Hola, ¿Hay alguien todavía allí? Sé que ha pasado mucho tiempo desde que he actualizado pero he estado muy ocupada. Y hoy, que es mi primer día de vacaciones, a estas horas (23:40), he tenido tiempo de poder sentarme a escribir un poco y así actualizar.

Espero que, si alguien sigue leyendo esto, les guste ese mi capítulo. Prometo subir otro la próxima semana porque tendré más tiempo libre. Saludos.


TENER ESPERANZAS

"La esperanza prospera aun bajo las condiciones más inadecuadas"

Alejandro Dolina

Narcissa Malfoy estaba sentada al lado del cuerpo dormido de su hijo, con un libro abierto en sus manos que había permanecido en la misma página desde hacía más de quince minutos. No podía concentrarse en las palabras que estaban escritas porque era incapaz de dejar de pensar y de sentir la preocupación que nacía de su corazón e invadía su alma.

Todos los días iba allí y se sentaba junto a su pequeño: lo peinaba, lanzaba los hechizos de limpieza ella misma, acomodaba su almohada, cambiaba las sábanas—ya lo había hecho el mismo día que llegó, dejando de lado las de la enfermería del colegio para reemplazarlas por las de seda que había traído de la mansión—, comprobaba los latidos de su corazón sin importarle que la enfermera lo hubiera hecho segundos atrás e incluso cambiaba su vestimenta. Eso siempre la mantenía ocupada y alejaba al menos por unos instantes los pensamientos que solían invadirlas.

Estaba preocupada por muchas cosas. La más grande era la vida de su hijo. Todo era tan incierto y eso la asustaba. Pero había otros temas que perturbaban su corazón.

Por un lado estaba el hecho de los rumores que seguramente había en torno a su familia: ella pasaba casi todo el día al lado de su hijo pero era muy notable para todos que su padre no había ido ni una sola vez. Quizás pensaran que no estaba lo suficientemente preocupado y que sólo se comunicaba con Narcissa para preguntarle por su bienestar pero la verdad era que aquel bastardo con el que estaba casada ni si quiera se dignaba a hacer eso. Ella sabía muy bien que su esposo era un hombre orgulloso y que su relación con Draco no había sido la mejor desde el término de la guerra pero había querido creer que a pesar de todo, él albergaría algún tipo de sentimiento hacia el hijo de ambos. Al parecer, se había equivocado.

Pero más allá de eso, otro hecho que la preocupaba era la señorita Granger. Ella era la famosa jovencita del Trío de Oro, la "bruja más inteligente de su edad", como oyó que la llamaban… Sinceramente, a Narcissa no podía importarle menos su destino. O al menos, no le hubiera importado si no estuviera entrelazado con el de Draco. ¡No quería ni pensar en qué podrían decir los periódicos de su hijo si algo le pasaba a ella! ¿Y si lo culpaban? ¿Y si insinuaban que había sido su pequeño el que le había hecho algo? Después de todo, la mayoría de las personas sabían que ellos nunca habían estado ni cerca de ser amigos.

Había visto, desde su posición, como Potter y una gran variedad de cabezas pelirrojas iban hacia la cama de la chica Granger y se quedaban junto a ella. Muchos llevaban libros consigo y se los leían en voz alta, como si la muchacha fuera a escucharlos. En una ocasión había visto incluso que la chica Weasley lanzaba un hechizo al cabello de su amiga pero sin obtener ningún resultado digno de admiración. Granger nunca había sido una chica atractiva porque nada en sus facciones o en su cuerpo salía de lo común pero no iba a negar que sí había algo en ella que podía llamar la atención de las personas: algo que no tenía nada que ver con su aspecto físico sino más bien con su personalidad.

