Aún no superamos que este fic ya esté casi en el final. Oh, sí... un capítulo más y se acaba.

Es triste, pero todo tiene un final.

Ya todos saben que Rumiko Takahashi se negó a regalarnos a Inuyasha y co. Así que no son nuestros (muy a nuestro pesar). Solamente utilizamos los personajes para darle vida a esta historia.

Historia hecha sin fines de lucro.

Nat y Tiff


Capitulo 19:

No fue mi intención

–Lo mejor es que regreses a tu casa, querida–comentó Izayoi.

–Pero…–traté de replicar.

–Debes ir a hablar con tu…–comentó Sesshomaru–No creo que él haya tomado muy bien que defendieras a mi hermano.

Asentí. Tenía que hablar con Luke y aclarar las cosas con él.

Mi cabeza parecía un laberinto sin salida. Mi corazón latía con desenfreno, y sabía que mi cuerpo comenzaba a temblar de sólo pensar en la posibilidad del daño que le causaré a Luke. Me limpié con brusquedad una lágrima que resbaló por mi mejilla. Quizá Luke aceptaría mis disculpas y podríamos ser amigos.

Sacudí mi cabeza y eché carrera hacia mi casa. También tendría que confesarle a mi madre todo lo que vivimos Inuyasha y yo hace tres años, y los sentimientos que tenemos en común. Ese amor que nos unió aún en la distancia. Aún en el dolor y sufrimiento. Ese hilo rojo que soportó a Luke y la distancia entre Japón e Italia.

Mi respiración se agitó al ver la entrada de mi casa. Entré, sin ánimo de ningún tipo. Los nervios me carcomían por dentro. Abrí con lentitud la puerta, y vi a Luke hablar con Sango animadamente.

No se están peleando, pensé.

–Hola–dije tímidamente, temiendo lo peor.

– ¡Adivina!–chilló mi castaña– ¡Aprobamos el examen! ¡Iremos a la universidad de Tokio!

Sonreí falsamente.

–Luke… yo…

–No me digas nada, Kagome–interrumpió, cabizbajo–Te entiendo.

– ¿De qué me perdí?–inquirió Sango.

Los tres nos sentamos en el sofá. Luke no paraba de mirar el suelo de cerámica, como si fuera la cosa más interesante en este mundo. Tratando de ignorar lo que venía a continuación. Iba a ser difícil, después de todo… aún le guardaba cierto cariño al adonis que tenía a mi lado.

Luke contó con voz débil todo lo que había ocurrido. Cómo se enamoró de mí, como creyó que yo era un ángel y no una chica de intercambio… cómo se le hizo inevitable desear ver mi sonrisa a diario. Y yo me sentí morir.

Luego, pasó a relatar la pelea de minutos antes. Sango se tapó disimuladamente la boca con su mano, ahogando un grito. Yo bajé la mirada, y una lágrima se escapó y cayó por mi mentón. Sólo de recordar a Inuyasha inconsciente en mis piernas, con varios moretones… se me oprimió el pecho.

– Luke… No puedo creerlo–comentó la castaña conmocionada– ¿Cómo pudiste hacer…?

–Encontré a Kagome llorando–interrumpió– Y de inmediato pensé que él la había hecho llorar y yo…

–Eso está en el pasado–susurré–Tú no tienes la culpa.

–Kagome, ¿Cómo está?

A Sango se le notaba la preocupación por Inuyasha en su voz.

–Sólo estaba bajo de energías–comenté.

Luke aún no me dirigía la mirada, ni a mí ni a Sango.

–Luke, sabes que yo te quiero–empecé, buscando las palabras adecuadas.

–Ese es el problema, cara–pronunció con ironía–; tú me quieres, pero yo te amo.

Mi pecho dolió con una punzada.

–Pero yo…

–No me expliques nada, no hay necesidad.

–Luke, ¿De qué hablas?

–Siempre supe que tú lo seguías amando, aunque quise creer que no era así.

Se levantó, buscó sus maletas y llegó a la puerta.

–Perdóname por atarte a mí–susurró.

