Aquí lo prometido, una actualización doble donde habrá muchas emociones y sentimientos involucrados.

Nuevas oportunidades... Tropiezos... Nuevos personajes... Un pasado que amenaza con regresar... Todo eso y mucho más en este capítulo.


CAPÍTULO 19:

"Momentos de Impacto"

~ Parte 2 ~


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Blaine estaba sentado en el sofá en casa de Kurt, revisando unos documentos importantes cuando éste apareció súbitamente y lo abrazó emocionado. Acababa de recibir la llamada de uno de los lugares en los que había dejado su carpeta. Se trataba de un restaurante conocido, y aunque ignoraba de qué era el puesto disponible, la idea de un potencial empleo lo hacía feliz.

El ojimiel lo besó y celebró con él, llevándolo una hora y media después a la entrevista.

El castaño salió del local cuarenta minutos más tarde con una sonrisa brillante. Iba a ser mesero, para empezar le pagarían un poco más del básico más los beneficios de ley, y tendría seguro médico para él y su niña. Todavía no lo podía creer, le faltaba poco para ponerse a dar saltos en la calle.

Una vez en el auto, le contó al pelinegro todo lo que había hablado con el dueño y las funciones que realizaría. Parecía un niño emocionado con un juguete nuevo.

Blaine aún seguía pensando que Kurt no necesitaba trabajar, pero verlo tan dichoso era motivo más que suficiente para alegrarse y seguirlo apoyando. Al menos parecía que tendría un trato justo y no sonaba nada mal lo que le habían ofrecido. Sólo esperaba que no resultase como con la construcción que al comienzo todo estuvo muy bien y luego sólo le trajo dolores de cabeza y angustias.

Claro que ahora estaba él a su lado para apoyarlo, pero aun así para su novio esto era muy importante, y quería que estuviese así de radiante y emocionado en todo momento.

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Una semana había transcurrido y el castaño estaba feliz, le gustaba el restaurante definitivamente, el ambiente era agradable y todos lo habían recibido muy bien. Nunca se había sentido tan a gusto en un lugar. En esos pocos días ya se había ganado el aprecio de sus superiores y compañeros.

Era muy servicial y amable con todos, estaba presto a ayudar en lo que fuese necesario siempre, y aunque no era tan complicado lo que hacía, ponía mucha atención para aprender los protocolos. Quería hacer bien su trabajo y no dar motivos para que lo fuesen a despedir en algún momento.

Como si fuera poco, el horario le permitía estar con su hija más tiempo, ayudarla en sus tareas, cenar juntos y cualquier cosa que quisieran hacer. Ya no tenía que preocuparse por que se le hiciera tarde debido a que se veía en la necesidad de coger horas extras, y al llegar a casa encontrarla dormida.

Sin lugar a dudas estaba más que agradecido porque de todos los sitios en los que dejó su carpeta lo hubiesen llamado de allí. Y sonreía constantemente al recordar como Blaine lo animó y siempre estuvo repitiéndole que no se preocupase ya que el trabajo ideal para él iba a surgir en el momento indicado, y no se había equivocado.

Su dulce y maravilloso Blaine del que estaba completamente enamorado, siempre estaba a su lado.

- Un día algo agitado, ¿eh? – Comentó uno de sus compañeros al pasar a su lado, sacándolo de su ensoñación.

- Sí, pero me gusta. – Respondió animado.

Después de trabajar en las obras, cualquier cosa resultaba fácil y menos agotadora. Ahí estaba dentro de un local con música relajante y aire acondicionado que lo mantenía fresco. Ya no tenía que estar durante horas bajo el inclemente sol que hacía arder su piel mientras cargaba sacos de cemento en el hombro o cualquiera de las otras tantas labores que le tocó realizar.

Todo marchaba muy bien hasta el momento, y era otro día bastante bueno, lo cual era un motivo más para sentirse agradecido.

También estaba el hecho de que a varios de los clientes habituales les había gustado su forma de atender, razón por la cual lo pedían exclusivamente, y luego le dejaban generosas propinas.

Sólo en esa semana había juntado una buena suma de dinero, y si las cosas seguían así, pronto tendría lo suficiente para hacerle a Steph la más grande y hermosa fiesta de cumpleaños. Era algo con lo que siempre había soñado y nunca había podido darle, pero esta vez sería diferente.

¿Qué más podía pedir? Tal vez como Blaine le decía: ya era tiempo de que la vida le sonriera. Y ahí estaba su novio otra vez en sus pensamientos... Era inevitable.

- Alguien está enamorado. – Dijo una chica rubia empujándole suavemente el hombro cuando cruzó con un pedido a una mesa cercana. Pero no le dio tiempo de contestar porque un grupo de personas se sentó en la zona que a él le correspondía.

Se encontraba tomando la orden de una familia que había ido por primera vez. Platicaba a gusto mientras les hacía sugerencias acerca del menú. – En unos minutos saldrán sus platos. – Sonrió y se alejó, dirigiéndose a la ventanilla de cristal glaseado donde indicó a la persona allí situada cual había sido el pedido.

