Capítulo 20
Emma
-Emma, deja de comer esos bombones, te va a doler la barriga, desde que salimos de casa los estás comiendo, dame eso- extendió la mano para cogerme mis bombones
-No, Regina. Déjame comer
-No. Voy a tener una conversación con aquella amiga tuya, solo andas comiendo basura Emma- cogió mi chocolate
-Te estás comportando conmigo como si fueras mi madre
-No quiero ser tu madre, puedes estar segura de eso, pues lo que quiero hacer contigo, tu madre no lo haría- agaché la cabeza- Emma, disculpa, no…
-Sin problemas, culpa mía.
-Llegamos- estacionó el coche y salí, ella también lo hizo y cogió las maletas. Después llegaron dos hombres y la ayudaron, ella cogió mis manos y subimos al barco.
-¿A dónde vamos hoy?
-Nos vamos a adentrar mar adentro, aunque no muy lejos
-¿Sabes llevar el barco?
-Sí, pero hoy no, un amigo lo hará por mí y nos dejará anclados en aquella isla- señaló hacia un pequeña isla –Después nos irá a buscar.
-Ok- entramos en el barco y había un hombre con unos pantalones de vestir negros y un polo blanco
-Regina- dijo el hombre caminando hacia ella y dándole un abrazo
-Alex- lo abrazó –Gracias por venir, querido- le dio un beso en cada mejilla
-Siempre estoy a tu disposición, querida- cogió sus manos y depositó un beso en cada una.
-Hum, hum- carraspeé y ambos me miraron
-Alex, esta es Emma
-Un placer, Emma, soy Alex Loubbi- extendió su mano hacia mí y se la apreté
-Emma Swan, novia de Regina- la abracé por la cintura y los dos me encararon, y Regina sonrió
-Sí, mi novia- me besó la cara
-Finalmente alguien ha conseguido hurgar en el corazón de Regina Mills
-No hurgué, Alex, Regina me permitió entrar en su corazón y entonces la conquisté
-Buena respuesta, Emma- Alex sonrió avergonzado –Tienes suerte, Regina
-Sí, tengo mucha. Bueno, ¿vamos?
Fuimos a la proa del barco y sentí el viento en mis cabellos, Regina me abrazó por detrás
-Se está bien, ¿no?
-Sí. ¿Cómo va a volver él?
-Hay una pequeña lancha en el barco, se va con ella y después volverá.
-Ah, ok- tras algún tiempo observando el mar con ella abrazada a mí, el barco paró, y apareció Alex
-Bueno, os dejó aquí, Regina, ¿a qué hora te gustaría que viniera?
-A las seis de la tarde de mañana.
-Ok- besó a Regina en la cara y me dio otro beso a mí –Un placer, Emma
-Lo mismo digo, Alex- entonces subió a coger la lancha y se fue.
-Bien, ahora que estamos solas, voy a cocinar para ti- fui en dirección a la cocina, tardé un poco en llegar, pues el barco era demasiado grande, demasiado exagerado. Las bolsas ya estaban encima de la gran mesa. Comencé a desempacar todo y Regina apareció
-¿Qué fue aquello?
-¿El qué?
-¿Tu comportamiento?
-Estoy normal, Mills
-No, no lo estás- se acercó a mí y me abrazó por la cintura
-¿Quién es ese Alex?
-¿Celos, Swan?
-No
-¿Entonces no te importa si almuerza con nosotras?- me estaba provocando, solo podía ser eso, cerré los ojos con fuerza y me giré hacia ella
-Llámalo, tal vez te guste almorzar con él, porque ten la seguridad de que si él entra, yo salgo- ella me encaró, sonrió –Hablo en serio, Regina Mills- apreté su sonrisa –Eres mía, Regina Mills- besé sus labios, no sé lo que me pasó, pero pensar en Regina con otra persona me enfureció, mucho.
-¿Eso no son celos? Pues si lo fueran…
-No son celos, ahora si me permites, tengo que hacer la lasaña- me separé de ella y empecé a preparar la lasaña de Regina. Ella salió de la cocina.
Terminé de prepararla y la metí en el horno, cogí algunas manzanas que estaban en la bolsa y empecé a cortarlas para preparar la tarta, hice la masa y el relleno y lo metí también en el horno. Regina apareció en la puerta de la cocina, la miré y vi que llevaba un short vaquero de tono claro y una camiseta negra, y gafas oscuras en sus ojos.
