Si…SI, lo se. Me tardé meses –creo- para actualizar esta historia, hehe, pero tengo dos motivos. 1.- Se me había ido la inspiración y 2.- Me había quedado sin internet. Si bien en este capítulo no avanzará mucho la cosa, me gustó como quedó. Las primeras reacciones a los dos maestros de Salem :D sin mencionar que empezarán los problemas.
Se recomienda que aquellos que sufran problemas del corazón… tomen un medicamento preventivo ¿O no? YA, lo dejo leyendo. Pero antes, hagan el favor de seguir la rutina. Para aquellos que no la conocen, deben dejar todas sus armas, varitas y objetos punzo-cortantes en los estantes de su derecha. Su artillería se les devolverá cuando dejen review al final :D
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-El profesor de Quiditch, Ray Johnson- se escucharon los susurros animados de todos con la mención del quiditch –La profesora de Historia de la Magia, Juiliette Haston. El profesor de transfiguración, Charles Stepking…-
Y los nombres siguieron avanzando, y los profesores subían en orden conforme a los nombraban.
-Por último pero no menos importantes, mis profesores de Defensa Contra las Artes Oscuras y Cuidado de Criaturas Mágicas…Quirinus Quirrel y Gilderoy Lockhart-
…Pasado muy presente …
El silencio que se hizo entre los alumnos fue tan instantáneo que las sonrisas de los dos últimos hombres que subieron al estrado se borraron, mirándose nerviosos frente al alumnado de Hogwarts. Minutos después, los susurros comenzaron a esparcirse como una plaga entre ellos, caras preocupadas y algo de temor. Miradas curiosas hacia los dos maestros y otras entre ellos mismos.
Dumbledore también había dejado de sonreír y veía a los dos hombres con una cara indescriptible, lleno de preguntas. También creció la incomodidad dentro de él en cuanto había escuchado esos nombres, por un momento creyó que había escuchado mal, pero la imagen que tenía en frente decía más que mil palabras y todos los alumnos de tercer año hacia arriba, sabían de ellos, los conocían.
Las reacciones del trío de Gryffindor no fueron las mejores, la cara de Ron se arrugó con miedo y se mordió el labio inferior cuando Quirrrel y Lockhart habían subido al estrado y estaban a la vista de todos, como la última vez que los habían visto. Hermione había olvidado todo a su alrededor y abrió los ojos de manera considerable, después tomó instintivamente la mano de Ron.
Harry había quedado tan blanco como un fantasma. Dejó de escuchar todo a su alrededor cuando vio a aquellos dos hombres que de una u otra manera habían…amenazado su vida o la de sus amigos. No pudo evitar llevarse una mano al bolsillo donde tenía la varita, pero la mano rápida de uno de los gemelos lo detuvo y el otro le puso una mano en la espalda como temiendo que de un momento a otro cediera.
El director de Salem se miró algo confundido por la reacción de sus invitados, no sabía que hacer. Decidió cortar ahí esa bienvenida.
-Bueno, espero que pasen una linda tarde. Las clases se podrán comenzar mañana, sus nuevos horarios serán entregados aquí- iba a terminar ahí cuando se acordó de algo importante –Por cierto, para llegar a sus dormitorios pueden pedir indicaciones de los fantasmas, las pinturas o alguno de sus compañeros de Salem-
Nadie esperó más, los alumnos salieron del comedor como si fueran perseguidos por alguien y en cuestión de segundos todo estaba vacío. Dumbledore vio la reacción de sus alumnos, por lo menos de aquellos más grandes, los de reciente ingreso no sabrían mucho, pero de alguna manera también estaban enterados de eso. Se plantó frente al director de Salem y miró a los dos hombres que hacía pocos años que no veía.
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-¿Harry?... Harry, respira. No nos queremos quedar sin buscador- habló George zarandeando un poco al ojiverde. Desde que habían salido de aquel lugar parecía ni haber parpadeado. Ambos gemelos tomaban un brazo de él y lo arrastraban hacia donde fueran. Ginny hacía lo mismo con Ron y Hermione.
-¿Qui…Qui…Quirrel, Lock…Lockhart?- tartamudeó Ron con miedo, luego sacudió la cabeza para alejar esa idea porque creía que estaba soñando -¿Ustedes también escucharon y vieron lo que yo?- le preguntó a sus dos amigos, Hermione parecía estarlo pensando seriamente también.
