Capítulo 19. Yuri on ice

La voz del tenor que acompañaba aquella melodía suave que Victor había elegido como la música de su último programa libre como patinador competitivo, se dejaba oír en medio de la pista de hielo desierta, mientras las manos del ruso se aferraban al cuerpo de Yuri quien bailaba ahora aquella canción con él.

Desde hacía más de una hora los dos habían decidido sin palabras que el tiempo de ensayar "Yuri on ice" había terminado y que el cuerpo de Yuri sabía ya de memoria cada movimiento, cada salto, cada paso en la secuencia que contaría su historia sobre el hielo. Aquella noche, porque era de noche todavía, Yuri estaba convencido de que al día siguiente terminaría presentando la mejor coreografía de su historia, algo en su corazón le decía que sería de esa manera.

Además, mientras las manos de Victor lo cargaban en el aire, mientras las manos de Victor acariciaban su rostro haciéndole sentir la música en cada centímetro de su piel, era fácil olvidarse del miedo, no había lugar para el miedo en el corazón del joven Katsuki porque ahí, dentro de él, había demasiado amor por Victor y por todo lo que él mismo era. Sí, ahora había amor por él mismo también.

Y es que mientras Victor y él seguían girando sobre la blanca superficie que de algún modo u otro había terminado uniéndolos, Yuri podía verse en los ojos azules de Victor como una persona que por fin había entendido el poder del amor a pesar de que muchas personas le habían dicho que aquel era un tema arriesgado, a pesar de que el mismo Yuri lo había llegado a pensar en algún momento de su preparación para la temporada de competencias.

Pero ahora él entendía que el poder que el amor les daba a las personas, era un poder apabullante, un poder que atraía todas las miradas y no dejaba que nadie dejara de mirarte. Porque no hay historia más llamativa y conmovedora que aquella que habla de amor sin miedo, que intenta bordear la totalidad de aquel infinito sin temor y sin vergüenza. Y Yuri era amor ahora, de verdad lo era y el corazón de cristal del joven Katsuki, ese corazón que siempre terminaba roto sin que él pudiera evitarlo, estaba completo ahora, sí lleno de cicatrices, pero esas heridas simplemente lo habían hecho más fuerte.

Y es que en los ojos de Victor parecía estar sucediendo un evento mágico que hacía que por medio de la canción de la gala que los dos iban a presentar juntos después de la final del Grand Prix, las pupilas de su amado se convirtieran en dos espejos de cristal donde presente, pasado y futuro se congregaban para mostrarle a Yuri un cuadro completo de su historia hasta ese momento. Porque Yuri podía ver en aquellos ojos al niño que siempre había querido hacer historia, al adolescente que se había prendado de aquel ídolo de fantasía que ya no era más un sueño y que ahora estaba ahí, dejándolo girar entre sus brazos.

Y Yuri se sintió feliz, completamente feliz, Yuri sentía ese tipo de dicha que los seres humanos solo pueden sentir en contadas ocasiones a lo largo de su vida y aunque ciertamente quería ganar con todas las fuerzas de su alma, en aquel momento una medalla de oro no parecía ser tan importante.

Porque Victor y él bailaban "quédate a mi lado" como dos iguales. Porque aquella canción que había acompañado la danza de un príncipe del hielo solitario, se había convertido de pronto en un dueto de amor que marcaría un final y un principio: aquella sería la última vez que Victor Nikiforov presentaría aquella coreografía pero aquello marcaba también el inicio de esa vida que Yuri y él habían decidido empezar a vivir.

-Creo que debemos parar ahora, mi Yuri- dijo el ruso con una sonrisa feliz cuando la música de la canción se detuvo y el silencio volvió a caer sobre los dos-. Debes descansar, no debemos forzar tu cuerpo ahora. El programa corto fue pesado para ti y me preocupa el estado de tu herida aunque el médico dijo que todo estaba en orden. Como sea, tienes que reservar energías para mañana ¿está bien?

-Sí, entrenador…- dijo Yuri sin dejar de sonreír. El joven sentía dolor en la pierna pero aquel dolor era lo que menos le importaba en aquel momento.

-A veces se me olvida lo fría que suena esa palabra- dijo Victor riendo alegremente-. Te tomas muy en serio nuestros momentos de práctica profesional, patinador Katsuki…

-Vitya, no debes tomarte ese nombre tan a pecho- dijo Yuri abrazándose a su entrenador, tratando de calmarlo porque de verdad Victor era muy sensible cuando Yuri lo llamaba de aquel modo-. Es solo que si te llamo "Vitya amado de mi corazón" durante la práctica, perderé la concentración y la verdad es que no quiero distraerme ¿sabes? No quiero distraerme porque quiero que Victor Nikiforov, mi entrenador, se sienta orgulloso de mí mañana; quiero que la leyenda viva del patinaje artístico vea de una vez que decidir entrenarme no fue un error…

Victor sonrió y dejó que el calor del joven Katsuki lo envolviera. Ahí en medio de la pista de hielo, aquella pista a la que los dos habían entrado con permiso de los organizadores del evento quienes al parecer estaban dispuestos a cumplir cualquiera de sus caprichos con el solo objetivo de evitar que Yuri o Victor pudieran demandarlos con respecto al incidente con J.J.

Y aprovechándose de aquellas concesiones, el ruso había decidido tener aquella pequeña sesión de práctica privada porque él sabía lo mucho que Yuri se tranquilizaba al poder patinar en soledad sin nadie que lo mirara, sin otros ojos que no fueran los suyos puestos sobre él. Y ciertamente, Yuri estaba tranquilo, el joven estaba sintiendo aquella calma de un hombre quien de pronto acepta su destino y sabe que su deber en el universo no es ser el mejor siempre sino dar lo mejor de sí en cada momento. Y eso es lo que el joven Katsuki haría porque era tiempo ya de escribir aquella historia que desde niño había estado burbujeando en su corazón, porque un sueño que ha esperado tanto tiempo por ser vivido no puede terminar mal.

