CAPITULO XX. La mente en las sombras.
Su aspecto demacrado había vuelto, al igual que esa tristeza en el corazón, el silencio entre ella y sus amigas, junto con las visitas de los agentes Jiraya y Tsunade.
Quizás había cumplido con su esperada venganza, pero aún faltaba que la justicia actuara, eso sería tarde o temprano. Entonces ¿por qué se sentía tan mal si prácticamente todos sus objetivos estaban cumplidos?
De día permanecía todo el tiempo que podía en la universidad, hasta que inevitablemente debía pasarse por la cafetería, donde por tres horas aguantaba esa incómoda relación con sus compañeras.
Había hecho mal. Eso lo sabía perfectamente. Se había dejado llevar por la furia en su interior y nuevamente había dañado a las personas que más le importaban.
En las mañanas visitaba la biblioteca de su escuela, pero en vez de estudiar se la pasaba planeando una u otra cosa para poder pedirle disculpas a Ino y a Hinata. Sin embargo poco se le ocurría. Quizás si le hubiese dicho esas palabras llenas de rencor a su prima, probablemente ella hubiera entendido y no sería tan difícil pedir disculpas. El problema era que esa ocasión la discusión había sido con su mejor amiga, la chica inocente, tierna, amable, de buen corazón y cero malicia, eso precisamente era lo que la tenía dándole tantas vueltas. Siempre sus peleas habían sido con Ino, pues ambas eran algo temperamentales, pero Hinata era otra historia, esa joven sólo se dedicaba a verlas discutir y después calmar los ánimos, más nunca ella había sido parte de todo eso.
Con pesar siguió secando las tazas frente a ella. De reojo veía de vez en cuanto a Ino, quien no dejaba de ir de un lado para otro atendiendo a los clientes. Hinata por su parte se encargaba de preparar el café y hacía malabares para también atender los pedidos de comida. La dueña de la cafetería se había hecho presente en esos días, de seguro se había dado cuenta de que el lugar estaba a punto de quebrar a causa de las maid, así que llegó a poner todo en orden. Cuando observó quien de las tres chicas de la tarde era la que causaba problemas, o sea Sakura, convino en darle un ultimátum y mandarla a fregar los platos.
¿Qué haría la dueña? ¿La despediría? Si eso ocurriera sería lo más bajo que hubiera caído.
Terminó de secar hasta la última tasa y luego prosiguió con los platos que se habían acumulado, esto por cuarta ves en la tarde.
-Hyuga y Yamanaka ya se van. Ha llegado Niki, comprenderás que como esta la tarde necesito a alguien más.
Sakura elevó la mirada. La administradora le hablaba desde la puerta de la cocina. La chica pelirosa simplemente asintió con la cabeza.
-¿Me cambio?-preguntó desanimada.
-Arréglate y sal de inmediato a atender a los clientes.-indicó.
Cinco minutos después se había puesto el traje de maid, cuando escuchó que la campana de la puerta principal sonaba, salió corriendo a atender.
Mientras llevaba a un par de chicos a su mesa, observó por el cristal que Ino y Hinata salían del callejón e iban rumbo a casa. Conforme se alejaban, Sakura sentía que también lo hacían de ella.
¡Bien hecho! Ellas debían estar odiándola, al igual que la administradora…al igual que Sasuke. Pero al recordarlo, llegó nuevamente ese coraje y esas ganas de odiarlo con todas sus fuerzas.
-¿Vas a quedarte ahí preciosa?-preguntó uno de los chicos a quienes atendía.
Trató de recuperar la compostura y recordó que debía hacer bien su trabajo o tendría la posibilidad de sers despedida.
-Buenas noches, soy Sakura y hoy seré su maid.
El hombre que le había hablado debería tener unos treinta años, era moreno y alto, el segundo se veía que apenas pasaba los veinte, en contraste con el otro, éste era rubio. Ambos eran muy apuestos, sin embargo un aire de arrogancia los hacía ver un poco intimidantes.
El más joven alzó la ceja y la recorrió con la mirada. Ella ya estaba acostumbrada aquello, algunos clientes se pasaban en muchas ocasiones cuando la veían vestida con aquel atuendo de maid.