Con una sonrisa caminó hacia la siguiente mesa que estaba en su sección y que acababa de ser ocupada.

- ¡Buenas tardes! Bienvenidos a…

- ¡No puedo creerlo! ¡Esto es de locos! – Exclamó la mujer con gran indignación. – ¡No es posible que mi hijo esté saliendo con un mesero!

Kurt miró con aprensión a la pareja ahí sentada y un nudo se formó en su garganta. ¿Por qué habían tenido que ir ahí? Tenía que ser profesional, podía serlo. Respiró suavemente para no denotar su malestar y continuó como lo haría con cualquier otro cliente.

- Si me permiten recomendarles el menú del día, – colocó las dos cartas sobre la mesa, frente a ellos, – éste incluye un…

- Es indignante saber que un Anderson está involucrado con alguien que usa un delantal y sirve comida. – Interrumpió el hombre mayor dándole una mirada hostil.

El castaño rodó los ojos y trató de mantener la calma. No podía darse el lujo de tener problemas en su nuevo empleo. Era demasiado bueno como para perderlo, así que se acogió lo que el tiempo le había enseñado cuando se trataba de atender clientes, lo mejor era mantenerse sereno y no perder la compostura, aunque no estaba seguro si podría lograrlo en esta ocasión.

- No tiene nada de malo lo que hago. – Trató de ser firme pero sin sonar altanero. – Es un trabajo digno que pone el pan sobre mi mesa.

- ¡Todavía no me explico qué tiene Blaine en la cabeza! – Proclamó James dando un golpe con el puño sobre la mesa, atrayendo la atención de todos. – Con tantos jóvenes refinados y de buena cuna que hay, tuvo que fijarse en alguien como tú.

- Somos dos los que tenemos grandes interrogantes, porque no me explico cómo habiendo tantos restaurantes elegantes por donde ustedes viven, hayan venido a comer a un lugar sencillo como éste. ¿O será que ya no los admiten?

Y hasta ahí había llegado lo de mantener la compostura. Se abofeteó mentalmente y se lamentó porque sabía lo que eso significaba.

- ¡Es el colmo! – Profirió Pam en voz alta. – ¡Qué clase de personal tienen aquí!

- ¡Exijo ver al dueño en este momento! – Completó su esposo.

En cuestión de segundos un hombre alto de cabellera oscura y ojos aceitunados, que tenía unos cincuenta y tantos años, se hizo presente.

- Hola James, Pam. Es un gusto tenerlos por aquí. ¿En qué puedo ayudarlos?

El empresario señaló al ojiazul y habló en voz alta, asegurándose que los demás comensales escuchasen. – Éste mequetrefe ignorante nos faltó el respeto. Me sorprende que alguien como él haya sido contratado cuando siempre has sido exigente acerca del personal que labora aquí.

- En primer lugar, baja el tono. No puedes venir aquí a armar un escándalo y perturbar la tranquilidad de las personas que disfrutan en calma de sus alimentos.

Segundo. – Volteó a ver al castaño, quien estaba con la mirada clavada en el suelo y empuñando el delantal con una mano. – Kurt es un excelente camarero, además de ser muy cortés y educado. No he tenido ni una sola queja de él en toda la semana, al contrario, mis clientes están más que satisfechos con su adición al restaurante.

Tercero. – Volvió a observar al empresario. – Eres tú quien lo está ofendiendo, y no voy a permitir que hagas eso.

- ¿Qué? ¿Cómo te atreves?

- Kurt, – el dueño le dio una mirada rápida, – ve a la cocina. Yo me encargo.

Sin decir nada, el ojiazul caminó tan rápido como pudo para alejarse de ahí, sintiendo las miradas encima al cruzar hasta el otro lado.

- Creo que deberías ir al baño para que te refresques un poco. – Le sugirió Lorna, (una de sus compañeras), al verlo arrimado a una pared con los ojos cerrados y la respiración agitada.

- Estoy bien, gracias.

- No es cierto. Estás temblando. Necesitas calmarte, no es bueno que te vean así. Toma. – Le entregó un vaso con agua y le acarició el brazo mientras éste bebía lentamente.

Nunca falta algún patán que se cree mucho y trata de ofendernos o hacernos sentir mal de algún modo. No digo que es fácil o que te vas a acostumbrar, pero con el tiempo deja de afectarte tanto.

- ¿Dónde está Kurt? – Se escuchó la voz del dueño entrando a la cocina. Alguien le indicó que se encontraba cerca de los mesones, así que fue con paso firme y rápido hacia allá. – Tenemos que hablar.

- Señor…

- En mi oficina. – Señaló y se dio la vuelta.

- Esto no está pasando. – Musitó negando con la cabeza.

- Tranquilo. – Dijo Lorna tomándolo de la mano. – Él es una buena persona, sólo dile lo que ocurrió. Y si necesitas testigos, yo vi como ese hombre te gritó sin ninguna razón.

- Gracias.

Ya en el despacho, el castaño observaba con atención a su jefe, esperando que le llamase la atención o peor aún, que lo despidiese.

