Los personajes NO me pertenecen estos fueron creados por la maravillosa imaginación de Stephenie Meyer solo me adjudico la historia que salió de MI cabeza loca.
(Solo los niños y uno que otro personaje secundario son míos)
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Capítulo 20
Es inevitable decirte "Sí"
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Bella POV
Una vez más gruñí al no encontrar lo que buscaba, estaba en la habitación de Lex sobre mis rodillas e inclinada buscando bajo su cama uno de sus zapatos y no cualquier zapato sino el zapato que necesitaba, gruñí nuevamente, estaba pareciéndome a Alice al completar el look perfecto.
Decidida a no encontrar el sucio zapato me levanté y avancé hasta el sillón frente a la ventana donde su ropa estaba apilada y preparada para que yo la colocara en su pequeña mochila. ¿Por qué hacia una maleta? fácil, es San Valentín, los niños se quedarían en casa de los Cullen mientras cada pareja pasaba la velada, gruñí -ya había perdido la cuenta de cuantas veces lo había hecho en sólo 5 minutos- al recordar las baratas excusas de Edward para que yo no supiera su sorpresa como él lo llamaba, yo odiaba las sorpresas, algo que él sabía pero por lo que veo le gusta hacerme enojar.
La maleta finalmente quedó terminada y la coloqué sobre la cama de Lex, recordé su orden, -sí, orden- de colocar algunos de sus videojuegos en su maleta por lo que avancé hacia el mueble de la televisión, abrí la pequeña puerta de lado derecho y lo que saltó al abrirla además de una pila de calcetines fue el zapato.
Nunca había batallado con su limpieza pero de un tiempo para acá su desorden crecía y crecía, tendré que tener una plática con él sobre el orden, mamá no se hará responsable de su habitación toda su vida, esperaba que eso fuera verdad en el futuro.
Feliz por encontrar lo que me llevó algún tiempo y con el objeto en mis manos lo metí en la mochila, la cerré y salí de su habitación, entre a la mía sólo para recoger mi neceser, la ropa que utilizaría y que fue diseñada por las chicas me iba a ser entregada en la casa Cullen.
Suspiré tratando de controlar las ganas de gruñir, mi temperamento estaba saliendo a flote y no era un día para pasarla mal aunque al recordar los días de tortura en el estudio de las chicas fue el detonante para retractarme.
En innumerable cantidad de veces y creo que muchas de ellas no se debieron a mis movimientos Alice hundía en mi piel los alfileres, enana maldita, mi piel estuvo llena de pinchazos por su culpa por algunos días, Edward la regañó pero ella como era de esperar, lo ignoró.
Suspiré y realicé esos tontos ejercicios de relajación mientras llegaba a la cocina ¿cuántas veces se tiene que inhalar y exhalar para que la tranquilidad llegue?
Creo que en esta mañana jamás lo descubriré.
— ¡Alexander Charles Swan ¿qué se supone que es esto? ! — chillé al observar el estado de mi cocina.
Empecé a contar de diez para atrás.
Enojo era poco, la cocina que hasta hace poco menos de una hora estaba impecable, ahora, ahora estaba prácticamente de cabeza. Algunos frascos estaban sobre la encimera abiertos y con el contenido bajo este, la mesa frente a Lex tenía esparcidos refractarios con verduras y carnes, sin olvidar las manchas de ingredientes sobre esta.
— Yo — levantó la mirada buscando la mía, no sé que encontró en la mía porque giró su rostro observando el campo minado en que se había convertido la cocina.
— ¿Qué has hecho? — solté cada palabra lentamente moderando mi enojo.
— Tenía hambre — una mirada arrepentida se poso en su rostro.
Mi enojo me abandonó y la culpa llegó. No era tan tarde pero el hecho que yo no tuviera hambre no significaba que mi pequeño tampoco la iba a tener.
— Lo siento cariño pero si querías comer debiste haberme dicho a mí, te pudiste haber cortado o hacerte daño…
— Tú estabas ocupada y bueno no quería darte más trabajo — dijo avergonzado tratando de tapar los recipientes.
— Tú nunca me darás más trabajo, es mi responsabilidad cuidarte.
