Capítulo 19

Bella no podía evitar gemir cada vez que la lengua y los labios del rubio vampiro rozaban su sensible piel. Las atenciones que estaban recibiendo sus senos la estaban elevando al séptimo cielo. Dentro de la pequeña tienda, el aire era denso, caliente y húmedo... justo como se sentía ella en ese momento. La oscuridad era absoluta, y los únicos sonidos que se escuchaban eran los suspiros y jadeos irregulares de ella y las pequeñas succiones de sus besos sobre su piel de él. Alzó su mano temblorosa y a tientas buscó su cabeza. Hundió sus largos y delicados dedos en los sedosos cabellos, jugueteando con sus mechones ondulados, acariciando su cuero cabelludo, suavemente al principio y más intensamente cuando el placer se fue incrementando.

-¡Aaah! -Bella ahogó un chillido cuando notó como atrapó entre sus dientes el pequeño capullo rosado que era su pezón y tiró ligeramente de él. Todo su cuerpo tembló de placer en su mayor parte, pero también de miedo. No estaba muy segura de que fuese buena idea que él incluyese sus dientes en su jueguecito sexual, pero enseguida se olvidó cuando descubrió las increíbles sensaciones que aquello le provocaba. Sobre todo cuando él alternó pequeños mordiscos con dulces lamidas.

Bella arqueó su espalda, clavó sus uñas en su cabeza y él con delicadeza pero firmemente, agarró su mano y entrelazando sus dedos con los suyos se la apartó sujetándola por encima de su cabeza. Recorrió con pequeños besos hacia su clavícula y con la otra mano trazó una línea sobre su piel sudorosa, desde el cuello bajando lenta y tentadoramente por entre sus pechos, su abdomen, su vientre, pasando por su pequeño y gracioso ombligo hasta llegar a la puntilla de sus braguitas. Colocó la palma de su mano sobre el plano vientre, acariciándolo mientras con su lengua recorría su oreja. Finalmente deslizó los dedos dentro de la delicada prenda de ropa interior justo hasta llegar al comienzo de su denso y rizado vello púbico. Bella notó como se humedecía, aún más si cabe, de anticipación.

-Tócame -Jasper susurró de forma apenas audible mientras retiraba su mano y se separaba del cuerpo de ella.

A la joven castaña le costó tragar. Sentía los labios hinchados y la boca seca. Suspiró mientras intentaba controlarse. No podía ver nada allí dentro, pero la oscuridad hacía que el resto de sus sentidos se agudizaran, sobre todo el del tacto. Y era maravilloso. Alargó su mano hacia el lugar en donde pensaba que podía estar él.

-Caliente, caliente -dijo él con la voz grave por el deseo.

Ella rió levemente, divertida.

-¿Me estoy acercando? -preguntó sensual.

-Te quemas -contestó él pícaro.

Los dedos de ella tocaron algo duro, cubierto de una tela de algodón. Se atrevió a palpar y comprobó que tenía forma redondeada... siguió un poco más.

-¡Un hombro! -dijo ella como si acabara de descubrir la solución a un gran acertijo.

-¿Estás segura? -preguntó él con la misma voz sugerente que tanto le gustaba a ella.

Ella rió de nuevo y continuó tocando el duro y bien definido cuerpo del inmortal. Se había quedado en camiseta y podía moldear sus músculos fácilmente por encima.

-Quítate la camiseta -susurró ella.

-Quítamela tú -contestó.

Ella se mordisqueó el labio inferior y sin más preámbulos lo hizo, tiró de la prenda hacia arriba y él se incorporó para ayudarle en la tarea. Luego se volvió a recostar sobre sus codos, esperando. Bella cada vez estaba más suelta y cómoda con la situación. La oscuridad ayudaba bastante, todo sea dicho, pero se sintió una mujer madura y poderosa. Tocó su duro y firme pecho, primero recorriéndolo con las yemas de sus dedos, rozando deliberadamente sus pequeños pezones masculinos, luego masajeó con sus manos su torso yendo poco a poco hacia abajo. Sintiendo su fibrosa delgadez, recorriendo el camino marcado por una fina línea de vello, tan suave que prácticamente era como pelusilla. Y llegó hasta la hebilla de su cinturón. Lo toqueteó juguetona, demorándose en ella a propósito

-Sigue -pidió él quedamente- por favor...

La joven respiró hondo y humedeció sus labios. Nunca había hecho algo así antes. Él le estaba rogando... y le encantaba. Manipuló la hebilla y con algo de dificultad debido a su erección, le desabrochó los pantalones. Titubeó unos segundos antes de agarrar su miembro duro, acariciándolo tímidamente al principio y más intensamente cuando oyó los gemidos ahogados del rubio. Aquel ronroneo era como música para sus oídos.

Rodeó su pene con la mano y lo sujetó tanteando su calibre. Era grueso, y al recorrerlo en toda su longitud comprobó que el tejano estaba muy bien dotado. ¿Demasiado para ella, quizás? Aquello le creó una pizca de ansiedad. Le dolería. Seguro. Pero lo deseaba tanto...

