¡Hola a todos! Aquí tenéis el siguiente capítulo. No he tardado ni la mitad de tiempo que la última vez, pero aún así demasiado. Así que lo siento mucho a todos por la tardanza y todo eso. ¡Pero es 2ºBach es un horror! ¡No paras en ningún momento! Para los que no habéis llegado, preparaos y coged fuerzas el verano anterior porque, de verdad, hacen falta. Y si hay alguno que está leyendo esta historia y sí lo ha pasado, ¡¿cómo demonios lo ha hecho?!

En fin, quería dedicar este capítulo a un lector que me mandó un mensaje por otro sitio donde también puedes leer fanictions. Le había gustado mi historia y había empezado a subirla por ese sitio, pero cuando se dio cuenta de que tengo una cuenta en ese sitio y estoy subiendo ahí también, se disculpó en seguida y la borró. No me molestó en absoluto porque significa que hay gente a la que le gusta mi historia lo suficiente como para querer que más gente la conozca y encima hizo lo que debía y se disculpó. Así que este capítulo se lo dedico a OriginallyUnoriginal. Muchísimas gracias por ser honest conmigo y por ser fan de esta historia.

¡Espero que os guste el capítulo!

El profesor de pociones

- Yo - dijo Bill extendiendo el brazo para cogerlo -. No va a aparecer nada peligroso todavía, ¿no? - preguntó dubitativo mirando al trío.

- A ver, creo que aún no, pero déjame ver un segundo el título del capítulo - dijo Harry levantándose. Cogió el libro que le tendía el pelirrojo y buscó el capítulo por el que iban -. No, en este no ocurre nada especialmente llamativo.

- Menos mal - suspiró Sirius mientras Harry volvía a su sitio a la izquierda de Hermione, con Ron

- ¿Entonces empiezo ya a leer? - preguntó Bill mirando a su alrededor y todos asintieron estando cómodos en sus asientos -. Muy bien. El profesor de pociones.

- ¿Qué? ¿Snape tiene su propio capítulo? - exclamó Sirius con una mezcla de incredulidad y disgusto en su cara.

- Eso parece, pero me parece que es sobre todas las clases. Lo único es que la primera clase con Snape fue... memorable - explicó Harry sin saber muy bien cómo describirla sin insultar a su profesor.

No hizo falta. Sirius comprendió de inmediato a qué se refería y empezó a fulminar con la mirada a Snape.

- ¿Qué hizo? - siseó entre los dientes.

- Va a aparecer en el libro. No tiene sentido contarlo dos veces - respondió su ahijado mirando a Bill suplicante para que siguiese leyendo y poder evitar el interrogatorio.

Allí, mira.

¿Dónde?

Al lado del chico alto y pelirrojo.

¿El de gafas?

¿Has visto su cara?

¿Has visto su cicatriz?

- ¿Estuvieron así todo el día? - preguntó Tonks con una mueca de disgusto.

- Más bien toda la semana - dijo Ron con el ceño fruncido. En aquel momento no lo había notado porque estaba más concentrado en otras cosas, pero ahora se daba cuenta de lo molesto que debía de haber sido para Harry que estuviesen observando cada uno de sus movimientos.

- Ugh, qué incordio - dijo la metamorfomaga molesta.

- Por lo menos no duró todo el curso - se encogió de hombros Harry.

- ¿Y te acuerdas a final de curso? Ya no parecían tan atentos contigo - recordó Hermione.

- Más bien parecíamos una plaga de la que todos huían, ¿verdad? - respondió Harry sin que le molestase ya mucho eso.

- ¿A qué te refieres? ¿Por qué harían algo así? - preguntó Sirius sorprendido.

- Vamos a seguir leyendo y ya te enterarás de toda la historia, Sirius - evitó responder Harry.

Los murmullos siguieron a Harry desde el momento en que, al día siguiente, salió del dormitorio. Los alumnos que esperaban fuera de las aulas se ponían de puntillas para mirarlo, o se daban la vuelta en los pasillos, observándolo con atención. Harry deseaba que no lo hicieran, porque intentaba concentrarse para encontrar el camino de su clase.

- Espera, ¿así que todo el mundo espiando cada paso que daba y nadie se ofreció a echarte una mano? - preguntó Tonks frunciendo el ceño cada vez más.

- Supongo que estaban pendientes de otras cosas - Harry se encogió de hombros.

- Me parece que la gente de este colegio no piensa con la cabeza la mitad del tiempo y la otra mitad no piensa en absoluto - bufó Tonks haciendo que muchos miraran a su regazo avergonzados.

En Hogwarts había 142 escaleras,

- ¿Contaste las escaleras? - preguntó Ron girándose hacia su amigo con una ceja alzada.

- ¿Cómo querías que supiese cuántas hay en la primera mañana que pasamos en el castillo? - replicó Harry -. Claro que no las conté. Era uno de esos datos que iba soltando Hermione la noche anterior cuando subíamos hacia la torre.

- ¿Me estabas escuchando? - se sorprendió Hermione -. Pero si estábamos todos dormidos sobre nuestros pies.

- Eso no significa que no me entere de lo que dicen a mi alrededor - dijo Harry -. Antes estaba igual de dormido que aquella noche, pero me he seguido enterando de por dónde iba la lectura y todo eso.

El resto parpadeó saliendo de su asombro y se giraron para seguir escuchando tomando nota mentalmente de no dar nunca por sentado que Harry no estaba escuchando.

algunas amplias y despejadas, otras estrechas y destartaladas. Algunas llevaban a un lugar diferente los viernes. Otras tenían un escalón que desaparecía a mitad de camino y había que recordarlo para saltar.

Neville gimió en voz baja mientras sus compañeros de Gryffindor soltaban risitas. Él llevaba dos años ya en Hogwarts, pero la misma mala memoria que impedía que se acordase de la contraseña a la sala común la mayor parte de las veces aún conseguía que cayese en los escalones falsos cuando usaba esas escaleras.

Después, había puertas que no se abrían, a menos que uno lo pidiera con amabilidad o les hiciera cosquillas en el lugar exacto, y puertas que, en realidad, no eran sino sólidas paredes que fingían ser puertas.

- Si te paras a pensarlo - empezó Charlie -, este castillo es un laberinto. Es como si estuviese especialmente pensado para confundir a cualquiera que se despiste.

- Pero también ofrece así protección a los estudiantes si alguien ataca el castillo - añadió Bill -. Si alguien que no ha venido a Hogwarts atacase, los estudiantes tendrían mucha ventaja a la hora de poder huir y esconderse.

- Pero casi todo el mundo en Inglaterra ha venido a Hogwarts - replicó Percy con el ceño fruncido.

- En cualquier caso no viene mal que el castillo sea así por si acaso - se encogió de hombros el mayor de sus hermanos -. Bueno, excepto para los estudiantes de primer curso que aún no se lo conocen, claro - dijo divertido.

También era muy difícil recordar dónde estaba todo, ya que parecía que las cosas cambiaban de lugar continuamente. Las personas de los retratos seguían visitándose unos a otros, y Harry estaba seguro de que las armaduras podían andar.

- Es que pueden andar, señor Potter - dijo la profesora McGonagall mirándole por encima de sus gafas -, aunque no lo hacen a menudo y normalmente prefieren quedarse en un mismo sitio siempre.

- En Historia de Hogwarts dice que la magia del castillo permitiría que las armaduras se alzasen en su defensa en el caso de que hubiese un ataque contra los estudiantes - dijo Hermione intentando recordar con el ceño fruncido -. Creo que era posible gracias a un hechizo o algo así. Voy a tener que volver a leerme esa parte.

- Me parece que Historia de Hogwarts va a tener que esperar, Hermione - dijo Harry sacándola de sus pensamientos -. Ahora mismo tenemos siete libros por delante.

- Oh. Bueno, siempre le puedo echar un vistazo esta noche en la sala común cuando terminemos la lectura de hoy - decidió Hermione encogiéndose de hombros e ignorando como sus dos mejores amigos ponían los ojos en blanco.

Los fantasmas tampoco ayudaban. Siempre era una desagradable sorpresa que alguno se deslizara súbitamente a través de la puerta que se intentaba abrir. Nick Casi Decapitado siempre se sentía contento de señalar el camino indicado a los nuevos Gryffindors, pero Peeves el Duende se encargaba de poner puertas cerradas y escaleras con trampas en el camino de los que llegaban tarde a clase. También les tiraba papeleras a la cabeza, corría las alfombras debajo de los pies del que pasaba, les tiraba tizas o, invisible, se deslizaba por detrás, cogía la nariz de alguno y gritaba: ¡TENGO TU NARIZ!

- Nosotros le enseñamos eso último. ¿Te acuerdas, Lunático? - dijo Sirius con una sonrisa.

- Eso no se lo enseñé yo - replicó Remus mirando por el rabillo del ojo cómo McGonagall les fulminaba con la mirada -. Fuisteis James y tú una tarde mientras yo ayudaba a... Peter - casi escupió su nombre asqueado por haberle ayudado en algún momento - con los deberes de Transformaciones.

- Cierto, pero tú le enseñaste otras cosas - dijo Sirius antes de callarse de golpe al ver por primera a su antigua jefa de casa -. Hey, hola.

- Señor Black... - empezó ella enfadada pero el hombre la cortó antes de que pudiese decir una palabra más.

- No te preocupes, Minnie. Luego te podemos contar todo eso, ahora estamos con otra magnífica historia sobre mi ahijado - terminó rápidamente.

Pero aún peor que Peeves, si eso era posible, era el celador, Argus Filch.

Todos los alumnos asintieron de acuerdo con muecas de disgusto. A nadie le gustaba ese hombre. Harry habría jurado que incluso los profesores resoplaban o asentían de acuerdo antes de poder controlarse.

Harry y Ron se las arreglaron para chocar con él, en la primera mañana.

- ¿La primera mañana? - repitieron los gemelos Weasley abriendo los ojos como platos antes de mirarse el uno al otro.

- Nos han superado, Gred - admitió George.

- Ni siquiera nosotros conseguimos eso. Fue por la tarde - dijo Fred resignado.

- ¿Cómo demonios lo conseguisteis? - preguntaron, o más bien demandaron, a la vez girándose hacia los dos chicos.

- Fue tan solo por accidente - respondió Harry.

- Yo diría que fue tu suerte la que nos llevó a ese sitio - Ron resopló divertido.

- ¿Qué sitio exactamente? - preguntó Sirius casi con miedo.

- Canuto, ¿a qué sitio no podían ir dentro del castillo? - dijo Remus con una sospecha que solo creció cuando las caras de los dos chicos se volvieron exageradamente inocentes.

- Oh. ¿En serio? - gruñó Sirius comprendiendo, pero negándose a explicárselo a los que aún no lo habían pillado

Filch los encontró tratando de pasar por una puerta que, desgraciadamente, resultó ser la entrada al pasillo prohibido del tercer piso.

Todos gruñeron a la vez comprendiendo sin entender cómo no se les había ocurrido antes.

- Solo vosotros acabaríais en ese sitio por error - dijo Neville.

- Solo Harry acabaría en un sitio así - remarcó Ron -. Yo solo le estaba acompañando.

- ¿Y cómo sabemos que aquella vez no fue culpa tuya? - replicó Harry defendiéndose.

- ¡Fuiste tú quien dijo que estaba seguro que era por ahí! - exclamó el pelirrojo.

- De eso yo no me acuerdo. Tú también dijiste lo mismo varias veces esa mañana.

- Pero solo llegamos a otros pasillos iguales o muros sin salida. No a la única zona prohibida de todo el castillo.

- Oh. Cierto. ¡Pero no fue culpa mía! - protestó indignado y recibiendo solo miradas incrédulas y cejas alzadas. No tardó mucho en ceder -. Oh, bueno, vale. Sí que dije que pensaba que era por ahí. ¡Pero juro que no tenía ni idea de que ese era el pasillo del tercer piso!

No les creyó cuando dijeron que estaban perdidos, estaba convencido de que querían entrar a propósito y los amenazó con encerrarlos en los calabozos,

- Albus, no podemos dejar que eso siga así - protestó McGonagall -. ¡Hay que hacer algo con Argus! ¡No puede seguir amenazando a todos los estudiantes!

- Creo que Minerva tiene razón, Albus - Flitwick frunció el ceño -. Los señores Potter y Qeasley solo eran de primer curso y era su primera semana en el castillo. ¡Merlín sabe que todo el mundo se ha perdido más de una vez los primeros días hasta que ha conseguido conocer mejor Hogwarts!

- Me parece que tenéis razón. Creo que tengo que hablar otra vez con él sobre sus métodos de castigo - suspiró Dumbledore.

Le esperaba un larga discusión con Argus, sabiendo lo testarudo que era el hombre y que iba a tener que prohibirle de nuevo que amenazase a los alumnos y negarle el permiso para colgarles del techo con cadenas. De vez en cuando se preguntaba por qué Filch insistía en no dejar su trabajo y buscar otro, si tanto odiaba a los adolescentes.

hasta que el profesor Quirrell, que pasaba por allí, los rescató.

