Pus llegando a los últimos capítulos, creo.

Awww bueno, aprovecho jummm bueno ando en la sala de mi casa son como eso de las 12 pm en mi país jujuju y ke pereza, tengo trabajo y pues, estoy aki TT y estoy hiperventilando porke encontré los libros ke quería en una librería de mi país y pus mi papá no me los quiere comprar TT bua bua –si ven, ya hablo de más- y para completar, e n mi país van a hacer un evento para el librillo de amanecer y no se si consiga boletas o si las consigo, me toca ir sola TT bua buaaaaaaaaaaaa buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

En fin, ya hablé de más :P este es otro de mis caps favoritos, shiiii hizo llorar a mi amiga siiii y a mi de paso mientras lo escribía!!

Pd: Marcela, aún espero sus revius TT jijiji un mentiras :p



y pues para que vean que ahora medio actualizo seguido, a ver si Arthemisa me hace el milagrito y sube otro capitulo de "la pluma…"

La bestia

-Hasta que por fin apareces-. Gritó Gottreich- ¿Dónde están tus modales? No es de caballeros hacer esperar a una doncella.

No sabía a quien le estaba hablando, no veía nada más que arboles y negrura. Gottreich estaba dentro del área iluminada, con los puños crispados mirando hacía arriba.

-¡Que comience la función!

Esa era indudablemente la voz de Hell, pero sonaba fría y burlona. Lo busqué con la mirada, pero sólo veía a Gottreich, nadie más.

De repente, apareció de la penumbra, Hell. Una extraña expresión desfiguraba su rostro, sus ojos estaban escondidos por la sombra de un gran arbol. Tenía el pecho desnudo, y tenía algo plateado en el cinto del pantalón.

-¿Quién lo diría? Tú Gottreich, ¿Cómo te atreves a volverte contra mí?- Exclamó con voz sardónica, como si no le sorprendiera.

Sus ojos aún estaban ocultos.

-Creo que sabías que lo iba a hacer, y cualquier persona lo haría en mi lugar ¿Cómo poder perdonar a la persona que mató a tus padres frente a ti?- Dijo Gottreich con sarcasmo.

-Bueno, eso está bien, me agrada la idea de enfrentarme contra ti, mi joven pupilo.

Su calma me aterraba; sus palabras eran tan gélidas, tanto como su piel.

-Entonces dime, Gottreich ¿prefieres que sea rápido – Hell sacó lo que tenía en el cinto, era la daga de plata- o… prefieres que sea lento y doloroso?

Hell levantó la mirada y sonrió.

Nunca pensé que llegaría a experimentar el verdadero terror, ese miedo que te hiela hasta la médula. Un grito me desgarró la garganta, pero fue más doloroso que sonoro, ninguno de los dos se percató de mí.

Se veía tan diferente, no era mi dulce Hell, no era el joven cariñoso tierno de ayer; era el monstruo más terrorífico, parecía sacado de una película de horror. Sus ojos 

inyectados en sangre, brillaban con una lujuria de muerte. Una sonrisa malévola dejaba al descubierto sus colmillos, se veían mucho más grandes y afilados, eran increíblemente atemorizantes. Su postura era amenazadora, como si fuera un león a punto de arremeter contra su presa.

Hell se lanzó contra Gottreich, se volvieron manchones a una velocidad que me era imposible seguir. Igual yo estaba tan atemorizada y confundida que no sabía que pensar.

Mi mente estaba saturada de cosas, era mucha información que asimilar. Hell ¿debía temerle o amarlo? ¿Tenía que estar enojada con él por haberme mentido?

Eso no importaba ahora, él había venido y ni se había inmutado con mi presencia, eso era lo que más me había dolido, ni siquiera me dijo un "Lo siento" o "te extrañé mucho" o un "te quiero", no, actuó como si yo no existiera.

