Disclaimer: InuYasha, su historia y sus personajes son propiedad exclusiva de Rumiko Takahashi, yo simplemente los tomé prestados por un tiempo indefinido para escribir esta historia sin fines de lucro.


Negocios Prohibidos

Por: Samantha Blue1405

Capítulo 20 Sorpresas en la Mansión del Oeste 2

Tras la partida de Sesshomaru y Rin, los señores Ishinomori se quedaron en el recinto sumidos en silencio durante unos minutos. Inu no Taisho se puso de pie, impaciente por el silencio y las miradas furtivas de desaprobación que le lanzaba su esposa. Y fue precisamente Izayoi quien habló primero antes de que él se marchara del salón.

— ¿Qué le hiciste a esa niña? —le reprendió. Pero Inu no Taisho no tenía la intensión de responderle, y simplemente desvió la mirada cual niño regañado— ¡Respóndeme! —exigió.

— Lo correcto. Le advertí que…

Sin embargo, justo en ese instante la puerta corrediza se abrió de golpe, mostrando la figura enfurecida de Sesshomaru que parecía lanzar fuego por sus ojos.

— ¿Qué le dijo a Rin, padre? —demandó con voz fuerte y casi que gruñendo, escupiendo le la palabra "padre" en su cara, y cerrando la puerta a sus espaldas de un golpe seco.

Caminó hacia él como una bestia consumida por la ira. Y en vista de que su padre no respondió, lanzó un bufido exasperado. Entonces, reparó en la presencia de Izayoi.

— ¡Largo! —siseó con odio, lanzándole una amenaza silente con su atemorizante mirada.

— ¡Respeta a la madre de tu hermano, Sesshomaru! —exigió Inu no Taisho ofuscado.

— Si me exige respeto para ella —dijo con desprecio—, primero tendrá que respetar a Rin…, padre —Demandó con autoridad y soberbia, dejando pasmado a su progenitor.

La puerta corrediza que daba al jardín se abrió de golpe, e InuYasha y Smiling Sammy irrumpieron en el salón con jovialidad, pero se quedaron petrificados al ver el duelo de miradas entre Sesshomaru e Inu no Taisho. La tensión en el ambiente era palpable, podía cortarse fácilmente con un cuchillo. Los dos manaban un aura tan atemorizante que Smiling Sammy se refugió tras la espalda de InuYasha.

Sesshomaru lucía como si acabara de perder el negocio de su vida, y su padre parecía contener los deseos de darle una buena paliza a su hijo, aquella que nunca se había atrevido a darle. Mientras que su madre observaba todo con horror, sin saber qué hacer o qué decir para detenerlos.

— La próxima vez que vuelva siquiera a intentar lastimarla —le advirtió, asesinándolo con la mirada—, me olvidaré de que es mi padre —y dicho esto se alejó, pasando por el lado de InuYasha—. Apártate, imbécil —le gruñó, haciéndolo a un lado para salir por la puerta que daba al jardín, en busca de un pasadizo que le ayudara a llegar rápido a la recamara de Rin.

— ¿Qué ocurrió? —preguntó InuYasha conmocionado, sin siquiera moverse de su lugar.

De inmediato, Izayoi clavó sus ojos acusadores en Inu no Taisho, quien sólo tragó en seco.

— ¿Qué le hiciste a Rin, viejo? —concluyó InuYasha, relajando la postura de sus hombros y acercándose a ellos. Ya podía adivinar a grandes rasgos lo que había ocurrido.

Sintiendo la acusación de los dos, Inu no Taisho se decidió a hablar.

— Le dije lo que todos podemos ver, menos ella: Sesshomaru no la ama y jamás lo hará —sentenció con obstinación.

InuYasha abrió los ojos desmesuradamente, sin poder articular palabra, mientras que Izayoi lo observaba horrorizada, casi al borde de la histeria. Y segundos después, InuYasha ya estaba rodando los ojos.

— ¿Qué hiciste qué? —Inquirió anonadada— Eres un… —apretó los labios para no pronunciar lo que pensaba— ¿Cómo fue que se te ocurrió decirle eso? Si hubiera sabido que querías quedarte a solas con ella para decirle semejante disparate, habría permanecido con ustedes todo el tiempo. ¡Inconsciente!

— Alguien tenía que decírselo, mujer —objetó—. Sesshomaru la lastimará y, no se ustedes, pero yo no quiero cargar con eso en mi conciencia... Estoy demasiado viejo para eso.

— ¿Y crees que diciéndole esa estupidez solucionaras algo, desconsiderado? —le espetó—. ¿Quién te crees que eres, Inu no Taisho? —En vista del silencio de su interlocutor, agregó—: Además, ¡¿tú qué sabes de los sentimientos de tu hijo?!

— Que no los tiene —masculló InuYasha por acto reflejo, sonriendo sardónicamente.

— ¡InuYasha! —Le reprendió en un tono que le heló la sangre— ¡Guarda silencio! —gruñó antes de volver su vista furiosa a Inu no Taisho— ¿Qué crees que hubiera pasado si justo antes de casarnos, alguien me hubiera dicho que no me amabas?

Por un momento la fachada dura e implacable de Inu no Taisho pareció alterarse, sin embargo recuperó rápidamente el control de sus emociones, pero Izayoi estaba segura que sus palabras habían hecho mello en él.

— E-es diferente… Yo sí te amo.

— Tal vez yo lo habría dudado, ¿no crees? Y cuando una duda se siembra, nada bueno germina allí... —Tras una pausa larga, añadió ligeramente más tranquila—: ¿Te consta que él no la ama? No todos expresamos el amor de la misma manera. No puedes esperar que todos mostremos nuestros sentimientos como tú, y menos tu hijo. Él es diferente. Y tampoco puedes esperar que ellos dos se comporten como nosotros en su momento… A pesar de que nuestra situación también era difícil, la de ellos es diferente. ¡No compares! ¡Le debes una disculpa a Rin! —completó, señalándolo con su dedo índice, antes de salir echando chispas del salón—. Sesshomaru tiene razón en estar enojado.

— ¡Pero no tiene derecho a faltarte al respeto! —Acotó, haciendo que ella se detuviera en la frente a la puerta corrediza.

— ¡No estamos hablando de mi! —Dijo cerrando la puerta a sus espaldas, dejando a Inu no Taisho con la palabra en la boca.

InuYasha e Inu no Taisho se quedaron observando la puerta en silencio. Completamente anonadados por la reacción de Izayoi. Izayoi parecía más colérica que ni el mismo Sesshomaru.

— Mujer testaruda —masculló por fin Inu no Taisho, rascándose la cabeza con impaciencia.

— Viejo…, la hiciste enojar—murmuró InuYasha sin salir de su asombro. Jamás había visto a su madre tan enojada y menos con su padre. Ni siquiera recordaba haberla visto mínimamente molesta.

— Tu madre es una idealista del amor… —refunfuñó, obstinado como siempre.

— Y por eso se casó contigo —le interrumpió InuYasha, dejándolo en silencio—. Viejo, te voy a dar un consejo: No te metas en los problemas de ese par —Aquellas palabras parecían quemarle la garganta al decirlas. Pero todo era por el bien del plan, se repetía una y otra vez para evitar sentirse tan sucio y bajo—. Ellos verán cómo hacen sus vidas y resuelven sus problemas. Si él la ama o no, eso es asunto de Rin y Sesshomaru.

— Se supone que es tu amiga, deberías defenderla.

