Hola a todos xD. Lo siento de verdad, me fui de viaje casi dos semanas aprovechando las vacaciones de medio año, pero bueno dos buenas noticias: La primera hoy publico capítulo largo y jugoso y segundo, ya acabé de escribir la historia :). Así es, ya terminé de escribirla y ya nos estamos acercando al final. Me queda casi dos semanas de vacaciones para terminar mis otros fics y empezar alguno más xD. Espero que sigan por ahí y no me hayan abandonado pese a que me demoré demasiado en actualizar. Pero como les comenté ya acabé de escribir los capítulos restants y serán subidos ni bien la mayoría los lea, es decir una semana a lo mucho entre cada capítulo. Bueno, espero les guste este capítulo y comenten :). Un saludo especial para Expelliarmus xD.

19

«Todo ha salido como planeado. Bueno, casi todo.»

Aurelius Bronn caminaba por las calles de Londres con toda la naturalidad del mundo. Eran pocas las personas que se encontraban en la calle, todavía no salía el sol, aunque algunos madrugadores miraban las ropas extrañas de Bronn. Él no desviaba la mirada y mantenía los ojos atentos a cualquier indicio de peligro. En la mano derecha sostenía la varita, cubierta por el pliegue de su capa, y en la izquierda sostenía un frasco lleno de sangre.

«Es todo lo que queda —pensó Bronn divertido—. Nunca la sangre de una persona ha valido tantos galeones.»

La idea se le había ocurrido de repente. Llegó como una corriente de agua fría sobre una quemadura reciente, lo sacó de la momentánea desesperación en la que se encontraba. Ginny Weasley había muerto y destruido la preciada sustancia, toda ella. No había forma de completar su misión y ya había gastado mucho dinero del adelanto. La persona que lo contrató para infectar el agua de Hogwarts no era alguien a quien podías fallar. Si aceptabas trabajar para él, solo existía el éxito o la muerte. Y Aurelius Bronn amaba la vida.

****

Harry Potter recorrió con la mirada los rostros sorprendidos de los aurores que lo observaban con las varitas en la mano. El moreno se había aparecido en la oficina de Bronn, como Auror de campo, tenía libertades que le permitían aparecerse dentro de Central.

—¡Harry!—Ron lo miró sorprendido.

—¿Encontraron a Bronn?

—Ya no está en Central, mató a dos aurores mientras escapaba. Anulamos sus privilegios como Auror a cargo, pero igual se abrió camino para escapar —el pelirrojo miró a Harry y luego a su pierna—. ¿Cómo sabías que no eliminamos los privilegios de tu cargo?

Harry empezó a rebuscar entre los archivos y papeles de su antiguo amigo y jefe.

—No lo sabía. ¿Hay alguna pista sobre su paradero?

—Ninguna por el momento, tengo a dos unidades barriendo Central, en busca de pistas. Ya revisé la oficina, no hay nada —Ron se acercó a su mejor amigo—. Harry, si hubiéramos anulado tus privilegios y te hubieras intentado aparecer aquí, podrías haber perdido una extremidad. Además, ¿cómo estás caminando?

Harry se acercó a un archivero y empezó a botar los papeles al piso, mientras rebuscaba algún tipo de pista.

—Eso no importa ahora, enfoquémonos en encontrar a Aurelius—la voz de Harry era fría y práctica.

—¿Sabes que estuviste a punto de perder la pierna?

Harry dejó de revisar los papeles y se volteó hacia Ron con una mirada desafiante en el rostro.

—¿Y tú sabes que has perdido una hermana?

El puño de Ron le abrió la ceja a Harry y la sangre empezó a brotar. Los aurores presentes se tensaron y apuntaron las varitas hacia Harry. El pelirrojo se preparó a recibir algún golpe o hechizo, pero no ocurrió nada. El moreno se quedó mirando su mano manchada de sangre, mientras una idea se empezaba a formar en su cabeza.

—Llama a Hermione —dijo Harry mientras salía corriendo de la oficina de Bronn—. Pregúntale si la sustancia puede ser extraída de la sangre de un infectado.

El auror sintió un dolor punzante al forzar su pierna, pero no disminuyó el ritmo. La morgue se encontraba en el sótano y sería el último lugar donde los aurores buscarían pistas o evidencia.