- ¿Qué sucedió exactamente? Tengo la versión de los Anderson, pero quiero conocer la tuya. Sé que eres muy respetuoso y no he tenido quejas de ti antes, así que algo no está bien.

- Ellos se molestaron porque iba a atenderlos.

- Eso no tiene lógica. Si recién ibas a tomarles la orden, ¿por qué razón se exaltaron?

- Porque no les agrado. – En realidad quería decir porque son unos idiotas prejuiciosos que no toleran que su hijo y yo seamos novios y estemos felices, pero pensó que no era adecuado. Además de que no quería involucrar a Blaine en el asunto. Si su jefe conocía a los Anderson, probablemente también sabría de su hijo, aunque claro está que podría tratarse de una coincidencia y que ellos sólo fuesen clientes frecuentes. En todo caso, su pareja no tenía por qué ser mencionada.

- ¿No les agradas? ¿Es que ya los conocías?

- Sí, y me consideran poca cosa para… – Se mordió el labio antes de que se le escapase algo. – Eso es todo. No valgo nada para ellos.

- Son algo prejuiciosos, eso es cierto. – Hizo una mueca de disgusto. – Pero mencionaron que les faltaste el respeto diciéndoles algo muy grosero. ¿Qué cosa fue?

Con plena consciencia de que los esposos debieron contarle todo con detalles, decidió que no iba a mentir ni ocultar nada, y repitió sus palabras con exactitud.

El hombre mayor empezó a reír divertido. – ¿Eso fue todo? Bueno, ellos vienen aquí por la amistad que tenemos en realidad, pero puedo imaginármelos siendo echados de otros restaurantes por su soberbia.

Y si mi local es sencillo es porque me gusta mantenerlo así, con un ambiente cálido y personal. No soy fanático de la ostentosidad.

- Lamento eso, no pretendía ofenderlo o…

- No lo haces, sólo era una referencia. Ahora recoge tus cosas y vete.

- ¿Qué? – Los ojos azules se abrieron con amplitud. – Por favor, deme otra oportunidad. No puedo perder este empleo, tengo…

- ¡Baja la velocidad de tu carruaje, chico! No he dicho en ningún momento que te estoy despidiendo. Lo que mencioné antes sobre que eres un gran trabajador y los clientes han dado buenas referencias acerca de tu trato y cordialidad, es totalmente cierto. Además que he visto la manera en la que te desempeñas, y me gusta.

Simplemente creo que después del mal momento que pasaste deberías retirarte y descansar un poco. Falta una hora para que tu turno termine, yo me encargo de poner a alguien a que te cubra.

- Sr. Montero, no tengo palabras…

- No tienes nada qué decir. Comprendo más de lo que puedas imaginar. A tu edad me tocó agachar la cabeza muchas veces sólo para no perder mi empleo ya que mi familia contaba con mi apoyo económico.

Tuve jefes que no fueron justos y me hicieron pasar por mil penurias. No con esto digo que todos fueron así, también tuve la buena fortuna de encontrar patrones muy buenos de los que aprendí mucho.

Cuando las cosas empezaron a cambiar y me convertí en un hombre de negocios, me prometí a mí mismo que jamás trataría a las personas que trabajasen para mí de ninguna forma que no fuese correcta. – Hizo una pausa para observar la sorpresa en el rostro del castaño. – En la entrevista mencionaste que tenías una hija, ¿cierto?

- Sí.

- Bien, ve a casa, juega con ella y olvídate del mundo. Te espero el lunes.

- Ah… Yo…

- Anda, chico. Recoge tus cosas y ve a descansar o a divertirte, lo necesitas.

- ¡Gracias! ¡Gracias! ¡No sabe lo que significa esto para mí!

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Cuando Blaine le preguntó a Kurt cómo estuvo su día, éste le contó que tuvo un percance con unos comensales y lo que había sucedido posteriormente con el dueño, pero nunca mencionó a los autores del problema ya que no quería causarle más desilusiones a causa de sus progenitores.

Ya mucho había sufrido por causa de ellos, y si lo pensaba, lo más probable es que ellos no fuesen al restaurante nunca más ya que eran orgullosos, y el Sr. Montero lo había defendido a él.

- Gente fatua que se cree mejor que otros. – Mencionó como respuesta. – Es mejor ya no pensar en ellos, aunque me gustaría buscarlos y decirles unas cuantas cosas. En fin, me da gusto que tu jefe tenga esa actitud y los haya puesto en su sitio, aparte de que te dejara salir antes.

- Me sorprendió mucho en realidad. Estoy agradecido con él.

- Yo también, y eso que no lo conozco, pero basta que te haya apoyado ante tal injusticia para que me agrade. – Lo tomó de la mano. – Y lamento mucho que pasaras por ese momento complicado.

- Gracias, aunque eso fue lo único pesado. En general mi día estuvo perfecto y recibí muy buenas propinas. Lo mejor fue descubrir la clase de persona que es el Sr. Montero, y ahora más que nunca me siento feliz de trabajar para él.

