Hola, lectores! Aquí les traigo otro capitulo de Nuevas Direcciones, espero que lo disfruten.
Disclaimer: Glee no me pertenece. La idea original y los personajes son propiedad de Ryan Murphy.
XX
- No estoy diciendo que debas perdonarla. Ni siquiera digo que tienes que verla. Pero… vamos a casarnos, Rach. Y es tu madre. Creo que debería saberlo.- dijo Finn por centésima vez en la tarde, mientras terminaba de llenar las planillas con las estadísticas.
- No he sabido nada de ella en… doce, trece años. ¿Qué se supone que deba hacer, Finn? ¿Tocarle la puerta y decirle "Hola mamá, voy a casarme en unos meses y me gustaría que estés ahí"?- respondió Rachel, mientras doblaba la ropa que había sacado del secador. Él se quitó los anteojos y se frotó los párpados con gesto cansado.
- No voy a discutir más esto. Sólo quería sugerírtelo, pero claramente no aceptas sugerencias.- le dijo, algo ofendido, juntando sus papeles y abandonando la habitación. Rachel suspiró. Había sido así desde hacía dos días, cuando Kurt había preguntado si ya tenían definidos los invitados, y Finn había recordado la existencia de Shelby. No era que Rachel no la recordara, si no que más bien su madre no parecía recordarla a ella. No, años atrás le había dicho claramente que no la necesitaba, que quería una familia nueva, y Rachel había obedecido, se había mantenido alejada y en las sombras, sin siquiera atreverse a buscarla. No quería discutir eso. No quería que Finn sintiera que no lo escuchaba, y menos aun que aquél tema fuera un tópico difícil en su relación.
- ¿Puedo entrar?- le preguntó, asomándose por la puerta del estudio y trayéndole un emparedado en son de paz.
- Si… siéntate.- le pidió él, señalándole el espacio vacío que había a su lado en el sillón.
- Realmente quiero que entiendas que no la necesito en nuestra boda, Finn. Que voy a ser igual de feliz ese día aun si ella no está ahí, y ¿sabes por qué? Primero, porque te tendré a ti, y a Amy y a nuestra familia, la verdadera familia, esa que sé que me ama de verdad y que te ama a ti.- le explicó, tratando de que Finn entendiera su punto.- Segundo, porque nunca la he tenido. No ha sido mi madre, Finn. Nunca estuvo cuando la necesité, ni en las buenas ni en las malas. No estuvo en mi graduación, ni en mis noches de estreno, ni siquiera vino a verme a mis shows en Broadway. Y aunque en esos momentos te extrañaba a ti cuando no estabas conmigo, cuando no nos hablábamos, cuando no sabía nada de ti… nunca pensé en ella. Nunca la extrañé. Eso es porque no… no la amo. Suena estúpido y hasta un poco fuera de lugar, pero es la verdad. No puedo amar a una persona que me hizo sufrir de esa forma. No la quiero en mi boda, no la quiero en mi vida.- finalizó, dejando que un par de lágrimas fueran derramadas y tratando con todas sus fuerzas de no mirar a Finn. Él la atrajo hacia sí, como hacía siempre, y ella se sentó en su falda buscando confort.
- Lo siento, cariño. Yo sólo… quería ayudar.- se disculpó, mientras le acariciaba el largo cabello.
- Lo sé. Debes dejar de amarme tanto, Finn.- le contestó ella, sonriendo. Él también sonrió.
- No creo que sea posible.- le dijo, mientras se comía la mitad del emparedado de un bocado, y la daba el resto a ella.
- OO-
Finn y Rachel tendrían que haber aprendido, a estas alturas, que las cosas no son fáciles (al menos para ellos). Las parejas normales siguen un ciclo común: se conocen, salen algunas veces, se enamoran, conocen a sus familias, planean casarse, se mudan juntas, hacen una linda boda, se mudan a una nueva y propia casa, tienen un par de hijos y viven juntos el resto de sus vidas (si no pertenecen al 50% de las parejas que terminan por divorciarse, pero ellos asumen que nunca serán parte de esas estadísticas). No, ellos hacen las cosas a su manera. Se enamoraron hace años, cuando ni siquiera se habían besado propiamente, mientras cantaban canciones de Journey y luchaban contra los faciales de refrescos. La primera vez que él le dijo que la amaba no estaban juntos, y se separaron al terminar la secundaria porque se amaban demasiado. Ahora, después de años, iban a casarse en su pueblo natal cuando hacía poco más de un año de su reencuentro. Habían comprado una casa después de haber salido solo un par de meses. Hablaban de tener hijos y de planes a futuro con entusiasmo, casi con urgencia. No encajan en ningún parámetro, y la mayoría de las veces no les importa. A decir verdad, Rachel se siente increíblemente orgullosa de que ella y Finn tengan un romance épico y distinto como el que tienen. Sin embargo, Rachel se ve obligada tarde o temprano a entender que sus problemas son iguales de épicos y distintos que su romance. Ese día, por ejemplo, despertó pensando que tal vez ella y Kurt podrían ir a ver algunos vestidos de novia, plan que se evaporó en cuanto Finn le recordó que Quinn llegaba esa misma tarde para prepararlos para la audiencia que tendrían en unos días por la tenencia total de Amy.
