Íntimo

Nunca un despertar fue más agradable para Regina. Hacía mucho tiempo que no se despertaba al lado de alguien. Cuando abrió los ojos, su cabeza reposaba sobre el ante brazo de Emma, sirviéndole de almohada. Cuando intentó levantarse, Emma, en su sueño, se dio la vuelta, pegándose a la espalda de Regina, y su mano libre se posó sobre la cintura de la bella morena que, de golpe, retuvo su respiración algunos segundos antes de relajarse al sentir la respiración de Emma en su nuca.

Ella posó su propia mano sobre la de Emma y entrelazo sus piernas con las de ella. Se quedó un largo, largo rato en esa posición antes de sentir que la respiración de Emma cambiaba, señal de que se estaba despertando. Entonces se giró para acostarse de espalda y constató que Emma, con los ojos abiertos como platos, la miraba amorosamente.

«Buenos días» murmuró Emma

«Buenos días»

Regina se incorporó para que Emma pudiera liberar su brazo, para plegarlo debajo de su propia cabeza

«No creía esto posible»

«¿El qué?»

«Que fueras aún más bella al despertar» confesó Emma depositándole un tierno beso en los labios

«Tú no te quedas atrás» respondió Regina besándola a su vez «¿Qué hora es?»

Emma echo una ojeada al despertador

«Aún es temprano, tenemos tiempo para vaguear un rato»

«¿Vaguear?»

Emma suspiró de satisfacción y se pegó a Regina

«Hmmm. Sí…vaguear» dijo ella hundiendo su nariz en el hueco del cuello de Regina, embriagándose con el perfume afrutado de sus cabellos «Estoy muy bien así»

«Y yo…»

Emma vio entonces que uno de los botones de la camisa del pijama de Regina estaba abierto, dejando aparecer el nacimiento de su pecho. Ella desvió la mirada, pero un incontenible deseo la empujó a hundir su mirada en ese escote. Y sin darse cuenta, llevó su mano desde la cintura de Regina a su vientre, para subir subrepticiamente hasta su pecho.

«¿Emma?» Sin una palabra, Emma deslizó su índice por el filo de los botones, yendo de botón en botón, hasta llegar al que había cedido «Emma…» Por curiosidad, la yema del índice se deslizó bajo la seda de la camisa para rozar la piel de su bella morena «Emma…» ella continuó su expedición y deslizó su mano entera bajo la camisa, sus dedos flirteando con el pezón de su compañera. Qué extraño era tocar un pecho que no fuera el suyo…Como si, finalmente, tocara su propio cuerpo, pero desde un punto de vista diferente «Emma, por favor…» De repente, pudo sentir bajo sus dedos el pezón endurecido, pezón que pellizcó entre su pulgar y su índice, lo que hizo sobresaltarse a Regina que rápidamente posó su mano encima de la de Emma «Te lo ruego, para»

Emma se incorporó entonces y extrajo rápidamente su mano

«Pe…perdón, yo…»

«Me gusta tu curiosidad, pero…»

«Perdón»

Regina se incorporó a su vez

«Puedes, lo sabes. Pero con una condición»

«¿Cuál?»

«Lo que toques en mí, lo toco en ti. Lo que tú me hagas, yo te lo hago» sonrió ella «¿Trato?»

Emma se mordió su labio inferior: ella quería esperar, pero, sin embargo, las palabras de Mallie resonaron en su cabeza. Pero lo que la sorprendió más fue que le gustaba tocar a Regina, y solo soñaba con una cosa: volver a hacerlo.

Así que se recostó de nuevo, Regina hizo lo mismo

«Yo…no tenía intención de…»

«¿De meterme mano?» dijo divertida Regina

«¡No! En fin…yo…»

«Hey…Calma…» Regina la besó entonces y la mirada de Emma se desvió discretamente al pecho de la bella morena. Pecho que se dibuja bajo el pijama de seda «Puedes tocarlos…son tuyos» sonrió Regina

«Yo…Lo sé…» balbuceó Emma, la idea de reposar su mano en el pecho de Regina la excitaba mucho más de lo que hubiera pensado.

Así que sin verdaderamente reflexionar, su mano partió a la conquista de las curvas de su compañera y rápidamente ascendió hacia el pecho derecho de Regina. Dejando escapar un discreto suspiro, Regina cerró brevemente los ojos al sentir la ligera presión que ejercía la mano aventurera. Entonces comenzó a soñar con lo que esas manos podrían procurarle, cuando ya estaba sintiendo un profundo placer solo ante esas simples presiones.

Emma nunca hubiera creído que ver a Regina, con los ojos cerrados, suspirando de placer bajo las caricias sería tan sexualmente atrayente. Entonces, desabotonó otro botón, después otro, y otro…Finalmente, separó los dos lados de la camisa para descubrir el busto desnudo y perfectamente delineado de Regina. Sin darse cuenta, contuvo su respiración algunos segundos.

«¿Te gusta lo que ves?»

Emma salió entonces de su contemplación para ver que Regina la miraba, con una ligera sonrisa divertida en el rostro

«Oh, euh…»

«Un regalo de Navidad abierto con un poco de retraso…»

«Se podría decir que sí…» murmuró Emma, cuya atención se centró de nuevo en los pechos de Regina, cuyos pezones parecían atraer sus caricias. Dulcemente, deslizó su índice desde el ombligo hasta las costillas, y después entre los pechos, provocando un estremecimiento de placer en su compañera. Dibujó pequeños círculos alrededor de las aureolas antes de acariciar las puntas endurecidas por el placer. Regina se crispó, conteniendo algunos gemidos, prefiriendo concentrarse en las tiernas caricias de su compañera.

Pero cuando sintió la cabellera de Emma haciéndole cosquillas en sus costados, abrió los ojos para ver que Emma se disponía a darle un tratamiento de favor a su pecho. Ella entonces la detuvo y Emma la miró

«Atención, acuérdate: lo que me hagas, yo tendré que hacértelo a ti»

Emma clavó su mirada en la de Regina y se estremeció ante la lujuria que podía leer en sus pupilas. Hubiera podido dar marcha atrás y contentarse con tiernos y sencillos gestos, pero la verdad era que lo deseaba.

