Summary: Reconstruir una nación requiere de sacrificios. Sabiendo que la Nación del fuego no aceptará a una Maestra Agua, Katara se hace a un lado de su incipiente relación con Zuko y lo incita a buscar la grandeza de la nación junto a la noble de la Nación del Fuego Mai. Zutara

Ritmo de lluvia

Capítulo Veinte

Por DamageCtrl

Disclaimer: No soy dueña de Avatar: El último Maestro Aire ni nada relacionado con él.

N/T: Yo no soy dueña del argumento, sino que pertenece a DamageCtrl, yo sólo me limito a traducir lo que ella escribió en inglés, con su autorización por supuesto.


El hombre de edad mediaobservaba por última vez las brillantes luces en el cielo y sonreía suavemente. De alguna manera, había sabido que de una forma u otra, su hija desde el cielo les enviaría una señal. Y al repartir esos colores brillantes en el cielo, había bendecido la unión del primer y último joven al que había amado junto a su amada guerrera. Arnook cerró los ojos y parpadeó para contener las lágrimas que los anegaban.

Los hombres grandes, especialmente los Jefes de la Tribu Agua del Norte, no lloran.

-Jefe Arnook –el susodicho joven lo llamaba a sus espaldas y él se volvió, sonriéndole orgullosamente. Sokka en verdad había crecido hasta ser un asombroso guerrero de la Tribu Agua. Se detuvo frente al hombre mayor e inclinó su cabeza-. Muchas gracias por toda su ayuda esta noche. Suki y yo se lo agradecemos.

-No fue nada, Sokka. Te debemos mucho por tu esfuerzo y el de tu hermana. Esto fue lo menos que podíamos hacer –rió el líder y palmeó a Sokka en la espalda.

-A pesar de eso, señor –insistió Sokka respetuosamente-, si alguna vez me necesita o a Suki o siquiera a Katara, no lo dude y envíenos un mensaje.

-Aprecio eso, Sokka. Gracias. Mi hija es feliz de saber que has encontrado una novia tan maravillosa –añadió. Sokka sonrió y se sonrojó ligeramente. Inclinó su cabeza una vez más-. Ahora –rió entre dientes Arnook mirando a la celebración que se sucedía abajo-. ¿No deberías estar allí con tu futura esposa en vez de aquí hablando con un viejo?

-Si ella realmente me quisiera ahí abajo en vez de aquí arriba, ya me hubiera arrastrado de vuelta –replicó Sokka, completamente seguro-. ¿Va a bajar de nuevo, señor? La fiesta aún no ha terminado.

-No, voy a retirarme por esta noche. Ha sido una bastante emocionante –rió de nuevo-. Y ya no soy tan joven como solía ser.

-Sí, bueno dígale eso a mi abuela… -suspiró Sokka. Miró a la celebración, donde una gran lona de piel de foca había sido esparcida sobre una amplia área. Las mujeres la sostenían de los bordes y en el centro de la misma; su Gran-Gran volaba en el aire. Y la anciana parecía que estaba pasando el momento de su vida.

Arnook rompió en carcajadas.

-Te veré mañana, Sokka –el joven asintió y echó andar por los escalones del palacio hacia abajo. El Jefe miró a la multitud unos minutos más antes de volverse e internarse en el palacio de hielo.

Los músicos que habían estado dentro del palacio durante la propuesta hacía rato que habían bajado para unirse a la fiesta. Incluso mientras caminaba por el silencioso y casi vacío palacio, podía oír los tambores. Llegó a su cuarto y abrió la puerta. Cuando entró, frunció el ceño. Estaba anormalmente cálido.

Yo no le pedí a nadie que viniera a calentar mi habitación esta noche… pensó para sí mismo. Arrugó el entrecejo y se adentró más en su habitación. Sus ojos aterrizaron en la fogata y agrandó los ojos.

-¿Llamas azules?

-¿Jefe Arnook? –inquirió una voz detrás suyo. El hombre viró y atisbó en la mortecina luz de su recamara.

Entornó sus ojos azules.

-¿Quién está ahí?

Lo último que vio fue un rayo azul.


Sus ojos dorados recorrieron lentamente su cuerpo, deleitándose con una buena imagen de ella ahora que el grueso saco no se interponía. Estaba usando una vieja camiseta azul de mangas largas que le quedaba bien y le llegaba hasta media pierna, hecha de un material más delgado que su parka. Los bordes estaban contorneados con piel blanca, combinando con el forro que se dejaba ver en sus botos. Los pantalones sueltos, los agarraba dentro de la bota, escondiendo las piernas que se habían alargado desde la última vez que la había visto.

-Zuko, no me contestaste –Katara arrugó el ceño-. ¿Cómo entraste aquí?

-De la misma manera que la última vez –replicó fríamente. La maestra agua puso los ojos en blanco.

-¿Y cómo fue eso?

-¿De veras te gustaría saberlo? –sonrió con suficiencia y ella soltó un gruñido bajo.

Katara se pasó la mano por la cara.

-Zuko, ¿Por qué estás siquiera aquí? –indagó, frustrada. Apartó la mirada, una parte de ella se preguntaba si la había estado esperando.

-No podía dormir –admitió en voz baja-. Caminaba por la ciudad, pero quería paz y tranquilidad. Gracias a tu hermano, apenas hay "tranquilidad" ahí abajo. Este era el único lugar en el que puede pensar que encontraría algo de paz. Desafortunadamente, parece que pensaste lo mismo también.

Katara puso los ojos en blanco y deshecho la desilusión que sabía no debería de sentir. Así que era una coincidencia que ambos estuvieran allí al mismo tiempo. Justo como la primera vez que chocaron allí.

-Bueno, lamento ser un obstáculo en tu tiempo de paz.

Zuko simplemente se encogió de hombros. Se detuvo justo al lado del puente de piedra que llevaba a la isla. Una parte de él sabía que en el momento en que la vio tendida boca abajo sobre el césped, debió haber pegado media vuelta y sumergirse de nuevo en el agua. Pero en vez de eso, se había acercado a ella. Cuando vio su agua control, no pudo resistir las ganas de probarla un poquito. Solo para ver si se había puesto algo más fuerte. Aparentemente lo había hecho.

-Ahora tú responde mi pregunta. ¿Qué estás haciendo tú aquí en vez de estar con los campesinos ahí abajo?

Katara se cruzó de brazos sobre su prominente pecho y lo miró ceñuda.

-Para tu información, tu Tío, quien según tu definición no es un campesino, también está ahí.

-Entonces me estás diciendo que mi Tío sabe más como divertirse que tú.

-No eres quien para hablar –saltó Katara a la defensiva-. ¡Iroh me dijo que lo único que haces es encerrarte todo el día en tu despacho y trabajar!

Arqueó las cejas con curiosidad y Katara cerró los ojos perjurando mentalmente.

-Preguntaste por mí –acusó levemente.

Katara respiró profundo. El tipo este… la sacaba de las casillas.

-Lo dijo por casualidad –retrucó apretando los dientes-. Y estoy un poco cansada. Es por eso que estoy aquí.

-Y yo que pensaba que simplemente te estabas escondiendo.

-¡No me estoy escondiendo! –Exclamó Katara-. ¡Escucha, pasé todo el día tratando de tener lista la propuesta de mi hermano! ¡Antes de eso, pasé muchos días en un bisonte volador tratando de llegar aquí! ¡Y antes de eso, estuve en el sur del Reino Tierra tratando de poner algo de paz entre los colonos de la Nación del Fuego y los aldeanos del Reino Tierra! Estoy cansada, ¿Bien, Zuko? ¿Puedes realmente culparme por ello?