-Vaya, de saber que existían tan lindas señoritas aquí, habría venido mucho antes.-le dijo el rubio al más grande.
La chica ignoró el comentario.
-¿Puedo tomar su orden? Hoy tenemos un delicioso pastel de café, especialidad de la casa.
-Primero dime, ¿Cuántos hombres te han dicho que eres hermosa?-preguntó el más joven.
Realmente era una pregunta tonta, pero Sakura se vio tentada a contestar "Dos tipos, ¿y adivina que? Uno fue un cobarde y el otro un total estúpido al que no quiero volver a ver en toda mi miserable vida".
-Varios, supongo. Ahora, ¿desea que le traiga un bollo relleno de helado? A mi parecer es de lo mas delicioso que he probado.
-Pues entonces déjame que me sume a esos varios, eres muy hermosa. Pareces un diablillo rosa con una sonrisa angelical, sin ofender.
Sakura ya se estaba molestando con todo eso, ahora lo que menos quería oir es el pobre intento de un chico para ligar.
Logró por fin después de un considerable tiempo tomar la orden. Luego se fue a atender a otras dos mesas. Esa noche estaba todo tranquilo, habían pocos clientes y el trabajo para ella por las siguientes dos horas sería prácticamente nulo. La otra chica que ayudaba en el turno de la noche era Nikki, ella se ocupaba de la cocina, mientras la administradora había subido a la oficina en la parte superior del local.
Sakura se sentó en la barra en un momento de descanso. Miró al reloj y supuso que se le haría tarde. Eran ya casi las ocho y en media hora debía reunirse con la agente Tsunade. Por lo que habían discutido por teléfono cuando le propuso reunirse en un café a unas cuadras de ahí, fue que debía hablarle de algo importante que sólo se podía tratar estando cara a cara.
Jiraya y Tsunade la mantenían al corriente de la investigación hacía Itachi. A esas alturas gracias a la información dada por Sakura las cosas habían mejorado y habían descubierto unas más, aunque claro, le habían escondido mucho de esto, sólo le informaban de asuntos que le competían. Además la pelirrosa era quien había insistido en que le informaran del avance que tuvieran. Pero, ¿en verdad quería saber lo que le pasara al Uchiha mayor? ¿O era que sólo quería tener noticias de lo que sucedería con Sasuke? Por más que trataba de mentalizarse que era debido a lo primero no podía negar que una parte –una parte masoquista y muy errónea de ella – quería saber que le haría la policía. Jiraya decía que muy probablemente tendría una sentencia parecida a la de su hermano.
No sabía por que no podía imaginarse al pelinegro tras las rejas, había sido algo que realmente había deseado. Ahora bien, ¿Por qué le incomodaba la idea de que él también fuera a la cárcel? No tenía tanta experiencia y tiempo en el negocio, ¿por qué debería también ser condenado el mismo tiempo que el delincuente de su hermano? Claramente odiaba a Sasuke, por una y mil razones, pero no podía apartar ese sentimiento de pena de su corazón.
Para las nueve se encontraba en la entrada del café donde había acordado con Tsunade. Cuando entró el lugar parecía más a un bar que una cafetería. El aire era un poco espeso, quizás debido al humo, y la luz no era muy clara, lo que le daba al local aspecto de lugar de mala muerte.
Con la mirada recorrió las pocas mesas, encontrando en la más alejada a la persona que buscaba.
Al acercarse notó que la mujer llevaba una gabardina café y lentes, parecía estar de incógnita.
-Es la primera vez que la veo y parece en realidad una agente.-susurró al sentarse frente a ella.
-Buenas noches Haruno.
-Buenas noches.
-He esperado más de la cuenta.-la mujer se veía algo alterada.
-Lo sé, perdón, es que me surgió trabajo.
-A causa de ello seré breve y directa. La cosa es que la orden de aprensión está lista, probablemente en estos momentos ya Itachi esté detenido.
Por un segundo Sakura se quedó pasmada por la impresión. No podía creer lo simple que Tsunade podía decir aquello que a ella le había costado tanto tiempo y que había anhelado con todas sus fuerzas.
Trató de hablar pero su boca estaba seca. Volvió a pensar en lo que la mujer había dicho y no pudo evitar sentir miedo y preocupación por la persona en quien menos debía pensar en esos momentos.