- Lo siento. Lo había olvidado. Creo que… que quise borrarlo de alguna forma- se disculpó ella, mientras él se ponía el uniforme deportivo. Fin se acercó hasta la cama, adonde Rachel aún estaba acostada, y se sentó a su lado.
- No tengas miedo, Rach. No hay forma de que las cosas salgan mal.- le murmuró, acariciándole el aún somnoliento rostro. Era muy temprano para lidiar con ese tipo de cosas. Rachel le acomodó el cuello de la remera polo que llevaba puesta, dejando que sus manos le acariciaran a él la parte baja de la nuca.
- ¿Es posible que hoy te ame más que ayer? Porque ayer me parecía que no podía quererte más.- bromeó ella, mientras él se recostaba sobre su pecho dejando que ella lo abrace.
- ¿Sabes qué? No sólo es posible, si no que es altamente probable que mañana me quieras aún más. Al menos eso es lo que yo he aprendido.- le explicó él, seriamente. Rachel sonrió aún más.
- ¿Ah sí? Y… ¿cómo aprendiste?
- Estás haciendo todo esto para que te diga que te amo cuando no es necesario. Yo te amo y lo sabes. Te amo las veinticuatro horas del día. Te amo ahora mismo.- murmuró Finn, volteándose en sus brazos para besarla. Sintió como la risa amortiguada de Rachel retumbaba en su propio pecho, y también él sonrió.- ¡No estás tomándome en serio, Berry!
- No puedo tomarte en serio cuando acabas de acostarte sobre el plato de tostadas que tú mismo preparaste.- respondió Rachel, con una carcajada, mientras Finn se marchaba ofendido a cambiarse el uniforme ahora sucio.
El resto del día, Rachel se encargó de hacer notas mentales de todo lo que pretendía decir en la audiencia, y pensó que hacer uso de sus dones actorales no iba a estar del todo mal (teoría que Kurt apoyó fervientemente).
- Amy, ¿puedes apurarte? Quinn llega al aeropuerto en una hora y debemos recogerla a tiempo.- gritó Rachel desde la cocina, mientras buscaba su bolso y las llaves del auto.
- Ya voy mamá.- respondió la niña desde el piso de arriba. Estaba terminando de peinarse en el baño cuando sintió el sonido del portero, y la voz de Amy atendiendo el intercomunicador. Segundos después se encontró con una extraña mujer sentada en la cocina.
- Hola. Tú debes ser Rachel. Yo soy Lindsay.- le dijo, tendiéndole una huesuda mano. Rachel se quedó pasmada, y por un segundo vio como Lindsay fruncía el ceño en señal de reproche ante la falta de cordialidad. Eso fue lo que bastó para sacarla de su asombro.
- ¡Sí, Lindsay! Gusto en conocerte. No… no te esperábamos. ¿Quieres una taza de té, un café?- respondió rápidamente, devolviéndole el apretón lo más fuerte que pudo.
- No, gracias. Quería saber si podía llevarme a Amy por el resto de la tarde.- contestó la mujer en un tono frío. Rachel se sintió realmente intimidada: Lindsay le llevaba casi una cabeza de diferencia, y vestida de negro como estaba se parecía a aquellas viejas institutrices de los colegios privados.
- Bueno… teníamos planeadas un par de cosas, pero no veo… no veo porqué no pueden pasar la tarde juntas. ¿Quieres ir con la tía Lindsay, cariño?- dijo, mirando a Amy. Ésta se encogió de hombros, pero Rachel pudo notar que la niña también se sentía intimidada.
- Sólo… toma tu chaqueta, porque parece que va a llover, y vuelve antes de la cena. ¿Está bien?- le dijo a Amy en cuanto llegaron a la puerta para despedirse. Lindsay ya la estaba esperando en el interior del auto, y la niña se aferró tan fuerte a los brazos de Rachel que ésta pensó que no podría verla partir si seguían allí un segundo más. Vio como Amy se giraba en el auto y la saludaba tristemente con la mano, mientras ella se subía a la camioneta y emprendía el camino al aeropuerto.
- OO-
- ¿Cómo pudiste dejar que se fuera con ella, Rachel? ¡El día antes de la audiencia!- dijo Finn, enfadado, tirando los brazos al aire. Hacía dos horas que habían llegado a casa y él y Quinn no paraban de repetirle el error enorme que había cometido.
