Hola, Rena al habla! ;)
Y dentro de nuestras ocupadas semanas (por exámenes xD) hemos logrado traeros este nuevo capítulo ;)
Decir que, por trabajo, la semana que viene no podremos renovar así que hemos hecho este capítulo un poquito más largo para compensar ;) Como siempre muchas gracias por todos los reviews, followers y favoritos que recibimos semana tras semana ¡Muchísimas gracias!
Y ahora pasamos a contestar los reviews de esta semana :D
klaudia14: La primera de la semana! Muchas gracias por dejar tu review y apoyarnos siempre. Nosotras tampoco queremos que nadie más muera pero todo depende de ese ejercito malvado! DDD:
Kamirin-chan: Pobre Norue en el fondo todos los nórdicos se sienten fatal por lo de Islandia :( Pero son fuertes ;) Imagino que lo de Sealand es una teoría sobre la cursiva ¿Me equivoco? xDD Bueno, es interesante ¿De verdad crees que todo esto lo planearon los latinos? xDD es una posible opción hahaha (no dire nada :P) Muchas gracias por el comentario y esperamos verte pronto!
DemonBlackStar: Según Curly el cosplay está en proceso xD (Dejad que se tome una pausa, esta hasta arriba de faena xD) Otra teoría! Mmm la nación que los esta atacando, dices… That's interesting my friend XDD podría ser… o no :P;) Muchas gracias por el reviews y hasta pronto! :D
XeliaNoctus: MEIN GOTT! Uno de los reviews más largos que he visto xD Anda! Nos hemos ganado el titulo a escritoras sádicas e.e Otra más a la lista xDD junto con el de loca, Voldemort etc xDD (Al menos por lo que a mi respeta, Curly tiene otros tantos títulos dignos de mención xD) Muchísimas gracias por dejar este gran reviews hahaha es bueno saber que hay más lectores que sigues esta historia ;) Procura estudiar mucho y esperamos verte pronto por aquí :D –lamento que este comentario no llegue a la mitad de tu review- x3
Dazaru Kimchibun: Esperamos que estés mejor de tu salud DD: Si te has enfermado por culpa de fic las culpas se las das a Curly xD (Si lee esto me mata xD) Ojala que no haya sido cosa nuestra! xDDD En fin, me dejo de tonterías, nos alegra mucho que te guste el fic (otro lector nuevo ;)) Muchas gracias por el review y esperamos verte pronto ^^
Saiai-Kirkland: ¡Nuestra clienta VIP! XDD De nuevo por aquí hahaha Como siempre muchas gracias por dejar tu review :D Bueno después de todo lo ocurrido en el capítulo anterior esperamos que todo mejore un poco ¿no? ;)
carlac94: Que bueno verte de nuevo por aquí! ;) Primero nos alegra que te haya gustado aunque la opinión en general diga que era un poco cruel, tema nórdicos, Inglaterra y España xDD Ojala todo mejore ^^ Esperamos tu teoría ¡Es muy interesante saber que sospecháis sobre la cursiva e.e! hahaha A ver si te vemos pronto y gracias por tu review!
ZomiBunny: Suerte que Iggy y USA lograron escapar (sino no lo contaríamos xDD) Bueno nos tomaremos como que te ha gustado el capítulo (a pesar de que sufran un poco u.u') Muchas gracias por el review y esperamos verte de nuevo! :D
MIniwa Vessalius: Creo que es la primera vez que te vemos ¡Bienvenida! xDD Uuu! Nos alegra que te guste el fic y tranqui, aquí venimos con la conti e.e hahaah Ojala que te guste mucho y a ver si te vemos de nuevo por aquí ok? ;) ¡Muchas gracias por el review!
tamy-lovi: La parte de Inglaterra se ha ganado el premio a la más impactante xDD Nos alegra que te guste el fic y esperamos verte de nuevo por aquí. Ojala que este cap también te guste y ¡Gracias por el review!
Okey. Ya están todos contestados (disculpad mi falta de imaginación xDD) y, sin entretenerme más… ¡Capítulo 20!
Unos pasos le hicieron reaccionar.
No estaba solo en la casa. Había algo más aparte del reloj. O alguien. Pero le hacía sentir intranquilo. Esa presencia no era buena.