Ninguno dijo nada más, solo caminaban lo que creían convenientemente más alejado de aquel lugar, sin fijarse exactamente si llegaban a un lugar. Pero hacía un frío infernal que los hizo pensar si era mejor buscar los dormitorios, aunque la idea de preguntarle a alguno de los fantasmas que los veían de manera extraña no les llamaba la atención. Los miraban como escaneándolos y después de momento hacían distintas muecas. Algunos de desagrado, otros de curiosidad.
-Solo son fantasmas- pensó Hermione tratando de convencerse ¿O no?
Harry había logrado regresar al mundo de los vivos y había peleado con los gemelos para que lo soltaran, pero ellos se negaron rotundamente.
-Si te soltamos, eres muy capaz…- comenzó Fred
-… de tirarte desde el lugar más alto de este castillo- completó George.
El Potter no les prestó mucha atención a sus comentarios, volvió a su mutismo y a la cantidad de no muy gratos recuerdos que le pasaban por la mente como si estuviera viviendo todo de nuevo.
-Veo que ya les dieron la bienvenida- la voz recién llegada captó la atención de los 6 Gryffindors. El primo lejano de Harry había aparecido con sus dos amigas y grandes sonrisas. Pero las caras de los tres cambiaron a una de incomodidad por la seriedad de los otros -¿Pasa algo?-
-Parece que vieron un muerto- aportó Nayra con simpleza, no se dio cuenta de lo verdaderas que eran sus palabras.
-En realidad, dos- musitó Ron
-¿Qué?-
-Nada- se apresuró el pelirrojo. Hermione talló sus manos en sus brazos para calentarse un poco.
-Los podemos llevar a sus habitaciones- propuso Edward
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Había pasado la tarde como si nada donde el trío no quiso salir a conocer el castillo, no estaban de humor. Todavía rondaba en su cabeza la idea de quienes ahora enseñaban en Salem, no les había caído para nada bien esa información.
Salem no parecía muy distinto a Hogwarts, a excepción de que hacía mucho más frío ahí y siempre todo estaba lleno de neblina. Los dormitorios eran un poco más espaciosos ya que esa escuela no acostumbraba a recibir tantos alumnos, pero sí se dividían para hombres y mujeres. Lo malo de todo eso –según Ron- era que ahí no había distinción por casas. En la misma parte donde él y Harry habían quedado, también se habían topado con Draco, quien ya alardeaba de ser un Malfoy por todo el castillo.
Las cosas eran diferentes, con pequeños detalles que los de Hogwarts acostumbraban, pero quizás podían pasarla bien. No es que fueran a quedarse ahí el resto del año… ¿O si? Rogaban que no.
Los que pudieron dormir descansaron de tan largo viaje, despertando frescos la mañana siguiente. Aquellos que por el contrario no pudieron siquiera cerrar los ojos, al encontrarse en un lugar extraño que les traía ciertos recuerdos, eran zombis vivientes en la mañana.
-Harry, ¿En serio no dormiste nada?- preguntó Ron poniéndose la túnica del colegio y cuidando que su tono fuera lo más bajo posible. No solo había Gryffindors en ese lugar. El ojiverde negó levemente mientras buscaba su mochila, como si no prestara importancia a ese hecho.
-¿Qué clase crees que tengamos primero?- se aventuró a preguntar Harry una vez que tuvo todo listo, el dormitorio se quedaba vacío.
-Se supone que nos dirán en el comedor ¿No? Espero que nos den DCAO o Transfiguraciones, así podremos partirle la cara a los Slytherin. La profesora McGonagall no estará contenta con ellos- rió malévolamente con solo hacerse una imagen.
-¿Qué te hicieron ya?- preguntó curioso su amigo, el pelirrojo lanzó una mirada indignada.
-¿Sabes lo que es dormir a menos de dos metros de Crab? Hace más ruido al dormir que un dragón con asma- se quejó buscando sus zapatos dentro del baúl. No quería dejar nada a la mano de las serpientes.
Harry giró un poco su rostro para que su amigo no lo viera reírse, "Hasta que te dan una cucharada de tu propio chocolate, Ron" pensó apenas conteniendo su risa. Ron se enderezó y él trató de quitar su expresión burlona del rostro.
Minutos después –junto con una docena de quejas de Ron- bajaron a la gran sala común donde todos los dormitorios de esa parte chocaban. Había demasiada gente.
