Hola, bellezas. Aquí, con la alegría del deber cumplido, va otra entrega de «Más que solo deseo». En el capítulo anterior, los primeros días de casados son muy alentadores, con un Vegeta atento, cariñoso y compañero. Sin embargo, Vegeta debe viajar por dos semanas al otro lado del país. Al tercer día, Bulma llega a su casa después del club y encuentra que han invadido su casa. Otra vez se encuentra indefensa ante un acosador loco. Llama a Broly, su guardaespaldas, y después a la policía.
Ya falta poco... para más luego. No, enserio... estamos en la recta final de esta historia. Aunque sé que todavía queda mucho por develar. No enloquezcan... todas sus preguntas serán respondidas... creo. ;)
POV Vegeta
Bulma había desaparecido. Vegeta se paseó de un lado para otro en su habitación en el hotel de la Capital del Oeste. Llamó otra vez a su casa y al móvil. No obtuvo respuesta, ni había ningún mensaje de voz. Lázuli había sido incapaz de localizarla, no estaba ni el restaurante ni en el club. Piccolo sólo pudo informarle que Bulma llamó al 911 para denunciar que alguien había forzado la entrada de su casa. Al llegar allí encontraron el coche de Bulma, pero ella no aparecía por ningún lado.
¿La habría secuestrado alguien? ¿Y si no había sido Lapis quien dejó aquellas notas amenazadoras?
El término «sudor frío» adquirió un significado nuevo para él mientras metía sus últimas pertenencias en la maleta.
Una hora antes había llamado a Gohan para que se pusiera a buscarla de inmediato. Él le había llamado hacía unos minutos para decirle que, hasta ese momento, no había descubierto nada. Y Vegeta se sentía indefenso en otra ciudad. Si a Bulma le había pasado algo… Grabar el programa era importante, pero mucho menos que ella y el bebé.
La única persona con la que no había hablado y que podía saber algo de su esposa era Broly. Bulma acudiría a él; el guardaespaldas la hacía sentirse segura. Pero ¿qué más la hacía sentir? ¿Sería capaz de acostarse con el padre biológico del bebé unas horas después de que Vegeta se hubiera marchado? No sabía la respuesta, pero sí que Broly se sentiría muy feliz si Bulma volvía a calentarle la cama. Y aún así, la ardiente sensación de celos que le inundaba era preferible a pensar que había sido raptada por un loco.
Pero las dos cosas le provocaban una opresión en el pecho.
Maldijo entre dientes. Cogió de nuevo el móvil y llamó otra vez a Gohan.
—¿Algo nuevo?
—Lo siento, tío —dijo Gohan—. He llamado a todos los hospitales. Nada.
Vegeta cerró los ojos e intentó controlar el pánico que le envolvía, temiendo haber perdido a Bulma fuera por la causa que fuera.
—Sigue buscando, por favor. Salgo ahora mismo para el aeropuerto. Volveré a llamar a Lázuli, a ver si ella consigue localizar a Broly. Tomaré el primer vuelo.
Después de que Gohan se despidiera, colgó el teléfono y llamó a la rubia; la llamada que tanto temía. La stripper respondió de inmediato.
—He hablado con todos —dijo Lázuli—. Nadie sabe nada sobre Bulma.
Vegeta se pellizcó el puente de la nariz luchando contra el dolor de cabeza que le provocaba la falta de sueño. Había llamado a su esposa de madrugada, y al no lograr localizarla, fue incapaz de volver a dormirse. No sería capaz de hacerlo hasta no saber qué demonios ocurría.
—¿Y se sabe algo de Broly?
—Le he llamado por teléfono. No he obtenido respuesta. No me importaría pasarme por su casa… pero no sé dónde vive. Sólo es amigo de Bulma.
«¿Amigo?».
Vegeta apenas logró contener un gruñido. Si Broly estaba con Bulma, Vegeta se apostaría el cuello a que estaba haciendo con su esposa algo mucho más personal. Después de darle las gracias a la bailarina, colgó el teléfono y volvió a llamar a Gohan desde el taxi que le llevaba al aeropuerto.
—¿Podrías localizar la dirección de un tipo llamado Broly Gassu? Hace poco que vive en la Capital del Norte.
—¿El guardaespaldas de Bulma? Sí. Dame un rato y te vuelvo a llamar.