- Lo siento. ¿Cuántas veces más debo decirlo? ¡Lo siento! ¡Se apareció de la nada y no podía decirle que no!- respondió ella, al borde de las lágrimas, ganándose una mirada de reproche de su futuro marido.
- Rachel… le enviaste a Amy para que le lave el cerebro. ¿Lo entiendes? ¿Entiendes eso?- contestó Finn, subiendo aún más el tono, obviando totalmente las lágrimas que comenzaban a caer por el rostro de Rachel.
- ¿Qué pretendías que haga, Finn? Si le decía que no… sentábamos un mal precedente. Es su familia, no vi nada de malo en que pasaran la tarde juntas.- se explicó, por centésima vez.
- ¿Porqué no me consultaste? Deberías haberme llamado para pedirme autorización.- soltó él, e inmediatamente se dio cuenta del error que había cometido. Rachel dejó de llorar, y se acercó hasta la escalera deteniéndose en los primeros escalones.
- Se supone, Finn, que todo esto es para lograr que Amy sea definitivamente mi hija. ¿Qué debo hacer entonces si no confías en mi? ¿Llamarte cada vez que algo se presente? "Finn, ¿puedo atarle los zapatos? Finn, ¿podemos cantar Grease? Finn ¿crees que podemos ir a dar una vuelta al parque?"- dijo ella, sinceramente ofendida, antes de voltearse para terminar de recorrer la escalera y encerrarse en su habitación.
- Creo que deberías…- comenzó Quinn.
- No. Primero tenemos que ver cómo solucionar esto.- la interrumpió Finn, buscando los papeles y sentándose en el sillón a leerlos. Quinn miró con resquemor hacia la escalera por la que Rachel se había ido antes de sentarse a su lado para explicarle, en detalle, en qué consistía la audiencia.
- OO-
- ¿Qué tal, pequeña? ¿Te divertiste?- dijo Finn, en cuanto abrió la puerta para recibir a Amy.
- Fuimos al zoológico. Pero no tienen más esos pequeños pandas que vimos hace un tiempo con mamá. Creo que ya crecieron.- le explicó, mientras le daba el abrigo. Lindsay entró detrás de Amy, echándole a Finn una mirada despectiva.
- ¿Hay posibilidades de que tengamos una conversación?- inquirió, sacándose también su abrigo. Finn asintió, ordenándole a Amy que fuera a su cuarto y pasando a la cocina. Aún cuando ese lugar era el más acogedor de la casa, la sola presencia de Lindsay hacía que todo pareciera más frio.
- He estado tratando toda la tarde de buscar una forma de… esquivar la audiencia de mañana.- le explicó ella, sacándose los guantes y sentándose en la mesa mientras Finn preparaba el café.
- Si mal no recuerdo, fuiste tú la que pediste la audiencia, Lindsay.- respondió él, tratando de entender adonde quería llegar.
- Mi abogado me ha explicado que mis chances de obtener la tenencia son… mínimas. Se han visto claramente amenazadas por los sucesos que han tenido lugar en el último año alrededor de Amy, y quiero que entiendas que lo que ocurrirá mañana significará para mí la última opción…
- No, no es así, Lindsay. No entiendo porqué estás haciendo esto, porqué expones a Amy a todo este proceso cuando nunca te he negado la oportunidad de verla.- la interrumpió Finn, mientras se sentaba a su lado y le tendía la taza de café. Lindsay no contestó de inmediato, si no que tomó varios sorbos de la bebida antes de continuar.
- ¿Sabes que he visto esta tarde, Finn? He visto una Amy totalmente distinta. He visto cómo esa mujer a la que ella llama su madre ha influido sobre esa niña. La forma en que habla, en que se rie, en que… camina. Todo ha cambiado. El lugar casi inexistente que yo ocupaba en su vida (o que creía ocupar) ha sido llenado por esa tal Rachel Berry. Esa que va a casarse contigo, esa que le enseña a cantar y la lleva a ver obras de Broadway. ¿Qué es eso, Finn? ¿Qué vida le estás dando a tu hija? Una vida en la que aprende que la fama y la fortuna lo son todo, que la belleza es lo más importante, a hacer lo que sea por conseguir lo que quiere. Dejándola con estrellas de Broadway y con… el extraño de tu hermano.- le dijo, con la voz cargada de ira, pero manteniendo el mismo tono. Finn conocía demasiado bien ese tono, el tono con el que los ignorantes solían hablar de Kurt, y supo que aquello había sido la gota que colmaba el vaso: no dejaría que Lindsay se metiera con su hermano, y menos con Rachel.