Había tanto silencio, solo el ruido de mis dientes castañeando y las de las hojas secas crujiendo. Me sentía tan mal, tan enferma, no importaba que el fuera un asesino o un depredador, pero ¿y si moría? ¿Y si lo mataban?

No, no podría soportar eso, yo lo amo eso es lo único que es seguro, lo único de lo que tengo certeza. Me dije a mi misma.

Intempestivamente un objeto plateado cayó del cielo, a pocos metros de mí. Luego todo paso muy rápido; dos manchas que se movían con gran velocidad se lanzaron en picada para coger el objeto plateado, se escuchó como si dos descomunales rocas hubieran chocado.

-¡Hell!- vociferé horrorizada.

Vi a Hell y Gottreich revolcándose en el suelo, peleando con furia; Gottreich tenía la estaca de plata, con un fuerza descomunal atravesó el abdomen de Hell.

Mi respiración se detuvo; lágrimas brotaron sin control, mi cuerpo empezó a temblar incontrolablemente; miedo, horripilante miedo, mucho mayor del que me provocó ver su verdadera identidad. Era la idea de verlo muerto, eso me dolió mucho más, como me estuviera quemando por dentro, como si me deshiciera a pedazos.

Para mi sorpresa Hell se puso de pie, sin dificultad; como si no sintiera la letal llaga en su vientre. Empezó a reírse; era una risa fría, desalmada, dura, lúgubre; me hizo estremecer. Se reía mientras se sacaba la daga del vientre.

Gottreich se quedó en el suelo, parecía tan sorprendido y asustado como yo.

-¿crees que con eso puedes matarme?-se burló- Soy perenne, inmortal, ¡invencible!

La maligna voz de Hell hizo que a Gottreich se le desfigurara el gesto. Vi miedo en los ojos del muchacho; él sabía perfectamente que su existencia iba a acabar.



-debiste de haber apuntado al corazón- dijo Hell entre dientes- así si me habías matado; pero como eres tan incompetente ni siquiera eso puedes hacer.

El fuego ardió en los de Hell, él se abalanzó sobre el muchacho rubio; con tal fuerza, que todo el bosque tembló. Clavó la estaca justo en el corazón; Gottreich profirió un grito.

-¿cómo te atreves a llevarte a mi doncella?

Hell hundió más profundamente la daga, Gottreich gruñó de dolor.

-bastardo- murmuró Hell casi con dolor- como te atreves a tocar a mi doncella; ella solo es mía, ¡me pertenece solo a mí! –Gritó colérico- ¿la has tocado?, ¿le has hecho algún daño? Eres un cobarde – le escupió sangre-. Me enfermas.

Gottreich se retorció en el suelo, luego de un rato quedó inmóvil; la llama azul se apagó ipso facto. Hell se puso de pie; jadeante, su expresión se volvió taciturna; era como si se hubiera roto algún hechizo. Por primera vez me miró, sus ojos brillaban en la oscuridad; adquirieron brillo melancólico. No supe como era mi expresión, ya que él al verme se crispó de dolor, agachó la mirada.

-Hell- murmuré entristecida.

Él se desplomó en el suelo.

-Hell háblame por favor- sollocé.

Silencio abrumador.

-¡Hell!

Nada.

Allí, atada al árbol, llorando amargamente, oleadas de dolor se levantaban sobre mí, sumiéndome en la agonía. Él… ¿estaría muerto?

Una voz dentro de mi me decía que si; que él se había ido de mi lado, ahora todo lo que había pasado junto a él era un agradable recuerdo. La felicidad había sido tan corta, él había sido mi primer amor, el primero en todos los aspectos.

Piénsalo,- habló esa voz pesimista en mi cabeza- ¿qué harás ahora? No puedes seguir viviendo sin él… ¿Cómo será la mejor forma de morir?

¿Cortarse las venas?

¿Beber cloro?

… ¿Asfixiarse? …

El dolor se apoderó de mí, me quedé vacía, mirando la luna, el único testigo de mi desgracia.