-Yo ya estoy orgulloso de ti, Yuri Katsuki- dijo Victor rindiéndose ante toda esa marejada inmensa de sentimientos que la cercanía de Yuri le causaba-. Pase lo que pase mañana, voy a sentirme plenamente orgulloso de ti y le gritaré al mundo entero "¡Él es mi prometido, no se atrevan a apartar los ojos de él!", pero claro, quizá me ponga celoso después de eso…

-Mi prometido estará orgulloso, lo sé- dijo Yuri con una sonrisa especial en sus labios que estaban muy cerca del cuello de Victor-. Pero Victor ¿Podrías verme mañana como el ídolo al que siempre admiré? ¿Podrías verme de ese modo, del modo en el que puedas notar por fin al Victor que has hecho vivir en mí?

Victor sonrió al escuchar las palabras del joven japonés que no eran más que un eco de aquella carta que Yuri había escrito años atrás después de participar en aquel Grand Prix Final en el que Victor no le había puesto demasiada atención a aquel joven que había hecho todo lo posible por patinar en el mismo hielo que él.

-No quiero verme en tu rutina, olvídate de eso- dijo el ruso con seguridad haciendo que Yuri lo mirara a los ojos sin entender muy bien aquella afirmación-. Quiero que la gente mire al Yuri Katsuki que tú has construido, quiero que todo el mundo diga que eres mil veces mejor que yo. Tú no necesitas demostrarme nada, mi Yuri. Creo que jamás vas entender que yo soy el afortunado en esta relación…

-Sea como sea, no apartes tus ojos de mí- dijo Yuri sintiéndose feliz de estar vivo-. Quiero terminar esta competencia con una sonrisa en el rostro y si fallo, me dejarás volver a intentarlo ¿Verdad? Podré volver a intentarlo muchas veces más…

-Las veces que sea necesario- dijo Victor sellando esa declaración con un beso en los labios de su amado-. Pero ahora de verdad debes dormir, mañana es un día importante para los dos, Yuri. Mañana ganarás tu primer oro…

-¿Estás seguro de ello?- dijo el joven Katsuki sintiendo las palabras de su entrenador no como un peso en sus hombros, sino como un motivo más para lograr su objetivo.

-¿Tú no?- preguntó Victor acariciando las mejillas del muchacho.

-Sí…- dijo Yuri y por primera vez en su carrera no había miedo ni vergüenza al expresar aquella determinación en voz alta-. Mañana ganaré mi primer oro y cuando volvamos a Hasetsu, comeremos Katsudon para celebrar, y también celebraremos tu cumpleaños y después iremos al campeonato nacional y el torneo de los cuatro continentes y en medio de todo eso, nuestra fiesta de compromiso y…

-Hey, vamos paso por paso- dijo Victor sintiendo en sus propias venas la energía burbujeante de los deseos de Yuri-. Primero el Grand Prix, después lo que tú quieras mi Yuri…

-No, lo que los dos queramos, Vitya- dijo el muchacho japonés-. Ahora somos dos ¿No lo crees?

-Somos mucho más que dos, Yuri- dijo el ruso totalmente seguro de sus palabras-. Somos más que solo una historia de amor.

Yuri sonrió al escuchar las palabras de su entrenador y Victor se sintió convocado como la primera vez en el que aquella sonrisa se había dibujado en sus ojos, a besar aquella boca con fervor, con adoración, haciendo que el joven japonés perdiera el aliento y se diera cuenta de golpe de que era verdad, de que a partir de aquel momento ya no tendría que renunciar a nada.

Y aquello hizo que su corazón se sintiera fuerte. Aquello hizo que la llama que ardía dentro de su alma le diera la fuerza que todo hombre necesita para hacer aquello que el mundo entero le había dicho jamás podría hacer. Yuri ya no sentía que era solamente un patinador japonés del montón, quizá ante los ojos del mundo no sería más que eso pero en su alma, en lo más profundo de su ser él sabía que era ya la persona que siempre había soñado ser y cuando alguien se atreve a soñar en grande y a luchar por ese sueño, el resultado no puede ser otro más que reescribir la historia. Y Yuri estaba listo para eso, Yuri Katsuki estaba listo para hacer historia.


Los ojos azules de Victor Nikiforov resplandecían en medio de la aglomeración de personas en las que él y Yuri estaban inmersos puesto que la presentación del programa libre de los finalistas del Grand Prix estaba a punto de comenzar.

Victor podía sentir la emoción de la competencia rodeándolo, podía percibir la excitación de la audiencia así como la adrenalina que seguramente estaba recorriendo a los patinadores. La práctica previa a la presentación del primer grupo había concluido minutos atrás e inmediatamente después de que Yuri saliera de la pista, puesto que él sería el tercero en salir después de J.J. y de Phichit, los dos hombres se habían alejado un poco de todo el mundo puesto que los dos tenían una reunión improvisada a la cual acudir, porque las familias de los dos estaban esperándolos para desearles lo mejor a Yuri y a él.

Fue por eso que después de que Yuri saliera de la pista, la familia Katsuki y la familia Nikiforov quienes parecían ahora una sola familia, no habían podido evitar rodear al joven japonés para infundirle ánimo y abrazarlo con fuerza porque todos los ahí reunidos sabían que pasara lo que pasara, Yuri los haría sentirse orgullosos a todos.

Y en medio de todo aquel amor, Victor notó que su prometido sonreía alegremente, sonreía sin asomo de miedo o de ansiedad en sus labios y aquello era algo nuevo. El anillo dorado de Yuri brillaba sobre su dedo del mismo modo en el que el propio anillo de Victor resplandecía también y aquello era una señal inequívoca de que los dos estaban juntos en la competencia, de que los dos estaban unidos por más que ese solo amuleto que su padre le había entregado días atrás.

Y mientras la madre de Yuri abrazaba a su hijo con fuerza tratando de no arrugar el precioso traje azul decorado en la espalda con pedrería que le daba forma a una flor de lis, Victor se dio cuenta de que su propio padre se mantenía un tanto alejado de aquel corro de gente feliz que se había reunido aquel día para apoyar a quien sería pronto parte de su familia. Y en aquel instante Victor supo que había llegado el momento de presentarle a Yuri a su padre, pero su prometido se adelantó a sus planes dirigiéndose hacia el lugar donde Andrey esperaba aquel encuentro bajo la atenta mirada de los demás.

-Señor Nikiforov- dijo Yuri con una sonrisa educada que hizo pensar a Andrey que lo que había dicho Dasha era cierto: aquella sonrisa en los labios de Yuri te hacía sentir un cariño instantáneo por ese chico.

-Llámame Andrey, hijo- dijo el padre de Victor correspondiendo a la sonrisa del joven con otra sonrisa en sus labios- ¿Te has recuperado bien?