¿O quizás sí?
¿Podía ser que se tratase de alguien del pasado? ¿De alguna cosa buena que lo sacara del dolor? ¿De una persona que le dijera que todo había sido una mentira y que nunca había pasado? ¿O la dulce muerte que venía a rescatarlo?
No se pudo mover. Tenía miedo, mucho miedo. Miedo de que fuera alguien que le quisiera hacer daño. Miedo de que no le mataran. Miedo de morir. Miedo de que fuera otra ilusión.
Entonces esa persona se asomó a la puerta mientras el reloj seguía sonando.
Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac.
Capítulo 20
China abrió débilmente los ojos. No podía creerlo, estaba vivo.
Le dolía todo, veía de forma borrosa y no sentía nada ni con los oídos ni con las manos. Pero estaba vivo.
Creía que la bala le había atravesado algún punto vital y que se habría reducido drásticamente la población en el planeta.
Poco a poco, empezó a recobrar por completo el resto de los sentidos. Pudo ver el techo blanco de un hospital, escuchó los ruidos propios del lugar a lo lejos y degustó en su boca el gusto de los analgésicos y medicinas que le habían dado. Pero lo que le llamó la atención fueron las manos que se agarraban fuertemente a la suya.
Eran unas manos frías y temblorosas, de alguien que ha estado esperando en un sitio sin importarle la temperatura de ese lugar. Pero ese temblor también le transmitía miedo. Un miedo profundo y triste, de alguien que se aferra a algo, cuya pérdida de eso hundiría por completo su mundo.
Al mismo tiempo pudo notar como esas manos apoyaban la suya en la lisa piel de la cara de esa persona, en su frente. En su muñeca, pudo notarlo un poco mojado, seguramente de lágrimas.
No le habría hecho falta girarse para descubrir quien era esa persona, pero necesitaba verla. Después de lo ocurrido, era el único con quien quería estar.
- Rusia aru…- dijo con la voz debilitada.
El mencionado alzó la cabeza, que tenía escondida tras las manos, como si medio esperase que hubiese oído mal. Pero lo que le esperaba era China, mirándolo hacia él con una pequeña sonrisa en el rostro.
- China…- dijo con su voz un tanto rota.
El chino asintió, sin entender muy bien el porqué. Quizás para confirmar a su pareja que estaba vivo, quizás para decírselo a si mismo. O simplemente porque las lágrimas volvieran a aflorar en la cara del ruso.
- Estoy bien aru – dijo China intentando parecer convincente -. Aunque duele un poco aru…
Rusia no respondió. Movió la boca en busca de las palabras que estaba buscando, pero simplemente, no pudo decir nada. Al final, se dejó caer encima del chino con delicadeza para abrazarlo. Al hacerlo, su cuerpo empezó a temblar por los sollozos que atacaban su cuerpo y lloró con más fuerza.
- ¿Pero que te sucede aru? – dijo China con una voz que quería ser despreocupada – Te he dicho que…
- Creí que te perdía…- le cortó el ruso.
China calló de golpe.
- Cuando me lo dijeron…- dijo Rusia llorando – Yo…
El asiático alzó su brazo para rodear al ruso.
Se acordó de que acababa de perder a su hermana pequeña, a quién, a pesar de todo lo que había pasado entre ellos, quería un montón. Había llevado muy mal su muerte y a las pocas semanas de ese suceso, mientras se encontraba bajo la amenaza constante de una guerra, lo atacaban a él. Seguramente habría sido demasiado para el ruso, quién, a pesar de no aparentarlo, era alguien muy frágil por dentro.
Gran parte de él ya estaba roto desde que habían encontrado el cuerpo de Bielorrusia maltratado por los soldados desconocidos. A China no le habría importado ir tras su pareja inmediatamente para recoger sus pedazos e intentar que volviera a sonreír. Pero otra guerra se lo había impedido, y si hubiera muerto ¿quién habría estado ahí para curarle sus heridas? ¿Ucrania, que estaba encerrada en casa desde la muerte de su hermana? ¿Los Bálticos con quien se había llevado tan mal?
Se habría quedado solo… pensó China No habría podido soportarlo…
Solo pensar de un Rusia completamente hundido por su muerte lo mortificaba. Tenía que permanecer a su lado. Más que por su gente o las guerras, él tenía que ser su principal motivo para seguir viviendo, aunque las personas no lo vieran de esa manera.