— ¿Y crees que no me molesta verla con ese imbécil…, babeando como estúpida por él? — Dijo apretando los puños a los costados—. Pero ella lo ama —agregó a entre dientes y de mala gana, torciendo el gesto, y presintiendo que era una realidad y no una actuación de su amiga. Tenía un mal presentimiento desde que toda esta farsa empezó, y ahora empezaba a hallarle la razón—. Y-y yo nunca había visto a Sesshomaru tan molesto… Ni siquiera cuando aquel contrato multimillonario se le escapó de las manos por idiota, ¿recuerdas? —Ni siquiera él mismo podía creer que estaba abogando por Sesshomaru ante su padre. Habría que ver lo bajo que había llegado. Se odiaba. No era más que una escoria tan o peor que Sesshomaru.

— Fue uno de sus primeros pasos. Estaba furioso —recordó.

— Pero no tanto como hoy. ¿Crees que se habría puesto así hoy, si no la quisiera aunque fuera un poco? —preguntó InuYasha, tratando de persuadirlo para que el plan funcionara.

Se odiaba a sí mismo por defender a Sesshomaru, pero si era la única forma de hacer que Inu no Taisho cayera en la trampa, era su obligación. Después el mismo Inu no Taisho se lo agradecería cuando Naraku estuviera lejos de los negocios Ishinomori, lejos de sus padres. Naraku jamás se lavaría sus sucias manos con su familia, eso jamás lo permitiría.

Inu no Taisho guardó silencio, observando hacia el jardín, meditando mientras InuYasha rogaba para que se creyera el cuento de una buena vez. Si Inu no Taisho no confiaba en las buenas intenciones de Sesshomaru, todo lo que habían hecho hasta ahora no tendría ningún sentido, y Rin haría un sacrificio en vano al casarse con Sesshomaru. De todos, era Rin quien estaba haciendo el sacrificio más grande. Estaba exponiendo su pellejo por una familia de desconocidos.

— Por lo menos, ¿sabes si está haciendo las cosas bien con esa chica? —inquirió preocupado, pero un poco más flexible. Tal vez más convencido de la idea del amor de Sesshomaru por Rin.

— ¿A qué te refieres, viejo? —inquirió visiblemente confuso, no se esperaba semejante pregunta.

— A cómo la trata, hombre —dijo exasperado.

— Mejor que a ti y que a mí, eso es seguro —respondió encogiéndose de hombros y mordiéndose la lengua al recordar el día en que descubrió a Sesshomaru apretando el brazo de Rin con brusquedad. Se sentía como el peor de los traidores y mentirosos. Sentía asco de sí mismo—. No puedo decirte más. No me gusta meter las narices donde no me llaman… Y tu deberías hacer lo mismo, viejo chismoso. Anda a ocuparte de mamá —le aconsejó, dándole una palmadita en la espalda—. De lo contrario, esta noche tendrás que dormir en el sillón —se burló, saliendo del salón con Smiling Sammy—. Va a hacer frío esta noche —le gritó desde afuera.

Inu no Taisho permaneció en el salón unos minutos más, sin saber qué pensar o qué hacer. Sopesando las opciones y posibilidades que tenía. Tal vez lo mejor sería hacer las cosas como decía InuYasha, y no meter las narices entre esos dos.

Por lo pronto, tenía un asunto más importante y urgente que aclarar.

Lanzando un hondo suspiro se encaminó a su recamara en busca de Izayoi. Aunque sabía de antemano que le exigiría una disculpa para Rin antes de dar su brazo a torcer.

— Mujeres —masculló cancinamente, al poner un pie en el primer escalón.

Sesshomaru entró a la recamara sin llamar esperando hallar a Rin tendida en el futon, tal vez llorando desesperadamente, pero la estancia estaba vacía. No había nadie ni en el futon ni en la mesita de té.

El sonido de agua cayendo en un recipiente lleno de más agua, llamó su atención, indicándole que la recamara no estaba tan vacía como imaginó. En silencio, atravesó la estancia sigilosamente y se detuvo frente a la puerta corrediza que daba al cuarto de baño, debatiéndose entre esperarla afuera o regresar en otro momento.

Pero necesitaba hablar con ella, necesitaba verla. Sin embargo, sabía que ella jamás le permitiría la entrada, pero aun así golpeó un par de veces sin obtener respuesta. Lo meditó unos segundos, y decidido, entró en el cuarto de baño.

De inmediato algo llamó su atención: Una cascada de hilos de brillante azabache se desbarbaba sobre la superficie de madera alrededor de la bañera, evitando adrede cualquier contacto con el agua tibia.

Tuvo que realizar un esfuerzo sobrehumano para no prestar demasiada atención a las pronunciadas curvas q sobresalían sutilmente por encima del agua espumosa y turbia a causa de las sales que de seguro había preparado Kazuyo. Todo el baño estaba perfumado con aromas sutiles. No se había equivocado en elegir aquellas fragancias para ella. Combinaban a la perfección con su dulce y suave aroma a flores silvestres y cerezas.

Sin embargo, algo más importante llamó su atención. Unos suaves hipidos sobresalían por encima del sonido del agua cayendo en la bañera.

Estaba llorando de nuevo, pensó.

¿Qué podría estar causando su llanto?, se preguntó sin comprender del todo lo que ocurría y sin evitar sentirse ligeramente inútil.

— Rin —le llamó, sobresaltándola.

Rin abrió los ojos desmesuradamente, y se sumergió mucho más en la bañera, ocultando sus incipientes pechos de la vista de Sesshomaru. Rápidamente extendió su mano nerviosa, hasta dar con una toalla, y sin miramientos la sumergió en el agua para cubrir su cuerpo desnudo.

Sesshomaru sonrió en su fuero interno al ver el temblor en sus manos y la torpeza de sus movimientos. Debía admitir que le agradaba verla nerviosa. Podía imaginarla con el rostro completamente rojo y mordiéndose insistentemente sus labios carmesí.

— ¿Q-qué está haciendo a-aquí? —inquirió con voz temblorosa, sin atravesarse a salir de la bañera o a girar el rostro para enfrentarlo.

No quería verlo a los ojos, y no sabía si era por vergüenza, o para que él no se percatara de sus ojos rojos y llenos de lágrimas.

— ¿Porqué lloras, Rin? —preguntó haciendo caso omiso a lo que acababa de decir.

Hubo un silencio sepulcral, en el que lo único que se escuchó fue el sonido del agua. Sesshomaru podía percibir su nerviosismo desde allí.

Sin embargo, Rin jamás podría confesarle el motivo de su llanto. Eso lo atesoraría como su más grande tesoro, y a la vez lo llevaría a cuestas como su más grande calvario.

— Su plan no funcionará —dijo Rin por fin—. Su padre no es ningún estúpido. Sospecha de usted y sus intensiones. Todo esto que estamos haciendo es inútil y absurdo… ¡No tiene sentido!

— Eso también estaba dentro del plan, Blake. Debe sospechar y debemos demostrarle que se equivoca. Y cuando por fin necesitemos de él, no tendrá lugar a dudas.

Rin lo observó anonada por encima del hombro. Aquel hombre no tenía el más mínimo asomo de vergüenza. Era un sínico, no tenía escrúpulos. Rin lanzó un hondo suspiro de derrota, desviando la mirada al frente, sin poder creer del todo lo que acababa de oír.

— Ahora, Blake, no creo que estés llorando de tristeza porque crees que el plan fracasara, ¿o sí?

— Po-por supuesto que no —aseguró, agachando la cabeza y aferrándose más a la toalla empapada que se ceñía a su figura.

Entonces, lo sintió acercarse lentamente a la bañera, y fue incapaz de moverse. Sólo se quedó petrificada, esperando. Sesshomaru se sentó en el borde de madera y puso las manos en sus hombros, acariciándolos parsimoniosamente, disfrutando de la suavidad de su piel de melocotón con total libertad. Lentamente descendió por sus brazos con suaves movimientos calculados, estremeciéndola con cada contacto.

Acercó su rostro al hueco entre sus hombros y su cuello, y Rin se sorprendió cuando sintió su aliento tan cerca de su piel.

