Los personajes usados le pertenecen a Masashi Kishimoto. La historia sí es toda mía. ¡NO LA COPIES!

OoC tal vez.

Universo Alterno.

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Condenada al demonio

Capítulo XX: Metamorfosis

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—Deja de sonreír, anciana —bufó molesto el hombre, mirando hacia el frente con el ceño arrugado. La aludida erguida atrás de él, continuó moviendo las manos sobre los cabellos rubios.

Después de un segundo, la mujer se apartó para admirar su trabajo realizado. Con las manos en su cintura movió con satisfacción la cabeza.

—Se va a llevar una sorpresa —comentó por lo bajo, luego dejó las tijas de lado y desenvolvió con cuidado la toalla blanca del cuello de Naruto. La tiró al rincón ofreciéndole enseguida un espejo redondo para que él se pudiese ver con claridad el corte—. Ya pareces de nuevo ese mocoso revoltoso de años pasados.

El reflejo que le brindó el espejo al muchacho lo dejó perplejo. Enmudecido.

Sus antiguas hebras rubias desordenadas habían desaparecido, el flequillo ahora era escaso y los mechones laterales también. En general su cabello lucía más corto de lo habitual.

—Creo que exageraste —gruñó apartando el objeto. Se pasó una mano por la nuca, extrañando lo que antes ahí podía palpar—. De verdad, qué me has hecho. —se sintió realmente abatido. Aterrado de verse distinto.

La anciana le palmeó el hombro, entusiasta.

—Ya calla. Tenías que dejar la apariencia de vago, con esa barba y ese pelo mal cuidado —replicó en su defensa, tomando la escoba para barrer las mechas sobrantes en el suelo—. Y anda a divertirte por ahí, Sakura salió temprano a la aldea y si no quieres que te la quite un jovencito más te vale apurarte, vete vete —movió la mano ahuyentándolo del baño donde estaban solo los dos.

Naruto le lanzó una mirada asesina, parándose del banco de madera y sin dejar de tocarse la cabeza salió del baño murmurando unos cuantos improperios caminando ahora hacia la entrada de Ryuukan. Prefirió ocultar el reciente cambio bajo la capucha de la chaquetilla oscura y evitar la vergüenza de verse así. Se arrepintió una y otra vez en haber brindado la confianza suficiente en Chiyo como para dejar que le cortara el cabello de una forma tan radical, tan diferente a él, tal vez cuando niño Jiraiya le mantuvo con el pelo corto y perfectamente ordenado. Sin embargo desde la adolescencia que no volvía a tocarlo. Ya le era una costumbre.

Nuevamente maldijo.

Salió a un paso rápido de la posada disfrutando el paisaje nevado, sabiendo con total seguridad que seguir el rastro a la chica no sería nada extraordinario ni dificultoso. Descendió por la colina atento a los aldeanos que comenzaban a aparecer en su camino, en su mayoría eran ovejeros o ganaderos que lo saludaban con cortesía al pasar, se escondió todavía más en la capucha respondiendo vagamente al saludo y apresurando el paso para llegar al centro de Konoha.

Era sábado, día frutas y verduras. La gente compraba en los puestos verduras necesarias para la semana y los mercaderes ofrecían sus productos en frutas exóticas. No le fue complicado dar con el rastro de Sakura, al rato la encontró sentada fuera de un puesto de comida. No le fue novedad. La divisó desde la distancia mordiendo con ansias un mochi (masa de arroz dulce) y saboreándolo hasta que vino la siguiente mordida y después otra. Y otra. Movía las piernas atrás y adelante sumamente concentrada.

Decidió acercarse, pero Sakura fue más rápida en terminar y devolvió el plato vacío al vendedor dentro del puesto. Siguió el camino al comercio, chupándose el dedo índice y totalmente despistada a lo que ocurría alrededor.

Naruto la siguió tratando de alcanzarla, mas un niño con su pelota se atravesó en el trayecto, retardándolo. Más tarde, una señora de edad cargando pesadas bolsas con víveres lo interrumpió para preguntarle por una dirección, él le respondió confuso y la rodeó quejandose por la torpeza de haber seguido a la chica por el corazón de la feria, donde todos transitaban a esa hora del día.

La perdió de vista por una minúscula fracción de tiempo, no obstante minutos después la encontró charlando con un comerciante sobre un pasador de cabello. Un bonito broche con un adorno de flores colgantes en el borde, botones de cerezos. Ella lo examinaba con rigurosidad y se notaba, por su insistente mirada, que el objeto había llamado su atención.

Naruto se aproximó con las manos en los bolsillos y alcanzó a oír un fragmento de la conversación.

—Es que me parece muy caro, no cuento con esa cantidad de dinero —lo dejó sobre la tela de nuevo, negándose—, está bonito. Gracias por su tiempo —le sonrió con amabilidad al comerciante y trató se seguir su camino pese a la obstinación del vendedor.

—Pero mire que hermoso es, mírelo —se lo acercó al rosado cabello y comparó el color con exageración—, se vería increíble en usted para lucirlo el Tanabata o cualquier festival —admitió más interesado en la fémina.

Naruto entrecerró los ojos con recelo cuando el hombre se atrevió a tocar las hebras de la chica para acomodar el broche. Ella se dejó hacer, despistada.