-¡Por la barba de Merlín, esto es un desastre!- le dijo el pelirrojo a Harry mientras trataban de cruzar a la salida. Recibieron varios empujones pues todos querían ir en todas direcciones y había roces de casa -¿Lograremos salir vivos de aquí?-
-Mañana te levantarás mas temprano- le avisó Harry –No quiero hacer esto todas las mañanas-
Cuando lograron salir de ese gran nudo de personas, los dos sintieron que respiraban con normalidad de nuevo. Ron se arregló la túnica y Harry acomodó su mochila.
-¿Dónde crees que esté Hermione?- el Weasley la buscaba entre todos los trataban de salir de la gigantesca masa de túnicas de las cuatro casas y unas tantas de Salem.
-Con suerte… viva, esperándonos en el salón principal- contestó Harry.
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Harry había predicho muy bien.
-¡¿Dónde estaban?- les regañó la castaña en cuanto los divisó entrando por las grandes puertas del lugar. Ambos Gryffindor se encogieron al saber que habían sido atrapados.
-Tratando de atravesar la sala común con toda la ropa puesta, muchas gracias- reclamó Ron ofendiéndose por el regaño.
-¡No hubieran tenido tantos problemas si se hubieran levantado temprano!- volvió al ataque Hermione con una mirada asesina para el pelirrojo. Harry por su parte prefería desviar la mirada y no participar en esa pelea. Era muy temprano y tenía otras cosas de qué preocuparse.
Ron sentía las miradas de varios Salem sobre él y Hermione. Después de todo, el tono de voz que ella estaba usando era para que la escucharan hasta el pueblo que estaba al pie de la montaña. Sabía que no podría callarla simplemente disculpándose o con excusas, solo la haría enojar más. Debía distraerla.
-Harry pudo haberme despertado pero no lo hizo- añadió por lo bajo –Está despierto desde ayer- terminó inocentemente. El ojiverde lo escuchó y no deseó nada que no fuera hacer sufrir a su mejor amigo, pero el repentino mal contenido grito de Hermione lo hizo brincar un poco.
-¡¿Qué?- el Potter sintió una mano sobre su mejilla que lo hizo mirar de frente a Hermione. El enojo en ella bajó considerablemente al verlo a los ojos -¿Por qué no dormiste?- preguntó concernida y seria. Ron se vio entretenido.
-Por temor a que lo maten, ¿Quizás?- preguntó con una sonrisa que se le borró de inmediato cuando Harry se giró a él.
-Entonces tú no vas a poder dormir esta noche- sentenció oscuramente y el pelirrojo pensó que eso sería peor que escuchar a Crab roncar.
-Harry, ¿Seguro que está todo bien? Ayer no quisiste hablar y…-
-Y hoy tampoco Hermione, te aseguro que todo está bien- cortó de inmediato, no obstante ella no perdió el interés en la plática.
-Es algo natural que te traigan algunos recuerdos, Harry. Pero debes confiar que ésta vez, estamos más protegidos, además sabemos que el profesor Dumbledore no les quitará el ojo de encima y primero estarán muertos antes de que intenten hacerle daño a alguien- le dio un apretón confortante en la mano y él le sonrió.
Sin embargo cualquier plática fue interrumpida cuando el profesor Dumbledore entró, todos sus alumnos lo esperaban ansiosamente así que callaron en el instante. La mirada del hombre era algo contrariada y el trío no pudo evitar sospechar que algo no iba del todo bien. Esperaron mejor a que se los explicaran.
-Buenos días, muchachos. Espero que hayan pasado una buena noche- saludó, no obteniendo respuesta más que la ansiosa mirada de todos –Sé que esperan sus horarios, pero me temo informarles que el resto del profesorado de Hogwarts se vio imposibilitado para llegar hoy por una fuerte tormenta de nieve- los murmullos comenzaron a esparcirse en la sala rápidamente –Así que no podrán asistir a clases como se tenía planeado…- se escucharon algunos suspiros desanimados y en las caras de muchos se vio la frustración, en algunos otros la alegría –Sin embargo, el director de Salem, el Sr. Byte, me dijo que podrían acoplarse a las clases de sus alumnos. Los salones son grandes y espaciosos para todos-
Con un movimiento de mano, en las manos de cada uno de los presentes aparecieron sus respectivos pergaminos con el horario de clases de ese día. Una gran ola de murmullos se extendió a medida que leían el papel. El director centró su atención en los Gryffindor de cuarto año.
-¡¿Dos horas, de defensa, con Quirrel?- exclamó Ron para el pequeño grupo que se había reunido de leones -¡Y con los Slytherin!-
Nadie aportó nada más. Hermione levantó su vista de su pergamino y miró de reojo a Harry. Su amigo estaba tan blanco como una hoja pero luchó por mantener su rostro inexpresivo y que no traicionara lo que pensaba.