Agni, cómo había extrañado esa fogosa pasión. Todo lo de su voz, sus movimientos… las expresiones de su cara ponían sus sentidos a toda marcha. Siempre la había adorado cuando estaba cabreada. Nada calentaba más su sangre que cuando Katara discutía con él. Fuera por alguna razón verdadera y significativa o simplemente porque no estaba de acuerdo con él; la encontraba increíblemente atractiva.

La manera en que sus ojos sostenían esa llama, la manera en que su voz se levantaba, la manera en que sus mejillas se encendían… Zuko se lamió los labios. Tal vez era por esto que se le hacía placentero fastidiarla.

Frente a él, Katara le dirigió una mirada asesina. Sus ojos azules estaban fijos en su rostro y se encontró a sí misma poniéndose cada vez más nerviosa. Había una mirada en sus ojos que había visto antes… solo que esta vez parecía mucho más acalorada. Descruzó los brazos y retrocedió cautelosamente.

-¿Tú crees que estás cansada? –rebatió en voz baja y peligrosa.

Oh, no… Katara sintió que su corazón comenzaba a acelerarse. Conocía ese tono. Estaba por rebatirle. Odiaba cuando discutía o gritaba o bramaba. No porque fuera peligroso. Lo odiaba porque se sentía atraída hacía él. Él sacaba toda la confianza y fuerza que tenía cada vez que discutía y siempre le había gustado eso en un hombre.

-He pasado meses atrapado en el Palacio del Fuego leyendo un documento tras otro para mi Nación. Al final del día, estoy casi viendo doble. ¿Pero me tomo un descanso? No. Llegó a la mañana siguiente y continuó mi trabajo –indicó, empezando a moverse de su lugar. Sus ojos fijos en los de ella, y Katara sentía que los vellos de la nuca se le erizaban-. Pasé incontables horas en reuniones con ancianos que trataban de abrirse camino en mi corte y desperdiciando mi tiempo con sus patéticos argumentos cuando no lo lograban. ¿Pero sabes lo qué es peor? –preguntó echándose hacia delante, con sus ojos centrados en los de ella.

Katara tragó saliva nerviosamente, repentinamente sintiéndose como una presa delante de un enorme, poderoso y salvaje depredador. Su corazón se azotaba contra su pecho y por instinto; alzó los brazos cubriéndose, aparentemente el pecho.

-Zuko… -murmuró, agrandando sus ojos azules. Su "inofensiva" conversación había llegado hasta el Oasis-. Uno de nosotros debería irse. No creo que…

-No hasta que no hable contigo –la interrumpió Zuko con el entrecejo arrugado-. ¿Tienes idea de lo frustrante que es verte actuar como si nada hubiera pasado?

Katara agrandó aún más los ojos.

-Zuko, ¡se supone que nada debería de haber pasado! ¡Sabes eso!

Zuko entornó los ojos hasta dejar dos rendijas furibundas.

-¿Quién dijo que nada se suponía que debía pasar? Después de nueves meses… nueve largos meses tratando de apartar tu recuerdo de mi mente y concentrarme en mi Nación y en mi prometida, una mirada bastó para darme cuenta que nunca podré –siseó, levantando las manos y agarrándola de la muñeca-. Nunca dejaré de amarte y me estoy volviendo loco. Es como sí no hubiese pagado suficiente por todo lo malo que hice en mi vida. ¡Tenía que verte de nuevo y descubrir lo hermosa y fuerte que te has puesto!

Su aliento era cálido contra su rostro. Podía sentir el calor que se desprendía de su piel con sus narices a menos de una pulgada una de otra. Katara entornó los ojos y alzó la barbilla tan desafiante como pudo.

-No te pedí que me miraras y notaras eso –escupió-. ¡Te pedí que hicieras lo opuesto!

-¿No crees que traté? –de repente, Zuko la soltó y Katara tambaleó hacia atrás. Se frotó las muñecas al mismo tiempo que Zuko se giraba y respiraba hondo para controlar sus crecientes emociones.

-Lo siento si esto es difícil para ti, pero no me disculparé por las decisiones que tomé –le aseguró Katara con orgullo-. Por lo que oí, la Nación del Fuego se está recuperando bien. ¡Escuché sobre los cambios que se sucedieron y dudo que fueran los nobles los que pidieron por ellos!

¿Lo estaba elogiando por su trabajo? Zuko echó la cabeza hacia atrás y observó el cielo. En ese momento, nunca la había odiado y amado tanto en toda su vida. Sus manos se cerraron en puños a sus costados y sacudió la cabeza. Katara lo miró con mosqueo, manteniendo sus ojos en su figura quieta. Si había una cosa que conocía de Zuko; era que cuando estaba fastidiado, se descargaría… con fuego control.

Un repentino grito escapó de su garganta cuando se giró, dirigiendo una ola de fuego hacia ella. Katara saltó hacia atrás, levantando los brazos rápidamente y escudándose de las llamas detrás de otra pared de agua. Vio la frustración en su mirada.

Mejor pelear que otra cosa… susurró la mente de Katara. Arrugó sus ojos y levantó la mano.

Una larga corriente de agua salió del estanque delante de ellos y ella se puso en posición. Zuko automáticamente adoptó la suya. Dorado enfrentó al azul fijamente. Una pequeña sonrisa de suficiencia atrapó la comisura de los labios de él. Katara sintió una sonrisa propia muy similar aparecer en los suyos. Sus dedos temblaron.

Voló fuego de su puño cuando se movió a una posición de ataque, enviando una bola de fuego tras otra con su cuerpo. Los brazos de Katara giraban a su alrededor, bloqueando cada ataque con una ola de agua. Zuko saltó en el aire; pateando llamas mientras Katara se agachaba; el fuego pasó a centímetros de su cabeza. Sus brazos giraron en torno a ella, arrastrando agua alrededor de sus tobillos antes de levantar el agua y dispararla hacia él al mismo tiempo que él parecía bailar a su alrededor. Esto era natural. Fuego contra agua era natural. Sus palabras eran nada comparadas a sus movimientos. Y felizmente se dejaron llevar.

Él sintió la fresca caricia un látigo de agua pasar por su cara cuando ella se adelantó. Sus hombros giraban con cada paso; torciendo el agua alrededor de él con la forma de unos largos tentáculos más él tenía los puños armados con dagas llameantes que los cortaban con jolgorio. Los elementos se extendían como partes de su cuerpo chocando unas contra otras creando vapor cada vez que se atacaban y defendían.

Con una poderosa ola de agua, Zuko retrocedió volando y aterrizó sobre su espalda. La sonrisa de Katara se ensanchó y levantó las manos, moviéndolas hacia delante, atrapando sus pies y manos en hielo mientras estaba tendido delante de ella. Momentáneamente, él se detuvo y miró lo que había hecho. Levantó sus ojos dorados y la miró con curiosidad.

-No sabía que estabas en esta clase de cosas.

Katara agrandó los ojos y Zuko sonrió suficientemente. La cara de ella se encendió violentamente, levantó las manos e hizo caer docenas de carámbanos puntiagudos. Zuko apenas pudo arreglárselas para derretir las esposas de hielo y rodar fuera del camino antes de terminar empalado. Saltó y Katara mandó más agua desde la punta de sus dedos.

