendo los azules ojos del jugador. Le había dejado una toalla nueva y también una bebida energética en uno de los costados de la pista.

La chica comenzó a marcharse cuando fue detenida por la mano de Rukawa.

-Ayako. – pronunció gravemente su nombre. La chica se quedó paralizada, pues no sabía lo que la estrella de Shohoku iba a hacer a continuación. – Gracias. – Y le soltó la mano volviéndose a su lugar.

Mierda, se supone que no debería ponerme tan nerviosa ante su presencia, pensó enrabiada Ayako mientras se marchaba del gimnasio. En fin… mañana será otro día.


-ZzzzZ…ZzzzZ

-Grrrr…

Hanamichi volvía a dormir en clase y su profesor de matemáticas estaba dirigiéndole una de sus habituales miradas asesinas.

-Perdónele, profesor, es que Sakuragi últimamente no se encuentra muy bien. – le disculparon Ishi y Kuwata, que estaban en la misma clase que él.

-Sí, es cierto, en estos últimos días parece dormir de manera más profunda.- respondió el profesor irritado.


-Uno, dos, uno, dos, uno, dos… - articulaban los jugadores de Shohoku mientras corrían dando vueltas por el gimnasio. Había pasado un mes desde el comienzo del trimestre y Ryota por fin había logrado seleccionar a los últimos integrantes que se incorporarían al equipo.

Los tres eran de primer año y lo cierto era que todos tenían un nivel bastante elevado.

Taiga Motoyoshi era el clásico jugador que en la secundaria había sido la estrella del equipo y que ahora buscaba hacer lo mismo en bachillerato. Medía 1'80 cm, de cabello castaño oscuro y de rostro confiado, rendía muy bien en la posición de escolta. Un novato prometedor si mantenía los pies en el suelo.

Kotaro Yoshida ofrecía un notable contraste respecto a Taiga. Era un jugador que en la secundaria había tenido un rol completamente secundario y que ahora pagaba las consecuencias con una fuerte inseguridad. A pesar de ello, había logrado un puesto en el equipo pues Ryota percibía que aquel novato tenía una gran ética de trabajo y de equipo, un trabajador nato.

Y por último, Kaito Nishimura, el más enigmático de los tres. Sólo sabían de él con total seguridad que había comenzado a jugar a baloncesto en su último año de secundaria, pero nada más. Había algo en él que inquietaba a todo el mundo y era lo mucho que se parecía a Kaede Rukawa en carácter. Hablaba lo justo e indispensable para entrenar. A pesar de todo aquello, tenía un buen físico (1'85 cm) y tampoco daba problemas con su actitud, así que Miyagi se había decidido por él.

-¡Venga, ahora haremos un triangular! Haremos tres equipos de cinco, jugaran dos y los que pierdan dejaran lugar a los terceros. ¡Va, quiero veros con más ánimo! – ordenó Ryota.

-¡Ryo-chin, no lo haces nada mal para ser el capitán de repuesto! ¡Hahaha! – exclamó Sakuragi.

-¿A quién llamas capitán suplente, Hanamichi? – le contestó Miyagi fastidiado.

El primer equipo estaba compuesto por Miyagi, Shiozaki, Mitsui, Kaito y Kakuta. El segundo lo formaban Kichi, Sasauka, Kotaro, Rukawa y Hiroto. Y en el último estaban Kuwata, Yasuda, Taiga, Ishi y Sakuragi.

Anzai, que estaba evaluando a los nuevos jugadores desde la banda, fue interrumpido por Ayako.

-Entrenador Anzai, ha venido una periodista de una revista de baloncesto para hablar con usted y Ryota.

-Ah, déjala que pase.

Por la puerta del gimnasio que estaba al lado de Anzai entró Yayoi Aida, la periodista de He Got Game, una revista de baloncesto japonesa.

-Encantada de conocerle entrenador Anzai, me llamo Yayoi Aida de la revista He Got Game. Estoy haciendo un reportaje de los cuatro equipos más importantes de Kanagawa y me gustaría hacerle unas preguntas a usted y algunos jugadores del equipo, si no es molestia.

-No, que va, hohoho. – contestó Anzai con su habitual buen talante. – Aunque tendrá que esperarse a que los chicos acaben el entrenamiento.

-Perfecto. – Aceptó la periodista satisfecha.- Bien, la primera pregunta inevitablemente se la tengo que hacer respecto a la partida de Takenori Akagi. ¿Cómo cree que afectará al equipo la marcha de su máximo pilar y emblema?

-Está claro que la marcha de Akagi-kun es una gran pérdida para el equipo, seguramente sea el jugador más importante en la historia de Shohoku, pero a pesar de ello tengo muchísima confianza en que Miyagi-kun y el resto del equipo lograrán superar este gran obstáculo.