-¿Y Sasuke? ¿Qué pasará con Sasuke? ¿Le han hecho algo? ¿Qué ha dicho el juez? ¿Qué…?-Se quedó callada al darse cuenta de lo que preguntaba. ¿Cómo era posible que después de tanto tiempo, después que sufrió tanto, luego que el tipo la traicionó, pensara en si estuviera bien o no?
-El también tendrá que afrontar cargos, al ser hermano de Itachi se ha visto envuelto en muchas cosas sucias y probablemente también tenga algo que ver.
Algo se removió en su estomago y comprendió que el chico realmente se lo merecía. Era parte de la orden, de eso no había duda, y ellos eran unos criminales, eso era un hecho. No podía defenderlo, no había escusas.
-Entonces…¿arrestarán a Itachi, a Sasuke, y a cuantos más?
La mujer rubia se tomó el contenido del vaso que tenía enfrente de un solo trago. Luego miró a Sakura con cierta perspicacia.
-Hay varias familias involucradas y a cada una se giró también una orden de aprensión, aunque ciertamente hay varias más en la lista, ahora sólo vamos por las cabezas grandes. Ha sido una larga investigación en la que han ido surgiendo poco a poco los nombres y las evidencias. ¿Sabes? Antes de que tu nos entregaras esos papeles, el pervertido de Jiraya y yo llevábamos cerca de tres años en eso, sin poder lograr nada, -la única mesera del lugar llegó y dejó dos tragos, los cuales nuevamente con un solo trago desaparecieron.- No era nada fácil conseguir información de esos tipos, sin embargo de la nada llegaste tu y con esa información que nos brindaste tuvimos por fin la pieza faltante del rompecabezas. No sabes cuanto te agradecemos que hayas hablado.
-Hice lo que tenía que hacer, yo tenía más ganas que ustedes de que esos tipos fueran a la cárcel.-Sakura se aventuró y también se tomó el trago con la misma rapidez que Tsunade, el alcohol raspaba pero en cierta forma reconfortaba.
-Como sea, ahora sólo me queda ofrecerte nuestra ayuda. Comúnmente en este tipo de casos ofrecemos protección a los testigos, sin embargo de tu participación nadie sabe, a excepción mía y de Jiraya, así que nadie puede relacionarte con que tu nos hallas dado esos documentos. Así que de ahora en adelante nuestro contacto tendrá que terminar.
La pelirrosa asintió con la cabeza. Parecía que estaba terminando de recorrer su largo viaje de venganza.
Minutos después ambas salieron del lugar. La noche era fría y en Sakura calaba más, pues sólo llevaba puestos unos jeans, una blusa de manga corta y unas sandalias.
Se despidieron a una cuadra del lugar y partieron en rumbos diferentes. Cuando la joven llegó a una crucero una calle después, dos personas aparecieron a su costado.
-¿Bonita noche, no?-preguntó la voz de un hombre.
El semáforo estaba aún estaba en verde, dando pase a los autos. La chica algo molesta giró el rostro para ver a los tipos que tenía al lado.
Un joven rubio la miraba divertido, a la derecha de éste había otro hombre, más grande en edad. Era el joven molesto que había llegado esa noche a la cafetería, pero ahora su acompañante era diferente, éste era más robusto y alto.
Se limitó a devolverle la mirada, pero ni siquiera le contestó. Ansiaba que el semáforo cambiara para poder caminar y llegar rápido a casa. Nunca le había parecido cómodo que un desconocido le buscara plática.
-Eh…muñeca…te hablo a ti.-escuchó de nuevo al chico rubio.
-Déjala, al parecer le comieron la lengua los ratones.-esa otra voz se escuchaba grave, de seguro era la del más grande.
Sakura siguió ignorándolo, cuando los coches se detuvieron salió disparada y cruzó la calle.
Caminó por la acera a paso rápido, esperando que el joven hubiera desistido y que se hubiera quedado atrás. Avanzó una cuadra más sin escuchar pasos siguiéndola. Parecía que había sido un miedo infundado. A lo lejos vio las luces del café maid encendidas, lo cual indicaba que aunque sus puertas estuviesen cerradas quizás dentro estaba la administradora o Niki.