-Es luna llena esta noche, Zuko. No me provoques.

Él arrugó los ojos. Estaban a unos pocos pasos el uno de otro, en posiciones de combate. Katara tenía una espiral líquida alrededor de su cuerpo, lista para practicar agua control. Las manos de Zuko brillaban con llamas devoradoras.

-Intenta y detenme, campesina.

Echó a correr hacia delante, atravesando el agua que Katara le arrojaba mientras se hacía camino hacia ella. Katara podía ser una Maestra del Agua Control; pero no era exactamente la mejor guerrera cuando se trataba de una pelea de cerca. Entonces, Zuko tendría la ventaja.

Katara sintió que retrocedía otro paso. Podía sentir el calor de su cuerpo empujándola, acercándose demasiado. Era difícil bloquearlo cuando su cuerpo estaba a solo pulgadas de ella. Su puño golpeó cerca de su cabeza y Katara soltó un jadeo. Estaba cerca. Y ella sabía porque. Antes de que pudiera recuperar su mano, envió agua delante de ellos. Levantó las manos y agarró su brazo. Giró su cuerpo y lo presionó contra el de él.

Zuko sintió que su corazón se detenía cuando su espalda chocó su pecho. No se dio cuenta que estaba siendo volcado hasta que estuvo en medio del aire. Gruñó y se las arregló para aterrizar sobre sus pies y virar para encararla. Una altiva expresión iluminó su cara cuando ella levantó los brazos defensivamente, solo esperando que devolviera el golpe.

-No soy tan mala en una pelea cuerpo a cuerpo de cerca.

Él bufó, y salió vapor de su nariz.

-Estaba por guardar esto para después, pero parece que necesito enseñarte una lección ahora.

-Menos charla, más acción –sonrió Katara con arrogancia.

El agua voló alrededor de su cuerpo, como una protectora serpiente lista para atacar. Zuko cerró los ojos y respiró hondo. Podía sentir el Chi dentro de su cuerpo, acumulándose y esperando a ser liberado. Deseaba controlarlo, y se esparció por su cuerpo. Katara lo miró retroceder. Agrandó los ojos. Ya conocía esa posición.

Levantó los brazos, creando arcos alrededor de él. Podía sentirlo rebosante de energía y se preparó. Entonces vio la centella en la punta de sus dedos. La inquietante chispa azul de un rayo crepitó y Katara sintió a su propio corazón latir con excitación. Dos ojos dorados se abrieron bruscamente y Zuko soltó un grito. Katara vio como su mano volaba hacía delante, dirigiendo un crepitante látigo de rayo azul directamente hacia ella.

Ella alzó los brazos e inclinó su cuerpo, manteniendo sus pies firmemente en el suelo. El agua se levantó en el aire e inmediatamente se volvió hielo. El rayo golpeó la sólida pieza haciéndola añicos al tocarla. Tan pronto como eso sucedió, Katara hizo que los fragmentos de hielo se derritieran y cayeran inofensivamente al agua.

Pero incluso cuando ya estaba desviado, otro venía hacia ella. Sin aliento por el esfuerzo, Katara saltó fuera del camino, con el tiempo justo para apartarse del rayo. Apretando los dientes, fulminó a Zuko con la mirada. Su sonrisa arrogante estaba nuevamente en sus labios, pero ella pudo ver que reunir toda esa energía había hecho mella en él. Su cabello estaba deshecho y respiraba más fatigosamente de lo normal, incluso después de su pequeño ejercicio.

-Nada mal –sonrió él con satisfacción-. ¿Practicaste?

-Nunca se sabe cuando tu lunática hermana aparecerá de nuevo –replicó, empujándose a sí misma del suelo-. ¿Cuándo lograste hacer eso?

-Hace unos meses… -admitió-. Todavía es difícil de controlar.

-Ya vi… ni se acerca a la fuerza que tenía el de tu hermana, según recuerdo.

-Ella es un prodigio –rebatió Zuko a la defensiva-. El rayo no es algo natural en mí. De veras tuve que trabajarlo –Katara se sacudió la ropa y levantó la mano para alisarse el cabello hacia atrás. Acomodó un par de cabellos detrás de la oreja y entornó los ojos mirándolo. Volvió a ponerse en posición defensiva y Zuko sonrió con satisfacción una vez más. Él tampoco estaba listo para terminar.

Esta vez, Katara atacó primero. Olas de agua salieron disparadas hacia él y él las pudo atravesar, abriéndose camino hacia ella. Empezó a preguntarse si se acercaba a ella por la ventaja o por la simple razón de estar cerca de ella. Katara lo vio acercarse de nuevo. Su estilo de pelea siempre había sido uno más de cerca que el de ella. Cuando sus brazos y piernas le dispararon fuego; Katara manipuló el agua para bloquear las llamas.

Sus brazos rozaron los de ella mientras giraban en círculos, atrapados en una danza de combate cercano, sus piernas tocándose y vapor levantándose a su alrededor. Una maraña de rojo y azul giraba en torno suyo cada vez que alguno golpeaba y el otro lo desviaba. Se torcían y giraban alrededor del otro, perdiendo de vista al cuerpo del oponente solo por un nanosegundo antes de que atacara. Estaban a pulgadas unos de otros ahora, perdidos en el calor de una pelea que servía para resolver lo que fuera que sus palabras no podían.

Ella podía distinguir las intrincadas líneas de su rostro ahora, incluso a través de los difusos movimientos de su cuerpo. Él podía ver cómo habían madurado sus ojos y como sus labios habían adquirido un inconfundible tono rosado durante el tiempo que habían permanecido separados. Sus movimientos se volvieron más rápidos y bruscos hasta que una pierna muy bien colocada noqueó las de Katara y la hizo caer. Soltó un jadeo corto y se preparó para caer al suelo.

Pero sintió que unos fuertes brazos envolvían su cuerpo. Por un momento el tiempo se detuvo. Katara abrió los ojos y encontró unos dorados mirándola. Su cuerpo estaba encima del suelo y sobre Zuko. Los brazos de él la abrazaban con fuerza, manteniéndola segura encima de él mientras la miraba fijamente. Los brazos de Katara estaban inmovilizados en medio de las suaves y curvilíneas prominencias de su pecho y la sólida construcción del de él. Su corazón latía rápidamente contra sus manos. Podía sentir cada latido de él tan claramente como si fuera el suyo. Eso no estaba bien.

-Zuko… -jadeó sin aliento. Su cuerpo se había congelado en sus brazos, temiendo moverse, pero sin saber exactamente porque. Katara tragó saliva con nerviosismo y apartó la mirada. Su cuerpo se acaloraba más con cada segundo-. Eh… ¿ya fue suficiente?

Lo oyó soltar una carcajada altanera.

-Nunca –su voz acarició su oído y cerró los ojos con escalofríos recorriendo su cuerpo, haciéndole cosquillas a su piel. Zuko la miró, disfrutando lo hermoso que era su rostro sonrojado y sin aliento a la luz de la luna. Su cabello estaba completamente despeinado con el pelo ondulado cayendo contra sus mejillas. Su aliento era desigual y dispar; su corazón latía más fuerte que esos tambores en la celebración.

Su cuerpo era cálido y suave. Había subido un poco de peso, pero eso no era necesariamente algo malo. Sus manos inconscientemente soltaron el agarre y se apoyaron sobre sus costillas. Agrandó los ojos al sentir la presión contra ella y él la sintió tensarse. Su corazón se aceleró y se le sonrosaron las mejillas. Esperó a que protestara.