— Lo sé — sonrió débilmente, destapó una de las charolas y me observó con adoración — hice este para ti — me acerqué más a él y en el avance observé lo que hizo.
— Gracias cariño se ve muy rico
— Le puse lo que a ti te gusta.
Me senté en la silla frente a él sin dejar de observarlo al hacer algún movimiento.
— Ven aquí — hizo lo que le pedí y en tres pasos estaba frente a mí. Sonreí al velo, él frunció su boca y sus ojos estaban entrecerrados — ¿tú eres parte del menú? — le pregunté, negó con confusión, con una de mis manos detuve el movimiento de su cabeza y levanté la otra hacia su mentón llevándome entre mis dedos la mancha que tenía — estás lleno de mostaza — le indiqué con la mirada que observara su camisa oscura llena de pequeñas manchas amarillas, su cabeza siguió el camino de la mía y cuando me observó el sonrojo se estableció en sus mejillas — comamos y cuando acabes te colocas una limpia.
— Yo ya comí — y antes que yo dijera otra cosa aclaró — tenía hambre.
Sólo me reí de sus acciones y lo dejé marchar para tratar de comer la monstruosidad de sándwich que había preparado.
Finalmente la cocina había quedado nuevamente impecable, sonríe al recordar como mi humor había mejorado debido a Lex, pero él siempre lograba causar ese sentimiento en mí, sólo con verlo feliz mi peor día se convertía en lo contrario.
— ¡Mamá! — su grito me hizo levantar la mirada de la cajuela donde colocaba nuestras maletas. No entendía por qué gritaba cuando sabia donde estaba, cerré la puerta y bajé mi mirada.
— Tengo un regalo para ti — me sonrió y bajó su mirada buscando en las bolsas de sus pantalones cargador.
— Dijimos que no ibas a gastar nada en mí, el portarretratos que hiciste fue suficiente, sabes que el dinero que te doy es para que compres lo que tú quieras.
— No he gastado nada — dijo ya con la caja color azul en su mano, la cual me tendió.
Al abrirla el aire se atoró en mi garganta, conocía a la perfección la historia de ese brazalete. Yo había ayudado a escogerlo hace casi diez años. Pequeñas lágrimas empezaron a picar mis ojos queriendo salir.
— Lex, es muy lindo que quieras darme esto pero no tienes por qué hacerlo corazón, es un recuerdo de tu...
— Quiero que lo tengas, ahora tú también lo eres — extendí mis brazos y él no dudo en colocarse entre ellos.
Lo abracé fuerte siendo consciente del maravilloso ser que llegó a iluminar mi vida, de la gran cantidad de noches que lloraba en silencio con él entre mis brazos recordando el pasado, recordando ese fatídico día, sólo me permitía llorar en las noches, no importaba el lugar, las lágrimas me abandonaban sin contemplación, pero no podía llorar frente a él, debería ser fuerte, él no merecía más sufrimiento, con lo que paso había sido suficiente.
— ¡Ma! — su grito me sobresaltó — ¿escuchaste lo que te dije?
— Lo siento cariño, no te entendí — no lo logré engañar y su pequeño ceño se frunció divertido.
— Dije que si no nos apurábamos Edward enloquecerá.
— ¿Tú sabes a dónde iremos no es así? — negó divertido, esta conversación la habíamos tenido desde algunos días atrás — te daré el doble de lo que Edward te haya prometido — siguió negando — el triple.
— No mamá, no te diré nada — dio la vuelta y abrió la puerta del piloto y antes que se adentrará a la parte de atrás habló — aunque ¿puedes aumentar lo que Edward prometió? — preguntó para él mismo un poco confuso y en voz baja.
…
— ¿Y bien nos vas a decir que te pareció? — preguntó Alice impaciente.
La paciencia no iba con ella pero las palabras aún no podían salir de mis labios. La imagen que reflejaba el espejo era una completamente diferente a la que yo observaba a diario. Mi cabello estaba suelto formando una cascada con mis rizos, era de sorprenderse lo que algunas cremas lograban hacer con el brillo de este, el maquillaje sólo había sido colocado en poca cantidad dejando ver mi sonrojo natural. La tela suave del vestido abrazaba mi cuerpo, en la parte superior un listón negro dividía lo ajustado que era en el pecho y de ahí parta abajo caía dando pequeños vuelos.