Siguieron abrazados durante horas, con fugaces intentos por parte de China por iniciar una discusión, pero Rusia los había rechazado todos para seguir llorando. Había pasado tanto miedo… Temía tanto que no volviera a despertar…
Había recibido la noticia del mismo Japón, que lo había avisado para entregarle al malherido, alegando que no merecía hacer al chino prisionero cuando había estado a punto de causar algo tan grave como una muerte de una nación.
Cuando llegaron al hospital en Corea del Norte, estaba fuera de sí. Hicieron falta diez hombres para inmovilizarlo y dejarles que trataran a China para salvarle la vida.
Solo cuando se hubieron asegurado de que su vida no corría peligro, dejaron que se le acercarse al chino y desde entonces no se había separado de su lado por cuatro días.
Más tarde, supo que la culpa de eso no había sido de Japón. Si bien él y Corea del Sur lo habían planeado todo, nunca habían querido herirlo realmente, solo capturarlo. Y eso aún podría aceptarlo, pues sabía que normalmente eso acababa con una negociación y la rendición de dicha nación, pero siempre volvía a casa.
Había sido un soldado estadounidense.
Al oír eso, una vieja llama se volvió a encender. La de la Guerra Fría.
Aunque en ese momento, ya no se sentía tan fría.
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Silencio. Así se mantuvieron durante más de media hora. Sin que ninguno de los dos encontrase algo de lo que hablar con el otro. Tenían miedo de preguntar al otro algo, sabían la situación en la que se encontraban tanto a nivel de nación como a nivel personal. Cualquier cosa les remitía a una de estas dos preocupaciones que tenían y el silencio entre los dos hermanos italianos se había convertido en algo deseado y odiado a la vez.
El silencio les permitía pensar, pensar en todo lo que estaba sucediendo y lo poco que ellos podían hacer para mejorar la situación pero, por otro lado, el no conversar les permitía no añadir más preocupaciones. Era una situación difícil de explicar.
La tensión, los nervios y sobretodo el miedo se podían leer en el ambiente que había en su habitación. Los que vivían con ellos lo habían notado, sabían de su situación y todos contribuían a animarlos sin éxito alguno. Algunos de los criados hacían apuestas sobre cuál de los dos hermanos estaba peor. Al principio era fácil decir que era Veneciano quien llevaba la delantera con todo el asunto del bombardeo que le ocultó Alemania pero, desde lo de España, Romano igualaba a su hermano o, como muchos decían, lo superarlo.
No sabían qué hacer. Los miembros del gobierno italiano estaban que se subían por las paredes. Notaban una pasividad absoluta de los dos hermanos lo que les hacía replantearse seriamente él prescindir de su aprobación aunque, tal y como dictaba la ley, eso era imposible y necesitaban el sí o de Romano o de Veneciano.
Italia tragó en seco y miró de reojo a su hermano. En frente suyo, apoyado en el escritorio de brazos cruzados, sumergido en el más profundo de sus pensamientos tratando de buscar una solución a sus preocupaciones. Volvió la vista al suelo ¿Qué podía hacer? Quería hablar de aquel tema con alguien pero recientemente mucha gente le había sido arrebatada y, por más que buscaba, veía que solo podía contarle aquello a su hermano. Y su hermano no hacía nada más que andar sumergido en sus pensamientos sin decir nada a casi nadie.
Levantó la vista y lo miró.
-Romano…
El mayor alzó su mirada y miró a Italia. Le sorprendía que su hermano menor le hubiese logrado sacar de sus pensamientos con aquel hilo de voz, a lo mejor no estaba tan concentrado como pensaba.
-¿Qué debería hacer con Alemania? Él…
-Olvida a ese macho-patatas-contestó Romano sin dar tiempo a su hermano a explicar el porqué rompía ese silencio que, durante varios días, había gobernado su casa-.
-Pero…
-Te mintió Feliciano, no tienes que tenerlo más en cuenta. Hay cosas más importantes
Y esa fue la justificación que Romano dio a su hermano. Tan simple, tan fría ¿No sabía lo que Alemania era para él? Pero, pensándolo mejor, era cierto.
