Parece que ya voy agilizando un poco la secuencia de la historia. Espero que la disfruten... Estoy empezando a tomar nuevamente la informalidad en el dialogo.

Capitulo 20: El Recuerdo.

Alucard no tenia idea de cuándo fue el instante en el que se volvió tan sentimental. Entre Victoria y Helena, lo habían logrado "domar". Al momento, otro proyectil cayó aun más cerca de la mansión. Ambos miraron en dirección al fuego.

- alguien entró a la mansión- dijo regresando la mirada a la puerta - huele a diversión – sonrió para el, y se dirigió hacia la mansión, Helena le siguió con mucha intriga, parecía que un imán atraía a Alucard, en dirección a la habitación de Walter.

- ¿Ángel de la muerte?... ¿Ángel de la muerte, eres tú? – una silueta apenas se alcanzaba a distinguir entre el claro de luna y el fuego. '

Al instante, Helena miró hacia atrás de ella, pensando que era hacia Alucard a quien se dirigía ese hombre, pero su amo ya no estaba ahí.

- no, mi nombre es Helena ¿quién eres tú? – dijo haciendo especial énfasis en 'quién' – No te había visto por estos rumbos.

- si no eres el ángel de la muerte, no quiero verte – abriendo la ventana para huir.

- No me haz respondido, ¿quién eres? Y ¿quién es ese "ángel de la muerte"? –inmediatamente después de haberle tomado por el brazo con mucha fuerza.

- ¡suéltame, maldita criatura de la noche! – le miró con odio, y jaló su brazo pero no pudo zafarse, por el caso contrario, tomó a la vampira por el cuello y ella respondió de igual forma. Era una lucha tonta de haber quien puede más, pero el hombre empezaba a enterrar las uñas en el cuello de Helena, por lo que ella se violentó, dándole un gran puñetazo en el mentón que empezaba a recubrirse de pelo espeso y grueso; para cuando hubo tocado el piso, era un gran lobo que caminaba sobre el techo.

- ¡wow! Un antiguo pastor inglés, jamás había visto uno de cerca – dijo con sarcasmo.

El hombre lobo, caminó sobre el techo haciendo pequeños saltitos, como si tratara de darle confianza, para que fuera más sencillo sorprenderla, un detalle muy pequeñito pero muy importantito es que este ser tenia puesto un traje estilo militar que jamás había visto en toda su vida, por lógica llegó a la conclusión que era de Millenium, entonces se le erizó la piel, hacia apenas unas cuantas horas había bromeado con Alucard acerca de lo aburrida que era esta guerra. Por fin se sentía amenazada, ya empezaba a caer en la cuenta de qué se trata una guerra.

Durante un tiempo, el lobo y ella solo se evadían, desgraciadamente, la vampira no tenía sus balas de plata, aunque tenía gran fuerza, ella no sentía tener las necesarias como para matar a un hombre lobo con sus manos. Ambos estaban cansados pero evidentemente, solo esperaban a que ocurriera cualquiera de las dos cosas: 1.- se ocultara la luna llena y 2.- amaneciera, lo que ocurriera primero…

Entonces, ocurrió lo primero, durante segundos, la luna se ocultó, haciendo que el hombre lobo regresara a su forma humana; esos segundos los aprovechó para atravesar su corazón con sus manos, haciendo que este saliera gravemente herido. Y aunque no hubo muerto, no estaba en esos momentos en condiciones de vengarse; así que salió por la ventana y corrió por todo el patio de la mansión.

- nunca me respondió el desgraciado perro lanudo – se dijo a sí misma - ¿quién será ese "ángel de la muerte"? Esto mi amo lo ha de saber - desapareció con rapidez.

Alucard mientras tanto, tomaba una copa de vino. Helena entró calmadamente, Alucard le miró por sobre las gafas. No hubo necesidad de preguntar, se conocían tan bien que al verla pasar por el umbral escuchaba ya sus exactas palabras:

- ¿quién demonios es ese ángel de la muerte? Quiero respuestas ahora – le miró con seriedad, Alucard sonrió.

- No es tú problema – se levantó sosteniendo la mirada, caminó hacia ella y le tomó por el cuello, la chica por un segundo se sintió en peligro, pero pasado el segundo sintió la necesidad de aceptar el beso que el hombre le daba en la mejilla. De alguna forma Helena se tranquilizó, este era uno de los momentos en los que el Conde podía ser tan dulce como a miel de abeja (gran parte de esto se le agradece a Victoria, porque ella fue quien soportó los azotes XD) – deja de preocuparte por ese perrito. No entiendo como es que no quisiste matarle, aún sin las balas de plata, estaba en desventaja.

- no, no enti… - entonces lo entendió – la luna era cambiante, hoy era la ultima noche de luna llena y pronto amanecería, nada le costaría entretenerlo hasta el amanecer, entonces, solo sería comida para perros.