— Es hermoso chicas, pero este no era el que me hacían medirme — les recordé con los ojos entrecerrados, el otro vestido era muy sencillo.
— De verdad creías que te lo íbamos a mostrar — Rose se puso tras mi espalda y recolocó algunos rizos — era una sorpresa — me sonrió.
— Saben que las sorpresas no me gustan — ataqué mirándolas a través del espejo.
— Pero todo es mejor cuando no sabes que te espera — dijo Alice que acariciaba su ya evidente vientre.
La vi con los ojos entrecerrados, ¡qué le crea quien no la conozca!, ella contaba con su intuición sobre desarrollada, en cambio los simples mortales teníamos que esperar sorpresas, quise gruñir.
— Ya Bella — Alice apuntó con su pequeño dedo — deja de hacer gestos que se te correrá el maquillaje.
Giré y fui rumbo a la cama a colocarme las sandalias, extrañamente no me iban a obligar a usar zapatos de muerte, ¿ellas sabrían a dónde pretendía llevarme Edward? no creo que aprueben mi vestimenta con esas simples sandalias, eran lindas pero no eran lo que ellas exigían que yo llevará, además estaban extrañas, más si podía ser posible, sus miradas eran muy diferentes y el brillo de sus ojos era mayor.
— ¿Chicas les puedo hacer una pregunta? — ambas dejaron de hacer lo que hacían y se encaminaron a sentarse a mi lado.
— Claro Bella — respondió Rose con su tono maternal.
— ¿Prometen que me dirán la verdad?
— Depende — soltó Alice, no hice caso a su comentario y seguí.
— ¿Ustedes saben a dónde me llevará Edward?
Rose resopló — Bella, no podemos abrir la boca, Edward nos mataría — aseguró viendo mis ojos.
— Sí — concordó Alice — además, si te lo dijéramos perdería toda la magia — colocó suavemente su mano en la bolita que hacia su vientre. Mis ojos se quedaron en ese lugar — préstame tu mano — demandó.
— ¿Qué?
— Tu mano — no espero que yo la estirará sino que ella la tomo y la situó encima de su elegante vestido azul metálico.
Apenas y toqué su vientre sentí el movimiento bajo este, levanté mi mirada, el brillo de la suya era mayor.
— ¿Se está moviendo?
— Sí — su voz fue un poco aguda y en voz baja.
— ¿Hace cuánto que empezó?
— Tiene poco, unos días.
— ¿Y ya saben qué será?, o sigue dando lata para no mostrarse en la pantalla — bromeó Rose, no había notado que ella también tenía su mano en el vientre de Alice.
— No — negó divertida — esta semana hemos ido tres veces, en la última papá paso más de treinta minutos seguidos intentando encontrar algo.
— ¿Y qué quieren que sea? — le pregunté.
— Lo único importante es que sea sano, pero yo estoy segura que es una niña.
— Yo creo que será un niño, es la tradición de los Hale y Cullen — dijo Rose para hacerla enojar.
Unos suaves golpes en la puerta nos hicieron girar y ver al causante del sonido.
Hermoso, vestido con ropa casual en tonos claros, sus ojos verdes que brillaban más que alguna otra vez, su mirada recorrió el lugar y cuando me enfocó me regaló mi sonrisa favorita, me permití perderme en ella, no supe si pasaron segundos o minutos sólo hasta que su voz de terciopelo rompió el silencio…
— Veo que ya estas lista — abrió completamente la puerta — espero no te hayan dicho nada sobre la sorpresa — dijo esto último dirigiéndose a Alice que saltó de la cama y corrió a su alcance pero antes que pudiera hacer algo, Alice lo esquivó y fue rumbo a la puerta. Sus hormonas la tenían desquiciada, más de lo normal en ella.
— Espero que no lo arruines tú y no dije nada, ¡idiota! — habló sobre sus hombros.
