Al gorrioncillo.
Gundam Wing
Atrapados
Capítulo XX. Entre las secuelas.
El buen Peygan despidió a los paramédicos, a los que entretuvo durante una hora y media con galletas, café y ensaladas, convenciéndolos de que no había sucedido "nada" en el lugar, que los pacientes habían tenido un "curioso accidente", y los cuerpos flotantes eran completamente desconocidos para ellos, que habían aparecido sin más al finalizar aquella pacífica fiesta. Sin embargo estaba seguro que volverían, por lo que preparó una jugosa "mordida" de dinero para calmarlos.
-Tuve un sueño tan raro. –Musitó Sam, morena como un trozo de carbón cubierto de miel. –Soñé que todos éramos unos invertidos.
Se encontraban todos sentados en la mesa redonda del comedor, un poquito ajustados, disfrutando de una fresa ensalada con pechuga de pollo, arrasadora contra la cruda moral y la sobredosis de narcóticos. Dorothy se había ido en la ambulancia, a petición (súplica) del mayordomo, por una curiosa hemorragia estomacal, y en su lugar estaba Hilde, con una sonrisa despreocupada de "aquí no ha pasado nada grave, pero Wufei besa muy bien", entre Relena y Duo.
-Bueno, eso fue porque… ¡Hm! –Hilde fue inmediatamente callada por Duo y Relena, al poner las manos en su boca.
-Hay cosas que deben quedarse como están, recuerda. –Susurró el 02 a su oído, visiblemente adolorido.
Trowa miraba el techo blanco, en una especie de éxtasis casi religioso, puesto que, a pesar de no recordar lo que había pasado la noche anterior, había amanecido con el cuerpo de Duo desnudo a su lado siendo más que obvio que había pasado la noche con él… ignorando escalofriantemente el hecho de que Quatre también había amanecido en la cama, y el hecho de que pudo estar con él en vez del 02. Meh, lo dejaremos con su fantasía.
Quatre desayunaba soñadoramente, recordando parcialmente el encuentro con Duo, tan placentero y mágico que debió ser (no lo recordaba del todo), enfocando ahora en él su obsesión amorosa al mirarlo como un idiota, dejando que su antiguo amor intenso y profundo por Trowa en el cubo de basura llamado "ya no me importa"… el idiota era él, que no recordaba a Trowa tras el 02, solo la cara de extremo placer que ponía Duo en cada movimiento… iluso.
Duo, el más sensato de los dos, estaba realmente dolido por lo de la noche anterior. Fácilmente asumió lo que había pasado, y pensaba que la próxima vez que intentara hacer algo como eso lo haría con más calma para evitar el achaque que sentía en ese momento, y, sobre todo, que era mejor que sus dos amigos no se percataran de ese incidente, ya que podía tener repercusiones graves.
Heero y Relena eran un contraste; la chica irradiaba felicidad y dulzura a varios metros a la distancia, comiendo con lentitud su ensalada y mirando con amor y afecto a su novio, recordando cada detalle de lo que había ocurrido la dolorosa pero hermosísima noche anterior, considerando aquella noche de profundo amor como un hermoso regalo de cumpleaños por parte de su novio. Heero, por otro lado, permanecía sombrío, frustrado por no recordar lo que pudo ser la noche más importante de su adolescente vida, lo que aminoró el agrado que debió darle el comer el delicioso platillo frente a él.
-Duo, parece que te apedrearon. –Murmuró Wufei, tan relajado como Hilde, mirándolo con un dejo de travesura.
-Ya, así déjalo. –Duo se llevó un bocado a la boca, pensando en tomar una pastillita de Dorothy.
-0-0-0-0-0-
Decidieron que lo más prudente (debido a los cuerpos flotantes) era regresar a la casa de Relena y dar por terminado el viaje a la playa, borrando toda evidencia de que ellos fueron los que estuvieron allí. Inmediatamente todos comenzaron hacer sus maletas con la mayor tranquilidad del mundo… bueno, solamente Duo hacía tranquilamente sus deberes, los demás eran abordados de una extraña incertidumbre por la precipitada y misteriosa forma de partida, ya que no estaban muy al tanto acerca de los dichosos cuerpos flotantes (asumían que era un nombre código utilizado por Peygan para alguna otra situación). Finalmente todos estaban en la sala con sus maletas, esperando solamente el disparo de salida.