Así que tras mirar a Regina, le ofreció una ligera sonrisa antes de inclinarse más y acariciar con su lengua una de las puntas endurecidas hasta el límite. Regina se sobresaltó, sin poder contener un gritito de sorpresa mezclado con el placer. De forma mecánica, plantó una de sus manos en la cabellera de Emma, mientras que la otra se aferraba a las sábanas.

Al ver la apasionada reacción que su lengua había provocado, Emma repitió su gesto haciéndolo un poco más intenso, dando algunos golpecitos con la lengua, besando el voluptuoso seno, esa piel dulce y tierna, atrapando el pezón entre sus labios, entre sus dientes.

Tras algunos segundos, le dedicó el mismo tratamiento al otro pecho, poco después Regina la detuvo y la recostó sobre el colchón

«Mi turno» le murmuró con prudencia y sin precipitación

Emma se dejó hacer y pronto Regina se encontró a horcajadas sobre la bella rubia

«¿Estás bien?»

Emma sencillamente asintió. Tenía a Regina medio desnuda a plena vista, sus senos erectos por el placer, su piel estremeciéndose por las tiernas atenciones bucales que le había prodigado.

Regina se inclinó y besó tiernamente a la joven.

«Todo lo que tú hagas…» murmuró mientras una de sus manos descendía subrepticiamente por su cuello, rozando su clavícula, su hombro, el nacimiento de su pecho «…yo te lo hago» concluyó ella posando delicadamente su mano sobre el pecho de Emma, que se contrajo ante el toque. Pero al ver la mirada llena de amor que le ofrecía Regina, se relajó, comenzando incluso a apreciar las sutiles presiones ejercidas por la curiosa mano. El contacto de su mano, acentuado por la tela del top hizo reaccionar instantáneamente al cuerpo de la bella rubia cuyos pezones imitaron rápidamente a los de Regina. Y Regina con un infinito placer descubrió la dureza y firmeza de su pecho.

Entonces ella gimió antes de pasar su mano bajo el top y apoyarla directamente sobre el pecho, deleitándose con el calor de su piel, con la dulzura de su pecho. Suspiró de satisfacción e incitó a Emma a quitarse la incómoda prensa. La bella rubia se incorporó y lo hizo, y en pocos segundos, se encontró medio desnuda también.

La idea del cuerpo de Regina pegado al suyo le atravesó la mente y le gustó. Así que cuando Regina posó sus dos manos en cada uno de sus pechos, se dejó hacer, incluso dejó escapar algunos suspiros de placer cuando los dedos de Regina pellizcaron a sus vez las rosadas puntas.

Finalmente dejó escapar un pequeño grito cuando Regina comenzó un vigoroso masaje en su pecho, excitando sus pezones mientras los capturaba entre su pulgar y su índice. Regina, entonces, se inclinó y besó fogosamente a su compañera, mientras continuaba con sus manos en sus pechos. Emma posó las suyas en los riñones de Regina, deslizándolas bajo el elástico del pantalón de pijama de Regina. La bella morena dejó caer una cascada de besos a lo largo de su mandíbula, por su cuello, su clavícula y, antes de atreverse a tocar uno de sus pechos, Regina le lanzó una mirada como para pedir el permiso de Emma…consentimiento que llegó bajo forma de sonrisa, casi confiada pero llena también de ansiedad.

Así que Regina, dulcemente, descendió sus labios más y más abajo hasta besar unos de sus pechos, su lengua acariciaba suavemente ese tesoro que ansiaba desde hacía mucho tiempo. Sintió las manos de Emma deslizarse desde sus riñones a sus nalgas, bajo el pantalón, e imagino haciendo lo mismo a continuación.

«Re…Gina…» jadeó Emma que nunca se imaginó sentir tan gran placer. Porque aunque estos gestos no tenían nada de excepcional, la persona que se los prodigaba ostentaba una importancia simbólica. Era la primera vez que era tocada por una mujer, la primera vez que sentía eso por una mujer.

«¿Continúo?» preguntó maliciosamente Regina tras interrumpir el contacto de sus labios sobre la piel de Emma, cosa que provocó un gruñido de frustración por parte de esta «Si continúo, Emma, temo mucho no poder pararme…»

Emma entonces abrió los ojos y sacó sus manos del pantalón de la bella morena

«Yo…»

«Lo entiendo» dijo Regina, bajando de sus caderas para volver a su posición inicial, a su lado

«¿Estás…estás enfadada?»

«En absoluto. Lo que acabas de ofrecerme es mucho mejor»

«¿Ah sí?»

«Sí. Eres magnífica»

«También tú lo eres»

Intercambiaron una sonrisa, se deslizaron bajo las sábanas y se abrazaron, su busto desnudo en contacto, el uno contra el otro.

«Te amo»

Emma le sonrió, pues ella estaba segura de una cosa: por lo que había visto y sentido esa mañana, sabía que su primera vez sería excepcionalmente maravillosa.

Entonces se volvieron a dormir, con una serenidad y en una intimidad nunca vivida antes.


El desayuno fue agradable. Los niños se habían dado cuenta de que el comportamiento de sus madres habían cambiado: más cercano, más cómplice. Ellos estaban seguros, sus madres habían dado el paso.

Pero lejos de querer los detalles, se alegraba de que esa relación pasara un capítulo, acercándolas a una relación estable y segura.

«Me gustaría salir…» dijo Evelyn apoyada en su mesa, la cabeza entre sus manos, su mirada recorriendo el exterior, allí donde los niños se divertían, en plena calle, en una pelea de bolas de nieve.

«Con la llegada de tu abuela y de Mallie, reamente no hemos avanzado…»

Evelyn se giró hacia Henry, sentado con las piernas cruzadas en la cama de la chica, con el libro de matemáticas sobre sus piernas.