— Deja de llorar y descansa, Blake—le susurró al oído—. Te necesito para la cena de esta noche —agregó con un dejo satírico y cruel en su voz de terciopelo, antes de depositar un sutil beso en su cuello que la hizo erizar de pies a cabeza, provocándole una pequeña descarga eléctrica por todo el cuerpo.

Y después, se alejó de ella, saliendo del cuarto de baño con paso lento. Casi podía imaginarlo caminando majestuosamente, como si flotara sobre el suelo de madera pulida. Rin suspiró, expulsando todo el aire contenido en sus pulmones, y se deshizo de la toalla, permitiendo que el calor del agua la invadiera lentamente. Sin embargo, las palabras de su futuro suegro aun continuaban grabadas en su cabeza. Y no dejaba de hallarle la razón.

Rin salió envuelta en una bata gruesa y una yukata encima, y se sentó frente a la chimenea a observar el fuego, meditando las palabras de Inu no Taisho y su nueva revelación. Estaba en problemas, fue lo único que concluyó luego de diez minutos sentada en la misma posición, sólo parpadeando y respirando con parsimonia.

Ya ni siquiera era capaz de llorar, no le veía ningún sentido. Si llorando pudiera acabar con el amor que sentía por Sesshomaru, o hacer que él sintiera por ella mínimamente lo mismo q ella sentía por él, ya se habría puesto en la tarea de llenar los ríos del planeta con agua salada o de hacer que el nivel del mar subiera tanto que inundara Venecia y los países bajos.

No tenía idea de lo que podría llegar a ser su vida ahora. Y ya no estaba tan segura de salir tan airosa de la tormenta como la camelia del jardín. Los pedazos de su alma quedarían esparcidos por la vida justo como los pétalos rojos sobre la nieve, justo como gotas de sangre. Serían unos meses o años bastante largos y tormentosos. Moriría lentamente, día tras día. Tal vez hubiera preferido que Sesshomaru la enviara a prisión por no aceptar su trato, en lugar de vivir lo que tendría que soportar en un futuro.

El señor Ishinomori tenía razón: Sesshomaru jamás la amaría. Debía de estar loca si creía lo contrario.

De pronto un par de golpes fuertes en la puerta llamaron su atención. Y justo antes de que pudiera preguntar de quién se trataba, InuYasha asomó la cabeza.

— ¡Oye, ¿quién te dijo que podías entrar?!

— ¡Feh! Como si me importara —resopló, entrando seguido por Smiling Sammy, y sentándose a su lado frente a la chimenea— ¿Qué haces aquí encerrada?

— Supongo que ya sabes lo que ocurrió con tu padre —dijo yendo al grano, ignorando su pregunta y clavando los ojos nuevamente en el fuego.

InuYasha torció el gesto y observó en dirección opuesta a Rin. Parecía disgustado, pero sabía que por alguna razón él se mordía la lengua para no reclamarle.

— Sé que te mueres por decírmelo —masculló, clavando su mirada en el suelo de madera, sin atreverse a buscar su rostro.

— No tiene caso, tonta —refunfuñó.

Rin suspiró pesadamente y hubo un extraño silencio entre ambos. No sabían qué decirse o cómo actuar. Nunca se había sentido así con él.

— Debes intentar que no se dé cuenta —fue lo único que pudo decirle.

— Lo sé… —dijo entre dientes— Pero va a ser difícil… —se quejó, enterrando su rostro entre los brazos.

— Ya no tienes otra salida. Te lo dije antes y te lo repito ahora, mujer: Si llega siquiera a sospecharlo, no dudara en aprovecharse de tus debilidades para sacarle provecho lo más que pueda. Ese bastardo es mucho más cruel de lo que imaginas.

— Sólo me queda esperar que esto termine pronto… —suspiró tras otro corto silencio.

Hubo otra larga pausa en la que ambos observaron fijamente el fuego, sin hallar algo más de qué hablar.

— ¿Qué te dijo mi padre?

— Lo que tú y yo ya sabemos: Que él no me ama… —Y cambiando radicalmente de tema, agregó—: Pero hay algo que me dejó más preocupada aun, InuYasha —él la interrogó con la mirada, observándola fijamente por primera vez desde que había entrado a la recamara. Y ella prosiguió—: El señor Ishinomori sospecha de Sesshomaru. Creo… creo que de alguna manera logré esquivar sus sospechas, pero ahora recaen en tu hermano.

— ¿Qué dice el idiota?

Rin sonrió con incredulidad, negando con la cabeza.

— Que ya lo sabía. Dijo que todo era parte del dichoso plan —dijo, rodando los ojos— ¿Puedes creerlo? Es un maldito cínico calculador… Ese hombre está demente.

— Tal vez alguien más esté más demente… —masculló mirándola y enarcando una ceja sarcásticamente.

— Tonto —refunfuñó, removiéndose en su sitio.

— ¿Piensas quedarte aquí encerrada por el resto de tu miserable vida? —espetó de repente con energías renovadas.

— No… —y segundos después, agregó—: Sólo hasta la mentada cena.

— No seas ridícula, mujer. ¡Vamos! Te mostraré los alrededores. Tienes que ver los restos de la antigua muralla que protegía el castillo hace siglos —Y en vista de que Rin parecía más interesada en las figuras del fuego, que en sus planes, añadió—: Levántate, sé que te gustan todas esas ñoñerías antiguas. Eres nefastamente "ñoña" y "friki".

— ¡Ay, sí, mira quien habla! El chico con la colección de películas de Bruce Lee y de figuras de acción de Transformers, hablando de ñoñerías —Le espetó sonriendo anchamente con malicia.

— Andando, "ñoña" —dijo poniéndose de pie y extendiéndole una mano para ayudarla a levantarse.

Rin aceptó su ayuda y le sonrió con cariño. Él siempre lograba hacerla sentir mejor con algún disparate o pelea. InuYasha era como el hermano tonto e infantil que nunca tuvo.

— Te espero afuera en cinco minutos.

— Claro, Sesshomaru —dijo irónicamente—. Ahora me doy cuenta que no sólo la locura es de familia, sino también lo autoritarios.

— ¡Cállate, tonta! —rezongó, saliendo de la recamara para que ella se vistiera apropiadamente.

Rin e InuYasha salieron del castillo acompañados por Smiling Sammy y recorrieron los alrededores mientras platicaban tonterías o discutían acerca de películas. InuYasha le mostró el antiguo muro que protegía el jardín exterior del castillo, que aun conservaba algún vestigio de su acabado estético original. El muro estaba bordeado de pinos y arbustos, y todavía podían apreciarse algunas aspilleras o hazamas circulares y rectangulares, que en su momento se utilizaron para la defensa del imponente castillo.

Avanzaron unos metros más, adentrándose en el bosque cubierto de nieve, hasta que dieron con una antigua muralla hecha de rocas de tamaño casi idéntico, que encajaban perfectamente unas con otras.

Recorrieron el perímetro de la muralla mientras InuYasha le explicaba algo de historia japonesa, hasta que se toparon con los restos de un tramo. Los escombros y las rocas grandes aun yacían en el mismo lugar en el que habían caído cuando la muralla fue derribada.

Le parecía increíble que algo pudiera haber derribado semejante estructura tan solida y aparentemente impenetrable. Rin asomó la cabeza por el espacio entre los dos muros que aun quedaban en pie, y del otro lado sólo había una capa de nieve que cubría metros y metros de extensión de terreno hasta que el bosque volvía aparecer con más arboles y arbustos blanquecidos.

Puso un pie del otro lado de la muralla y cuando estaba dispuesta a travesar la abertura por completo, InuYasha haló de su abrigo de golpe, regresándola al interior de la propiedad de un movimiento brusco.