-Sí, y debo agradecerle lo que ha hecho por mí- dijo Yuri dedicándole una reverencia al hombre frente a él-. Sé que este sueño no habría vivido de no ser por usted, Vitya me dijo que usted fue el que hizo que el presidente de la asociación aceptara posponer la final. Jamás podré pagarle lo que ha hecho, no sé cómo agradecerle todo esto, Andrey…

-No tienes que agradecerme nada, Yuri- dijo el hombre mayor acercándose a Yuri para poner su mano sobre el hombro del prometido de su hijo-. Simplemente sigue haciendo feliz a nuestro Vitya ¿está bien? Tú eres la felicidad de mi hijo, es mi deber cuidar de ti y de él ¿No crees? Sé que no habíamos podido hablar hasta este día, pero quiero que sepas que estoy feliz de conocerte al fin. Vas a vencerlos a todos en el hielo ¿no es así? Vas a seguir poniendo en alto el nombre de la familia Nikiforov…

-Papá…- dijo Victor acercándose a su prometido quien asentía alegremente a las palabras de su suegro-. El único nombre que Yuri debe poner en alto es el suyo propio. Mi Yuri hará que la familia Katsuki se sienta orgullosa hoy, más orgullosa que de costumbre…

-Haré que las dos familias sientan orgullo de mí- dijo Yuri sin dejar de mirar al padre de Victor-. Aunque en realidad ahora somos una sola familia ¿no es así? Después de la boda, tendremos un apellido compuesto Vitya…

Todo mundo sonrió ante las palabras de Yuri y sin poder evitarlo, el pelinegro se adelantó hacia Andrey para dedicarle un abrazo de agradecimiento que tomó al padre de Victor por sorpresa y el hombre pudo comprender que era cierto aquello que Victor le había dicho acerca de la importancia de la familia para el joven japonés quien con aquel sencillo gesto, lo había unido a aquella familia que, aunque estaba compuesta de personas de distinta nacionalidad, se sentía unida y cercana.

-Gracias por dejarme hacer feliz a Victor- dijo Yuri con calma, en voz baja, dejando que las palabras fueran solo parte de un intercambio que solo él y Andrey recordarían después-. Sé que no soy lo que usted esperaba para Victor, pero le prometo que seré algo mejor que eso. Yo cuidaré de él ahora, yo haré que la familia Nikiforov siga siendo reconocida en el mundo. No debe preocuparse por nada ¿está bien? Victor solo conocerá la felicidad, lo juro…

-Lo sé, Yuri…- dijo el hombre conmovido hasta la raíz por las palabras del chico japonés-. Vitya cuidará de ti del mismo modo y yo también, ni Dasha ni yo dejaremos que algo malo vuelva a sucederles. Ahora solo debes preocuparte por machacar a la competencia ¿está bien?

Yuri se separó del hombre para mirarlo a los ojos y asentir con fuerza al discurso que le había dedicado el padre de Victor quien sonreía alegremente pensando en que ciertamente Yuri no era la persona que él había esperado para que su hijo encontrara el amor, pero aquello de verdad no tenía importancia. Porque el amor era así, siempre estaba esperando por ti en el lugar menos pensado, en los ojos menos buscados, pero Andrey estaba feliz de que Victor hubiera podido encontrarlo.

-La competencia va a empezar, Yuri…- dijo Hiroko con una sonrisa orgullosa y feliz al notar que los padres de Victor le habían dado aquella calurosa bienvenida a la familia Nikiforov a Yuri-. Iremos a sentarnos ahora ¿está bien? Sal a luchar por tu sueño, hijo.

-Tu madre y yo estamos sumamente orgullosos de ti- dijo Toshiya con una alegre sonrisa que calentó el corazón de Yuri-. Lucha por lo que quieres y no pienses en nada más ¿está bien?

-Y no te distraigas viendo a tu entrenador, recuerda que es un idiota- dijo Mari con un falso tono molesto que hizo que Victor sonriera pues, aunque había resultado difícil, las cosas entre Mari y él habían vuelto a la normalidad después de la tempestad que J.J. había desatado-. Sigo pensando que el imbécil no te merece pero bueno, el amor no puede remediarse cuando es amor de verdad y eso eres tú, Yuri, no olvides patinar con amor, no olvides que tú mismo eres ese amor…

-Patina con gracia y con la firme convicción de que todos te amamos, cariño- dijo Dasha con una sonrisa deslumbrante-. Nuestro amor te sostiene y te protege, nadie va a dejarte solo en el hielo ¿está bien?

-No voy a decepcionarlos- dijo Yuri sintiendo la resonancia de aquellas palabras llenándolo de fuerza-. Esta es la primera página de la historia que estoy destinado a vivir, yo lo sé. Gracias a todos, no dejen de mirarme por favor…

Todo el mundo sonrió ante la respuesta de Yuri y sin esperar más, puesto que J.J. estaba ya en la pista dispuesto a presentar su rutina frente a un montón de personas que ahora lo abucheaban sin piedad alguna, puesto que imágenes tomadas por intrépidos fans que habían estado presentes en la práctica publica donde había atacado a Yuri, habían comenzado a circular por la red haciéndole notar a todo el mundo que J.J. era una persona desequilibrada a la que no habían castigado simplemente porque su familia tenía poder dentro de aquella institución deportiva.

Y aunque el rey seguía sonriendo en el exterior, por dentro, aquel enojo enorme que le había impedido presentar una coreografía digna de su nivel en el programa corto seguía bullendo en su pecho distrayéndolo de todo lo demás. Él seguía culpando neciamente a todo el mundo de su desgracia sin querer aceptar que todo lo malo que había en su vida nacía de él y de esa personalidad suya que siempre lo había llevado a dañar a los demás para de ese modo obtener lo que él quería. Pero dentro de su cabeza, él seguía pensando que la culpa de todo era de Yuri Katsuki, porque él, aquel muchacho que parecía inmune a sus ataques lo había comenzado todo.

Si Yuri Katsuki no hubiera aparecido, seguramente Victor habría vuelto a él. Si Yuri Katsuki no hubiera aparecido, él no habría tenido que llevar a cabo aquel plan descabellado que ahora lo tenía en el ojo del huracán. Si Yuri jamás hubiera vuelto al hielo, él estaba seguro de que su vida secreta, esa vida que creyó nadie descubriría jamás, no se hubiera ventilado a los cuatro vientos haciéndolo sentirse ridículo y expuesto.