El trío intercambió miradas pensando todos lo mismo.

Probablemente Quirrell no estaba pasando por ahí por casualidad, sino para echarle un vistazo a las protecciones de la Piedra. Era increíble lo cerca que habían estado de pillarle con las manos en la masa. Unos minutos más tarde y a lo mejor Harry y Ron le habrían visto justo entrando en el pasillo.

Eso les habría librado de muchos problemas más adelante.

Filch tenía una gata llamada Señora Norris,

La aparición de la Señora Norris recibió los mismos gruñidos y muecas que su dueño había recibido. Muchos no sabían si detestaban más al celador o a su dichosa gata que los había metido en muchos problemas.

una criatura flacucha y de color polvoriento, con ojos saltones como linternas, iguales a los de Filch. Patrullaba sola por los pasillos. Si uno infringía una regla delante de ella, o ponía un pie fuera de la línea permitida, se escabullía para buscar a Filch, el cual aparecía dos segundos más tarde.

- Y sin que se escabulla - bufó Bill -. Parece que tiene una conexión con ese hombre o algo así. Según te ve la gata esa, tienes que salir corriendo para que no te pille Filch.

- Y aún así no siempre te da tiempo a huir. Filch aparece demasiado rápido y a veces no tienes un escondite cerca - se quejó Charlie.

- Hay quien dice que está enamorado de ella - dijo Dean en un susurro emocionado.

- Yo he oído que en realidad la señora Norris es una mujer con la que iba a casarse Filch, pero algún hechizo salió mal y ella quedó convertida en gato - dijo Seamus.

- Si fuese un fallo en una transformación, estoy segura de que McGonagall, o Dumbledore, o alguno de los otros profesores, sería capaz de devolverla a su forma original - replicó Hermione.

- A lo mejor no saben qué fue lo que falló exactamente y por eso no pueden corregirlo - sugirió Ron poco dispuesto a dejar escapar esta teoría.

- Yo también había oído lo que ha dicho Seamus - le apoyó Lavander -. Que fue Filch quien hizo mal el hechizo y por eso ahora ya no usa nunca magia.

- Eso tiene más sentido. Jamás le he visto con una varita en la mano o usar la magia para limpiar algo en el castillo - dijo Parvati pensativa.

- Lo de limpiar le veo fácil explicación. Lo hacemos nosotros en los castigos, ¿recordáis? - dijo Ron masajeándose el hombro como recordando cuánto le había dolido la mañana de después de su castigo.

- Me parecen todas teorías estupendas, ¿pero podéis seguir con ellas luego? - les interrumpió Molly pareciendo tan molesta que todos asintieron rápidamente y se giraron hacia Bill en silencio.

La señora Weasley daba miedo cuando estaba enfadada. O por lo menos sus Howlers lo daban.

Filch conocía todos los pasadizos secretos del colegio mejor que nadie

- ¡Hey! - protestaron los gemelos Weasley y los dos merodeadores.

(excepto tal vez los gemelos Weasley),

- Ah, bueno, eso está mejor - dijo George fingiendo estar aliviado.

- ¡No! No está mejor. ¿Y nosotros qué? - protestó Sirius mirando a Harry como si le hubiese roto su juguete favorito.

- No os conocía. ¿Cómo querías que lo supiese? - se defendió su ahijado luchando contra una sonrisa. Por desgracia, no estaba teniendo mucho éxito.

- ¿Y ahora que nos conoces? - preguntó Sirius.

- Ahora sé que no hay nadie que conozca el castillo tan bien como vosotros y los gemelos Weasley - dijo Harry y se echó a reír ante la sonrisa de su padrino, tan amplia como la de un niño en la mañana de Navidad.

- Y que no se te olvide. Va a ser imposible que encuentres algo que no hayamos encontrado los merodeadores antes - se burló agitando la lista de imposibles en el aire. Harry gruñó exasperado con la maldita lista.

- No estés tan seguro - replicó pensando en las salas donde había estado guardada la Piedra Filosofal o la Cámara de los Secretos.

Y si eso no contaba, bueno, ya encontraría algo. ¿Querían que consiguiese imposibles? Bueno, pues conseguiría imposibles (siempre que no fuesen suicidas. Ya estaba a punto de morir suficientes veces sin intentarlo a propósito, muchas gracias).

- ¿Eh? ¿A qué te refieres? - preguntó Sirius quitando su sonrisa.

- Nada - respondió su ahijado haciéndole un gesto al pelirrojo con el libro entre las manos para que siguiese leyendo.

Su padrino hizo un puchero desilusionado y se cruzó de brazos ignorando las risas.

y podía aparecer tan súbitamente como cualquiera de los fantasmas. Todos los estudiantes lo detestaban, y la más soñada ambición de muchos era darle una buena patada a la Señora Norris.

- Todavía no me creo que no me dejases hacerlo, Harry - bufó Ron fulminando a su amigo con la mirada.

- Había otras cosas más importantes que hacer, Ron. Ya lo sabes - replicó Harry poniendo los ojos en blanco.

- ¿Tuvisteis ocasión de darle una patada a la Señora Norris? - preguntó Neville con los ojos como platos y la boca abierta. Nadie podía hacerlo sin conseguir por lo menos dos meses de fregar suelos con el cepillo de dientes y sacarle brillo a los trofeos.

- Y sin que nos hubiesen pillado - dijo Ron mirando al infinito con expresión soñadora -. Habríamos salido totalmente impunes, pero Harry no me dejó - terminó mirando mal a su amigo de nuevo.

- ¡Ron, teníamos prisa! - protestó Harry -. No sé si te acuerdas de lo que estaba en juego aquella noche, pero no era el momento de arriesgarse a que Filch nos persiguiese por los pasillos.

- ¡Habría sido imposible que nos pillase!

- ¡Ya basta! - Hermione interrumpió la discusión en la que se había quedado atrapada en medio, literalmente -. Sí, Ron, nos habría encantado darle una patada a esa gata y encerrarla en un armario - Ron sonrió victorioso mientras Harry miraba a la chica traicionado -, pero sabes tan bien como Harry y como yo que eso era imposible aquella vez. Así que deja de ser tan crío, ¡y deja que sigamos leyendo!

Las tuercas se habían cambiado totalmente y ahora era Ron quien tenía una expresión de absoluta traición en su cara, pero pronto la cambió para fulminar con la mirada a Harry, quien hinchaba el pecho orgulloso, y se giró para escuchar. Hermione solo puso los ojos en blanco exasperada y murmuró algo sobre "¡Chicos!"

El resto les miraba divertidos y, sobre todo, muy confundidos. ¿Qué podía haber estado en juego que no se podían arriesgar a cumplir el sueño de muchos?

Y después, cuando por fin habían encontrado las aulas, estaban las clases. Había mucho más que magia, como Harry descubrió muy pronto, mucho más que agitar la varita y decir unas palabras graciosas.

- ¿Decir unas palabras graciosas? - repitió Charlie con una ceja alzada.

- Es lo que hacen los muggles que se hacen pasar por magos. Los ilusionistas de los que os ha hablado Hermione antes - explicó Harry -. Agitan una varita de plástico y dicen "Abracadabra" o algo así y enseñan el resultado de su "magia".

- ¿Y por qué se iban a creer que eso es magia? "Abacrabrada" no es ningún hechizo - dijo Ron confundido.

- No creen en la magia, Ron - le recordó Hermione poniendo los ojos en blanco -. Bueno, los adultos no, por lo menos. Lo importante es que no conocen ningún hechizo, así que se inventan palabras que suenen como creen que es uno.

Los Weasley seguían teniendo una mirada confusa, así que Harry decidió intervenir.

- No importa. Cuando vayamos a uno este verano ya veréis cómo es. Sigue, Bill, porfa.

Tenían que estudiar los cielos nocturnos con sus telescopios, cada miércoles a medianoche, y aprender los nombres de las diferentes estrellas y los movimientos de los planetas.

- Esa era una de mis asignaturas favoritas - dijo Sirius.

- ¿En serio? - preguntó Harry.

- Ajá. Fue una de las pocas costumbres de la familia Black que me molesté en seguir. El resto creo que las rompí todas. Fui a Gryffindor en vez de a Slytherin; me relacionaba con muggles, nacidos de muggles y mestizos, lo que me convirtió automáticamente en un orgulloso traidor a la sangre; luché contra Voldemort - enumeró ignorando cómo casi todos los presentes dieron un respingo - en vez de contra él... ¡Ah, sí! ¿Cómo se me ha podido olvidar? Elegí la única asignatura que mi madre me prohibió específicamente cursar: Estudios Muggles. No era muy interesante, pero la escogí solo para fastidiar a mi madre y valió la pena.

- Vaya, sí que rompiste unas cuantas - parpadeó sorprendido su ahijado.

Tres veces por semana iban a los invernaderos de detrás del castillo a estudiar Herbología, con una bruja pequeña y regordeta llamada profesora Sprout, y aprendían a cuidar de todas las plantas extrañas y hongos y a descubrir para qué debían utilizarlas.

Pero la asignatura más aburrida era Historia de la Magia, la única clase dictada por un fantasma.

De nuevo, todos los alumnos asintieron de acuerdo a la vez. No había nadie, excepto tal vez Hermione, que no se hubiese quedado dormido alguna vez en esa clase.

- Albus, me parece que ya es hora de que hagamos algo respecto a esa asignatura - murmuró McGonagall -. Hace años que ningún alumno quiere seguir con ella después de los TIMOs y parece que no es solo que unos cuantos no soporten la historia.

- Puede que tengas razón y debamos buscar un nuevo profesor para el curso que viene - musitó Dumbledore pensativo -. Ya lo pensaremos más tarde, Minerva.

El profesor Binns ya era muy viejo cuando se quedó dormido frente a la chimenea del cuarto de profesores y se levantó a la mañana siguiente para dar clase, dejando atrás su cuerpo. Binns hablaba monótonamente, mientras escribía nombres y fechas, y hacia que Elmerico el Malvado y Ulrico el Chiflado se confundieran.

El profesor Flitwick, el de la clase de Encantamientos, era un brujo diminuto que tenía que subirse a unos cuantos libros para ver por encima de su escritorio. Al comenzar la primera clase, sacó la lista y, cuando llegó al nombre de Harry, dio un chillido de excitación y desapareció de la vista.

Flitwick se sonrojó mientras los alumnos hacían todo lo posible para no reírse de su profesor. Casi todos le tenían cariño y absolutamente todos le respetaban. No por nada era excelente en Encantamientos y había sido campeón de duelo hacía años.

La profesora McGonagall era siempre diferente. Harry había tenido razón al pensar que no era una profesora con quien se pudiera tener problemas.

McGonagall se irguió orgullosa de que sus alumnos pensasen así y se inclinó ligeramente hacia delante deseando saber qué impresión causaba su primera clase desde el punto de vista de un alumno.

Estricta e inteligente, les habló en el primer momento en que se sentaron, el día de su primera clase.

Transformaciones es una de las magias más complejas y peligrosas que aprenderéis en Hogwarts —dijo—. Cualquiera que pierda el tiempo en mi clase tendrá que irse y no podrá volver. Ya estáis prevenidos.

- A nosotros siempre nos dejabas volver, Minnie - dijo Sirius con una sonrisa orgullosa de sí mismo.

- Erais mis mejores alumnos en Transformaciones - replicó ella como toda explicación.

Sirius y Remus se miraron y se echaron a reír para sorpresa de todos, en especial de la profesora. Harry en cambio pudo disimular las carcajadas con una tos, pero Ron y Hermione lo notaron y le lanzaron una mirada interrogativa.

- Lo siento. No puedo decir nada del tercer libro - musitó como disculpa.

- Minnie, no tienes idea de hasta qué punto se nos daban bien las Transformaciones - dijo Sirius una vez se calmó con una enorme sonrisa, que se hizo aún más amplia al darse cuenta de que la profesora había dejado de protestar por el apodo.

Entonces transformó un escritorio en un cerdo y luego le devolvió su forma original. Todos estaban muy impresionados y no aguantaban las ganas de empezar, pero muy pronto se dieron cuenta de que pasaría mucho tiempo antes de que pudieran transformar muebles en animales.

Los alumnos de los cursos más bajos suspiraron resignados porque todos habían pensado lo mismo. Habían pensado que iba a ser tan fácil como agitar la varita un poco e imaginarse en qué animal quería que se convirtiese un mueble.

Nada más lejos de la realidad, como bien sabían los de los cursos más altos. Esas transformaciones eran de las más complicadas porque había que darle vida a un objeto inanimado y eso no era fácil, por no hablar de que era casi imposible que durase más de unas semanas como mucho.

Después de hacer una cantidad de complicadas anotaciones, les dio a cada uno una cerilla para que intentaran convertirla en una aguja. Al final de la clase, sólo Hermione Granger había hecho algún cambio en la cerilla. La profesora McGonagall mostró a todos cómo se había vuelto plateada y puntiaguda, y dedicó a la niña una excepcional sonrisa.

