"Bla bla bla"- pensamientos
-Bla bla bla – diálogos.
-Bla Bla Bla- sueños.
/ - cambió de escena.
(Bla bla bla) – notas de la autora
Me Enamoré…de un Asesino
Capítulo 19
Mi vida se había convertido en un total infierno, ya habían pasado dos semanas y tal y como ella dijo, poco a poco estaba consumiéndome, las noches eran un tormento, los días una interminable tortura, cada noche me acosaban terribles pesadillas las cuales me hacían despertar bañada en sudor y gritando, papá acudía a mi habitación para ver que me ocurría y yo sólo podía contestar "Fue un mal sueño", mi mente se inundaba con terribles escenarios cada vez que cerraba los ojos, por un momento podía estar en un bosque, corriendo y siendo perseguida por algún demonio, en otro podía estar viviendo normalmente pero después sólo había muerte a mi alrededor, durante el día era aún peor, no importaba cómo, cuándo, dónde o con quién estuviera, Akira siempre estaba ahí, en cada esquina, en cada rincón, acechándome, sonriéndome, repitiendo esa estúpida frase que me tenía harta, "Sonríe, siempre sonríe, la vida es mejor con una sonrisa", y no sólo ella, día a día iban apareciendo extrañas sombras, acompañándola, como si fueran sus sirvientes o algo parecido, susurrándome cosas, cosas que jamás habría llegado a pensar.
Todo en mi cabeza comenzaba a oscurecerse, no me había dado cuenta de que mi vida se había convertido en una lucha de supervivencia, y en tan solo dos semanas, cuando todo parecía estar bien, cuando todo marchaba a la perfección, llegó ella a arruinarlo todo, en la escuela no podía actuar normalmente, de momentos ya no podía notar lo que era real y lo que no, parecía estar atrapada dentro de una especie de juego en el que todo parecía normal y de un instante a otro lo que me rodeaba cambiaba de manera radical, el temor me llenaba a cada segundo, minuto, hora, y eventualmente mi cordura comenzaba a fragmentarse, esa delgada línea que me separaba de la locura se hacía más pequeña conforme el tiempo pasaba, dejé de dormir sólo para no tener que vivir esas horribles pesadillas que parecían durar una eternidad, ya ni siquiera el maquillaje podía cubrir mis ojeras, Janet y Mike comenzaron a preocuparse por mí, en clase llegué a quedarme dormida unas cuantas veces pero cuando lo hacía las pesadillas que me invadían se volvían tan reales que despertaba en cuestión de segundos gritando aterrorizada, llegué a estar en la enfermería algunas veces e inclusive tuvieron que mandarme a casa para descansar un poco, y aunque lo intentaba, todo siempre resultaba peor.
Aún con todo eso todavía me quedaba mucha fuerza para seguir, el intentar o mejor dicho "fingir" que podía seguir con mi vida lo demostraba.
-Chris- escuché la voz de mi padre decir mi nombre.
-¿Sí?- contesté con voz apagada, más apagada que de costumbre.
Su rostro mostraba una gran preocupación al mirarme, ¿Y quién no lo haría?, mi aspecto no era el mejor de todos, grandes ojeras, el cabello desaliñado, era como si un dementor hubiera llegado y me hubiera chupado el alma, y no era como si yo siempre hubiera sido la persona más alegre de la historia, pero al mirarme en el espejo hasta yo misma podía ver que la vida me había sido extraída por completo.
-¿Estás segura de que no necesitas ir con un médico?- su voz tono de voz demostraba su preocupación.
¿Médicos?, eso era lo menos que necesitaba ahora, de hecho, era la peor solución, ir con un médico y contarle lo que me pasaba sólo me llevaría a un solo lugar, y era el hospital psiquiátrico de la ciudad, pero, ¿No era eso lo que estaba pasándome?, ¿Estaba volviéndome loca de verdad?
-Estaré bien, sólo necesito descansar un poco más.
-Esta es la tercera vez en esta semana que el director llama informándome que te han regresado a casa, estoy preocupado, no sé que te sucede, has dejado de comer, cada noche despiertas gritando y yo no sé que hacer, ¡Dime que hacer!