-Tienes razón él…
-¡Feliciano!-llamó Romano tratando de contener todas sus emociones- Ahora no, por favor-pidió-.
Italia se miró a su hermano extrañado. Se tomó a mal aquel tono que empleó ¿Qué tenía de malo que quisiera hablar con él después de tantos días sin mencionar palabra alguna?
-¡Acaso soy menos importante que España!-gritó Veneciano molesto y ofendido-.
Romano se lo miró con ojos grandes, rojos, llenos de furia e impotencia.
-¡¿Se puede saber que estás diciendo, Veneciano?! ¡Ambos sois muy importantes para mí!
-Llevas días sin hablar a nadie, no haces más que andas metido en tus pensamientos y te oigo como…
-Tú también-interrumpió su hermano-.
Era verdad. Al igual que su hermano mayor, Italia también hacía todas aquellas cosas que ahora le estaba recriminando al otro. Calló rápidamente y el silencio regreso a la sala por unos segundos pero, al contrario que la última vez, fue Romano quien lo rompió esta vez.
-No puedes hacerte una idea de lo inútil que me siento en estos momentos. Saber que él está…-frunció el ceño y prefirió callar. Evitar que las lágrimas saliesen de sus ojos requería de bastante autocontrol algo de lo que, en esos días, Romano había echado en falta-.
-Aún no sabes nada de…
-No-contestó tajante-.
Italia bajó la cabeza llegando a la conclusión que hubiese sido mejor no haber dicho nada. Miró a su hermano quien, nuevamente, se había ido a rincones perdidos y profundos de su mente. Miró a través de la ventana. Aquel oscuro día acompañaba con su estado de ánimo, incapaz de sonreír, Italia empezó a mirar las estanterías, plagadas de libros, que decoraban la pared.
Y justo en ese momento un sonido resonó por el lugar. Los dos hermanos intercambiaron miradas y rápidamente Romano volteó y descolgó el teléfono que había encima del escritorio. Con ansias acercó el auricular a su oreja y esperó escuchar una voz al otro lado del aparato. Italia miró a su hermano y caminó hacía él tratando de ver si, de ese modo, lograba saber que le estaban comunicando al mayor.
-¿Y bien?-preguntó Romano-.
Silencio. De nuevo. Italia tenía la esperanza de que aquella llamada trajese buenas noticias pero no podía asegurarlo, su hermano no mostraba ningún sentimiento y le era difícil decir lo que estaban diciendo al otro lado del aparato.
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No podía más.
Había llegado a su límite. No podría seguir de esa forma mucho más tiempo.
Su cuerpo había dejado de sentir el dolor ya hacía días, de la forma brutal que lo torturaban. ¿Qué más le daba ya lo que podían hacerle si solo iba a seguir algo mucho peor?
Ya no se preocupaba por su ojo derecho, estaba convencido que ya no podría ver nunca más con él. Tampoco podía oír nada desde la tortura de hacía dos días, pero no sabía si eso iba a ser permanente. Había perdido la sensibilidad en una pierna y en su mano izquierda. Pero eso ya no importaba.
Había sido mucho peor lo que había venido después.
Las alucinaciones volvían cada día a su celda. Ya no les gritaba, pues era el único momento en que podía recordar un porque tenía que seguir con vida. Ya no solo era Romano quien le visitaba en sus delirios, sino también lo visitaron Francia y Prusia un par de veces con jarras de cerveza en las manos invitándolo a una copa. Otra vez lo visitó su madre y le cantó una canción de cuando era pequeño. Madrid también, recordándole que tenía que firmar los presupuestos de ese año. Bélgica y Holanda charlaron con él y la chica lo invitó un día a comer en su casa. Los latinos también aparecieron varias veces, alguna vez todos juntos, otras por separado, pero siempre alegres o preocupados por él. Incluso Catalunya y Euskadi fueron a verle, con la intención de discutir con él y montones de otras personas en miles de situaciones distintas.
Pero todo eso, pasó a ser agradable a ser un infierno.
Cuando sus captores se enteraron de que padecía alucinaciones, buscaron una manera de mortificarlo de la forma más cruel posible con ello.
