Yashiro consigue arrancar a Ren de junto a la cama de Kyoko, y se lo lleva a rincón de la habitación.
—Ren… —le dice Yashiro.
—¿Hmm? —responde él, sin hacerle realmente mucho caso, sus ojos aún pendientes de Kyoko.
—¿Volverás por fin al trabajo? —pregunta Yashiro.
—No puedo dejarla —dice él, en voz baja—. No ahora que está despierta…
—Vamos, Ren… —protesta su mánager—. Sabes cómo es ella. Estoy seguro de que lo entenderá.
—Casi la pierdo…
—A ver, Ren —le dice entonces Yashiro, masajeándose el puente de la nariz y tratando de evitar una migraña—, en todos los medios se especula sobre tu relación con Kyoko, algo lógico, puesto que has dejado en pausa tu carrera por estar a su lado —exhala un suspiro, cansado—. LME no se ha pronunciado al respecto, así que esta sería una buena oportunidad para confirmarlos.
—Sabes que es un malentendido… —argumentó Ren, vaciando el pecho lentamente—. Una mentira más…
—Una mentira de la que estás sacando provecho, chico… —le espetó. Ren se lo quedó mirando, y casi le pareció ver al Jefe hablando por su boca—. ¿O te crees que no he visto lo ruborizada que está?
—Yo solo… —trató de explicarse él, pero Yashiro le interrumpió.
—Da igual, nadie podría culparte… —le dijo, haciendo un gesto despreocupado en el aire—. Vamos a ver, Ren, cómo te lo explico… —reflexionó, pasándose la mano por la barbilla—. No es una mentira. No del todo, al menos… —Lo miró fijamente por encima de sus gafas—. ¿Es una mentira que no te hayas apartado de su lado? ¿Que casi te mueres de la angustia? —Y aquí bajó la voz—. ¿Que la quieres más que a nada? ¿Más que a tu profesión? —Y dando por terminado su razonamiento, mueve la mano como quien espanta una mosca—. Detalles, Ren, detalles.
Ren deja salir otra exhalación, un suspiro hondo.
—No quiero declaraciones…
—De acuerdo, sin declaraciones —concede Yashiro, transigiendo en ese punto—. Bien, hasta ahora han sido muy comprensivos, pero tienes trabajo que hacer... —insiste él—. Tienes que volver al mundo ahí fuera.
—Todavía no…
Yashiro resopló y alzó las manos al cielo, dejándolas caer luego sin fuerzas, vencido por su obstinación enamorada.
Pero Kyoko tenía sus propias ideas al respecto…