- pronto va a amanecer – se sentó nuevamente – descansa, lo necesitas.

- si amo – simplemente se dio la vuelta y entro a su habitación a descansar, tal como se lo había ordenado su amo. Alrededor de las 5 de la tarde el "sueño" se terminó, despertó, lo cual a ella se le hizo extraño, así que como era costumbre fue a merodear las dos habitaciones de siempre, para ver que encontraba, al entrar al de Seras recordó que ella no estaba, se había quedado con Integra y compañía, lo que la limitaba a ir al de Alucard.

Al entrar, vio a su amo durmiendo, así que como entro, salió. Si mas que hacer, regreso a su cama y sin más cerró los ojos. Por su mente pasaba un extraño pasaje:

Era una noche nublada, estaba posiblemente en un cementerio, no tenia idea de que hacia ahí, podía desplazarse como si fuera ella quien viviera el sueño, miraba hacia el horizonte; a sus espaldas escuchó unos regaños, enseguida corrió hacia el. Grande fue su admiración al ver a Alucard, siendo aprisionado por un humano; ante eso dedujo que quien le gritaba era Abraham Hellsing, el tatara… abuelo de Integra, un hombre alto y un poco fornido, de ojos azules intensos, barba un poco desarreglada y vestía ropas cafés oscuras que ante la poca iluminación apenas se percibía, tomaba a su amo por las ropas negras, el (Alucard) llevaba puesto un traje negro y su cabello azabache largo y un poco ondulado, el tenia una barba de candado y sus ojos rojos brillaban al par de la luna, sin embargo, esos ojos rojos no decían lo mismo que todos los días; sus ojos estaban tristes, incluso derramaban lágrimas, el vampiro se sentía enteramente humillado. No pedía piedad, era incapaz de hacer algo como eso.

- ¡Ahora sí maldito monstruo! Vas a morir – le decia sin piedad – pagarás por todo el daño que le haz hecho al pueblo.

- ¿Estás seguro de no haberte convertido en uno mientras me cazabas? – le preguntó el no muerto a van hellsing. Este solo puso cara de enojo mas impresión.

- No te mataré, te daré el peor castigo que alguien como tú pueda tener… Servirás a mí, a mis hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y todos mis descendientes, por la eternidad. No serás más que un maldito perro, la escoria de la casa Hellsing. Te humillarán y tu tendrás que obedecerles, serás su sirviente ¿Qué mas castigo puede tener un ser inmortal? Ser vasallo toda su existencia, después de haber sido un noble conde.

- ¡amo! – enseguida despertó muy impresionada… ¿Lo que había visto era un recuerdo de Alucard? Lo meditó unos segundos, buscó un reloj por toda la habitación, eran 7:00 pm Alucard no tardaba en despertar. Se empezaba a quitar la pijama, cuando escuchó su voz.

- Por mí no te detengas querida – dijo con una sonrisa entre los labios…

- se nota que esta aburrido amo, yo no tengo objeción, me da más pena anda por ahí en pijama – se quito la pijama y se puso su ropa limpia, Alucard se sentó en la cama, pero por más que trato de intimidarle, Helena siempre se daba la vuelta y le ignoraba.

Alucard se levantó de la cama y caminó hacia la mesa… Helena se dejo caer en la cama y cerró los ojos. Al momento que los cerraba, la imagen de Alucard llorando le vino a la mente, y abrió los ojos nuevamente. Ya no era sorpresa, tenía la cara del vampiro tan cerca de la suya como si tratara de encontrarle algún virus mortal en la cara; sonreía odiosamente. Ella también le sonrió y de inmediato se sentó.

- ¿qué viste? – inquisitó el vampiro quitándole el cabello de los hombros. La mirada de la chica estaba perdida en la nada, lo que intrigó más al Nosferatu.

- llorar… le vi… llorar – le miró y volvió la mirada al colchón.

- ¿llorar? – la tomó por el brazo y la recostó en la cama - ¡llorar!

- si… llorar – le dijo con tranquilidad, aun no salía de su asombro – en un cementerio, un hombre de cabellos negros y ojos azules le gritaba y…

- Van Hellsing – retuvo una mirada de odio.

- si, él – le miró a los ojos y se le escurrieron las lágrimas.

-¡¿por qué lloras?! ¿te doy lastima? – le grito.

- no, me esta enterrando el codo, jeje – se giró y ahora ella estaba arriba, se recargo en el abdomen de Alucard, para levantarse y salió del lugar. Alucard quedó stand by, ahora el era el confundido.


NO SEAN CRUELES, DEJEN REVIEWS. POR QUE NO TENGO IDEA SI LO LEEN, ME DESANIMAN XD