Capitulo 19

Candy daba vueltas por la sala de espera del hospital. Estaba furiosa porque Eleanor no le había permitido estar con Terry en esos momentos. Sabía que él y su padre necesitaban privacidad, pero de todas formas no le gustó la forma en que la habían tratado.

Entonces vio a su marido dirigirse a ella. Era evidente que esa visita lo había preocupado más de lo que había creído. Candy corrió hacia él, ansiosa por saber las nuevas noticias.

- ¿Qué ha sucedido? – Le preguntó.

- No sé qué hacer – Se pasó las manos por el cabello, parecía confundido.

- Porque no me explicas lo que pasa... tal vez pueda ayudarte.

- Mi padre me ha pedido perdón... esta muy enfermo.

- ¿Morirá? – Preguntó Candy con temor de oír la respuesta. Richard no se había comportado bien con Terry, pero no dejaba de ser su padre, y el abuelo de Bobby.

- Hay una posibilidad...

- ¿Cuál?

- Un trasplante de riñón. Pero ninguno de sus hijos es compatible... yo sería su última opción.

- ¿Te ha pedido que le donaras un riñón? – No podía creer que lo haya contactado para eso. Era demasiado vil.

- No, él no me lo ha pedido... pero no sé si deba hacerme esos exámenes.

- Aún no puedes perdonarlo...

- No. Pero no me siento capaz de dejar morir a una persona, mucho menos si es mi propio padre. Sé que sonará irónico, después de haber matado a cientos de personas en Vietnam, pero esto es diferente.

- Lo sé – Le colocó una mano en el brazo, y Bobby rió. Terry se sintió con fuerzas de hacerlo, creía que era momento de olvidar todo el rencor y odio que sentía hacia su padre.

- Lo haré – Decidió él – Me haré esos exámenes de compatibilidad.

- Estoy orgullosa de ti... y Bobby también.

- Gracias por estar siempre a mi lado – La abrazó fuertemente – Tengo que ir a hablar con los médicos, no queda mucho tiempo.

Terry se realizo todos los estudios necesarios para poder donarle un riñón a su padre. Para cualquier persona hubiera sido una decisión difícil de tomar, pero Terry estaba seguro de lo que hacía. Sentía que se había sacado un peso de encima al enfrentarse a su padre.

Al día siguiente, Candy y Terry volvieron al hospital para conocer el resultado de los exámenes. Aún no estaban listos cuando ellos llegaron, por lo que él decidió ir a ver como se encontraba su padre, dejando a Candy en la sala de espera.

Bobby comenzó a llorar fuertemente, lo que provocaba miradas impacientes por parte de las enfermeras y los pacientes.

- ¿Qué pasa, mi amor? – Le dijo con voz tierna para calmarlo - ¿Tienes hambre?

Buscó un asiento vacío para poder amamantar a su hijo. La gente ya comenzaba a mirarla de una manera hostil. Se sentó en una silla y descubrió un pecho para alimentar a su bebé, cuando sin quererlo oyó la conversación de unas personas que estaban sentadas solo a unos metros de ella.

- ¿Crees que sea compatible? – Había preguntado una joven rubia a la mujer que se encontraba a su lado.

- Eso espero. Es la última oportunidad de tu padre.

- No lo sé, mamá – Comentó ella– No sabemos nada de él... tal vez no quiera ayudarlo ¿Qué pasará si se arrepiente de la decisión que ha tomado?

- Pues tendrá que hacerlo – Dijo la mujer – Terrence es la única persona que puede ayudar a Richard. Ya no puede echarse atrás.

Candy se sorprendió al escuchar el nombre de su marido. Era obvio que estaban hablando de él.

Un joven, igual de rubio que las dos mujeres, se acercó a ellas. Con tres vasos de café.

- ¿Hay novedades?

- Aún no.

- He visto a ese tal Terrence – Rió sardónicamente – A distancia se ve que es un cavernícola. Ahora entiendo cómo se dejó convencer tan fácil.

- Su madre ha ayudado – Dijo la mujer mayor – Esa estúpida ama verdaderamente a Richard. Nunca supo que él ya no la quiere.

- Pero gracias a ella existe otra posibilidad para que nuestro padre se salve – La chica de 16 años parecía la más apenada de los tres.

- Ese salvaje de su hijo – Dijo la madre con desprecio – Al menos servirá para algo.

Candy ardió en llamas. No podía creer la manera en que se habían aprovechado de los sentimientos de su marido, ni la forma en que lo estaban humillando. Esa gente era detestable, y tenía que contárselo a Terry inmediatamente.

Se cubrió el seno antes que Bobby hubiera terminado de comer, provocando que estallara en llanto.

- Lo siento, mi cielo – Le decía mientras buscaba a su marido – Pero hay algo importante que debemos hacer. No podemos permitir que esa gente horrorosa se burle de tu papá.

Caminó y caminó hasta encontrar a Terry, quien salía de una habitación, la de su padre, probablemente.

