Hace calor, no se puede hacer nada y me aburro, así que he dicho, ¿y si escribo algo? Y nada, me puse, me puse... y salió el cap entero. Y como soy buena, decidí subirlo hoy.
Armin notaba su cuerpo tenso a más no poder, igual que si fuera una estaca mientras que no podía despegar los ojos de aquella figura socarrada. A primera vista el fuego había borrado cualquier rastro identificable de su rostro, pero los ojos violetas que le devolvían la mirada le resultaban demasiado familares, siendo siempre una constante en sus recuerdos. Fueron esos orbes los culpables de que su cuerpo no reaccionara, de que se quedara estático intentando asimilar lo que su mente se negaba a aceptar.
—Alexy —su voz sonó ronca al pronunciar aquel nombre.
A sus espaldas pudo escuchar el sonido de varias personas que corrían hasta situarse a su misma altura, aunque en esos momentos le importaba bastante poco los cuáles de sus compañeros se habían acercado. Sólo tenía ojos para el chico arrasado por el fuego que avanzaba hacia él con el rostro deformado contraído en una mueca de dolor, sus manos extendidas hacia él, quizás creyendo que en su reunión podría encontrar un alivio al dolor de sus quemaduras.
—¿Quién es? —escuchó la voz de Eider a su lado, interrumpida de vez en cuando por jadeos. Daba la impresión de que la chica había salido corriendo tras él y ahora trataba por todos los medios de recuperar la respiración.
Armin se mantuvo en silencio, sus manos apretadas en puño. Cuando, finalmente, se atrevió a hablar, las palabras se le clavaron en la garganta mientras la pronunciaba como si fueran agujas de hielo.
—Es mi hermano —murmuró —No le veía desde que ingresé al psiquiátrico.
Sus palabras fueron acogidas con un silencio sepulcral por parte de los demás. Escuchó a Eider contener la respiración, quizás demasiado sobrepasada por el hecho de que alguien pudiera reencontrarse en una situación semejante. Alexy, por su parte, miraba a los demás sin saber qué decir, tal vez sintiéndose avergonzado de su aspecto (aunque quizás no fuera consciente del lamentable estado en el que se encontraba) o quizás no sabiendo reaccionar. Armin era el que peor se sentía de todos los presentes. Recordaba a su hermano como un chico alegre, siempre vestido de colores llamativos y con una eterna sonrisa en el rostro. Ambos tenían el mismo color de pelo, pero un par de años atrás Alexy había decidido teñírselo de azul.
Ahora de ese cabello no quedaba nada. La explosión o el fuego que la misma hubiera provocado se había encargado de arrasar el pelo de su hermano de tal modo que su cabeza ahora se encontraba completamente calva, dejando ver la piel quemada de su cuero cabelludo. Su rostro parecía el de un muñeco de plástico al que se le hubiera aplicado calor, pues la piel se encontraba parcialmente derretida, haciendo unas extrañas ondulaciones hacia abajo. Su boca, aún con rastros de la sangre que quizás habría vomitado, era un tajo informe y, sus ropas, simples andrajos que cubrían poco más de lo necesario.
No sabía qué debía hacer. Su lado racional le recordaba que deberían seguir con su camino, alejarse de alguien que quizás no sería más que un lastre para ellos, pero sus sentimientos no tenían aquel parecer. Estos últimos le recordaban que esa criatura que lo observaba no era ni más ni menos que su hermano, y seguramente estaría sufriendo un dolor casi impensable.
—Nathaniel, Kentin, creo que ya sabéis lo que tenemos que hacer —Armin se giró para ver a Ella avanzando hacia ellos con el aplomo que sólo daba la experiencia —Eider, prepara unas vendas. ¿Alguien está dispuesto a sacrificar algo de agua? —la chica comenzó a dar órdenes concisas, aproximándose más a Alexy y colocando sus manos para guiarlo hacia la sombra que proporcionaba un árbol que había visto días mejores.