Era por eso que J.J. sentía que sus piernas temblaban sobre el hielo, sus ojos no estaban enfocados, todo parecía borroso dentro de su mente. La música de su programa libre había empezado segundos atrás pero él no pudo escuchar la música y en ese momento fue que lo supo: estaba perdido. El día anterior, todos los reporteros que días atrás lo habían marcado como el único ganador posible del Grand Prix, lo habían acorralado para pedir una declaración exclusiva que explicara la pifia de programa que el canadiense había presentado durante la competencia y él había respondido con una sonrisa helada que nadie debía preocuparse, que aquella rutina había estado llena de tropiezos pero que él estaba seguro de que lo resolvería todo en el programa libre.

Pero aquella esperanza no resultaría así en la realidad y todos podían verlo porque J.J. seguía fallando un salto tras otro después de que su madre le gritara que la música había empezado por fin. Y él era un rey caído ahora cuya corona rodaba por el hielo, cuya vida era un desastre, cuya credibilidad no volvería a ser la misma después de aquel certamen. Estaba acabado, esa era la verdad. Jean Jacques Leroy estaba acabado y todo era culpa de Yuri Katsuki.

La penosa presentación de J.J. siguió su curso bajo la atenta mirada del público quien no dejaba de abuchearlo y quien no aplaudió al final tampoco. El canadiense salió de la pista con el alma llena de odio, ignorando a su madre quien extendió hacia él su chamarra guinda del equipo canadiense, pero en su mente el puntaje que había obtenido no importaba. Él solo quería ver a Yuri Katsuki, quería vero antes de su presentación. Quería destruirlo de una vez, destruirlo definitivamente pero ya no sabía cómo hacer eso.

Así que el joven Leroy, quien escuchó su bajísimo puntaje con una mirada fiera, simplemente se alejó del kiss and cry con la sola misión de encontrar a Yuri Katsuki en su camino a la pista de hielo. Porque la rabia que estaba en su alma lo acabaría matando si no le gritaba unas cuantas cosas a Katsuki. Porque tenía que gritar, tenía que hacerlo a riesgo de volverse loco aunque en realidad ya estaba loco, ya nada le importaba en ese momento.

Fue por eso, que mientras Phichit Chulanont seguía presentado una rutina alegre y conmovedora en frente de todos los fans del patinaje reunidos aquella noche en Barcelona, J.J. se internó en el túnel que conectaba a los vestidores con la entrada a la pista de hielo y una sonrisa llena de odio apareció en sus labios cuando la imagen del chico japonés quien era el siguiente en presentarse, se dibujó en sus ojos azules quienes atravesaron el cuerpo de Yuri como si se trataran de dos trozos de carbón ardiendo.

-Con que aquí estás, Katsuki- dijo el canadiense acercándose rápidamente a Yuri quien miró al hombre aquel sin miedo, simplemente con un dejo de cansado desconcierto que no hizo más que aumentar la rabia dentro del canadiense.

-No te atrevas a acercarse a él, te lo advierto- dijo Victor poniéndose en frente de Yuri al tiempo que sus dedos marcaban un botón de su teléfono.

-Ya no tengo ningún asunto que discutir contigo, Victor así que apártate- dijo J.J. con una risa loca que llenó el túnel-. Todo lo que quiero decir debo decírselo a tu noviecita, a esta ramera que se atreverá a presentarse a pesar de todo ¿Cómo se siente saber que solo has podido presentarte en la final porque tu suegro le pagó a medio mundo para que pudieras hacerlo? ¿Cómo se siente saber que eres un inútil y que solo ganarás porque yo he fallado? ¿De verdad piensas que puedes ganar algo hoy? Alguien como tú no puede hacerlo, alguien tan estúpido y un don nadie como tú no está destinado a lograr el éxito, no podrás hacerlo ¿me oyes? Has llegado hasta aquí porque un montón de gente siente lastima por ti pero ¡No vas a ganar nada! ¡Nunca en tu vida ganarás nada!

-Y tú tampoco…- dijo Yuri con voz helada, una voz clara y cortante como el hielo mismo que hizo que J.J. se sintiera amenazado-. No sé por qué te preocupa tanto mi resultado pero tú eres un perdedor también, uno más grande que yo. Dices todas esas cosas horribles simplemente porque puedes verlas en ti mismo. Eres tú el que me da lástima, J.J., eres tú el que es verdaderamente inútil y es una pena que hayas hecho todo lo que hiciste porque hablas mucho pero no eres capaz de hacer algo por ti mismo.

-¡Cállate, maldita ramera! ¡Tú no sabes nada de mí, tú no puedes compararte a mí siquiera! ¿Por qué me tienes lastima? Tú eres nadie ¿entiendes? ¡Eres nadie!- dijo el canadiense dispuesto a golpear a Yuri pero en el mismo instante en el que J.J. preparaba su puño para impactarlo donde fuera, dos pares de brazos masculinos lo sujetaron con fuerza impidiéndole hacer algo.

-Los guaruras de mi padre te acompañarán a los vestidores- dijo Victor con firmeza, sintiéndose aliviado de que aquellos dos hombres en traje negro hubieran acudido con rapidez a su llamado-. No vuelvas a acercarte a mí o a Yuri nunca más, aunque es posible que te veamos en la corte dentro de algunos meses. Ahora tengo las pruebas suficientes para acusarte por mil delitos diferentes que has cometido contra nosotros, así que te veremos cuando tengamos que hacerlo, no ahora…

-¡No te atrevas, Victor!- dijo el canadiense totalmente fuera de sí-. ¡Voy a destruirte! ¡Voy a destruirlos a los dos! Esto no se ha terminado, este no es el final feliz que siempre has querido ¿me oyes?

-¿Y quién te ha dicho que es un final feliz lo que busco?- dijo Victor con una sonrisa burlona-. Hay cosas en la vida que valen mil veces más que un maldito final feliz, J.J., pero eso es algo que tú no entiendes y que no entenderás nunca.

-¡Victor!- gritó J.J. mientras el ruso le daba la orden de irse a los dos hombres vestidos de negro que lo mantenían sujeto, al tiempo que él y Yuri seguían con su camino rumbo a la pista de hielo- ¡Esto no se ha terminado, Victor! ¡Vas a arrepentirte! ¡Los dos van a arrepentirse!