Katara no dijo nada. Despacio, unas insensibles manos recorrieron el costado de su cuerpo. La hondonada de su cintura… la turgencia de sus caderas. Su respiración se hacía cada vez más entrecortada.

-Zuko… -jadeó, cerrando los ojos con fuerza. El anormalmente delgado material de su camiseta era la única cosa que separaba sus manos de su piel. Tragó saliva, dándose fuerzas para protestar-. Det…

Arrugó los ojos ligeramente. No quería que lo dijera. Si le decía, él lo haría. Nunca obligaría a ella ni a otra mujer, si podía evitarlo. Miró las emociones bailar por su siempre expresivo rostro. Ella quería decir "detente", sabía que sí. Pero la palabra flaqueó en sus labios. Lo que ella quería era completamente diferente a lo que necesitaba. Cuidadosamente, sus manos bajaron y acariciaron el costado de su muslo.

Inhaló con fuerza y tensó su cuerpo contra el de él. Apretó los dientes sobre su labio inferior, intentando contener el gemido que quería escapar. Maldijo su cuerpo de dieciocho años y sus "impulsos". Su propia respiración estaba empezando a volverse irregular.

-Katara –su voz bronca llegó a sus oídos y ella se mordió el labio-. Te amo… me detendré si quieres que lo haga. Si de veras quieres que lo haga, solo dilo.

¿Si quería? ¡Por supuesto que quería que se detuviera! Él era el Señor del Fuego. ¡Un comprometido Señor del Fuego! ¡Su prometida estaba en el palacio! El corazón de Katara se retorció en su pecho, repentinamente creyendo que estaba traicionando a alguien. Pero él no amaba a ese alguien… él estaba ahora aquí… con ella. Quería llorar. Sí, quería que se detuviera porque sabía que no debían. Pero ella necesitaba que continuara porque ella sabía que nunca tendrían una oportunidad como esa otra vez. Sintió que las lágrimas de rabia y frustración pendían de sus pestañas al desviar la cabeza.

-Déjame ir… -susurró con la voz quebrada.

Zuko la miró fijamente a la cara. Brillante gotas de agua se agolpaban en sus ojos y sus manos se congelaron en medio movimiento.

-Contéstame primero.

Katara negó con la cabeza.

-Estás comprometido –gimió. No me hagas decirlo… por favor no…

Una parte de él sabía que ella llevaría eso a colación. Miró su rostro confundido y lloroso. Alzó una mano y le acarició la mejilla con delicadeza.

-Esto es así… no te veré de nuevo después de esto –susurró confesando-. No así, Katara –lo siento, Mai… pero necesito esta noche.

-¿Entonces por qué? –exclamó Katara ahogadamente.

Porque te amo. Solo una vez… solo un momento contigo, es todo lo que pido… así no puedo lamentarme. Quería decirle todo eso. Pero en vez de eso, la miró suplicante, rogándole que entendiera.

-Tú sabes por que.

-Es inútil, lo sabes –añadió Katara con una amarga carcajada-. Esto no pasará de nuevo.

Lo sé… Sus ojos permanecían en su cara.

-Simplemente responde mi pregunta, Katara –le pidió con seriedad-. Olvida lo que somos y lo que hacemos. Olvida nuestro pasado, nuestras responsabilidades, y nuestras ataduras a otras personas. Solo olvida a todo y a todos los demás ahora mismo y contesta mi pregunta –enfatizó-. ¿De veras quieres que me detenga?

El azul que imitaba las profundidades del océano se abrió encima de él y húmedas gotas de lágrimas saladas cayeron en su cara. Podía ver la batalla interna que se llevaba a cabo dentro de ella en esas pupilas de zafiro. Podía ver el conocimiento de que nunca volverían a hablar de lo que sucediera esa noche otra vez. Vio el amor profundo y el deseo, la esperanza y la frustración.

Debajo de ella, sentía su cuerpo rígido. Una mano descansaba en el hueco de la espalda de ella, la otra sostenía su cara y suavemente enjugaba las lágrimas en la esquina de los ojos con su pulgar. Un pequeño sollozo escapó de sus labios.

Perdóname, Mai… lo amo demasiado… sola dame esta única noche, Katara cerró los ojos.

-Solo una noche… –musitó.

Suaves y carnosos labios se estamparon contra los suyos, insensibles. Zuko cerró los ojos y su brazo la ciño con fuerza. Los dedos de ella se enredaron en la tela de sus batas, aferrándose a él. Su izquierda abandonó su rostro para agarrar su nuca. Delicadamente, rodaron, apoyando su cuerpo en el césped suave debajo de ellos. Despacio, retiró su cabeza, sus labios siguieron los de él hasta que se separaron con una respiración.

Ella levantó las manos y recorrió el contorno de su cara. Sus ojos azules estudiaron cada línea y curva de su rostro, imprimiendo su imagen en su mente. La punta de sus suaves dedos acariciaron la cicatriz de su ojos izquierdo. Despacio lo cerró, disfrutando sentir sus manos suaves acariciando la piel quemada con caricias delicadas y amorosas. Sus manos tomaron delicadamente su cara atrayéndola hasta la de ella.

Ásperos labios rozaron los de ella con vacilación. Sentía el calor de su aliento contra el suyo. Abrió la boca y él la estampó contra la suya una vez más. Su mano soltó su nuca y la abrazó contra el pasto debajo de ella, asegurándose de no apoyar todo su peso sobre su cuerpo. Sus rodillas rozaron el costado de sus piernas al mismo tiempo que le acariciaba el cabello con una mano.

Alzó unos dedos ágiles que alcanzaron el nudo que mantenía su cabello en una cola de caballo. Por un momento, pensó que iba a desatarle el pelo. En vez de eso, pasó los dedos a todo lo largo de la melena negra y similar a la seda y sintió el gemido que escapó de los labios de ella.

La cola de caballo hacía a Zuko. Al Príncipe Zuko. Al joven testarudo que había conocido hacía siglos. Era nuevamente solo el chico del que se había enamorado… no el Señor del Fuego que no podía tener. Y por eso dejó su cabello intacto.

Levantó las piernas a ambos lados de él y lo hizo estremecer. Las frotó contra él y se apartó de ella para soltar un gemido. Despacio. Tenía que tomarlo despacio. Sería su única noche juntos y no se apresuraría. Se lo tomaría tranquilo y despacio y saborearía cada momento como si fuera el último día de su vida. Katara observó su reacción con interés al acomodar la parte baja de su cuerpo. La cabeza de él estaba hacía arriba y uniformes jadeos salían de sus labios.

La tersa y pálida piel de su garganta estaba expuesta a ella y Katara se lamió los labios. Estirándose hacia arriba, presionó los labios contra la piel descubierta y sonrió con las vibraciones de su garganta retumbando contra sus labios. La mano de Zuko arañó el pasto que había a su lado mientras sus labios trazaban cuidados círculos alrededor de su cuello.

Estiró su mano y abrazó su hombro, levantándola contra él con un único y fuerte movimiento. Sus labios recorrieron la parte baja de su cuello. Unos dedos tostados viajaron por su pecho y se enroscaron en el cuello de su camisa. Con movimientos fluidos, sus manos suavemente tiraron de la bata para revelar la piel blanca como la leche. Podía sentir el peso de su pecho contra el suyo, tratando de controlar su respiración cada que lo tocaba. Sus manos se deslizaron debajo de la tela sedosa y lisa y acariciaron la piel muy similar que había debajo.