Complacido de la presteza de Gohan, Vegeta volvió a llamar a Bulma. No obtuvo ninguna respuesta. Dejó un mensaje de voz a su productor, indicando que su esposa no se encontraba bien y que tenía que regresar a la Capital del Norte.
No había mucho tráfico a las seis de la mañana. Estaba llegando al aeropuerto cuando el móvil sonó de nuevo. Se le detuvo el corazón. La esperanza se mezcló con el subidón de adrenalina. Abrió el aparato. Era Gohan.
—Dime.
—No hay ningún Broly Gassu viviendo en la ciudad. Al menos nadie que posea carnet de conducir. Voy a investigar en los alrededores.
A Vegeta se le heló la sangre en las venas.
—¿Qué quiere decir eso?
—Que, o bien el señor Gassu no ha actualizado el carnet desde que se mudó a la zona, para lo que tiene un plazo de treinta días —algo que un antiguo policía como él debería saber—. O bien…
—Bueno, pues lleva ahí por lo menos cuatro meses. ¿O bien que…? —Vegeta se temía la respuesta.
—O bien no es quien dice ser.
«¡Joder!». Quizá era Broly el que estaba detrás de las amenazas desde el principio. Quizá dejarla preñada no era más que otra vuelta de tuerca más en su atípica y morbosa admiración.
Antes de subirse al avión, volvió a llamar a Bulma una vez más. Nada. Vegeta no quería ni pensar en ello, pero… ¿cómo iba a vivir sin ella?
Aquella pregunta le rondó en la cabeza durante las cinco horas que duró el vuelo acompañada de una pena incontenible. En ese tiempo se arrepintió de la cólera, de los comentarios sarcásticos, de las discusiones y de las veces que la había hecho llorar. Volvió a revivir aquella noche en «Las sayas sexys», justo antes de que Lapis la atacara, y se preguntó cómo demonios pudo haber sido tan gilipollas. Bulma se comportó como la mujer honesta que era, y él la trató con desprecio. Y todo porque le daba demasiado miedo admitir cuánto la amaba. La castigó porque le había dado miedo mantener una relación con alguien que podría llegar a hacerle elegir entre su corazón y sus sueños.
Cuando el avión aterrizó, Vegeta tuvo que contenerse y no apartar a todo el mundo para salir del aparato. En cuanto pisó la terminal, encendió el móvil y miró si tenía mensajes. Nada.
Fue entonces cuando se le ocurrió una cosa que le dejó lívido. Ni siquiera una vez, durante aquel largo viaje en avión, había pensado en el bebé. Todos sus pensamientos, sus miedos y oraciones habían sido para Bulma.
Gohan, acompañado de Ten Shin Han, le estaba esperando junto a la cinta de recogida de equipajes. Vegeta sintió que le cubría un sudor frío. ¿Estarían esperándole para decirle lo peor?
—¿Qué ha pasado? —les exigió Vegeta.
—No hay noticias nuevas. —Gohan le tendió la mano y Vegeta se la estrechó, estremeciéndose de alivio. Puede que Bulma todavía no estuviera a salvo, pero al menos tampoco la habían encontrado muerta.
—Estamos siguiendo algunas pistas —le indicó Ten—. Debería hacerlo Piccolo, pero trabaja con idiotas.
Parecía como si el calvo comenzara a sentir un poco de empatía por él. Todo podía ser. Y respecto a lo que pensaba de la policía local, Vegeta estaba totalmente de acuerdo.
—Sólo hemos venido a recogerte. —Gohan miró la cinta transportadora que se movía sin parar—. ¿Equipaje?
—Es ése —le respondió—. No teníais por qué haber venido. Tengo el coche en el aparcamiento.
Gohan arqueó una ceja oscura.
—¿Has dormido algo en las últimas veinticuatro horas? ¿Eres capaz de pensar en algo que no sea Bulma?
Vegeta le dirigió a su amigo una mirada indefensa. No, no había dormido, y tanto Ten Shin Han como él lo sabían.
—Entonces llevadme a casa. Quiero ver lo que ha ocurrido.
Los dos hombres se miraron. Vegeta se dio cuenta de que no querían hacerlo.
—A menos que tengas mucho aguante y que me prometas que no enloquecerás, no me parece buena idea —dijo Gohan finalmente.