- Me alegro por ti. – Le sonrió y lo rodeó con sus brazos atrayéndolo hacia él para besarlo suavemente. – Aunque sabes que no tienes que laborar, no hay necesidad de…

- Quiero hacerlo. No voy a dejar de trabajar, lo sabes y lo aceptaste.

- Bien, bien. – Sonrió y le besó la punta de la nariz. – No te toca regresar hasta el lunes, ¿cierto?

- Correcto. Sólo voy de lunes a viernes. ¿Por qué?

- Estaba pensando que como estaremos solos…

- ¿Qué tramas, Anderson? – Sonrió con picardía.

- Sólo iba a preguntar si te gustaría ir el fin de semana a la hacienda de mis tíos. Podemos descansar, – lo besó – relajarnos, – lo volvió a besar, – pasar un momento muy agradable. – Profundizó el ósculo.

- Sí, eso me gustaría. – Buscó nuevamente los labios de su novio.

Lo que estaba destinado a ser un beso largo, fue interrumpido por varios golpes en la puerta.

- ¿Quién puede ser a esta hora? – Preguntó Blaine intrigado.

- No tengo idea. – Se dirigió a la ventana y se asomó. – Es Mercedes.

El pelinegro abrió rápidamente. – Hola Mercedes, ¿qué sucede?

- Hola Blaine, Kurt. Siento molestarlos a esta hora, pero surgió algo de último momento y tengo que realizar un viaje mañana, por lo que no podré llevar a Steph conmigo este fin de semana como habíamos acordado.

- Pero, ¿estás bien?

- Sí, Kurt, tranquilo. Es un asunto familiar que debo atender. La cuestión es Stephie.

- No te preocupes por eso. – Intervino el ojimiel. – Mañana nos vamos a la hacienda y la llevaremos con nosotros.

- ¡Oh, qué bien! ¡Va a estar feliz! Me quedo tranquila porque me daba pena ya que estaba tan ilusionada por ir a la feria.

- Despreocúpate. – El castaño le sonrió. – Y gracias por todo. Realmente haces tanto por ella.

- Sabes que adoro a esa pequeña traviesa. Y como no quiero seguir estorbando, señores labios hinchados, – rió moviendo sugestivamente las cejas, – me retiro a preparar mi maleta.

- ¡Oh, Mercedes! ¡Qué cosas dices!

- Sólo digo lo que veo, Kurtie. – Le guiñó el ojo.

- ¿A qué hora vas a salir? – Intervino el moreno. – Podría llevarte.

- Gracias, Blaine. Pero me voy en bus. Me van a estar esperando en la estación.

- Te llevó hasta allá, no hay ningún problema.

- ¿Seguro?

- Por supuesto. Siempre es un placer.

Se pusieron de acuerdo y luego de eso la chica se fue a su casa.

- Eres divino. – Dijo el ojiazul con un suspiro. – Gracias por ofrecerte a llevarla.

- No es nada. Es una amiga a la que quiero. – Le sonrió. – Es tarde ya, debería irme para poder estar aquí a tiempo mañana.

- ¿Por qué no te quedas?

- Me encantaría, amor. Pero no tengo aquí ropa ni nada para el fin de semana.

- Qué mal. – Respondió haciendo un puchero.

- ¿Sabes qué? Ya veré cómo me las arreglo. Es imposible negarte algo. – Lo tomó por la cintura y lo atrajo hacia él. – Creo que estábamos en algo cuando nos interrumpieron. – ¿Recuerdas qué era?

Sin decir una palabra, Kurt lo besó hasta sentir que sus almas se fusionaron y lo dejó con los sentidos nublados. Al separarse, lo tomó de la mano y se dirigieron a la habitación.

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Luego de dejar a Mercedes en la estación, se fueron al departamento de Blaine a buscar sus cosas.

Aunque Kurt había insistido en quedarse en el auto esperando, el ojimiel lo convenció de que no tenía sentido que estuviese ahí solo ya que Steph subiría también, y así los tres se dirigieron al lugar.

La pequeña se desplazaba por la amplia sala, dando saltos y cantando con un programa de la televisión. Kurt la observaba con una sonrisa y deseaba que pudiese hacer eso siempre. En su casa el espacio era reducido por lo que ella se veía bastante limitada al momento de jugar o bailar, que era algo que le fascinaba, aunque se las había arreglado de algún modo para hacerlo.

Cuantas veces estuvo en casa de sus amiguitas y regresó feliz contándole lo mucho que se había divertido. Claro que las otras niñas también habían ido a su hogar, pero se quedaban en la habitación, o él movía los muebles para que se acomodasen en la sala a ver alguna película, y eso era todo lo que podían hacer.

- ¿En qué piensas? – Preguntó Blaine desde detrás del mueble, dándole un beso en la mejilla.

- En lo diferente que deseaba que fuese la vida para Steph. Quería darle todo, que jamás careciera de nada.

- Has cubierto todas sus necesidades, nunca le ha faltado algo para comer, goza de excelente salud, es una niña alegre, inteligente, noble, respetuosa. Yo diría que has hecho un gran trabajo.