Cálidos labios besaron las marcas de los huesos de su cuello, haciéndolo erizar con el movimiento dolorosamente lento de su lengua contra su piel. Debajo de su palma, Katara sentía el corazón de él golpeteando. Sonrió levemente y se preguntó si él también podía sentir su corazón. Zuko echó la cabeza hacía atrás lánguidamente. Sus manos estaban acariciando con extrema suavidad los tersos músculos de sus hombros y se abrían camino por sus brazos. Sintió la fresca caricia del aire contra su piel cuando la bata de seda cayó de sus hombros.

Sintió su cuerpo acomodarse contra el de ella. Retrocedió, trayéndola con él, sentándose. Ella de pronto se encontró a horcajadas sobre su regazo y se ruborizó.

-¿Te gusta tu camiseta? –preguntó él, su voz ronca y jadeante, con las manos de Katara deslizándose por el frente de su cuerpo.

Lo miró confundida y se detuvo.

-Sí… ¿Por qué?

-Entonces no la rasgaré –rió ahogadamente ante la expresión de su rostro cuando quedó estática en su falda. La cara de Katara se encendió y apartó su mirada, dirigiéndola a su vientre. Sus manos estaban deshaciendo el nudo de su cinturón, resistiendo el impulso de empujarlo sobre su espalda y pasar el resto de la noche trazando las líneas claras de los músculos de su pecho y abdomen

Todo ese ejercicio realmente había dado frutos. Finalmente, la banda de tela alrededor de su cintura cedió y casi con fervor, se lo quitó y lo arrojó por encima de su hombro. Con Zuko sentado con ella encima de él, se hizo para atrás para poder apreciarlo a la luz de la luna.

Su piel estaba lisa, aún así cubierta por torneados músculos. Delicadamente, sus manos corrieron la piel, deteniéndose cada tanto para inspeccionar cicatrices de ataques y peleas. Se sentó ahí con paciencia, esperando que terminara. Cada vez que encontraba una grande, ella se inclinaba y plantaba un suave beso en ese lugar tratando de olvidar como podía haberse hecho tal cosa. Los brazos de Zuko envolvían su cuerpo y él se inclinó hacia delante.

Sus labios se posaron suavemente en su frente y fueron descendiendo por el costado de su cara. Recordó como Katara se derritió en sus brazos cuando la besó en la base del cuello y comenzó a dirigirse allí. Zuko frunció el ceño cuando sus labios alcanzaron su mandíbula y se dio cuenta que su camiseta se le interponía. Sus manos se deslizaron por el costado de su cuerpo y recorrieron la prenda que se ajustaba en el valle de sus caderas.

Los brazos de ella estaban apoyados en sus hombros cuando agarró el final de la camiseta y comenzó a tirarla hacia arriba. Una leve exclamación salió de la boca de él cuando el aire del Oasis entró en contacto con su piel desnuda. Ella levantó los brazos y Zuko le sacó a ella la camiseta. La prenda azul se unió a su camiseta a un costado y él admiró su cuerpo tostado y suave.

Sus labios se fruncieron en una delgada línea y entornó los ojos. Katara sonrió inocentemente, sabiendo exactamente el porque de su expresión.

-¿Hay algún problema?

-Sí –confirmó con un tono molesto-. Eso –ella siguió su mirada a la tela blanca que cubría su pecho. Katara no pudo evitar soltar una carcajada al ver la expresión perpleja de su rostro. Obviamente, él no tenía ni idea de cómo lidiar con un sostén.

-¿Necesitas ayuda?

-A menos que quiera que lo queme, sí –masculló. Katara sonrió y con sumo cuidado empezó a desenvolver el sostén. Podía sentir sus ojos penetrándola con la mirada mientras se quitaba la tela-. Un poquito más rápido sería mejor.

Ella resopló indignada y a propósito redujo la velocidad de sus movimientos. Estaba a punto de quitar la última vuelta alrededor de su pecho cuando escuchó algo. Detuvo sus movimientos y tensó su cuerpo. Miró por encima del hombro de Zuko, hacia la puerta del Oasis. La cabeza de Zuko volteó bruscamente hacia el costado y miró hacia el sonido.

Ambos se congelaron mientras el sonido chirriante del picaporte parecía sobrepasar el sonido del agua corriendo a su alrededor. Zuko miró nuevamente a su futura amante y vio la aterrorizada expresión de su cara. Por más que no quisiera que terminara aún, no tenía otra opción. Tiró de ella contra él y se incorporaron de donde estaban sentados en el suelo. Katara se tambaleó a su lado, intentando desesperadamente cubrir su pecho casi desnudo con sus brazos al mismo tiempo que Zuko se agachaba y recogía sus ropas del suelo.

Él seguía mirando por encima del hombro, empujando a Katara para que se adentrara más en el Oasis y detrás de unos arbustos. Arrojó sus ropas detrás de una mata y asió a Katara contra su cuerpo. Se sentó, casi escondido por las plantas e ignoró las ramitas y hojas que cortaban su piel. Tiró a Katara junto a él y rápidamente envolvió su cuerpo en la camiseta que le había quitado hace tiempo y la escudó con su cuerpo.

La boca de Katara estaba herméticamente cerrada cuando se apoyó pesadamente contra él, su corazón se azotaba en su pecho mientras Zuko la envolvía consoladoramente con sus brazos. La besó en un lado de la cabeza.

-Está bien… shh… -susurró en su oído. Ella, apenas se las arregló para cabecear.

Escucharon que la puerta se abría.

-¡Katara! –la maestra agua abrió los ojos como platos.

¿Toph?

-¿La ves, Pies…? –definitivamente era la voz de Toph, pero había algo diferente. Arrastraba un poco las palabras-. ¡No la veo!

-No la veo –afirmó Aang. Su voz estaba normal-. ¿Quizás regresó a la ciudad? –sugirió.

-¡Nop! –Chilló Toph-. ¡Gran-Gran dijo que vio a Katara viniendo aquí! ¿No es así, Pies?

-¿Está borracha? –le susurró Zuko sorprendido al oído. Katara se encontró a sí misma asintiendo, avergonzada. La Maestra de tierra control del Avatar estaba borracha. Y estaba segura que era culpa de Sokka. De alguna forma.

Por alguna razón, Sokka tenía vino en la fiesta y estaba tratando de que todos se unieran y brindaran por el compromiso. Y la mayoría de la gente lo hacía. Sin embargo, Aang no bebía, producto de su educación como monje… o al menos es lo que él decía. Toph, por el otro lado…

-¡Quizás se esté escondiendo! –Exclamó Toph dando una palmada-. ¡La buscaré!

Katara empalideció y Zuko se quedó estático. La maestra tierra ciega podía sentir las vibraciones en el suelo… y de todos los lugares a los que podían haber ido en la enorme extensión de hielo conocida como Polo Norte, Katara y Zuko habían decidido estar sobre tierra.

-Mmm… -meditó Aang. Se rascó el montón y siguió a Toph dentro del Oasis-. Ey, Toph… ¿estás bien? –delante de él, la ciega maestra tierra estaba tambaleándose, yendo de un lugar a otro.