— Tranquilo Casanova — Rose golpeó su brazo cariñosamente, Edward frunció el ceño ante el apodo — sólo tú puedes hacer realidad la sorpresa — él sonrió y dejó que Rose besara su mejilla, ella se separó de él y caminó de nuevo hacia mí — diviértete Bella y deja que Edward te consienta — los miré a los dos que compartieron una mirada cómplice.
Todo mundo sabía la sorpresa, inclusive podía asegurar que Charlie la sabía ya que había estado hablando secretamente con Lex, él creía que no lo sabía, pero no me podía mentir y menos cuando se escondía en la lavandería a gritar fingiendo susurrar a través del teléfono, claro, nunca llegué a escuchar su conversación, tal vez la paranoica era yo y ellos solo hablaban de cosas de chicos.
— Tierra llamando a Bella —susurró cerca de mi oído haciéndome estremecer.
— ¿Hum? — fue lo más coherente que pude contestar, una sonrisa se dibujo en su rostro.
— He dicho que estás hermosa — me dijo mirándome a los ojos, los suyos reflejaban tantos sentimientos, amor, ternura, cariño, felicidad, era fácil perderse en ellos y averiguar qué ocurría en su interior.
— Eres un adulador — negó con la cabeza y acercó su rostro al mío, nuestros labios se encontraron, moviéndose suave y sin prisas, demostrando nuestro amor, lo amaba tanto que dolía, separó nuestros rostros y hundió su cara en mi cuello, el agarre en mi cintura se hizo más fuerte, parecía que no me quería dejar escapar, finalmente disminuyó la fuerza y mis manos empezaron a acariciar su espalda sobre la suave tela — tú también estás muy guapo — dije en voz baja sólo la necesaria para que él la escuchará.
— Debemos irnos — levantó su rostro y acarició mi mejilla — la señora Cope ha llegado.
Asentí en respuesta y sin más objeciones me dejé arrastrar por los cálidos pasillos de la casa hasta que finalmente me detuvo en la sala de estar donde todos estaban platicando y muy listos para partir. Esme por su parte hablaba con la señora Cope, posiblemente diciéndole como contactarnos.
Todos caminamos hacia la cochera, cada pareja subiendo a su vehículo.
— Mamá.
— Bella.
Tanto Lex como Anthony llamaron mi atención, ambos mandaron una mirada cómplice a Edward y él respondió con un asentimiento de cabeza.
— Tienes que usar esto — Anthony extendió una mano y Lex colocó una fina tela que sacó de sus pantalones.
Los observé con los ojos entrecerrados, la ardilla de mi cerebro corrió a mil, ¿para qué necesitaba una tela?, pronto la respuesta a mi interrogatorio mental llegó de golpe.
— ¡Oh no! — exclamé tan alto que obtuve la mirada de todos en la cochera, que al darse cuenta de lo que ocurría sonrieron y Emmett soltó un Suerte hermano antes de ayudar a Rose a subir al Jeep — ustedes están locos — señalé a los tres hombres frente a mí, Anthony tenía una mirada de arrepentimiento, mientras tanto Lex y Edward sonreían anticipando su triunfo — primero tú —señalé a Edward — me dices que no me dirás nada, me tienes como loca desde hace dos semanas.
¡Ah, podía dejar de sonreír así!, ¡Dios! que lo deje de hacer, no voy a flaquear.
— Y luego tú — señalé a Lex que saltó de la impresión mas su sonrisa no se borró — sabes el lugar, cuchicheas con el abuelo — sus ojos se abrieron enormemente — y no creo que mamá no sepa también de esto, conociéndola — dije esto último para mí sola — y por último tú — Anthony seguía con su mirada avergonzada — lo siento cariño no tengo nada contra ti — él sonrió, su sonrisa recordó el motivo por el cual me detuvieron — no, ¡si la hay!, tú fuiste quien sacó lo de la tela.
— Lo siento Bella.
Negué con la cabeza cerrando mis ojos y repasando los últimos segundos. Seguramente Edward y Lex se refugiaron en Anthony, eran unos conspiradores y eligieron a quien yo no reprendería.