Los dos hombres, entrenador y alumno, los dos caminaban de la mano tratando de que en sus sonrisas tranquilas que fueron lo primero que el público pudo ver en sus rostros, no se notara el efecto del desafortunado encuentro que acababan de vivir.

Y es que aunque aquella confrontación había sido desagradable, las palabras de alguien como J.J. ya no podían herir a Yuri porque el muchacho Katsuki había escuchado cosas peores en su vida y aquellas palabras destinadas a destruirlo no iban a lograr hacer aquello: él era más fuerte que un montón de insultos dichos al azar por un loco imbécil que no podía entender nada de él. Yuri era más fuerte que un montón de palabras dichas sin más motivo que dañarlo porque a las palabras, tarde o temprano se las lleva el viento pero a la obra de alguien que está decidido a ganar por amor, no hay viento que pueda derrumbarla.

-¿Estás listo, mi Yuri?- dijo Victor ayudando a su pupilo a entrar a la pista y tomando su mano entre la suya para besar de nuevo el anillo de compromiso como era ya su ritual-. No quiero que pienses en lo que ese imbécil dijo ¿está bien?

-¿Qué dijo?- preguntó Yuri con una sonrisa tranquila que le hizo saber al ruso que su patinador le había dado poca importancia a las palabras de un loco cualquiera.

-Lo he olvidado también- dijo Victor sin dejar de sonreír-. Ve por esa medalla de oro, mi Yuri. Es tuya y de verdad quiero besarla…

-¿Quieres besarla más que a mí?- dijo el joven japonés con una sonrisa traviesa que hizo que las mejillas de Victor se sonrojaran un poco.

-Jamás…- dijo Victor con convicción-. Pero será genial besarte solo con esa medalla puesta ¿No crees?

-Contrólate, entrenador…- dijo Yuri sintiendo que el momento de hacer su sueño real había llegado-. Eres el peor entrenador del mundo ¿Sabes? Deberías estar motivándome en vez de imaginar cosas que no debes ¿No crees?

-Estoy motivándote, Yuri Katsuki- dijo Victor riendo divertido-. Así que ahora ve y muéstrales a todos lo que el poder del amor es capaz de hacer ¿sí? No pienses en nada, tú eres todo lo que importa ahora, mi Yuri.

-Te amo Vitya…- dijo Yuri con una sonrisa feliz que derritió a Victor por dentro-. Voy a ganar esa medalla de oro para los dos ¿está bien? Ha llegado el momento, haremos historia. No dejes de mirarme, Victor, no dejes de mirarme ni un solo segundo, por favor…

Por toda respuesta, Victor asintió a las palabras de su amado y besó sus labios antes de dejarlo ir al hielo en medio del atronador aplauso del público que había decidido apoyar a Yuri aquel día, y sintiendo que todo el amor del mundo bailaría con aquel aquella tarde, Yuri se quedó quieto en medio de la pista de hielo, esa misma pista de hielo en la que el sueño de un niño había empezado a dibujarse años atrás, esa pista de hielo en la que el sueño del hombre que él era en ese momento se haría realidad por fin.

Y la música del piano que indicaba el inicio de su canción, esa canción que su mejor amigo le había regalado meses atrás en Hasetsu se dejó oír en medio del centro deportivo de Barcelona y el corazón de Victor dio un salto al contemplar la suavidad de los movimientos de su patinador. Yuri se movía sobre el hielo con la gracia de una nube que surca el cielo, una nube a la que era imposible dejar de mirar.

El primer salto que su patinador presentaría, un cuádruple Loop, había salido de forma perfecta desde el despegue hasta el aterrizaje final y Victor se dio cuenta de que jamás había visto a Yuri tan concentrado, tan firme en sus pasos, como si el joven Katsuki fuera el amo del hielo ahora, como si los pies de Yuri se hubieran puesto en sintonía con todo el ser de aquel muchacho que seguía contando aquella historia de amor que Victor lo había ayudado a vivir.

Y es que el ruso podía sentir que cada paso de Yuri era un trozo de la historia de los dos. Aquel piano que empezaba su canción de forma solitaria era como una melodía que había tejido un embrujo para unir a dos corazones separados que habían coincidido en un lugar lejano e impensable. Aquel piano le contaba a Victor de las horas solitarias que él había vivido lejos de Yuri, y también le recordaba todo aquel difícil inicio que los dos habían tenido antes de poder empezar a verse como patinador y entrenador.

Y el segundo cuádruple perfecto de Yuri, hizo que la piel de Victor se erizara por completo y que sus ojos azules se llenaran de lágrimas porque Yuri era un artista sobre el hielo; y es que cualquier idiota podía patinar, cualquier imbécil podía deslizarse sobre aquella blanca superficie helada pero eran muy pocos los que de verdad podían hacer arte sobre cuchillas afiladas. Y Yuri era un artista, eso es lo que él era porque su cuerpo hablaba del amor que llega a la vida de quien menos lo espera, de quien menos lo busca, de quien casi se ha olvidado de él. Y Victor se sentía feliz de ser parte de aquella historia de amor, se sentía tan orgulloso de ver a Yuri volando por los aires y dibujando hermosas figuras con su cuerpo que, cuando el violín de la melodía se unió a la voz del piano creando un encuentro de amor que lo cambiaría todo, las lágrimas escurrían por las mejillas de Victor.

Porque estaba orgulloso de Yuri, porque él sabía que hasta ese momento Yuri no había patinado con todo el corazón y ahora lo estaba haciendo. Yuri estaba patinando todas las clases de amor que conocía hasta ese momento.

Yuri estaba patinando el amor que él sentía por su familia quienes lo miraban tomados de la mano, sin poder evitar llorar porque un joven que había tenido que soportar tanta negrura en su vida, era capaz de regalar luz a manos llenas con aquella presentación, una presentación que Dasha y Andrey Nikiforov miraban conteniendo el aliento. Hiroko, Mari y Toshiya no lloraban, ellos simplemente seguían sonriendo porque Yuri era como un invencible sol de verano sobre el hielo y los tres sabían en su corazón, que la noche eterna en la que Yuri había vivido por muchos años, se había terminado por fin.