Pidieron a sus jefes un cierto tipo de droga experimental, que transformó las visitas en horrores. Le administraban cada vez que terminaba una tortura con una inyección de la que apenas se daba cuenta después de gritar tanto rato. Cuando lo volvían a encerrar y las visitas empezaban, estas siempre acababan mal.
Una vez, vio como Francia moría fusilado, en otro, ahogaron a Italia en un tanque de aceite hirviendo, toda su familia colgada, Prusia siendo devorado lentamente por animales que parecían más bien mutantes, Romano atado en la pared mientras lo mataban clavándole espadas lentamente.
Vivió una y otra vez sus muertes de mil formas diferentes, cada cual más dolorosa aún. Pero la única que no llegaba nunca era la suya, la que podía terminar con todas y cada una de esas alucinaciones horribles. La que lo liberaría de ese dolor y de esa tortura que no acababa nunca.
Quería morir… Era lo único que podía pensar desde la séptima muerte de Romano siendo ahogado lentamente. Quería que todo acabase de una vez…
No podía decir el punto exacto en el que había perdido la esperanza de ser rescatado, en el que sabía que esas alucinaciones sería lo único que vería de las personas que habían estado en su vida. Porque ya tenía claro que de allí no saldría con vida. No sabía si sería uno de esos soldados lo que pondría fin a su vida o si sería él mismo quien decidiría acabar con todo de una vez por todas, pero esa celda iba a ser su tumba.
Estaba convencido que los soldados que lo torturaban disfrutaban mucho haciéndolo, porque era seguro que ya sabían que él no tenía nada de información y solo habían convencido a su jefe para que pudieran seguir con eso. ¿Por qué no le ponían el final de una vez por todas? Sería lo más compasivo que le habían hecho… Pero esos hombres no sabían de compasión.
Pero entre el dolor, recordó el motivo por el que le estaba prohibido morir, por el que no podía dejar que lo mataran.
Su gente. Las personas que aún vivían en España mientras Madrid ponía en marcha su plan y los que huían a otro país cambiaban de nacionalidad… No podía morir mientras aún hubiera gente que pudiera morir por su culpa…
Por eso, acabó con las alucinaciones. Cada vez que alguien aparecía cerraba los ojos y se convencía que no era real hasta que desaparecía. Al no oír nada, era fácil. Al poco tiempo, se acabaron las visitas y volvió a quedarse solo en la celda. Por muchas drogas que le administraran, cuando su oído regresó las alucinaciones no volvieron.
Pero nuevamente, sus captores se dieron cuenta y esta vez, sus jefes, insatisfechos de los malos resultados que nunca mejorarían, jugaron su última carta.
Y con eso, le arrebataron su última voluntad de vivir.
El ejército enemigo cogió a todos los habitantes de los sitios de España que ya habían conquistado y le mostraron como les mataban de una forma dolorosa. Y esa vez, no eran alucinaciones ni falsificaciones.
Vio como morían millones y millones de personas ante suyo. Como cada vez, su casa se quedaba cada vez más vacía. Y los que seguían con vida, eran tratados en condiciones deplorables, deseando que les llegara la muerte, sin voluntad de vivir.
Era como ver un campo de exterminio nazi, pero esta vez, era él quien sufría las consecuencias.
Cada vez se sintió más vacío, con menos habitantes, hasta que supo que había menos de un millón de personas vivas.
Entonces tomó la decisión. No podía seguir.
Tomó una decisión.
- ¡No lo hagas, idiota!
Alzó la cabeza débilmente. No podía ser… No en ese momento…
Delante suyo, había un pequeño Romano. Su pequeño Romano, como en los viejos tiempos, con la misma expresión preocupada y enfadada de cuando lo veía marchar a la guerra.
- No eres real…- murmuró. Tenía que convencerse de que no lo era. Si lo hacía tiempo no tendría que ver como moría…
- ¡No puedes hacerlo! – gritó el pequeño - ¡No puedes dejarme así!
España cerró los ojos e intentó no escuchar. Si ahora le veía su determinación se desvanecería… Que se fuera rápido por favor…
- ¡Ya estamos de camino! – gritaba el pequeño - ¡Vamos a rescatarte!
Su voz perforaba sus barreras y un par de lágrimas le salieron de los ojos. Quería ver a Romano… Al auténtico… Pero eso no podía ser… Ese no era Romano, y él no iba a ir a ningún lado.
