No, no, no, no, no. Esto está MUY mal. ¡1349 palabras! (O más o menos, acabo de editar algunas cosas) No, no sé en qué pensaba. Gracias Harmonie por tus comentarios. Sobre la "relación" de Daryl mayor, no será una "relación- relación", sólo un momento con una chica, al menos, cómo imagino pudo haber sido Daryl estando solo con una (si es que alguna vez eso le sucedió).

Night reader :) Suerte en los exámenes. Yo tengo examen el viernes, de catalán. ¡No quiero! Pero sé que al menos el ambiente será relajado, así que eso me tranquiliza. En este "texto" vuelve Merle, nuestro Merle favorito. Pronto los puntos de vista de Daryl y su pérdida en el bosque y su crecimiento. Ya quiero llegar a eso. En cuanto a los capítulos, a veces simplemente los escribo en la computadora y los publico. Otras los escribo en papel y los tengo guardados uno o dos días (a veces solo horas, otras minutos) hasta pasarlos a la computadora y publicarlos. Éste sólo me senté y salió. Aunque empecé a pensar en el texto desde antes de sentarme en la pc.

Y WTFdoUwantNOW: I love you and your spanish comment!

Capítulo (no-drabble) veinte... si a alguien se le ocurre un título avise, creo que mis musas (o musos) se fueron a dormir temprano.


Sin título

Salió temprano del trabajo solo para eso. Sacó a Daryl del colegio con la excusa de tener que llevarlo al médico solo para eso. Condujo la Triumph hasta allí sólo para eso.

Y ahora sus pies no respondían.

Quizás él mismo los estaba reprimiendo, pero sabía que no habría forma de entrar en esa casa, al menos, no por ahora.

Ese día todo parecía salir mal. Primero, la pasta de dientes en el ojo. Segundo, la rabieta de Daryl, que no quería ir a la escuela ese día. El muy condenado se había quedado toda la noche llorando por ahí como un maricón y si bien había tratado de convencerlo de que era un hombre y no debía comportarse así, Daryl seguía insistiendo en hacerle creer que era una nenita y no paraba de hablar y de decir cuánto extrañaba a "su abuelito James". Ni los gritos ni los golpes lo hacían callar. Merle estaba casi seguro de que el niño podía oler sus intenciones, de que sabría que estaba considerando visitar a James y pedirle que vuelva a ver a Daryl. Si no es que él mismo había estado haciendo todo aquello de estar triste y llorar por la noche para llamar su atención y traer de nuevo a James. Ese Daryl y su cabeza de manipulador en miniatura. Tenía que ser eso, manipulaciones del enano. Y lo peor, había conseguido la victoria.

Tercero, por alguna razón el monstruo quería desayunar. Merle le había servido el tradicional vaso de jugo, como hicieron siempre, antes de que esos ancianos se instalaran en su casa sin pedir permiso y llenaran a Daryl de hábitos familiares estúpidos como sentarse a la mesa todos juntos y agradecer la comida con una maldita plegaria, para después quedarse conversando de estupideces varias y sin sentido mientras la señora de la casa levantaba la mesa y su marido contaba anécdotas que quién sabe si ocurrieron o no y Daryl... Daryl se le quedaba mirando como un idiota que creía todo lo que el viejo le decía.

Cuarto, el camino desde el campamento hasta la escuela. Daryl no quiso usar el casco y tuvo que prácticamente amenazarlo con arrancarle un brazo si no se lo colocaba. Luego, no quería mantenerse agarrado a su espalda y se negaba a subir a la moto si no la conducía él. Merle tuvo que acceder de alguna forma y colocarlo delante. Daryl comenzó a manosear todo buscando el puntito de pintura que había hecho el día de su cumpleaños, cuando James le regaló la Bonneville. Insoportable. Estuvo todo el camino explicándole que lo había tapado con una calcomanía de la SS. Por lo que Daryl comenzó a preguntar sobre la SS y antes de que pudiera responder ya habían llegado a destino. Tal vez ese fue su único momento de buena suerte.

Luego, en el trabajo, el quinto momento de fortuna. Había olvidado la tarjeta que se usa para marcar los horarios de entrada y salida. ¿Qué más podía salir mal? Bueno, casi se corta la mano con una máquina y un compañero pasó horas riéndose del incidente. Lo doloroso de eso fueron las múltiples veces en que tuvo contar hasta diez y respirar hondo para no dejarlo desmayado por los golpes.

Ahora, se encontraba frente a la casa que James seguramente ya había comprado y no encontraba el valor para ir hasta allá y tocar la puerta.