- Gracias. – Dijo limpiándose las lágrimas acunadas en sus ojos y que amenazaban con salir. – Pero no puedo evitar pensar que ha tenido una vida llena de limitaciones, y jamás debió ser así. Mírala saltando feliz sin tropezarse o teniendo miedo de romper algo al dar una vuelta. – Sollozó.

- Amor. – Rodeó el sofá y se sentó a su lado tomándolo de la mano. – Has hecho todo lo que ha estado a tu alcance por ella, eres un papá maravilloso, no lo dudes nunca. A veces las circunstancias no fueron idóneas, pero supiste salir adelante por tu cuenta, y eso es admirable.

- Blaine…

- Es la verdad. No puedes olvidarla. Has hecho a esa pequeña muy feliz, y sobre todo la has llenado de amor. ¿Tienes idea de cuántos niños desearían tener un papá como tú?

- Aah… – No pudo decir nada, a cambio le dio una pequeña sonrisa, y éste le acarició el rostro.

- ¿Has analizado lo que te propuse? Mudarnos a la casa sería lo ideal. Si aquí hay espacio, sabes que allá será mejor todavía.

- Lo he hecho… No puedo. No quiero que otros piensen mal de… Ya sabes… Que estoy contigo por interés o algo así.

- Kurt Hummel, me importa un bledo lo que los demás opinen. Sé que me amas, te conozco muy bien y eres la persona más desinteresada de este mundo. Y aunque este no es el lugar ni el modo en el que pensaba hacerlo, quiero que queden muy claras mis intenciones contigo y lo mucho que confío en ti y tu amor.

- No entiendo.

El pelinegro se levantó y sacó algo de la maleta que había dejado ya lista a un costado. Con el objeto en la mano regresó a su lugar junto a su pareja. – Te amo con todo mi corazón, te amo como no he amado a nadie. Tú iluminas mis días, haces brillantes mis mañanas y cálidas mis noches. Cada vez que te miro sé que a tu lado es mi lugar, y mi corazón quiere escaparse de mi pecho para amarrarse al tuyo.

Eres más de lo que alguna vez pude pedir, mi alma lo sabe, lo supo desde el momento en que te conocí, y nada podría hacerme más feliz que compartir nuestras vidas y llamarte mi esposo.

- Blaine… – Soltó el aliento retenido, y por primera vez desvió su mirada a las manos del ojimiel.

El empresario sonrió y abrió la caja de terciopelo que estaba sosteniendo. – ¿Te casarías conmigo?

Kurt abrió la boca y salió un extraño sonido tembloroso. – No… No puedo… No puedo. – Su respiración comenzó a acelerarse y los ojos se le llenaron de lágrimas.

- Está bien, amor. – Le acunó el rostro. – Tranquilo, no pasa nada. Si es muy pronto, lo dejamos para después. Relájate y respira.

- ¿Qué le pasa a mi papi? – La pequeña estaba cerca de ellos, asustada. – ¿Por qué no puede respirar?

- Se va a resfriar. – Dijo con voz suave.

- ¡Ah! Se siente feo, sí me ha pasado, y no me gusta.

- A mí también me ha ocurrido, princesa. Pero no es nada, ya se le va a pasar.

- ¿Seguro?

- Sí. – Le sonrió tratando de mostrarse tranquilo. – ¿Puedes hacerme un favor?

- Claro.

- En mi habitación dejé las llaves del auto.

- ¿Quieres que las traiga?

- Sí, mi niña.

- Está bien. – Se fue dándole una última mirada a su papá.

- ¿Te sientes mejor, cariño?

El castaño tenía los ojos cerrados, tratando de normalizar su respiración. No entendía el por qué su cuerpo había reaccionado de esa forma, aunque reconocía que estaba algo asustado y nervioso.

Al abrir los ojos se topó con aquella mirada dorada que tanto le fascinaba, esa mirada que expresaba un gran y profundo amor, y que lo hacía sentir especial.

- Lo lamento. – Pronunció con voz temblorosa antes de abrazar a su novio.

- Tranquilo, no pasa nada. – Le besó el costado de la cabeza. – Está bien. Te amo. Todo está bien.

- Te amo mucho… Y no es que no quiera casarme contigo, sabes que sí.

- Lo sé. No hay problema, sólo no era el momento. Entiendo.

- No quise arruinar tu propuesta. Todo lo que dijiste fue tan hermoso.

- No lo hiciste. Y sólo dije lo que pienso y siento.

El castaño dio varias respiraciones cortas y se movió un poco para volver a mirar a Blaine. – Te amo demasiado, no lo dudes.

- Jamás lo haría. Te amo con toda mi vida. Ahora, ¿me regalas un beso?

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Horas después se encontraban ya en la hacienda disfrutando de grandes momentos en familia.

Blaine se llevó a Steph a dar un paseo a caballo mientras Kurt les tomaba fotos y no paraba de sonreír.

Un picnic, varias carreras por la colina, nadar en el lago, sentarse en la caída de agua, jugar con la pelota, y muchas actividades más fueron realizadas con total algarabía.

Cada experiencia vivida estaba siendo guardada en fragmentos de videos y fotografías, pero sobre todo era atesorada de forma invaluable en el corazón de los involucrados.