- Terry – Lo llamó, aliviada de verlo.

- ¿Qué pasa?

- Hay algo que debes saber – Le contó brevemente la conversación que había oído en la sala de espera. Vio como la expresión de Terry se volvía cada vez más dura mientras apretaba con fuerza los puños. Entonces vio como él volvía a entrar a la habitación de su padre, y se preguntó si había hecho bien en contárselo. Ella entró corriendo tras él.

- ¡Eres un maldito desgraciado! – El hombre postrado en la cama lo miraba con expresión de terror.

- ¿De qué hablas? – Preguntó con voz temblorosa – Creí que todo había quedado claro entre los dos.

- Lo único que me quedo claro en que no has cambiado en nada.

- No entiendo.

- Mi esposa ha escuchado una conversación de tus bastardos. Ahora lo sé, todo ha sido un circo para que te salve la vida.

- ¡Ella miente! – Señaló a Candy. Era el último recurso que le quedaba.

- ¡Candy no miente!

- Es su palabra contra la mía.

- La tuya no vale.

- Terry, mejor vámonos de aquí – Candy no quería que su marido cometiera una locura, y Bobby comenzaba a ponerse nervioso.

- Tienes razón – Se dirigió a la puerta, dispuesto a hacerle caso a su esposa.

- ¡Espera! – Gritó Richard – No puedes irte ¿Qué pasará con el trasplante?

- Es lo único que te importa ¿Verdad? – Volvió a enfrentarlo - ¡Tú estúpida vida!

- ¡Debes respetarme! ¡Soy tu padre!

- Considérate liberado de esa responsabilidad – Le dijo burlonamente.

- ¡No puedes marcharte!

- Lo siento... Candy, mi hijo y yo viajaremos a Paris. No creo que pueda donarte uno de mis riñones si eso se interpone con mi viaje.

- ¡Eres un maldito! – Richard comenzó a alterarse, sintiendo como sus últimas esperanzas de vivir de iban por la puerta - ¡Te odio!

- El sentimiento es mutuo.

- ¿Qué está sucediendo aquí? – Un medico entro en la habitación, seguido por las personas que Candy había visto en la sala de espera y Eleanor.

- Nada – Contestó Terry – Mi esposa y yo ya no nos íbamos - Tomó a Candy de la mano y se dirigieron a la salida.

- No puedes irte – Le dijo la mujer rubia – Los exámenes ya están listos, el médico nos ha traído los resultados.

- Me importa un bledo.

- ¡No puedes arrepentirte ahora!

- Ya lo he hecho.

- Terry por favor – Le dijo su madre – Es la vida de tu padre la que está en juego.

- ¿Es que no lo entiendes, madre? – A pesar de todo, Terry sentía lastima por ella. Después de todo, amaba a Richard, y no quería perderlo, por más que fuera un canalla – Él te ha engañado a ti también ¡Te han utilizado! Lo único que querían de ti es que me convencieras para que donara el órgano.

- ¡No es cierto! – Exclamó la otra mujer, viendo cono sus planes se desmoronaban ante su vista – Todo lo que queremos es que Richard este bien – Se dirigió a Eleanor – Y tú también quieres eso. Convence a tu hijo para que no se eche atrás.

- Calma – Dijo el médico – No vale la pena que discutan.

- ¡Pero doctor! ¡La vida de mi marido está en peligro!

- ¡No es tu marido! – Gritó Eleanor furiosa – Richard aún está casado conmigo.

- Por favor – Volvió a intervenir el médico – No es momento de discutir. Tengo aquí los exámenes de compatibilidad – Dijo, agitando los papeles que llevaba en su mano – El señor Terrence no es compatible con el paciente. Lo siento mucho.

- ¡Ni para eso sirves! – La mujer se arrojó hacia Terry con los puños cerrados, pero él no tenía tiempo para seguir formando parte de ese circo, y su hijo había comenzado a llorar al oír los gritos, había sido un día muy agotador para un bebé de seis meses.

Se sacó a la mujer de encima sin ninguna dificultad, y tomó a Candy de la mano para salir de allí. Le aliviaba saber que no era compatible con su padre, pues eso eliminaba todo remordimiento que pudiera sentir algún día, aunque dudaba que eso ocurriese.

- Siento mucho lo que ha ocurrido – Le dijo Candy, una vez que ambos estuvieron dentro del auto – Se que debe haber sido difícil para ti.

- No importa – Contestó él, con la mirada fija al frente.

Candy notó que había tomado un camino diferente al que utilizaban para llegar a su casa.

- ¿A dónde vamos, Terry? Este no es el camino a casa.

- Lo sé.

- ¿Entonces?

- Viajaremos a Paris la semana que viene, necesitamos comprar cosas – Dijo mientras entraba a un centro comercial – Bobby ha crecido tanto que ya no le entra su ropa, necesitará nueva.