— ¡¿Qué?! —le reclamó con los ojos abiertos como platos.

— Es un foso profundo —dijo asomando su cabeza y señalando hacia abajo. Rin lo imitó y observó en la dirección que le indicaba—. Esta cubierto de basura y nieve hasta el fondo… Debe haber rocas tan grandes como ésta —dijo señalando un escombro a su lado—. Quién sabe qué más habrá allá abajo. Hace mucho que no vengo por aquí.

Rin tragó en seco sin despegar la vista del supuesto suelo cubierto de nieve. Con razón los árboles no habían crecido allí, pensó.

— Casi que no la cuento —murmuró sorprendida.

— Ten más cuidado, tonta. ¿Qué se supone que le diré al imbécil, si algo te pasa?

— Que tiene un problema menos —aseguró confiada—. Piénsalo, le caería como anillo al dedo que algo así llegara a ocurrirme —dijo viéndolo fijamente, mientras él fruncía el ceño sin comprender del todo su punto—. Podría hacer su debut en el papel estelar de novio preocupado y martirizado —dramatizó—. Te juro que no saldría del hospital y viviría pendiente hasta del más mínimo detalle. Así tu padre se creería toda la farsa más fácilmente… Sería lo mejor que podría ocurrirme para salvar su plan del fracaso —completó en vista del mutismo y la estupefacción de InuYasha.

InuYasha la observaba incrédulo. Todo esto estaba afectando a su amiga más de lo que imaginó. Se estaba volviendo tan o más maquiavélica que Sesshomaru.

— Te has vuelto igual que él —afirmó tras un corto silencio—. Creo que ni a ese imbécil se le habría ocurrido algo así.

— ¡Qué poco lo conoces, amigo mio! —InuYasha la interrogó con la mirada al notar la convicción en la voz de Rin—. El otro día me amenazó con encerrarme aquí, en este castillo, de por vida… y otras tantas cosas más.

— ¡No seas tonta! Es sólo un gran bastardo bocón.

— ¡Ahora lo defiendes! —Se burló, riendo a carcajadas — ¡Qué buen hermanito menor eres!

— Estoy pensando en la posibilidad de arrojarte al foso —masculló, y Rin rio mas fuerte, rodando los ojos.

— Mejor regresemos, "hermano del año". Ya es hora del almuerzo—dijo cuando la risa se lo permitió. Tras unos cuantos pasos, dijo—: InuYasha…, hay algo que no me queda claro. ¿Cómo es que estando este foso aquí, pudieron derribar esa parte de la muralla?

— Es que no la derribaron en batalla, tonta. Este lugar estuvo abandonado por décadas antes de que alguien se interesara en su preservación. Y cuando lo hicieron fue demasiado tarde para ese lado.

— Pero se ve demasiado solida y fuerte... Resistente.

— Sí… Tampoco creo que hayan sido sólo los años, pero no hay ningún registro histórico que diga que hubiera sido derribada. El viejo dijo un día que probablemente quedó debilitada tras un ataque, y luego los años de abandono, el clima y la naturaleza hicieron lo suyo.

— Hmmm… Suena más lógico.

Regresaron al castillo a paso rápido, pues estaba retrasados para el almuerzo. Al entrar, Kazuyo les informó que todos estaban esperándolos en el salón comedor. InuYasha recibió los kilos de abrigos de Rin y se los entregó a uno de los jóvenes del servicio, y luego la guio rápidamente hasta el salón.

— ¿Dónde estabas? —le siseó Sesshomaru cuando ella se sentó a su lado.

Rin ignoró su pregunta deliberadamente, pues tenía los ojos de los señores Ishinomori sobre ella y le sonrió. Sesshomaru simplemente endureció su mirada antes de regresar su vista al frente.

— Creímos que no pensabas acompañarnos, Rin —Comentó Izayoi con un ligero congojo en su voz, pero visiblemente aliviada de verla con ellos.

— Para nada, señora —aseguró sonriendo—. InuYasha me estaba enseñando los alrededores… Sabe que me gusta mucho la historia y las cosas antiguas.

— "Ñoña" —masculló InuYasha con una sonrisa de maldad.

— "Chico Bruce Lee" —le refutó, y de inmediato Izayoi soltó una carcajada.

— No sabía que también estuvieras enterada, Rin —comentó entre risitas.

— ¡Prff! Por supuesto. ¿A quién más cree que obligó a ver las películas completas? —aseguró riendo a carcajadas con la señora Ishinomori, al tiempo Sesshomaru consumía sus alimentos en silencio y observando fijamente a Rin.

No podía despegar su vista de ella, en especial cuando sonreía. Y entonces, percatándose de que su padre los observaba, extendió una mano hasta rozar su pierna como cualquier novio cariñoso hubiese hecho. La sintió estremecer ante su tacto, pero ella rápidamente guardó la compostura como la buena actriz que era, y continuó con su sonrisa ancha y encantadora, mientras él alcanzaba su mano delicada que descansaba sobre la pierna para estrecharla.

InuYasha por su parte se cruzo de brazos y giró la cabeza hacia otro lado ante las burlas de las mujeres, e Inu no Taisho simplemente observaba toda la escena en silencio desde su palco preferencial. Debatiéndose entre creer o desconfiar.

Antes del anochecer, Rin estaba en su recamara preparándose para la cena. Había logrado salir airosa del almuerzo familiar, pero no sabía qué esperar en la cena. El señor Inu no Taisho había permanecido extrañamente callado y tranquilo, y no era una señal muy alentadora. No lo conocía tanto como para adivinar lo que pensaba, pero tanta pasividad no era algo bueno.

Lanzó un suspiro y se observó en el espejo. Ya estaba casi lista. Debía admitir por enésima vez que Sesshomaru tenía muy buen gusto. Aquel vestido era exquisito, cada detalle era un deleite y resaltaba muy bien sus atributos. Y ahora sólo faltaba el cabello, que aun no se decidía si llevarlo suelto o peinarlo diferente. Terminó decidiéndose por un recogido sencillo atrás a la altura de la nuca, con unos cuantos mechones ligeramente ondulados alrededor del rostro.

Minutos más tarde, mientras Rin daba un último retoque a su lip gloss rosa, Sesshomaru entró a la recamara como Pedro por su casa. Ya Rin ni se molestaba en reclamarle o molestarse por sus malos modales, era una costumbre desagradable que tenía. Sin embargo, no dejaba de preocuparle que algún día pudiera entrar mientras estaba a punto de vestirse o desvistiéndose. Seria sumamente vergonzoso.

Rin lo encaró viendo con reproche, pero él simplemente le dedicó una mirada exhaustiva, examinando desde sus zapatos hasta su peinado. Y al terminar su minucioso examen, pareció complacido pues no emitió objeción alguna respecto a las pantimedias ni al peinado.

De pronto, se acercó a ella acorralándola contra la pared. Rin instintivamente dio un paso atrás, pero Sesshomaru acortó aun más la distancia entre ambos, y Rin pudo sentir la dureza del panel de madera en su espalda.

Sesshomaru la observaba de una manera extraña e intensa. Pasaba sus misteriosos ojos dorados por todo su rostro, y Rin no sabía exactamente a dónde quería llegar con esta nueva treta.

Él acortó aun más la distancia entre ellos, y sin previo aviso, clavó el rostro en su cuello, rozando ligeramente la punta de la nariz contra la piel perlada de su hombro y cuello, al tiempo que inhalaba profundamente su aroma.

Rin lanzó un grito ahogado de sorpresa que se confundió con un suspiro al sentirlo tan cerca. Y casi podía jurar que él estaba sonriendo con aquel deje macabro y cruel, sabiéndola rendida entre sus brazos.