Respiró profundo y aligeró el paso. Muchas cosas habían sucedido últimamente y tenía que asimilarlas una a una. ¿Itachi encarcelado? ¿Por fin…?
Tan rápido como había comenzado a pensar en ello tuvo que dejarlo. A unos metros de ella, recargado en un auto, estaba el tipo que había acompañado en el café al joven rubio.
Entonces fue que en verdad el miedo la invadió. ¿Era aquello una trampa? Inmediatamente regresó la vista a sus espaldas, para confirmar que los dos hombres la habían seguido.
Trató de no alarmarse, quizás regresaban ahí a reencontrarse con su otro amigo. Aún así siguió caminando, fuera una cosa o la otra lo mejor sería llegar a la cafetería cuanto antes.
Apenas había pasado el auto donde estaba uno de los tipos, escuchó pasos fuertes tras ella, alguien corría.
Se devolvió para encontrarse con alguien que le tapaba el rostro. Inmediatamente le ataron algo a la boca, amordazándola, mientras algo que parecía ser una bolsa de tela le impedía ver.
Quiso zafarse pero era imposible mover siquiera un dedo, las personas que la sujetaban eran mucho más corpulentas y fuertes que ella. Sintió como alguien la cargaba, mientras otro le ataba las manos a la espalda. Su cuerpo chocó fuertemente contra una superficie dura, y una fuerte punzada le rompía el cráneo.
-¡Baja la cabeza, esa estúpida rubia tiene un arma!-escuchó una voz aguda, al parecer era el más joven. Se notaba cierto pánico en la voz.
Un rugido de motor seguido de un volantazo indicó que se movían.
Se escucharon dos disparos, alguien afuera los atacaba.
-¡Rápido idiota, le esta disparando a las llantas!-gritó furioso el tipo de la voz grave.
-¡Cárgatela!-gritó el más joven.
Se escuchó un disparo, alguien había activado un arma desde dentro del auto donde estaba Sakura.
¿Qué rayos estaba pasando?
-¡La hemos dejado atrás!-gritó un tercer hombre.
-¡Joder, pisa a fondo!
-¡El auto azul, se lo ha montado en ese la muy cabrona!-gritó alguien más.
La pelirosa lo único que deseaba es que pararan a su captores de cualquier forma.
El auto se sacudía fuertemente y al parecer iban a gran velocidad.
-¿Qué no puedes perderla?
-¡Dispárale al auto!
Se escucharon dos detonaciones y a lo lejos un auto derrapó.
Al parecer quien los perseguía se había quedado atrás.
Sakura había sido secuestrada.
Colgó el teléfono y dejó escapar una sonora carcajada llena de complacencia. Todo había resultado a la perfección, tal y como lo había planeado desde un principio.
No podía creer que las cosas se hubieran dado como el quería. ¿Estaba feliz? Claro que sí, era sorprendente el alcance de su inteligencia.
Frente a él había un tablero de ajedrez, del cual movió al alfil, trazando una línea recta y en diagonal hacía el rey, al llegar a él lo tiró con un sutil movimiento. La pieza del monarca caído salió disparada de la mesa y rodó por el suelo, hasta llegar a su pie, donde se detuvo.
El hombre sonrió de nuevo. La vida no podría ser más perfecta para él en esos momentos. Hacía poco acababa de recibir una llamada de su contacto en la casa Uchiha. Era increíble lo bien que se podía utilizar a la justicia a beneficio de otros. Su mayor triunfo podía atribuirlo en parte a los ineptos de la policía. Y claro, también a aquella chica tonta que sin saberlo se había dejado manipular.
Fue a un rincón de la estancia y se sirvió whiskey en una copa y brindó por los recientes acontecimientos tan fortuitos.
El sirviente de su sobrino le había llamado para confirmarle que la policía había irrumpido en la mansión llevándose a sus sobrinos. También éste se había enterado de los varios arrestos de los demás miembros importantes de la orden a lo largo de la noche, gracias a las personas infiltradas en las diferentes familias.