Pensó en la gente que estaba muriendo solo para torturarlo, lo mejor sería darles un final rápido antes de que fuera demasiado tarde…
Con valor abrió los ojos para ver como Romano se le acercaba y le daba un abrazo. Sabía que solo era una alucinación, pero se sentía tan real… Quería romper las cadenas y devolverle el abrazo, pero eso no le estaba permitido y tampoco podría moverse si lo desataban.
- Resiste por favor…- le suplicaba el pequeño.
- Perdóname…- dijo con una voz ronca y debilitada -. Dale recuerdos a todos de mi parte. ¿Sí? – aunque sabía que estos nunca llegarían.
Romano se aferró aún más fuerte a él.
- ¡NO!
- Lo siento…- se disculpó nuevamente -. Romano, ahora…
- ¡No te vayas! – dijo la voz del pequeño entre llantos- ¡No me dejes solo!
- Vete por favor… - dijo -. No quiero que veas esto…
Romano negó con la cabeza y lo abrazó más fuerte.
- No te voy a dejar…
España cerró los ojos un momento y luego intentó sonreír.
- Te quiero, Romano…- murmuró esperando que el auténtico también pudiera escucharle.
Y entonces se mordió la lengua.
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-¿Y bien?-preguntó Romano tras coger el teléfono-.
-Esto no es bueno señor-comentó el espía que había al otro lado del aparato-.
Desde que Romano se entero de la captura de España por Madrid envió a un seguido de espías a inspeccionar el lugar y tratar de salvar aquella nación, a su nación. Madrugadas enteras se las había pasado en aquel despacho, despierto gracias al café, esperando la llamada de los espías trayéndole noticias. Durante todas esas noches en vela deseaba que aquella llamada llegase ya hora, deseaba que, si no todo era bueno que al menos aquel espía dijese…
-España está muerto pero…
El auricular cayó de las manos de Romano que se quedaron sin fuerza. Aquella noticia no lo pilló por sorpresa, era una posibilidad que había incluido y sabía que podía suceder pero… pero… era una verdad demasiado dolorosa como para aceptarla sin más. El mundo se le caía encima y él no haría nada para evitarlo. De todos modos, hiciese lo que hiciese, él ya no estaba.
Italia miró a su hermano, lo vigilaba con la mirada. Sabía que la noticia no había sido buena y que en esos momentos no estaba para contestarse. Procuró buscar un momento en que Romano estuviese totalmente en otro lugar para que, en un rápido gesto, pudiese coger el auricular y escuchar lo que el espía decía. Lo encontró. Rápidamente agarró el aparató y se lo acercó a la oreja llegando a escuchar únicamente
Pip, pip, pip, pip….
Italia miró desconcertado a su hermano y vio como este, aún más rápido que él, había cortado la línea antes de que hubiese podido escuchar algo.
-¡¿Por qué has…?!
Veneciano detuvo sus palabras al ver cómo, de los ojos de su hermano, salían lágrimas demostrando el estado en el que se encontraba.
-Ha muerto-sentenció el mayor fijando la vista a un lugar de la mesa, evitando la mirada de su hermano pequeño-.
-¿Qué?-contestó Feliciano automáticamente-.
-Él ha muerto…-Romano hizo una pausa tratando de inhalar aire pero el llanto se lo impedía- Ya no está más aquí…
Al principio Italia no se hacía a la idea. La sorpresa lo había golpeado de mala manera y no sabía como reaccionar. Quería consolar a su hermano pero su cerebro no respondía y sus sentimientos lo dominaron haciendo que, al igual que su hermano, por sus ojos empezasen a salir dolorosas lágrimas.
¿Y bien? ¿Os ha gustado? ¿Teorías? ¿Vais a lanzarnos algún hechizo contra nosotras? xD
De parte de Curly: ¡Ejem! Sobre el tema de España… u.u' No seáis muy crueles recordad la muerte de Ace o el final de Clannad ¡Eso fue peor!
-fin del mensaje-
No se si sirve de mucho pero yo lo pongo xDD Bueno, recordad que la semana que viene no renovaremos así que tendréis que esperaros dos para ver el 21 ¡Sed pacientes y hasta la próxima renovación!