«¿No te apetece tomar el aire? Tenemos todavía una semana antes de la vuelta»

«No lo sé. Querría quitármelo de encima y poder estar tranquilo después»

«¡Oh venga! ¡Solo hoy! ¿Qué quieres hacer?»

«No lo sé…»

«¿Qué hacían en tu casa en Maine?»

«¿En las vacaciones de Navidad? Cosas sencillas: paseábamos por el bosque, patinábamos en los lagos congelados, hacíamos muñecos de nieve en mitad del pueblo. Todos juntos decorábamos las calles y un inmenso árbol se ponía en el centro del pueblo. Hacíamos grandes guirnaldas de palomitas…y además la tarde de primer día del año nos reuníamos todos alrededor de un gran buffet, todos llevábamos algo…bailábamos y cantábamos villancicos»

«Escuchándote…Lamentas no pasar las fiestas allí, ¿me equivoco?»

«Lo echo de menos, eso es verdad…Pero Nueva York también es una nueva aventura, nuevas cosas que hacer, nuevas personas para conocer y una nueva vida con ustedes»

Evelyn le sonrió

«Mira que te pones cursi» se burló ella

«Cállate… ¡la Glacial!»

«Especie de…» ella le tiró un bolígrafo en plena cara

«¡Hey!» replicó él lanzándole entonces una almohada y pronto comenzó una batalla entre los dos adolescentes, llamando la atención de sus madres respectivas.

«¿Pero qué ocurre aquí? ¡Evelyn!» los adolescentes se detuvieron en seco «Pero, ¡miren este estropicio! ¿En qué estaban pensando, por Dios?»

«Fue Henry…» respondió la chica «Le gustaría salir»

Regina frunció el ceño

«Sí, creo que es necesario»


Tal y como habían avisado, la nieve había sido retirada, así que las Mills y los Swan decidieron dar un vuelta por la ciudad, disfrutando de las últimas sensaciones de la Navidad, antes de pasar a un nuevo año.

«Oh, ¿podríamos ir a Times Square para ver la enorme bola caer?» dijo extasiado Henry

«¡Ah, sí, yo también adoraría verlo!» completó Emma

Y ante el fervor de los Swan, Evelyn y Regina, divertidas, consintieron.

«Es una buena idea. Hace tiempo que no voy»

«¿De verdad? ¿Vives aquí y nunca vas a celebrar el año nuevo a Times Square?»

«No he dicho eso. He dicho que hace tiempo que no lo hago»

«¡Es de locos! Si yo fuera habitante de Nueva York, iría todos los años»

«Oh, la costumbre, acaba uno cansándose»

«Eres tan indiferente, es desconcertante y humillante»

«¿Humillante?»

«Tengo la impresión de ser una idiota que se extasía por todo…y tú la mujer racional» refunfuñó Emma cruzándose de brazos

Regina rio discretamente antes de agarrarla por la cintura

«Me gusta tu aire refunfuñón»

«¡No te rías!»

«Al contrario. Además, no soy más racional que tú. Y a veces también me extasío»

«¿Ah sí? ¿Y cuándo fue la última vez, eh?» le preguntó como un desafío

Regina le sonrió antes de acariciarle la mejilla

«El día en que comprendí que estaba enamorada de ti»

Emma entones la miró y sonrió

«Ya…ok, ¡has ganado!» dijo ella besando sus labios «¡Necesito ir a casa!»

Regina perdió su sonrisa

«Pero, ¿por qué?»

«Ya no tengo ropa»

«Tengo lavadora»

«Tengo que regar las plantas, vaciar mi nevera de restos perecederos y coger mi correo»

«Ya veo…»

«Pero, ¿podemos vernos en Times Square esta tarde?»

«Evidentemente»

«¿Estás enfadada?»

«No, para nada. Voy a morir de aburrimiento esperándote y mis brazos se van a sentir solos sin poder estrecharte…Pero las dos tenemos nuestras casas y nuestras vidas que sacar adelante»

«Y además, no es bueno estar todo el día pegadas, vamos a acabar cansándonos»

«No hay ninguna oportunidad para que me canse de ti» concluyó Regina con una gran sonrisa «Venga, deberías marcharte antes de que te aprisione con mis brazos para no dejarte salir más»

«¡Entendido, jefa! ¡Henry! ¡Nos vamos!»

El adolescente bajó corriente, seguido de Henry

«¿A dónde vamos?»

«A casa»

«¿A dónde?»

«Te recuerdo que tenemos una apartamento»

«Oh…¿no vamos a volver?»

«Esta tarde nos encontramos con Regina y Evelyn en Times Square»

El rostro del adolescente se iluminó y corrió escaleras arriba, de cuatro en cuatro.

«También está enganchado» dijo divertida Emma

«¿Enganchado?»

«A esta vida, a esta casa, a ti y a Evelyn…Hace mucho tiempo que no lo veo tan relajado. Desde la muerte de mi madre estaba taciturno, pero ahora, desde Evelyn, tiene esa chispa en sus ojos que tenía cuando vivíamos en Storybrooke»

«Estoy feliz por ello. Sé hasta qué punto es importante que nuestros hijos se sientan bien en esta situación»

«¿Qué situación?»

«Nuestra relación»

«Ah…Sí, por supuesto. Si Henry hubiera estado en contra, no sé lo que hubiera hecho»

«Hubiera sido difícil, en efecto. Felizmente, han sido más clarividentes que nosotras y hemos sido nosotras las que hemos tenido que hacernos con esta atípica relación»

Intercambiaron una sonrisa, Henry volvió, con su mochila en la espalda

«¡Hasta luego!» gritó él a Evelyn y Regina


Qué extraño fue para los Swan volver a su apartamento tras haber estado viviendo en casa de las Mills casi durante una semana. Su salón parecía pequeño comparado con la inmensidad de la mansión de Regina. Emma dejó su mochila en el suelo y se dirigió al enorme ventanal que daba a las calles de Nueva York, flirteando con los rascacielos. Ante ella, su retrato aún estaba exhibido en una valla publicitaria, sonrió.