Yuri también estaba patinando el amor que sentía por sus amigos, por los patinadores que habían estado con él desde siempre como Phichit quien miraba a Yuri con una sonrisa emocionada y orgullosa , y también los patinadores que, sin que él lo supiera, también lo habían protegido en medio de todo aquel desastre, tal era el caso de Yuri Plisetsky y Otabek Altin quienes sabían en lo más profundo de sus corazones, que los dos estaban contemplando la rutina de un superior, de un patinador del que los dos podían aprehender, porque la rutina de Yuri era algo inspirador.

Los pasos de Yuri contaban también la historia de un amor sin final, de aquel amor que se había insinuado en medio de las cuatro paredes de un salón de baile y que había nacido cuando los ojos de Victor Nikiforov lo habían visto realizar aquella rutina que los dos patinarían en la gala de exhibición al día siguiente. Yuri patinaba aquel amor irremediable con el que todo mundo sueña pero que es difícil de encontrar en el mundo real. Y sin embargo, él y Yuri lo habían encontrado, lo habían hecho suyo y ninguno de los dos estaba dispuesto a dejarlo ir.

Pero sobre todas aquellas cosas, Victor se dio cuenta de que Yuri estaba patinando por amor a él mismo, por ese amor que había nacido apenas en su corazón cuando Yuri se había dado cuenta de que es preciso amarse a uno mismo para cumplir cualquier sueño que viva en nuestro interior y Yuri había decidido que valía la pena sentir amor por él. Porque no era perfecto y no necesitaba serlo. Porque podía perdonarse los errores del pasado y seguir adelante y aquello era amor.

Y fue todo ese amor que el joven Katsuki estaba sintiendo el que lo llevó a sentir una energía pura y vibrante naciendo de sus pies, una energía que muy pocos patinadores sienten en la segunda parte de su coreografía donde el cansancio es más evidente. Y aquella energía lo instaba a volar, toda aquella energía le pedía que dejara que su cuerpo se volviera uno con el aire para poder dibujar sin miedo esos cuatro giros que Yuri necesitaba para poder presentar por fin de una forma perfecta el movimiento que por años había sido la firma de Victor Nikiforov, el complicadísimo cuádruple Flip.

A diferencia del día anterior, esta vez mientras Yuri tomaba impulso, el joven sentía que era capaz de todo, que no se caería, que el hielo sería amable con él esa vez porque estaba lleno de amor y el amor te hace volar a las alturas sin miedo, el amor como el que él sentía te ayudaba a ser lo que siempre habías querido ser. Y él quería ser el campeón por fin, él quería dejar de ser por una vez un patinador del montón, él quería dejar de ser la eterna medalla de plata que había sido buena pero no lo suficiente para pintarse de oro.

Y con esa convicción Yuri dejó que su cuerpo volara por el aire, sintiendo esos segundos despegado del suelo como una oportunidad de cambiar la historia de una vez y cuando el hielo empezó a acercase a él, esta vez el joven Katsuki supo que lo había logrado y cuando la navaja de su patín impactó con la superficie helada manteniendo a su cuerpo en movimiento, Yuri sintió que por fin lo había hecho, que había por fin escrito el principio de esa historia dorada con la que había soñado siempre.

Y aunque la herida de su pierna había empezado a protestar, Yuri no le dio importancia porque lo único que él sabía era que necesitaba terminar con su rutina, terminar los últimos giros y mirar a los ojos a Victor, señalándolo con su mano como si quisiera decirle "este es el nuevo Yuri, el Yuri que tú ayudaste a nacer, el Yuri que sabe que todo el amor que tú sientes por él lo ha traído a vivir este momento. Este es el Yuri que tú amas Victor, este es el Yuri que jamás podrá dejar de amarte a ti."

Las lágrimas seguían bajando por las mejillas de Victor porque sin palabras, él había entendido todo lo que Yuri había querido decirle, así que sin importar el atronador aplauso que siguió a la presentación de su amado quien era ahora aclamado de pie por todos los presentes quienes lanzaban rosas y muñecos de felpa a su paso, el ruso corrió a la entrada de la pista extendiendo sus brazos para llamar a Yuri a su lado como siempre lo había hecho, queriendo sentir el calor de Yuri entre sus brazos, queriendo besarlo y decirle que lo amaba una y mil veces porque Victor se sentía conmovido hasta lo más profundo de su ser.

Y Yuri patinó hacia Victor sin permitir que el dolor en su pierna diezmara su felicidad, ya podrían ocuparse él y Victor de los problemas técnicos y de rehabilitación que sin duda tendrían que hacer antes del Campeonato Nacional de patinaje en Japón, pero no ahora. No ahora porque cuando los cuerpos de los dos chocaron bajo la atenta mirada del mundo entero, lo único en lo que podían pensar era en que estaban juntos y que aquello era mil veces mejor que la absoluta certeza de saber que Yuri había ganado una medalla de oro.

Así que los dos siguieron abrazados hasta que una de las encargadas del staff de la competencia tuvo que recordarles que todavía tenían que escuchar el resultado de Yuri, por lo cual los dos rompieron su emotivo abrazo y se dirigieron al kiss and cry sin separarse demasiado, sintiendo todavía la adrenalina del momento, sintiendo que una alegría enorme y salvaje estaba brotando de lo más profundo de sus corazones.

Y aquella enorme alegría se convirtió en una explosión de felicidad sin límites cuando el resultado de Yuri fue anunciado y aquel era un resultado excelente, un resultado extraordinario porque Yuri había roto el record mundial de la puntuación del programa libre que Victor había impuesto varios años atrás. Y Yuri, Yuri Katsuki, aquel niño que siempre había soñado con ver a Victor Nikiforov como un igual, ahora lo había superado y aquel era un logro demasiado grande, un logro que hizo que las lágrimas brotaran de sus ojos sin poder evitarlo.

-Hey, mi amor, no llores…- dijo Victor sintiendo que era el hombre más jodidamente feliz de la galaxia y de sus alrededores-. Superaste mi marca porque lo mereces, porque nadie es mejor que tú. No debes llorar, mi Yuri, debes sentirte absolutamente feliz…

-Estoy feliz…- dijo el joven Katsuki sonriendo entre lágrimas-. Me siento demasiado feliz Vitya, estoy demasiado feliz…

Los brazos del joven Japonés quien con aquel resultado había logrado colocarse en el primer lugar de la lista aunque bien era cierto que aún faltaban tres competidores más por participar, se enredaron en el cuello de Victor quien estaba seguro de que aquel día no podría dejar de abrazar a su Yuri, que no podría alejarse de él y su única preocupación en aquel momento era que sus padres de verdad estuvieran ya planeando la enorme fiesta de celebración que Yuri tendría por haber ganado el oro.