Las oportunidades que tuvo de estar frente a frente con la muchacha habían sido relativamente pocas pero no podría olvidar jamás lo gruñón que se ponía su hijo en sus cartas que le escribía desde el colegio cuando se enteraba que la chica lograba mejores calificaciones… ¡Y cómo olvidar cuando lo golpeó! Ella la había odiado realmente por hacerle algo así a su pequeño. Estuvo a punto de ir a pedir que la expulse del colegio por tal atrevimiento pero el mismísimo Draco le pidió que no lo hiciera. En aquel entonces había pensado que se trataba de impedir que el rumor se esparciera y lo hiciera pasar una mayor vergüenza pero ahora que lo pensaba…

—Señora Malfoy.

Narcissa oyó la voz de Potter detrás de ella, sacándola de sus pensamientos. No giró para verlo porque haberlo oído había bastado para comenzar a sentir que la culpa bullía dentro de ella; la culpa y la rabia.

— ¿Qué deseas, Potter?

—Quería disculparme.

De todas las cosas que podría haber pensado Narcissa que Harry Potter le dijera, aquella no era una de esas. Cerró el libro con cuidado y se giró para contemplarlo al rostro, buscando en su expresión cualquier signo de burla o de mentira. Pero no había nada. Allí sólo había sinceridad.

— ¿Disculparte?—el asombro se colaba en su voz y rápidamente intentó ocultarlo— ¿Por qué?

—Porque entiendo que si yo no hubiera pedido eso tan absurdo su hijo no estaría en esta situación.

Narcissa estaba de acuerdo con eso pero también era consciente de que la que tenía la culpa en realidad era ella misma por haber insistido en pagar a Potter por los favores que le había hecho a su familia. Había sido una cuestión de orgullo, ahora lo entendía. En aquel momento había querido justificar sus razones con excusas absurdas, como el honor a la palabra, el deber, el hecho de ser una Malfoy… ¡Pero todo había sido su maldito orgullo! Ella había estado tan feliz de tener nuevamente a su hijo y saber que su esposo no quedaría encarcelado que de modo ingenuo había pensado que quizás ahora vivirían en paz y sería una familia unida.

Cuán equivocada había estado. Su esposo y su hijo no perdieron tiempo en sacar a la luz todas las recriminaciones que antes no se dijeron. Lucius aún más se enfureció cuando Draco mostró cierta parte de su personalidad que había sido desconocida tanto para ella como para él y dejó en claro que las ideas que él tenía para su propio futuro eran muy diferentes a la que sus padres habían esperado. Fue un duro golpe para ambos pero ella era incapaz de culpar a su hijo por querer buscar su propio camino; Lucius, en cambio, no parecía tolerarlo y lo consideró una impertinencia, una traición.

Desde ese momento, su marido actuaba como si no tuvieran un hijo y ella lo único que pudo hacer para escapar de aquella tensa realidad fue pensar en que Potter había sido el que había hablado a su favor, había salvado la vida a su hijo… él había conseguido que el sueño que ella había tenido fuera realidad. Aunque ese sueño resultó ser una pesadilla. En aquel tiempo todavía tenía las esperanzas de que las cosas se solucionasen en su ámbito familiar y que quizás fuera ella la que pudiera resolverlas; y había decidido, entonces, comenzar con devolver el favor al mago que los había unido. Su marido, para fortuna de todos, nunca se había enterado del trato que había hecho y rogaba que nunca lo supiera.

— ¿Señora Malfoy?

Narcissa parpadeó varias veces, volviendo a la realidad. Se había quedado perdida en sus propios pensamientos, olvidándose momentáneamente de la presencia del joven mago. Se aclaró suavemente la garganta.

—Dime Narcissa—le dijo, no porque quisiera que ambos tuvieran algún tipo de familiaridad sino porque en ese momento no toleraba llevar el apellido de su esposo.

Pudo leer la sorpresa en el rostro del chico pero no dio explicaciones.

—De acuerdo, y usted puede llamarme Harry.

—Prefiero no hacerlo.

—Eh… Bien…—se pasó la mano por el cabello, claramente incómodo—. Más allá de la disculpa, vine a decirle que cualquier cosa que necesite, puede pedírmela.

No había nada que él pudiera darle.