«Ma, ¿por cuánto tiempo crees que vamos a volver?»

Emma se giró hacia él

«¿Perdón?»

«Para saber si debo coger mucha ropa o no»

«Henry ven aquí» el adolescente obedeció y Emma puso sus manos sobre sus hombros «Sabes que tenemos nuestra casa, ¿no?»

«Claro, ¿por qué?»

«Porque esta es nuestra casa. Vivimos en casa de Regina durante estas vacaciones porque era más cómodo, pero…»

«¿Qué cambia eso? Acabaran viviendo juntas, ¿no?» dijo él

«Bah…Euh, no está en el orden del día, pero…sí, un día quizás»

«No veo el interés de estar con alguien si no es para compartir la cotidianidad. Llevan dando vueltas la una alrededor de la otra durante mucho tiempo para ya saber lo que quieren. Por mí, todo está bien, que lo sepas»

«¿Qué es lo que está bien para ti?»

«Bah, que acabemos viviendo en casa de Regina y Evelyn. No tengo ningún problema con eso»

«Oh, oh, oh…espera. ¿No vas un poco rápido? Salimos juntas apenas hace dos semanas. ¿No es un poco pronto para pasar a la etapa "vivir juntas", eh?»

«No veo por qué no. Cuando se sabe que se ama a alguien, no veo en qué ayudaría tomarse tiempo si no es para perderlo un poco más» dijo él encogiéndose de hombros

De repente, sus palabras resonaron en la cabeza de Emma como las palabras de Mllie: ¿por qué esperar cuando se está seguro de uno? Entonces volvió a pensar en su dulce despertar al lado de Regina y en lo normal que fueron los gestos sensuales que siguieron: las caricias, los besos, las miradas…todo parecía normal.

«Hey, ¿estás bien? ¿Te has quedado en la inopia?»

«¿Hm? Sí, yo…no, nada. Prepara tus cosas»

«¿Para cuánto tiempo?»

«Hasta la vuelta a clase»


«Eres feliz» lanzó Evelyn mirando a su madre que preparaba el almuerzo canturreando.

«Sí, lo soy. ¿Y tú?»

«También» mantuvo sus ojos fijos sobre su madre mientras que esta se movía entre la placa eléctrica y el fregadero. Cuando sintió la mirada persistente de su hija en ella, se detuvo y la miró

«¿Algún problema?»

«No, nada…»

«¿Evelyn?»

«Yo…me preguntaba…no, nada, es estúpido, y no me incumbe»

Regina frunció el ceño

«Explícame»

«Yo…sé cómo…en fin, ya sabes, entre un hombre y una mujer…entonces, me preguntaba…entre dos mujeres…bueno…ya sabes…»

Regina le sonrió

«Ya veo…» Después perdió su sonrisa mirando a su hija «¿Cómo es eso de que sabes entre un hombre y una mujer?»

Evelyn arqueó una ceja inclinando la cabeza hacia un lado

«Mamá, tengo 13 años…» como si eso lo explicara todo

«¿Puedo saber cómo lo puedes tú saber a los 13 años?»

«Porque se ha hablado en ciencias, y tengo amigas que…que ya lo han hecho»

Regina casi se ahoga con la saliva, su tez completamente blanca

«¿A los 13 años?»

«Es raro, pero pasa»

«Pero, ¿tú…?»

«No te inquietes, no es el caso»

«Pero te haces preguntas»

«Normal, ¿no? Y prefiero obtener las respuestas de ti antes que tener testimonios basados en películas…poco ortodoxas»

«Cierto. ¿Qué quieres saber?»

«¿Estás…estás dispuesta a responder a mis preguntas?»

«Como acabas de decir, vale más que obtengas las respuestas de una fuente segura. Además, no siento ninguna vergüenza de lo que vivo con Emma»

Tras algunos segundos de vacilación, Evelyn carraspeó

«Ok, entonces….¿es diferente besar a una mujer? Con respecto a un hombre»

«Es…similar…y diferente al mismo tiempo. Es más dulce, más tierno»

«Hm…y…¿con respecto al resto?»

Regina entonces se tensó

«¿El resto?»

Evelyn se mordió el labio inferior antes de tensarse a su vez

«Ok. Con…relación a las relaciones sexuales, ¿cómo ocurren?»

Regina se sorprendió, pero comprendía la curiosidad de su hija

«¿Por qué te haces tantas preguntas?»

«No lo sé…» dijo Evelyn removiéndose en el taburete

«Evelyn…dime la verdad»

«…»

«¿Evelyn?»

«De hecho…todas mis amigas salen con chicos. En fin, prácticamente todas, y yo…no tengo a nadie. No es que los chicos no quieran, al contrario, pero…No lo sé, no me atraen. A menudo me he preguntado si yo era normal o qué…y después verte con Emma, tan feliz, he pensado que quizás…soy como tú»

«¿Cómo yo?»

«Que pienas que te gustan los hombres, y acabas encontrando la felicidad con una mujer. Quizás soy lesbiana»

Regina le sonrió y pasó sus manos sobre las de ella.

«Cariño, si es el caso, no es una fatalidad. Pase lo que pase, sean cuales sean las elecciones de tu vida, te apoyaré. Porque mi madre no lo hizo conmigo y sufrí, y es impensable para mí hacerte sufrir de la misma manera…Estaré aquí para ti. Ahora, no porque no encuentras en este momento interés en los chicos quiere eso decir que no lo encuentres más tarde. Los adolescentes no son los más interesantes. Quizás encuentres tu felicidad más adelante o en la Universidad…»

«¿Tú crees?»

«No puedo estar segura. Pero, sea cual sea tu elección, estaré aquí» dijo ella con una sonrisa tranquilizadora

«Entonces…» dijo ella haciéndose la zalamera «¿Me dirás cómo es hacerlo con una mujer o no?»

