Disclaimer: en el capítulo anterior se me olvidó poner disclaimer, con lo cual alteré el orden del espacio-tiempo y ahora estamos todos en peligro D:


Los Profesionales estaban de caza. O lo que ellos entendían por cazar, que básicamente consistía en avanzar a pasos exageradamente largos y mirando a todas partes con los ojos bizcos por la concentración. Y en intercalar alguna pose chunga de vez en cuando, que tenían una reputación que mantener. También es verdad que era un avance un poco lento, porque se iban turnando para hacer sus poses y cada dos por tres todo el grupo tenía que esperar a que alguien acabara de ejecutar el 'Sauce Boxeador De Resaca' y otros grandes éxitos similares.

Pero el caso es que, ya que tenían el control de todas las armas de la Arena (aunque esas armas fueran bolsitas de kétchup), habían decidido que sería una gran idea lanzarse a lo que viene siendo el asesinato indiscriminado de otras personas, un pasatiempo muy popular en su distrito los domingos y fiestas de guardar. Que para eso habían venido, leñe. Así que gracias a eso las cámaras estaban obteniendo buenísimos planos de ellos en sus mejores poses de caza, que entusiasmo le ponían un rato, sí. Aunque lo que es encontrar a otros tributos para descuartizar, pues no estaban encontrando muchos que digamos. De hecho, llevaban un buen rato dando vueltas ya, sin cruzarse con nadie. Puede que fuera por mala suerte, porque estuvieran dando vueltas en círculos, o porque al resto de tributos no les resultara muy difícil esquivar a un grupo de idiotas que se para a posar cada tres minutos, nunca se sabe.

El caso es que Eloisa empezaba a aburrirse como una ostra. Ella había venido aquí para conseguir tres cosas muy sencillas. La primera, ser más guay que su hermano pequeño, que tenían ahí una rivalidad familiar muy poco sana desde que Luis Antonio le quitó a Eloisa su primera espada cuando eran bebés (se ve que los padres del distrito 1 les encaminan hacia el homicidio ya desde pequeñitos). La segunda cosa era quedar absolutamente fabulosa ante las cámaras y mostrar todo el estilo que el dinero podía comprar. Y la tercera, no por ello menos importante, era cargarse a mucha gente como le habían enseñado desde jovencita. Y la verdad es que no estaba consiguiendo ninguna de las tres, porque era exactamente igual de pringada que su hermano, exactamente igual de fabulosa que su compañera del distrito 2 (que encima tenía un nombre más lujoso que el suyo, qué desfachatez), y había matado exactamente cero tributos. A estas alturas de los Juegos, pensaba ella como Profesional que era, ya debería haber conseguido algunos de sus objetivos, así que la pobre se sentía comprensiblemente frustrada. Y bastante aburrida también, por qué no decirlo, visto que la situación no tenía pinta de mejorar en el futuro inmediato.

Frustración y aburrimiento resultan ser una mala combinación 11 de cada 10 veces, dicen las estadísticas. Y efectivamente, Eloisa se dejó llevar por tan dañinos sentimientos con nefastos resultados. Podría haber hecho cualquier cosa para entretenerse, como darle una colleja a su hermano o ponerle la zancadilla a su compañera a ver si se rompía los dientes y dejaba de ser tan fabulosa. Que además eso da mucha audiencia. Cualquiera de esas, aunque crueles, habrían sido mejores opciones que lo que acabó sucediendo. Y mucho más sanas para su salud, también. Pero es que Eloisa decidió abrir un sobrecito de kétchup y bebérselo así de golpe y a lo loco. Sin mirar la fecha de caducidad ni nada. Así sin más.

Al principio la cosa fue estupendamente, el kétchup tenía un cierto toque ácido con un regusto de lágrimas de becario que le decía muy bien. Pero luego Eloisa empezó a notar un cierto dolorcillo en la zona abdominal, seguido de unos ruidos muy raros que ningún estómago humano debería ser capaz de producir. Más o menos por entonces se cayó al suelo y empezó a retorcerse de dolor, para consternación de sus compañeros de equipo (no porque vieran a una colega sufrir, sino porque les estaba destrozando su imagen de estoicos Profesionales).