Hermione sonrió orgullosa de sí misma. Le había encantado ver que era capaz de hacer magia y que no se le daba nada mal.

La clase que todos esperaban era Defensa Contra las Artes Oscuras, pero las lecciones de Quirrell resultaron ser casi una broma.

Todos los alumnos en el Gran Comedor excepto los de primer curso, que no habían tenido la desgracia de tenerle como profesor, resoplaron al recordar algunas de las clases. Eran, como había dicho (o pensado) Harry, una broma en vez de una clase.

- ¿Tan malas eran sus clases? - preguntó Remus dubitativo -. Me refiero, sé que es un incompetente, pero algo aprenderíais, ¿no?

- Si por aprender algo quieres decir a que nos aprendimos los hechizos que venían en el libro, entonces sí - respondió Harry -. Pero ese hombre no nos enseñó nada en absoluto.

Su aula tenía un fuerte olor a ajo, y todos decían que era para protegerse de un vampiro que había conocido en Rumania y del que tenía miedo de que volviera a buscarlo.

- ¿Qué? ¡Pero si lo del ajo contra los vampiros es solo un cuento! ¡No funciona de verdad! -

- Pero es Quirrell - dijo Ron como si eso lo explicase todo. Y en cierta forma, así era.

- ¡Pero es el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras! ¡No puede decir cosas así! - protestó el hombre lobo de nuevo.

- Pues lo decía - se encogió de hombros Harry -. Ya te lo hemos dicho. Si aprendimos algo, de por mirarnos el libro y practicar los hechizos.

- O que alguna otra persona te enseñase - añadió Hermione.

Su turbante, les dijo, era un regalo de un príncipe africano como agradecimiento por haberlo liberado de un molesto zombi, pero ninguno creía demasiado en su historia. Por un lado, porque cuando Seamus Finnigan se mostró deseoso de saber cómo había derrotado al zombi, el profesor Quirrell se ruborizó y comenzó a hablar del tiempo,

- ¿En serio? Este hombre es patético - bufó Remus exasperado -. No solo presume de algo que es ridículo, sino que luego no se inventa una historia para sostener su mentira.

- Me apostaría un saco de galeones a que no fue así como consiguió ese turbante - dijo Sirius poniendo los ojos en blanco.

- Ya entiendo lo que queríais decir con que esas clases son una broma. Además de tenerle miedo a su asignatura, no tiene ni idea sobre ella - Remus sacudió la cabeza molesto.

- Yo no sé si me habría molestado en presentarme siquiera a sus clases - dijo Bill con una mueca. Se alegraba enormemente de que sus profesores de Defensa Contra las Artes Oscuras hubiesen sido mucho más decentes porque había sido una asignatura clave para la carrera que tenía.

- Yo tampoco - estuvo de acuerdo Tonks.

y por el otro, porque habían notado que el curioso olor salía del turbante, y los gemelos Weasley insistían en que estaba lleno de ajo, para proteger a Quirrell cuando el vampiro apareciera.

- No era ajo - soltó Harry sin pensar. Justo después abrió los ojos como platos al darse cuenta de lo que había dicho.

- ¿Y tú cómo lo sabes? - preguntó George entrecerrando los ojos.

- No me digas que le quitaste el turbante - aventuró Fred.

- ¿Qué? No, claro que no se lo quité - negó Harry -. Fue de una forma mucho más... extraña.

- Lo podrías poner así - bufó Ron divertido.

- ¿Harry? - intervino Sirius casi con miedo.

- Aparece en este libro, Sirius. Ya sabes que no te voy a decir nada - cortó Harry escondiendo una sonrisa ante el bufido de su padrino.

Harry se sintió muy aliviado al descubrir que no estaba mucho más atrasado que los demás. Muchos procedían de familias muggle y, como él, no tenían ni idea de que eran

brujas y magos. Había tantas cosas por aprender que ni siquiera un chico como Ron tenía mucha ventaja.

- ¿Un chico como yo? - repitió Ron girándose hacia su mejor amigo.

- Un chico que ha crecido rodeado de magia y conoce mucho más sobre este mundo que alguien que no - se explicó Harry.

- Oh - fue toda la respuesta del pelirrojo.

El viernes fue un día importante para Harry y Ron. Por fin encontraron el camino hacia el Gran Comedor a la hora del desayuno, sin perderse ni una vez.

- ¿Tardasteis una semana? - dijo Sirius sin saber si horrorizarse o burlarse de su ahijado y su mejor amigo.

- Probablemente ellos no se pasaron la mitad de la noche explorando el castillo, Sirius - le defendió Remus.

- ¿Una semana para encontrar el Gran Comedor? - repitió Sirius ignorando a su amigo -. Ahora sí que estoy convencido de que no hay manera de que encontréis una sala que los merodeadores no hayamos encontrado.

- Muy maduro, Sirius - resopló Tonks poniendo los ojos en blanco.

¿Qué tenemos hoy? —preguntó Harry a Ron, mientras echaba azúcar en sus cereales.

Pociones Dobles con los de Slytherin —respondió Ron—.

- Nunca he entendido por qué ponen a las dos casas entre las cuales hay más rivalidad juntas en las clases en las que es más peligroso para los alumnos - dijo Luna como si comentase el tiempo -. Pociones es una de las asignaturas en las que es más fácil que se fastidien el trabajo unos a otros y, sin embargo, siguen poniendo a los que peor se llevan juntos.

- Me parece que Dumbledore todavía cree que podemos dejar nuestras diferencias de lado así como así - murmuró Neville después de unos segundos de silencio.

- Bueno, no me parece lo más inteligente que ha hecho, ¿no crees? - replicó ella sin molestarse en bajar la voz -. Si quiere que desaparezcan las diferencias, me parece que sería mejor idea si lo intentase primero con otra clase potencialmente menos peligrosa y más adelante probar con esa. Pero creo que así solo se consigue justo lo contrario por todos los intentos que ocurren de sabotearse unos a otros.

- Ya veremos qué ocurre el año que viene, señorita Lovegood - dijo Dumbledore sonriendo, pero era una sonrisa tensa, como si no le gustase que una chica de primer curso le reprochase sus ideas -. Sin embargo, es posible que estos libros ayuden a resolver esa rivalidad y ya no sea necesario.

Snape es el Jefe de la Casa Slytherin. Dicen que siempre los favorece a ellos... Ahora veremos si es verdad.

- Sí lo es - dijeron muchos.

- Alguien tendrá que darle puntos a mi casa, si el resto de los profesores parece algo reticente a la hora de hacerlo cuando los colores de los uniformes de los alumnos son verde y plateado.

Más de un profesor tuvo que cerrar a boca avergonzado al darse cuenta de que sí dudaban más al dar puntos a Slytherin que a cualquier otra casa, pero también ellos dudaban porque Snape los beneficiaba tanto.

- ¿Sabe, profesor Snape?, me parece que esto es un círculo vicioso - intervino Luna tranquilamente -. Usted da más puntos a los Slytherin de los que se merecen porque tiene la sensación de que el resto de profesores hace lo contrario, pero estoy segura de que ellos hacen eso precisamente porque usted les beneficia tanto y sienten que deben compensar eso.

- ¿Cómo te atreves...? - empezó Snape tan indignado como muchos otros profesores. No querían plantearse que este problema era posible que fuese un caso de muy mala comunicación entre el profesorado de Hogwarts.

- No, profesor. Luna tiene razón - saltó Harry en su defensa viendo que nadie más estaba dispuesto a hacerlo -. Tal vez esa es una de las causas por las que no se corrijan las diferencias que hay con ellos. Yo ya he dicho que no creo que todas las serpientes sean malas, pero si sienten que todo el colegio está contra ellos... Bueno, creo que yo acabaría actuando parecido.

Todos se quedaron en silencio, las serpientes devolviendo miradas indiferentes y calculadoras que las demás casas les observaban curiosas y, algunos, con una pizca de arrepentimiento.

- Es una excelente teoría, señorita Lovegood, señor Potter - Dumbledore interrumpió el silencio -. Tal vez en otro momento podamos encontrar una solución, pero ahora mismo hay otros problemas más apremiantes. Si es tan amable, señor Weasley, de seguir leyendo.

Ojalá McGonagall nos favoreciera a nosotros —dijo Harry. La profesora McGonagall era la jefa de la casa Gryffindor; pero eso no le había impedido darles una gran cantidad de deberes el día anterior.

- No esperarían no tener deberes de Transformaciones solo por que yo sea la jefa de su casa, ¿verdad? - dijo McGonagall mirándoles muy seria.

- No, no, claro que no...

- Qué va, profesora. Era solo una broma...

La profesora les miró por encima de sus gafas mientras los chicos ponían su mejor cara de inocencia y el resto escondía su diversión con poco éxito. Sólo pudo seguir mirándoles unos segundos más antes de tener que desviar la vista por miedo a echarse a reír con el resto.

Justo en aquel momento llegó el correo. Harry ya se había acostumbrado, pero la primera mañana se impresionó un poco cuando unas cien lechuzas entraron súbitamente en el Gran Comedor durante el desayuno, volando sobre las mesas hasta encontrar a sus dueños, para dejarles caer encima cartas y paquetes.

- Todos los nacidos de muggles de primer año se quedan así - dijo Hermione -. Nunca habían visto una lechuza hasta hacía unas semanas y de pronto llegan decenas de ellas durante el desayuno.

- Y no solo los nacidos de muggles - dijo Sirius -. Los nacidos de magos tampoco han visto jamás una cosa así a pesar de que hayan visto lechuzas a diario prácticamente.

Hedwig no le había llevado nada hasta aquel día.

Remus se mordió el labio con un sentimiento de arrepentimiento comiéndole por dentro. Él habría podido enviarle cartas a Harry, pero no lo había hecho. En parte por órdenes de Dumbledore de que era lo mejor y en parte por que le dio miedo que Harry le rechazase, no se puso en contacto con él y no le conoció hasta que los del futuro le habían traído.

Sin embargo, tendría que haberle mandado algo. Ahora entendía claramente que el hijo de uno de sus mejores amigos valía mil veces más que cualquier orden del director y que, claramente, más que rechazarle, Harry habría estado encantado de conocerle y le habría bombardeado a preguntas sobre sus padres.

Bueno, ahora se aseguraría de mantenerse en contacto más a menudo.

Algunas veces volaba para mordisquearle una oreja y conseguir una tostada, antes de volver a dormir en la lechucería, con las otras lechuzas del colegio.

- ¿Tú lechuza hace eso? - preguntó Charlie abriendo mucho los ojos.

- Sí, casi todas la mañanas - respondió Harry sin darle importancia -. ¿Por qué? ¿Qué pasa?

- Nunca había oído que una lechuza hiciese algo así - explicó el pelirrojo asombrado todavía -. Normalmente solo se acercan a su dueño cuando tienen una carta para él y muy pocas veces más.

- Pero yo no soy el dueño de Hedwig - dijo Harry frunciendo el ceño -. Ni siquiera la elegí yo. Fue ella la que vino a posarse en mi hombro en cuanto entré en la tienda y no se movió de ahí hasta que pagué por ella. Yo no soy su dueño - repitió convencido -, soy su amigo y ella es mi amiga.

El resto le miraba con una mezcla de extrañeza, sorpresa, exasperación y confusión. Los primeros dos sentimientos los compartía todo el mundo al ver cómo el niño que vivió ni siquiera podía tener una mascota de forma normal. Los que le conocían eran los que estaban exasperados, ya totalmente acostumbrados a que cosas fuera de lo común ocurriesen en torno a Harry, y los que no eran los que estaban confundidos.

- ¿Ni siquiera puedes tener una mascota normal, Harry? - preguntó Sirius divertido.

- ¿Qué? ¡Hedwig es perfectamente normal! Solo la trato como si fuese mi amiga, no mi mascota - se defendió Harry indignado.

- Tan normal como tú, Harry - dijo Neville haciendo reír a todos, incluso a Harry después de unos segundos.

Sin embargo, aquella mañana pasó volando entre la mermelada y la azucarera y dejó caer un sobre en el plato de Harry. Este lo abrió de inmediato.

Querido Harry (decía con letra desigual),

sé que tienes las tardes del viernes libres, así que ¿te gustaría venir a tomar una taza de té conmigo, a eso de las tres? Quiero que me cuentes todo lo de tu primera semana. Envíame la respuesta con Hedwig.

Hagrid

Harry cogió prestada la pluma de Ron y contestó: «Sí, gracias, nos veremos más tarde», en

la parte de atrás de la nota, y la envió con Hedwig.

Fue una suerte que Hagrid hubiera invitado a Harry a tomar el té, porque la clase de Pociones resultó ser la peor cosa que le había ocurrido allí, hasta entonces.

- ¿La peor? - repitió Sirius fulminando a Snape con la mirada.

- No importa, Sirius. Ya no es lo peor que me ha pasado en Hogwarts - dijo Harry añadiendo la segunda parte en un murmullo que solo Ron y Hermione oyeron.