«Bueno…» dijo ella enderezándose «No tengo intención de contarte nada tan íntimo. Además, cada uno tiene sus propias experiencias y sentimiento. Pero…tienes que saber que Emma y yo…aún no hemos dado ese paso»

«¿Ah, y eso? Pero…¿Generalmente no se hace eso en cuanto se sale con alguien?»

Regina frunció el ceño

«No es una obligación. Y si alguien, hombre o mujer, te dice lo contrario…no está bien. Hacer el amor es un acto importante, y no debes entregarte a cualquiera, o en cualquier sitio. Debe ser pensado y tendrás que sopesar los pros y los contras antes de dar ese paso, y no entregarte con la excusa de que era lo lógico que había que hacer»

«Oh…Pero…el sexo…¿no forma parte de una pareja? Están juntas desde hace más de diez días y…en fin, pensaba que ya lo habían hecho. Parecen tan enamoradas la una de la otra»

«Nuestra situación es complicada»

«¿Por qué las dos han estado con hombres antes?»

«Exacto. Lo ves, entre Emma y yo es…como una primera vez. Estamos redescubriendo cómo amar, cómo aprender de la otra, porque es diferente con un hombre. Hay que volver a aprender todo, como una primera vez, incluido el sexo»

«Entonces, ¿aún no han hecho nada?»

«No, todavía no»

«Pero, las vi salir de la habitación esta mañana…pensaba…»

«¿Ahora nos espías?» dijo divertida Regina

«¿Qué? No, no, no. Yo…iba a salir y vi a Emma salir de la habitación, y a ti unos minutos después»

«Si quieres saberlo todo, hemos dormido juntas, pero no nos hemos acostado juntas» matizó Regina

«Oh, ya veo…¿y tienen la intención de…hacerlo en algún momento?»

Regina rio

«Sí, cariño, sí, tenemos la intención de…hacerlo. Pero no tenemos prisa»

«¿Van a venir a vivir aquí?»

«Eso no lo sé. No precipitemos las cosas. Veremos lo que ocurre cuando empiecen las clases. Emma retomará su trabajo, yo el mío, ustedes la escuela, será otra dinámica»

«Sí…» Evelyn entonces salió de la cocina, después se lo pensó y se giró hacia su madre «Cuando lo hagan, ¿me lo contarás o no?»

Regina arqueó una ceja

«O no»

«Ya, es lo que pensaba»


«¿Te das cuenta? ¡Estamos en Times Square!» dijo alegre Emma saltando como una niña pequeña

«Eres realmente increíble. Pareces una niña»

«¡Mira que puedes ser aguafiestas, de verdad! No te imaginabas que podíamos acabar aquí, eh…Nosotros que venimos de un pueblo perdido en Maine»

«Eso seguro. ¿A qué hora vienen ellas?»

«Regina me envió un mensaje hace 15 minutos…no deberían tardar»

Y algunos minutos más tarde, Emma divisó a Regina con un largo abrigo rojo escarlata, gorro de lana blanco enfundado en su cabeza y larga bufanda del mismo color enrollada en su cuello.

«¡Hey!» dijo Emma haciendo gestos hacia ellas, lo que llamó instantáneamente la atención de la bella morena

«¿Hace cuánto que llegaron?»

«Acabamos de llegar» mintió Emma mientras que Henry decía que no con la cabeza a Evelyn para señalarle que mentía, lo que hizo reír a la niña

La nieve caía en finos copos y la atmosfera invernal encantaba las calles de Nueva York. De vez en cuando, Emma deslizaba una de sus manos en la de Regina, pero soltaba su agarre en cuando la acera se despejaba de gente, ya que podrían verlas. Regina se daba cuenta, pero no se enfadaba. Pensó que esa misma noche hablaría con ella.

Los niños estaban en las nubes, viendo escaparates y maravillándose con los adornos de Navidad, sin prestar ninguna atención a sus madres respectivas tras ellos.


La media tarde pasó y la pequeña familia volvió en calma a la mansión de las Mills. Es más, era bastante extraño ver hasta qué punto Emma se había familiarizado con la idea de volver a casa de Regina. Sin realmente ponerse de acuerdo, Regina propuso a Emma y a Henry utilizar su coche para volver a casa, lo que ellos aceptaron encantados.

Así que, Emma dejó su coche en su apartamento, cogió las bolsas, y después partió hacia la mansión de las Mills. Y con toda la normalidad del mundo dejó su bolsa a los pies de la cama de Regina.

«Me gusta verte hacer eso» dijo Regina, brazos cruzados, apoyada en el marco de la puerta

«¿Ah sí?»

«Verte elegir esta habitación…»

«Bueno, digamos que he dormido muy bien la noche pasada, entonces…¿por qué no repetir la cosa, no?»

«Ciertamente. Sobre todo si tengo la oportunidad de tener un despertar como el de esta mañana» dijo ella con un guiño

«Un despertar…y quizás algo más…»

Regina se enderezó

«¿De verdad?»

«Sí…Yo…» Emma se masajeó la nuca «Lo he pensado mucho. Lo de esta mañana ha sido…»

«¿Desconcertante?»

«Excitante»

«¿Ah?»

«Sí. Tenía pánico, pero a fin de cuentas…Lo encontré muy agradable, excitante…Y lo único en que pienso desde esta mañana…es en repetirlo»

«Estoy contenta» sonrió Regina «Porque ni hablar de que no vuelva a tocar ese pecho» dijo ella acercándose maliciosamente a la joven «Y este cuerpo tuyo…» la enlazó «lo haré mío esta noche»

Emma se estremeció de placer

«¿Por qué esperar a esta noche?» dijo ella besándola apasionadamente

«Hm…están los niños. Y por muy interesante que sea esa proposición, no pienso dejar la cocina en sus manos»

«¿Estás segura…?» murmuró Emma deslizando su lengua por el hueco del cuello de la bella morena que dejó escapar un gemido de sus labios

«¿Qué te ha dado de repente? Esta mañana aún dudabas y ahora…»

«Creo que me he dado cuenta de que no sirve de nada esperar…cuando se está seguro de uno mismo»

«¿Y tú lo estás? ¿Segura de ti?»