—Lo único que necesito es a mi hijo de regreso—murmuró mientras volvía a contemplar a Draco.

—Estoy seguro que pronto todo se solucionará; la profesora…

—Ha pasado una semana, Potter—lo interrumpió de manera descortés pero estaba demasiado cansada como para oír palabras absurdas—. Son siete días sin que su amiga o Draco hayan abierto los ojos. Esa mujer que llamas profesora no está calificada para realizar una investigación; ella los metió en esto y ahora es incapaz de sacarlos.

—Sí, lo sé—la sorprendió nuevamente al estar de acuerdo con ella—. La profesora Babbling ha sido despedida esta misma mañana.

Narcissa volvió a girar para verlo, con los ojos inmensamente abiertos. Esa noticia la había tomado por completa sorpresa.

— ¿Esto es cierto?

—Sí—el joven hizo un leve movimiento con sus hombros—, le dije a la profesora McGonagall que era lo mejor que podía hace por ella dadas las circunstancias. Babbling no había dormido en todo este tiempo, sólo leía y ya comenzaba a delirar. Se sentía realmente culpable por lo que sucedió y en su estado no hacía nada por ayudar.

Narcissa sintió sólo un pequeño ápice de compasión por aquella mujer que se disolvió de inmediato cuando recordó que había sido ella la que había puesto a su hijo en aquella situación.

— ¿Cómo lo tomó?

—Como era de esperarse, mal. Insiste en que debe ser ella la que debe sacar a Hermione y a Malfoy de donde sea que estén pero es obvio que no puede hacerlo. Medimagos de San Mungo vinieron a buscarla hace pocos instantes y se la llevaron. Ellos van a mantenerla vigilada y la tratarán adecuadamente.

— ¿Qué sucederá ahora, entonces?—exigió saber— ¿Quién investigará?

—He llamado a Kingsley y mandará mañana a primera hora a un grupo de Inefables para que solucionen este problema. Le aseguro, Narcissa, que no permitiré que esto se quede así. Entiendo que usted esté sufriendo por su hijo pero yo también siento que estoy perdiendo a mi hermana.

Los Inefables que había mandado el Primer Ministro llegaron durante la madrugada, cuando casi todas las personas del castillo aún dormían. Aparecieron en las afueras de los terrenos e ingresaron silenciosamente, encaminándose sin perder tiempo a la enfermería. Eran cuatro, todos cubiertos con capas con capuchas que no dejaba ver sus rostros.

Horas después, cuando Narcissa Malfoy se encaminaba hacia la enfermería tras haber desayunado a solas en la habitación del castillo que la directora le había entregado, se topó en el pasillo abarrotado de estudiantes que se encaminaban hacia sus primeras horas de clases, con Potter. El chico pegado a la pared, sin hacer nada más que contemplar sus pies, tenía los hombros tensos y el cabello alborotado, como si hubiese pasado demasiadas horas sin dormir.

— ¿Potter?

El joven la miró, aún serio.

—Narcissa—saludó, recordando llamarla por su nombre.

— ¿Sucedió algo?

El muchacho la miró fijamente por unos instantes y finalmente hizo una seña con sus manos para que lo siguiera, antes de comenzar a andar. La mujer titubeó pero terminó por ir detrás de él, caminando con prisa para ponerse a su par. El mago le abrió la puerta de un aula vacía, haciendo caso omiso a los alumnos que contemplaban con curiosidad a esa inusual pareja, y una vez que ambos ingresaron, cerró la puerta y lanzó un hechizo para insonorizar la habitación.

—Estaba esperándola—confesó—. Los Inefables…

— ¿No vendrán?—preguntó con temor.

—Ya han llegado, en realidad, y han estado haciéndole una especie de chequeo, comprobando sus mentes y sus cuerpos.

— ¿Y?

—Y han encontrado el modo de sacarlos de allí—Los ojos de Narcissa se ampliaron de inmediato y sus labios se estiraron en una enorme sonrisa de felicidad—, pero…

— ¿Hay un "pero"?