Sin embargo, la primera parte la oyeron todos y pronto Sirius no era el único mirando mal al profesor de Pociones. Snape, por su parte, ignoró a todo el mundo sin dejar que su cara mostrase cualquier otra cosa que no fuese fría indiferencia.

- Eso ya lo veremos - prometió el animago.

Al comenzar el banquete de la primera noche, Harry había pensado que no le caía bien al profesor Snape. Pero al final de la primera clase de Pociones supo que no se había equivocado. No era sólo que a Snape no le gustara Harry: lo detestaba.

Sirius gruñó sin apartar la vista de Snape. Parecía que quería hacerle un agujero en la cabeza por la intensidad y odio con que le miraba.

- Seguro que no es para tanto, ¿no, Harry? - dijo Remus dubitativo, dispuesto a ofrecerle el beneficio de la duda al hombre -. Seguro que ya no opinas así, ¿verdad?

- No, claro que no - respondió Harry haciendo que todos se girasen hacia él sorprendidos porque no había nadie que no supiese que Harry era el alumno que Snape más odiaba y el sentimiento era mutuo. Sobre todo los más cercanos al chico empezaron a parecer preocupados, pensando que estaba bajo algún hechizo o algo.

- ¿Harry? - dijo Ron sin saber cómo reaccionar.

- Es mucho peor de lo que yo pensaba - terminó Harry ignorando al pelirrojo. Al oír esto todos soltaron suspiros aliviados, incluso Snape, y algunos rieron por lo bajo -. Ahora verás cómo son mis clases de Pociones. Bueno, verás la primera que tuve y que sepas que esa fue la menos mala que he tenido nunca.

McGonagall empezó a imitar a Sirius y fulminó a Snape con la mirada. Ella siempre era muy protectora con sus cachorros de león y si descubría que uno de ellos lo pasaba especialmente mal bajo el mismo techo que ella, iba a haber consecuencias desagradables para el responsable.

- ¿La menos mala? - repitió Remus perdiendo la poca esperanza que había tenido.

- Sí - asintió Harry -. Cualquiera que esté en clase conmigo te lo puede confirmar.

El hombre lobo miró a Ron, Hermione y Neville y sintió que el alma se le caía a los pies al ver cómo los tres asentían de acuerdo con una mueca. Pronto el instinto protector que llevaba dentro se rebeló ante la idea de que su cachorro adoptivo sufriese a manos de un estúpido que aún guardaba rencor a alguien que llevaba muerto más de una década y se unió a Sirius y McGonagall en su tarea de mirar con disgusto al profesor de Pociones para hacerle sentir lo más incómodo posible.

Las clases de Pociones se daban abajo, en un calabozo. Hacía mucho más frío allí que arriba, en la parte principal del castillo, y habría sido igualmente tétrico sin todos aquellos animales conservados, flotando en frascos de vidrio, por todas las paredes.

Snape, como Flitwick, comenzó la clase pasando lista y, como Flitwick, se detuvo ante el nombre de Harry.

Ah, sí —murmuró—. Harry Potter. Nuestra nueva... celebridad.

- ¿Eso era necesario, Severus? - preguntó McGonagall molesta.

- Potter adora llamar la atención, Minerva - dijo Snape sabiendo ahora perfectamente que eso no era cierto -. Yo solo quise... ayudarle un poco. Luego, por supuesto, quedó claro que es tan arrogante como su padre.

Los dos merodeadores apretaron los dientes furiosos, uno esforzándose por no sacar la varita y maldecir a Snape y otro lamentando no tenerla para poder hacer justo eso.

Los estudiantes también estaban molestos. Solo había que recordar la reacción de Harry cuando le reconocieron en el Caldero Chorreante o los gemelos Weasley en el tren para darse cuenta de que Snape estaba mintiendo. Harry más bien odiaba su fama y algunos podían empezar a comprender por qué.

- Bueno, Severus, me parece que ya hemos visto que muchos hemos juzgado mal al señor Potter, ¿no crees? Estoy seguro de que ahora comprendes que Harry es muy distinto de su padre. A mí personalmente me recuerda mucho más a Lily que a James - intervino Dumbledore conciliador al ver las malas miradas que recibía su profesor de Pociones. Sin embargo, estaba advirtiéndole sutilmente que eso no se podía repetir.

Snape apretó la mandíbula molesto con el director. Él sabía que no quería que mencionase a Lily delante de él, pero el anciano seguía ignorando sus deseos y trayéndola en medio de la conversación tantas veces como Snape comparaba a Harry con su padre, que era casi siempre que discutía con el director sobre el chico.

Draco Malfoy y sus amigos Crabbe y Goyle rieron tapándose la boca. Snape terminó de pasar lista y miró a la clase. Sus ojos eran tan negros como los de Hagrid, pero no tenían nada de su calidez. Eran fríos y vacíos y hacían pensar en túneles oscuros.

Vosotros estáis aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones — comenzó. Hablaba casi en un susurro, pero se le entendía todo. Como la profesora McGonagall, Snape tenía el don de mantener a la clase en silencio, sin ningún esfuerzo—. Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de vosotros dudaréis que esto sea magia. No espero que lleguéis a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relucientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente, engañando los sentidos... Puedo enseñaros cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte... si sois algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.

- Bonito discurso - aprobó Tonks a regañadientes -. No está mal para empezar el curso con los de primer año.

- ¿Pero tenía que estropearlo insultando a los alumnos en el último momento? - bufó Charlie.

- No puedo dejar que los alumnos se confíen o se entusiasmen demasiado en mi clase - fue la excusa de Snape.

- Claro, ¿cómo no se me había ocurrido que es una desgracia que los alumnos se interesen por tu asignatura? - dijo Remus con la voz cargada de sarcasmo.

- Si se confían, se creen más listos que el profesor, Lupin, y empiezan a hacer tonterías y cometer errores estúpidos que ponen en peligro al resto. Deberías saberlo ya - replicó Snape -. Además, no recuerdo que fueses el profesor de Pociones en este colegio.

- Si les gusta la clase se esforzarán por no cometer errores. Y sabes de sobra que no hay forma de que se pasen de listos contigo en clase - rebatió el hombre lobo -. Les quitarías cincuenta puntos y les pondrías una semana de castigos si lo intentasen siquiera.

El profesor no se inmutó. En parte porque no podía negar que era cierto y en parte porque le gustaba que los alumnos supiesen que no podían jugar en su clase.

Más silencio siguió a aquel pequeño discurso. Harry y Ron intercambiaron miradas con las cejas levantadas. Hermione Granger estaba sentada en el borde de la silla, y parecía desesperada por empezar a demostrar que ella no era un alcornoque.

- ¡Harry! - exclamó Hermione sonrojándose furiosamente.

- Lo siento, Hermione, pero tienes que reconocer que era totalmente cierto - dijo Harry intentando no soltar risitas como el resto.

- Y ya has demostrado que no eres ningún alcornoque - intervino Ron defendiéndole -. Todos lo tuvimos claro en el tren el primer día. Y luego antes de la Selección. Y al entrar en el Gran Comedor...

- ¡Ron!

- ¿Qué? ¿Qué he dicho mal? Si es cierto. No parabas de repetir hechizos...

- ¡Ronald, ya cállate! - interrumpió ella, con la vergüenza dejando paso rápidamente al enfado.

- ¡Tú no puedes decirme que me calle! ¡No he mentido en ningún momento así que puedo seguir hablando todo lo que quiera!

Los dos estaban gritando ahora, sin darse cuenta de que eran el centro de las miradas de todo el comedor. Ambos estaban demasiado molestos con el otro, Ron con las orejas rojas de enfado y Hermione intentando que no saliesen sus lágrimas de frustración.

- ¡Eres la persona más cabezota e insensible que conozco! ¡¿Cómo puedes decir esas cosas?!

- ¡Ya estamos otra vez con que soy un insensible! ¡¿A qué viene eso ahora?! ¿Y a qué te refieres con esas cosas?

- Ron - intervino Harry decidiendo que esto estaba llegando demasiado lejos. Puso una mano en el hombro de Hermione -, ¿te acuerdas de lo que hemos dicho antes? ¿Lo de no juzgarnos por algo de cuando no nos llevábamos bien?

- ¿Qué...? ¡Ahhh! Ups - comprendió Ron mirando a Hermione con una pequeña sonrisa de disculpas.

- Sí. Ups - repitió Harry casi divertido -. Creo que se te había olvidado. - Ehh... Puede - reconoció sonrojándose un poco -. Lo siento, Hermione.

La bruja solo le ignoró girándose hacia Bill con el ceño fruncido. Ron miró a su mejor amigo suplicante, sabiendo que había metido la pata pero sin ninguna idea de cómo arreglarlo. Por desgracia, Harry estaba tan perdido como él en este caso y sólo pudo encogerse de hombros.

¡Potter! —dijo de pronto Snape—. ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?

- ¡¿Qué?! - explotó Sirius, había estado tenso desde que había empezado la clase de Pociones -. Eso no es algo que se aprenda hasta sexto curso, finales de quinto si la clase es lo bastante avanzada.

- Sirius, ya - dijo Harry cansinamente resistiendo el impulso de poner los ojos en blanco -. Ya te he dicho que esto no es nada. Snape hace lo mismo con todo el que no es Slytherin.

Más de uno estuvo a punto que replicar que eso no era exactamente cierto porque estaba claro que el odio que Snape tenía por Harry era algo... especial. Por suerte, Harry les vio a tiempo y les lanzó una mirada fulminante que hizo que cambiasen de opinión al momento.

Regla número 1 de supervivencia en Hogwarts: no llevarle la contraria a Harry Potter cuando te mira de esa manera. Las cosas se podían poner muy feas para el que no la cumpliese.

¿Raíz en polvo de qué a una infusión de qué? Harry miró de reojo a Ron, que parecía tan desconcertado como él.

- Normal - bufó Sirius -. Ningún estudiante de primer curso se sabría la respuesta a esa pregunta. Ni siquiera Lunático.

Harry y Ron escondieron sus sonrisas mirando de reojo a la chica sentada entre ellos, que ya empezaba a sonrojarse.

La mano de Hermione se agitaba en el aire.

- ¿Te sabías la respuesta? - preguntó Sirius con los ojos abiertos como platos.

- Leí todo lo que pude y memoricé todos los hechizos y datos que me dio tiempo antes de ir - se explicó Hermione roja como un Weasley -. Me daba miedo saber mucho menos que los que conocían la magia desde hacía años y... No sé. Me quise asegurar de que sabía suficiente.

- ¿Suficiente? - repitió Tonks en shock -. Creo que eso es más que de sobra.

- Yo no me sé hoy la respuesta y tú te la sabías en tu primera semana en el colegio - dijo Charlie con la misma expresión que la metamorfomaga. Pociones nunca había sido su fuerte, más bien una de las asignaturas más difíciles para él, en parte porque él adoraba estar al aire libre y en las mazmorras se despistaba continuamente.

- No soy la única. Harry y Ron también se saben las repuestas a esta y a las siguientes preguntas, ¿verdad? - dijo Hermione intentando desviar la atención de sí misma y hacia sus dos mejores amigos.

- No nos quedó otra - se encogió de hombros Ron con una pequeña mueca.

- Entre el odio que me tiene Snape y que Hermione intenta que aprenda todo lo posible sobre su asignatura para que deje de tener motivos para castigarme, claro que sé qué se forma - explicó Harry poniendo los ojos en blanco. No le veía sentido a intentar eso porque el profesor de Pociones le iba a seguir poniendo castigos, solo que por excusas más absurdas.

- ¿Ah, sí, Potter? Dime, ¿qué obtenemos al añadir polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo? - preguntó Snape arqueando una ceja y sin creerse que pudiese responder correctamente.

- El Filtro de Muertos en Vida - respondió inmediatamente con una sonrisa inocente.

- ¿Cómo lo sabes? - se sorprendió Neville.

- Te lo he dicho. No me queda otra. Y me acuerdo perfectamente de aquella primera clase, incluidas las preguntas con sus respuestas - dijo Harry casi orgulloso de sí mismo.

- ¿Ah, sí? - Snape apretó los dientes con rabia, pero no podía hacer los comentarios que quería delante del resto de profesores solo porque el chico se acordase del primer día de clase.

Además de que era casi halagador que Potter recordase SU primera clase y no la del resto de asignaturas.

- Sí, profesor - asintió escondiendo una sonrisa burlona -. Si quiere, se las pongo por escrito.

Antes de que Snape pudiese replicar, Harry cogió un pedazo de pergamino que le dieron los gemelos con un guiño cómplice y, después de unos segundos de escribir, se levantó y se lo dio a Dumbledore. El anciano lo aceptó con los ojos brillando de diversión.

- Según el señor Potter - empezó ignorando cómo el resto del comedor se inclinaba ligeramente hacia él mientras su profesor de Pociones tenía la reacción contraria y ponía una mueca de desagrado -, el profesor Snape le hará dos preguntas más. La primera es dónde encontramos un bezoar. Bueno, vamos a ver si la memoria del señor Potter es correcta.

Todos se giraron de inmediato hacia Bill deseando ver cómo seguía la clase.