«Ahora sí. De hecho, creo que lo he estado desde hace un tiempo…»

«¿Estás segura?»

Emma frunció el ceño

«Sí, ¿por qué?»

«Yo…no lo sé. Hoy, en la calle, a veces parecías…distante, incluso asustada»

«Oh…bueno…yo…es porque tú eres un personaje público. Eres conocida, eres la dueña de una delas revistas de moda que mejor va en el mundo»

«Sí, ¿y?»

«Bah, pensaba que tener una relación homosexual podría ser perjudicial para tu imagen»

«Oh, Emma…»

«Pero, ¡está ok! Puedo comprenderlo y no me importa. No me dice nada estar bajo la luz de los proyectores. Lo he estado este mes. Si nuestra relación debe estar en la sombra, ningún problema por mi parte»

«Lo comprendo. Pero debes saber que no te pienso esconder, ni a ti ni a Henry. En absoluto siento vergüenza de lo que estoy viviendo en este momento, al contrario. Estaré orgullosa de explicar a todo el mundo hasta qué punto soy feliz contigo, y que has sido una de las mejores elecciones que nunca he hecho, y que si tuviera que volver a hacerlo, lo haría sin ninguna duda»

Emma le sonrió

«¡Ok, vamos deprisa a comer, ponemos a los chicos delante de un DVD y subimos para descubrir el resto de tu cuerpo con mi lengua!» dijo Emma, lo que hizo reír a Regina

«Si lo dices con tanto romanticismo…cómo decir que no»


La comida transcurrió bajo el mismo candor y alegría de los últimos días pasados juntos. Si alguien de fuera a esa historia hubiera visto ese cuadro, ciertamente habría pensado que se trataba de la perfecta familia.

Al acabar la comida, cuando Henry propuso un DVD, Regina afirmó que tenía que lavar la loza, y Emma declinó la invitación, pretextando que estaba cansada.

Los jóvenes se encontraron entonces solos en el salón, viendo «El señor de los anillos» mientras que Regina fregaba la loza. Cuando hubo acabado, dijo a los niños que también iba a acostarse.

Los niños prestaron poca atención a Regina, asintiendo simplemente con la cabeza, pues estaban demasiado absortos en la pantalla. Solo una vez que Regina hubo desaparecido, ellos intercambiaron una cómplice mirada, sabiendo muy bien lo que pasaba en la parte alta.


Cuando Regina entró en su habitación, fue golpeada por la luz suave y el acogedor ambiente que Emma supo darle. Entró con paso suave hasta divisar la silueta de Emma en la cama.

«Has tardado…»

«Lo siento. No quería que los niños sospechasen nada»

Emma rio

«Ya te puedes imaginar que están al corriente»

«Por favor, no hablemos de nuestros hijos imaginándose lo que hacemos aquí»

«Y…¿qué hacemos aquí, señora Mills?» dijo lánguidamente Emma incorporándose

Regina pudo ver entonces que llevaba simplemente una camisa, entreabierta hasta los pechos, y unas sencillas braguitas blancas.

«Interesante…»

«Te lo he dicho: te esperaba» dijo sonriente

Sin esperar, Regina desabotonó su camisa y bajó la cremallera de su falda que aterrizó despacio a sus pies, dejando a la vista un conjunto negro que Emma siempre había creído perfecto para su compañera. Regina subió a la cama y repentinamente los labios de Emma se encontraron sobre los suyos, sus manos recorriendo sus curvas con suaves movimientos. Regina cortó suavemente el contacto

«¿Estás segura?»

«Más que nunca»

Y a pesar de las vacilaciones, a pesar de las lagunas, se dejaron guiar por sus deseos. Las manos estaban en todos lados a la vez, los labios se volvían más curiosos, más atrevidos, las lenguas tomando a menudo el relevo.

Cuando Emma encontró el camino de los cierres del sujetador, sin ninguna vacilación lo hizo caer sobre el colchón, desvelando el perfecto busto de Regina. Sin correr, pero sin tardar un minuto más, sus labios se encontraron degustando esa carne firme, esas dunas rendidas a su causa y cuyas simas oscuras se erigían ante los golpes de su lengua y sus tiernos besos.

Regina se dejó hacer plenamente, intentando no perderse nada de las tiernas atenciones de su compañera, deleitándose con esa lengua suave y cálida que dibujaba sutiles surcos en sus pechos. Obligó a Emma a enderezarse y, de rodillas, una frente a la otra, ella desabotonó la camisa para desvelar el busto desnudo de Emma, listo para sus caricias y sus atenciones. En su turno, ella se ocupó tiernamente del pecho de su compañera, deslizando sus manos por su espalda hasta los riñones de la bella rubia. La yema de sus dedos se deslizó bajo el elástico de las braguitas para posarse en las nalgas de Emma, que se sobresaltó ligeramente.

«Hm, ¿estás bien?»

«No te pares» suspiró de placer Emma

Regina entonces sonrió pegada al pecho de su compañera y descendió sus besos aún más abajo, hasta llegar a su ombligo. Emma hundió sus manos en la cabellera de ébano de su compañera, alentándola a continuar con su maniobra. Regina comprendió y descendió sus manos hacia sus nalgas, tirando de sus braguitas, Regina se enderezó y tras un fogoso beso, hizo caer la prenda hasta por debajo de los muslos de Emma.

Esta última se estremeció y se separó un poco. Sin decir palabra, se recostó y Regina pudo retirar completamente la tela que ya sobraba. Se quedó unos segundos sobre ella, contemplándola desde arriba.

«¡Dios míos, eres magnífica!»