Sentía mi corazón partirse en pedazos, lo que menos quería era preocuparlo, y eso era lo que estaba haciendo, bajé la mirada, concentrándome en mis manos aferrando las sábanas que me cubrían las piernas, así es, me encontraba en mi habitación porque me desmayé en medio del pasillo.
-Lo siento.
Soltó un largo y cansado suspiro, un largo silencio nos invadió a ambos, el sonido de nuestras respiraciones era lo único que podía escucharse, mi mente se inundaba con todos esos acontecimientos, ¿Cómo es que pudo acabar tan fácilmente?, "Ah, sí, es cierto, es culpa de ella". Repentinamente algo hizo click dentro de mi cabeza, era como si todo fuera un reloj y de repente los engranajes comenzaran a trabajar perfectamente, sus palabras de aquel día en esa mansión me llegaron a la mente, "Luego ellos, tuvieron que arruinarlo todo…" "No lo aceptaban, no querían que fuéramos amigas, ellos me querían lejos de ti, especialmente ella, esa mujer, ella era la principal…"
-Papá, necesito preguntarte algo- dije.
-¿Qué cosa?
-Bueno, es algo raro, algo muy…muy raro, es sobre mí, cuando era pequeña…yo…todos los niños en algún momento tienen un amigo…imaginario…¿Acaso yo…tenía uno?
Al ver sus ojos pude notar lo desconcertado que se encontraba por aquellas palabras.
-¿Por qué quieres saber eso?
-No sé, me vino a la mente de repente.
Otro largo silencio se produjo entre ambos, podía sentir su mirada recorrerme por completo, como si tratara de examinarme o algo por el estilo, suspiró y miró hacia la ventana.
-Supongo que no tendría caso ocultártelo, aunque juré que jamás volvería a hablar de eso- la sorpresa llegó a mi tras oír esas palabras, puse toda mi atención sobre lo que diría después, concentrándome en cada sílaba para no perderme nada –Desde que eras pequeña, tu madre y yo notábamos algo extraño, siempre supimos que eras diferente, no te interesaban las muñecas como a las demás niñas y tampoco te gustaba la idea de ser una princesa de cuentos de hadas, te aislabas mucho de los demás niños, aunque creo que alguna vez sí llegaste a hacer unos cuentos amigos, pero había algo en ti, comenzaste a hablar sola, a reír sola, para nosotros era normal el creer que tenías un amigo imaginario, todos los niños lo hacen en algún momento, pero contigo…contigo era diferente- hizo una pausa, como si con cada palabra viajara a ese momento en el pasado –Recuerdo que siempre hablabas de ella, al parecer la llamabas Akira, en realidad lo ignoraba, no me parecía malo que tuvieras una amiga imaginaria, tarde que temprano lo olvidarías, pero no sólo era ella, a menudo mencionabas otras cosas, como sombras que te perseguían, cuerpos que trepaban en las paredes, tu comportamiento cambiaba de vez en cuanto, a veces sonreías mucho y otras veces estabas muy enfadada, la situación nos preocupaba demasiado, sobretodo a tu madre, pero lo que nos parecía más extraño era que a veces no parecías ser tu.
-¿A qué te refieres con eso?- pregunté frunciendo el seño levemente.
-Era como si fueras una persona completamente distinta, una vez, te llevamos con una psicóloga, para ver que te pasaba, pero tú…sólo te sentaste, la observaste detenidamente y no dijiste nada, no importaba que fuera lo que ella te preguntara, era como si no la escucharás, tal vez no querías escucharla, pero en fin, después de el "accidente" con tu madre jamás escuché que volvieras a mencionar algo sobre todo lo que veías, por lo cual decidí pensar que sólo eran juegos de niños- me miró a los ojos con más preocupación de la que ya tenía en su mirada -¿Por qué me preguntas esto?, ¿Has vuelto a ver algo similar?, Chris, ¿Has vuelto a ver todas esas cosas?
Le sostuve la mirada, tratando de pensar en que decir, él ya tenía demasiadas preocupaciones por el momento como para que yo fuera a decirle que estaba empezando a ver "cosas", sonreí, usando la mejor y más amplia sonrisa falsa que tenía.
-No te preocupes, estoy bien.