-Vaya- susurró el ojiverde para sorpresa de sus compañeros de curso y casa.
-¿Vaya?- reclamó Ron -¿Es todo lo que piensas decir después de que estaremos por dos largas horas a merced de un maniático que…-
-Ron…- trató Hermione poniendo una mano en el hombro del pelirrojo, pero no logró nada.
La voz de Dumbledore se escuchó a lo lejos:
-Pueden retirarse- solo algunos comenzaron a hacerlo lentamente.
-¡Después de todo lo que pasamos por ese trastornado mago poseído por Voldemort! Y solo…-
-¡Ron!- interfirió Hermione -¡Basta! ¡Ya es algo difícil como para que te pongas de esa forma!-
-¡¿Y qué quieres que haga, Hermione, celebrar? ¡Casi nos matamos al ir a buscar lo que quería robar y…!-
-La idea de buscar, la piedra, fue mía- interrumpió seriamente Harry antes de que los dos se despedazaran –Si quieres culpar a alguien de que pudiste haber muerto a los 11 años, cúlpame a mi-
El lugar se estaba quedando vacío y Harry quería empezar lo más rápido que podía con esas dos horas como para acabarlas. Sabía que no sería fácil el volver a ver a Quirrel, después de todo, cuando lo había visto el día anterior, se pasó la noche recordando una y otra vez lo que había pasado y no pudo evitar recordar el rostro de Voldemort oculto bajo el turbante del hombre, además de la propuesta que le había hecho.
Se retiró, diciendo lo que tenía que decir sin agregar más. Neville lo acompañó rápidamente, como temiendo que Hermione y Ron se le fueran encima a él.
-¿To…todo bien, Harry?- preguntó el Longbottom todavía mirando sobre su hombro mientras dejaban atrás a los otros dos.
-Excelente, Neville- luego volvió a ver el pergamino del horario, deseó tirarse por alguna ventana –Genial, después nos toca Lockhart- añadió con falsa alegría.
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El salón se llenó poco a poco de Gryffindors, Slytherin y alumnos del mismo curso de Salem. Los leones entraron precavidamente y en silencio, evitando ver a la cara al hombre que se encontraba sentado tras el escritorio del profesor, luego procuraban sentarse lo más atrás posible. Las serpientes no le prestaban mucha atención a eso, sabían que sería algo entretenido todo lo que pasara en esa clase, ellos también conocían esa historia. Los de Salem solo atinaron a ver divertidos cómo los alumnos de Hogwarts entraban haciendo distintas muecas por la presencia de Quirrel, no lo entendían.
-Buenos días- saludó el hombre poniéndose de pié y mirando a todos los jóvenes presentes con una sonrisa. El mismo pensamiento de "ya no tartamudea tanto" pasó por la mente de algunos –No creo que haya necesidad de presentaciones, todos ya me conocen- añadió amablemente. Los de Salem se preguntaban por qué, Quirrel se vio en la necesidad de aclarar eso –Ya fui profesor de Defensa en Hogwarts, me recordarán en su primer año-
-Claramente- pensó Ron
-Bueno, como quiero que esta clase sea más relajada y dinámica, deberán sentarse con compañeros de distinta escuela- ordenó el hombre y en el momento todos comenzaron a moverse para cambiar de lugares.
Hermione se quedó donde mismo, ella estaba con una de las amigas de Edward. Ron en cambio tuvo que dejar a Dean para sentarse con Nayra, era la única que conocía. Harry también se alejó de Neville para sentarse con su primo, sintiéndose incómodo porque estaba muy adelante.
-Harry, ¿Te pasa algo?- preguntó Edward cuando lo vio llegar, un poco pálido y nervioso.
-No, nada- contestó rápidamente el Gryffindor, dejando con una duda al Salem.
Quirrel, satisfecho por el intercambio, continuó:
-Perfecto, practicaremos el hechizo de escudo. ¿Alguien puede decirme cuál es?-
El salón estaba en completo silencio, esperó que por lo menos dos de sus alumnas levantaran la mano pero una de ellas lo estaba pensando y la otra parecía evitar siquiera ser vista.
-¿Señorita Granger?- intentó. Todos los Gryffindor de inmediato voltearon a su compañera que parecía estar maldiciendo por lo bajo antes de contestar.
-Protego- contestó con simpleza sin mirar al frente.