Lo primero, podía ser… Lo último, no. Ya estaba furioso.
—Llevadme allí. ¿Hay señales de lucha? Piccolo no me explicó nada.
—No. Por lo menos yo creo que no. Pero lo que hemos encontrado nos indica que todo es producto de una mente psicópata y pervertida.
A Vegeta se le detuvo el corazón.
—¿Qué ha hecho? ¿Ha dejado algo?
Gohan hizo una mueca.
—Hemos encontrado la foto de Bulma vestida de novia cubierta de pintura roja. Encima había escrito «puta muerta».
Esperando encontrar a Bulma, a Broly o a alguien que supiera algo, Vegeta convenció a Gohan para que le llevaran a «Las sayas sexys». Era una acción desesperada, pero no podía dejar piedra sin mover.
En cuanto se detuvieron ante el vistoso letrero del edificio de ladrillo, Vegeta observó que había un grupo de gente delante del club y gimió para sus adentros.
—¿Es Freezer? Joder… —Gohan parecía casi tan enfadado como él.
Maldición, aquel bastardo santurrón ya le irritaba lo suficiente en circunstancias normales y ése no era el mejor día para que le vinieran con tonterías.
—Y ha traído a la prensa con él —maldijo Vegeta—. ¿Qué coño querrá?
—¿Cerrar el club de tu mujer? —dijo Gohan retóricamente.
—Atención —dijo Ten Shin Han arrastrando las sílabas—. A ese tipo de cabrones orgullosos les encanta ser el centro de atención. Es como un niño en el cuerpo de un hombre al que le gustaría ser Dios al crecer.
Gohan asintió con la cabeza.
—Sí, se cree el adalid de la moralidad. Gilipollas…
En cuanto aparcaron el coche, Vegeta se bajó. Habría ido por la puerta trasera para evitar a Freezer, pero no tenía llave. Bulma le había facilitado una de la puerta principal por si le hacía falta en alguna emergencia. Y aquello lo era.
Cuando se aproximó al club, Freezer le bloqueó el camino.
—¡Deténgase! Piense en su alma inmortal antes de entrar en ese antro del diablo donde reina el pecado.
Vegeta tuvo que apretar los dientes y contenerse para no molerlo a golpes y dejarlo tirado en la calle.
—Entonces, piense que ahora está en la calle pero que, como dé un solo paso más, invadirá una propiedad privada y haré que le arresten.
Los ojos de Freezer ardieron de furia.
—¡Esa puta del demonio le ha conducido al pecado y a la fornicación!
—Estamos casados, no es fornicación. Y si vuelve a referirse de esa forma de mi esposa va a saber lo que es verme furioso.
—¡Eso no es más que una patética mascarada! Una boda civil no cambia lo que ella es.
—No se atreva a hablar de mi mujer de esa manera. ¿Qué derecho tiene a insultarla?
El concejal infló su estrecho pecho.
—Todos los creyentes en Kamisama tenemos la misión de conducir a los demás por el camino de la rectitud.
Vomitivo. Vegeta no tenía tiempo que perder con gilipollas de miras estrechas y, especialmente en ese momento, no tenía ni pizca de paciencia para hacerlo.
—Entonces seguro que le gustará saber que Bulma ha pasado página. No volverá a actuar.
Freezer pareció molesto.
—¿Va a cerrar el club?
—¿Ha tenido su reciente matrimonio algo que ver en la decisión de su mujer para dejar de actuar? —gritó uno de los periodistas.
La prensa… Santo Dios. ¿No se cansaban nunca aquellas sanguijuelas de acosar a la gente con historias inexistentes?
No. Pero en este caso, les podía dar algo real que publicar.
—Sí. Tiene intención de volcarse más en el restaurante y cuenta con todo mi apoyo. Estamos muy ilusionados con la siguiente etapa de nuestra vida. Aunque ayer por la noche alguien forzó la entrada de nuestra casa y provocó muchos destrozos. Mi mujer se sintió aterrada. Ahora ha desaparecido y necesito su ayuda para encontrarla.
—¿Tiene sospechas de que haya algo raro detrás de todo esto? —gritó otro periodista.
—Es una posibilidad. —Cuando dijo las palabras, Vegeta intentó no pensar en qué haría si resultaran ciertas y algún maníaco le hubiera hecho daño. Ahora lo único que podía hacer era conservar la compostura y no dejarse llevar por el pánico.