Akatsuki estaba acabado, más sin embargo, él, el gran líder tras las sombras, el que siempre dejaba que fuese Itachi quien diera la cara en todo, él, a quien nadie conocía como la mente maestra en ese negocio, la persona calculadora que había llegado a formar ese gran imperio, él, Madara Uchiha, estaba libre de cualquier delito, y ahora podía quedarse para el solo la fortuna de la familia.
Alguien tocó a la puerta.
-Pasar.-su voz sonaba grave y masculina, característica de todos los hombres poseedores de ese apellido.
-Acaban de llegar, Lord.-una joven sirvienta estaba en el borde de la puerta.
-Hazlos pasar.-indicó.
No pasó mucho tiempo cuando entraron a la estancia cuatro personas. El hombre más alto dejó caer sobre sus rodillas a quien parecía ser el más menudo de ellos, se observaba claramente que iba amordazado, con la cabeza cubierta.
La personita cayó sin resistencia sobre la alfombra. Parecía muy frágil de esa manera.
Madara sonrió, era una noche maravillosa, ahora tenía frente a él a su gran cómplice.
-Pero no seamos groseros con nuestra invitada, quítenle esa tela.-ordenó.
Uno de los hombres se encargó de quitar la bolsa de la cabeza y quitarle el lazo que tenía tapando su boca.
Una maraña rosa se revolvió en la cabeza de la chica. Con sus ojos jade bien abiertos observó a la persona que tenía frente a ella.
Parpadeó varias veces al ver a aquel hombre. Era alto y esbelto, vestía un traje gris impecable, tenía el pelo largo en una coletilla. Se impresionó claramente al verlo. Se parecía mucho a los herederos Uchiha, con esa piel pálida, los ojos negros y profundos, y ese cabello azabache. Su primer pensamiento fue que era Itachi en persona, sin embargo éste hombre era unas dos décadas más viejo que el otro.
"¿Otro Uchiha?"-se preguntó la chica consternada.
El tipo le mostró su perfecta y maliciosa sonrisa.
-Vaya, -comenzó a aplaudir.-frente a nosotros, señores, tenemos al engrane principal de mi gran triunfo.-luego soltó una carcajada perversa.
La pelirosa estaba de lo más confundida. ¿Quién era ese hombre y por qué la habían secuestrado?
-¿Qué diablos es esto?-preguntó y al mismo tiempo elevó el mentón, con cierto aire de valentía, el cual no pasó desapercibido para Madara.
-Esto, joven Haruno, debo agradecerlo todo a ti, haz sido mi más grande arma contra Itachi, y debo felicitarte, pues lo has hecho muy bien, tal y como lo predije.
-¿Quién es usted? ¡Suélteme!-gritó.
El hombre negó con un dedo.
-No te soltaré ni te apartarás de mi más Haruno, no dejaré que te vallas una vez más de mi alcance. Si cometimos un error contigo hace cuatro años, ¿crees que soy tan idiota como para volver a dejarte ir?-luego pateó fuertemente una silla, la cual se fue a estampar un metro más allá de Sakura.
-¿Q-q-quien…es u-usted?-nuevamente volvía a elevar la vista.
-¡Oh! Permíteme presentarme, yo he jugado todo este tiempo contigo y ni siquiera sabes mi nombre. Señorita Sakura, yo soy Madara Uchiha.
La joven por un momento dejó de respirar. ¿En qué momento había aparecido otro integrante de esa familia? ¿Qué no se suponía que los todos los demás habían fallecido? Pero ese tipo frente a ella parecía claramente ser uno de ellos.
-¿Haz…jugado conmigo? ¿Qué se supone que significa eso? ¿Para eso me has raptado?
-Mmm…no Haruno, creo que no has entendido. Tu has sido quien me ha llevado a tener la victoria en este juego de poder, sin saberlo caíste en mi red y te comencé a manipular a mi antojo.
¿Qué estupideces decía aquel tipo?
-Yo no lo conozco.
-¡Por eso mismo es que todo ha sido tan maravilloso! ¡Por esa razón es que ahora tengo toda la fortuna de los Uchiha! ¡Por eso es que ahora nadie de esos tontos de la orden se interpone en mi camino!
El tipo parecía demasiado entusiasmado, mientras la expresión de su rostro parecía malvadamente feliz.