-Bien dicho- le dio la razón el profesor. –Ahora, pasaremos esta hora viendo sus cualidades y defectos, la manera de invocarlo, y en la siguiente hora pasaremos a la práctica-
Para cualquiera hubiera sido una gran alegría practicar hechizos de defensa como se debía, pero bajo esas circunstancias no ameritaba una sonrisa. La hora de lo teórico pasó de manera lenta y cruel para algunos, pues se encogían a cada poco por la voz del hombre que les decía cómo hacer las cosas y todo lo demás. Trataban de verse entretenidos en otra cosa pero les era imposible lograrlo ya que sus compañeros de lugar no eran de la misma escuela y no podrían platicar sobre ese tema.
La ya no tartamuda voz de Quirrel los sacó a todos de sus cavilaciones.
-Es hora de empezar a practicar, si me hacen el favor de levantarse de sus asientos- todo el mundo siguió la orden de inmediato, con un ondeo de varita, las sillas desaparecieron de inmediato dejando un enorme espacio para la práctica. Harry no pudo evitar alterarse un poco cuando vio a Quirrel ondear la varita. Le estaba costando toda su entereza el estar ahí, confiando en que ese no era el hombre que lo había querido asesinar en primer año y que ahora era un maestro de defensa confiable. Edward lo notó.
-Harry, desde ayer estás un poco extraño, en serio ¿Te pasa algo?-
-No te puedo contar ahora- susurró el ojiverde desviando el tema y volviendo su atención a la clase.
Todos comenzaron a practicar sus escudos con el compañero con el que habían estado sentados. Primero trataban de formarlos y cuando creían que eran lo suficientemente fuertes, el otro le lanzaba un hechizo para ver si resistía. Algunos cayeron por los hechizos pero volvían a levantarse rápidamente.
-Convicción, concentración… fuerza- les aconsejaba Quirrel caminando entre las parejas. –Concéntrese Sr. Weasley- dijo cuando estaba tras la espalda de Ron quien se distrajo ante su voz y el escudo desapareció justo cuando Nayra mandaba un hechizo. El resultado fue un pelirrojo caído. –Concentración- volvió a repetir el maestro tratando de darle una mano a Ron.
-Yo puedo solo- argumentó el Weasley levantándose de un brinco y volviendo a lo que hacía.
Así continuó la mayoría, los escudos apenas detenían los hechizos pues era un tema nuevo.
-¿Listo Harry?- preguntó Edward
-Listo-
-¡Expelliarmus!- gritó el Salem apuntando a su primo quien de inmediato convocó el escudo y pareció detener de maravilla el hechizo. –Genial, es mi turno-
Ahora Edward se concentró en lo que tenía que hacer, esperando a que Harry atacara.
-¡Expelliarmus!- el escudo detuvo el hechizo también.
-Muy bien- felicitó Quirrel a espaldas del Gryffindor quien contuvo la respiración y apretó su mano a la varita. Eso no lo pasó por alto el Salem. –Ustedes dos son de los pocos que han logrado casi dominarlo, hasta ahora- el profesor se movió para quedar frente a los dos –Debe ser algún talento de la sangre Potter-
-Un Malfoy puede hacerlo mucho mejor- interrumpió Draco, llegando acompañado de otro joven rubio que Harry pudo identificar como otro de la familia. Recordaba que Edward se lo había dicho poco antes de empezar la primera prueba.
-¿Es un reto?- preguntó su primo
-Aceptamos- completó Harry, Quirrel pareció pensarlo.
-Solo quiero hechizos de desarme- les recordó el maestro antes de alejarse para continuar trabajando con las demás parejas. No vio las sonrisas de los dos Malfoy.
Harry caminó a un lado de Edward.
-Esto no me gusta- le susurró
-A mi tampoco, algo deben traer entre manos- contestó el Salem
-Basta de charlas- volvió a hablar Draco
-Quieren perder rápido- sonrió Edward al posesionarse frente al Slytherin y Harry hacía lo mismo con el otro. Sin previo aviso comenzaron a lanzar hechizos los unos a los otros y convocaban tan rápido como podían los escudos. Ambos Potter presentían que los otros dos ya conocían ese hechizo desde hace tiempo.
-¿Miedo?- preguntó el Malfoy que combatía contra Harry, pero antes de que el ojiverde contestara, su primo se le adelantó.
-Nunca, Rolan- Edward sabía que Rolan no toleraba ser interrumpido, él sí se la daba de alguien superior a cualquiera, por eso lo había hecho. No podía tomar venganza mientras estaban practicando, no si quería ser suspendido por atacar a uno de sus compañeros.