La prensa hizo algunas preguntas más y Vegeta facilitó detalles sobre cuándo y dónde había sido vista Bulma por última vez.
Satisfecho de haberle sacado partido a una mala situación, Vegeta se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta del club. Una vez más, el concejal le bloqueó el paso.
Freezer alzó la nariz y le habló en voz baja, de tal manera que sólo Vegeta pudo escucharlo.
—Si alguien la ha secuestrado, no es más de lo que se merece.
Vegeta apretó las manos para no cerrarlas en torno al cuello de aquel asno. Pero la satisfacción que mostraba hizo pensar a Vegeta que Freezer podía estar detrás de todo aquello.
—Como me entere de que ha tenido algo que ver con el asalto a nuestra casa o con la desaparición de mi mujer…
—¿Yo? —El rostro del hombre mostraba una auténtica conmoción, pero al mismo tiempo parecía un tanto excitado.
Vegeta se preocupó todavía más.
—Si pensara que haciéndole daño a Bulma lograría algo, sé que no vacilaría. Diría que fue en nombre de Dios o cualquier tontería por el estilo. Como descubra que es el responsable de cualquier cosa que le ocurra o la haya asustado de alguna manera, yo…
—¿Qué? —ladró Freezer con aire satisfecho—. ¿Qué me hará?
Aquel tipejo quería que Vegeta le amenazara. Vegeta se negó a tragarse el anzuelo y no le dijo a aquel bastardo que lo descuartizaría, describiéndole cada sangriento detalle. Se negó a darle munición, en especial porque podía ser él quien retuviera a Bulma.
—Me aseguraría de que le juzgaran apropiadamente y de que cayera sobre usted todo el peso de la Ley. Y como pueda probar que ha estado involucrado en estos hechos, entonces sí que va a necesitar la ayuda de Dios.
Los periodistas les esperaban cuando salieron, y Gohan llamó a uno de sus amigos para que siguiera a Freezer y averiguara si estaba relacionado con la desaparición de Bulma. Su amigo se puso manos a la obra… pero ¿quién sabía cuánto tiempo tardarían en obtener respuestas?
Vegeta intentó no desanimarse, pero la preocupación le corroía por dentro y le oprimía el pecho. Y ¿si no la encontraba con vida?
Poco después, Piccolo llamó para decirles que habían acabado de investigar la escena del crimen. Habían tomado todas las muestras que consideraron pertinentes para el laboratorio y Vegeta podía entrar en la casa cuando quisiera. Gohan realizó otra llamada y se puso en contacto con un servicio de limpieza a domicilio.
Entonces, Goku llamó al móvil. Había localizado a un contacto que podía ayudarles a encontrar a Broly. Se negó a dar más detalles puesto que necesitaba algún tiempo para conseguir algo.
Vegeta se removió inquieto en el asiento del copiloto, estaba a punto de explotar.
—Sé lo que estás sintiendo —dijo Gohan en voz baja.
Vegeta clavó los ojos en él.
—¿Porque hace un tiempo te tiraste a mi mujer?
En cuanto pronunció las palabras, Vegeta deseó poder borrarlas. Lo que hubiera habido entre ellos era una historia antigua y Gohan era un buen amigo de ella.
—No seas gilipollas —dijo Ten Shin Han desde el asiento trasero del 4x4—. Gohan está completamente enamorado de Videl.
—No pasa nada. —Gohan sujetó el volante con fuerza y luego se relajó—. Bulma es demasiado para, casi, cualquiera.
A Vegeta no se le escapó ese «casi».
—No se me había ocurrido que te molestaría algo ocurrido hace tanto tiempo. Lo siento —dijo Gohan—. Pero ahora estoy casado. Francamente, estuve enamorado de Bulma hace unos años, pero ella de mí no. Me dijo que era incapaz de enamorarse de alguien y durante mucho tiempo le creí. Hubiera dado cualquier cosa por ella, pero ella fue clara desde el principio, y su amistad es tan preciada para mí pero lo entendí, y no volví a insistir. Tiempo después conocí a Videl y Bulma estaba muy feliz por mí.
Gohan no podría ser más sincero, y Vegeta supo que tenía que sobreponerse a cualquier cosa que Bulma hubiera hecho con otros hombres antes de que la conociera.