Si la habitación no estuviera tan a oscuras, Regina habría visto, con toda seguridad, cómo las mejillas de Emma se volvían rojas. Entonces, deslizó una de sus manos desde sus rodillas a sus muslos, pasando por sus caderas, rodeando el ombligo y deslizándose entre los pechos para volver a hacer el camino inverso una vez alcanzada la clavícula. Su mano curiosa se posó entonces en la ingle de la bella rubia.

«Regina…» suspiró Emma

«¿Estás bien?»

«Yo…»

«No estamos obligadas»

Emma se incorporó y se apoyó en sus codos.

«Te deseo» dijo ella con una mirada cargada de lujuria y de pasión «Solo tengo miedo de hacer algo inapropiado»

Regina la tranquilizó con una sonrisa

«Hagas lo que hagas, será perfecto para mí»

Entonces, Emma se recostó, y Regina se puso a horcajadas sobre ella. La beso apasionadamente antes de que sus dedos acariciaron el vello púbico de su compañera. Sentía a Emma tensa, se propuso como deber relajarla y hacer que apreciara ese momento. Podía sentir la humedad entre las piernas de la joven, contrastando con sus dedos fríos que deslizó entre los surcos de carne, haciendo estremecer a Emma. ¡Qué extraño era tocar la intimidad de una mujer que no fuera la de ella misma! Como si le hicieran descubrir ese físico que se conocía de memoria. Otras sensaciones nacían a medida que los dedos viajaban por los pliegues del sexo de Emma, otras impresiones se desvelaban y nacía cierta comparación. Una curiosidad que mudaba en deseo de hacerlo bien, de actuar bien. Después, recordamos lo que nos gusta, lo que se siente cuando se roza cierta zona, cuando se acaricia esa otra, cuando se pellizca esa carnes húmedas…esos gestos que se intentan escribir sobre la compañera, es lo que hizo Regina, y por lo que parece, a la perfección al ver las reacciones físicas de Emma: pequeños movimientos de pelvis la alentaron a continuar, a perseverar…

Y Regina obedeció: encontró el punto sensible de toda mujer y lo presionó entre sus dedos antes de ejercer algunos movimientos circulares por encima, desencadenando violentos golpes de pelvis de la bella rubia

«¡Regina!» fue lo único inteligible que Regina puso escuchar entre los diversos gemidos y suspiros de placer de su compañera.

Enardecida por esos ánimos sonoros, acentuó su gesto y pronto su mano se encontró encerrada entre los muslos que Emma había cerrado en un sobresalto de placer.

«Shh, shh…Si me impides hacer lo que quiero…» murmuró Regina en su oído mientras sus dedos se deslizaron más fácilmente debido al placer que emanaba de Emma, e invadía su entrepierna. Entonces ella sonrió «Te amo» suspiró mientras entró en ella con un movimiento dulce, pero preciso.

Emma, entonces, se arqueó, pegó su pecho desnudo al de Regina. Sus manos aferradas a las sábanas, sus falanges emblanqueciendo al extremo, pero poco importaba, lo que estaba sintiendo en ese momento preciso estaba mucho más lejos de lo que creía que podría sentir: un placer muy diferente a aquel que podía sentir con un hombre, un placer más dulce, más tierno, pero también tan profundo e intenso. Con cada movimiento, podía sentir ese entumecimiento característico en los riñones, ese placer virulento, pero tan agradable.

Y nada fue comparable al momento en que sintió cómo Regina introducía en ella un segundo dedo, acelerando el movimiento de vaivén. Su respiración se entrecortó, sus ojos clavados en el techo como para concentrarse en un punto para no perder pie rápidamente, pues, ello lo quería, quería que durase lo máximo posible…El mayor tiempo posible y con la mayor intensidad posible.

Pero su voluntad era menos tenaz que el vigor de Regina cuyo esfuerzo no se atenuó a pesar de los calambres que sentía en su mano y en su brazo. Tenía que aguantar, debía hacerlo, por Emma. Así que, cambió el ritmo, haciéndolo más lento, más profundo, su pulgar jugaba, de tiempo en tiempo, con ese botón de carne tan sensible. Entonces, sintió a Emma contraerse alrededor de sus dedos, volviendo los movimientos más dificultosos. Entonces sonrió, sabía que su fin casi había llegado.

Lanzó algunas miradas a Emma cuyo cuerpo era presa de sobresaltos de placer y cuya respiración volvía más erótico ese momento. Tras unos movimientos suplementarios, Emma lanzó un grito de liberación. Regina, entonces, ralentizó el ritmo hasta quedarse inmóvil dentro de ella

«¿Emma?»

La bella rubia tenía la respiración entrecortada, y aun se estremecía ante ese intenso orgasmo. Regina la sintió relajarse y aprovechó para retirar sus dedos, provocando un último sobresalto en Emma. Se recostó a su lado y clavó su mirada en la suya

«¿Estás bien?»

Emma la miró, y aún en la penumbra, vislumbró una mirada inquieta por parte de la bella morena. Entonces le sonrió, acariciándole la mejilla

«Ha sido…perfecto» dijo finalmente en un suspiro

Regina le sonrió de oreja a oreja

«Créeme, no ha sido sino el comienzo, y ha estado lejos de ser perfecto. Pienso que habrá que practicar y practicar para alcanzar cierta perfección»

«Eso me gusta» concluyó Emma

Se quedaron unos minutos abrazadas, en silencio, antes de que Emma se incorporase

«¿Emma?»

«Shhh…Me toca…» murmuró ella

«No estás obligada, de verdad»

«Ni hablar de que no te devuelva lo que tú me acabas de dar» dijo con una sonrisa

Y sin esperar más, deslizó sus manos sobre el cuerpo perfectamente dibujado de su compañera, manos seguidas de cerca por una lengua suave y curiosa que fue descendiendo hasta llegar al ombligo, para ir bajando y chocar con la frontera textil que era el tanga de Regina. Entonces sonrió ante ese olor característico que nunca había pensado oler en otra mujer. Pícaramente y de improviso, dio un lametazo rápido sobre el tejido, haciendo sobresaltarse a Regina que no pudo sino incorporarse para ver la progresión de la bella rubia.