El fin de semana pasó lento o al menos así ellos lo sintieron. El tiempo confabuló a su favor volviéndose eterno para su disfrute, y cada minuto compartido sirvió para unirlos más.

- ¿Nos podemos quedar otro día? – Preguntó Steph durante la cena. – Me gusta este lugar.

- No, amor. – Contestó Kurt. – En realidad ya deberíamos habernos ido, pero hemos permanecido por más tiempo para disfrutar otro poco. Más eso significa que mañana tendremos que salir muy temprano.

La castaña colocó una mano en su frente con preocupación y se quedó en silencio. Los dos hombres la miraron intrigados y luego se vieron entre sí como buscando una respuesta.

- ¿Qué sucede, mi niña? – Indagó el pelinegro.

- Si hay que salir muy temprano, voy a estar dormida… y… me voy a quedar.

Los dos sonrieron ante la inocencia de su hija. – Princesita, no te vas a quedar. Nunca te dejaríamos. Si no te has despertado todavía para esa hora, te llevaremos dormida al auto.

- ¡Ah! Bueno… Entonces no me llamen. – Sonrió satisfecha.

Luego de comer y un par de historias, Steph estaba lista con su pijama de conejos y zanahorias.

- ¿De verdad tenemos que regresar mañana? – Preguntó ya acostada y con sus papás cada uno de un lado de la cama.

- Sí, mi niña, lo sabes. – Respondió el pelinegro. – Todos tenemos obligaciones que cumplir. Así que debemos descansar porque nos vamos temprano.

- Ouu. – Sacó el labio inferior.

- El próximo fin de semana podemos regresar, pero ahora es momento de dormir.

- Está bien, papá Blaine. Te amo.

- También te amo princesita. – Se agachó y le dio un beso en la frente. – Descansa.

- Gracias, tú también. – Volteó hacia el otro lado. – Te amo papi. Hasta mañana.

- Hasta mañana, mi amor. Te amo mucho. – Dijo el ojiazul acariciándole la cabeza y dándole un beso.

Con Steph ya dormida, los dos se dirigieron a su habitación para terminar de empacar y poder así descansar un poco antes de partir.

- Debimos irnos después del almuerzo. – Dijo Kurt luego de cerrar la puerta.

- ¿Por qué? Nos hemos divertido mucho, y si hubiésemos salido antes no habríamos visto el hermoso atardecer ni el cielo cubierto con tantas estrellas.

- Pero el viaje es largo y vas a llegar muy cansado.

- En lo absoluto, estoy acostumbrado. Y si llegase a darse el remoto caso, me acuesto a dormir en cuanto esté en el departamento. Así de simple.

- Las ventajas de ser tu propio jefe. – Le sonrió.

- Podrías llamar al restaurante y…

- Ni se te ocurra que voy a faltar.

- Iba a decir que avisaras que vas a llegar un poco más tarde.

- Oh no, no. No haré eso. Lo bueno es que no tengo el primer turno, así que puedo descansar un poco antes de ir al trabajo.

Siguieron hablando mientras empacaban, las bromas y las risas estaban presentes así como uno que otro beso robado.

- ¿Tienes todo listo? – Indagó el ojimiel veinte minutos después.

- Sí, ya está todo. ¿Y tú?

- Igual. Y siendo honesto, es temprano y no tengo sueño.

- Yo tampoco. – ¿Quieres ir a dar una vuelta?

- Prefiero quedarme aquí con mi maravilloso novio, si a él no le importa. – Colocó una mano en la parte posterior del cuello de éste, atrayéndolo hacia sus labios y empezó a besarlo.

- No… – Suspiró al separarse. – No me importa. – Volvió a unir sus bocas.

Al apartarse ambos se miraron a los ojos, sintiendo que se pertenecían pero de una manera libre, sin ataduras ni dependencia, y al mismo tiempo siendo el uno del otro, para siempre.

Kurt envolvió sus brazos alrededor de Blaine y apoyó sus frentes suavemente durante unos segundos. El de rizos acarició con cuidado el cabello castaño con una mano y lo sostuvo por la cintura con la otra.

Un beso lento se hizo presente, un beso en el que los dos se deleitaron con el suave movimiento. Minutos después fue convirtiéndose en más apasionado, profundo, pero sin dejar de ser romántico.

Pequeñas y tiernas caricias en los brazos, la espalda, el rostro y otras partes prosiguieron acompañadas de más besos y palabras de amor, transmitiéndose aquel hermoso sentimiento que existía entre ellos.

Blaine descendió hasta llegar al cuello en el que trabajó con pericia, produciendo en su novio gemidos dulces. Luego tomó una de las blancas manos y la llevó hacia su pecho, colocándola ahí con la palma abierta. – ¿Sientes eso? Tú lo provocas.

Kurt lo miró y le sonrió cariñosamente. – Tú también aceleras mi corazón. – Se inclinó para dejar una estela de besos que terminaron en dirección del órgano vital del pelinegro.