—Lo siento.
—Te entiendo. —Gohan le dirigió una sonrisa—. Yo también querría cortarle las pelotas a cualquier hombre que mire fijamente a mi mujer.
Vegeta se pasó una mano por la cara. Eran casi las tres de la tarde y le daba terror no encontrar pistas. ¿Qué harían entonces?
Cuando llegaron a casa, Vegeta subió las escaleras corriendo a pesar de las advertencias de Gohan. La destrucción que encontró en el dormitorio principal le hizo ver más rojo que la pintura que cubría las paredes y el suelo. ¿Bulma había visto aquello?
Recorrió la habitación lentamente y parpadeó, apenas capaz de asimilarlo. Lo de la ropa y las sábanas no tenía importancia, se repondría con facilidad. Y el daño que habían sufrido las paredes y el suelo tampoco le preocupaba. Pero el resto… Ver la ropa interior de encaje de Bulma amontonada encima de la cama, manchada con el resultado de la masturbación de algún pervertido, le llenó de pánico. Y también habían destruido su regalo. La hermosa fotografía de Bulma vestida de novia, elegante y con una misteriosa sonrisa, tenía una amenaza garabateada que se le clavó en las entrañas como una puñalada.
Quien hubiera hecho aquello, iba en serio. Y podía tener a Bulma en su poder.
Vegeta no sabía si ese bastardo también le habría escrito el resto de notas aparecidas. No lo podía descartar, y eso le preocupó seriamente. De todas maneras, después de que Vegeta encontrara a su esposa, buscaría al responsable del allanamiento de su casa y, esperaba disponer de diez minutos a solas con aquel pervertido.
—No deberías de haberlo visto. Pareces a punto de vomitar y de asesinar a alguien.
—Exacto.
—Encontraremos a Bulma y a este hijo de perra.
Como no confiaba en su voz, asintió con la cabeza.
Un momento después, sonó el timbre de la puerta. En sólo unos minutos, el equipo de limpieza a domicilio estaba arreglando la habitación con instrucciones precisas de tirar todo a la basura. Vegeta no quería que quedara nada que pudiera recordar a Bulma aquel asalto, en el caso, claro está, de que lograra llevarla de vuelta a casa sana y salva.
—En un par de horas no quedará nada que recuerde lo sucedido —le dijo una mujer con el pelo rubio oxigenado—. Si quiere también podemos pintar las paredes. Unas sábanas nuevas, una limpieza a fondo en la alfombra… y todo quedará como nuevo.
Después de enseñarle donde encontrar todo lo que necesitaban, Vegeta siguió a Gohan escaleras abajo. Ten Shin Han les esperaba, paseándose por la cocina.
—He llamado a unos cuantos amigos. Están esbozando el perfil de este psicópata pervertido. Pero a simple vista, diría que se trata de alguien que está obsesionado con tu mujer. Parece que la boda le ha enfurecido, ya que ha comenzado a manifestarse poco después.
¿Sería Freezer? ¿Lapis? ¿O quizá Broly, que sí tenía una buena razón para estar celoso?
—Puede ser el mismo tipo que antes u otro.
Ten arqueó una ceja rubia.
—Pero ¿cuántos acosadores pueden andar acechándola?
—¿Has visto alguna vez a mi mujer en el escenario?
Ten Shin Han vaciló antes de hacer una mueca.
—Tienes razón.
Dejó a un lado el pensamiento de que ése era otro hombre que había visto a su esposa desnuda y se centró en hacer algo.
—No puedo quedarme aquí sentado sin hacer nada. Tengo que agotar todas las posibilidades, y eso implica tratar de encontrar al malnacido de Broly.
Pero ¿dónde se habría metido aquel bastardo?
En medio de aquel pensativo silencio, sonó su móvil. Era Goku.
—¿Has averiguado algo?
—Tengo un amigo que conoce a un tipo que trabaja para la compañía eléctrica en la Capital del Norte. Ha hecho una búsqueda con el nombre de Broly Gassu, buscando un alta entre mayo y julio. Me ha dado tres nombres. B. Gassu, Broly Genneva y B. S. Gassu. Me ha enviado las direcciones por correo electrónico.