-¿Ya se te pasó el enfado, Emma?
-No estaba enfadada
-Es verdad, estabas celosa
-Claro que no. ¿Y qué ropa es esa?
-¿Qué hay de malo con mi ropa? Es normal
-Es que no es común que tú lleves ropa tan…tan normal
-Emma, no porque lleve siempre ropa de ejecutiva, solo voy a tener ropa como aquella- se acercó –Solo quería un día normal con mi novia- se inclinó para besarme
-Ok- me aparté de ella
-Emma, ¿qué ocurre? ¿Todo eso es aún es por Alex?
-¿Tuviste algo con él?
-No
-¿Estás segura? Parecíais muy próximos
-Conozco a Alex desde que tenía diez años, él diseña barcos y fue el que hizo el mío. En realidad, él lo diseñó y su empresa lo fabricó. Somos solo grandes amigos, Emma. Nada más. Y además Alex está casado.
-Hum, ahora pensarás que soy una boba, ¿no?
-No querida, Eddy también sintió celos cuando Alex me lo presentó
-¿Tu amigo es…?
-¿Gay? Sí. Así que no tienes por qué tener celos. Ahora, ve a cambiarte, vamos a nadar un poco
-Pero, ¿y el almuerzo?
-Yo vigilo, cuando lo apeguemos, nos quedamos un rato en la piscina y después comemos.
-Ok- fui al camarote de Regina y me cambié de ropa, me puse unos shorts vaqueros y mi biquini negro, el que Regina me había comprado, recogí mi pelo en una cola de caballo y volví a la cocina
-Creo que ya está- dijo Regina apagando los hornos –Vamos a nadar un poco y después comemos
-Ok- me cogió de la mano y me llevó afuera, fuimos a la piscina. Al llegar Regina se quitó su camiseta y los shorts y los dejó en la tumbona, lo hizo todo lentamente, me quedé mirando su cuerpo en ese biquini. Estoy segura de que había escogido ese a propósito, era extremadamente pequeño. Hice lo mismo, me quité los shorts, ya estaba sin camisa arriba, entonces me acerqué a ella -¿Entramos?
-Sí, pero antes- me acerqué a ella y le di un pequeño beso en sus labios- He preparado algo por tu cumpleaños, ¿prefieres que te lo enseñe hoy o mañana?
-No sé, en realidad nunca me ha gustado celebrar el cumpleaños, puede ser hoy si quieres, o mañana, como tú desees- suspiró –la verdad es que no tienes por qué darme regalo alguno, tenerte aquí conmigo me basta.
-Ok, vamos a la piscina- dije y ella me acompañó. Me zambullí y cuando emergí, ella me estaba mirando -¿Qué ocurre?
-Nada, me gusta mirarte
-Nada conmigo- me zambullí otra vez y emergí agarrada a su cintura, besé su cuello, le di una leve mordida en la punta de su oreja, ella suspiró
-¿Qué estás haciendo?
-Solo disfrutando de la piscina con mi novia
-Estás diferente
-¿Diferente cómo? ¿Bueno o malo?
-Diferente bueno. Pero osada
-Hum- me aparté de ella y nadé, nos quedamos un rato en el agua, nadando, en ciertos momentos, provocaba a Regina
-Emma…- dijo mientras besaba su cuello, y apretaba su cintura -¿Por qué me estás provocando de esta manera?
-Compórtese Mills- ella agarró mi cintura y me atrajo hacia ella, besando mis labios con deseo, tiró del lazo de mi biquini, me aparté –Creo que es mejor que salgamos
-¿Por qué?
-Te tengo una sorpresa, vamos al cuarto, sécate y yo voy a otro camarote a cambiarme, espérame en tu cuarto hasta que yo llegue
-¿Qué vas a hacer?
-Una sorpresa, Mills- le guiñé un ojo, salimos de la piscina y nos pusimos los albornoces.
Ya en el camarote, cogí la pequeña bolsa que había traído y me fui al otro camarote. Regina Mills hoy tendría una sorpresa, me quité el biquini y me puse la ropa que había llevado, sequé mis cabellos con el secador y los recogí en un moño casual, me puse maquillaje, cogí mi móvil y llamé a Regina
-¿Emma?