El Malfoy volvió sus ojos al duelo con Harry, haciendo que los hechizos cada vez fueran más rápido intentando desarmar a su oponente primero. Luego le pediría a su primo Draco que cambiaran de lugar. Pero el famoso niño-que-vivió que ahora andaba en boca de todo Salem, tampoco se dejaba vencer. Si había algo que un Malfoy no toleraba era que las personas los sobrepasaran y todos decían que Harry Potter era mejor mago que él.
-5 minutos, muchachos- llamó Quirrel alto para que todos cesaran sus prácticas. Los dos Potter y los Malfoy se detuvieron y bajaron sus varitas lentamente.
Edward le sonrió a su primo por el excelente trabajo que estaban haciendo contra aquellos dos, luego se giró para hablar con un compañero de Salem que tenía cerca. Harry por su parte solo se pasó ambas manos por la cara, estaba cansado y no había dormido, además de que la clase seguía haciendo que se tensara cada pocos segundos y eso no estaba bien.
Tenía que distraerse un poco así que volteó un poco a su espalda, observando sin mucho interés un gran ventanal que estaba a sus espaldas. Cubierto con varias varas de hierro por fuera, formando un vitral en forma de "S" en el centro, seguramente por el nombre de la escuela. Vio detenidamente el salón y había otras 5 ventas así del mismo lado que él estaba, que permitían que la poca luz del sol que se filtraba entra la densa niebla iluminara el salón. En su opinión, no eran apropiadas para un salón donde se podrían romper fácilmente. Rápidamente volvió a perder el interés.
Escuchó susurros, no se giró para ser completamente predecible y dijeran que había escuchado pero estaba seguro de que eran los Malfoy, eran quienes estaban más cerca. De reojo vio como los dos intercambiaban miradas, Draco asintió con una sonrisa. Eso no le estaba gustando, menos cuando vio que el rubio de Slytherin levantó la varita en dirección a su primo, sin que nadie se diera cuenta. No escuchó las palabras que dijo, pero sí vio como la punta de la varita se encendía. Todo a su alrededor comenzó a pasar en cámara lenta. No dejaría a Draco hacer algo así, por lo tanto, el primer hechizo que se le vino a la mente era el que habían estado practicando.
-¡Protego!- gritó Harry. Cualquier hechizo que había lanzado Draco se había estampado con su escudo y había frustrado los planes de los dos. Pero una segunda voz se unió en el mismo instante que había lanzado el escudo.
-¡Expelliarmus!- el primo de Draco tampoco se quedaría atrás, no midió las consecuencias de lo que estaba haciendo hasta que lo vio con sus propios ojos.
Harry estaba tan concentrado en detener el hechizo de Draco que no notó al enfurecido Rolan que de inmediato levantó su varita contra él, menos que lanzaba su propio hechizo. Solo lo alcanzó a escuchar y luego sintió que era empujado por su poder hasta que su espalda chocó dolorosamente contra la ventana –que en su opinión, ahora menos que nunca debía estar ahí- y después pudo escuchar el crujido del vidrio y como se hacía pedazos.
Cayó al suelo y de inmediato se cubrió el rostro con ambos brazos, escuchando el tintineo de las partes del vidrio que caían al piso. Soltó su varita, se quedó inmóvil ahí, ese definitivamente no era su día. O no había sido su semana.
A lo lejos distinguió su nombre siendo coreado por todos sus compañeros, en especial Ron y Hermione, Edward se les había unido también. Pero su primo al parecer no se conformó con eso porque luego lo escuchó gritar dos hechizos más. En su cabeza se alcanzó a formar la imagen de Draco y Rolan aterrizando varios metros allá. Por el ruido que eso causó, también se habían estrellado con algo, una armadura. Todo el colegio estaba lleno de esas cosas.
Los vidrios crujieron bajo los pies de quien se acercó, Harry relajó sus brazos y los bajó poco a poco para ver a su primo ahí. Los demás parecían haber sido detenidos por algo.