Al llegar se dio cuenta que no se había equivocado. El cuerpo de una mujer estaba en el piso, Harry sacó la varita y caminó con sigilo. No había muchas posibilidades de que Bronn siguiera ahí, pero no se confiaría. Se acercó a la mujer y se agachó unos segundos para tocarle el cuello.

«La mataron hace solo minutos»

Entonces se confirmaron sus sospechas. El cadáver de Michael Corner estaba fuera de su sitio y había un charco de sangre en el piso.

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«Ahora todo depende de tu encanto —se dijo a sí mismo Aurelius Bronn—. Y de tus galeones»

—Mi madre lo va a recibir—dijo un joven de aspecto rollizo y adormilado—Sígame, por favor.

—Por supuesto —respondió Bronn con una sonrisa—. ¿Quién es tu padre?

—No lo sé, nunca lo conocí y mi madre no habla de él.

—Conociendo el carácter de tu madre no me extraña que aprovechara la mínima oportunidad para escapar —dijo Bronn entre risas.

El chico sonrió resaltando sus mejillas regordetas y dijo en voz baja.

—Yo lo haría también si se diera la oportunidad.

—Te entiendo, chico.

Caminaron por pasillos y estancias adornadas con mucha elegancia y ostentación. Los cuadros en su mayoría eran retratos de la misma persona, una mujer de rasgos aristocráticos y petulantes, que sonreía desde la mayoría de marcos.

«Vieja vanidosa»

Luego de unos minutos, desembocaron en una estancia de mayor tamaño. En el centro de la habitación había un escritorio de roble y una mujer rellenando un pergamino. El joven se escabulló por una puerta lateral, dejando a Bronn solo.

—¿A qué debo esta visita de madrugada Aurelius? —preguntó sin levantar la mirada ni dejar de escribir.

—Siempre es un placer verte Helen, ¿por qué tendría que tener algún motivo en especial?

Helen Trench clavó la mirada en su visitante y con una mueca de sonrisa le susurró.

—Dame una razón por la cual no tendría que ordenar que te maten. ¿Acaso has olvidado que me traicionaste?

Bronn miró seis sombras deslizarse en los recodos de la habitación, pero fingió no prestarles atención.

—Te daré dos razones. La primera, podría llevarme a cuatro por delante antes de que, quizás, puedan matarme y segundo, te tengo un negocio.

La risa forzada de Helen Trench resonó en el lugar.

—Y confiar en tu palabra de nuevo, eso sería un error. La última vez que lo hice perdí miles de galeones.

—No te ofrezco una promesa, te ofrezco una realidad —Bronn sacó una llave de oro y jugueteó con ella—. Tengo un millón de galeones como regalo, como un presente de buena voluntad. Ayúdame y tendrás cuatro millones más.

En contra de su voluntad el rostro de Helen se contrajo en una señal de sorpresa. Cinco millones de galeones de oro era mucho dinero.

—¿Qué necesitas?

—Necesito extraer un compuesto de esta muestra de sangre —Bronn sacó el frasco de sangre y lo puso sobre el escritorio—. No hay nadie mejor que tú en este tipo de conocimientos mágicos.

—Si tú no te animas a hacerlo por tu cuenta, debe ser un trabajo muy delicado. Pero es tu día de suerte, te voy a ayudar. ¿Qué sustancia es?

—Una nueva, no has visto nada igual a esto. Y te convendría no saber más, la gente con la que trabajo es muy discreta —Bronn sonrió y se sentó— ¿Cuánto tiempo?

—Depende de la complejidad de la sustancia, si supiese que es me tomaría solo unos minutos.

Bronn se recostó y cerró los ojos.

—Entonces empieza de una vez —dijo con un ronroneo.

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—¿Qué estás diciendo? —preguntó Ron.

—Toda la sustancia fue destruida con la explosión —Harry evitó nombrar a Ginny—. Toda salvo la que se encontraba en el cadáver de Krum y Michael. Bronn va a intentar extraerla.

Hermione se paseaba entre los cadáveres pensando y revisando distraídamente los nombres de las etiquetas. La sanadora había llegado solo hace unos instantes, se encontraba de camino a la Madriguera, cuando recibió la llamada urgente de Ron.

—Es posible —dijo la castaña rompiendo la tensión del momento—. Pero es magia muy avanzada y especializada, no son cosas que enseñan en el colegio.