Porque Yuri había ganado, Victor estaba seguro de aquello. Porque aunque el programa de Chris había sido deslumbrante, no había sido arrebatador como el de Yuri. Porque aunque la presentación de Otabek Altin sin duda alguna había sido como un soplo de aire fresco para todos, no había bastado para arrancarle el primer lugar al joven japonés cuyo más cercano rival, Yuri Plisetsky, había presentado un programa libre digno de uno de los competidores más experimentados del circuito, pero aun así, aquel enorme talento del quinceañero ruso, se había quedado atrás por solo un punto del nuevo campeón del Grand Prix que no tenía otro nombre más que Yuri Katsuki.

Y cuando aquel resultado fue anunciado, cuando las miles de banderas de Japón que ondeaban en el recinto se elevaron en los aires para festejar al nuevo campeón, Yuri supo que su más grande y hermoso sueño se había vuelto real por fin.

Por fin Había hecho historia porque al principio de aquella aventura que él y Victor habían comenzado a vivir nadie hubiera dado nada por él pero ahí estaba que había ganado y que aquel había sido un triunfo de leyenda ya que había impuesto un nuevo record mundial, se había sobrepuesto a las heridas que J.J. le había hecho y ahí estaba su recompensa. Había ganado, por fin había ganado y el sabor dulce y embriagante de la victoria hizo que Yuri lanzara un grito satisfecho al aire en medio de la algarabía que se había desatado al lado suyo mientras todo mundo lo felicitaba y le decía que era el momento de prepararse para ver al mundo desde lo más alto del podio aquella tarde.

Fue Victor quien lo ayudó a cambiarse, quien lo ayudó a ponerse la chamarra oscura del equipo japonés encima de su traje y Yuri jamás dejó de sonreír. Porque mientras caminaba con rumbo a lo más alto del podio, mientras sus pies subían a la pequeña plataforma sobre la que Yuri Plisetsky, el medallista de plata, y Phichit Chulanont el medallista de bronce, estaban ya esperándolo, Yuri sintió que sin importar cuántas otras medallas pudiera ganar a lo largo de su vida, él jamás olvidaría aquel momento, él no se permitiría olvidar el sonido de los aplausos de la gente que de pronto había olvidado que él había bailado alrededor de un tubo para vitorearlo simplemente como al mejor patinador del mundo aquella noche.

En aquel instante, Yuri se prometió que jamás olvidaría la forma en la que la bandera de Japón ondeaba en medio del recinto, moviéndose orgullosa en medio de las banderas de Rusia y de Tailandia. Yuri se juró a sí mismo que jamás olvidaría la sensación de estar en la cima, la felicidad de poder haber llegado a aquel lugar después de una larga batalla y que no se dejaría rendir jamás. Porque él quería vivir aquello una y mil veces. Quería volver a sentir esa emoción, la emoción de ser el mejor, la emoción de saber que su amor y que su esfuerzo habían sido suficientes.

Y cuando el presidente de la Federación Japonesa de patinaje artístico puso por fin la presea dorada alrededor de su cuello, Yuri no pudo evitar sentir que todo el universo a su alrededor se callaba y que en medio de todo aquel alboroto, solo las notas claras del himno nacional de Japón importaban. Y aquella música sonaba perfecta y Yuri sentía que por fin había dejado de ser solo uno más. Y es que aunque Yuri sabía que detrás de él venían mil patinadores mejores que él, aquel momento, aquel instante de felicidad pura que no necesita explicación, era algo suyo, completamente suyo, un momento al que él podría regresar una y mil veces para recordar que valía la pena dejar el alma en aquello que te apasiona de verdad.

Así que el joven Katsuki cerró los ojos un momento como si buscara guardar un eco de lo que había vivido en el silencio de su corazón, y cuando los abrió de nuevo, los dos jóvenes que compartían el podio con él aquel día le sonreían de forma orgullosa y lo invitaban a unirse a ellos para que los reporteros pudieran tomarles una fotografía juntos a los tres mejores patinadores del mundo entero.

-Te cobrare cara esta derrota en el campeonato mundial, señora Nikiforov- dijo Yuri Plisetsky con una sonrisa feliz que desmentía la frialdad de sus palabras-. Algún día voy a romper tu record mundial, espera y verás…

-No espero otra cosa, Yuri- dijo el joven Katsuki sin dejar de sonreír.

-¡Vamos, vamos acabamos de ganar chicos!- dijo Phichit con una sonrisa completamente feliz que combinaba a la perfección con el brillo de su medalla de bronce- ¿Quieren dejar de pensar en el mundial? Créanme, aún estoy cansado por mi presentación de hoy aunque… Yuri ¿Qué me dirías si rompo tu record en el campeonato de los cuatro continentes?

-Será un honor ser derrotado por ti aunque… ¿En serio creen que podrán ganarme?- dijo Yuri haciendo reír a sus dos compañeros- ¡Están enfrentándose al poder del amor, carajo!

Los tres patinadores se echaron a reír y no dejaron de hacerlo hasta que el entrenador de Yuri se acercó a ellos de forma lenta y estudiada, como si no supiera qué hacer ahora ante la maravilla de ver a su Yuri convertido en campeón del Grand Prix.

-Vámonos de aquí, Phichit- dijo Yuri Plisetsky empezando a sentirse como un intruso al ver a Victor acercándose a ellos-. Te juro que no quiero ver el despliegue de miel que estos dos van a tener…

-¡Pero yo si quiero ver!- dijo Phichit alegremente- ¿Crees que se enojen si me quedo aquí a grabarlos?

Yuri Plisetsky puso los ojos en blanco al escuchar las palabras de Phichit quien solo rompió a reír y empezó a caminar al lado del rubio quien ya había visto a Otabek Altin y a Christophe Giacometti esperando por los dos en la entrada de la pista, así que los otros dos medallistas se deslizaron al encuentro de esa persona con la que estaba bien imitar a Yuri y Victor en los temas de la miel.