—Por desgracia sí. Me han dicho que han estado controlando sus mentes y que han encontrado pequeñas rupturas en sus ondas cerebrales…—Narcissa lo contemplaba sin comprender—. Es como si sus cerebros trabajasen casi todo el tiempo excepto en pequeños instantes que duran apenas unos segundos.

— ¿Qué quiere decir eso?

—Ellos creen que ambos no están encerrados simplemente en una realidad alternativa sino que van saltando de realidad en realidad y cada vez que desaparecen en una y aparecen en otra se producen estos lapsos en que sus cerebros no trabajan en absoluto.

— ¿Y eso puede ser malo para ellos?

—Sí—esa palabra sonó como un terrible augurio—, pueden terminar con un irreparable daño cerebral que puede llevar a todo tipo de consecuencias.

Narcissa ahogó un grito a través de su mano, sintiendo que el corazón estaba a punto de rompérsele. Ella no era Medimaga pero entendía a qué tipos de daños se refería Potter: su hijo podría despertar sin poder hablar, sin poder recordar ciertas cosas e incluso sin poder mover alguna parte de su cuerpo.

—Entonces, ¿por qué no los traen inmediatamente de vuelta antes de que suceda eso?

—Porque lo que tienen que hacer es replicar el círculo de runas que hizo la profesora, de manera correcta esta vez; pero tienen que pronunciar el hechizo justo en el momento en que se producen esos lapsus. Pero no saben cuándo se producirá. Hasta el momento, en estas horas, sólo se han producido dos. Dicen que deben de investigar más, encontrar un patrón…

— ¿Y cuánto tiempo les llevará?

El muchacho se encogió de hombros.

—Quieren llevárselos de aquí porque dicen que el castillo no es el mejor lugar para tenerlos.

— ¿A dónde?

—Están buscando un lugar lo suficientemente amplio y silencioso como para trabajar sin ser molestado y quieren reducir las visitas. No será San Mungo porque su situación es delicada y no quieren arriesgarse a que contraigan algún tipo de enfermedad.

—Que los lleven a la Mansión—dijo Narcissa sin pensarlo mucho—. Hay habitaciones enormes que están completamente vacías. Cualquiera de ellas puede ser rediseñadas para atenderlos bien.

Potter se mostró muy dudoso a esa propuesta.

—No estoy seguro que su marido esté de acuerdo en que Hermione esté allí.

—Lucius no está viviendo en la mansión.

Harry quiso preguntar después de aquella inesperada revelación pero la mirada vulnerable que le lanzó aquella mujer se lo impidió.

— ¿Promete que Hermione recibirá el mismo trato que su hijo si es que deciden llevarlos allí?—preguntó.

—Por supuesto—asintió sin dudarlo.

Haría lo que fuera necesario para conseguir a su hijo de nuevo, incluso si eso implicaba a la chica hija de muggles.


Adelantos del siguiente capítulo:

— ¡Draco!—ahora la chica había colocado una sonrisa en sus labios y sin pensarlo dos veces se había lanzado en sus brazos para darle un pequeño beso en su mejilla— Ha pasado tanto tiempo—se separó un poco pero una de sus manos no dejó de tocar su brazo, lo que lo hizo sentir muy incómodo—. Cuando regresé a la ciudad esta mañana no esperaba encontrarte tan pronto. Debe ser el Destino.

...

Lo peor de todo era que ella sabía que todo eso que él hacía no iba en serio y eso la molestaba. Aunque no tenía porqué hacerlo, ¿verdad? Después de todo, ella tampoco tomaba en serio los sentimientos que la invadían cada vez que lo veía. Sabía que eran producto de la realidad alternativa donde se encontraban… ¡Merlín, rogaba que así fuera porque sino estaría en un gran problema! Todo—las ganas de besarlo, de tomar sus manos y permitir que él la tocase, de sentarse a su lado en el sillón cuando lo veía leer y apoyar su cabeza en su hombro—, absolutamente todo, no podía ser real.