Cuanto le encantaba que hiciera eso, pensó ella mordiéndose los labios. Y se odió a si misma por ser tan estúpida y débil, pero ¿qué podía hacer si él se empeñaba en seducirla de semejante manera tan descarada y premeditada? Y ¿qué podía hacer si a ella le fascinaba? Todas sus caricias eran un manjar adictivo para ella, una dulce y ponzoñosa ambrosía.

— ¿Qué pretende? —inquirió con voz débil, recordando las palabras de InuYasha y armándose de todo el valor y la fuerza de voluntad que poseía para oponerle resistencia.

Lo sintió lanzar una honda exhalación contra su cuello, y luego ascendió dejando un rastro ardiente en su piel, hasta alcanzar su oído.

— Tranquilízate, Blake —le susurró.

Y entonces, se separó ligeramente, observándola fijamente antes de aprisionar sus labios en un beso demandante y rudo, que la tomó de nuevo por sorpresa. Intentó separarse de él, empujando su pecho lejos de ella, pero era imposible apartarlo. Sesshomaru parecía querer devorarse sus labios con aquel beso, y Rin estaba a punto de alzar la bandera de rendición. No podía oponerse más a sus propios deseos. Sin embargo, haciendo un último esfuerzo, apretó los labios fuertemente en un intento desesperado por obligarlo a detenerse antes de que ella misma perdiera todo asomo del mínimo atisbo de cordura que le quedaba. Y para su buena suerte, lo logró. Si Sesshomaru hubiera continuado, estaría en serios problemas.

Sesshomaru se separó con brusquedad, viéndola con sus ínfulas de grandeza y su estoica expresión. Ni siquiera parecía alterado por el beso, estaba tan tranquilo como siempre. Sin embargo, no supo cómo interpretar su mirada. ¿Estaba enojado o se burlaba del color rojo de sus mejillas?

— ¡Está demente!

— No, Blake —dijo limpiando con la mano los restos de lip gloss rosa que habían quedado en sus labios—. Cualquier hombre mínimamente enamorado no dejaría salir a su querida novia de la recamara con el lápiz labial intacto —apuntó, sonriendo con crueldad—. Andando.

— ¿Andando? ¡Es la explicación más ridícula que he escuchado! ¿Por qué no dijo mejor que los Pitufos lo habían obligado a robarme semejante beso? Es más creíble —refunfuñó ligeramente avergonzada, limpiando el gloss que Sesshomaru había regado por fuera de sus labios.

Pero él simplemente continuó sonriendo a medias, sin siquiera apartarse del todo de su cuerpo. Podía sentir como sus muslos fuertes y firmes aprisionaban sus piernas contra la pared. Incluso podía sentir su entrepierna rozando sugestivamente sus partes íntimas.

— Hay novios que tampoco las dejan salir sin tomarlas entre sus brazos y recorrer cada centímetro de su piel con sus labios —apuntó de nuevo, haciéndola sonrojar hasta más no poder, mientras él continuaba sonriendo de aquella manera cruel y vacía.

— ¡M-muy gracioso! —masculló nerviosa, apartándolo de un fuerte empujón y pasando por su lado, yendo hacia la puerta— ¿Se piensa quedar ahí parado toda la noche? —le gritó desde la entrada.

Sesshomaru bufó y la alcanzo, tomándola del brazo con rudeza para mantenerla a su lado, obligándola a caminar junto a él. Sólo menguó la fuerza de su agarre cuando Rin relajó sus músculos y le permitió guiarla sumisamente al salón comedor.

Odiaba los métodos que solía usar para dominarla. Y aun así, amaba la seguridad y confianza que irradiaba, tanto como amaba al Sesshomaru falso que aparecía cuando había público o cuando necesitaba utilizarla.

Entonces reconoció que desgraciadamente se había enamorado de una mentira. Se había enamorado del papel y el libreto que Sesshomaru había creado para su teatro.

Lanzó un suspiro nuevamente y se obligó a no pensar en ello. Necesitaba tener todos sus sentidos alerta para salir bien librada de la cena. Después vería qué hacer con sus problemas sentimentales.

— ¿Habrán invitados? —preguntó para hallar un tema que lograra distraerla.

— No. La cena es en tu honor. Es una antigua tradición hacer una cena en honor al huésped del castillo —se explicó en vista de la interrogación silente de Rin.

Después de atravesar pasillos, galerías y cámaras, entraron a un salón iluminado con muchas velas y con una enorme mesa dispuesta en el centro, lista para servir la cena cuando fuera requerido. Las velas ayudaban a darle calidez y un toque hogareño al recinto que estaba sumido en un silencio incomodo.

InuYasha permanecía de pie junto a la chimenea bebiendo sake acompañado de Kazuyo, mientras sus padres platicaban parcamente con cierta tensión. Todos se encontraban a la espera de la pareja. Y en cuanto entraron, Izayoi le dedicó una mirada bastante diciente al señor Ishinomori, y él pareció captar la indirecta, pues de inmediato enderezo su postura y tensó su mandíbula.

Rin apretó con fuerza el antebrazo de Sesshomaru y respiró profundo. "Sólo respira, Rin", se dijo en un intento por tranquilizarse.

Sesshomaru la guio hasta el centro del recinto, justo donde estaba su padre, e InuYasha y Kazuyo se acercaron también.

— Bienvenida al Castillo del Oeste, Rin —habló con solemnidad el señor Ishinomori, en vista de que su hijo no pretendía pronunciar palabra alguna—. Es un placer que nos acompañes.

— ¡Muchas gracias, señor! —dijo un poco apenada, sin despegarse de Sesshomaru.

— Es una antigua tradición de este castillo dar la bienvenida a sus invitados especiales celebrando un gran banquete en su honor.

Rin le sonrió a modo de agradecimiento, omitiendo el detalle de decirle que Sesshomaru ya se lo había explicado. Aun no le tenía suficiente confianza como para atreverse a cruzar más palabras de las necesarias con Inu no Taisho. Y pese a que intentaba parecer amable y hospitalario, se notaba a leguas que no estaba nada cómodo con la situación en general.

Rin no entendía si su incomodidad se debía a las sospechas que tenía sobre Sesshomaru, o solo era debido a su presencia en el castillo, pues aunque ella conocía a InuYasha y a Sesshomaru desde hacía mucho, aun era una total desconocida para los señores Ishinomori.

Minutos después, todos tomaron asiento en torno a la mesa, incluyendo a Kazuyo, y las mucamas jóvenes empezaron a servir los diferentes platos acompañados con té y sake caliente para los hombres.

Rin comió sus alimentos en silencio y sin mucho apetito, pese a que todo estaba exquisito, pues la tensión a su alrededor era más que palpable. Todos parecían meditabundos e introspectivos.

De vez en cuando observaba la expresión de Sesshomaru por el rabillo del ojo, pero permanecía tan impasible como siempre.

— ¿Cuándo tienes planeado recibir tu titulo, Rin? —inquirió el señor Ishinomori, sacándola de sus pensamientos de repente. Su corazón se aceleró y sus manos empezaron a sudar frío.

— E-en unos meses, señor. Estoy dándole los últimos detalles a mi trabajo antes de hacer la presentación en la facultad de ingeniería.

— ¿Sobre qué estás trabajando, Rin? —inquirió Izayoi con curiosidad.

Y sólo hasta entonces, Sesshomaru se percató de algo: Ni siquiera él sabía eso. Recordaba que Jaken lo había investigado en alguna ocasión, pero jamás le prestó mayor atención. Siempre creyó que al cerrar el trato, ella dejaría sus estudios y se dedicaría sólo a vegetar en el pent-house. Kagura habría hecho eso, pensó. Pero Rin no. Ella no. Ella jamás hacía lo que él esperaba que hiciera. Siempre lograba sorprenderlo. Y estaba seguro que esta ocasión no sería la excepción, así que la observó fijamente con sincera curiosidad y tal vez algo de ansiedad, a la espera de su respuesta.