Gracias a Dios. Quizá estuvieran llegando a algún lado. Vegeta rezó para encontrar pronto a su esposa. Esperaba que sólo se hubiera asustado y acudido a la persona más cercana para sentirse a salvo. Eso podía entenderlo. Vale, lo entendía a regañadientes, pero… si sólo estaba asustada, ¿por qué no se había puesto en contacto con él?
Los tres se subieron en el 4x4 de Gohan y se dirigieron a la primera dirección que estaba a menos de dos kilómetros de distancia. Vegeta se bajó del vehículo en cuando aparcaron, recorrió el camino de acceso y golpeó la puerta. Respondió una mujer morena y menuda. Después de que se identificaran, la mujer les dijo que su marido estaba en Inglaterra por negocios. Con una mirada de simpatía, les enseñó una fotografía de su marido. Definitivamente no era Broly.
Vegeta maldijo entre dientes y sintió una opresión en el estómago.
Se encaminaron a la segunda residencia. Estaba situada en un bloque de apartamentos en el límite noroeste de la ciudad. Otra vez, Vegeta golpeó una puerta con impaciencia. Un momento después le respondió un joven de unos veinte años. Alto, delgado y muy cansado.
Después de que les dijera con irritación que le habían despertado, pues tenía turno de noche y dormía de día, ellos se disculparon y se fueron. Vegeta se sentía cada vez más inquieto. Otra posibilidad perdida. Vegeta no quiso ni pensar que la última pista fuera también un callejón sin salida. De serlo, querría decir que ella había sido secuestrada, y no podía pensar en Bulma asustada o lastimada por un loco pervertido. E incluso muerta.
En medio de un sombrío silencio, los tres hombres se subieron al vehículo para dirigirse al sudoeste de la ciudad, a un edificio de apartamentos de lujo. Parecía nuevo. Aparcaron junto a una piscina reluciente que parecía un oasis tropical en medio de la ciudad. Era un complejo que disponía de spa, gimnasio y todas las comodidades para gente de algo poder adquisitivo. Definitivamente algo mucho más lujoso de lo que Broly podría permitirse con el sueldo de guardaespaldas.
A Vegeta se le encogió el corazón y, dadas las expresiones de sus caras, Gohan y Ten Shin Han habían llegado a la misma conclusión que él. Pero buscaron el apartamento 314 y llamaron a la puerta.
Un minuto después, tras escuchar un gruñido y una maldición, les abrieron la puerta. Broly. Y parecía muy sorprendido.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí?
—¿Sabes dónde está mi esposa?
Broly arqueó una ceja y sonrió.
—Claro, sígueme.
Vegeta casi se desmayó de alivio.
—¿Está aquí? ¿Se encuentra bien?
El enorme guardaespaldas le miró por encima del hombro con una expresión entre confundida e irritada.
—Por supuesto.
Vegeta siguió a Broly conteniendo la impaciencia, casi sin percibir que recorrían el apartamento —a todas luces decorado por la mano de un profesional— hasta… el dormitorio.
Al final del pasillo, Vegeta se quedó sin respiración y se detuvo en seco. Allí estaba Bulma, dormida en la cama de ese hombre. Estaba abrazada a la almohada y llevaba una camiseta, que se le había subido hasta la cintura, un tanga y nada más. Parecía casi inconsciente.
¿Aquello era lo que parecía en realidad?
«¿Qué más va a ser, idiota?». Si ella sólo se hubiera asustado, ¿por qué no le había llamado para decirle dónde estaba y que se encontraba a salvo? ¿Por qué desvestirse y meterse en la cama de Broly?
Se sintió sacudido por una traición tan profunda que casi no pudo respirar. La mirada relajada y ladina de Broly fue como una cuchillada en el pecho. Pero durante un momento fugaz, reconoció que la infidelidad de Bulma era mejor que su muerte. Aunque llevaban casados menos de dos semanas. ¿Qué coño iba a hacer ahora?
—Parece como si te hubiera dado un puñetazo en el estómago.
Vegeta se lanzó sobre Broly y comenzaron a golpearse en la puerta de la habitación.
—¿Acaso no lo has hecho? ¿Qué fue lo que pasó? ¿Bulma regresó a casa, se la encontró destrozada y te llamó para que la protegieras? Por supuesto utilizaste la oportunidad para desnudarla. ¿O quizá fuiste tú mismo el que destrozó la casa y esperaste a que ella te llamara para poder volver a tirártela? ¿No? Maldito infeliz —y Vegeta volvió a arremeter contra el guardaespaldas.