-Bueno, supongo que yo aquí me despido. –Hilde sonrió, con su pequeño maletín en las manos, ya de pie en la puerta.
-Pero Hilde. –La muy feliz Relena le miró con un destello en los ojos. -¿Cómo que te vas? Aun no hemos podido conversar.
-Bueno, es que aun tengo muchos pendientes en la…
-¡Tonterías! –Duo se adelantó y la atrapó entre sus brazos de forma efusiva, cosa que puso muy nerviosa a la chica. –Nadie va a morir si no vas a trabajar unos días… además, según recuerdo, aun te debe días el pelmazo ese que tienes como jefe.
-P-pero Duo…
-Apoyo la moción. –Dijo Wufei, revisando su maleta tranquilamente.
-¿Ves? Hasta Wufei quiere que te quedes. –Súbitamente el 02 cayó en cuenta y miró al 05, perspicaz. –Oye tú… ¿qué tramas?
-Nada. ¿Por qué habría de tramar algo?
-No te metas con Hilde, ella no es…
-Ya cállense. –Exclamó Heero, visiblemente más recuperado del fiasco de la noche anterior. -¿Qué más da? Simplemente ni ustedes o la autora de este fanfic va a permitir que ella se vaya.
-¡Yay! –Exclamaron Duo y Relena al mismo tiempo.
Hilde suspiró, comprendiendo inmediatamente que acababan de "atraparla" en esa locura, y que le esperaban cosas muy malas. Oh, sí.
-Señorita Relena. –Llamó muy quedo el buen Peygan, apareciendo un poco tras ella. –Al ir a la azotea de la casa me he topado con algo…
-¿Qué es lo que…? ¡IGH!
Al lado de Peygan estaba una estatua de arcilla negra, con un vestido blanco todo mugriento y algo roto, con largo cabello castaño con un esponjoso freeze que olía a quemado; todos dieron un paso en reversa a excepción de Heero, que salió corriendo escopetado como el alma que lleva el diablo en dirección al patio, buscando algún escondite seguro.
-¿S-Silvia? –Cuestionó Relena, dudosa. -¿Qué fue lo que te pasó?
-¿Saben? La puerta que está en la azotea no abre por afuera. –Dijo aquello que tenía la voz de Silvia.
-Oh, qué mal. –Se acongojó Quatre falsamente, el que la había mandado allí en primer lugar.
-Tiene catorce llamadas de su casa, señorita Noventa. –Dijo Peygan, sin mirar a la carbonizada chica.
-¡¿Catorce?! –Se miró algo alarmada. –Es mejor que me marche… me despiden a Heero y Relena por mí. –Corrió hacia la puerta con toda la elegancia (y el dolor) le permitían, olvidando que la segunda se encontraba presente. –Un placer verlos.
La carbonizada chica salió sin decir más, dejando la puerta de madera abierta, mirándose que se sube a una limosina (la que tenía estacionada afuera desde hacía más de 14 horas), que arranca inmediatamente por la calle como si fuese un concurso de carreras. Todo el lugar se quedó en un profundo silencio unos minutos.
-¿Quién era ella? –Sam rompió el silencio finalmente.
-Una rara. –Contestó el asqueado Quatre.
-¿Hay catorce llamadas de los Noventa? –Cuestionó Relena, mirando a su mayordomo sin ojos.
-No. –Contestó Peygan, y se alejó hacia la cocina.
Relena se miró sumamente confusa con aquello. El resto no estaba tan ajeno.
-Oigan, ¿en qué nos vamos a ir? –Trowa aun seguía con la vista en la puerta, algo ido, alejándose sutilmente de Sam y acercándose a Duo.