— Sobre protocolos para redes inalámbricas de sensores —Respondió con naturalidad, como si estuviera hablando de temas tan sencillos como el café de las mañanas.

Su respuesta no sólo dejó pasmado a Sesshomaru, sino también a todos los presentes, a excepción de InuYasha, quien sonreía anchamente al ver la cara de confusión de todos y la ligera mueca de asombro de su medio hermano.

— ¡Bah! Explícales, enana —sugirió burlonamente. Por supuesto que él ya estaba enterado del trabajo de Rin, así que no estaba nada sorprendido.

Rin se sonrojó un poco y suspiró antes de continuar. Era difícil explicar con tres frases y de forma sencilla algo en lo que había trabajado más de cuarenta y ocho horas semanales durante muchos meses.

— Estoy simulando protocolos para redes de sensores inalámbricos enfocados al seguimiento de aves migratorias.

InuYasha soltó una carcajada al escuchar su "sencilla" explicación, que en lugar de aclarar las dudas de sus acompañantes, sólo logró confundirlos más. Por su parte, Rin bajó la mirada apenada sin saber cómo explicarles lo que quería lograr. Era como tratar de explicar cálculo puro y avanzado a un grupo de porristas de la secundaria.

— Déjame ayudarte, mocosa—Se ofreció InuYasha gentilmente—. Ella quiere fisgonear a una partida de pajarracos fastidios con diminutos sensores, para saber dónde están y qué están haciendo.

Para su mala fortuna, todos parecieron entenderle más a él que a ella. Era realmente frustrante. Lanzó otro suspiró, agachando la cabeza antes de rodar los ojos.

— Eso mismo —masculló avergonzada. Levantó el rostro y continuó con una explicación más detallada—. Todos los sensores arrojaran los datos a un punto central de recolección de información o estación base, y de ahí procesamos la información, que podremos monitorear desde el teléfono móvil o la computadora. Pero todo esto requiere protocolos especiales y vanguardistas para optimizar todos los recursos disponibles, ya que tendremos que manejar un flujo de información constante, por lo tanto la mayor parte de la energía del nodo sensor se gastará en la transmisión de datos…, entre otros inconvenientes.

— ¡Qué niña tan inteligente! —le alabó Kazuyo con una gran sonrisa, avergonzándola aun más.

— ¿Qué aplicación práctica tiene esto? —le refutó Sesshomaru, sorprendiendo a todos los asistentes con la dicha de escuchar sus palabras durante una cena.

Rin entrecerró sus ojos con un tinte de incredulidad. ¿Estaba insinuando que su trabajo era inútil? Claro, como no estaba enfocado a la optimización de procesos, al control calidad de productos o al seguimiento de vehículos, entonces para él no tenía ningún sentido. Todo para él era dinero. El mundo era una chequera para él, y simplemente podía hacer borrón y cuenta nueva cuando se le diera la gana.

— El monitoreo de aves migratorias es importante para detectar cambios en la dinámica poblacional de ciertas especies, y así mismo predecir qué consecuencias puede ocasionar a escala ambiental y hallar qué posibles factores son responsables de esto —le explicó con vehemencia, mirándolo fijamente y retándolo a continuar con su postura. Pero antes de que pudiera decir algo, ella pudo darse el lujo de frenar sus argumentos—. Por ejemplo, un cambio climático que para nosotros podría llegar a ser sutil, para algunas especies sería un cambio brusco que afectaría sus rutas o incluso sus conductas de apareamiento. Y no sabemos esto cómo pueda llegar a afectar nuestro frágil ecosistema, cariño.

— Es un proyecto grande —dijo el señor Ishinomori.

— Sí, señor, pero también estoy recibiendo apoyo de la Escuela Doctoral de Ciencias de la Vida y de la Agricultura de la universidad. Ellos me han dado algunas pautas sobre el comportamiento de las aves, y me han asesorado para la elaboración del prototipo del nodo sensor.

— No cabe duda de que Sesshomaru-sama hizo una buena elección —Dijo Kazuyo con orgullo—. No sólo eres preciosa sino también muy lista —agregó emocionada.

Rin se sonrojó hasta las orejas y sonrió tímidamente, mientras el señor Ishinomori la escrutaba con sus ojos dorados entornados. Era demasiado bochornoso, así que buscó apoyó en la mano de Sesshomaru a su lado, y él la estrechó con fuerza, al saberse observado por su padre. Y ella no pudo evitar sonreírle con ternura a manera de agradecimiento silente, aunque sabía las verdaderas razones que tenía para tomar su mano en ese instante.

El resto de la cena transcurrió con normalidad, y Sesshomaru siempre que tenía oportunidad tomaba su mano o acariciaba sutilmente su pierna.

Rin sabía que hacía todo esto para agregarle naturalidad a su actuación, pero no podía evitar soñar despierta con que todo fuera real. Así que sólo por esa noche, mientras la cena terminaba, decidió engañarse a sí misma.

Aunque pensándolo mejor, hacer esto siempre podría ayudarle a soportar su karma. Trataría de vivir esos instantes como si de verdad fueran una linda pareja a punto de casarse, como si de verdad se amaran. Soñaría despierta y disfrutaría de sus caricias falsas mientras el telón estuviera arriba.

Viviría en aquel mundo de mentiras siempre que pudiera, fantaseando para no deshacerse en llanto o morir de tristeza. Bebería el agua de vida de sus labios malditos y venenosos, y se alimentaria de sus dulces palabras falsas. Trataría de encontrar la felicidad en sus orbes de oro congeladas, y se engañaría a sí misma para hallar en ellas al fantasma del que se había enamorado.

Al finalizar la cena, continuaron platicando amenamente en el salón, pero de un momento a otro, Sesshomaru se apartó del grupo y se paró frente a la puerta corrediza que daba al jardín de camelias. Rin quiso seguirlo, pero si lo hacía, podrían pensar que sentiría miedo si él no estaba a su lado. Así que se obligó a ser fuerte. No era la primera vez que se encontraba sola frente a un grupo intimidante de personas en una velada, así que debía hacer acopio de todo lo que había aprendido en su niñez y adolescencia.

InuYasha se fue alejando disimuladamente y en menos de nada estaba en el extremo opuesto de la habitación simulando hablar acaloradamente por teléfono. "Idiota", pensó Rin viéndolo con reproche. Y justo como imaginó, Kazuyo e Izayoi hicieron lo mismo. Y allí estaba ella, en la misma situación de la mañana: A solas con el intimidante señor Ishinomori.

— Rin —le llamó y ella tragó en seco. El señor Ishinomori carraspeó y prosiguió—: Siento lo de esta mañana —dijo con dificultad.

— N-no se preocupe, señor —se apresuró a decir antes de que él continuara con sus disculpas—. No tiene por qué disculparse conmigo. Y-yo lo entiendo —Él entornó los ojos, suspicaz—. Y-yo entiendo que… que usted sienta… temor —dijo, sin saber de qué otra manera explicarlo—. Y sé que su temor, más que nada, es por mí —suspiró—. No se preocupe, señor. Yo sé cómo cuidarme —aseguró sonriéndole—. Además, Sesshomaru no me lastimará —El señor Ishinomori torció el gesto—. Usted no cree en su amor por mi, pero ya le dije —Y viendo en dirección a Sesshomaru, agregó—, él es… una persona difícil de comprender. No suele expresar sus sentimientos con tarjetas románticas o palabras dulces, lo hace de una manera más práctica y apasionada… sus detalles son más sutiles.