-Oh... Bella... -gimió el vampiro mientras ella continuaba con sus caricias. Sus ojos se habían oscurecido como el azabache, y el deseo se volvió necesidad. Casi como la sed que estaba empezando a sentir.

Entonces ella hizo algo inesperado. Algo que ni siquiera él se había atrevido a pedirle (por el momento) y que le puso a cien. Sintió como sus labios le rozaban la sensible piel de su virilidad, la humedad caliente de su boca rodeándolo. En la oscuridad, él sí podía ver. Sus pupilas se dilataron como las de un gato mientras contemplaba la cabeza de Bella subiendo y bajando en su entrepierna. Su coleta estaba medio deshecha y los mechones castaños se le habían escapado y le caían sobre la cara. Alargó su mano y se los apartó suavemente, acariciándole la cara de mejillas sonrosadas por el calor y la excitación, su boca llena y sus labios tensos. Era sumamente erótico, irresistible. No podía esperar a hacerla suya.

Bella sintió sus dedos apartándole el pelo de su rostro, hacía tanto calor allí dentro que agradeció sentir el frío de su piel. Se sintió muy complacida oír como gruñía de placer, pero no estaba segura de cuándo tenía que parar. ¿Cómo sabría cuándo hacerlo? Estaba empezando a dolerle la mandíbula. Como si le leyese el pensamiento (aunque era imposible) sintió como se incorporaba y la agarraba de un hombro para retirarla. Acto seguido, rodeó con su fuerte brazo su cintura y la volteó para tumbarla sobre el mullido colchón de camping posicionándose él encima. El corazón le iba a mil por hora mientras él se arrodillaba y separaba sus piernas. Tomó uno de sus tobillos y lo levantó hasta apoyarlo sobre su hombro. Acarició su esbelta pierna, recorriendo el camino hacia sus caderas, cubriendo con besos el interior de sus finos muslos. Luego, agarrándola firmemente por la cintura la ayudó a incorporarse un poco para besarla en los labios. Su beso fue lento y sensual; como si pretendiese hacerlo durar una eternidad.

Fue descendiendo poco a poco por su cuello, su pecho, su abdomen... y más abajo. Sus cabellos despeinados le rozaron las ingles haciéndole cosquillas. Sufrió un leve espasmo cuando notó su boca hambrienta justo en su centro, por encima de la fina y delicada gasa, apenas una leve barrera que superar. Ella dejó escapar un quejido cuando notó la lengua pulsando su sensible botón. Tomó una bocanada de aire y buscó a ciegas cualquier cosa a la que agarrarse con fuerza. Aferrada a su saco de dormir, sintió como él colocaba sus manos en sus caderas y con dedos expertos comenzaba a deslizar su lencería fina por ellas.

Jasper apenas podía contenerse. Estaba muy excitado y tuvo que luchar por no arrancarle la escasa ropa que le quedaba puesta a la joven mortal y tomarla sin más. Pensaba que era una suerte que no viera como estaba luchando contra su naturaleza animal, como su mirada sobrenatural se fijaba en ella como si fuera una presa. No quería asustarla, a pesar de que ella siempre le había parecido una chica muy valiente ("inconsciente", era la palabra que usaba siempre Edward) Pero aún no podía confiarse... ella era todavía virgen. ¿Cómo podía ser eso? Era preciosa y levantaba más pasiones de las que se imaginaba entre los chicos. Lo sabía muy bien. No era por falta de ocasión. Eso le preocupaba, en cuanto atravesara su barrera... No pudo evitarlo y tembló, emitiendo un ronco gruñido que sonó amenazador. A pesar de todo, su dulce Alice confiaba en él. Alice...

-Alice... -murmuró en la oscuridad, como en un trance.

De repente Bella se puso tensa. Su respiración se aceleró y la angustia la invadió. Había oído claramente el nombre que había pronunciado su amante. ¡Cómo se atrevía! Tenía ganas de llorar y gritar de rabia. Deseaba morirse, estar lejos de allí en aquel momento. Se quedó inmóvil unos segundos porque no sabía muy bien qué hacer. Se sentía tan humillada. ¿Había sido todo una broma para él?¿Era por eso por lo que prefería que estuviesen con la luz apagada?

Él no dijo nada. Ni siquiera se movió.

La joven, con los ojos inundados en lágrimas, le pegó una patada con todas sus fuerzas acertándose de lleno en el rostro. Entonces él pareció reaccionar. Ella se revolvió, intentando incorporarse y cubrir su desnudez lo antes posible.

-Bella... espera... -dijo con tono preocupado. La agarró por un brazo.

-¡NO ME TOQUES! -gritó furiosa.- ¡NO TE ATREVAS A TOCARME!

-Déjame que te explique -dijo él apartando sus manos de ella y levantándolas en señal de rendición- He sentido a Alice...

-¡Cállate!¡Cállate, cállate, CÁLLATE! -no podía soportar más su voz, su presencia. No quería que le explicase nada. No quería ninguna disculpa.