-No…no entiendo…No…se supone que…no habían más Uchihas…los padres de Sasuke fueron los últimos en fallecer…
Luego el pelinegro soltó la carcajada más espeluznante que la chica había escuchado en su vida.
-¡Ellos!...¡Nadie nunca supo la verdad…! ¡Jajajajaja!...Pobres niños tontos…nunca supieron…¡que quien mató a sus padres fui yo! ¡Mi hermano fue mi primer obstáculo para tener el poder, así que lo tuve que matar!
Sakura lo observaba horrorizada. Ese hombre le acababa de confesar que había matado a los padres de los hermanos Uchiha, sin una pizca de remordimiento y además con esa expresión de excitación.
-Eres…un monstruo. ¿Haz asesinado a tu propio hermano sólo por tener dinero?
-¿Me dices a mi monstruo? Mmm…-su sonrisa se redujo un poco, parecía pensativo, pero igual tenía ese aspecto de triunfo.-…¿Te refieres a mi de esa manera? ¡Pero si tu no eres una blanca palomita! Tu, niña, has sido quien ha llevado a la cárcel a toda la orden, siguiendo mis planes.
La pelirrosa no lograba entender en nada aquellas palabras.
-¿Tus…planes?
Madara respiró hondo, luego exhaló fuertemente.
-¡Apoco creías que la manera en que llegaron esos documentos a tus manos fue cosa del destino! ¡Qué jodidamente tonta fuiste al creer eso!
La chica quedó pasmada. No quería entrar en pánico pero ese hombre ahora le había dado motivos. ¿Cómo sabía el de los documentos?
-¿De…de…de qué habla?
-No te hagas, sabes a que me refiero, esos estados de cuenta y demás papeles que incriminaban a Itachi con la orden y los negocios sucios.
-No…pude ser…nadie sabía…-la expresión de Sakura era de el más terrible miedo.
-¡Yo fui quien dejó la llave de la sala de juntas de la orden al alcance de tu mano! ¿Cómo crees que el imbécil de Itachi podría dejar algo así a la mano de cualquiera? Sabía que llegarías ahí nuevamente, tu mayor defecto es ser curiosa, Haruno, Porque, ¿sabes? Te vi aquella noche en la fiesta, en el cumpleaños de Sasuke, cuando seguiste a Itachi, vi cómo te escabullías y también fui tras de ti, hasta que llegaste a aquellas escaleras. Fue entonces cuando me pregunté…¿por qué la novia de mi sobrino querría espiar a la orden? Ese pensamiento me anduvo siguiendo por un tiempo, hasta que recordé esos malditos ojos verdes tuyos, imposibles de olvidar, además de que tu apellido había quedado grabado en mi lista negra. Sakura Haruno, una vez te dejé escapar de mi gracias al tonto Itachi que se dejó amenazar por Gaara Sabaku. Tu no podrías volverte a burlar de mi.
La mente de la chica trabajaba a toda velocidad, muchas piezas parecían concordar, ¿entonces era verdad lo que ese tipo decía?
-¿Tu…también pusiste esos documentos…ahí?
-¡Oh! Si, claro, veo que empiezas a entender. ¿Ves? Fue tan fácil hacerte caer, mientras tu pensabas que tenías suerte, yo lo hacía todo.
…Si habías regresado a ser cenicienta y sabías de la orden, eso quizás significaba que buscabas vengarte o algo por el estilo. Yo lo único que hice fue poner ciertas herramientas en tu camino para que lo pudieras lograr. ¡Solo quería que una pobre chica dolida cumpliera sus deseos de venganza!
Sakura no sabía si echarse a llorar o hacer hasta lo imposible por deshacerse del la cuerda en sus manos y matar a golpes a ese tipo.
Madara continuó.
-Y ya ves, cooperaste de maravilla. Debo admitir que eres buena, mira que llegar al punto de llevar a la cárcel a todo Akatsuki.
-¡Eres un imbécil!
-Shh…a mi no me hablas en ese tono.-y sin esperárselo Sakura recibió un fuerte golpe de su puño en el abdomen.
Retorciéndose del dolor alcanzó a oir las últimas palabras del Uchiha hacía ella.