-De acuerdo- no parecía muy convencido, pero aún así creo que pude hacer que me creyera –Trata de dormir un poco, si te sientes mal o necesitas compañía puedes llamar a este número- me entregó una hoja de papel con unos cuantos números escritos –Sé que tal vez pueda alegrarte el día.
Se levantó de la cama, ya que se encontraba sentado a mi lado, me dio un beso de despedida en la frente y se marchó con un "Te quiero". Miré el trozo de papel, observando el número, me parecía algo extraño que me hubiera dejado un número sin el nombre de la persona al que pertenecía, decidí no darle importancia y me concentré en lo que realmente me importaba, me levanté de la cama rápidamente, caminando hacia el escritorio y sentándome frente a la computadora me dediqué a empezar mi pequeña investigación, abrí rápidamente el buscador y escribí "Amigo imaginario" leyendo cuidadosamente cada palabra, al parecer no había nada que pareciera preocupante de tener un amigo imaginario, decía que incluso podían acompañar a la persona hasta el inicio de la adolescencia y en algunos casos en la adultez, pero estaba segura de que ni Akira ni las demás cosas que veía fueran "amigos imaginarios", lo único alarmante sobre el tema era cuando la persona dejaba de querer relacionarse con lo demás o su comportamiento se volvía agresivo y violento debido al amigo imaginario; "…Tu comportamiento cambiaba de vez en cuanto, a veces sonreías mucho y otras veces estabas muy enfadada…a veces no parecías ser tu", las palabras de papá me llegaron de nuevo a la mente, decidí ampliar mi búsqueda, regresé al buscador y escribí "Alucinación" leyendo de nuevo cada palabra me encontré con una que me llamó la atención "Esquizofrenia".
"Es un diagnóstico psiquiátrico en personas con un grupo de trastornos mentales crónicos graves, caracterizados por alteraciones en la percepción o la expresión de la realidad."
Leí cada subtema sobre la enfermedad, saltando de página en página leyendo síntomas, artículos, diferentes tipos de enfermedades mentales relacionadas y hasta un documental sobre una pequeña niña que al parecer era el ÚNICO caso de esquizofrenia infantil, leía y releía cada síntoma: Alucinaciones, ideas delirantes, trastornos del pensamiento, etc., cerré la computadora de golpe, recargándome en el respaldo de la silla, me froté las sienes frustrada y apreté los ojos, "No puedo estar enferma, no puedo estar convirtiéndome en esto…"
-No estás enferma Chris- me giré para ver que Akira estaba detrás de mí, sonriendo como siempre, su voz con ese tono melódico tan molesto.
Podía ver como a mi alrededor comenzaban a manifestarse figuras sin una forma clara y definida, eran como dibujos que alguien había intentado hacer y al final decidió borrarlos para que quedaran como simples machones y garabatos.
-¿Qué haces aquí?, vete, ya déjame en paz, ¿Te das cuenta de lo que estás haciéndome?
-Yo no te estoy haciendo nada, ¿No lo ves?, todo sería más simple si aceptarás lo que soy, lo que tu y yo somos.
Me levanté y la encaré, con el seño fruncido, apretaba los dientes y los puños hasta el punto en que las uñas se me clavaban en las palmas de las manos y mis nudillos se ponían blancos. Fui al baño y me mire al espejo, podía ver claramente mi reflejo en el amplio espejo, mi piel pálida, mucho más pálida de lo normal, mis ojos color avellana con unas pronunciadas ojeras, mi cabello negro hecho un magnífico desastre, cada parte de mí, Akira estaba detrás de mí sonriente.
-¿Qué tanto te miras?- preguntó arqueando una ceja y sonriendo de medio lado.
Abrí la llave y mojé mi cara, tomé una toalla y me sequé el rostro, al mirarme al espejo de nuevo mi reflejo había cambiado, ya no era yo, era ella, ella y sus ojos rojos llenos de locura, ella y su sonrisa tan enfermizamente burlona, ella y su risa que no podía sacarme de la cabeza.
-No puedes escapar de mí Chris, por mucho que lo intentes, yo no me voy a ir- sonrió tan ampliamente que sentí ganas de vomitar.