—Hombre, no ibas a ser tú el único que lo consiguiera.
«¿Cómo aceptar que mi esposa se acuesta con otro hombre?».
Broly negó con la cabeza.
—Llévatela a casa, asegúrate de que descansa y desaparece de mi vista.
Las palabras de Broly fueron casi despectivas, como si… bueno, como si Broly supiera que volvería a ver a Bulma —que la poseería— otra vez. Había sido tan estúpido como para sentirse atraído por ella y ahora iba a pagarlo con creces. Se había casado con ella porque estaba embarazada de ese hombre. Ahora tenía que aceptar lo que habían hecho para concebir. ¿Por qué dolía tanto?
Pero si él se había casado con Bulma por el bebé, por Dios que se la llevaría a casa por ese bebé. Bulma podría compartir su cuerpo con Broly, pero Vegeta pensaba hacerse un hueco en su corazón, encontrar la manera de importarle tanto que cada traición viniera acompañada de una dolorosa punzada de remordimientos.
Vegeta apretó los dientes, se acercó a la cama y alzó a su dormida esposa en brazos. Ella apenas se movió.
—¿Qué coño le has hecho?
—Nada fuera de lo normal. Sólo está agotada. Ha tenido mucho trajín.
¿Quería decir Broly que se la follaba a menudo hasta dejarla casi en coma? ¡Aquel bastardo estaba tratando de morir!
Vegeta apretó a Bulma contra su pecho. No podía mentirse a sí mismo, incluso sabiendo lo que había hecho, se alegraba de que ella estuviera sana y salva.
—Mantente alejado de mi mujer o te mataré.
—Tú la dejas sola, así que alguien tiene que encargarse de las necesidades que tiene.
«Maldito idiota».
Vegeta la había amado furiosa y desesperadamente la mañana antes de irse a la Capital del Oeste. ¿Cómo iba a tener ella unas necesidades tan abrumadoras como para tener que recurrir a otro hombre sólo tres días después? ¿O acaso Bulma tenía unos sentimientos tan fuertes por Broly que la ausencia de Vegeta la hacía meterse en su cama por algo más que una necesidad?
No podía quedarse allí escuchando a Broly o acabaría matándole. Vegeta sentía que la furia burbujeaba en su interior, que amenazaba con hacerse con el control. Y a pesar de lo mucho que pudiera odiar a Broly, no era razón suficiente para ir a la cárcel por su culpa.
Y si Bulma se había acostado voluntariamente con él tan poco tiempo después de su boda, ella tampoco valía la pena.
—Vete a la mierda.
Gohan y Ten Shin Han, que habían presenciado toda la escena, se apartaron rápidamente para dejarle paso. Luego le siguieron y abandonaron el apartamento de Broly. Vegeta estrechó a Bulma contra su pecho, evitando a propósito las miradas compasivas de sus amigos cuando se subió al asiento trasero del 4x4.
Mientras acomodaba a Bulma en su regazo, Vegeta se preguntó qué iba a hacer con ella ahora que la había encontrado.
Bueno... quizá Vegeta se apresuró un poco en sacar conclusiones, pero... hostia... no pintaba muy bien, ¿no? Broly «mete-ficha» Gassu aprovecha cada oportunidad para sembrar más dudas en la mente de Vegeta. Me gustó que ni Gohan ni Ten se meten a separar. Ja ja. Vegeta encuentra aliados inesperados. Y Gohan... ¿un ex-enamorado de Bulma? Lo bueno es que siguen siendo muy buenos amigos a pesar de todo. Recuerden que en esta historia Gohan y Goku son solo socios, y tienen más o menos la misma edad, unos tres años más que Bulma (él la conoce cuando ella tenía 19 y él estaba en el ejército –yo supongo que tenía 22 años).
Bueno. En el próximo capítulo habrá discusiones (obvio... si Vegeta cree que Bulma se acostó con su guardaespaldas), lemon y... cha chan, cha chan... empezamos a develar la historia de Bulma. Les prometo que para la semana que viene sabrán todo lo que hay que saber de Bulma Brief, la stripper que enamoró a nuestro príncipe (aunque a veces se porte como un verdadero sapo).