-Estúpida niña tonta, creíste que te saldrías con la tuya. Pero no vas a escaparte de mi nunca más. Tuvieron que pasar cuatro años, pero aún así terminarás en el lugar para el que fuiste elegida por primera vez. Pobrecita princesita, ¿creíste que al final serías feliz?-una fuerte carcajada hizo estremecer más a la chica-pues déjame recordarte algo, esto es la vida real.
Guardo silencio unos segundos, luego indicó a los hombres que habían llevado hasta ahí a la joven,
-Ustedes, llévensela a Kazahi.
De la boca de Sakura trató de salir un grito, pero estaba muy sofocada como para hacerlo. Simplemente un hombre la volvió a amordazar y al final terminó siendo llevada en los hombros del más alto de sus raptores.
Cuando despertó se encontraba en una habitación de apenas cuatro metros cuadrados, cuya única ventilación era una pequeñísima ventana con barrotes por la cual entraba una débil luz. Quizás sería de día, sin embargo ahí dentro reinaba la penumbra.
Trató de levantarse, cuando se dio cuenta que las cuerdas en sus pies y el lazo en la boca habían desaparecido, aunque sus manos seguían atadas.
De inmediato su cuerpo respondió al movimiento de sus músculos, pues en su cabeza volvió la punzada del fuerte golpe de una noche anterior, seguido del terrible dolor en su abdomen, un pequeño detalle de Madara.
Maldijo por lo bajo y trató de regularizar la respiración. Después que su vista se adaptó a la poca luz pudo ver mejor lo que había a su alrededor, lo que en si era nada. La pieza estaba vacía. De uno de los muros salía un haz de luz en la parte inferior, lo que indicaba dónde estaba la puerta.
Con dificultad se levantó y se deslizó a la ventana. Afuera no se veía mucho, sólo más muros de concreto que parecían estar a unos tres metros de distancia. Además el orificio era muy pequeño y no daba oportunidad de distinguir algo más.
Decepcionada se dejó caer contra la pared. ¿En dónde estaba? ¿Qué le iban a hacer? ¿Hasta dónde llegaba la maldad de Madara?
Era verdad que en la familia Uchiha había algo podrido, lo cual ella siempre pensó que era Itachi, claro, después se enteró que Sasuke también lo era. Pero ahora se daba cuenta que existía otro hombre con el apellido, y que también era toda una fichita.
Le confesó que había matado a su hermano, al padre del chico de quien por desgracia se había enamorado. ¿Qué tipo de ser hacía eso? Uno que estaba a punto de mostrarle el infierno sin duda alguna.
Ahora dudaba en cuanta responsabilidad tenía en verdad Itachi dentro de los negocios del bajo mundo de los Uchiha. Si su tio era el cerebro tras las operaciones, entonces él era mayor criminal que el chico a quien ella había luchado por mandar a la cárcel.
Se había equivocado, no había acusado al culpable número uno en la lista, a la mente maestra de todo, y para colmo, ella misma había sido manipulada en cierta forma por él. Debía aceptarlo, Madara había jugado sus piezas, y ella había sido un peón de su bando.
¿Cómo llegó a pensar que la forma en que encontró aquellos documentos había sido fortuita? Fue algo tan fácil y debió haber sospechado. Pero sus ansias de venganza la cegaron y no vio lo coherente.
De repente recordó algo.
-…Kazahi…-susurró.
El tio de los Uchiha había dicho que la mandarían a ese lugar.
Sin esperarlo la puerta se abrió. Una figura que no pudo distinguir entró y la jaló del brazo.
Segundos más tarde sus ojos se acostumbraban a la luz del pasillo por dónde prácticamente la arrastraban.
-¡Camina!-gritó un hombre al que no había visto antes.
Bajaron por unas escaleras metálicas. Abajo siguieron por un pasillo. En las paredes había moho y el olor era nauseabundo.
Entraron a un cuarto grande. Ahí habían unos cuantos tocadores, percheros con ropas brillantes y varias sillas.
El tipo la aventó a una silla.
Un ruido de una puerta al otro extremo del lugar anunció la llegada de alguien más.
Una mujer alta y cuarentona, pelirroja y con mucho maquillaje y apariencia de prostituta se hizo presente. Su expresión le recordó a Sakura la sonrisa de suficiencia que tenían aquellos quienes se habían burlado de ella, específicamente, Itachi y Madara.