Antes de que yo pudiera formular algún comentario coherente, Lucas ya había salido de mi casa. Ahogué un sollozo, mientras tapaba mi rostro con mis manos, tratando de ocultar las lágrimas que parecían ríos. Sango se acercó más a mí, y me abrazó; dándome consuelo. Ella sabía como me sentía en esos momentos, pero el sonido de la voz de mi madre me alertó. Tensándome al instante.

– ¡Cielo! ¿Qué te ocurrió?

–Mamá yo…

–Las dejaré solas–comentó Sango levantándose, le halé el brazo para que se volviera a sentar.

–Necesito que te quedes aquí.

Sango asintió, comprendiendo.

– ¿Qué te ocurre, hija? ¿Por qué lloras?

–Luke se fue, mamá.

– ¿Irse? ¿Adónde?

Un sollozo se escapó de mi garganta.

–Regresó a Italia, supongo–contestó Sango.

– ¿Por qué?

Tragué duro. Decirle a mi madre que Luke se había ido porque no soportaba la idea de que yo siguiera sintiendo aquellas emociones que creía olvidadas por Inuyasha, no iba a ser nada agradable. Y tampoco tenía idea de cómo reaccionaría. Tengo la mínima esperanza de que lo tome bien, tal y como lo hizo la madre de Inuyasha.

–Porque yo… sigo enamorada de Inuyasha.

Mi madre me miró con asombro.

–Pero, cariño, ¿No decías odiarlo?

– ¡No lo sé, mamá! ¡No sé cuándo comencé a amarlo!–sollocé– ¡Fue por eso que fui a Italia!

– ¿Qué tiene que ver Inuyasha en todo esto?

–Fuimos novios hace tres años–expliqué con un nudo en la garganta.

Sango me apretó la mano, en señal de ánimo. Mi madre me dirigía una mirada llena de confusión y de curiosidad.

–Y… él me amaba y yo a él–mi voz se quebró–Pero… la noche antes del viaje a Italia… yo…

Un gemido salió de mis labios al recordarlo, el dolor ahogaba todas las palabras que yo quería decir.

– Kagome Higurashi, no me dirás que tú e Inuyasha…

– ¡No!–sollocé de nuevo– ¡Jamás, mamá!

–Continúa, cielo.

–Habíamos quedado de vernos en un café… y cuando llegué allí…

–Él estaba con Kikyo–terminó Sango por mí, al ver que no podía seguir.

Mi madre corrió a abrazarme, al ver como los sollozos aumentaban en ves de disminuir.

–Cariño, ¿Fue por eso?

Asentí.

–Yo pensé que estando lejos de él… lo olvidaría y él sería feliz con Kikyo… sin embargo…

–Cuando volvimos él estaba en el aeropuerto esperándola–siguió Sango–Y él le confesó que aún la ama…

Ambas me mantenían en un abrazo, mientras mi respiración agitada se iba regulando. Las lágrimas dejaron de salir, y el dolor que minutos antes había sentido desapareció. La paz inundó mi ser y mi alma, y en mucho tiempo, me permití sonreír con sinceridad.

Mamá lo tomó mejor de lo que pensé, e incluso me dijo que por qué no se lo dijimos antes. Yo solo solté un suspiro. Era cierto, debía ir a ver como se encontraba Inuyasha. Le había hecho daño a Luke, a pesar de que me juré no hacerlo pasar lo que yo sufrí… pero no era mi intención. Los sentimientos que creí totalmente enterrados, renacieron al ver los ojos ambarinos de él.

–Cielo, ¿Por qué no vas?

–Tengo miedo–confesé.

–No temas, estoy segura de que él te perdonará–sonrió Sango.

–Acompáñame–rogué.

Sango asintió, tomó nuestros abrigos y nos despedimos de mi madre mientras salíamos por la puerta.

Ojalá que logre perdonarme… y que su amor siga intacto.


Ojalá les haya gustado.

Gracias por sus reviews, esperamos seguir contando con ellos en nuestros próximos proyectos.

Cuídense.

Tiff y Nat.