-Ya veo. En la última convocatoria de la selección juvenil, tres jugadores de Shohoku acabaron en la lista. ¿Qué opina sobre esto?

-Opino que en nuestro equipo hay una calidad enorme, como siempre he afirmado.

-Lo curioso es que entre esos tres jugadores no está el capitán del equipo. ¿Entiende que para algunas personas eso pueda resultar extraño? ¿Comprende la postura de aquellos que opinan que Hisashi Mitsui debería ser el capitán del equipo, por talento y veteranía?

-A pesar de que Miyagi-kun no fue a la selección, no tengo ninguna duda respecto a su calidad, es un base magnífico. Respecto a la capitanía del equipo… Mitsui-kun hará un gran papel como sub-capitán, nada más. No hablaré de este asunto, es una decisión personal.

Yayoi se dio cuenta de que el experimentado entrenador estaba incomodo hablando de aquel tema, así que cambió de preguntas.

-De acuerdo. Shohoku ha levantado grandes expectativas para este Campeonato Estatal, después de lograr el segundo puesto el año pasado y de quedar entre los ocho mejores equipos del país durante el Nacional. ¿Cree que esa presión puede inquietar a los jugadores?

-Hohoho, en absoluto. Si hay algo que estos jugadores no temen es la presión, lo demostraron contra Sannoh.

-¿Y quién cree que será el máximo rival de Shohoku para conseguir el pase al Nacional?

-Kanagawa es una prefectura con un gran nivel, Kainan es el gran favorito, pero no hay que olvidarse de equipos como Ryonan o Shoyo.

Poco después el entrenamiento acabó y dio paso al clásico show que montaba Sakuragi cada vez que habían medios de comunicación cerca.

-Vamos, señorita, puede preguntarme todo lo que quiera. – pronunció Sakuragi con pose de interesante a la vez que se peinaba el pelo con aire de estrella.

La periodista, que conocía el excéntrico carácter del pelirrojo, midió bien sus palabras.

-Sakuragi-kun, primero me gustaría hablar con el capitán Miyagi.

-¿Eh? ¿Con el capitán suplente? ¿Sabes que si yo no hubiese estado lesionado, ahora sería el capitán?

-¡Calla imbécil! – exclamó Ryota mientras le daba un golpe por detrás.

Rukawa suspiró. – Idiota.

-¿Qué le gustaría saber? – pregunto Ryota impaciente.

-¿Está resultando difícil acostumbrarse a la baja de Akagi?

-Era un jugador muy importante, pero intentaremos que su ausencia se note lo mínimo posible. – indicó Ryota con un nudo en el estómago.

Yayoi apuntó todas las palabras del joven y continuó. -¿Te consideras el mejor base de Kanagawa, capitán Miyagi?

-¿Eh? Vaya… no sé – respondió Ryota sorprendido. – Ahora que no están Maki y Fujima…sí, sí que me considero el mejor base de la prefectura.

-Por último… ¿Quién es el mejor jugador de Shohoku?

Miyagi iba a responder, pero fue interrumpido por varias voces.

-¡Yo! – gritaron Sakuragi, Mitsui y Rukawa al unísono.

-¿Eh? ¿Cómo puedes considerarte el mejor jugador del equipo, zorro estúpido? ¿Y tú Micchi? ¡Si eres un anciano!

-¿Qué has dicho, mocoso insolente? – le contestó Hisashi mientras se le acercaba amenazante.

-Idiota, si tu nivel da pena. – contestó Rukawa.

-¡Hahaha, como puedes considerarte el mejor, cabeza de chorlito! – exclamó Mitsui mientras se desternillaba de risa.

-¡Basta! – exclamó Miyagi. Una vez hubo silencio, volvió a dirigir su atención a Yayoi, que estaba alucinando con las peleas entre los miembros del equipo. – El mejor jugador de Shohoku soy yo.

-¿Queeeeé? – se oyó en todo el gimnasio.


-Sigo sin entender porque sigues evitándolos a toda costa. – le comentó Noma a Sakuragi mientras almorzaban en una de las terrazas del instituto.

-Sí Hanamichi, no puedes pasarte toda la vida sorteándolos. – razonó Okuso.

-No quiero hablar sobre el tema, ya lo sabéis. – les contestó el pelirrojo cansinamente.

-Pero si hablases con Yohei… - insistió Takamiya.

-¡He dicho que no, pesados! – gruñó Hanamichi de malas maneras.

Él ya sabía que tarde o temprano tendría que hablar con Yohei, pero estaba decidido a posponer ese encuentro al máximo. Ahora que le había asimilado la noticia, decidió que era hora de ser honesto con él mismo.