Karim fue la que decidió sacrificar parte de su bebida mientras que un pequeño grupo compuesto por Castiel, Avna y Weasel optaban por buscar algún tipo de comida por los alrededores ("no es una buena idea ir gastando provisiones sin buscar antes algo que podamos consumir" dijo Avna cuando propuso la idea) mientras que los demás se quedaron lo más cerca posible, dispuestos a echar una mano de ser necesario.
Nathaniel, Ella y Kentin no tardaron en ponerse manos a la obra. No podían hacer mucho pero trataron de aliviar el dolor de las quemaduras del chico rociándolas con agua y luego vendándolas con mucho cuidado. Alexy apretaba los dientes ante aquellas atenciones pero, salvo algún gemido ocasional, no emitió sonido alguno. Armin se había situado a su lado, sus ojos fijos en su hermano, pero cuidándose de no tocarle. Las quemaduras no tenían buen aspecto y le daba la impresión de que el contacto físico, más que ayudar, no haría otra cosa sino molestarle. Por eso se limitaba a apretar sus manos en su regazo, sin quitar los ojos del desgraciado, tratando de animarle con aquel contacto visual.
—Me sorprende lo bien que te encuentras —murmuró Alexy mientras los médicos se encargaban de él. Sus ojos violetas seguían fijos en Armin y a pesar de la pátina de dolor que los empañaba, parecían felices —Has tenido más suerte que muchos de nosotros.
—¿Cómo es que te encuentras así? —respondió su hermano con voz queda. Admitía que Alexy no estaba tan mal como aquellas personas que se toparon el primer día, pero en comparación con el grupo, Alexy era una especie de ser deforme.
—Estaba saliendo de casa cuando sucedió —hablar parecía costarle, pues su respiración comenzaba a hacerse más y más fuerte —Creo que, por muchos documentos que queden de aquellos que sobrevivieron en Hiroshima y Nagasaki, no puedes hacerte una idea de lo que realmente es vivir semejante situación hasta que te toca. Estaba guardando las llaves en el bolsillo, mirando hacia abajo; eso fue lo que me salvó que quedarme ciego... porque de repente todo brilló con una luz que no te puedes ni imaginar. Ese resplandor duró unos momentos y luego, de repente, el suelo pareció disolverse bajo mis pies, pues una onda de energía impactó sobre mi cuerpo y me hizo salir proyectado por los aires. Pero lo peor vino después, fue como si me hubiera metido en un horno al rojo vivo, o quizás como si una especie de dragón monstruoso me hubiera vomitado fuego encima. Perdí el conocimiento por el dolor que me recorrió entero. Cuando desperté, cada movimiento era un suplicio. Caminé sin rumbo hasta encontrarme con otros supervivientes y entonces... —fue a decir algo más, pero su cuerpo se convulsionó y vomitó un torrente de sangre. Kentin, automáticamente, tomó al chico por las zonas de su cuerpo ya vendadas y lo colocó de lado, para que no se ahogara con su propio vómito.
Ella, a su lado, no pudo evitar hacer una mueca ante la imagen. Alexy ya no tenía cabello cuya caída le diera más pistas sobre sus síntomas pero había escuchado lo que el chico le decía a su hermano y dicha historia no hacía más que aumentar su temor. Puede que el poco pelo que le quedara a aquel chico se hubiera caído ya, pero esos vómitos de sangre no daban lugar a muchas dudas: el chico parecía haber sido afectado por la radiación. Si poco después comenzaba a sangrar por la parte posterior, por llamarlo de algún modo, poco podrían hacer.
Decidida a despejar algunas dudas, le pidió a Alexy que abriera la boca. Sus dientes parecían nadar en un mar de sangre, pues sus encías se encontraban empapadas en dicho líquido. Ella no pudo menos que apretar los labios, tratando de controlar por todos los medios las ganas de llorar.