Odiaba las sorpresas, todo el que me conocía lo sabía pero todos me ignoraban diciendo que era lo mejor, ¿saben ellos qué es lo mejor para mí?, quería gritar más contuve el impulso y conté mentalmente de diez para abajo.
— Amor — la suave voz de Edward justo a centímetros de mí me hizo abrir los ojos, él me observaba bajo sus pestañas, poniendo la mirada de perro atropellado, era un maldito, estaba jugando sucio para obtener lo que quería. ¡Hombre manipulador! — sé que he sido injusto contigo al no decirte a dónde iremos — sonrió de lado y colocó un mechón de mi cabello tras mi oreja — sé que he jugado sucio al pedirle a los niños que hagan esto por mí, sabía que si yo lo hacía me descuartizarías antes de tiempo — yo reí, besó mi nariz, me conocía muy bien — también sé que te encantará — movió sus cejas sugestivamente, golpeé su pecho y él me estrechó en su cuerpo, su calor rodeándome, embriagándome con su aroma — por favor no te opongas a colocarte la venda — besó castamente mis labios — por favor.
No me dejó contestar y atacó mis labios, empezando suave, los movimientos cobraron fuerza y cuando mi respiración fue errática bajó por mi cuello dejando besos húmedos que hacían aflojar mis piernas.
— Por favor — dijo en un murmullo apenas audible, suspiré derrotada, de nada servía llevarle la contraria.
— De acuerdo aceptaré — subió su mirada, las pequeñas manchas de su iris resplandecieron.
Besó mis nudillos, los niños habían desaparecido ya de la cochera al igual que los demás miembros de la familia, se colocó tras mi espalda, su cuerpo pegado al mío, con una infinita delicadeza y rosando mi cuello con uno de sus dedos apartó mi cabello, sus labios descendieron a el, besando mi sensible piel, su mano izquierda se entrelazó con la mía y la derecha viajaba por mi costado. Sentí como su cuerpo despertaba y un suspiro ahogado salió de mi garganta, él sonrió contra mi piel. Mi mano derecha voló a su cabeza, jalando sus cabellos logrando obtener un gemido.
Sonreí victoriosa, dos podían jugar a esto.
— Edward — un ronco gemido salió de mis labios cuando mordió mi hombro desnudo. Una ola de deseo invadió mi cuerpo, mis caderas embistieron contra él buscando fricción.
— No hagas eso Bella — dijo en medio de un suspiro deteniendo mis caderas y alejando su cuerpo algunos centímetros — para eso tenemos toda la noche — ronroneó tras mi cuello — ¿sabes lo que significa que no habrá niños en el mismo espacio? — jugó con el lóbulo de mi oreja, mi respiración se acortó y asentí en respuesta — claro que lo sabes, te haré gritar tanto que tu voz quedará ronca.
Mi corazón empezó a latir aceleradamente, estaba al borde de la locura. Pero para mi desgracia todavía estábamos en la cochera, gruñí internamente y lo dejé colocar la venda sobre mis ojos, me ayudó a subir al coche y pronto él hizo lo mismo.
El transcurso en el coche se me hizo eterno y el llevar mis ojos cubiertos no ayudaba en nada, traté de agudizar mis oídos, logré distinguir el rápido avance de los coches y algunos transportes pesados que hacían silbar el aire cuando pasaban junto a nosotros, lo que sólo podía significar que estábamos en la autopista para salir de la ciudad.
Me mordí la lengua para no preguntar hacia dónde íbamos y me concentré en los suaves acordes que inundaban de sonidos el interior del coche.
Después de otra cantidad de tiempo, Edward giró y se adentró al nuevo camino, este pronto dejó de ser suave contra las llantas. Disminuyó la velocidad para que los movimientos debido a la irregularidad del camino fueran menores. Detuvo el coche y bajó de el, rápidamente llegó a mi puerta y me ayudó a salir, llevé mis manos a mi cabeza y él las detuvo.
— Todavía no puedes quitártelo — me advirtió, llevó mis manos a sus labios.
— Pero si ya llegamos — me quejé.