-Pues, podemos estrenar el helicóptero, ¿no? –Wufei exclamó, tomando su maleta.
Todos asintieron recordando el incidente del malecón, a excepción de la inocente Hilde claro está, a la cual no le parecía extraño un helicóptero siendo que estaba en casa de Relena, o eso asumía. Todos los muchachos tomaron sus pesadas maletas (las cuales no sabían exactamente por qué eran pesadas, pero decidieron no indagar en ello) y caminaron tranquilamente hacia el patio, puesto que el helicóptero ya se encontraba en la orilla de la playa en un sitio específico para helicópteros desde el momento que Peygan lo trajo.
-¿Qué caraj…? –Murmuró el 05.
Justo a la orilla de la playa se encontraba el mentado helicóptero que debía de transportarlos a la casa de Relena… era un enorme apache rescatado de la guerra, pintado de color rosa chillón y dorado, con un enorme moño rojo pintado a los costados, que contrastaba con el azul del mar y las nubes negras del fondo, cargadas de electricidad, viento y agua. Las aspas habían comenzado a girar, puesto que Peygan ya se encontraba en el lugar del piloto, provocando que el estruendoso sonido ensordeciera a algunos, y el vendaval lanzara a varios metros a los curiosos turistas que se habían acercado a mirar el aparato tan… payanesco (1).
-¡¿Por qué es de ese color?! –Gritó Trowa por el sonido del motor, sujetando su maleta con fuerza para que no se fuera volando.
-¡Fue un regalo de Dorothy! –Contestó Relena, con el cabello revoloteándole por todos lados. -¡A todo esto…! ¡¿Dónde está Dorothy?!
Los pilotos, alarmados, comenzaron a subir a las chicas, Relena por delante antes que se le ocurriera regresar a buscar a su amiga… seguida de Samantha, que prácticamente la subieron a fuerzas.
-¡No! ¡Dorothy! –Gemía la rubia, causando desagrado a Hilde, que iba sentada a su lado, mientras era brutalmente atada por Trowa. -¡No podemos irnos sin ella! ¡Au! ¡Me ajusta demasiado!
Peygan, con su vista de súper mayordomo notó las patrullas que venían entrando al pueblo por la famosa curva; sabiendo que no tenían mucho tiempo, comenzó a subir el helicóptero antes de que todos estuvieran arriba… haciendo saltar como unos héroes de acción malpagados a Heero y Wufei dentro del monstruoso aparato, sin tiempo de echar las maletas. Antes de poder decir algo, los locales ya estaban asaltando las maletas, cosa que quedó frustrada debido a la ola que generó el viento de las aspas del aparato, sepultando a locales y maletas con la pesada agua.
-¡No! ¡Mi ID de preventivo! –Gritó Duo al ver las maletas flotar en el agua junto con las pertenencias.
El 01 y el 05 tomaron asiento dificultosamente en los lugares disponibles dentro del aparato, remembrando viejos tiempos, atándose el cinturón con firmeza. Quedaron de esta manera: de espaldas al piloto, Relena, Heero, Wufei y Quatre; en la parte de atrás estaban Sam, Hilde, Duo y Trowa. Tenían un escándalo a gritos por lo de las maletas y por el hecho de que ambas puertas corredizas estaban abiertas y veían todo moverse realmente mal, pero era imposible escucharse por el sonido del motor del aparato.
-¡No me tomé mis pastillas! –Gritó Relena, aferrada a sus múltiples cinturones.
El helicóptero volaba trabajosamente por encima del mar, volteando algunas de las pequeñas embarcaciones que se encontraban flotando tranquilamente debido al potente aire que despedían las aspas. Extrañamente el aparato volaba en zigzag, y cuando miraban el horizonte vieron densas nubes negras acercarse peligrosamente a la orilla con su carga de viento y agua.
-¡¿Por qué solo veo mar?! –Gritó Sam, pálida.
-¡Me siento muy mareado! –Gritó Quatre.
-¡Hay demasiado viento! –Duo miraba a los lados, mientras su brazo era estrujado por la asustada Hilde. -¡Si no salimos caeremos al agua!