-Te queda bien el oro- dijo Victor tomando a Yuri Katsuki por la cintura para atraerlo más cerca de él una vez que hubo llegado a su patinador.

-¿Te gusta lo que ves?- dijo Yuri sin dejar de reír-. Rompí tu record entrenador, muchos dicen que empezaré a ser la nueva leyenda viva del patinaje artístico muy pronto…

-¡Oh, Yuri, eso me rompe el corazón!- dijo Victor con una falsa voz triste- ¿Qué vas a hacer para consolarme? ¿Cómo podrás sanar el dolor que sentiré cuando te conviertas en todo lo que Victor Nikiforov no pudo lograr ser? ¿Tienes algo emocionante en mente?

- Mmmm… no lo sé- dijo Yuri de forma traviesa- ¿Sabes algo? Esa idea de besarte solo con mi medalla de oro puesta no suena tan mal después de todo ¿o sí?

-¡Si es así, haz que todo el mundo se olvide de mí, no me importa!- dijo Victor besando la sonrisa de Yuri son poder contenerse-. Mi Yuri siempre sabe cómo hacerme feliz, ya quiero llegar al hotel para que empieces a mostrarme cómo me consolarás pero… ¿Por qué siento que todo mundo nos está mirando para interrumpirnos?

-Porque todo el mundo quiere una entrevista conmigo- dijo Yuri riendo divertido-. Vamos Vitya, tenemos que enfrentarnos a la prensa una vez más, eres el entrenador del campeón ahora ¿No te gusta cómo suena eso?

Victor sonrió ante las palabras de su prometido sabiendo que aquella noche ninguno de los dos sería capaz de hacer otra cosa que no fuera sonreír y los dos se encaminaron a los reporteros sin soltarse de la mano, respondiendo preguntas con completa felicidad, sintiendo que nada de lo que había sucedido en días anteriores había ocurrido de verdad porque la dicha de aquel instante era demasiada. Los dos habían ganado, Yuri tenia ahora sobre su pecho su primera medalla de oro y Victor había ganado un amor de verdad.

-¿Y qué sigue para los dos?- dijo una intrépida reportera al final de la entrevista.

-El campeonato nacional de Japón será dentro de dos semanas- dijo Yuri con una sonrisa decidida en el rostro-. Nos verán a Victor y a mí ahí una vez más…

-Creo que no entendió mi pregunta señor Katsuki- dijo la reportera con una sonrisa cómplice en los labios-. Queremos saber qué sigue para los dos en su relación…

-Yuri y yo tendremos nuestra fiesta de compromiso después del campeonato nacional de Japón- dijo Victor haciendo que el joven Katsuki abriera los ojos de par en par-. Nuestras familias lo han planeado todo y esperamos poder casarnos en la primavera del próximo año, esperen una invitación de bodas, eso es lo que sigue para Yuri y para mí…

Las palabras de Victor causaron revuelo y ninguno de los reporteros se guardó de escribir lo que el entrenador del medallista de oro había dicho con completa seguridad, aquella era otra primicia de oro después de todo.

-¿De verdad tendremos nuestra fiesta de compromiso este mes?- dijo Yuri cuando los reporteros se alejaron de los dos.

-Hiroko y Dasha lo han planeado todo- dijo Victor con una sonrisa en forma de corazón-. Tu madre me dijo que prácticamente lo único que falta para que la fiesta de compromiso o la boda se lleven a cabo somos nosotros dos…

-Una boda de primavera, Vitya…- dijo Yuri sintiéndose emocionado de pronto- ¿Nos casaremos en Hasetsu?

-Sí, ahí viviremos los dos así que es el lugar donde quiero casarme contigo- dijo Victor con calma-. Además te gusta la primavera ¿no es así? Siempre te han gustado los cerezos en flor, ahora has encontrado un amor tan fuerte y tan valiente como el que los pintó a ellos de color así que… lo que quiero decir es que quiero que todo sea perfecto, mi Yuri, así que eso haremos, haremos todo lo que te haga feliz.

- ¿Y tú también estarás feliz?- dijo Yuri sintiendo que su corazón reventaría de dicha de pronto.

-Claro que sí, siempre estaré feliz si tú lo estás- dijo Victor con una sonrisa juguetona que aceleró el pulso de Yuri-. Además, quiero que lleves a la luna de miel tu medalla de oro del campeonato mundial, créeme, esa medalla siempre es más sexy que la del Grand Prix Final…

-Eres un tonto, Victor Nikiforov- dijo Yuri sonrojándose un poco por los planes de su prometido.

-Pero me amas así ¿no es cierto?- dijo Victor tomando la mano de Yuri para empezar a caminar con él con rumbo a su familia y a la enorme presentación que los dos tendrían seguramente.

-Claro que sí- dijo Yuri pensando que aún le quedaban muchos sueños hermosos por cumplir y que no estaba dispuesto a perderse ninguno sobre todo si esos sueños incluían a Victor Nikiforov sonriendo felizmente a su lado-. Te amo seas como seas, Vitya…


NDA: En mi mundo Yuri siempre gana so... jajaja xD Esto tenía que suceder así sin duda alguna :) Hola a todos nuevamente espero que hayan disfrutado este capítulo y ¡Oh señor! Cada vez estamos más cerca del final de esta historia :')

Quisiera aprovechar este capítulo para agradecer su presencia en "Fingertips", de verdad es muy grato saber que a muchas personas les gusta lo que un reconocido crítico de literatura contemporánea, ganador del premio Nobel de literatura, con más de cinco libros publicados que han encabezado la lista de los más vendidos del New York Times ha catalogado como (y cito) "kilométrica mierda rosa" xD

Para mí esta historia es más que eso y sé que para la gran mayoría de los que están aquí también así que a todos los que me han dejado comentarios llenos de luz, se los agradezco infinitamente y no se preocupen que tengo mucha kilométrica mierda rosa para rato :) Como sea, solo quería sacar esto de mi sistema y de verdad, mil gracias por hacerle un lugar en sus corazones a esta historia.

Espero que me puedan acompañar hasta el final de "Fingertips" y vayan preparando el vestido azul que no usamos en el final de la serie (¿Sí era azul? Bueno, saquen el vestido que más les guste) porque una boda Victuri viene en camino. Abrazos de oso y besos para todos¡ Bonito inicio de semana :)

(Y FELIZ DÍA DEL MAESTRO, COLEGAS¡)