—Esto ya está —Nathaniel, el más rápido de los tres con las vendas, había logrado concluir con su cometido y ataba la última venda en el brazo del chico.
—Verás como en nada te vas a recuperar —dijo Rafaella con voz suave. Sabía que era una mentira, que seguramente no le quedaría mucho de vida, pero no podía soportar la idea de no consolar a un moribundo, de no darle ánimos. Otros quizás la tacharían de cruel, de ilusa, pero ella lo prefería así —Sólo necesitas algo de descanso.
—¿De verdad se va a poner bien? —Armin alzó el rostro, encontrándose con el gesto hierático de Eider, justo detrás de Ella. La muchacha le devolvió la mirada con todo el aplomo del que disponía, pero sentía su interior licuarse cuando, lo más discretamente que pudo, negó con la cabeza. Recordaba lo que Ella había dicho cuando se toparon con el primer grupo de supervivientes: que seguramente aquello sería un ataque nuclear y que si quedaban expuestos a la radiación, morirían. Había reconocido los síntomas que Ella había enumerado entonces, por eso su negación. Si Alexy sobrevivía un par de días, sería una pura casualidad.
Notó que Armin fruncía el ceño ante su gesto. Sabía que quizás no debería hacerlo, pero se puso en pie y caminó hacia él, sentándose a su lado y acto seguido, abrazándolo. Notó que el chico temblaba, quizás tratando de asimilar la verdad que tal vez todos los demás ya veían venir.
Decidieron hacer noche en aquel lugar, siendo conscientes de que con un moribundo no llegarían demasiado lejos. Armin y Eider no se movieron del lado de Alexy, el primero susurrando a su hermano viejas historias de su infancia, la segunda en silencio, una especie de consuelo mudo.
Alexy no mejoraba. Los vómitos se fueron volviendo cada vez más comunes y su temperatura corporal fue subiendo poco a poco. Ella y Nathaniel se turnaban para refrescarle la frente con paños que humedecían tratando de no desperdiciar mucha agua, pero nada de ello ayudaba ya. Por debajo del chico comenzó a extenderse una mancha oscura, cosa que hizo al rubio negar con la cabeza al darse cuenta.
—Es cuestión de tiempo —murmuró, tratando de que Alexy no se enterara.
La noche fue entrando poco a poco y Armin y Eider seguían junto al moribundo. Eider limpiaba el vómito regularmente y Armin la ayudaba, su rostro siempre tenso, tratando de controlar las emociones. Ya era noche cerrada cuando Alexy comenzó a retorcerse cada vez que hacía un gesto; gemidos ahogados escapaban de su garganta con cada pequeño movimiento que hacía. Ninguno sabía el modo de paliar aquel sufrimiento y se limitaban a susurrarle palabras de ánimo con voces rotas.
De madrugada, sin embargo, pareció encontrar sosiego, pues sus gemidos callaron repentinamente. Armin, creyendo que quizás se había obrado un milagro, se acercó a su hermano... pero en ese momento pudo notar la ausencia de respiración. Conmocionado, sin ser consciente de sus actos, zarandeó aquel cuerpo inerte, olvidándose de que era mejor no tocar a aquel chico por el dolor que el contacto físico podría suponerle.
—¡Vamos Alexy, no te hagas el gracioso! ¡Reacciona! —su voz sonaba más alta de lo habitual mientras que, casi histérico, sacudía el cuerpo de su hermano. Sus uñas se clavaban en sus vendajes en su intento por obtener reacción alguna.
Una mano se posó sobre las suyas. Alzó los ojos, viendo de nuevo a Eider negar con la cabeza y luego, con mucho cuidado, alzar la mano hasta los ojos violetas que permanecían abiertos y cerrarlos con sumo cuidado.
Tengo que admitir que me duele escribir esto, pero los desastres son así y poca gente puede sobrevivir. Quería también escribir sobre la muerte por radiación y, de paso, hacer que el grupo sea consciente del riesgo que corren.
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