—¿Tú no sabes como hacerlo? —preguntó Ron con un deje de incredulidad.

—Se me ocurre algunas formas, pero tendría que experimentar y perfeccionar la forma, me tomaría mucho tiempo.

—Bronn tampoco tiene esos conocimientos, necesita ayuda externa, ¿quién podría realizar el trabajo?

Los amigos se miraron por unos instantes, pero nadie podía dar con la respuesta.

—La gente capaz de realizar este trabajo no sobran, tienen que ser muy pocos —Harry interrumpió con desesperación—. Pero alguien tiene que conocerlos.

—Alguien con contactos en los bajos fondos —apuntó Hermione.

—Se me ocurre un nombre —susurró Ron.

****

—Eres un bastardo con suerte, ¿lo sabías Aurelius?

—Me lo dicen todo el tiempo —contestó Bronn mientras se estiraba— ¿Tienes la sustancia lista?

Como respuesta Helen Trench le tendió un frasco con un líquido transparente. Bronn lo destapó y probó una gota con el dedo.

—Perfecto —saboreó mientras guardaba el frasco en su bolsillo—. Tú tienes tu dinero y yo tengo lo que necesito. Fue un placer hacer negocios contigo. ¿Por qué no llamas a tu encantador hijo para que me muestre la salida?

Como llamado con la mente el chico se acercó hacia ellos desde una puerta lateral, pese a su tamaño su andar era grácil.

—Mark, muéstrale a Aurelius la salida —la voz de Helen Trench al pronunciar el nombre de su hijo, por primera vez en la noche, le sonó humana a Bronn.

****

Los tres amigos se aparecieron fuera de una mansión, ubicada en una de las zonas más ricas en los suburbios de Londres. Harry se acercó sigilosamente hacia el enrejado que rodeaba la mansión y lo tocó con su varita. Unas chispas surgieron al instante y los amigos retrocedieron.

—¿Quién anda ahí? —una voz de mujer se escuchó desde el interior de la casa tras unos instantes.

Ron después de mirar a sus amigos con indecisión, salió de donde se escondían.

—Buenas noches, soy Ron Weasley, un auror del Ministerio.

—¿Qué desea? —la mujer era joven y hermosa, tenía un dejo de arrogancia en el rostro.

—Busco a Draco Malfoy.

—¿Para qué?

Hermione notó que Harry empezaba a perder la paciencia y se acercó a su novio para ayudarlo.

—Somos ex compañeros de Hogwarts, soy Hermione Granger y le agradecería mucho que lo llamara. Es urgente.

—Estas no son horas para visitas y además, no se encuentra en casa.

—Son casi las cinco de la mañana, tiene que estar en casa —aseguró Ron con urgencia.

—No puedo ayudarlos, le diré a Draco que vinieron.

La joven empezó a cerrar el portón de madera cuando Harry se acercó a sus amigos con la varita en la mano. Apuntó hacia el enrejado y con un movimiento de varita la reja frontal empezó a comprimirse, como un papel al ser arrugado.

—Harry, contrólate, vas a destruir todo el cerco —susurró Hermione al tiempo que sacaba su varita—. Déjame ayudarte.

Como respuesta el auror aumentó la velocidad de su mano y el enrejado se estrujó con un sonido metálico y violento. La mujer soltó un grito y cerró el portón de madera.

—Draco —gritó Harry mientras se acercaba a la entrada de la casa— ¡Reducto!

El portón de madera estalló en astillas y algunos cristales se rompieron en miles de pedazos. Hermione y Ron se apresuraron en seguir a su amigo que se internaba en la casa.

Los tres amigos desembocaron en una sala amplia de grandes ventanales, a la izquierda habían unas escaleras ornamentadas de madera que dirigían a un segundo piso que era usado como biblioteca. Desde ahí se iluminó una varita

—Aquí estoy, Potter —se escuchó un siseo cargado de ira desde el segundo piso—. Más vale que haya una maldita explicación para haber destruido mi casa.

—Necesito tu ayuda, Malfoy, y la necesito ahora —respondió Harry mirando hacia arriba, donde la silueta de Draco se dibujaba.

Una voz de mujer cortó el silencio tenso del ambiente.

—¿Y por qué habría de ayudarte? —preguntó con altanería.

Ron y Hermione miraban mientras Harry contraía la cara en un gesto de rabia al contestar.

—Porque me debe la vida.