-Vaya, hasta que me traes algo de calidad. Creo que a más de un cliente le servirá.
-No es mucho de mi agrado, a mi parecer le falta un poco de tetas, pero ese cabello exótico me inspira para muchas cosas.-dijo sonriente el tipo.
La mujer fue a un perchero y sacó un conjunto. Se lo aventó a Sakura.
-Te vestirás esto y saldrás al cabaret a atender a los clientes. Más te vale hacerlo bien, aquí todo mundo está vigilando.-advirtió la pelirroja.
El hombre a quien la chica había notado por primera vez que era castaño y con barba, sacó de su bolsillo una navaja, con la que de inmediato rozó el cuello de Sakura.
-Y te advierto preciosa, ni se te ocurra la estúpida idea de escapar, porque más tardarás en planearlo que en estar muerta. Escúchalo bien –clavó la punta del arma en el centro del cuello causando una cortada- de aquí nadie sale. ¿Me oíste? Nadie…
Por primera vez en después de todos los acontecimientos de la noche anterior y esa mañana, la pelirosa dejó salir las lágrimas. Era imposible que todo eso estuviese sucediendo.
La habían raptado, había estado frente a Madara y el muy desgraciado le había confesado una verdad de la que no estaba segura querer haberse enterado, la habían llevado a Kazahi, uno de los barrios bajos de la ciudad, donde las drogas, los yakuzas, las peleas y la prostitución eran su principal característica, y también ahí llegaba el imperio Uchiha.
Había terminado sola, ahora la obligarían a prostituirse o algo mucho peor. No podría escapar, nadie iría a rescatarla, puesto que nadie sospecharía de Madara del que ni la policía sabía de su existencia.
Su vida ahora si estaba sumida en un pozo dónde ya había encontrado el fondo, y en ese lugar ya no había ninguna esperanza.
Nunca pensó que como princesa del cuento, ese sería su final.
Wii! Yo de regreso! Sip, ya se que he tardado siglos, espero k halla alguien k me disculpe!
u.u algunas ya se habrán dado cuenta de cuan atareada estoy, y en los pleitos escolares en los que ando metida, pero bueno, solo puedo decir que hay una justa razón que justifique mi tardanza.
Muchiiiiisimas gracias a aquellas chicas que me tienen tanta paciencia y que aún así les sigue gustando mi fic.
Bueno, mi habladera de hoy será corta.
¿Qué les pareció el capi? Muajajajaja, ¿a que no se imaginaban que un personaje como Madara saldría a la luz? :D ya antes había relatado una plática entre él e Itachi (recuerdan?). Bueno, como dice el título, el fue la mente tras todo el problema, el tipo k desde las sombras movía los hilos. Ahora la pobre Saku tiene un futuro realmente desolador (y pensándolo bien…creo que la prota de este fic es a la k mas problemas le he puesto, digo, problemas graves, no sólo desamores…)
Como ya se habrán dado cuenta, este fic está llegando a su final. Creo yo que como máximo tres capis más. Ah! Me da cosa que dos de mis mejores fics estén llegando a su fin! TT_TT
Bueno, no me queda más que agradecerles, y dedicar este capi a tres chicas:
Andrea Diaz, quien me enseñó a hacer bombones y soporta pacientemente que sólo hable de mi (gomen…)
Susana P. Covis, que me rescató en mi atasque mental sobre la tesis
Anicia, que escuchó mis relatos sobre el abogado sexy. XD
Arigatou!
Pd. Busquenme en Facebook (feisbuk….XD) como "Reishike Uchiha". XD
PD. ALGO QUE LES VA A ENCANTAR:
Vayan al siguiente link, cortesía de KATHERINA NELSON (Arigatou!)
ALGUNA VEZ SE HAN IMAGINADO COMO SERIA LA DECLARACIÓN DE SASUKE A SAKU? EH? EH? Pues en el siguiente video se escucha la voz del seiyu k hace la voz de sasuke, en una declaración no muy común…encantador! (borren los espacios)
h t t p : / / w w w . y o u t u b e . c o m / w a t c h ? v = m 1 _ 6 W y F j 6 P I & N R = 1