No lo sé, señor —contestó Harry.

Los labios de Snape se curvaron en un gesto burlón.

Bah, bah... es evidente que la fama no lo es todo.

- ¡Severus, Harry no ha intentado en ningún momento que le den un tratamiento especial por su fama! ¡Ni siquiera la ha mencionado, por Merlín! - exclamó McGonagall fulminando con la mirada al hombre.

Snape no se dignó a contestar ni devolver ninguna de las malas miradas que le llegaban por parte de todos los profesores y la mayor parte de los alumnos. Que fuese verdad que en ese momento se había comportado decentemente no quería decir que no fuese un arrogante el resto del tiempo, tal y como le había contado su ahijado.

Aunque Draco no había contado los hechos del tren como habían pasado, pensó vacilante. De momento nada de lo que el rubio le había dicho había sido verdad...

Da igual, es un Potter, pensó autoconvenciéndose. Los Potter son arrogantes por naturaleza. Intentó no pensar en cómo esas creencias según las que llevaba actuando durante años tenían cada vez menos fuerza.

No hizo caso de la mano de Hermione.

Vamos a intentarlo de nuevo, Potter. ¿Dónde buscarías si te digo que me encuentres un bezoar?

- ¡Ja! ¡Ha acertado! - exclamaron los gemelos Weasley fingiendo entusiasmo mientras fulminaban con la mirada a Snape al mismo tiempo. No era una hazaña nada fácil.

- Los bezoares no se mencionan hasta cuarto curso cuando empiezan a tratar venenos y antídotos - gruñó Remus con los ojos entrecerrados -. Y aún así, no se utilizan hasta meses avanzado ese curso.

- Parece que el señor Potter de verdad se ha acordado de la pregunta - dijo Dumbledore con un tono alegre que contrastaba drásticamente con la tensión que había en el ambiente, que se podía cortar prácticamente con un cuchillo -. Dice que la respuesta es en el interior del estómago de una cabra. Y que la última pregunta será cuál es la diferencia entre acónito y luparia.

Snape solo frunció el ceño un poco más por no poder meterse con Potter. El chico había contestado correctamente a la pregunta aunque el cómo lo había sabido, todavía se escapaba de su compresión. Después de todo, el chico siempre había sido un desastre en su clase.

Hermione agitaba la mano tan alta en el aire que no necesitaba levantarse del asiento para que la vieran, pero Harry no tenía la menor idea de lo que era un bezoar.

- Eso es lo normal para un alumno de primer curso. Lo que me sorprende es que Hermione sí que sepa lo que es y dónde encontrarlo - dijo Remus mirando a la chica con los ojos como platos. Hermione se sonrojó y bajó la cabeza intentando no parecer demasiado contenta consigo misma.

- Es Hermione - dijeron Harry y Ron a la vez riéndose y haciendo sonrojar aún más a su amiga.

- Hay muy pocas cosas de las que ella no haya oído hablar, o más bien no haya leído - siguió Harry dándole un codazo amistoso.

- ¿Por qué creéis que tantas de las cosas que hacemos nos salen bien al final? Porque Hermione sabe muchos de los hechizos necesarios para ello - dijo Ron haciendo sonreír a la chica, que olvidó que aún estaba molesta con él por la discusión de antes -. Es como una biblioteca andante - terminó borrándole la sonrisa de la cara.

Harry soltó un gruñido desesperado, resistiendo el impulso de levantarse y sacudir al pelirrojo por hablar sin pensar.

Otra vez.

- ¡Ronald! - exclamó su madre enfadada -, ¿cómo puedes decirle algo así? ¡Discúlpate ahora mismo!

- ¡¿Qué?! ¿Por qué? ¡Es cierto que se sabe la mitad de los libros de la biblioteca de memoria! - exclamó él indignado.

- ¡Ron! - llamó su atención Harry. Estaba haciendo un esfuerzo titánico para no golpearse la cabeza por la estupidez de su mejor amigo. O mejor, golpear la cabeza del pelirrojo hasta que se le metiese algo de sentido común -, ¿qué habíamos pensado al principio del capítulo tú y yo? Nada de echarnos en cara NADA de lo que leamos en estos libros. Y sabes que aunque Hermione sí lea muchísimo, eso nos ha salvado la vida. ¡Así que no tenías que llamarla biblioteca andante!

Ron abrió mucho los ojos después de un segundo y se giró hacia la chica horrorizado al darse cuenta de que había vuelto a meter la pata.

Hasta el fondo.

A lo mejor un poco más profundo que eso.

- Ronnie, incluso nosotros sabemos que eso no se le dice a una chica - dijo Fred mientras sus hermanos asentían de acuerdo.

- Sí, eso no mola. Me extraña que no te haya mandado una maldición todavía - George hizo una mueca sabiendo perfectamente que la bruja era más que capaz.

- Hermione, lo siento. Yo...

- Ahórratelo, Ronald. Ahora no quiero discutir más contigo - le cortó ella cruzándose de brazos y negándose a mirarle a la cara -. Bill.

- Ah. Voy.

Trató de no mirar a Malfoy y a sus amigos, que se desternillaban de risa.

- ¿Se reían de eso? - preguntó Tonks en un tono tímido nada característico de ella. Aunque nadie la podía culpar con el ambiente que había. Ron seguía lanzándole miradas arrepentidas a Hermione, pero ella no había movido un músculo todavía.

- Se ríen de cualquier cosa que me deje en ridículo, Tonks - respondió Harry haciendo un esfuerzo por sonar normal.

No lo sé, señor.

Parece que no has abierto ni un libro antes de venir. ¿No es así, Potter?

- Sí lo ha hecho - replicó Sirius.

- Muy a nuestro pesar - dijo Fred.

- Pero sí que se leyó los libros antes de venir a Hogwarts - asintió George.

- Aunque no había nada mejor que hacer con esos parientes - señaló Fred.

- Así que suponemos que no se lo podemos tener en cuenta - admitió George.

- Solo por esta vez - enfatizaron los dos a la vez mirando con intención al chico.

Harry se obligó a seguir mirando directamente aquellos ojos fríos. Sí había mirado sus libros en casa de los Dursley, pero ¿cómo esperaba Snape que se acordara de todo lo que había en Mil hierbas mágicas y hongos?

- Ese ni siquiera es el libro de Pociones, Potter - bufó Snape celebrándolo en su cabeza. Esto les demostraría a todos los demás profesores lo estúpido que era Potter en realidad, sin poner ningún esfuerzo ni interés real por los estudios.

- Ya lo sé, profesor. Y también sabía perfectamente aquel día que Mil hierbas mágicas y hongos era el libro de Herbología - replicó Harry sabiendo que no le iban a creer si las caras de todos tenían algo que ver.

- ¿Ah, sí, Potter? Estos son sus pensamientos y no he oído que usted mencionara Filtros y pociones mágicas - dijo el hombre con una sonrisa triunfante.

- Y apuesto a que tampoco ha oído que yo pensara que Mil hierbas mágicas y hongos fuese el de Pociones.

Snape abrió la boca para restarle veinte puntos a Gryffindor por mentirle a un profesor cuando se dio cuenta de que técnicamente el chico no había pensado eso.

Técnicamente.

Parecía que algún otro había llegado a esa misma conclusión, pero eso no explicaba nada. ¿Por qué iba a mencionar un libro que sabía que no pertenecía a la clase en la que estaba? No tenía sentido.

- Creo que no te seguimos, Harry - rompió el silencio Sirius -. ¿Qué demonios quieres decir con eso?

- Exactamente lo que he dicho. Sabía que no era el libro de Pociones, sino de Herbología. No sé cómo veis vosotros la magia, pero ya creo que las asignaturas están relacionadas y muchísimos de los ingredientes de Pociones se consiguen de Herbología. Están relacionadas porque sin Herbología no podría existir Pociones. O al menos no la mayor parte de las pociones de ahora - explicó Harry como si fuese lo más lógico.

Los rostros de todos se iluminaron con una chispa de comprensión y, tal vez se lo había imaginado, pero Harry habría jurado que durante un instante había visto algo parecido a la sorpresa (¿y era eso una pizca de respeto?) en los ojos de Snape.

- ¿Pero por qué pensabas que la respuesta estaba en ese libro? - preguntó Charlie sin entender.

- Bueno, Pociones era una de las asignaturas que más me interesaban antes de venir a Hogwarts y me había leído Filtros y pociones mágicas varias veces - confesó Harry sonrojándose un poco ante las miradas de sorpresa. ¿A Harry Potter le gustaba Pociones de todas las asignaturas? -. No lo había memorizado, pero esos ingredientes ni me sonaban. Así que pensé que a lo mejor estaban en el de Herbología por estar tan relacionadas. Lo que pasa es que Mil hierbas mágicas y hongos no lo había leído demasiado.

Le mandó una mirada disculpándose a la profesora Sprout, pero la mujer no respondió. Estaba asombrada por que un niño de primer curso supiese relacionar así las asignaturas. Normalmente no era hasta mucho más tarde que los alumnos empezaban a darse cuenta de que cosas de Herbología servían en Pociones o de que Transformaciones y Encantamientos podían usarse en una pelea en DCAO.

- ¿Desde cuándo eres como Hermione? - soltó Ron sorprendido. Hermione mientras miraba a su mejor amigo con una brillante sonrisa.

- No soy como Hermione, aunque eso no sería nada malo - se apresuró a asegurarle a la chica -. Solo es que hay ciertas cosas que no me parecen tan malas - se encogió de hombros avergonzado.

La sonrisa de Hermione se hizo más ancha todavía, si eso era posible, y empezó a planear cómo convencerle para acompañarla más a menudo a la biblioteca.

Harry reconoció esa mirada en seguida. Era la misma que había visto a diario cuando intentaban descubrir quién era Nicolás Flamel o buscaban la leyenda de la Cámara de los Secretos. Supo que le esperaban muchos ratos rodeado de libros acompañando a su mejor amiga y suspiró resignado. Siempre y cuando aún pudiese hacer otras cosas y los libros no estuviesen mal...

- ¿Sabes?, tu madre era un genio en Pociones. Aún más que Quejicus - dijo Sirius con una sonrisa. Lily habría estado estallando de orgullo si hubiese podido ver que a su hijo le interesaba una de sus clases favoritas.

- ¿En serio? - preguntó Harry entusiasmado. Tal vez valía la pena dedicarle más esfuerzo a Pociones solo por eso, a pesar del profesor.

- Totalmente - asintió su padrino -. Sabía cómo reaccionaba cada ingrediente con cualquier otro, podía solucionar casi cualquier poción que hubiese salido mal. Tenía una habilidad asombrosa...

- Habilidad que no parece haber heredado Potter - interrumpió Snape. Todavía le dolía oír hablar

sobre Lily.

- Sobre todo no contigo soplando en su nuca y tratándole de esa manera - replicó McGonagall

furiosa.

Snape la ignoró olímpicamente mientras se regañaba a sí mismo. No había querido comentar en voz alta, pero la costumbre le había hecho hacerlo antes de darse cuenta. Sabía que no iba a poder continuar mucho tiempo ignorando a todos, pero pensaba intentarlo durante todo el tiempo posible.

Snape seguía haciendo caso omiso de la mano temblorosa de Hermione.

- Si haces una pregunta, Severus - dijo Flitwick molesto -, por lo menos podías dejar que contestara el que sepa la respuesta.

Los profesores no podían dar crédito a sus oídos al escuchar cómo Snape centraba todo su odio en Harry e ignoraba completamente a Hermione, más o menos como estaba haciendo ahora con todo el comedor.

¿Cuál es la diferencia, Potter; entre acónito y luparia?

- ¡Esa es una pregunta trampa! - soltó Remus echando chispas por los ojos.

- Y el señor Potter se acordaba de ella correctamente - intervino Dumbledore tratando de evitar la enorme discusión que estaba a punto de estallar -. Y también ha acertado al decir que son la misma planta. Buen trabajo, señor Potter.

Por desgracia, pocos (o más bien nadie) le estaba escuchando, demasiado ocupados fulminando con la mirada a Snape. Solo los Slytherin estaban mirando impasibles al frente, pero ni siquiera ellos podían defender de alguna forma al jefe de su casa. El abuso contra Harry era demasiado descarado.

Ante eso, Hermione se puso de pie, con el brazo extendido hacia el techo de la mazmorra.

- ¿En serio? - se asombró Sirius distrayéndose durante un momento de la tarea que se había autoimpuesto de fulminar a Snape con la mirada hasta hacerle sentir incómodo. Esto, aunque nunca lo sabría, consiguió que el profesor se relajase imperceptiblemente -. ¿Hay alguna pregunta para la que no sepas la respuesta?

- Para una que haya planteado un profesor todavía no - dijo Ron mirando a Hermione con la esperanza de que el halago la ablandase un poco porque la chica aún no le había dirigido la palabra después de su desafortunado comentario.

Suspiró aliviado al ver cómo se curvaban hacia arriba las comisuras de sus labios, como reprimiendo una sonrisa. No estaba tan enfadada como parecía.