-¡Estoy bien, Pies Ligeros! ¡Completamente bien! –le aseguró. Tropezó hacia delante y Aang la siguió, solo para asegurarse de que Toph no hiciese nada que lamentase luego. Toph se detuvo a la orilla del estanque-. ¡Oh! ¡Peces!

Aang suspiró cansinamente.

-¿Sientes algo, Toph?

-Ganas de pescar.

-Bueno… -Aang no completó la frase-. No más vino para ti.

Toph arrugó el entrecejo y se dirigió a grandes zancadas hacia Aang.

-¿Estás diciendo que estoy ebria? –escupió. Aang tragó saliva con nerviosismo y retrocedió.

-No, por supuesto que no…

-Porque yo… -Toph dejó de hablar y Aang vio como cerraba los ojos.

-Oh, oh… -Aang corrió hacia delante y atrapó a su amiga antes de que cayera al suelo. Toph soltó un pequeño bufido cuando Aang la encaramó en su espalda. La cabeza de ella quedó apoyada en la calva de él y sus brazos sobre sus hombros.

-Gracias, Pies… -murmuró mitad somnolienta, mitad aturdida por el alcohol-. Pero esta almohada es un poco dura… y luce raro.

Aang hizo una mueca y decidió ignorar el comentario. Se aseguró de que Toph estaba cómoda y segura en su espalda antes de girarse y emprender el regreso. Al rodear el estanque donde el pez blanco y el negro se perseguían el uno al otro, una prenda roja y dorada con rayas llamó su atención. Paró un momento, tratando de ubicar donde había visto esa faja de seda antes.

Faja de seda… Nación del Fuego… Aang abrió los ojos como platos. Su mandíbula casi se desencaja y volvió su cabeza hacia los arbustos a su espalda. No puede ser… sacudiendo la cabeza, viró y siguió hasta la puerta. Mientras sacaba a Toph, echó una última mirada al interior del Oasis de los Espíritus. Umm… quizás es mejor no decirle a Sokka que encontramos a Katara… La puerta se cerró.

Tan pronto como se hubo cerrado, los dos que estaban escondidos detrás de los arbustos instantáneamente se relajaron y cayeron el uno contra el otro. Katara soltó el aliento que había estado conteniendo mientras que Zuko se pasaba una mano por la cara, reclinándose sobre un brazo.

-Olvidaste cerrar la puerta.

-Perdóname –Katara puso los ojos en blanco y empezó a gatear apartándose de él-, pero me agarraron en el momento.

Él rió entre dientes y la tomó de la mano antes de que se fuera. Con un tirón firme, la hizo para adelante, haciéndola caer en su regazo. Ella soltó un jadeo al aterrizar contra su cuerpo y sentir sus brazos envolviéndola una vez más.

-¿A dónde vas? –le preguntó con seriedad-. Tenemos solo una noche –le recordó suavemente-. Y no hemos terminado.


-¡Ey, Aang! –Sokka sonreía feliz y no se dio cuenta que el joven Avatar casi saltó fuera de su cuerpo cuando escuchó su voz. Lentamente, Aang se dio la vuelta y miró por encima de su hombro. La feliz pareja caminaba hacia él, con las manos firmemente enlazadas.

-¡Sokka! –chilló Aang con nerviosismo. Sus ojos fueron de un lado a otro-. ¡Suki! Umm… ¿Qué están haciendo aquí?

Sokka sonrió ampliamente.

-¿Qué quieres decir con que estamos haciendo aquí?

-Nuestras habitaciones están justo ahí –rió Suki señalando las puertas justo frente a ellos.

Aang se enderezó y le regaló una de sus enormes sonrisas.

-¡Cierto! Cierto… -asintió-. Eh… sí… -Sokka arqueó las cejas con curiosidad.

-¿Estás bien, Aang? –inquirió Sokka.

-¿Bien? ¡Estoy genial! ¡Bárbaro! ¡Fantástico! –insistió Aang, con bastante alboroto.

-Pareces un poco… sobresaltado –dedujo Suki. Aang sacudió la cabeza y soltó una risita nerviosa. Era tan malo para guardar secretos.

-No estoy sobresaltado, ¡tú solo estás imaginando cosas! –acusó. Suki alzo una ceja y Sokka frunció las suyas ambos mirando al joven Avatar, ligeramente preocupados.

-Bien… -dejó de hablar-. Creo que es hora de que vayas a descansar, Aang. Es bastante tarde.

-¡Cierto! ¡Descansar! –rió Aang débilmente-. Bueno… ¡buenas noches! –sin demora se giró sobre sus talones y estaba a punto de hacer aire control para alejarse cuando la voz de Sokka lo detuvo.

-Por cierto, ¿encontraste a Katara?

De repente, el Avatar sintió que un alce dientes de sables acababa de golpearlo. Había encontrado a Katara, bien…

-Eh… sí… estaba en el Oasis de los Espíritus. ¡Como Gran-Gran dijo! –listo. Eso no era una mentira. Simplemente no había mencionado con quien estaba.

-Ah, bien –respondió Sokka. Se inclinó y le dio un beso en la mejilla a Suki-. Te veré luego, ¿bien?

-Seguro –sonrió Suki cálidamente. Sokka viró y empezó a desandar el camino andado.

Aang agrandó los ojos.

-¡Sokka! ¿A dónde vas? –inquirió ahogadamente, el pánico creciendo en su interior ante la idea de que el sobre protector hermano mayor encontrase a su hermana menor en alguna posición comprometedora, o simplemente a solas, con el Señor del Fuego.

Sokka miró por encima del hombro.

-Quería hablar con Katara antes de irme a la cama. ¿Crees que aún esté en el Oasis de los Espíritus?

Aang quería llorar. No quería saber si todavía estaban en el Oasis de los Espíritus o no.

-Eh… ¿estás seguro que no puede esperar hasta mañana?

-Bueno, es un poco importante. Quería hablar con ella antes de que se me olvide.

¡Piensa, Aang! ¡Piensa!

-Estaba un poco cansada hoy. Pienso que quería un momento para relajarse y estar sola –insistió Aang-. Sería mejor esperar hasta mañana. Sabes como se pone cuando esta de mal humor.

Sokka rió entre dientes y asintió.

-Supongo que tienes razón. Mañana entonces… yo también estoy algo cansado –Aang soltó un hondo suspiro de alivio cuando Sokka se volvió y caminó de regreso hacia ellos. Agarró la mano de Suki y palmeó a Aang en la espalda al pasar-. Gracias por toda tu ayuda esta noche, Aang. Realmente lo aprecio.

Aang simplemente mantuvo la sonrisa congelada en la cara.

-Sí… claro… -Suki se despidió de él antes de desaparecer dentro del cuarto de Sokka. El joven Avatar soltó otro hondo suspiro y se pasó una mano por la cara. Agradecía a los dioses y a todos los Avatares pasados que Toph hubiese estado demasiado fuera de sí misma como para percibir a Katara y a Zuko tras los arbustos. Silenciosamente rezó para que nadie más se enterara.


Ella sentía el calor de su cuerpo acomodándose contra el de ella y en instinto, sus brazos se ciñeron alrededor de su cintura desnuda. Él levantó la mano y acarició con dulzura el lado de su rostro que no estaba apoyado en su hombro. La mitad del cuerpo de ella estaba sobre el de él, sus largas piernas morenas enredadas en las blancas de él.