-Quédate ahí, apaga las luces, dejando solo la claridad de la ventana, échate en la cama y en ningún momento te muevas. Ya estoy yendo para allá
-¿Qué estás haciendo, Swan?- cerré la llamada, seleccioné mi lista de música y fui al cuarto de Regina. Al llegar a la puerta, la abrí despacio, apreté el play y me puse el móvil en la cintura. Entré en el cuarto al ritmo de "Earned it- The Weekend". Regina estaba sentada en la cama, arqueó la ceja al verme
-¿Qué…qué…?- me acerqué a ella
-¿El gato se comió la lengua, Regina Mills?
-¿Qué ropa es esa, Swan?
-Pensé que te gustaría un show particular- ella se levantó –No, Mills, te vas a estar quietita viéndome bailar, si no quieres, puedo march…
-No, quiero
-Buena elección, Mills- cogí el móvil y lo dejé en la mesita, y puse la canción desde el comienzo. Caminé hasta ponerme delante de la cama y la miré
-¿Ejecutiva, Swan?- arqueó la ceja
-¿No crees que tengo demasiado ropa?- pasé mi mano por mi cuerpo, estaba vestida con una falda hasta las rodillas, muy ceñida, una blusa de ejecutiva blanca con los dos primeros botones abiertos enseñando el encaje del sujetador blanco, y unos tacones negros.
-Swan, ¿estás segura de que quieres esto?
-Estese quieta, señora Mills- fui hasta el escritorio y cogí la silla para ponerla frente a la cama de Regina. La música sonaba, me moví sensualmente hacia un lado, bajando y subiendo lentamente. Abrí la cremallera lateral de la falda, me giré de espaldas y apoyé las manos en la silla, dejando que la falda cayera por mi cuerpo, me giré y me senté en la silla, con una piernas a cada lado, dándole a Regina total visión de mis braguitas blancas, la miré y sus ojos estaban bien abiertos, se mordió el labio y yo le sonreí. Me levanté de la silla de nuevo y fui bajando lentamente, moviéndome sensualmente hasta volver a sentarme. Pasé las dos piernas a un lado de la silla, me fui abriendo despacio los botones de la blusa, me la abrí por completo, dejé que Regina tuviera la visión de mis pechos cubiertos por el sujetador, después me quité la blusa y se la tiré a ella, pasé mis manos por mi cuerpo, de arriba abajo y de abajo arriba, soltando mi moño, y dejando que mis cabellos cayeran en cascada por mis pechos. Me giré de espaldas, abrí mi sujetador, dejándolo caer al suelo, escuché a Regina jadear. Con mis pechos cubiertos por mis cabellos, me giré de nuevo hacia ella. Ella ya estaba en la punta de la cama, muy cerca de mí, me senté en la silla con las dos piernas a un mismo lado. Junté las piernas y las levanté
-Señora Mills, venga hasta aquí, por favor- Regina vino hacia mí, de pie delante de mí, la miré -¿No quiere ayudarme a quitarme el resto de la ropa?- Regina humedeció los labios y se agachó, me quitó cada uno de los zapatos, besó mis pies y fue subiendo los besos por mi pierna, mi muslo, entonces se levantó, cogió mi mano y me puso de pie, nos quedamos frente a frente. Ella me miró a los ojos y fue descendiendo su mirada por mi cuerpo, mis pechos cubiertos por el cabello. Ella colocó las manos en el borde de mis braguitas y las bajó, mi cuerpo se estremeció, solté un suspiró, entonces ella me las quitó y se volvió a enderezar, miró de nuevo mi cuerpo, y por primera vez en aquella tarde me sentí avergonzada. Regina estaba literalmente comiéndome con los ojos, puse mis brazos alrededor de mi cuerpo y ella se acercó
-No sientas vergüenza de mí
-Es solo que yo…
-¿Nunca has hecho esto de forma correcta, con una mujer?
-No. Pero las veces que lo hice con Killian, no me apetecía mucho y…
-Sh….no vamos a hablar de eso aquí. Si no te sientes a gusto, dímelo, que yo paro.