Más caricias fueron aterrizando de forma natural sobre sus respectivas anatomías, acompañadas de labios húmedos que trazaban su propio camino, envolviéndolos en la calidez del momento.

Se separaron por falta de aire y se volvieron a mirar a los ojos, grabando a fuego lento la expresión del otro en su rostro y el sonido de la respiración agitada. Segundos después se sonrieron y Blaine susurró palabras dulces a la vez que le acariciaba el rostro a Kurt mientras éste comenzaba a enredar sus dedos en los suaves rizos.

A paso lento fueron avanzando hasta llegar a la cama donde se dejaron caer para continuar con sus demostraciones de amor de forma libre.

Blaine comenzó a besarle el cuello, rozando cuidadosamente la piel con sus dientes, y siguió descendiendo hasta llegar a los hombros por encima de la tela.

Kurt soltaba pequeños jadeos que resultaban muy seductores para él. Su respiración se agitaba y no estaba poniendo ninguna resistencia, lo que el ojimiel tomó como una señal para continuar, y acarició los brazos y los costados del cuerpo mientras lo besaba entregándole todo de sí.

Observó con atención el rostro del ojiazul, el cual era el más hermoso de los poemas. Mostraba una gran dicha, no había miedo ni arrepentimiento, sólo felicidad y deseo. Y él era el afortunado de poder deleitarse con tal belleza. Le besó los labios con dulzura y le susurró al oído lo mucho que lo amaba.

Kurt lentamente fue introduciendo sus manos bajo la camiseta del moreno, sorprendiéndolo por un instante antes de dejarse llevar por el momento. Sus manos acariciaron con vehemencia todo a su paso pero manteniendo la suavidad y delicadeza en cada roce.

Blaine sabía que irían tan lejos como su amado permitiese, jamás lo presionaría a algo que no quisiera. Y aunque se detuviesen en ese instante, todo había sido simplemente perfecto. Sin embargo, el de ojos azules parecía no querer detenerse, por lo que él fue realizando la misma acción, acariciando la piel tibia, levantando la tela que la cubría y deleitándose en su sabor y textura.

Al cabo de muchos mimos y caricias, le acunó el rostro y lo besó como si el mundo estuviese a punto de desaparecer. Al separarse en medio de gemidos, lo miró a los ojos como pidiendo aprobación, a lo cual Kurt respondió mordiéndose el labio ligeramente antes de soltar un suspiro.

El moreno tomó por el filo la camiseta y la fue retirando, dejando expuesto el pálido pecho que cubrió con besos suaves y pequeñas mordidas. Ascendió por la barbilla y volvió a descender hasta llegar al cuello en donde dejó una pequeña marca a la par que sus manos tocaron cuanta piel estuvo en su camino.

Pronto lo suspiros del castaño se convirtieron en gemidos, y en un movimiento algo nervioso, retiró también la prenda superior de su amor, llenando de besos cada centímetro a su alcance. Le sonrió, y en un momento de valentía lo sujetó con fuerza y giró para quedar encima, unió sus labios y prolongó el beso tanto como fue posible.

Sus torsos cálidos y desnudos se presionaban entre sí, sus manos repartían caricias por todas partes, sintiéndose completos y unidos en más formas de las que pudiesen explicar.

- Te amo Blaine, te amo más de lo que pueda expresar. – El moreno iba a responder, pero Kurt introdujo con cuidado la lengua en su boca y lo hizo elevarse a un nivel superior. Lo tenía en cuestión de segundos suspirando, gimiendo y aferrándose a su cuerpo con fuerza. – Nunca había amado tanto a alguien. – Murmuró al separarse por falta de aire.

Volvieron a girar y el de ojos dorados al quedar en la parte superior esta vez, suavemente fue deslizando una pierna entre las del castaño y ambos comenzaron a moverse con un ritmo sutil. Con una mano le acunó el rostro mientras sus labios compartían besos que sabían a ambrosía y los embriagaba de amor, haciéndolos perderse por completo.

Sus cuerpos se entrelazaron de forma perfecta y sus caderas se balancearon con movimientos hermosamente sincronizados. Las sensaciones eran tales que tuvieron que amortiguar sus voces dentro de la boca del otro, ya que no podían ser bulliciosos.

Giraban por fracciones de tiempo, cediendo el control y marcando así su propio ritmo o dejándose llevar mientras su éxtasis crecía y sus corazones se aceleraban a pasos agigantados.

Blaine sintió un gran fuego quemándolo por dentro y por fuera, y por la manera en que su novio se arqueaba y se aferraba a él, sabía que le ocurría lo mismo. Sólo mirarlo de esa forma lo tenía al borde del orgasmo, era tan sensual, lo más hermoso y perfecto que había visto en toda su vida.

Por una fracción de tiempo se miraron fijamente. – Kurt, mi cielo. Eres mi mundo entero. – Juntó sus labios y se perdió en el calor que la dulce cavidad desprendía, exaltándole los sentidos.

El de piel nívea se quedó sin aliento, realmente estaba disfrutando de todas las sensaciones que invadían su cuerpo y hacían hormiguear su piel. Una lengua acarició sus labios y descendió por su cuello hasta llegar al pecho, continuando lentamente su camino mucho más abajo, logrando estremecerlo.