Él la observaba fijamente, mientras Rin mantenía la vista perdida en la espalda ancha de Sesshomaru, y pensaba que tal vez ella tenía razón, sin siquiera imaginar que Rin estaba hablando del Sesshomaru que amaba, no del verdadero hijo de Inu no Taisho. Aun así, él pareció convencido con su explicación.

— Puede que tengas razón —masculló a regañadientes—. Ojalá tengas razón —se corrigió viéndola a los ojos. Ella asintió y él suspiró, y al hacerlo fue como si se liberara de una pesada carga—. No quiero que pienses que tengo algo en tu contra, Rin.

— No, señor —le aseguró dedicándole una pequeñísima sonrisa.

— Bien —finalizó, exhalando su última bocanada de preocupaciones e hinchando su pecho con magnificencia.

Y Rin también exhaló profundamente, sintiéndose aliviada de haber cerrado ese capítulo de una vez por todas. Le sonrió de nuevo al señor Ishinomori y él hizo un simpático gesto que le recordó mucho a InuYasha. Fue como ver a un InuYasha más maduro parado justo frente a ella, y sintió como una parte del cariño que le tenía a su amigo la obligara a ver al señor Ishinomori con buenos ojos y con confianza.

Inu no Taisho puso una mano en su espalda y la guio hasta las otras dos mujeres, quienes se mostraron más que dichosas al ver que el asunto en cuestión había quedado saldado. Izayoi recibió a su esposo con una ancha sonrisa y él la estrechó en un fuerte y protector abrazo.

Rin no pudo evitar sentir una minúscula pizca de envidia de la buena al verlos juntos. Después de tantos años y seguían viéndose como un par de recién casados. Eran una de las parejas más hermosas que había visto. Y entonces, aquella pizca de envidia se transformó de pronto en una enorme montaña de tristeza al recordar que ella jamás podría albergar la esperanza de una relación tan estable y bonita, y mucho menos de formar una familia unida. Por lo menos no podría esperar que eso ocurriera con Sesshomaru. Por un momento, su mirada se tiñó de tristeza, pero se obligó a disimularla para no levantar sospechas. Este teatrito resultaría más difícil cada día, pensó apesadumbrada.

InuYasha se acercó a ellos justo cuando convenientemente su conversación telefónica terminó. Y Rin aprovechó la irrupción de InuYasha para escabullirse e ir con Sesshomaru, que permanecía de pie frente a la puerta entre abierta, observando algo más allá de las copas de los árboles.

Se acercó sigilosamente y se recargó en su espalda para ponerse de puntitas y depositar un sutil beso en su mejilla fría. Aquel beso lo tomó totalmente por sorpresa. Sesshomaru giró el rostro para observarla y ella sólo le sonrió anchamente.

— Estás helado —le susurró antes de depositar otro beso en la comisura de su boca, cuidando de no rozar demasiado sus labios.

Sesshomaru se las arregló para atraparla entre sus brazos y atraerla a su pecho para abrazarla fuertemente. Rin se aferró a él, controlando los deseos de llorar. Era una fantasía bastante dolorosa. Pero no sabía qué podría llegar a ser más doloroso, si vivir en medio de mentiras o no hacerlo.

— ¿Todo en orden? —inquirió en tono amenazante al escucharla tomar aire en repetidas ocasiones.

Rin asintió en silencio, tragando en seco para despejar el temblor en su garganta por si él quería escuchar una respuesta. Sin embargo, él la apartó ligeramente de su pecho para observar su rostro. Rin intentó esquivar su mirada pero él acarició su mejilla con su mano derecha, obligándola a verlo.

— ¿Porqué lloras? —le preguntó por enésima vez en ese día.

Rin le sonrió, perdiéndose en sus ojos dorados. Lentamente se acercó a sus labios fríos para depositar allí un delicado beso. Sesshomaru pareció sorprenderse por un segundo, pero rápidamente respondió a su suave caricia.

La estrechó aun más contra su cuerpo, sintiéndola temblar bajo sus músculos. Y tan inesperado como empezó, ella misma dio por terminado aquel dulce beso, separándose unos escasos milímetros de su rostro.

Rin le sonrió melancólicamente, mientras él apartaba algunas hebras de cabello de su rostro. Y tomándolo nuevamente desprevenido, depositó un beso fugaz y travieso justo en la punta de perfecta nariz.

Se observaron en silencio durante escasos minutos, en los que Rin hizo un esfuerzo sobrehumano por no deshacerse en llanto ni morir de tristeza. Continuaba aferrándose con uñas y dientes a la idea de continuar viviendo en aquella fantasía, sólo mientras el telón estuviera en alto.

— Eres perfecta —le susurró de pronto con su voz ronca y aterciopelada.

Rin lo miró perpleja, mordiéndose los labios con emoción. Jamás esperó escuchar eso de sus labios. Pero justo antes de que ella pudiera sonreír, él prosiguió en un suave susurro:

— No me equivoque al elegirte.

Entonces, todas sus minúsculas ilusiones se hicieron añicos. ¡Por supuesto que era perfecta! ¿Cómo pudo haberse olvidado tan pronto de aquellas palabras? Era una estúpida. Claro que era perfecta… perfecta para sus planes.

Pero por lo menos le quedaba el consuelo de saber que él pensaba que todo cuanto hacía no era más que una falsa y calculadora actuación. InuYasha bien lo había dicho: Sesshomaru jamás deberá enterarse de sus verdaderos sentimientos. Y mientras él pensara que ella actuaba, su secreto estaría a salvo de él.

Rin le sonrió amplia y sínicamente, mientras en su fuero interno sentía como su alma quedaba hecha girones. Cada movimiento de sus músculos al sonreír, era como una puñalada en su apabullado corazón.

Se acercó de nuevo a él con el pretexto de darle un abrazo, y así ocultar su rostro tras el cabello platinado de Sesshomaru, manteniéndolo alejado de los ojos de su público. Y entonces, le susurró:

— Usted también es un gran actor, señor —Su voz tenía cierto tinte de burla y satisfacción, que logró enmascarar muy bien la tristeza de su alma.

Lo escuchó lanzar un bufido antes de estrecharla aun más, mientras los ojos disimulados de todos en el salón continuaban puestos en ellos.

Se separó de él y permaneció a su lado viendo hacia el firmamento. Una lagrima traviesa se escapó de uno de sus ojos y rodó por su mejilla, por fortuna pudo atraparla antes de que él se percatara. Respiró hondamente, evitando justo a tiempo que una lágrima más escapara de su otro ojo.

De pronto, Sesshomaru tomó su mano y la haló hacia afuera. Rin lo interrogó con la mirada, pero él hizo caso omiso a la confusión en su rostro y la guio hacia el jardín. Una briza fría la hizo estremecer, pero a él parecía no afectarle el clima, estaba empeñado en adentrarla entre los arboles descopados y arbustos perenes.

Rin observó sobre su hombro hacía el castillo, y pudo constatar que todos los seguían disimuladamente con la mirada. Y aun así se dejó llevar hasta un extremo del jardín iluminado sólo por una pequeña bombilla de exterior. Un antiguo banquito de piedra finamente tallada recibía gran parte de la tenue luz, y un arbusto de camelias perfumaba todo a su alrededor. Las ramas altas de los arboles que aun conservaban su follaje habían crecido de tal manera que una porción del cielo opaco y medianamente estrellado se colaba por un claro natural en torno al banquito.

— ¡Es precioso! —susurró Rin, asombrada sin saber si observar a su alrededor, al cielo o a su maravilloso acompañante.

Acarició con la punta de sus dedos a una camelia a su alcance, mientras Sesshomaru no despegaba su mirada penetrante y misteriosa de ella.

— Vas a decirme qué te ocurre —ordenó en aquel tono suyo que no admitía reparos.

Rin apartó su vista de la flor y se giró completamente para observarlo. Y dudó al darle su respuesta.