— Aún no lo hacemos, no te quejes, ya soportaste la mayor parte— acepté resignada — ahora no discutas — y antes que pudiera pensar a que se refería paso uno de mis brazos tras su cuello y los suyos fueron uno bajo mis rodillas y el otro a mi cintura.
— ¡Edward! — exclamé cuando deje de sentir el suelo.
— Es necesario cariño, si vas caminando te puedes caer — besó el tope de mi cabeza y me ajusté a su cuerpo.
El aire fresco que anunciaba el atardecer revolvió mis cabellos, me recargué más contra él enterrando mi cabeza en su cuello, embragándome con su inigualable esencia, su torso en constante movimiento hacia mover mi cuerpo de arriba abajo en compás con su respiración. Detuvo su avance y me colocó sobre mis pies, él tras mi espalda, quitó la venda con delicadeza.
Estábamos en la costa, sólo había estado una vez en este lugar pero jamás lo olvidaría. Pero ahora aparte de la naturaleza rodeándonos también había una pequeña franela con cuadros rojos y blancos tendida pulcramente en el suelo y una gran cesta estaba dispuesta a un costado.
— Está precisamente como lo recordaba — Edward miraba el horizonte y cuando obtuvo mi atención giró a verme — nunca había visto un atardecer tan hermoso como el del día de tu cumpleaños ¿lo recuerdas? — sus ojos brillaban mientras hablaba.
Claro que lo recordaba, ese día fue muy especial, me di cuenta una vez más las maravillosas personas que encontré, jamás imaginé que alguien nos iba a querer más de lo que los Cullen nos apreciaban. Además ese día estando entre los brazos de Edward supe que era el lugar en el cual quería estar.
— Sí, lo recuerdo y pienso igual que tú, fue el mejor atardecer que había tenido, ¿pero sabes algo? — con su mirada me incitó a seguir — creo que este podría ser mejor.
Sonrió de lado y afirmó con la cabeza, nos colocamos en la manta, se situó tras mi espalda y en silencio contemplamos una vez más el atardecer. Claramente no era igual a ese 13 de septiembre, ahora el cielo era cubierto por matices amarillos, rojizos y morados formando remolinos que hacían envolver los tres colores, era tan hermoso, las Montañas Olímpicas ya escondían el sol y el agua reflejaba los mismos colores que el cielo.
— ¿Tienes hambre? — susurró.
Cuando giré a verlo él ya había alargado una de sus manos y tomó la cesta acercándola a él, vació su contenido y abrió los recipientes.
— ¿Cómo fue que colocaste todo esto? — me permití preguntarle, desde que llegamos la pregunta rondó mi cabeza pero la había dejado pasar.
— Tengo gente ayudándome con esto cariño.
— ¿Alice? — giré mi cabeza y sobre su hombro observé a nuestro alrededor, no había nadie.
— No, no es nadie que tú conozcas.
— ¿Ella te dijo que hacer?
— No, fue algo que se me ocurrió a mí, ella tenía muchas ideas en mente pero esto sólo era algo entre tú y yo y que mejor que este lugar, aquí observé tu felicidad y vulnerabilidad, la chica fuerte que sonreía ante las adversidades y luchaba por salir adelante, aquí comprendí que no me importaba soportar el dolor más desgarrador del mundo sólo si tú no lo sufrías, entendí que la razón por la cual no podía alejarme de ti era porque te amaba.
No me di cuenta que derramé algunas lágrimas hasta que sus dedos borraron el camino que habían dejado.
— Te amo — no podía contestar nada más, pero esas dos palabras significaban todo.
Me alcé sobre mis rodillas y me coloqué sobre él, su mirada fija en mí, recorrí con las yemas de mis dedos su rostro, maravillándome con la perfección que había en sus rasgos.
— Abre la boca — lo observé con confusión, me mostró un palillo de madera que sostenía un cuadro de queso, ¿cuándo lo había tomado? deseché la pregunta e hice lo que pidió.
Pasamos algún tiempo dándonos de comer en la boca, sus músculos faciales se contraían haciendo gestos cuando el sabor era ácido o dulce, era tentador observarlo y cuando no lo soporté más ataqué sus labios. No era un beso suave, este contenía tanta pasión, besé con fervor sus labios deleitándome con la combinación de lo que comíamos y su propio sabor. Empujé su cuerpo hasta recostarnos en la manta, mi cuerpo necesitaba más de él, introduje mis manos bajo su camisa y él rompió el beso con un jadeo, mis labios viajaron a su cuello.