- Durante años te he dejado entrar en mi casa. Te sentí como parte de mi familia, te abrí las puertas de mi vida y de la de mi hija. Pero hoy, Lindsay… llegamos a un punto de quiebre. No puedo permitir que vengas a mi hogar a decirme que Rachel es un mal ejemplo para mi hija, para nuestra hija, porque no lo es. Rachel es lo mejor que nos ha pasado en todos estos años, y bajo ningún concepto voy a permitir que la insultes a ella.- dijo Finn, tratando de mantener el tono civilizado pero mirándola directamente a los ojos, clavándole una mirada asesina.- Rachel es nuestra familia. Es su madre, Lindsay, su madre. Amy lo sintió así aun antes de que yo le propusiera matrimonio, y te reto a que vayas y le digas que no puede verla más. Te reto a que la mires a los ojos y le digas que ella y Rachel no pueden verse, o que su tío no es un buen ejemplo.- finalizó. Lindsay le mantuvo por un segundo la fría mirada, antes de volver a centrarse en el fondo de su taza de café.
- Claramente no tiene sentido que hablemos de esto.- murmuró, tomando sus cosas para irse.
- ¿Puedo decir algo?- dijo la voz de Rachel desde el oscuro living. Finn la vio entrar en la cocina, con los ojos hinchados de tanto llorar y el cabello un tanto desarreglado, pero llena de una determinación que él conocía muy bien.
- Finn me eligió como su esposa, y Amy me eligió como su madre. Puede que, en algún punto, esté llenando el vacío que dejó tu hermana… pero no estoy llenando el tuyo. Tu lugar, Lindsay, como tía de Amy está disponible siempre que quieras usarlo. Nadie va a quitártelo jamás.- le explicó, tomándole tentativamente una mano. La mujer se movió incómoda, soltándose disimuladamente. Sin embargo, cuando levantó la vista, Rachel pudo notar cierto dejo de agradecimiento en su mirada.
- Yo sólo… ella es todo lo que me queda. Es toda la familia que tengo, no puedo darme el lujo de regalarla. ¿Nunca…nunca has deseado que algo funcione tanto que pierdes… la noción de las cosas, de los tiempos?- le dijo, casi en un susurro, y Rachel miró a Finn por un segundo.
- Sí.- le respondió simplemente, mirándola a los ojos con toda la sinceridad del mundo. Lindsay se colocó los guantes, mientras se dirigía hasta la puerta.
- Dile a Amy que mañana a la tarde pasaré a buscarla para hacer algo.- fue lo último que dijo, antes de dejar a Rachel y Finn a solas en la penumbra.
- ¿Eso significa… que no hay audiencia, que lograste convencerla?- inquirió Rachel, entusiasmada, acercándose a él.
- Creo que fuiste tú la que la convenciste.- murmuró Finn, abrazándola de la cintura y sonriendo tristemente.- Lo siento, cariño. No debí gritarte más temprano… estaba muy nervioso.
- Lo sé. Yo no debí ponerme tan susceptible. Pero… valió la pena, ¿no?- le preguntó, abrazándolo por el cuello haciendo que sus frentes de choquen.
- Sí. Valió la pena.- respondió Finn, besándola con todo el amor y la pasión del que era posible.
Más tarde, después de que Quinn le hiciera firmar a Rachel las planillas de adopción y todos, incluidos Kurt y Blaine, se juntaran a cenar para celebrar, Rachel esperó que Finn entrara a ducharse para buscar la pequeña libreta rosa que guardaba desde hacía años. Caminó muy despacio hasta el living, tratando de no hacer ruido, y marcó el número de teléfono en la oscuridad. Sintió una oleada de determinación al sentir la familiar voz anunciando el contestador automático.
- Hola, Shelby. Soy Rachel… Rachel Berry. No sé… no sé si me recuerdas. En fin, voy a casarme en unos meses y… bueno, algo pasó hoy que me hizo darme cuenta de que tal vez deberíamos vernos. Ya sabes… hace tiempo que no lo hacemos y creo que me gustaría contactarme contigo. Espero que estés bien. Éste es mi número y si quieres… me llamas, ¿ok? Sólo… adiós.- dijo, colgando el teléfono y volviendo a la habitación para meterse en la cama antes de que Finn saliera del baño. Sintió como la habitación se inundaba del olor al jabón y espuma para afeitar en cuanto él terminó, y se deslizó a su lado en la cama mientras apagaba las luces.
- ¿Rach?- le murmuró, mientras la abrazaba por la cintura y enterraba su rostro en el largo cabello de ella.
- ¿Sí?- preguntó, fingiendo una voz cansada y moviéndose en la cama para acercarse más a él.
- Me alegro de que me hayas hecho caso.- respondió Finn, besándole la coronilla y deseándole las buenas noches. Rachel pensó que, tal vez, no era tan malo encontrarse con Shelby después de todo. Sí, si las cosas salían mal, esta vez lo tenía a Finn.
No tuve tiempo de corregirlo, así que perdonen si hay algunos errores. Como siempre, nos vemos en próximos capítulos. :)