Así fue como un corte de digestión muy chungo por culpa de una bolsita de kétchup caducada mató a una Profesional tan pronto en los Juegos, para deshonor y vergüenza del resto. Entre estertores aún pudo musitar unas conmovedoras palabras con su último aliento: "Al menos todo el mundo me recordará, bwahahahaha, chincha rabiña pringaos". Ante tan emotivo final, su hermano no pudo menos que escupir sobre su cadáver y negar lastimeramente con la cabeza, pues él creía que morir de forma tan cutre era prácticamente una ofensa personal. Hecho esto, retomó su posición en formación entre el resto de los Profesionales que quedaban y todos juntos prosiguieron su lento avance y su postureo, abandonando el cuerpo de su compañera y fingiendo que no había pasado nada, porque no sabían muy bien cómo lidiar con tamaña deshonra. Desde una distancia prudencial, dos personas disfrazadas nada sutilmente de árboles les observaban intentando integrarse con el seto a base de echarse hojas por encima. Eran Tulipán y su nuevo segundo al mando Eufrasio, que no perdían detalle y gracias a su escasa habilidad para el disfraz y a su poca vergüenza, ahora conocían el terrible secreto del kétchup. Lo que hagan con esa información todavía está por ver, se ve que gestar planes malvados lleva tiempo para esas pequeñas y perturbadas mentes. Mientras tanto nosotros debemos aprovechar para aprendernos la siguiente moraleja: niños, mirad siempre la fecha de caducidad del kétchup.

Ajenos a esta importante enseñanza de la vida, dos tributos vagabundeaban por una zona del laberinto un tanto especial. Dos siluetas se recortaban en medio de una misteriosa niebla, una alta y con el pelo negro y largo ondeando al viento de forma épica, y la otra bajita y escuchimizada con uñas dignas de un perezoso. El animal, ojo, no una persona vaga, para los que no estéis despiertos del todo lo digo.

En fin, el caso es que los dos tributos habían acabado yendo juntos no porque se tuvieran un cariño especial ni nada, si no básicamente porque habían emergido en la Arena uno al lado del otro y habían echado a correr como cobardes en la misma dirección. Estos dos tributos eran la pareja del distrito 12, Cassie y Mierdecilla, y actualmente iban deambulando por una zona secreta del laberinto sin percatarse de nada anormal. Es posible que el hecho de que hubieran llegado hasta allí fuera bastante intencional aunque ellos no fueran lo suficientemente observadores como para darse cuenta, sobre todo teniendo en consideración que cada vez que habían intentado por casualidad desviarse del camino un seto había brotado de la tierra y les había cortado el paso. No sin antes ponerles perdidos de tierra, por supuesto. Esto último a Mierdecilla le animó un poco, que él no era nadie sin su capita de mugre por encima.

De una manera u otra, los dos valientes iban por ahí andando alegremente ajenos al peligro que estaban a punto de saborear. Y es que cuando al Presi no le gustaba un tributo, el susodicho ya podía ir haciendo testamento. Y que a Cassie no le gustaran las hamburguesas era un agravio que no podía perdonar, así que había ordenado que le prepararan algo muy especial. Contra el pringado de Mierdecilla no tenía nada de particular, pero se ve que el pobre tributo tenía mala suerte o mal ojo para elegir compañía en la Arena, y a nadie le importaba que fuera un daño colateral.

De pronto, entre la niebla se dejaron oír unos gruñidos aterradores. Espeluznantes. De esos que te hacen preguntarte si te habrás manchado los pantalones. Unas formas gigantescas y amenazadoras empezaron a insinuarse entre la bruma, unos bicharracos tremebundos de cuatro patas y pelaje erizado. Para ser sinceros, no tenían pinta de ser lo que se dice muy amigables. Así que mientras Mierdecilla se escondía detrás de su compañera, empleando la técnica ancestral de usar a los demás como escudo humano, Cassie hizo lo único que podía hacer:

- ¡Hola perrito! ¡Hola perrito bonito! ¿Quién es un perrito bueno, eh, quién? ¡Tú, sí tú! ¡Cuchi cuchi cuchi!