Emma se arrodilló entre las piernas de Regina y deslizó sus dedos bajo el elástico para bajar el tejido poco a poco hasta dejar desnuda la intimidad de la morena.

Con un movimiento, descubrió ese triángulo moreno que solo era para ella, listo para acoger sus tiernas atenciones. De repente, la duda la invadió. ¿Qué hacer? ¿Por dónde comenzar? ¿Lo lograría?

Y como si Regina leyera en su mente, esta última se sentó y tomó el rostro de Emma entre sus manos

«Hey…tomate tu tiempo. Estoy aquí, soy tuya»

Tranquilizada, Emma le sonrió y la besó antes de incitarla a que se volviera a recostar. Sí, ella tenía razón: tenían todo el tiempo, toda la noche, toda la vida ante ellas. Esa noche les pertenecía y lo que pasara entre esas paredes quedaría como un momento solo de ellas.

Deslizó entonces sus manos por las piernas perfectamente delineadas de su compañera, subiendo desde sus tobillos hasta el interior de los muslos, ascendiendo un poco con cada viaje, hasta rozar con sus dedos el vello de Regina.

Entonces, sintió el cuerpo de esta última estremecerse, lo que la alentó a continuar por ese camino. Posó delicadamente su mano sobre su intimidad y casi se sorprendió al ver que, a pesar de la ausencia de contacto carnal o de gestos íntimos, Regina ya estaba lista para acogerla, su humedad se extendía por toda su intimidad. Emma rozó con la yema de los dedos sus carnes antes de detenerse sobre ese pequeño botón de carme hinchada de placer, y que con un sencillo roce desencadenaba ráfagas de placer.

«Oh, Emma…por favor…»

Escuchar a Regina suplicarle era casi motivo de gozo. Esa mujer que era tan fuerte, que controlaba cada uno de sus movimientos, cada aspecto de su vida, esa mujer estaba a punto de fundirse literalmente delante de ella. Sonrió y presionó su sexo con su mano, acentuando el movimiento sobre el botón de carne, pellizcándolo, rozándolo, apoyando su intimidad, provocando ondas de placer en Regina que no escondía su alegría gimiendo y retorciendo su cuerpo.

Emma, entonces, tomó conciencia de lo que estaba haciendo: tocar a otra mujer, como ella podría tocarse. Darse cuenta de que, aunque todas las mujeres eran diferentes, tenían al menos en común ese disfrute y el nacimiento de un placer carnal.

Cerró brevemente los ojos antes de deslizar dos dedos en Regina que se arqueó violentamente dejando escapar un grito de estupor. Emma tuvo que mantener con una mano el muslo de Regina y con su pierna, la rodilla de la morena para que no las cerrara y la atrapara entre sus muslos. Comenzó una larga danza de penetraciones, más o menos rápidas. A medida que efectuaba esos movimientos, no pudo impedirse detallarlos con minuciosidad: su mano chocando, a veces, con rudeza, contra el sexo de Regina, los ruidos más o menos graciosos de succión debido a la cantidad de licor que el abundante placer había provocado en la intimidad de Regina por culpa de sus eficaces movimientos de penetración, ese olor que emanaba de esa unión, una mezcla de bestialidad, de erotismo y de placer.

Ese olor que invadía sus fosas nasales y que, en lugar de asquearla, la excitaba a ella también. Porque, pronto, se dio cuenta de que entre sus propios muslos su humedad se duplicaba. Sí, sin darse cuenta, estaba dando tanto placer a su compañera como el que estaba sintiendo en ella misma.

Y cuál no fue su sorpresa cuando sintió a Regina contraerse alrededor de sus dedos, dificultando sus movimientos. Ya sentía cómo los calambres tensaban su mano y su brazo, el cambio de ritmo o de posición no hacían nada. Tenía miedo de no poder aguantar, tenía miedo de fallar y dejar a Regina a medias en su gozo. ¿Se sentiría desilusionada si así pasara? ¿Se lo echaría en cara? Ella lo habría conseguido, entonces, ¿por qué ella no habría de hacerlo?

Cerró los ojos, aferrándose al colchón, inclinándose un poco más y cuando escuchó a Regina gritar de placer su gozo, se sintió aliviada al haber podido lograrlo. Se enderezó y tuvo la sorpresa de ver que Regina la miraba amorosamente. Ella le tendió los brazos, invitándola a refugiarse en ellos, lo que Emma aceptó enseguida.

«Mi amor…» le murmuró

«¿Cómo ha estado?» le preguntó con ansiedad la bella rubia

Regina la besó en la frente

«Ha sido mágico, de verdad. ¿Y para ti?»

«Ha sido…extraño»

«¿En el buen sentido o en el malo?»

«En el bueno. Tenía la impresión de estar fuera de mi cuerpo: de estar haciéndolo pero siendo más testigo que actor»

«Oh, créeme, has estado aquí» rio Regina «Pero comprendo lo que dices»

«¿Crees que será así siempre que lo hagamos?»

«No, creo que a la largo nos acostumbraremos…cuanto más se practica, más se hace uno con ello»

«La práctica, eh…»

Emma se giró hacia Regina, esta última hizo lo mismo, y colocó directamente su mano en las caderas de la bella rubia, después las deslizó dulcemente hacia su intimidad y constató su humedad. Arqueó una ceja, divertida

«Y bueno, bueno…»

«¿Qué quieres…? Hará falta algo o alguien para aliviarme…» dijo pícaramente Emma

Regina sonrió y se puso sobre ella con un movimiento rápido y ágil

«¿Ah sí?»

«Sí»

Regina la besó apasionadamente y así comenzaron una nueva sesión de pasión que solo vio su final bien entrada la noche en un concierto de suspiros, gemidos y placer compartido.