— Detente Bella.
— No me quiero detener.
— Tienes que hacerlo cariño, la sorpresa aún no ha acabado — me reincorporé rápidamente y observé sus ojos.
— ¿No?
— No cariño — sonrió de lado — ¿creías que sólo te alimentaría con quesos y frutas?
— No es necesario comer, soy feliz estando junto a ti.
— Yo también soy feliz sólo con tu cercanía, pero necesitamos energías — me giñó un ojo.
— Ah — fue mi patética respuesta, pero mi cerebro se aturdió recordando sus palabras en la cochera.
Me hizo quitarme de encima de él con delicadeza y se levantó de un solo movimiento.
— Acompáñame amor — me tendió una mano y la tomé con gusto.
Me guió en silencio por el sendero que conducía a la casa y cuando terminamos con las escaleras me congelé en mi sitio observando al frente.
La parte trasera de la casa estaba decorada con lámparas que parecían estar suspendidas en el aire y por si no fuera poco la iluminación que estás emitían en el suelo había un camino recto hecho por lámparas encajadas en la tierra que llevaban al centro del patio donde se encontraba dispuesta una mesa de dos sitios.
Edward besó mi mejilla sacándome de mi aturdimiento.
— Vamos.
Corrió mi silla para que me sentará en ella, siempre el caballero perfecto, después se situó frente a mí. Estaba a punto de decirle lo maravillada que estaba con todo lo que había hecho cuando una voz masculina interrumpió mis pensamientos.
— Buenas noches Señorita, Señor — era un hombre bajo de piel morena, su rostro surcaban ya algunas arrugas y poseía un extraño acento — mi nombre es Gustavo, espero que pasen una velada inolvidable y les agradé la comida.
Tanto Edward como yo le agradecimos mientas servía los platos, no podía creer que Edward creyera que yo me acabaría todo lo que estos tenían, me lanzaba miradas con los ojos entrecerrados cuando Gustavo se llevaba los platos medio llenos mientras reía entre dientes por la situación que lo rodeaba.
— La cena ha estado exquisita Gustavo — el hombre sonrió y las líneas de sus ojos se acentuaron.
— Gracias Señorita Swan, esperó que el postre sea de su agrado, no lo he hecho yo pero lo he decorado — lo miré expectante tratando de obtener una pista, él negó para después dirigirle una mirada a Edward que asintió cordialmente. Gustavo se llevó los platos sucios con él hacia la cocina.
— ¿De dónde lo conoces? — me observó con confusión, había notado a lo largo de la cena que estaba un poco extraño y distraído como si pensara en algo — a Gustavo — aclaré.
— Uhm — vaciló antes de contestar — es chef de uno de los restaurants más exclusivos de Seattle — entrelazo sus manos sobre la mesa y jugó con ellas, si no lo conociera tan bien pensaría que estaba nervioso, ¿pero por qué? — yo no lo conozco, mamá me lo recomendó.
De nueva cuenta Gustavo interrumpió nuestra conversación. Colocó en el borde de la mesa la charola de plata que sostenía entre sus manos y destapó su contenido. Dentro de esta había dos copas de cristal, se podía distinguir el por qué de que Gustavo no lo hiciera, su interior contenía helado decorado por chocolate líquido y un poco de crema batida, tal vez era algo sencillo pero estaba elegantemente decorado.
Empezamos a comer el postre, Edward me observaba de soslayo mientras yo disfrutaba de la explosión de sabores en mi paladar.
— Gracias por todo lo que has hecho, de verdad me has impresionado con esta sorpresa, hasta te acordaste de mi helado favorito.