-¡Peygan! –Gritó Heero hacia la parte de la cabina. -¡¿Qué está pasando?!
El buen Peygan levantó un pequeño cartel donde se leía, con letra de molde: Comenzó a hacer mucho viento, y es difícil pilotear con este clima, usted disculpe.
-¡¿Cómo hiciste para escribir mientras piloteas…?!
El helicóptero dio, sorpresivamente, dos vueltas de 180° hacia la derecha, otras seis hacia la izquierda, todo bajo un incesante bamboleo; llegó un momento en que a su lado derecho pudieron ver el agitado mar azul y el agua de lluvia caer sobre el mar… hasta que Relena vomitó todo el almuerzo a sus compañeros del frente.
-¡No! ¡Agh! –Murmuró Sam en el momento que le venía encima el vómito, sintiéndolo entrar por su boca y nariz.
Quatre, sumamente asqueado por lo que acababa de ver (y por el ángulo del helicóptero rosado), vomitó a sus compañeros del frente casi por completo. En ese momento hubo un fortísimo golpe que los dejó inconscientes y sumidos en un silencio profundo.
-0-0-0-0-0-
Hacia un hermoso día después de la terrible tormenta anterior, la cual había llegado tan misteriosamente como se fue, casi sospechosamente. Dorothy bajó de su taxi justo frente a la casa de la playa, con una bolsa blanca llena de medicamentos bajo el brazo, y vistiendo un azulado conjunto de falda y blusa de botones.
-Bueno, espero que ya no me vuelva a dar otro ataque de esos. –Dijo, con voz gangosa, aun con las cintitas pegadas en su nariz.
Caminó por el empedrado camino, sonriendo como una loca, y abrió la puerta de la entrada de una fortísima patada.
-¡Chicos! Ya estoy de…
Sin embargo se vio apuntada por un montón de cañones, a manos de múltiples preventivos, policías locales y soldados de la esfera terrestre; pegó un grito aterrado por el susto, y luego se compuso, mirándolos con esa rara autoridad que a veces tenía, como si no hubiese pasado nada raro.
-¿Qué es lo que pasa, caballeros? –Cuestionó, con una sonrisa poderosa, pero con las piernas temblándole de nerviosismo.
-¿Es usted Dorotea Mariana Catalonia de los Romefeller Cruz Valorum, alias Dorothy Catalonia (2)? –Cuestionó uno de los preventivos que le apuntaba.
-S-soy Dorothy Catalonia. –Dijo, aterrada de que dijera ese nombre tan espantoso.
Tras ella, sin que se diera cuenta, un musculoso sujeto vestido de policía la arrojó al suelo de un fuerte empujón en la espalda, volviéndole a lastimar la nariz, y la esposó con toda la rudeza del mundo, hasta poniéndole un pie en su espalda, sacándole el aire con la pesadísima bota.
-¡Au! –Gimió bajo el pie.
-Dorothy Catalonia, queda usted bajo arresto bajo los cargos de desorden público, estafa, venta ilegal de narcóticos, uso ilegal de narcóticos, homicidio premeditado y exhibicionismo. Tiene derecho a guardar silencio, todo lo que…
-¿Q-qué? ¿Qué no sabe quién soy yo? ¡Au! –Volvió a gemir, escuchando algunas costillas crujirle.
-¿Esta casa no es suya? –Cuestionó otro preventivo, autoritario.
-¡N-no! Es de una amiga…
-¡¿Es esta su firma?! –Gritó el mismo, colocándole en frente una hoja.
Era el título de propiedad, donde estaba plasmada su firma en un garabato con tinta azul bastante fresca, arriba del nombre aberrante. Era una falsificación perfecta.
-¡PEYGAN! –Gritó como loca, mientras un trueno resonaba a lo lejos.
-0-0-0-0-0-
Eli Yuy.
(1) Payanesco: de payaso… si, es una palabra que invente, demándenme si quieren.
(2) Ese nombre es totalmente inventado.