Y se acercó al más grande de los mutos, el que parecía el jefe, diciéndole esas palabras y haciéndole carantoñas, como si hubiera visto un cachorrito adorable en vez de una monstruosidad de 200 kilos. Se ve que en cuestión de animales, el amor de esta chica no conocía fronteras, particularmente las de la cordura.

El muto se quedó mirando a la chica embobado. En su corta y tortuosa vida nadie le había demostrado cariño, simplemente le habían criado con el único objetivo de enseñarle a desgarrar a sus víctimas cuanto más violentamente mejor. En su educación no había habido espacio para el amor, sólo para una frialdad tal que ríete tú de los cubitos de hielo. Esa extraña chica era la primera que le hacía sentir como si valiera para algo más que para comerse a gente, conseguía que se sintiera querido y valorado. Así que el jefe de los mutos le cogió cariño instantáneamente, se puso panza arriba y se dejó hacer cosquillitas dócilmente como si se conocieran de toda la vida. Los demás mutos no entendían muy bien qué mosca le había picado a su líder, pero sí sabían mucho de dos cosas. Una era la jerarquía, si su líder se sometía a esa extraña humana, la chica pasaba a ser su nueva líder. Así de sencillo. La otra era que los habían criado para matar y encima los habían tenido sin probar carne desde hace al menos media hora, que para su estilo de vida capitolino habitual era muchísimo, así que decidieron saciar su hambre en aquél otro extraño humanoide al que nadie parecía estar haciendo mucho caso.

De esta guisa consiguió Cassie librarse de la primera trampa del Presi, sin haberse enterado ella de que era una trampa ni nada, y así fue también como Mierdecilla se encontró que el resto de la jauría se abalanzaba sobre él como si hubieran estado a dieta y sobreviviendo a base de chupar piedras. La fina capa de mugre que le cubría no fue suficiente contra tamaña abundancia de dientes, y así Mierdecilla encontró su fin maldiciendo a sus oponentes (y a Cassie también un poco) mientras su compañera seguía en una nube de felicidad por haber encontrado a su nueva mascota. Las últimas palabras que oyó el chico fueron:

- ¡Te llamaré Toby! ¡Claro que sí, mi perrito bonito!

Y el pobre Mierdecilla no supo nada más. Por otra parte, Cassie acababa de convertirse en la líder de una manada de mutos asesinos, así que al menos alguien salió ganando de esta situación. De hecho, la chica sólo se dio cuenta de que había perdido a alguien cuando sonó el extraño ruido que anunciaba la muerte de un tributo.

Quizá os estéis preguntando que qué tiene de extraño un cañonazo, si al fin y al cabo ése es el sonido estándar con el que se anuncian las muertes en todos los Juegos. Pero es que hay una cosa que no sabéis, y es que con tanto remodelar la Arena en el último minuto para adecuarla al tema de hamburguesería que quería el Presi y tanto dinero malgastado en experimentos de ingeniería genética avanzadísimos para lograr obtener los unicornios con los que soñaba Manolo, al final se habían quedado sin presupuesto. Y nadie había pensado en el tema de los cañonazos, así que al becario mal pagado de turno le tocó improvisar como buenamente pudo. De esta guisa, y haciendo gala de la creatividad y los recursos que posee todo becario para la improvisación a la hora de cubrir los desastres de sus jefes, el heroico becario acercó su móvil a un micrófono y, a falta de otra cosa, por los altavoces en toda la Arena se pudo oír:

Aserejé, ja deje tejebe tude jebere sebiunouba majabi an de bugui an de buididipí…

No somos quién para juzgarle si el becario tenía el Aserejé como tono de móvil, el pobre hizo lo que pudo en un momento de necesidad. Y lo dejó sonando un buen rato, como para compensar, porque ya habían muerto tres tributos y hasta entonces ninguno de los tres había tenido ningún ruidito que señalara su paso a mejor vida. Lo cual era una auténtica vergüenza que había que solucionar lo antes posible, en opinión capitolina.

Y así Cassie por fin reparó en que tenía un compañero humano de menos. En honor a la verdad hay que decir que no le importó en exceso, porque ahora tenía toda una manada de compañeros animales adorables (según ella) que podían ayudarla a superar la poca pena que sentía. Además, nunca había dejado de guardarle un poquito de rencor a Mierdecilla por insultar a las mariposas cuando se conocieron, así que superar la dramática pérdida de su compañero de distrito no le fue muy difícil. A lomos de su fiel y gigantesco Toby, puso rumbo al horizonte dispuesta a enfrentarse a cualquier cosa que sobreviniera.