Por un momento, Zuko solo se quedó tendido ahí, contemplando el cielo encima de ambos. Sus ropas estaban amontonadas tras los arbustos, excepto por la camiseta de ella que le había ayudado a ponerse de vuelta para que no se enfriara. La mano de él descansaba sobre su cadera y ella mantenía la pierna cruzada sobre la de él. Esparcido sobre su brazo y hombro estaba su cabello castaño y despeinado, alzó una mano llevándosela al corazón.

Katara no tenía ni idea del tiempo que habían estado acostados allí, solo sabían que estaban cansados y habían estado mirando los colores bailotear por el cielo desde su posición. Tal vez en una hora o dos, el sol empezaría a salir. Indicando que pronto tendrían que separarse. Cerró los ojos con fuerza.

Zuko sintió que Katara comenzaba a temblar contra su cuerpo. Volvió la cabeza y la vio cerrar los ojos con vehemencia, tratando de contener el llanto. Su corazón se retorció en su pecho al virar su cuerpo y atraerla hacia sí. Justo como había hecho muchas veces esa noche. Katara colocó su cabeza en su hombro y empezó a llorar.

Zuko cerró los ojos y le acarició la cabeza con su mano. Apoyó la suya contra la de ella y le susurró palabras consoladoras al oído. Katara trató de asentir, pero no podía detener los sollozos que la ahogaban. Sus brazos la abrazaron con más fuerza y presionó su rostro contra su pelo. Al enterrar la cara en el hueco de su cuello, las sintió. Cálidas lágrimas se derramaban sobre un costado de su rostro y alzó la cabeza. Le dolía el corazón.

Entonces soltó el abrazo. Colocó sus manos entre sus cuerpos y lo alejó. Zuko sentía que su corazón estaba siendo apuñalado unas mil veces cuando Katara lo apartó. Sus piernas se deslizaron de debajo de las de él. Zuko bajó la mirada. Despacio, se obligó a sentarse. Silenciosamente, juntó su ropa y comenzó a vestirse.

Katara lo miró, todavía se deslizaban silenciosas lágrimas por su cara mientras se vestía. Cuando él se volvió para mirarla por última vez, Katara volteó la cabeza. él quería correr hasta ella y estrecharla entre sus brazos. Quería besar sus lágrimas y no dejarla hasta la eternidad, justo como hacía cada vez que lloraba. Con el dolor destrozando su cuerpo, Zuko respiró hondo. Le dio la espalda y se alejó.

Katara escuchó sus pisadas desvanecerse con cada paso que daba, alejándose de ella. Cerró los ojos y apretó las rodillas contra su pecho. Escondió la cara en ellas, permitiéndose llorar una vez más.

Adiós, Zuko.


Le dolía el cuerpo. En silencio, se preguntó si eso era natural después de tales actividades. Frotándose el cuello con cansancio, atravesó el corredor débilmente iluminado del palacio de hielo. A pesar de tener que sentirse adormilado, todavía estaba muy despierto. Algo en su interior no estaba bien y no podía dilucidar que era. Se detuvo y miró la puerta que tenía delante.

La de Mai.

Entornó los ojos, permaneciendo frente a las puertas de madera. Después de todo lo que había pasado, después de que el cielo explotó a su alrededor y todos sus sentidos habían sido ahogadas en Katara, sabía que quería, tenía que, cancelar la boda. No era justo para Mai. No era justo para Katara. No era justo para él. ¿Y si no podía estabilizar su propia vida, cómo podía estabilizar su país?

En cierta forma, quería a Mai. No estaba enamorada de ella, pero la quería como una amiga fiel. La respetaba enormemente y sabía que un día, con su inteligencia y amor por su nación; llegaría a ser una excelente noble. Zuko ya había hecho planes para redimirse con su familia por todas las molestias. Lidiaría con su corte y con todos los ancianos. Al diablo con todos ellos.

Necesitaba a Katara. Ella era su fuente de lucidez y sin ella; no se creía capaz de controlar su nación. Y si Katara no quería casarse con él, esperaría. Esperaría por el resto de su vida si tenía que hacerlo. Después de todo, ¿acaso ella no valía la pena? Y si alguien lo cuestionaba, pelearía con uñas y dientes por mantener su trono. Lo había hecho por más de la mitad de su vida… era un tonto por siquiera haber pensado que tendría que detenerse.

Levantó las manos y llamó en la pesada puerta de madera. Ni siquiera había terminado cuando escuchó pasos a sus espaldas. Zuko se volvió y se encontró rodeado por Guerreros de la Tribu Agua vestido en azul y blanco. Inmediatamente, arrugó los ojos al verse apuntado directamente por lanzas y manos de maestros agua.

-¿Qué significa esto? –demandó Zuko.

-Señor del Fuego Zuko –comenzó un hombre-, estás bajo arresto. Por favor, no se resista.

-¿Qué? –Zuko agrandó los ojos como platos-. ¡Exijo saber la razón!

-¡Queda detenido como sospechoso del homicidio de Arnook! ¡Jefe de la Tribu Agua del Norte!

Podía escuchar su voz desde afuera. Estaba gritando y protestando por su arresto. Demandaba hablar con quien fuera que estuviese a cargo y que alguien llamara a su Tío de inmediato. No oyó ruido de llamas por lo que asumió, que debía de haberse ido sin pelear, sabiendo que solo empeoraría las cosas.


Mai cerró los ojos y apretó la almohada más contra su pecho. Le dolía el corazón y contenía las ganas de llorar. Una mano fría se apoyó en su hombro mientras la persona esa se sentaba a su lado y la abrazaba.

-Está bien, Mai –le aseguró la comprensiva voz sobando el hombro de su amiga-. Es lo que se gana por traicionarte.

Mai levantó su mirada gris y enfrentó la dorada.

-¿Por qué estás haciendo esto? –le preguntó con una voz atípicamente adolorida-. ¿Por qué me estás haciendo esto? ¿Acaso no te serví lealmente como una amiga?

-Bueno… -dijo simplemente la otra joven peinando el cabello de Mai hacia atrás-. Tú tomaste su lado en vez del mío. Todavía estoy un poco herida. Supe que dolía cuando los viste juntos en ese Oasis de los Espíritus, pero al menos sabes que clase de hombre es mi hermano. ¡Hacer eso con esa mugrosa de la Tribu Agua! No merece el título de Señor del Fuego. Sé que no querías verlo, Mai, pero tenías que. Piensa en eso como… amor duro.

Mai entornó los ojos y estudió el bonito rostro frente a ella.

-Azula… ¿Cuándo te volviste así…?

-Mai… -sonrió Azula con dulzura-. Siempre fui así –indicó con un tono cariñoso-. Ahora… -Azula rebuscó en la capa que estaba a su lado. Sacó una caja lacarada de madera y la abrió. Descubrió docenas de filosas agujas y delgadas navajas prolijamente acomodadas sobre un rico terciopelo rojo sangre-. ¿Amigas de vuelta o no?

La joven de corazón roto permaneció mirando fijamente la caja delante de ella. Había visto a su prometido traicionándola. Había visto a la joven que la había metido en su vida entregársele sin remordimiento. Repentinamente, Mai sintió como si estuviese atrapada en medio de algún juego enfermizo. Ella se merecía ser amada, ¿verdad? Arrugó los ojos peligrosamente.

Movió las manos sobre la caja y tomó las armas con aprendida facilidad. Los labios de Azula se curvaron en una sonrisa de triunfante satisfacción.