- ¿Entonces es verdad que viajarás con nosotros? – Estaba feliz, pues serían sus primeras vacaciones en familia. Ni siquiera habían tenido una luna de miel, a causa del embarazo.

- Claro ¿Crees que dejaría viajar a mi mujer sola, con el riesgo que se enamore de un francés y se dé cuenta del error que ha cometido al casarse conmigo? – Bromeó – No permitiré que te alejes de mi lado.

- Sabes que nunca haría algo así.

- Es verdad.

- La pasaremos bien en estas vacaciones... ya lo verás.

- Siempre he querido conocer Paris.

ooo

Anthony había invitado a su esposa a tomar un café. Después de su encuentro con Candy, se había tomado un tiempo para poner en orden sus sentimientos, pero no se había dado cuenta que, mientras tanto, hería los de Jo.

No podía olvidar a su ex novia, pero debía aceptar que la había perdido para siempre, y todo había sido su culpa. Lo único que le quedaba, era recomponer la relación con su esposa. No sería sencillo, pero debería hacerlo por ambos, por lo que una vez habían sentido, y que él creía que aún no había muerto.

- ¿Qué es lo que querías decirme? – Jo parecía desganada. Había pasado las peores semanas de su vida. Sentía que su matrimonio se estaba cayendo por la borda, y no podía hacer nada para evitarlo.

- Quería hablar sobre nuestra relación – Dijo Anthony, mirando su taza de café.

- ¿Es que aún existe nuestra relación?

- Se que he sido un idiota, y acepto toda la culpa de esto que está pasando.

- Que bueno que lo admites.

- Pero pienso que aún estamos a tiempo para salvar lo que queda de nuestro matrimonio – La miró a los ojos, y ella supo que estaba siendo sincero, aunque le costara creer en su palabra.

- ¿Por qué me mentiste sobre Candy?

- Porque la había olvidado.

- ¿Cómo puedes decir eso? – Exclamó indignada – Me dices que la habías olvidado, pero te confundes cuando la vez y me dices que no estás seguro de tus sentimientos ¿Qué es lo que debo pensar de todo esto?

- Tampoco yo puedo explicarlo. Pero entre Candy y yo no hay nada, y nunca lo habrá. Ella está enamorada de Terry.

- ¿Y si estuviera soltera?

- ¡No se qué pasaría si ella estuviera soltera! – Exclamó Anthony – Pero las cosas son así, y creo sinceramente que tú y yo podemos seguir adelante.

- Pero no me amas.

- Claro que te amo – Le tomó las manos - ¿Cómo podría no hacerlo, después de todo lo que hemos pasado juntos?

- ¿Lo dices en serio? – Le preguntó con lagrimas en los ojos.

- Si.

- Pues hay algo que he querido decirte, pero no estaba segura de hacerlo – Sonrió a su marido tiernamente. Lo amaba profundamente, y ahora sabía que ambos harían hasta lo imposible para ser felices.

- ¿Qué es?

- ¡Estoy embarazada! – Le dijo con emoción. Anthony estaba sorprendido.

- ¿Quieres decir que...

- Seremos padres dentro de siete meses.

- ¡No puedo creerlo! – Estaba feliz. Por fin iban a cumplir su sueño de ser padres. Se acercó a su esposa y la besó efusivamente – Es la mejor noticia que me hayan dado nunca.

- Lo sé... también soy feliz.

- Vaya, vaya ¿Qué tenemos aquí? – Dijo una voz tras ellos. Ambos voltearon para ver de quien se trataba – Veo que han solucionado sus problemas – Candy los miraba con una sonrisa en el rostro, llevaba a Bobby en sus brazos. Le alegraba saber que Anthony había seguido su consejo.

- Si – Dijo él – Jo y yo decidimos darnos otra oportunidad.

- Me parece una idea estupenda.

- ¿Dónde está Terry? – Preguntó Jo. No le desagradaba ver a Candy allí. Sabía que ella no tenía la culpa de nada, ni tampoco intentaba robarle a su marido.

- Fue a dejar los paquetes en el auto. Dijo que lo esperara en la cafetería.

- ¿Así que están de compras?

- Si... viajaremos a Paris la semana que viene.

- Espero que disfruten sus vacaciones – Jo sonrió - ¿Puedo cargar al bebé? – Le pidió, extendiendo sus brazos.

- Claro – Candy le entregó a Bobby, al parecer le gustaba estar en brazos de Jo.

- Creo que deberé acostumbrarme a esto – Comentó ella. En ese momento, Terry apareció tras ellos.

- Que coincidencia – Dijo con un poco de desconfianza.

- Anthony y Jo han arreglado sus problemas – Candy intervino antes que Terry dijera algo de lo cual pudiera arrepentirse.

- Esa es una buena noticia – Sobre todo porque ya no se metería en su matrimonio con Candy.

- Estamos mejor que nunca – Dijo Anthony – Jo y yo seremos padres.

Continuará...


Muchas gracias por los reviews =)

Espero que les guste este capítulo.

Besossssssssssssss