- En realidad - intervino Harry con la mirada en el infinito pensativo -, sí que hubo una. El año pasado.

- ¿Eh? ¿Cuándo? - preguntó Ron repasando mentalmente todas las clases que recordaba y viendo solo una cosa en común con todas: cada vez que se hacía una pregunta, Hermione era la primera con la mano en alto.

- No fue en clase - dijo Harry adivinando los pensamientos de su amigo -. Fue esa noche en la que ayudamos a ya-sabes-quién a hacer eso tan importante.

- Ehhh... ¡Ah! - comprendió el pelirrojo -. ¡Eso no cuenta, Harry! ¡Esa era una situación de una vez en la vida! - la defendió -. Espero, vamos - añadió después de un segundo.

- Yo también lo espero. No tengo ningunas ganas de encontrarme con otro - replicó Harry.

- ¿Se puede saber de qué demonios estáis hablando? - interrumpió Sirius frunciendo el ceño -. ¿Qué es lo que no queréis volver a encontraros? ¿A quién ayudasteis? ¿Qué es eso tan importante? ¡¿Alguien quiere hacer el favor de explicarme de qué demonios están hablando?! - terminó exasperado al ver que el trío solo se echaba a reír.

- Lo siento, Sirius. Te tendrás que esperar - dijo Harry tranquilizándose -. Y no te molestes en preguntar a otros, somos los únicos que sabemos a qué nos referimos - añadió al ver que su padrino se giraba hacia otros con el propósito de interrogarles.

- Pff - bufó el hombre cruzándose de brazos y echándose hacia atrás en su sillón resignado.

No lo sé —dijo Harry con calma—. Pero creo que Hermione lo sabe. ¿Por qué no se lo pregunta a ella?

- ¡Ja! ¡Buena esa, Harry! - felicitó Sirius olvidándose al instante de que estaba molesto.

- ¡Bien hecho, pequeño Harry! - exclamó George haciendo un signo de victoria con el puño.

- ¡Sin dejarte intimidar! - dijo Fred entusiasmado.

- Harry, no deberías desafiar de esa forma a tus profesores - le regañó Molly con poca convicción.

- Lo siento, señora Weasley, pero tampoco puedo dejar que un profesor intente intimidarme de esa forma solo por ser hijo de quien soy - se excusó Harry con decisión.

Eso era algo que había decidido ese curso como fruto del último verano con los Dursley: no iba a dejarse intimidar por ningún adulto a partir de ese momento.

Unos pocos rieron. Harry captó la mirada de Seamus, que le guiñó un ojo. Snape, sin embargo, no estaba complacido.

Siéntate —gritó a Hermione—.

- ¡Severus, no te permito que trates así a mis alumnos! - exclamó la profesora McGonagall enfadada -. ¡Ellos te deben respeto por ser su profesor, pero eso no te da derecho a gritarles sin motivo o centrar tu rencor sobre cualquiera de ellos! Merlín, a veces todavía no entiendo por qué te hiciste profesor si tan poco soportas a los alumnos.

Dumbledore escondió una mueca. Él sabía que Severus no tenía ningún tipo de paciencia con los alumnos (más bien detestaba a los niños en general), pero le necesitaba en el colegio para protegerle y para que le pudiese pasar información sobre Voldemort fácilmente cuando consiguiese recuperar su cuerpo en el futuro.

Además, aunque no tuviese paciencia con los niños, hacía todo lo posible para proteger a los hijos de mortífagos que notaba que no querían seguir el camino de sus padres para tratar de que no tuviesen que recibir la marca.

Para tu información, Potter; asfódelo y ajenjo producen una poción para dormir tan poderosa que es conocida como Filtro de Muertos en Vida.

- Una de tres correcta - dijo George sonriendo.

Un bezoar es una piedra sacada del estómago de una cabra y sirve para salvarte de la mayor parte de los venenos.

- Dos de tres correctas - siguió Fred levantando dos dedos.

En lo que se refiere a acónito y luparia, es la misma planta.

- ¡Tres de tres correctas! - dijo George levantando tres dedos como si fuesen un premio.

- Señoras, señoritas y señores, ¡tenemos noticias increíbles de última hora! - exclamó Fred.

- ¡Harry James Potter ha sido capaz de responder correctamente tres complicadas preguntas de Pociones!

- Si fuésemos vosotros, iríamos haciendo testamento porque algo en el universo tiene que ir horriblemente mal y aquí tenemos la prueba - advirtió Fred con el rostro serio.

Bueno, ¿por qué no lo estáis apuntando todo?

Se produjo un súbito movimiento de plumas y pergaminos. Por encima del ruido, Snape dijo:

Y se le restará un punto a la casa Gryffindor por tu descaro, Potter.

- Bah, tampoco está tan mal - sonrió Tonks -. Solo un punto por replicarle así en realidad es salir bien parado.

Todos se echaron a reír de nuevo al recordarlo. Había sido una respuesta épica, pero Snape no dejaba de ser un profesor y estaba en su derecho el restarle puntos por contestarle de esa forma. Hasta McGonagall lo habría hecho. Tal vez el único que le hubiese visto la gracia habría sido Dumbledore.

Snape estaba pensando en cuánto le había recordado esa respuesta a las réplicas mordaces que Lily había dado en el colegio cuando alguien la molestaba. Solo había sido capaz de restarle un punto mientras superaba el shock.

La verdad es que había habido muchas ocasiones en las que el chico Potter le había recordado a su amiga de la infancia, pero la punzada de dolor le había hecho cerrar los ojos ante eso y centrarse solo en los parecidos con su padre.

¿Podía ser que se hubiese equivocado completamente con el chico? ¿Tal vez era más parecido a Lily que a Potter? Tendría que esperar un poco más para estar seguro, aunque todo apuntaba a eso.

Las cosas no mejoraron para los Gryffindors a medida que continuaba la clase de Pociones. Snape los puso en parejas, para que mezclaran una poción sencilla para curar forúnculos. Se paseó con su larga capa negra, observando cómo pesaban ortiga seca y aplastaban colmillos de serpiente, criticando a todo el mundo salvo a Malfoy, que parecía gustarle.

Malfoy hinchó el pecho orgulloso de sí mismo. Chúpate esa, Potter, pensó satisfecho, tú siempre quedas en ridículo en las mazmorras de Pociones mientras yo soy capaz de hacer las pociones que pide Severus.

Por dentro estaba bailando victorioso, celebrando esa pequeña venganza contra Potter. Aunque eso no quitaba que se vengase personalmente aquella tarde, cuando terminasen la lectura de los libros por ese día.

En el preciso momento en que les estaba diciendo a todos que miraran la perfección con que Malfoy había cocinado a fuego lento los pedazos de cuernos, multitud de nubes de un ácido humo verde y un fuerte silbido llenaron la mazmorra.

- No me extraña que haya habido algún accidente en la primera clase - dijo Remus frunciendo el ceño. El instinto de profesor que llevaba dentro se despertó de inmediato -. No les explicó ninguna de las medidas básicas de seguridad como asegurarse de que todos los instrumentos estén limpios o leer dos veces como mínimo las instrucciones para no cometer errores. Van a tener que ir aprendiéndolo todo a base de equivocarse y volver a probar.

- Creo haberte recordado ya que el profesor de Pociones en este colegio soy yo, Lupin - gruñó Snape fulminándole con la mirada -. Todas esas medidas básicas de seguridad aparecen en el primer capítulo del libro. Aquellos con el interés suficiente para abrirlo antes de venir al colegio habrá sido lo primero que vean.

- Eso no quita que los accidentes sigan ocurriendo si no se las recuerdas el primer día de clase - replicó Remus sin amedrentarse -. Veo lógico que no se lo recuerdes a todos los cursos, pero estos son niños de primer año que no llevan en el castillo ni una semana y no habían tenido jamás una clase de Pociones.

- Haré mi trabajo como a mi me parezca oportuno, Lupin - dijo Snape echando chispas por los ojos -. Te lo repito, el profesor soy yo. El día que tú seas profesor darás TU clase como tú creas conveniente.

Hubo un momento de silencio en el que nadie supo que decir. Todos compartían el punto de vista de Remus, pero no podían negar que Snape tenía razón al decir que era su clase. El único que tenía el poder de intervenir ahí era Dumbledore y en ese momento se encontraba mirando distraídamente al techo jugando con sus pulgares en su regazo.

- Parece que no se te dan nada mal Pociones, Remus - rompió Harry el silencio. Todos empezaron a murmurar entre ellos sobre la última discusión.

- No tanto como Snape y muchísimo menos que tu madre - replicó él sonrojándose un poco ante el cumplido.

- Ojalá supiese la mitad de lo que sabes - suspiró el chico -. Las clases con Snape serían mucho más fáciles.

- Te puedo enseñar si quieres - ofreció Remus algo tímido. No sabía si tenía todavía ese nivel de confianza con Harry.

- ¿En serio? ¡Sería genial! - exclamó Harry levantando la cabeza de inmediato. Sin embargo, en seguida redujo su entusiasmo -. Pero tú estarás ocupado. Seguro que tienes mejores cosas que hacer...

- Tonterías - interrumpió el hombre lobo -. Tengo tiempo de sobra en verano - y la mayor parte del año, pensó con amargura para sí mismo. Le era muy difícil conseguir un trabajo y más aún conservarlo a pesar de que trabajaba más que nadie.

- ¿No te molesta? - insistió Harry dudoso. Había visto una expresión extraña en el rostro de Remus y no estaba seguro de lo que significaba.

- Para nada - negó con la cabeza apartando esos pensamientos -. Antes de que empiece el curso que viene estarás al nivel de un alumno de tercero. Así te será más fácil.

Harry le dedicó una brillante sonrisa. ¡Por fin iba a poder ver cómo se le daba Pociones en realidad, con un buen profesor que le explicase las cosas en vez de hacer desaparecer su poción y ponerle un cero!

De alguna forma, Neville se las había ingeniado para convertir el caldero de Seamus en un engrudo hirviente que se derramaba sobre el suelo, quemando y haciendo agujeros en los zapatos de los alumnos. En segundos, toda la clase estaba subida a sus taburetes, mientras que Neville, que se había empapado en la poción al volcarse sobre él el caldero, gemía de dolor; por sus brazos y piernas aparecían pústulas rojas.

- ¿Sabes, Neville? Creo que tú te tienes que unir a las clases con Harry este verano - dijo Remus con una mueca -. Tendrás por lo menos una sólida base para los cursos siguientes.

- ¿De verdad? - preguntó Neville asombrado. Le habría encantado pedírselo antes, pero pensaba que le molestaría. Ni en sus mejores sueños se imaginaba que se lo iba a ofrecer.

- Por supuesto - asintió sonriendo -. Es más - añadió mirando a Hermione, Luna y los dos Weasley más jóvenes -, podéis uniros vosotros también si queréis.

Hermione parecía a punto de estallar y ya estaba aceptando casi antes de que Remus terminara la frase. Ron aceptó a regañadientes, sin que le atrajese la perspectiva de tener clases extras en verano, mientras que tanto Ginny como Luna aceptaron agradecidas. El primer año de Pociones había sido duro para todo el mundo.

- Bueno, si el profesor Lunático ha terminado ya de conseguir alumnos - se burló Sirius impaciente -, ¿podemos seguir?

¡Chico idiota! —dijo Snape con enfado, haciendo desaparecer la poción con un movimiento de su varita—. Supongo que añadiste las púas de erizo antes de sacar el caldero del fuego, ¿no?

- ¿Y no podías explicárselo sin insultarle? - demandó la profesora McGonagall con los labios tan apretados que parecía que se le iban a partir. Snape se apartó ligeramente de ella y metió disimuladamente la mano en el bolsillo donde tenía su varita por si acaso.

- Estuvo a punto de herir a varios alumnos. Tú también le habrías regañado por una cosa así.

- Eso no te lo discuto, Severus - replicó con las gafas centelleando -. No obstante, no le habría insultado. Un profesor no puede insultar a ningún alumno bajo ninguna circunstancia.

Snape la ignoró de nuevo, sin tener una respuesta a eso. Es que le exasperaban tanto los inútiles que tenía como alumnos... ¡Era solo una poción para curar forúnculos, por Merlín!

Neville lloriqueaba, mientras las pústulas comenzaban a aparecer en su nariz.

- Auch - dijo Bill con una mueca. - Sí. Auch - dijo Neville imitando su expresión -. Y que desaparezcan tampoco es agradable.

Como el crece-huesos, pensó Harry con un escalofrío. No dolía que te quitasen los huesos del brazo, pero la cosa para que creciesen de nuevo era horrible.

Llévelo a la enfermería —ordenó Snape a Seamus. Luego se acercó a Harry y Ron, que habían estado trabajando cerca de Neville.

Tu, Harry Potter. ¿Por qué no le dijiste que no pusiera las púas? Pensaste que si se equivocaba quedarías bien, ¿no es cierto? Éste es otro punto que pierdes para Gryffindor.