-Eso ya lo veremos- dije entrecerrando los ojos.
/
Miraba la hora en la pantalla de mi IPod insistentemente, lo guardé en uno de los bolsillos de mi sudadera pero ni un minuto pasó cuando volví a revisar la hora, "Mierda, ¿Cuánto tiempo más falta?", el timbre sonó y me hizo levantar la vista, inmediatamente todos los estudiantes comenzaron a salir apresuradamente de la escuela, busqué entre la oleada de alumnos que bajaban las escaleras tratando de encontrar a mi amiga pelirroja y a su rubio novio.
-¡Chris!- gritó Janet al verme.
Corrió hacia mi junto con Mike y me estrechó en un fuerte y cálido abrazo.
-¡Chris!, no sabes lo mucho que me preocupaste, ¿Estás bien?, ¿Te sientes bien?, ¿Has estado comiendo adecuadamente?- me tomó del rostro y comenzó a revisarme al estilo que lo hace una madre cuando su hijo se siente mal.
-Estoy bien, tranquila- tomé sus manos y las quité de mi rostro, dedicándole una leve sonrisa.
-Pues tus ojeras no parecen decir lo mismo, caray mujer, ¡Sólo mira esos ojos!, te ves tan…- lo fulminé con la mirada, su expresión de diversión cambió por una de horror, mis ojos parecían decirle "Atrévete a terminar esa frase y lo lamentarás –Tan…tan…tan hermosa como Katy Perry.
-¿Katy Perry?, ¿En serio?, tienes que estar bromeando- arqueé una ceja y crucé los brazos.
-¡BUENO NO SE ME OCURRIÓ NADA MEJOR PERDÓNAME!- exclamó con una voz exageradamente fuerte.
-Pero, ¿Qué estás haciendo aquí?, ¿No deberías estar en tu casa descansando?- preguntó Janet.
-Bah, no tenía ningún deseo de quedarme en cama para "descansar", necesitaba aire fresco y además no quería quedarme encerrada en casa sin nada que hacer, por lo que decidí que deberíamos ir a algún lado- sonreí ampliamente.
-Está sonriendo, y lo que es peor, está sonriendo ampliamente, algo no me huele bien- le susurró Mike a Janet, tan fuerte como para que yo pudiera oírlo.
-Que gracioso, como sea, sólo vámonos- tomé a Janet de la muñeca y empezamos a caminar juntas.
-¿Y a dónde vamos?- preguntó el rubio.
-¿Vamos?, pues nosotras a un lugar al que los hombres no van, así que piérdete- contesté.
-¿Qué?, momento, momento, esperate un momentito, ¿Cómo que un lugar al que los hombres no van?
-Ya escuchaste.
-Ah no, eso sí que no, yo iré con ustedes- finalizó parándose enfrente de ambas bloqueándonos el paso, se giró y comenzó a caminar enfurruñado.
-Bueno, si quieres pasar toda la tarde viendo como compramos lencería en Victoria's Secret y cargando nuestras bolsas de compras no hay problema por mí.
Detuvo su andar y se volteó para vernos, su cara estaba tan roja como una manzana.
-Jejeje…sí bueno creo que yo iré al arcade que está cerca de aquí, nos vemos mañana cariño, que se diviertan- habló tan rápido que por poco no pude entender lo que dijo y se marchó tan rápido que ni tiempo tuvimos de decirle adiós.
-Entonces ¿A dónde vamos en realidad?- preguntó Janet.
-No creíste en serio que estaba bromeando con lo de la lencería ¿verdad?
-¿No lo estabas?
-Eres todavía muy inocente ratoncito, muy inocente.
/
Habíamos pasado cerca de tres horas entrando y mirando ropa, todas que definitivamente no eran para nada mi estilo, hasta que entramos a una boutique con ropa punk y emo a la que no pude resistirme, sin embargo mi problema se hacía cada vez mayor, creía que el salir y distraerme me haría dejar de ver todas aquellas alucinaciones, pero el efecto fue contrario, Akira estaba ahí, hablándome, riéndose, y esas sombras, esas sombras que hablaban en mi cabeza todo el tiempo, estábamos frente a una cafetería.