Sin embargo, al resto de gente le sorprendió bastante más oír el Aserejé a toda pastilla por los altavoces así salido de la nada. Los que no habían presenciado el brutal asesinato de ningún compañero no entendieron muy bien a qué venía, como en el caso de la valiente y luchadora alianza fofisana. Los tres héroes de la grasa habían seguido deambulando por la Arena y acababan de entrar en el laberinto en busca de alguien de quien vengarse por jugar con sus ilusiones al poner una hamburguesa gigante delante de sus narices, y encima hacer que ésta fuera de plástico. Lo más normal es que hubieran querido vengarse del Presi, o de los Organizadores de los Juegos, pero los pobres en cuestión de comida se dejaban llevar por una furia irracional que no entendía de culpables, y cualquiera que tuviera la mala suerte de cruzarse con ellos les valía. Así las cosas, hasta el momento no habían tenido mucho éxito, y las cámaras llevaban ya un buen rato observando sus idas y venidas y cómo de vez en cuando agitaban el puño amenazadoramente en todas direcciones, sin que pasara nada de interés. Así que ahí estaban, buscando algún pobre pringado aleatorio con quien pagar sus frustraciones, cuando de pronto al líder fofisano le empezó a brillar la nariz cual faro en la más oscura noche. Como todo el mundo sabía desde las entrevistas, eso sólo podía significar que había enemigos cerca. Así que los tres defensores de la gordura se pusieron en posición de ataque, preparados para enfrentarse al enemigo donde quiera que éste apareciera. Y quién dice posición de ataque, dice que se hicieron una bola y se dispusieron a echarse a rodar y embestir al enemigo, pues habían comprobado ya sobradas veces a lo largo de sus vidas que ésa era la técnica más efectiva en su haber.

Puede que el destino llamara a estos dos grupos a enfrentarse. También puede ser que fueran los únicos que estaban cerca entre sí, porque todos los demás tributos habían sido capaces de internarse en el laberinto a una velocidad normal gracias a que no tenían que pararse ni a hacer poses amenazadoras, ni a agitar el puño, ni a buscar rivales. El caso es que, tras mucho esfuerzo invertido al avanzar haciendo posturitas que consumen mucho tiempo y energía, los Profesionales se las habían apañado para alcanzar por fin el laberinto en la misma zona en la que les esperaba una emboscada fofisana. Sin embargo, sus muchos años de entrenamiento jamás habrían podido prepararles para lo que vieron nada más adentrarse en él. Y es que tres bolas enormes de grasa se dirigían hacia ellos a gran velocidad, presagiándoles la muerte si llegaban a impactar. Afortunadamente, todas las horas de entrenamiento les habían servido para algo más que para aprender a ejecutar a la perfección la pose de 'Ornitorrinco Ninja Hiperactivo', y haciendo gala de sus rápidos reflejos desenfundaron sus bolsitas de kétchup, las abrieron a la velocidad del rayo, y esparcieron el contenido por el suelo como si no hubiera un mañana. La rodante alianza fofisana vio sus planes de aplastamiento frustrados cuando el kétchup les hizo resbalar y desviarse de su trayectoria, con tan mala suerte de que acabaron estrellándose contra el seto sin poder cobrarse ninguna víctima mortal (a excepción de la autoestima del jardinero de la Arena, que al ver que las creaciones que había podado con tanto esmero quedaban destrozadas en milésimas de segundo tuvo que ir a hablar muy seriamente con un psiquiatra).