-Lo siento... -gimió él.

Aquello fue la gota que colmó el vaso. Bella se había puesto lo primero que había encontrado por el suelo de la tienda. Todavía estaba oscuro, pero lo único que quería era salir de allí. Comenzó a jadear con más fuerza, faltándole el aire. Avanzó con torpeza hasta la entrada de la tienda y de un tirón abrió la cremallera. Jasper se había atrevido a agarrarla otra vez, pero inexplicablemente se le escurrió de entre las manos.

-No salgas, Bella. No... -oyó que le rogaba.

La chica escapó a gatas, arañándose las piernas con las ramitas secas y los guijarros del suelo del bosque.

-¡Vete al infierno! -gruñó volviéndose hacia la tienda mientras caminaba apresuradamente, no había dado ni dos pasos y ya había tropezado con lo que ella tomó por un tronco de árbol o una gran piedra.

-Hola, hola -dijo una voz fría como el hielo muy cerca de su oído. Unas enormes manos gélidas se aferraron a sus brazos.

Bella se quedó congelada. No se atrevió a girarse ni a mover un sólo músculo hacia la persona que la tenía atrapada. Jasper se había materializado al momento ante ella. Llevaba puestos los pantalones y nada más. La luz de la luna sacaba reflejos plateados a su cabello, y su piel blanca estaba lustrosa como el mármol. Sus ojos llameaban como ascuas encendidas, negros como carbones y sus dientes expuestos en señal amenazante. El extraño acercó su cara al cuello de Bella e inspiró profundamente. La chica vió como una cascada de pelo negro y lacio calló sobre su hombro, por encima de su pecho. Se percató de que llevaba puesta la sudadera de Jasper; del revés y mal colocada.

-Hmmmm -se deleitó el desconocido.

Bella miró por el rabillo del ojo un rostro hermoso, de ojos azules como el hielo y labios finos. Jasper dio un paso al frente gruñendo. No le quitaba ojo. Pero una voz sonó, proveniente del lado izquierdo, entre unos árboles.

-Hola Jasper, qué alegría verte -dijo una voz dulce y musical.

Una mujer de extraordinaria belleza surgió de la oscuridad y caminó con tranquilidad hacia donde estaban. Su larga melena rubia le caía en cascada por los hombros hasta la mitad de la espalda. Sus movimientos eran gráciles y aunque lucía una sonrisa en los labios, sus ojos mostraban una mirada fría. Bella la reconoció al instante.

-Hola Irina -contestó Jasper con voz tensa, mientras por el rabillo del ojo veía que desde el lado de la derecha otra figura avanzaba hacia ellos, de figura menuda y aspecto frágil, pero según su criterio él más amenazador de los tres. Era apenas un muchachito, pero sabía que era el más antiguo y poderoso de los tres.

La rubia caminó hasta donde estaba su amigo sujetando a Bella y le acarició a esta la melena revuelta. Jasper rezó en silencio para que la joven se mantuviera en silencio.

-¿Interrumpimos algo? -preguntó Irina divertida a nadie en particular, mirando con curiosidad, primero la indumentaria de la chica y luego a Jasper, clavándole los ojos.

-No -contestó Bella seria, aún enfadada.

-Sí -respondió él con calma. "Cállate, Bella, por dios"

Ambos habían contestado al mismo tiempo y la vampira esbozó una sonrisa malévola.

-¿Jugando con el juguete favorito de Edward? -comentó fingiendo inocencia- tsk, tsk, tsk... qué chico tan travieso...

-Creo que estaba a punto de disfrutar de un rico picnic... -dijo la voz tras de ella mientras con un dedo recogía una lágrima errante en su mejilla.

-¿Otra vez, querido? -dijo Irina fingiendo sorpresa esta vez- Eres incorregible... Pero bueno, no te culpo... huele taaan bien. Podrías invitarnos, ya sabes, por los viejos tiempos...

-Nadie va a tocarle un pelo a Bella -dijo Jasper con voz grave y firme.- Así que dile a tu amigo que la suelte de una vez.

-Oh, qué desconsiderada por mi parte... no he hecho las presentaciones -la vampira siguió con su juego- Te presento a Randall y a Mortimer, chicos él es Jasper del clan Cullen, de Forks; y la jovencita es Bella... el motivo por el cual mi querido Laurent ya no está entre nosotros.

Las últimas palabras de Irina sonaron frías y llenas de odio.

-¿Ella? -Mortimer, el menudo vampiro habló con tono incrédulo- ¿Esta pequeña e insignificante humana ha provocado la caída de uno de los nuestros? ¡Qué sacrilegio! ¿Por qué sigue viva?

-Porque es parte de nuestra familia -una voz sonó a espaldas de Jasper.

Alice apareció subiendo un peñasco, con la luz del amanecer recortando su esbelta silueta, enfundada en un elegante mono de tejido de gabardina beige.

-Y no vamos a permitir que se le haga ningún daño. -añadió Edward, situándose a su lado, con los brazos cruzados.