-¿Te gustaría entrar Chris?- preguntó Janet.
-Eh…sí claro- estábamos frente a las puertas de cristal del lugar cuando detrás de mí puede ver el reflejo de Akira, su reflejo, luciendo igual al mío, era algo que no podía soportar, que las dos nos pareciéramos tanto, que nos viéramos tan iguales me hacía sentir una sensación repulsiva.
Pude distinguir que detrás de mí había un salón de belleza, "Beautiful Girl" escrito en letras que brillaban con intensas luces neón.
-¿Sabes?, creo que hay algo que quisiera hacer primero- le dije a Janet.
-¿Eh?, ¿Qué cosa?
Señalé el local, ella asintió y ambas nos dirigimos rápidamente.
/
Llegué a casa exhausta, eran aproximadamente las ocho de la noche, papá seguramente seguía en el trabajo, así que subí a mi habitación y me dediqué a sacar y guardar la ropa nueva que había comprado, me deshice de mis pantalones de mezclilla negros y de la blusa de manga larga a rayas azules y negras, remplazándolo todo por mis shorts cortos negros y mi blusa de tirantes roja.
-Fue un lindo día, ¿No?- habló Akira.
-Cállate y vete.
-Oh vamos, estoy intentando ser amable y tu te pones tus moños, no soy esa chica…¿Cuál era su nombre?, Darcy, no soy Darcy como para que me trates de esa manera.
-No, eres peor, ya lárgate de mi vida y dejame sola.
Entré al baño y cerré la puerta de un portazo, me mire al espejo, mi cabello antes negro con esos rayos rojizos y largo hasta casi media espalda habían cambiado totalmente, ahora estaba corto en capas degrafiladas y llegaba hasta mi clavícula, exceptuando dos mechones largos enmarcando mi rostro y mi flequillo, el cual ahora estaba teñido de blanco.
-Al menos ya no lucimos igual- suspiré aliviada bajando la vista hacia el lavabo.
-En eso te equivocas.
Levanté la mirada hacia mi reflejo de nuevo, encontrándome una vez más con ella cara a cara en el espejo, luciendo…luciendo completamente igual que yo.
-¿Pero qué…?
-¿Creíste que con cambiar tu estilo de cabello lograrías hacer que desapareciera?, vamos Chris, no puedes ser tan ingenua.
-¡Ya basta!, ¡¿Por qué estás haciendo esto?!, ¡Ya no lo resisto más, es demasiado, sólo vete y déjame en paz de una vez por todas!, ¡SOLO DEJAME EN PAZ!- con toda la ira concentrada en mi, mi puño se estrelló con furia contra el espejo tan fuerte que logre romperlo, haciendo que pedazos del vidrio se incrustaran en mis manos y comenzaran a sangrar.
Me recargué en la puerta y sostuve mi cabeza con ambas manos, no me importaba el dolor que los vidrios rotos clavados en mis nudillos me provocaban, ni el hecho de que estuviera sangrando, sólo quería que se fueran, que ella y todo lo que me rodeaba desapareciera, podía escuchar sus risas, sus gritos de euforia, sabía que se burlaban de mi, sólo que no sabía porque, ¿Por qué yo?, ¡¿POR QUÉ PRECISAMENTE TENÍA QUE PASARME A MÍ?!, lágrimas de desesperación mojaban mis mejillas.
-Yo no voy a desaparecer, yo soy tú, y tú eres yo, siempre seremos una misma te guste o no, yo soy la locura y el odio que hay en tu interior, soy todos tus miedos y preocupaciones, la oscuridad que existe en tu alma, soy tus penas, tu soledad, tu llanto, soy el monstruo que llevas dentro y no importa lo que hagas, no importa en donde estés ni con quién estés, no importa como, cuando, ni que, yo siempre estaré ahí…
-Por favor, ya basta…-susurré, presa de la horrible pesadilla que vivía en ese momento.
Mi cuerpo temblaba sin que yo fuera capaz de controlarlo, me sentía tan vulnerable y desprotegida, como cuando era niña y regresaba a casa, con la ropa desarreglada y basura en el cabello debido a los ataques que sufría por parte de mis compañeros y sólo me sentaba en un rincón a llorar, esperando que alguien viniera, me tomara entre sus brazos y me acariciara el cabello de una manera en la que pudiera sentirme a salvo.