El de rizos fue introduciendo varios dedos en el borde del pantalón del castaño y comenzó a bajarlo muy lentamente. Inesperadamente sintió el ligero temblor en las manos de éste y como su respiración se agitaba, pero no por la excitación sino porque se volvía dificultosa.

Sabía que esa era la señal de advertencia, habían llegado muy lejos y los nervios estaban haciendo su aparición. Si continuaban, no tenía idea de cómo su amado reaccionaría, aunque era muy probable que no fuese de buena manera.

Seguía sin entender lo que le ocurría, sólo tenía su teoría. Debía encontrar la ocasión ideal para hablar de ello, pero no era definitivamente el momento para ponerse a pensar en esas cosas. Besó el pálido cuello, ascendiendo hasta llegar al rostro donde presionó sus cálidos labios repetidas veces en ambas mejillas a la vez que ralentizaba sus movimientos.

- Tal vez deberíamos detenernos. – Le susurró al oído.

- ¿Es…Estás seguro?

- Sí, cariño. – Le besó la frente.

Kurt ocultó su rostro en el hombro de su novio. – Gracias. – Dijo con voz suave sabiendo lo que éste había hecho. – Te amo.

- Te amo. – Respondió y se fue acomodando hasta que quedaron de frente pero todavía manteniendo sus cuerpos entrelazados. Se inclinó un poco más y comenzó a frotar sus narices dulcemente mientras le regalaba una sonrisa. – Amo todo lo que hacemos y compartimos.

- Yo también. Se siente bien y sobre todo… correcto.

El ojimiel se quedó analizando qué significaba eso. ¿Por qué podría ser incorrecto un acto puro entre dos personas que se aman? Sacudió la cabeza y se centró en el hombre maravilloso que estaba a su lado.

Muchos besos totalmente llenos de amor y entrega fueron dados durante ¿horas? O tal vez eran minutos que se sintieron imperecederos, continuando hasta que el cansancio se hizo presente y empezó a apoderarse de ellos.

El castaño no dejaba de pensar en todo lo que había sucedido, y fue sorprendido por la voz de su pareja, quien tenía los ojos cerrados.

- Trata de descansar un poco.

- Creí que estabas dormido.

- No, sólo reposo. Deberías hacer lo mismo.

- Sí, seguro. – Le acarició el rostro con dos dedos, delineando cada centímetro muy lentamente. – Blaine…

- Dime.

- Lo que hicimos…

- Fue más que perfecto. Espero que para ti también lo haya sido… ¿O te arrepientes?

- No, nunca. Siempre es hermoso… aunque no podamos terminar. – Soltó el aire por la nariz de una manera que denotaba cierta frustración. – Quiero agradecerte por detenerte sin hacerme sentir mal cuando no puedo seguir avanzando. Siempre eres tan sutil.

Sé que no debe ser fácil, y sin embargo…

- No tienes nada que agradecerme. Se trata de los dos en todo momento, Kurt. Es un acto íntimo que ambos debemos desear, y como mencioné antes, lo que hacemos es perfecto. Vamos a nuestro propio ritmo y los dos lo disfrutamos. Eso es todo lo que importa.

- No hay nadie como tú en este mundo. – Le rozó los labios con el dedo, produciendo pequeñas corrientes eléctricas que lo hicieron suspirar.

- Soy una persona común, simplemente te amo y quiero hacerte feliz.

- Soy inmensamente feliz a tu lado. – Hubo una pausa de casi un minuto durante el cual no dejó de acariciarle el rostro y contemplar lo plácido y dichoso que lucía.

Estaba junto al hombre que lo amaba incondicionalmente, que lo apoyaba sin necesidad de pedírselo, que se preocupaba por él y su hija, alguien maravilloso que comprendía cada uno de sus temores, aunque no los conociera a ciencia cierta. Una persona que era capaz de ver más allá de sus imperfecciones y sus fantasmas.

Su corazón comenzó a latir con más fuerza, y una gran sonrisa se dibujó en su rostro mientras una lágrima traviesa corría presurosa para terminar sobre la almohada. – Sí quiero.

- ¿Qué cosa, amor?

- Acepto.

- ¿Qué acep…? – Abrió los ojos intempestivamente y los clavó sobre los orbes azules que lo contemplaban. – ¿Es lo que estoy pensando?

- Si lo que estás pensando es en la hermosa propuesta que me hiciste ayer. – Sonrió tímidamente y se acercó a sus labios. – Entonces sí, la respuesta es sí. Me quiero casar contigo.


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* Oficialmente he hecho las actualizaciones más extensas, 43 páginas repartidas en dos capítulos. Espero los hayan disfrutado y me permitan saber qué les parecieron.

* Para quienes están en el grupo Klainer Butt3rfly Fics en facebook, se habrán dado cuenta que el cuarto spoiler que publiqué allí no apareció en ninguno de los dos capítulos.

Ese es un adelanto exclusivo acerca de lo que sucederá próximamente y que está relacionado con el pasado de Blaine.