- ¡Pero serás rastrero! - exclamó Sirius entre incrédulo y furioso, pero inclinándose cada vez más hacia lo segundo -. ¡Tú mismo has dicho que TÚ eres el profesor de Pociones en este colegio! Eres tú quien debe corregir a los alumnos para evitar que tengan accidentes como esos, no Harry. ¡Ni siquiera estaban trabajando juntos, por Merlín! ¿Por qué demonios tendría que estar Harry pendiente de la poción de Neville en vez de de la suya propia?

Todos estaban indignados en favor de Harry, sobre todo los que nunca habían estado en una clase de Pociones de Harry. Estaban totalmente incrédulos ante estas injusticias.

- Estoy muy decepcionado contigo, Severus - le recriminó Dumbledore frunciendo el ceño -. Esto no puede continuar así.

- ¡¿Cómo se atreve?! Se va a enterar ese Quejicus - siguió despotricando Sirius contra él mientras el director hablaba seriamente con Snape -. ¿Y dices que esta ha sido la clase menos mala que has tenido con él? - le preguntó a Harry cayendo en la cuenta horrorizado.

- Bueno, en el resto suelo perder como mínimo diez o quince puntos por clase así que... Sí, creo que sí - respondió encogiéndose de hombros para quitarle importancia.

Aquello era tan injusto que Harry abrió la boca para discutir, pero Ron le dio una patada por debajo del caldero.

No lo provoques —murmuró—. He oído decir que Snape puede ser muy desagradable.

- Muy cierto - dijo Charlie aún asombrado -. Sí que puede serlo, pero parece que contigo más todavía, así que me alegro de que Ron te detuviese a tiempo o te habría castigado seguro.

Una hora más tarde, cuando subían por la escalera para salir de las mazmorras, la mente de Harry era un torbellino y su ánimo estaba por los suelos. Había perdido dos puntos para Gryffindor en su primera semana...

- No sé por qué me preocupé tanto - dijo Harry poniendo los ojos en blanco -. Si ese ha sido el día que menos puntos he perdido jamás en Pociones.

- Y con la de cantidad de puntos que perdemos Fred y yo, dos puntos pasan totalmente desapercibidos - señaló George dándole un codazo a su gemelo entre risas.

Les duraron muy poco las risas, en cuanto vieron que su madre entrecerraba los ojos y tuvieron que meterle prisa a su hermano para que empezase a leer.

¿Por qué Snape lo odiaba tanto?

- Por nosotros - dijo Remus con un suspiro triste recordando las bromas que le gastaron a Snape cuando estaban en el colegio.

La culpa les comía por dentro a los dos merodeadores al pensar en que eso ahora lo estaba pagando Harry, pero mientras que Remus bajaba la cabeza avergonzado por sus actos, Sirius fulminaba con la mirada a su enemigo ignorando lo que sentía. Ellos no habían sido los únicos que habían maldecido a Snape, pensó autoconvenciéndose, y eso no significa que pueda hacer sufrir a mi ahijado.

- Exacto. Por nosotros - repitió el animago molesto -. Fuimos NOSOTROS los que le gastamos esas bromas a Snape, no Harry. Es la primera vez que mi ahijado se encuentra con Quejicus y antes de cruzar una frase este ya estaba odiándole más que a ningún otro alumno.

- Potter es exactamente igual a su padre, Black - dijo Snape sin apenas mirarle.

- ¿De aspecto? No lo dudo, gracias. Tengo ojos en la cara - replicó Sirius sarcástico -. ¡Pero tú estás demasiado obcecado como para ver que no es nada como James! James se habría subido encima de una mesa a hacer reverencias en el Caldero Chorreante y estaría totalmente obsesionado con el quidditch al ver esa Nimbus 2000. Si no estabas demasiado ocupado pensando en nuevas formas de conseguir que expulsen a mi ahijado, ¡te habrás dado cuenta que hacer cualquiera de esas cosas ni siquiera pasó por la mente de Harry!

Todos estaban en silencio mirando como los rostros de ambos se iban poniendo escarlatas, uno por gritar y enfurecerse y otro por la indignación y la furia.

- ¡Solo eres un estúpido rencoroso que prefiere vengarse de un hombre que murió hace más de once años haciéndoselo pasar mal a su hijo, que ni siquiera le llegó a conocer! - siguió Sirius con su monólogo -. Me das asco - dijo con una mirada de desprecio.

Harry miraba asombrado a su padrino. Él mismo había dicho la noche anterior que estaba convencido de que Sirius le defendería, pero no creía que fuese hasta este punto. Parecía dispuesto a saltar sobre Snape en cualquier momento, aunque con ello se arriesgase a volver a Azkaban, solo porque le había hecho pasar un mal rato hacía dos años.

Sintió una nueva oleada de cariño hacia el animago y se prometió a sí mismo que limpiaría el nombre de Sirius a la primera oportunidad, este verano como muy tarde.

Anímate —dijo Ron—. Snape siempre le quitaba puntos a Fred y a George. ¿Puedo ir a ver a Hagrid contigo?

- Ronnie, eres tan malo como Hagrid cambiando de tema - dijo George con una mueca.

- Vamos a tener que enseñarte cómo hacerlo bien - decidió Fred.

- Creo que me apaño. Gracias - dijo Ron intentando rechazar la oferta asustado. Clases con los gemelos era casi un suicidio.

- Ah, no. No te apañas - negó Fred de inmediato.

- Y me parece que vamos a incluir a Harry y a Hermione en esto - dijo George mirando a los dos, que pusieron una cara de horror idéntica a la de su amigo.

- Creo que tienes razón, querido hermano - asintió Fred -. Los tres están desesperadamente necesitados de estas clases.

Y antes de que el trío pudiese responder, le hicieron una seña a su hermano mayor, que se estaba riendo junto a todos los demás, para que continuase con la lectura.

Salieron del castillo cinco minutos antes de las tres y cruzaron los terrenos que lo rodeaban. Hagrid vivía en una pequeña casa de madera, en el borde del bosque prohibido. Una ballesta y un par de botas de goma estaban al lado de la puerta delantera.

Cuando Harry llamó a la puerta, oyeron unos frenéticos rasguños y varios ladridos. Luego se oyó la voz de Hagrid, diciendo:

Atrás, Fang, atrás.

- Fang - dijo Sirius sorprendido -. ¿Todavía lo tienes, Hagrid?

- Claro - respondió el semi gigante como si fuese lo más obvio -. Vive conmigo en mi cabaña.

- ¿Conoces a Fang? - preguntó Harry curioso.

- Ajá - asintió el animago -. Hagrid lo consiguió cuando nosotros estábamos en... ¿era séptimo curso, Lunático?

- Sexto - corrigió -. Era solo un cachorro por aquel entonces. Lo podías coger en tu mano sin ningún esfuerzo. No me esperaba que aún estuvieses cuidando de él.

- Bueno, ya no es un cachorro - dijo Hermione.

- Y definitivamente no lo puedes coger en tu mano - señaló Ron -. Creo que ha crecido mucho. Mucho de verdad.

- Vaya, Hagrid, así que has conseguido que sobreviva todos estos años - silbó Sirius impresionado.

- ¿Cómo que "que sobreviva"? - repitió Harry abriendo los ojos como platos.

- Fang no era un cachorro muy fuerte que digamos... - empezó a explicar Remus.

- Ninguno estábamos convencidos de que fuese a vivir mucho tiempo - soltó Sirius sin los rodeos de su amigo.

- Pero Hagrid le cogió cariño - siguió Remus mandándole una mala mirada a Sirius -. Y decidió cuidarlo.

- Pues hizo un buen trabajo - admitió Hermione mirando a Hagrid impresionado -. Ahora Fang es enorme e intimida bastante.

- Solo a los que no lo conocen - dijo Ron -. Es tan peligroso como Hagrid - muchos sonrieron ante esto. El semi gigante era un pedazo de pan.

La gran cara peluda de Hagrid apareció al abrirse la puerta. —Entrad —dijo— Atrás, Fang. Los dejó entrar, tirando del collar de un imponente perro negro.

Había una sola estancia. Del techo colgaban jamones y faisanes, una cazuela de cobre hervía en el fuego y en un rincón había una cama enorme con una manta hecha de remiendos.

Estáis en vuestra casa —dijo Hagrid, soltando a Fang, que se lanzó contra Ron y comenzó a lamerle las orejas. Como Hagrid, Fang era evidentemente mucho menos feroz de lo que parecía.

- Justo lo que yo decía - señaló Ron contento.

- Y obviamente todos estuvimos de acuerdo porque nadie te llevó la contraria - se impacientó Hermione y las orejas del pelirrojo se tiñeron de rojo -. Así que ¿dejas que continuemos? Porque no creo que quede mucho y ya quiero acabar este capítulo.

- ¿Estás segura de que quieres acabar? - dijo Harry. Hermione le miró confundida -. ¿No te acuerdas cuál fue nuestra primera aventura? Porque creo que aparece en el siguiente, si no me equivoco.

Todos le miraban extrañados. ¿Su primera aventura? Eso no sonaba bien. Tan solo Ron y Hermione recordaron al cabo de un momento y palidecieron de inmediato.

- Oh - dijo Ron mirando a su madre con miedo.

- Exacto. Oh - repitió Harry sin una pizca de gracia.

- ¿"Oh"? ¿Qué queréis decir con "Oh"? - preguntó la señora Weasley empezando a fruncir el ceño. Definitivamente eso no sonaba nada bien.

- "Oh" que ya no apetece tanto que acabe este capítulo - dijo Ron mientras Hermione miraba el libro entre las manos de Bill como si fuese a explotar en cualquier momento.

Éste es Ron —dijo Harry a Hagrid, que estaba volcando el agua hirviendo en una gran tetera y sirviendo pedazos de pastel.

Otro Weasley, ¿verdad? —dijo Hagrid, mirando de reojo las pecas de Ron—. Me he pasado la mitad de mi vida ahuyentando a tus hermanos gemelos del bosque.

- ¡¿Cómo?! - exclamó Molly enfadada y olvidándose de la "primera aventura" del trío -. ¡Fred y George Weasley, os prohibí acercaros al bosque! ¡ Hay cosas peligrosas ahí dentro!

- ¡Pero si han entrado hasta Harry y Hermione! - protestó George recibiendo malas miradas de esos dos mientras Ron suspiraba aliviado por que no supiesen sobre la excursión de ese año al bosque.

- Por no hablar de Neville y Malfoy - añadió Fred recibiendo también malas miradas de estos.

- Ya llegará ese momento - replicó su madre -. Ahora es de vosotros de quienes habla entrando en el bosque.

- Pero, mamá.

- Sería mucho mejor continuar. La historia principal aquí es la de Harry.

- Por lo que lo lógico es que sigamos escuchándola.

- Sigue, Bill.

Su hermano mayor se apiadó de ellos y les hizo caso antes de que su madre tuviese opción de intentar interrogarles de nuevo.

El pastel casi les rompió los dientes, pero Harry y Ron fingieron que les gustaba,

Hagrid se sorprendió.

- ¿No os gustan? Pero si os los coméis siempre... Yo pensé que si os gustaba lo que yo cocinaba...

Los chicos sintieron una oleada de culpa al verle bajar la cabeza apenado.

- ¡No es eso, Hagrid!

- ¡Tu comida no está mal!

- Lo que me parece que están intentando explicar, Hagrid - intervino Dumbledore en su ayuda -, es que no todos tenemos tu fuerza y lo que para ti parece comida normal, para otros es demasiado... consistente. Ya has visto que se refieren a que "casi se rompen los dientes", no que no estuviese bueno el pastel.

Los chicos asintieron tan rápido que parecía que se les iba a desencajar el cuello, dándole toda la razón al anciano director y mirando suplicantes a su amigo.

- ¿Pero por qué no me lo habéis dicho nunca? - preguntó Hagrid algo decepcionado. Llevaba dos años creyendo que les gustaban sus bollos y pasteles.

- No queríamos ofenderte, Hagrid. Eres nuestro amigo y no sabíamos cómo explicártelo - respondió Harry aliviado al ver que no se había molestado porque no les gustasen sino más bien porque no se lo habían dicho -. Además, no todas las cosas están así de duras. El pastel de cumpleaños y el desayuno que me diste el día que me diste la carta estaban riquísimos.

Con esto el semigigante sonrió de nuevo, prometiéndose mentalmente que aprendería a cocinar comida "menos consistente". Tal vez le podía pedir ayuda a Molly Weasley, que decían que se las apañaba más que de sobra en la cocina...

- Yo me sentiría muy halagada si mis amigos se comiesen lo que cocino a pesar de que estuviese asqueroso porque significaría que les importo - intervino Luna mirando tan fijamente al hombre que este comenzó a removerse en su asiento incómodo -, y que les diese miedo admitírmelo demostraría que les importan mis sentimientos, ¿no crees, Hagrid? Tal vez habrías preferido que te lo dijesen, pero sabes que son amigos de verdad porque siguen yendo a verte a pesar de tus dotes culinarias y siguen queriendo pasar tiempo contigo.