Las voces en mi cabeza incrementaban cada vez más, susurrando palabras que no podía entender, que tal vez no quería entender, todo a mi alrededor comenzaba a distorsionarse, pude ver claramente como fuego comenzaba a salir de cada esquina de las paredes del baño, haciendo que la pequeña habitación se prendiera en llamas, al mirar abajo podía ver el piso inundado de sangre, los pedazos de lo que antes había sido un espejo estaban a mis pies, en ellos sólo podía ver la grotesca sonrisa de Akira, su risa resonando en mi cabeza, las voces susurrando una sola palabra "Matar". El fuego a mi alrededor se hacía más grande conforme los segundos pasaban, comencé a sentir un inmenso calor y el pánico se apoderó de mí.
Traté de salir del baño lo más rápido que pude, pero al tomar el pomo de la puerta no pude hacer nada por abrirla ya que el calor era demasiado que me era imposible, comencé a golpear desesperadamente la puerta.
-¡Por favor, sálvenme, sálvenme!- gritaba incesantemente mientras propinaba patadas y puñetazos a la puerta -¡Tengo miedo, por favor sálvenme!
Jamás me había sentido tan desesperada, lancé todo mi peso sobre la puerta intentando derribarla, una, dos, tres veces y la maldita puerta seguía en pie, las lágrimas se hicieron presentes una vez más, en un último intento, me lancé hacia la puerta, la cual se abrió mágicamente antes de que pudiera hacer contacto con ella, caí de bruces al suelo, sintiéndome aliviada, mi cuerpo aún temblaba y las lágrimas seguían fluyendo de mis orbes.
-¿Qué te sucede?- la voz de Jeff me trajo de vuelta a la realidad.
-¡Jeff!- exclamé.
Sin pensarlo dos veces me levanté rápidamente y me lancé a abrazarlo fuertemente, inhalando su aroma sólo para asegurarme de que era realmente él y no otra alucinación, las últimas noches no había estado presente y sólo había podido pasar al menos sólo unos quince minutos con él aproximadamente antes de se fuera a hacer su "trabajo", sentí como me separó un poco de él tomándome por los hombros, me miró a los ojos desconcertado.
-¿Qué era lo que te estaba pasando ahí adentro?, gritabas tanto que pensé estaban torturándote- bajó la vista hasta mis manos -¿Qué carajos te sucedió?, tus manos están…
Miré mis nudillos, con lo cristales enterrados y aún sangrando, me alejé un poco de él y escondí mis manos detrás de mi espalda.
-N-No es na-nada, sólo un pequeño accidente- desvié la mirada apenada.
Suspiró y se acercó a mi de nuevo.
-Vamos déjame ver- pidió haciendo un ademán para que le mostrara las manos.
-No es necesario, ni siquiera es grave- contesté retrocediendo unos cuantos pasos más y negando.
-Vamos, sólo déjame ver- repitió avanzando un poco más hacia mí.
-No- retrocedí más hasta que sentí como mi espalda chocó con la pared.
Sus manos se posicionaron una a cada lado de mi cabeza, acorralándome con su cuerpo y pegando su frente con la mía, su aliento frío me acarició el rostro.
-Déjame ver- repitió demandante.
Solté un leve suspiro y le mostré ambas manos.
-¿Qué clase de accidente fue ese?- preguntó, tomándolas entre las suyas y examinándolas.
-Nada importante, estoy bien.
-¿Duele?
-Un poco.
-Bien, seguramente debes tener un botiquín de primeros auxilios aquí, ¿no?
Fui directo al armario y saqué un botiquín con todo lo necesario para algún accidente y me senté en la cama y lo coloqué a mi lado.
-Bien, ¿Qué tengo que hacer?- preguntó sentándose a mi lado.
-¿Eh?
-Ya sabes, para curarte, no me digas que piensas quedarte con esas heridas.
-No tienes que…
Me dedicó una mirada que sólo me podía decir una cosa "No te estoy preguntando", decidí dejarlo por la paz y permitirle hacerlo, no llevaba mucho tiempo de conocerlo, pero sabía que era terco y no podía hacer nada para que desistiera.