-Harry, ¿Estás bien?- preguntó rápidamente muy preocupado. El ojiverde pensó que esa pregunta ya se la habían hecho tantas veces que debía ser un record. Asintió con la cabeza, haciendo que varios pedazos de cristal resbalaran de su ropa, más aún cuando quiso sentarse, pero no duró mucho así cuando se quejó audiblemente por una corriente eléctrica que sintió correr por columna. -¡Harry!- Edward lo obligó a volver lentamente abajo
-Ya, ya- reprimió el dramatismo del Salem y luego agregó en un susurro: –No me ha matado la maldición asesina, no creo que lo logre un simple hechizo como ese- pero su primo no parecía escucharlo, su rostro tenía una mirada asesina y fiera contra los dos Malfoy que se estaban levantando a varios metros de ahí.
Quirrel salió de entre sus alumnos con una mirada seria, observando rápidamente lo que había pasado. Se acercó primero a Harry.
-Vamos Sr. Potter, déjeme ayudarlo- y alargó sus brazos para ayudar al ojiverde a ponerse de pie y seguro llevarlo a la enfermería pero ni siquiera pudo tocarlo cuando el muchacho luchó por alejarse con un rápido movimiento, causando que su espalda de nuevo doliera.
-¡No!- sentenció Harry firmemente con gran dolor en su voz cuando Quirrel hizo otro intento de acercarse a él. Podía resistir el verlo, pero que siquiera osara a poner un dedo sobre él era algo que no podía ser. No cuando estuvo a punto de asfixiarlo en su primer año, no cuando quiso asesinarlo. Además no tenía su varita, se le había resbalado de las manos y le hacía sentirse más indefenso.
-¡Harry, trata de calmarte!- intentó Edward al no entender lo que pasaba -¡Solo quédate quieto!-
El profesor de DCAO no intentó acercarse más al ver lo que eso estaba provocando. Pero algo tenía que intentar.
-Potter, por lo menos deja que haga un hechizo para que no…-
-Ni siquiera lo intente- esa voz no había sido la de Harry. Quirrel se giró para ver a Hermione y a Ron con sus varitas en alto contra él. Sí que las cosas se estaban complicando.
Todos se miraban entre sí, en especial los de Salem que no entendían nada de lo que estaba pasando. La tensión se sentía en el aire y nadie se atrevió a hacer ningún movimiento.
-¿Qué está pasando aquí?- una voz gélida sin sentimientos cruzó el salón de clases como un rayo y los estudiantes de Hogwarts vieron esa llegaba con alegría, por lo menos y únicamente en esa situación.
Severus Snape conectó miradas con Quirrel por un momento y llevó de inmediato su mano a su túnica por la varita.
-Yo trabajo aquí, Severus- se defendió el hombre antes de que lo atacaran.
Eso no detuvo al maestro de pociones que poco a poco se adentró en el salón, pensando que a eso se refería la nota de Dumbledore que pedía con urgencia que llegara a Salem. ¿Quirrel seguía vivo? Paso de lado a Draco quien se encontraba algo desarreglado y despeinado. Seguro había habido problemas. Al final de todo no le extrañó encontrar envuelto en eso al hijo de Lily.
-Siempre en todo ¿No es así Potter?- habló un poco más calmado mientras se acercaba, no pasó por alto las varitas en alto de Hermione y Ron que le apuntaban a Quirrel –Bajen eso- les ordenó y luego se hincó a un lado de Edward. -¿Qué hiciste esta vez?- le preguntó a su alumno en especial.
-Evitar una estupidez de Malfoy…- hizo una pausa cuando Snape movió su brazo y sintió un tirón en su espalda que lo hizo reprimir un grito de dolor -… Señor- agregó a lo último. La mirada oscura del maestro de pociones voló hasta el rubio, fulminándolo solo con eso, indicando que lo hablarían después.
-Pero si yo no hice nad…-
-¡Silencio! Sr. Malfoy, el director estará complacido de escucharlo después- sentenció indicando que esa era su última palabra. Se giró a los Gryffindor –Granger, vaya a buscar a la Sra. Pomfrey. El resto de los profesores ya está aquí-
Hermione asintió y salió de inmediato. Las sonrisas de los demás no se hicieron esperar por esa buena noticia, nunca creyeron decir que extrañaban a sus profesores.
-Weasley, busque a la profesora McGonagall- el pelirrojo tardó unos segundos en reaccionar pero finalmente se fue. Snape volvió a mirar al antiguo profesor de DCAO de Hogwarts, todavía desconfiando de la veracidad de lo que decía –Quirrel, confío en que seas lo suficientemente competente para traer a los directores-
El aludido le lanzó una mirada de escepticismo a su viejo colega antes de retirarse. Haciendo que el hombre levantara una ceja confundido. Ese año había sido uno de los peores y apenas iban a la mitad.