-Chicos… ¿Podríais decirle a Ryota que esta tarde llegaré algo más tarde?

-¿Eh? ¿Por qué? ¿A dónde vas? – le preguntaron.

-Tengo que hacer una visita.


-¡Mitsui, Hisashi Mitsui! ¿Estás prestando atención a la clase? – le gritó su profesor de inglés justo en medio de clase, debido a que era la tercera vez que Mitsui comenzaba a cabecear.

-Sí, sí… lo siento… - contestó Hisashi reprimiendo un bostezo.

-Mitsui, tú ya deberías estar en la universidad y aun así mantienes esa actitud tan pasiva durante las clases. ¿Es que no tienes amor propio?

Al escuchar eso, Hisashi le dirigió una mirada asesina que el profesor pasó por alto.

-Sólo llevamos un mes de trimestre y ya tienes la asignatura casi suspendida. ¿Qué solución ves posible?

Y yo que sé, pesado… pensó el joven de la cicatriz irritado.

-¿No dices nada? Entonces yo hablaré por ti. Voy a asignarte a uno de los mejores estudiantes de la clase para que mejores las notas. Y si no cooperas, haré que te expulsen del equipo de baloncesto. – ordenó impasible el profesor Sato.

-Tch, haga lo que usted considere oportuno, profesor. – respondió malhumorado Mitsui.

-Kotetsu-san, ¿te importaría hacerte cargo de este caso perdido?

¿Eh? Un momento, ese apellido me suena… caviló Mitsui, incorporándose.

-Como usted diga, profesor. – contestó Sae Kotetsu, la mejor estudiante de la clase D de tercero. La chica le dirigió una glacial mirada a Mitsui y este recordó un incidente de algunos meses antes:

-¡Ei, perdona! – se disculpó rápidamente ofreciéndole la mano.

La chica giró el rostro y a Mitsui se le paró el corazón. No es que fuese una chica espectacular, de hecho era bastante normal: tenía unas facciones normales, llevaba gafas de típica nerd de instituto, pero había algo en sus ojos verdes que le había acelerado el pulso.

-No pasa nada – respondió quedamente, mientras se levantaba sin su ayuda y se limpiaba el polvo. Hizo el ademán de marcharse, pero Hisashi no lo permitió.

-¡Espera! – dijo - ¿Cómo te llamas? Tu cara no me suena – le preguntó curioso el chico de la cicatriz.

La chica se lo quedó mirando unos instantes con una inesperada mirada de desafecto, hasta que respondió:

-Sae, Sae Kotetsu.

-Espere un momento profesor… - comenzó Hisashi, pero fue interrumpido al instante.

-Ya está decidido, Mitsui.

Oh mierda, esa chica de la cual no recordé que iba conmigo a clase, ahora tiene que ayudarme a que mejore mis notas… esto va a ser una tortura…


-¿Ese no es jugador de Shohoku? Si hombre, aquel pelirrojo que da tanto miedo, Hanamichi Sakuragi creo que se llamaba. – comentaba la gente que salía de Ryonan al encontrarse casi de cara con la imponente figura del rey de los rebotes.

-¡Hanamichi! – gritó Yoko, que salía del instituto acompañada de algunas amigas. La novia del pelirrojo llegó corriendo a él para darle un gran abrazo, que Hanamichi correspondió rojo como un tomate.

-Yoko, ¿te acompaño a casa?

-Claro. – contestó ella alegremente.

Cuando llegaron al portal de su casa, Sakuragi decidió que había llegado el momento.

-Verás Yoko… me gustaría hablarte de algo… - comenzó el chico bastante inseguro.

Yoko, que percibía que algo iba mal, esperó a que el joven jugador continuase.

-Creo que es mejor que… que dejemos de vernos por un tiempo. – dijo finalmente Hanamichi.

-¿Por qué? – Fue la primera reacción de Yoko.

Sakuragi parpadeó ante la repentina pregunta, pero consiguió responder.

-Es que tengo algunos problemas familiares y no quiero involucrarte en ellos…

-No me lo creo Hanamichi. Ni siquiera me estás mirando a los ojos.

-Yoko, te aseguro que lo último que quiero es hacerte sufrir, por eso creo que esto es lo mejor para ambos…

Pero la chica que no quedó escuchando el resto de disculpas del pelirrojo, echó a correr hacia la puerta de su casa, entró y cerró dando un portazo.

El cielo, que llevaba tronando toda la tarde, comenzó a dejar caer unas finas gotas de lluvia, pero Sakuragi permaneció quieto.

Mierda…


¡Menos mal! Muy largo, ¿no? De todos modos, espero que no haya resultado aburrido. Como siempre, por favor, dejad vuestros comentarios y críticas.

Saludos!