-Como quieras- dije rindiéndome.
Le indiqué todos los pasos que debía de seguir y procedió a curar las heridas en mis manos, para luego ponerles encima una gaza y vendarlas cuidadosamente.
-Listo- finalizó.
-¿Siempre eres así de amable con tus víctimas?
-Hace tiempo que dejaste de ser una víctima.
-Lo sé, y eso me alegra- sonreí un poco.
-Ahora, ¿Vas a contarme sobre ese accidente?
-Preferiría no hacerlo, ya te lo dije no tiene importancia.
Me miró detenidamente, escudriñando con su fría mirada cada parte de mi, sintiéndome casi descubierta ante él, no pude hacer nada más que temblar.
-No te creo.
-¿Por qué te importa tanto algo como esto?, estoy bien, no me estoy muriendo ni nada por el estilo.
-Porque últimamente no pareces ser tú misma- apuntó, casi me atraganté con mi propia saliva, no quería que él lo notara, me había esforzado en ocultar lo que estaba pasándome frente a él y al parecer no había sido buena en ello.
-¿A que t-t-te refieres con eso?- mi voz casi no pudo escucharse de tan nerviosa que estaba.
-Pareces ser alguien más, incluso tu aspecto ha cambiado, estás más blanca que yo, tienes ojeras y es como si en vez de cabello tuvieras un nido en la cabeza.
Reí un poco ante el comentario.
-Vale ya entendí, ¿Estás preocupado por mí?
-Pues sí, es decir no…bueno si pero no…bueno sí, ya cállate- respondió mientras veía como en sus mejillas aparecía un pequeño sonrojo.
Me acerqué a él y le di un pequeño beso en la mejilla.
-Gracias por preocuparte, pero estaré bien- le susurré.
Sus ojos me observaron por unos segundos, suspiró y se acostó en la cama.
-¿Qué esperas?
-¿Eh?
Tomó mi muñeca y tiró de mí hacia él, quedé recostada de espaldas a él, con sus brazos rodeándome, atrayéndome fuertemente, sintiendo como su pecho se pegaba a mi espalda.
-¿Q-Q-Qué es-estas…?- traté de preguntar
-No preguntes y sólo duérmete- me interrumpió mientras con su mano cubría mis ojos.
Por un momento sentí el miedo recorrerme, no quería cerrar los ojos, no quería dormir, no quería volver a ese mundo de pesadillas en el cual me sentía extremadamente indefensa, tenía miedo de quedarme atrapada ahí y no salir nunca, al parecer él pudo percibir mi nerviosismo, gracias a que mi cuerpo había comenzado a convulsionarse sin que yo hubiera podido notarlo, me abrazó aún más fuerte, el miedo y la inseguridad desaparecieron como por arte de magia, era tan extraño, cualquiera estaría muriendo al estar entre los brazos de un asesino psicópata, yo me sentía protegida, cerré los ojos y comencé a sentir como el sueño comenzaba a invadirme, aunque por dentro aún trataba de luchar por no caer dormida, pero fue inútil, la falta de sueño era demasiada e inmediatamente me entregué a los brazos de Morfeo, quedando sumida en ese estado de inconsciencia tan placentero, sintiendo tanta paz en mi interior, olvidándome de todo, de que probablemente estaba convirtiéndome en una enferma y de qué probablemente mi vida estaba cambiando, sólo podía concentrarme en seguir flotando en ese lugar en donde nada podía lastimarme, o eso creía...
Wah! TT^TT lo siento lo siento lo siento, tardé mucho cierto?, perdónenme, les juro que era lo que menos quería, pero por alguna razón este capítulo se me hizo muy complicado, tal vez me falta un poco el estrés de la escuela para inspirarme más, de cualquier modo, aquí está el capítulo 19 TA-DA! Perdonen la demora una vez más, y espero que les halla gustado, recuerde que los HAMO con todo mi corazonshito hermoso y ya saben déjenme MUCHOS MUCHOS MUCHOS MUCHOS PERO MUCHISISISISISISISIMOS REVIEWS que ya saben me alegran aún más el día, Reiko-chan se despide ^w^