Viendo que la ventaja que les daba su ataque más potente se había perdido, la alianza fofisana reevaluó sus opciones. Más o menos en este momento se percataron de un par de cosillas que no les habían importado mucho hasta el momento. La primera de ellas es que habían decidido atacar a la gente supuestamente más peligrosa de la Arena, los cuales además les superaban en número. En teoría su justa furia no entendía de culpables, sí, pero a la hora de la verdad estaban empezando a comprender que por lo que fuera no les apetecía mucho morir a manos de los tributos más sanguinarios de la Arena. El segundo detallito que recordaron fue que entre sus filas había un traidor a la causa. Y es que Polen Dorado había negado estar relacionado con la revuelta fofisana en las entrevistas, delante de todo el mundo, el muy sinvergüenza. En circunstancias normales esto no les habría importado demasiado, pero en su situación actual les pareció un motivo inmejorable para purgar sus filas de elementos sediciosos en ese mismo momento. O al menos eso querían creer ellos, los escépticos dirán más bien que aprovechando la confusión Salchichonio y Tributo Niño se levantaron rápidamente, cogieron a Polen Dorado cada uno de un brazo, y se lo lanzaron a los Profesionales para cubrir su huida mientras ellos escapaban de allí como cobardes, al grito de "¡La pitanza antes que la alianza, pringao!".

El pobre Polen se encontró de repente y sin saber muy bien cómo rodeado por una masa de Profesionales bastante cabreados, mientras sus compañeros de alianza se perdían en el siguiente recodo del laberinto a una velocidad inusitada para tanta carne. Sabía reconocer el precio de la traición cuando lo veía. El traicionador había sido traicionado. Su destino se cernía sobre él en forma de tres energúmenos (y un Dash de fondo, que intentaba muy sabiamente mantenerse al margen de todo lo que hacían sus compañeros). Sin embargo, no estaba dispuesto a rendirse sin luchar. Recordó los buenos viejos tiempos en su distrito, cuando atracaba las despensas de sus vecinos armado únicamente con su grasa y sus dientes. Tan agradables recuerdos le dieron fuerzas para liarse a dentelladas contra todo aquél que osó acercarse a él. Fue una cruenta batalla en la que se lanzaron mordiscos y bolsitas de kétchup a diestro y siniestro. Ambos bandos lo dieron todo, pero finalmente Polen se vio superado por los Profesionales y fue golpeado sin piedad con bolsitas de kétchup hasta la muerte. Fue una muerte larga y lenta, y bastante ridícula, para qué nos vamos a engañar.

Desde sus casas, capitolinos y gente de los distritos por igual pudieron ver cómo las cámaras se alejaban de la escena dramáticamente mientras sonaban los estremecedores versos del Aserejé . El primer día de los Juegos se había cobrado ya cuatro vidas, con lo cual los capitolinos se daban por satisfechos. La gente de los distritos no tanto, pero es que por cualquier cosita se quejan, oiga.


Nota de la autora: ¡eeeeeyyy, hola de nuevo a todos! Os dejo un nuevo capítulo recién salido del horno con la esperanza de que os guste tanto como un brownie recién hecho. En él hay acción, hay traición, y hay mucho kétchup, ¿qué más se puede pedir? Y por si fuera poco muere hasta el apuntador, he aquí la sección en honor a los caídos:

(*Música solemne*) Tributos que se han unido a Willy en el descanso eterno (*Música solemne*)

Eloisa Antonietta del Prado Florido (puesto 23): seguramente la primera Profesional en morir tan pronto en los Juegos, la recordaremos con cariño por traer tanto deshonor a su distrito y a su hermano. Que Willy la acoja bajo sus hojas y le hidrate el alma.

Mierdecilla (puesto 22): la mugre no fue suficiente para él, pero al menos su sacrificio ha posibilitado que una loca amante de los animales se haga con un ejército de perros dopados, que eso siempre está bien. Que Willy le acoja sobre sus hojas y le hidrate el alma.

Polen Dorado (puesto 21): al menos sus vecinos respiran más tranquilos al saber que sus despensas nunca jamás podrán ser profanadas. Recordemos con afecto al primer mártir, y al primer traidor también, de la revuelta fofisana. Que Willy le acoja sobre sus hojas y le hidrate las lorzas.

Y con esto os dejo, espero que os haya gustado el último capítulo de las desventuras de vuestros tributos. Si ha sido así, si queréis saber de qué marca era el mortal kétchup para haceros con unas cuantas bolsitas, y si a vosotros también os dejaría el cuerpo revuelto morir escuchando el Aserejé, decidme todo esto y mucho más en sendos reviews.

¡Hasta el próximo capítulo! ;D