-Yo quiero. Solo que no sé cómo
-Déjate llevar- tocó mi rostro, cerré mis ojos y ella me besó, abrí mis labios y sentí su lengua deslizándose dentro de mi boca, su lengua explorando mi boca con deseo, sus manos se posaron en mi cintura, atrayéndome más hacia ella. Solté un gemido, le di una leve mordida en su labio, separándome de ella
-¿No cree que está con mucha ropa, señora Mills?- me acerqué a su oreja y susurré -¿Quiere ayuda para quitársela?- coloqué mis manos en su albornoz y lo abrí, dejé que cayera al suelo, me dirigí a la parte de arriba del biquini y lo solté, haciendo lo mismo con la parte de abajo. Con todas las prendas en el suelo, me detuve a admirar su cuerpo, era hermosa, ya había visto a Regina en bragas, pero verla desnuda era completamente diferente. Estaba ahí, solo para mí. Me acerqué a ella y la besé, ella me giró y me empujó hacia la cama, sin despegar nuestros labios, me acosté con ella encima de mí, pasé mis piernas alrededor de su cintura, atrayéndola más hacia mi cuerpo, sentí su barriga en contacto con mi sexo, moví un poco mi pelvis intentando tener más contacto, ella dejó de besarme, cogió mis manos y las puso encima de mi cabeza, besó mi cuello hasta llegar a mis pechos, besó el derecho, dando fuertes lamidas al pezón, gemí sintiendo su lengua alrededor, dio algunas lamidas más y descendió deteniéndose en el ombligo. Se quedó haciendo círculos con la lengua y fue bajando dejando besos por el camino. Llegó a donde yo más deseaba en ese momento. Depositó un beso mojado y descendió. Involuntariamente mis piernas se abrieron dándole total acceso a mi intimidad, entonces sentí su lengua caliente, mojada, deslizándose por mí
-Ahhh- ella entonces me penetró con su lengua, coloqué una mano en sus cabellos, haciéndola ir más adentro, sentía las estocadas de su lengua más hondo, moviéndose dentro de mí –Regina- ella comenzó a chupar, succionar y aquello me estaba llevando a la locura, sentí uno de sus dedos acariciar mi intimidad, salió de en medio de mis piernas y volvió a besarme –Quiero más- dije entre beso y beso, ella deslizó una mano por mi cuerpo, y llegó a mi sexo, me penetró con dos dedos y yo gemí alto.
-¿Te estoy haciendo daño?
-No, sigue- noté movimientos circulares, mi cuerpo comenzó a moverse. Necesitaba más, quería más –Regina…
-Emma…sé mía
-Ya soy tuya, Regina, desde el primer momento- entonces ella comenzó a hacer movimiento de vaivén con sus largos dedos, cada vez más rápido y más fuerte –Más Regina, más- clavé mis uñas en su espalda, mordí mi labio. Mi cuerpo estaba reaccionando ante aquello, sentí como se estremecía, mis ojos se cerraron, mi boca se abrió, mi respiración se hizo irregular –Regina- Entonces ella me besó y mi cuerpo se relajó. No sé cuánto tiempo me quedé con los ojos cerrados esperando que mi respiración se normalizase, sentí los dedos de Regina deslizarse por mi cuerpo, abrí mis ojos y ella estaba mirándome, sonriendo -¿Qué fue?
-Eres hermosa- le sonreí -¿Todo bien? ¿Te sientes bien?
-Sí, nunca me he sentido así antes
-Quizás porque nunca te habías entregado así a alguien
-¡Qué bien que ha sido contigo, pues me ha encantado!- ella me atrajo sobre su cuerpo, besé sus labios y su mano fue de nuevo hacia mi sexo.
-Estás tan…- no dejé que acabara de hablar, hice un movimiento para impulsarme hacia sus dedos, y ella los deslizó dentro de mí de nuevo. Comencé a moverme encima de ella, cogí su mano libre y la llevé hacia mi pecho, hice que lo apretara, gemí y Regina gimió conmigo, apoyé mis manos en su cintura, subí y bajé, subí y cuando volví a bajar, me corrí por segunda vez. Mi cuerpo se relajó, Regina apartó la mano de mi pecho y me atrajo hacia ella, sacó sus dedos de dentro de mí y me abrazó
-¿Estás cansada?- pregunté
-¿Tú no lo estás?
-No. Quiero más
-¡Cielos, mujer, eres insaciable!
-Me vuelves loca de deseo, Regina- ella intentó girarme, pero agarré sus manos –No. Ahora es mi turno.
-Emma, no es necesario
-Pero quiero, y mucho, Regina Mills.