— No tienes nada de que agradecerme, además no es algo que hubiera batallado mucho en saber, es el único que prefieres — suspiró audiblemente y observó profundamente mis ojos — esa vez, el día que te observé por primera vez en la heladería me quedé asombrado con la belleza que posees, te veías tan hermosa, tus ojos me maravillaron con la calidez que demostraban. Ellos y tu sonrojo me parecieron las cosas más encantadoras del universo, me arrepentí como no tienes una idea de no preguntarte tu nombre, de no saber nada de ti. Desde ese día formaste parte de mis sueños, parte de mí, estaba dispuesto a encontrarte aun así contratando a alguien para llegar a ti, no sé como describir lo que sentí pero mi mundo dejó de moverse deseando moverse junto a ti.
— Yo también me arrepentí por no saber nada de ti, fui muy tonta, sentí exactamente lo mismo — le dije lo que sentí, extrañamente nunca habíamos abordado este tema — y pensar que pudimos habernos conocido desde algunas semanas atrás, ¿crees que haya sido el destino?
— No, él único culpable aquí fui yo al aceptar cubrir los horarios de Félix, tarde o temprano teníamos que conocernos, nuestros hijos ya planeaban que estuviéramos juntos.
— Ellos y tu familia — aclaré y él rió. Nos quedamos en un cómodo silencio degustando aún nuestro postre.
De repente mi cuchara topó con algo bajo ella, no se sentía como el cristal sino algo con más dureza, bajé mi vista enfocándola en ella, levanté la cuchara y lo que vi hizo mi respiración acelerar.
— Pensé que jamás darías con el — dijo Edward divertido.
Tomó el objeto con cuidado de la cuchara, lo llevó a su boca y se levantó de su asiento, mis ojos seguían cada movimiento que él hacía, se colocó a un lado mío y se arrodilló.
— Sé que te he dicho innumerable cantidad de veces cuanto te amo, también sé que mi vida sin ti no será la misma, he descubierto que estando a tu lado es como si recargará una batería solar que sólo me permite estar una cantidad de tiempo alejado de ti, que tengo que volver y llenarme de esa energía para poder sobrevivir, que tu calor es el único que pude dejarme sentir la calidez del amor, nunca creí que encontraría alguien como tú y te agradezco que me dejes estar junto a ti. Pero quiero más, soy un egoísta, te quiero solo para mí, dejame hacerte feliz, sé que tenemos nuestras diferencias pero prometo tratar de mejorar, de ser mejor persona sólo para ti, sólo quiero tu felicidad, Isabella Marie Swan ¿me harías el honor de casarte conmigo?
— Sí — no lo pensé dos veces, yo deseaba esto igual o con más intensidad que él. Me lancé a sus brazos estando arrodillada junto a él, lo abracé como si en algún momento él me fuera a dejar, aferrándome a su cuello.
Separó nuestros cuerpos, su rostro estaba adornado por una sonrisa tonta, una que yo podía asegurar también estaba en el mío. Bajó su vista cuando estiró mi mano izquierda, por reflejo separé mis dedos, deslizó el frio metal por mi dedo corazón, me causó un estremecimiento a la vez que me hacia la mujer más feliz sobre la faz de la tierra.
— Me ha hecho tan feliz futura Señora Cullen.
Esta noche se convirtió en mi favorita, nuestros cuerpos demostraron la cantidad de amor que sentíamos el uno por el otro, pero lo que la hacia la mejor noche de mi vida era el poder contemplar mi vida sólo al lado del hombre que amo, sólo al lado de Edward.
¡Hola chicas!
¡Gracias por el apoyo!
El brazalete, vestido y anillo en el link de mi perfil.
Chapis muchísimas gracias por ayudarme a decidir este anillo y conseguir los otros. Por cierto Chapis acaba de subir su primera historia, me ha permitido leer varios capítulos y está muy interesante, así que les dejo el summary, espero y se animen a leerla, tiene novedosas ideas =)
Fantasmas del Pasado:
Lo que hay en el pasado puede ser difícil de enfrentar, pero cuando alguien te ayuda ¿será posible lograrlo? —¿Eres feliz? —me preguntó y asentí sin dudarlo, siempre lo sería junto él—¿Y, tú? —regresé— No, no lo soy —contestó dejándome estupefacta.
http: / www. fanfiction. net/s/6149634/1/ Fantasmas_del_Pasado