Dolly le había dado la dirección el día en que la fueron a visitar con Daryl y él no pudo asistir. No tenía dudas de que estaban allí, la Ford F-250 de James estaba estacionada de lado, sobre el suelo de piedritas blancas que rodeaba la casa. Era bastante bonita para ser prefabricada. Dolly ya había colocado varias macetas en el frente y podía imaginar perfectamente a James sentado en cualquiera de las sillas mecedoras que estaban en la galería. Los ancianos no tenían buen gusto para nada. Ninguno de los estampados de las sillas combinaba. Una estaba tapizada con dibujos de cuadrados de colores y otra se notaba que era roja y floreada. ¿Qué tenían en la cabeza a la hora de decorar?

Suspiró sonoramente y buscó en su mochila su caja de cigarrillos. Tomó uno y la racha de mala suerte volvió. Había olvidado también el encendedor.

Siguió mirando la entrada de la casa por un rato hasta que escuchó una voz venir desde su espalda.

— ¿Necesitas fuego?

No lo había notado hasta ese momento, pero se había quedado de pie sosteniendo un cigarrillo nuevo entre los dedos. Se volteó para ver quién era. La chica le devolvió la mirada. Se parecía demasiado a su madre de joven.

— ¿Necesitas fuego? — repitió, pero esta vez balanceaba entre sus dedos un pequeño encendedor azul.

No respondió. Simplemente se colocó el cigarrillo en la boca y se acercó a ella para que se lo prendiera. La chica se echó hacia atrás.

— Oye, oye, oye. Que eso es para las damas. Toma — le dijo extendiendo la mano hacia él y ofreciéndole el encendedor — enciéndelo tú.

Sonrió y lo encendió en silencio. Le guiñó un ojo al echar la primera bocanada de humo y sacó otro Marlboro para ella, que se lo colocó en la boca y esperó que se lo prendiera él.

— Así está mejor. ¿Cómo te llamas?

— Merle.

— Yo soy Kate.

Maldita sea. Hasta el nombre compartían. Comenzaba a odiar las coincidencias.

— Entonces... ¿se puede saber qué estás atrasando?

— ¿Atrasando? — preguntó levantando una ceja, extrañado.

— Ya sabes, de pie allí, como un estúpido. Ya no sabes qué más hacer para perder tiempo.

— Me tengo que ir. Adiós — dijo dando por terminada la conversación. Como si él fuera a charlar cosas íntimas de su vida con una extraña. Qué estupidez. Tomó la Triumph y la acompañó hasta la entrada de la casa. Esperó un poco a que ella se fuera y subió los escalones. Llamó a la puerta y esperó. Dolly abrió y lo hizo pasar.

La cosa no había sido tan difícil. James y él se miraron y ni siquiera tuvo que comenzar a hablar. El viejo preguntó por Daryl y por el trabajo, como si la discusión del hospital no hubiera ocurrido nunca y no hubieran pasado meses desde la última vez que se vieron. Luego los invitó a cenar. Para su sorpresa, accedió y antes de que pudiera comenzar a meditarlo estaba a bordo de la Triumph y rumbo a su casa, para recoger a Daryl. ¿Qué? ¿Acaso ahora se teletransportaba? Llegó rápidamente y se sorprendió al no ver al pequeño deforme en el remolque. ¿A dónde había ido?

Echó una mirada rápida alrededor de la cocina y en el pequeño cuarto. No estaba allí. En el baño, tampoco. ¿Dónde se había escondido?

Lo llamó. Nada.

Buscó una nota, algo que le diera algún indicio. Nada.

¿Había huído? ¿Se lo habían llevado?

Miró con más detenimiento el cuarto. No estaba su cuaderno. Aún era de día, pensó, tal vez se había ido a caminar por allí, a dibujar boberías en el libro aquel. Tenía que ser eso. Deseó que fuera eso.

Tomó una botella de agua, cerró con llave y se subió de nuevo a la moto. Lo encontró sentado en una piedra, cerca de un arroyo. ¿Desde cuándo el pequeño bastardo se escapaba de la casa así?

— Nos vamos a comer a la casa de Dolly y James — le dijo una vez que estuvo frente a él.

Daryl no dijo nada. Simplemente se puso de pie sobre la piedra y luego bajó saltando. Corrió hacia la Triumph y se sentó en la parte delantera del asiento mientras lo miraba con impaciencia.

— ¡Vamos! No tengo todo el día — dijo tocándose un reloj invisible en la muñeca derecha.

Sí que sabía cómo hacerlo enojar.

— Está bien, está bien. Dios... — suspiró.

Segundo momento de buena suerte... o mala también. Daryl no paró de hablar en todo el trayecto. Sin embargo, esta vez lo soportó. De alguna forma prefería eso, antes de la sensación de haber perdido al mocoso para siempre.