— Yo… yo n-no tengo nada —aseguró, aparentando seriedad y apartando su vista de aquellos ojos dorados misteriosamente acusadores.

Sesshomaru entornó los ojos examinando sus movimientos. No le creía ni una sola palabra.

— Ya no hay marcha atrás, Blake —dijo, clavando su mirada de nuevo en el firmamento.

Rin tragó en seco y siguió el rumbo de su mirada antes de responder.

— Lo sé.

Él tomó su brazo de repente y la acercó con fiereza. Rin se imaginó que le haría algún tipo de reclamo, acusándola de mentirosa y quién sabe cuantas cosas más. Sin embargo, lo que hizo la desconcertó: La beso.

Y no fue un maltrato camuflado de caricia, como solía hacer, sino que fue un beso tan sutil y dulce como el que ella le había dado en el salón comedor. Simplemente apretó su labio inferior entre los suyos, rozándolo suavemente con su lengua de fuego. Y Rin no tardó en corresponderle, cerrando sus ojos y dejándose llevar por sus caricias. Acariciando también sus labios finos con su lengua.

Aquel beso duró unos minutos, hasta que él se apartó para permitirle tomar aire. La observaba con vehemencia, con sus ojos dorados resplandecientes de pasión, como si el hielo de su mirada hubiera sido remplazado por torrentes de oro líquido y ardiente.

Sesshomaru tomó las manos de Rin entre las suyas, y fue sólo hasta entonces que ella se percató que él tenía algo en sus manos. Sesshomaru depositó el pequeño objeto entre sus manos y la observó con cautela, a la espera de su reacción.

Rin reparó en el objeto que descansaba en sus palmas, y un grito ahogado escapó de su garganta. De inmediato lo interrogó con su mirada plagada de sorpresa, pero él continuaba en silencio y a la espera. Ella tomó en su mano derecha el pequeño estuche forrado en fino terciopelo azul noche, mientras su otra mano viajó directamente hacia su boca, sin poder creer lo que estaba viendo. Sin poder creer lo que tenía en su mano.

Rin intentó decir algo, pero él simplemente sonrió de aquella manera que la desquiciaba, echando por la borda cualquier argumento o asomo de coherencia de su cabeza.

Sin pronunciar una sola palabra, Sesshomaru abrió lentamente el estuche, y un destello la obligó a despegar su mirada de los ojos de Sesshomaru.

Un hermoso diamante amarillo vívido [1] asomó al levantarse la tapa del estuche, y Rin tuvo que apretar la mano contra su boca para acallar de nuevo otro grito ahogado de sorpresa.

En el interior de terciopelo reposaba un maravilloso anillo en platino de alta pureza, cuya parte central era el diamante amarillo, que simulaba ser el centro de una delicada flor. Los pétalos de la flor eran un centenar de pequeños diamantes blanco brillante [2] con corte de pera, que resplandecían aun más ante el color blanco inmaculado del platino.

Rin clavó sus ojos chocolate en Sesshomaru, sin poder ocultar las lágrimas que amenazaban con salir. Y podía apostar el anillo que tenía en su mano, a que el color de los ojos de Sesshomaru era muchísimo más impactante y hermoso que el color de aquella insignificante roca, y más si aquellos ojos la observaban como dos lagunas de oro liquido.

Podía escuchar los alocados latidos de su corazón, palpitando a toda marcha. No podía creer que esto estuviera ocurriendo. Sabía que tendría que ocurrir algún día, pero jamás esperó que fuera tan pronto ni tan romántico. Todo parecía sacado de una película o de un cuento de hadas.

No pudo evitar sonreír mientras unas cuantas lágrimas se desbordaban de sus ojos. Sesshomaru sacó con cuidado el anillo del estuche y tomó la mano izquierda de Rin, que aun yacía sobre su boca.

Y justo antes de introducir el anillo en su dedo anular izquierdo, le dijo, pronunciando cada palabra con su voz de ángel como si fuera la poesía más exquisita del cielo:

— Rin Blake… ¿Quieres casarte conmigo?


Aclaraciones:

1. El color amarillo vívido es el color más raro y deseado entre los diamantes amarillos. El diamante más caro de este color fue subastado por US$ 10.9 millones.

2. Los diamantes de máxima pureza son totalmente incoloros y transparentes, y el "color" es blanco brillante.


Hola Chicos,

¡Sorpresa! :D

Aquí les traje un nuevo capítulo… ¿Qué tal? ¿Sorprendidos? ¿Se lo esperaban?

Apuesto a que todos esperaban que ocurriera pero no pensaban que fuera tan pronto, ¿o sí?

De estar en los zapatos de Rin, con semejante bombón parado en frente con un anillo de compromiso en la mano, me habría desmayado antes de que pudiera preguntarme si quería casarme con él XD

Lo sé…. Muchas habrían hecho lo mismo que yo :( Jajajaja

Muchas sorpresas nos trajo la Mansión-Castillo del Oeste, ¿no?

Sesshomaru definitivamente no se anda con rodeos, y poco le importa que Inu no Taisho sea su padre, pues también tiene amenazas y crueldades para él. Sin embargo, en esta ocasión el señor Ishinomori perdió. No sólo era Sesshomaru en su contra, sino también a su adorada esposa.

Y el pobre InuYasha cada vez más enmarañado en la cantidad de mentiras de Rin y Sesshomaru.

Bien… Creo que en esta ocasión no tengo mucho por decir, salvo que espero que hayan disfrutado este capítulo largo y que disculpen la tardanza. Este capítulo y lo que llevo del siguiente me han cortado el aliento. A veces me emociono escribiendo y se me aguan los ojitos :(

Culpen a mi jefe y a mi novio por la tardanza Jajajajaja XD

Y ya sé que muchos ya están gritando "¡Boda!", pues sí. Va a haber boda, como todos ya saben (el contrato lo dice, por si se les ha olvidado), pero tienen que revelarse ciertas cosas antes…

Los dejo con la intriga por saber la respuesta de Rin… Pues el hecho de que la boda sea segura, no quiere decir que la respuesta de Rin sea predecible… ¿Será que Sesshomaru tendrá que buscar alguna otra manera para obligarla a casarse con él de buena gana?

Disculpen si de pronto se me escapó algún errorcirijillo de ortografía o se me ha chispoteado alguna letra por allí… :D

Quiero agradecer como siempre a todos los que pasaron y leyeron el capítulo anterior, y muy especialmente a quienes comentaron. Muchas gracias a todos los que me agregaron a sus alertas y favoritos, y animo a aquellos que no han comentado a que lo hagan, ya saben que me gusta leer sus opiniones, lo que creen y lo que piensan de los personajes.

Muchísimas gracias a mi amiga Ary pricxsaku, a Sun and Mint, a Lazzefire, Miara Makisan, Vicky, nodoka-san, Adagio10, Blueberry Bliss, Eva, Dulce Locurilla, black urora, Reira, nodoka-san, saori-san, Ceci Pierce, Maka, Soul of Wolf, julymartiinez, Wissh, KaitouLucifer (por su paciencia, tranquilos todos que no me ha pasado nada jajaja), Nagisa-chan, Talamine, Luzna, ali1895, y a los anónimos que comentaron. Jamás pensé llegar a tener más de 200 reviews con mi primer Fic, y todo es gracias a ustedes. Eso significa que les gusta mi trabajo y me alienta a seguir escribiendo y a no abandonar este Fic por nada del mundo.

Muchas gracias por su apoyo y no se preocupen porque voy a terminar este fic… No me gusta dejar las cosas a medio terminar. Es simplemente que algunas veces no me alcanza el tiempo para todo lo que tengo que hacer, pero todas las mañana me levanto recordando que ustedes están esperando el próximo capítulo.

Mil gracias!

Un abrazo de oso para todos!

Sammy Blue