Semillas del mal

Amanecía en la Cuidad. Una mujer comenzaba a preparar el desayuno y un científico se vestía para comenzar un nuevo día. En otro lugar de la propiedad se veía una ondulante capa blanca sobrevolando el sector norte. Unos hombres de tez verde salían de sus improvisados hogares a recibir el nuevo día con alegres saludos entre ellos. Un minino caminaba presuroso huyendo por un balcón. Una joven mujer roncaba a pierna suelta en su cama, haciendo caso omiso al despertador que sonaba de cuando en cuando haciendo una pequeña pausa. Un hombre de cabello rebelde entraba en una habitación, sin permiso, y tomaba un aparato para apagarlo mientras lo hacía añicos en su mano, luego volvía afuera, llevando consigo unos objetos metálicos. Levitaba sobre la propiedad para dirigirse al jardín trasero a ejercitarse un momento antes de comer.

Parecía una mañana normal.

Media hora más tarde.

- MALDITO DESGRACIADO… YA VERAS.

Bulma bajó en pijama a la cocina.

- Hijita, ¿por qué tanto grito?

- Ese malnacido de Vegeta, espera a que lo encuentre…

- Oh, el joven Vegeta está en el jardín trasero ejercitándose. Hija hoy saldremos a cenar fuera con tu pa…

Bulma salió disparada. Cuando llegó encontró a Vegeta haciendo abdominales sobre un mat de yoga.

Se acercó a paso veloz, llegando al lado del sayajin.

- ¡ENTRASTE A MI CUARTO!

El se detuvo un momento y se puso de pie. Enrolló la colchoneta y comenzó a caminar hacia la casa.

- Vegeta…No me ignores. ¿DÓNDE ESTÁN?

- No sé de que hablas, terrícola. ¿Podrías ser más específica?

- Vegeta, se perfectamente que fuiste tú… las llaves de paso de la ducha no desaparecen solas.

- ¿Y si fui yo? ¿Qué harás al respecto? ¿Dejarme a solas con la demente de tu madre o doblar mi ropa de cama a la mitad otra vez, o cambiar la configuración de mi consola de juegos para que lo único que vea sean insultos en la pantalla en vez de los diálogos que corresponden? Además no necesito permiso para entrar a tu cuarto. Tus despertadores son ruidosos y ya sabes que hago con las cosas que me molestan…

- Lo de los despertadores lo veremos después…SI NO ME LAS DAS EN ESTE MOMENTO, ESTA VEZ SI TE ARREPENTIRÁS…

- Créeme que ya me estoy arrepintiendo – se acercó a ella y luego indicó con la cabeza hacia arriba – están sobre el techo.

Bulma comenzó a caminar, tendría que utilizar un baño de otro cuarto.

- Oye, te recomiendo que te apresures… ya apestas.

- ARRRRGGGG. YA CALLATE, IMBECIL – le dijo levantando su dedo medio hacia él.

Bulma subió a su habitación, cogió un par de toallas, hecho esto salió al balcón y saltó al contiguo, entró en la habitación, se dirigió al baño, se encerró con llave y se ducho.

Después de desayunar, Vegeta subió a su cuarto, dormiría una siesta, le quedaba solo ese día de descanso antes del regreso de su némesis.

Cuando iba a poner la mano sobre el pomo de la puerta está se abrió y salió una Bulma solo envuelta en toallas.

- Tenías razón, me hacía falta un baño… gracias por prestarme el tuyo - le cerró coquetamente el ojo

Bulma pasó por su lado, aprovechó de darle un beso en la mejilla y se metió a su cuarto. Vegeta quedó paralizado, su rostro ruborizado. No atinó a nada más que a darle espacio a ella para salir. Cuando reaccionó le gritó a la puerta contigua, mientras apretaba los puños a los lados

- NO ERES MAS QUE UNA MALDITA VULGAR.

Luego respiró hondo y se metió a su habitación dando un portazo.

"Diablos, esta humana se me adelantó en la jugada… tendré que tener más cuidado. Aunque ya no sé si habrá una próxima… mañana es el día…"

La mañana transcurrió tranquila. Bulma y su padre estuvieron en los laboratorios. Su madre estaba con los namekuseijin recibiendo consejos de jardinería y Vegeta, con lo enojado que estaba, decidió salir a pasear.

Volaba a gran velocidad, atravesando mares y montañas. Observando lo hermoso que era ese planeta, cuando divisó algo que le llamó la atención. Era una especia de línea que subía hacia el cielo. La recorrió hasta llegar a una pequeña cúpula. Entro y vio que solo había vasijas… Escuchó un ruido tras él… se acercó. Vio algo rojo con rayas negras y que temblaba como una gelatina.

- No me hagas daño por favor.

- Oh, recuerdo esa voz… eres el desgraciado cobarde que me atacó por la espalda…

- Sí, pero te pedí perdón – dijo el hombre poniéndose de pie.

- Ya no me importa… ¿qué es este lugar?

- Emmm… este es mi hogar.

-¿Crees que soy estúpido? Este lugar tiene una energía especial… no puede ser tu casa.

Vegeta recorría el lugar con la vista. Sobre la mesa había algo que le llamó la atención.

- Esas son…

- Oh, n-no son nada – dijo el otro apresurándose a tapar con un plato lo que había sobre la mesa.

- Si me das lo que está bajo ese plato te prometo que no te haré daño y me retiraré por donde vine… de lo contrario desearás no haber nacido…

- Pe-pero son las últimas.

- SI VALORAS EN ALGO TU PATETICA VIDA ME LAS ENTREGARAS, MALDITO

- Está bien, pero no me mates, Vegeta, por favor.

El hombre levantó el plato y dejó que el sayajin cogiera las dos semillas, mientras caía de rodillas al suelo temblando y suplicando.

- JAJAJAJAJAJAJAJA, Parece que la suerte está de mi lado.

Y diciendo esto comenzó a brillar emprendiendo el vuelo de vuelta a la Corporación.

- Maldición. El Maestro me va a dejar sin comer otra vez… - Se lamentaba el hombre aún medio temblando del susto que había pasado.