Los murmullos comenzaron a llenar la sala conforme los segundos, incomodando a Snape que los calló a todos con rapidez. Nadie podía irse hasta atestiguar sobre lo que había pasado, no podían valerse de solo las versiones de leones o serpientes, éstas siempre contrariaban. El profesor mantenía una mano sobre el hombro de su alumno más odiado, sin mirarlo podía sentirlo estremecerse y hasta su rápida respiración, pero de un momento a otro parecía haberse calmado.
-¿Harry?- escuchó al joven que tenía a un lado llamarlo, de inmediato se giró.
-Potter- lo sacudió un poco, solo para notar que estaba inconciente. En eso llegó la profesora McGonagall que de inmediato se acercó su colega y se llevó ambas manos a la boca.
-¡Potter, por Merlín! ¿Ahora que pasó?- preguntó la jefa de la casa de los Leones, primero viendo a Snape y luego a sus alumnos quienes rápidamente apuntaron hacia la derecha –Sr. Malfoy- exclamó indignada, no tuvo tiempo de completar su regaño cuando Poppy apareció junto con Dumbledore y el director de Salem.
Atrás de todos ellos, Quirrel, quien se quedó en el marco de la puerta.
-¿Qué voy a hacer con él, petrificarlo?- llegó murmurando la enfermera mientras apartaba a sus dos colegas y al Salem con suma rapidez y comenzaba su trabajo. Albus fue el único que se atrevió a acercarse.
-¿Qué pasa Poppy?- preguntó seriamente.
-Un feo golpe en la espalda, Albus. Por la ventana hecha pedazos que estoy viendo, ahí se hizo eso- apuntó apenas por encima de sus cabezas –Además de…- la enfermera se detuvo unos momentos observando detenidamente a su paciente.
-¿Poppy?-
-Cuando vea a Black lo voy a estrangular sin necesidad de mi varita- comentó molesta a la enfermera –Le dije, se lo advertí muy seriamente "Sirius, Harry es muy engañoso cuando de su salud se trata" pero no me hizo caso, tenía que ser tan cabeza hueca como siempre. Esperaba un poco más de seriedad en este tipo de asuntos- refunfuñó.
Hermione quien estaba cerca para escuchar se acercó cautelosamente.
-Señora Pomfrey, yo estuve con Harry y Sirius estos días y le puedo asegurar que Sirius nunca dejó a Harry siquiera salir de la cama- la enfermera de inmediato la miró –Lo juro- volvió a su paciente. –Por otro lado…-
-¿Señorita Granger?- le incitó Dumbledore curioso
-Desde que llegamos ayer por la tarde, Harry ha estado muy raro. Ron dijo que no durmió anoche- tenía rostro culpable de alguien que delataba los secretos de su amigo, pero en este caso no se podía dar el lujo de quedarse callada.
Ahora la mirada de reprimenda de parte de la enfermera fue para Dumbledore.
-Albus, esto es una muy mala idea. Más vale que Hogwarts esté en buen estado para que los alumnos regresen, si acaso es posible, antes de Navidad, o matarás a este muchacho con todo lo que pasa- eso era casi una orden, luego añadió por lo bajo -¿Quirrel y Lockhart? Creo que sabes la cantidad de cosas que se me vienen a la mente con esos dos nombres, sin mencionar las que Harry debe estar pensando para tenerlo tan tenso y nervioso. Cabe agregar que en ambas ocasiones, Potter estuvo a mi cuidado por varios días. Esto no es nada saludable-
-Estoy de acuerdo contigo, Poppy- trató de calmarla el viejo mago –Me encargaré de que todo se lleve a cabo lo más rápido posible ¿Algo más que necesites?- sonrió Dumbledore
La enfermera en un principio se lo tomó como un chiste, pero la serenidad en la cara del director la hizo pensar.
-Si pudieras llamar a Black, sería una buena idea-
-Me temo que eso no es posible- comentó el mago algo contrariado –Sirius volvió al ministerio como auror desde ayer, seguro ahora lo están probando-
-¿Y Lupin?- intentó ella
-Hoy es Luna llena- contestó simplemente, la enfermera suspiró derrotada –Aunque Molly y Arthur estarían encantados de venir- sugirió con una sonrisa, la Sra. Pomfrey asintió.
-Está bien, yo me encargo de Potter y tú de lo demás-
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¿Ya se acabó el capi? Que tristeza, jajaja, significa que debo escribir… Una última cosa:
"Su armamento será devuelto una vez que me encuentre a considerables tres universos de distancia" :D