Si Luna tuviese reacciones un poco más parecidas a las de una persona normal, estaría totalmente sonrojada bajo las miradas de profunda gratitud de los chicos y de asombro del resto.

Sin embargo, esta es Luna Lovegood. Así que solo volvió a mirar el cielo que se veía a través del techo tarareando suavemente una melodía para sí misma.

mientras le contaban a Hagrid todo lo referente a sus primeras clases. Fang tenía la cabeza apoyada sobre la rodilla de Harry y babeaba sobre su túnica.

- Ewww - dijo Ginny con una mueca de asco. Y más de una chica, y varios chicos aunque más discretos, la imitaron -. ¿No te apartaste? ¿Ni apartaste a Fang?

- No me importaba demasiado - se encogió de hombros Harry -. Es solo un poco de baba de perro y algunas de las tareas de los Dursley eran mucho mucho más asquerosas - enfatizó con una mueca.

- Ewww - repitieron muchos con un estremecimiento. Otros solo apretaban los dientes furiosos con esos muggles imaginándose qué le mandaban hacer para que al chico no le importase lo más mínimo la baba de perro. No era de las cosas más agradables con las que acabar duchado.

Harry y Ron se quedaron fascinados al oír que Hagrid llamaba a Filch «ese viejo bobo».

Y en lo que se refiere a esa gata, la Señora Norris, me gustaría presentársela un día a Fang. ¿Sabéis que cada vez que voy al colegio me sigue todo el tiempo? No me puedo librar de ella. Filch la envía a hacerlo.

- Me parece que alguien necesita una buena broma - decidió Sirius -. ¿No crees que nuestro querido Filch se merece un recuerdo de los merodeadores por hacerle eso a Hagrid, Lunático?

- Totalmente de acuerdo, Canuto - aceptó Lupin -. Hagrid ha cuidado de uno de nosotros así que no podemos permitir que le traten así.

Harry abrió mucho los ojos sorprendido y tuvo que usar todo lo que tenía para no abalanzarse sobre ellos y empezar a darles las gracias más veces de las que podía contar.

"Uno de nosotros".

¡Le consideraban uno de ellos! No podían haberle dicho nada mejor para subirle el ánimo lo que quedaba de capítulo y la mayor parte del siguiente (probablemente hasta que llegase Fluffy).

- Nosotros nos unimos, ¿verdad, Gred?

- No tienes ni que preguntarlo, Feorge. Ese viejo carcamal lleva mucho tiempo pidiendo una broma a gritos.

No hace falta ni que decir, que alguno empezó a sentir pena al ver traviesas (y tal vez algo perversas) sonrisas en los rostros de los cuatro bromistas.

Harry le contó a Hagrid lo de la clase de Snape. Hagrid, como Ron, le dijo a Harry que no se preocupara, que a Snape no le gustaba ninguno de sus alumnos.

- Nadie a tanto como a Harry - rebatió Neville -. Parece casi personal.

- Es que es personal, solo que no es contra Harry contra quien debería ser - dijo Remus mirando mal al profesor.

- Creo que Filch no va a ser el único que reciba un recordatorio de los merodeadores - murmuró Sirius ideando un plan en su cabeza. Cualquiera que se metiese con su ahijado iba a ser el objetivo de la siguiente broma que se le ocurriese.

Pero realmente parece que me odie.

- Justo lo que yo decía - sonrió Neville satisfecho.

- Snape es solo un rencoroso - bufó Bill -. Mira que pagarla con un niño de once años... - murmuró para sí mismo.

¡Tonterías! —dijo Hagrid—. ¿Por qué iba a hacerlo?

Sin embargo, Harry no podía dejar de pensar en que Hagrid había mirado hacia otro lado cuando dijo aquello.

- No me extraña que te haya pillado, Hagrid - dijo Charlie sacudiendo la cabeza divertido -. Eres malísimo mintiendo.

- ¿Pero por qué lo hizo? ¿Por qué no querías que Harry supiese la verdad? - preguntó Tonks sin comprender.

- No sabía si era lo mejor que Harry empezase tan pronto de malas con un profesor y pensé que a lo mejor era solo hasta que Snape se acostumbrase... - explicó Hagrid sonrojándose un poco. Obviamente eso no había salido como él había pensado -. Además, Harry parecía tan deprimido que no me pareció buena idea darle otro más para que se disgustase.

Harry sintió una ola de cariño por el semi gigante. No sabía que ya entonces Hagrid ya le estaba cuidando...

- Gracias por cuidarle, Hagrid - le agradeció Sirius contento por que su ahijado tuviese gente que velase por él -. Ahora estoy más que seguro de que Filch se va a llevar una broma. No te preocupes, Hagrid, nosotros nos encargamos de que no te vuelva a molestar esa gata.

¿Y cómo está tu hermano Charlie? —preguntó Hagrid a Ron—. Me gustaba mucho, era muy bueno con los animales.

Harry se preguntó si Hagrid no estaba cambiando de tema a propósito.

- Sí - asintieron muchos haciendo sonrojar al hombre.

- La discreción y la sutileza nunca han sido los puntos fuertes de Hagrid - dijo Bill.

Mientras Ron le hablaba a Hagrid del trabajo de Charles con los dragones, Harry miró el recorte del periódico que estaba sobre la mesa. Era de El Profeta.

RECIENTE ASALTO EN GRINGOTTS

Continúan las investigaciones del asalto que tuvo lugar en Gringotts el 31 de julio. Se cree que se debe al trabajo de oscuros magos y brujas desconocidos.

Los gnomos de Gringotts insisten en que no se han llevado nada. La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.

«Pero no vamos a decirles qué había allí, así que mantengan las narices fuera de esto, si saben lo que les conviene», declaró esta tarde un gnomo portavoz de Gringotts.

- Eso suena como algo que dirían los gnomos de Gringotts - asintió Bill divertido. Llevaba tanto tiempo trabajando con ellos que los malos sentimientos que le inspiraban en un principio se habían transformado en respeto y un toque de diversión al ver sus relaciones con los magos.

- Pero por culpa de eso no pudimos investigar y jamás pillamos a los culpables - refunfuñó Ojoloco -. Todavía estoy esperando que vosotros tres me digáis quién fue, cómo lo averiguasteis, qué pasó con esa persona y por qué no se les informó a los aurores.

- Lo siento, señor Moody, pero no podemos contar nada sobre estos libros, pero podemos prometer que estará todo explicado para cuando terminemos este - respondió Hermione valientemente.

- Ojoloco o Moody es suficiente, Granger - soltó el auror bruscamente -. Y más os vale a vosotros tres que eso sea verdad.

Harry recordó que Ron le había contado en el tren que alguien había tratado de robar en Gringotts, pero su amigo no había mencionado la fecha.

- ¿La fecha? ¿Qué tiene de importante la fecha? ¿Y cuál era, por cierto? - preguntó Charlie confundido.

- El 31 de julio, decía, pero no sé qué tiene eso de raro... - empezó a responder Percy con el ceño fruncido por la concentración.

- ¡31 de julio! - repitió Tonks con los ojos como platos mirando a Harry antes de girarse hacia él esto y volver a acabar mirando al chico. Parecía que solo él y sus dos amigos comprendían a qué venía ese alboroto.

- ¿Qué día fue Harry al Callejón Diagon? - preguntó Hermione mirando a todos escondiendo una sonrisa y esperando a que alguien más uniese los puntos.

- El día de su cumpleaños porque Hagrid le compró a Hedwig como regalo así que tuvo que ser... - empezó Sirius antes de abrir los ojos - ¡el 31 de julio!

- ¡Bingo! - felicitó Harry -. Pero antes de que empecéis a sacar conclusiones, ¿podemos seguir? Porque estoy seguro de que alguna saldrá en el libro y perderemos menos tiempo.

¡Hagrid! —dijo Harry—. ¡Ese robo en Gringotts sucedió el día de mi cumpleaños! ¡Pudo haber sucedido mientras estábamos allí!

- ¡Exacto! - exclamó Tonks interrumpiendo de nuevo ilusionada -. ¡Justo lo que había pensado!

- No está mal, Nymphadora, pero estaría mejor que la próxima vez fueses capaz de controlar tu entusiasmo y decirnos tus deducciones. De otra forma no sirven de mucho - dijo Ojoloco mirándola con una extraña mezcla de apreciación y orgullo por un lado y desaprobación por otro.

- ¡¿Cuántas veces tengo que repetir que no me llames Nymphadora?! - gritó ella enfadada, con su pelo tiñéndose de rojo y sus ojos volviéndose negros, pero su mentor solo se limitó la ignorarla.

- Y no está nada mal tú tampoco, Potter - felicitó él al abochornado chico -. Buen trabajo deduciendo eso con tan solo once años y tan poco información.

- Venga, ¿no creeréis que eso es lo único que va a sacar Harry de un artículo en el periódico, no? - resopló Ron divertido -. Venga ya. Está en una de sus epifanías en las que se le enciende el cerebro y empieza a deducir cosas que ni siquiera Hermione puede ver de pronto. ¡Y es un artículo en el periódico entero! ¿Cómo de largo es? Yo diría que tenía cinco frases como mínimo así que tiene que haber sacado bastante más.

- Tampoco hay tanta información aquí - dijo Bill volviendo a leer el artículo frunciendo el ceño -. No sé qué más podría haber sacado Harry.

- A mí ya me parece más que de sobra que haya recordado que fue el mismo día que él fue a Gringotts - concordó Charlie leyendo por encima del hombro de su hermano.

- ¡Hey! Vosotros dos - les llamó la atención George con el ceño fruncido.

- Por aquí también nos queremos enterar - dijo Fred.

- Así que dejad de adelantaros en el libro.

- Y empieza a leer en voz alta.

Aquella vez no tuvo dudas: Hagrid decididamente evitó su mirada. Gruñó y le ofreció más pastel. Harry volvió a leer la nota. «La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.» Hagrid había vaciado la cámara setecientos trece, si puede llamarse vaciarla a sacar un paquetito arrugado. ¿Sería eso lo que estaban buscando los ladrones?

- Eso no lo había pensado - admitió Tonks pensativa -. Menudos instintos tienes, Harry. No serías mal auror.

- Aún no ha terminado, Tonks. Le quedan aún un par de cosas que plantearse... ¡Auch! ¿A qué ha venido eso? - exclamó Ron frotándose la nuca donde su amigo le había golpeado estirándose por detrás de Hermione.

- ¡Ya vale, Ron! - exclamó abochornado. Sabía que el pelirrojo solo estaba diciendo para tomarle el pelo y relajar la tensión en el ambiente a medida que la gente se iba dando cuenta de que empezaban a aparecer las cosas serias en la historia.

Mientras Harry y Ron regresaban al castillo para cenar, con los bolsillos llenos del pétreo pastel que fueron demasiado amables para rechazar; Harry pensaba que ninguna de las clases le había hecho reflexionar tanto como aquella merienda con Hagrid. ¿Hagrid habría sacado el paquete justo a tiempo? ¿Dónde podía estar? ¿Sabría algo sobre Snape que no quería decirle?

- Vale, eso sí que no lo he visto venir - se sorprendió Sirius girándose hacia su ahijado -. ¿Te estabas parando ya a pensar en dónde estaba ese paquete? ¿Por qué te interesa, por cierto? ¿Y cómo demonios puedes seguir pensando en Quejicus después de oír una cosa así?

- ¡Sirius! - le interrumpió Remus al ver que estaba agobiando a Harry a preguntas.

- Ups. Perdona, Harry.

- No pasa nada, Sirius. Solo se me dan bien los puzzles y siempre me han gustado los misterios - se explicó -. Aunque estaría bien que de vez en cuando no fuesen de vida o muerte - murmuró tan bajo que solo Ron y Hermione le oyeron y resoplaron de acuerdo.

- ¿Qué has dicho, Harry? ¿Qué nos hemos perdido ahora? - preguntó Bill con un tono resignado. Estos tres estaban delante de todo el comedor y seguían pudiendo hablar en secreto entre ellos.

- Nada - dijeron los tres a la vez.

- ¿Sabéis qué? Mejor no quiero saberlo - negó con la cabeza.

- Pero yo sí quiero saber lo que va a pasar ahora, ¿así que puedes seguir, hijo? - se impacientó la señora Weasley.

- Lo siento, mamá, pero ya he acabado el capítulo.

- Perfecto. Accio libro - dijo George sacando su varita y, antes de que alguien pudiese reaccionar para evitar el desastre que iba a suceder seguro con eso en manos de los gemelos, el libro salió volando justo hasta entrar dentro del alcance del pelirrojo.

- Ahora nos toca a nosotros - dijo Fred dejando claro que pensaba leer él el siguiente capítulo.

- Espera - interrumpió Ron levantando la mano para frenarles y haciendo una estupenda impresión de un pez boqueando -. ¿Vosotros queréis leer un libro? ¿Vosotros?

- Cierra el pico, Ronnie - soltaron los dos a la vez ignorando las risas. No veías todos los días a los infames gemelos Weasley ofreciéndose voluntarios para leer un libro después de todo.