Caminaba lentamente, con la mirada en el suelo y sus piernas avanzando penosamente a través de la nieve. Todo el cuerpo le dolía y se hizo una nota mental para irse a sentarse en una bañera de agua hirviendo y hacer agua control sobre sus adoloridos músculo. Cerró la puerta del Oasis de los Espíritus tras de sí y la trabó bien. Lo último que quería era que una alegre Toph deambulara dentro y literalmente revolviera todo.

Katara se abrió camino hacia el palacio. Por millonésima vez desde que finalmente se deshiciera de su bollito y se vistiera, se aseguró que su ropa estuviese en orden y no mostrase ninguna señal de haber sido quemada. Zuko accidentalmente había chamuscado el dobladillo de sus pantalones en su sobre entusiasmo y se preguntaba si accidentalmente también no hubiese quemado algo más. Se pasó la mano por el cabello y oteó el horizonte.

El viento helado del ártico corrió a través de su cabello mientras observaba el cielo nocturno derretirse en el brillo calido del sol naciente. Soltó un suspiro profundo parada en la plana meseta justo delante del Oasis de los Espíritus. Cerró los ojos con la calidez del sol acariciando su cara. Como él había hecho ahora antes. Abrió los ojos y se quedó mirando el cielo. Brevemente se preguntó dónde estaba. Si ya estaba durmiendo en su cama…

-¡Katara! –llamó una voz a sus espaldas. Se dio vuelta rápidamente, su largo cabello oscuro volando alrededor de su cuerpo, al oír la voz desesperada de su hermano llamándola desde lejos.

Esto va a ser raro… sintió sus mejillas encendiéndose viendo a Sokka y a Suki corriendo hacia ella, sacudiendo sus brazos en el aire. Katara dibujó una sonrisa en su cara y los saludó con la mano.

-¡Katara! –también la voz de Suki era desesperada. Jadeaban al momento que la alcanzaron-. Katara, ¿estuviste en el Oasis toda la noche?

El rostro de la maestra agua se encendió violentamente.

-Sí… ¿Por qué preguntas? –inquirió, su voz temblando ligeramente.

-¡Te hemos estado buscando toda la mañana! –exclamó Sokka. Katara frunció el entrecejo.

-Sokka, el sol apenas está saliendo…

-No importa eso –la interrumpió Suki, rápida. Agarró las manos de Katara con fuerza-. Esta mañana la esposa del Jefe Arnook fue a su habitación después de la fiesta y lo encontró inconsciente, prácticamente quemado mortalmente en el suelo.

-¿Qué? –vociferó Katara ahogadamente-. ¿Mortalmente quemado? ¿Cómo? ¿Quién lo hizo? –otra docena de preguntas estaban a punto de salir de su boca y Suki sacudió la cabeza e intentó calmarla.

-Katara, tienes que regresar y ayudar con la curación –le dijo Suki.

-Cuando lo encontraron pensaron que estaba muerto –le contó Sokka-. Pero Yugoda dijo que estaba vivo todavía. Su pulso era débil y apenas respiraba. Pensaba que podían curarlo, pero necesitan los sanadores más avanzados que tienen.

-¡Entiendo! –asintió Katara, dándose impulso y echando a correr hacia el palacio.

-¡Katara! –gritó Suki antes de que se alejara demasiado. Katara no la escuchó. Sokka agarró a su prometida de la muñeca y ella se volvió para mirarlo. Sokka negó con la cabeza y Suki arrugó el entrecejo-. ¡Tiene que saber!

-Todavía no –porfió Sokka-. Necesita concentrarse en ayudar al Jefe Arnook. Zuko estará bien.

-Sokka –comenzó Suki con voz queda-. Katara necesita saber que Zuko ha sido arrestado por asesinato.

-Y se lo diremos –prometió Sokka-. Suki, todos sabemos que Zuko no trató de matar al Jefe Arnook. No se atrevería a hacer nada parecido… no a la Tribu Agua. Katara nunca se lo perdonaría.

-¿Pero no podemos decírselo? –Suki frunció más el ceño, asesinándolo con la mirada-. Sokka, si te arrestaran, ¡quisiera saberlo inmediatamente!

-Lo sé, lo sé –aseveró Sokka-. Pero Iroh está ahora con Zuko. Él estará bien. Quiero que Katara se concentre en curar al Jefe Arnook. Si se despierta, entonces él podrá decir que no fue Zuko.

Suki dejó caer los hombros, derrotada y cerró los ojos.

-Es solo que no entiendo… ¿Quién pudo haberlo hecho?


N/A – Iba a escribir una oración que dijera inserte lemon esterotipado aquí, en algún lugar por ahí arriba, pero pensé que se vería raro. Así que en vez de eso, para mantener el rating T, puse a una chispeante Toph y a un preocupado Aang para que intervinieran. (Risa malvada) Sí, lo sé, ese fue el intento más horrible de una escena lime. Ah bien… mañana, no hay actualización. Así que hasta el lunes, amor :D ¡Gracias por leer!

Hola! Porque soy buena nomás... y media boba! Subi el 17 en el 18 o algo así! Gracias Azrael por avisarme, aunque no te entendí y Gracias GeminiIlion por dejarme claro el error! Ahora ya esta solucionado y de regalo por haber sido tan buenos conmigo... les traje inmediatamente el cáp 20 :) Espero que lo hayan disfrutado :wink: :smirk: xP. Toda la magia del capítulo tenía que cagarla azula, xP. Quien fuera Katara, sigh... Aaang todo un santo no? Divina y providencial Toph ebria... jajaja y nada más, espero que hayan disfrutado realmente! xD

Ah, quiero aclarar, de verdad, parece como que los reto o que les pido que me reconozcan algo pero no qiero tal cosa, o sea, sí, pero no. NO sé si me entienden jejej. Bueno, en fin, que mi idea no era retarles ni decirles algo por leer en inglés, es más me encantan que lo hagan, así me corrijen ;) En fin... nada. jajaja. Me fue bien en Geo, genial para mi gusto y hoy sabre los resultados de los analisis, eso sí me van a partir en inglés. Nos vemos el jueves, porque ... no podemos vernos antes :S, perdón, iba actualizar el mie, pero ya que... no puedo, lo siento.

Se lo dedico a xxmabelxx, sutil acosadora predilecta y profesional, por haber llegado a la mayoría de edad, un beso GUAPA y que lo hayas pasado de diez! :D También ganadora al premio Review más original, del cáp anterior y creo que del cáp 11 )

GRACIAS: (esta noche los contestos, a no desesperar, yes you! o mas tardar mañana) GeminiIlion, xX-Fallen Angel Hikari-xX, chipo sister, Azrael (gracias por el doble aviso, de verdad y gracias de nuevo), MaKAkiSs, xxmabelxx (FELIZ CUMPLE!), CyllanSDT, anime fan (Creo que sí, que uno precisa novio para la proposición, ejeje. Me hacen sentir culpable cuando dicen que trabajo arduamente... :S No tuviste que esperar mucho, eh? ;) Espero que te haya ido bien con tu estudio :D) y mi lovely :) (Me encantó tu ecuación.Zuko+Katara+Solos en el oasis de los espiritus No lo dire pero lo imagino)

RR? (Dan ánimo, xP, todavía estoy estancada en el cáp 24. Avanzo dos págs y media por review ;) Quedan dos nomás... Pero del 25 quedan como 16 :). No es que quiera aprovecharme ni nada por el estilo... )