—Es que... —murmuró intentado rechazar la oferta, pero el vendedor logró persuadirla pasándole un espejo con el fin de verse reflejada. Al verse con el accesorio puesto sonrió contenta y no dejó de moverse el flequillo con vanidad, sintiéndose más femenina.

El vendedor continuó tocándole con la excusa de ayudarle ajustar el pasador, mientras intentaba de conseguir la venta exitosa. El poseedor del Kyuubi gruñó con indignación y se animó a acercarse, avanzando con prontitud al sitio. El comerciante palideció al ver una figura masculina caminar amenazante hacia ellos y dejó de tocar a la joven, dando un paso atrás.

—Sakura —llamó solemne, posando la mano sobre el hombro de la chica médico. Ésta se giró y lo observó con sorpresa dejando el espejo sobre la superficie—, vamos ya. —bastó una peligrosa mirada al hombre para darle a entender que con obviedad había visto todo.

Él no espero respuesta, la cogió del mismo hombro y la arrastró fuera de ahí. El mercader no tuvo tiempo de objeción. Ella se llevaba el broche puesto. Una venta perdida.

La chica dio pasos con torpeza, siguiéndolo.

—Naruto, espera —ella frunció el ceño deteniéndose. El aludido la soltó y la contempló con molestia.

—Eres una tonta —dijo de pronto con reproche. Ella lo miró sin comprender—. Tch, olvídalo. —rodó los ojos ofuscado sabiendo que perdería tiempo explicándole lo que no entendería. Era una necia.

Sakura negó con la cabeza, colocando sus brazos en jarra.

—No entiendo nada. ¿Qué fue todo eso?

El de cabello rubio movió la cabeza—. En serio, olvídalo. Vamos a comer ramen.

Insatisfecha, Haruno torció la boca y lo vio de manera suspicaz. Lo evaluó rápidamente y notó al rato que el joven se escondía demasiado bajo la capucha de la prenda y que además mantenía la vista baja, el detalle le pareció extraño por lo que acercó las manos a la cabeza masculina con el fin de descubrir la incógnita. No obstante; él fue más rápido en percatarse de la cercanía y se apartó alarmado.

—Me estás ocultando algo, es raro verte tan tapado... qué tienes, ¿acaso te coloreaste el pelo de rojo? —rió entre dientes sujetándolo con fuerza de la chaquetilla para no permitirle escapar—, quítate la capucha o te obligo aquí mismo —exigió con arrogancia.

Esa arrogancia le sacó una carcajada al hombre.

—Por favor... no podrías... —replicó sonriente. Sakura se encogió de hombros y como diciéndole "tú lo pediste" se lanzó sobre él como una criatura salvaje, sin importarle las miradas indiscretas de los transeúntes. Naruto tuvo que sujetarla por la cintura para que no se tumbaran los dos hacia atrás y entre ese forcejeo infantil, la expedita palma femenina logró apartar la capucha en un impetuoso movimiento.

Se quedaron viendo a los ojos. Él avergonzado y ella consternada.

Naruto intentó ocultarse nuevamente entre las sombras de la ropa, pero fue detenido.

—Aguarda —dijo Haruno sin más, viéndolo con adoración—. Me gusta como has quedado —musitó únicamente para él y le acarició el poco flequillo rubio, enredando un mechón rebelde entre su dedo indice.

El chico de orbes azulados sintió los pómulos calentarse.

"¿Estarán rodando una serie romántica?" fue la pregunta de una mujer que al observarlos desde un buen rato llegó a la errónea percepción puesto que en Konoha los estudiantes de la academia de teatro solían realizar esquemas en público. El grupito de señoras murmuró y acordó la misma idea, emocionadas.

Naruto le cogió la mano con delicadeza y la tomó entre la suya con energía.

Pensaron en continuar juntos el recorrido, pero una figura masculina los interceptó antes que dieran siquiera un paso.

—¿Naruto?

El aludido elevó la mirada y sonrió al instante.

La extraña figura dejó el infante que cargaba, de similares características a él, en los brazos de la mujer que lo acompañaba y se aproximó.

Sakura observó con singularidad el acto. Ambos se cogieron de la mano en un enérgico saludo y después se abrazaron, palmeándose la espalda como si no se hubieran visto hace años. La chica jamás lo había visto en un aspecto tan accesible, con sus facciones relajadas y serenas. Amigable con su entorno. Feliz y radiante. Más humano.

La fémina esbozó un ademán alegre.

Ese... probablemente era el original Naruto. El que ahora veían sus ojos verdes.

Escuchó que intercambiaron unas palabras, y luego ambos se giraron hacia ella.

—Shikamaru —extendió la mano para saludarla, la aludida respondió de la misma forma con su nombre. Levemente nerviosa—, eres la novia, ¿no? —la de ojos verdes tosió a causa del cigarrillo y negó con la cabeza impresionada, tratando de disipar el humo rápidamente de su entorno.

—No, y no fumo tampoco —se quejó. La fémina rubia rió dejando al infante en el suelo. La mujer era la esposa, Temari y el pequeño el primogénito del matrimonio.

Shikamaru ocupaba el puesto de consejero del Líder de Konoha, un estratega de naturaleza que había conocido a Naruto en la etapa de la infancia y adolescencia, cuando el chico iba con Jiraiya a Konoha por prolongados periodos, quedando inclusive hasta el verano. El escritor de novelas había intentado por todos lo medios en hacer del chico una persona normal, un hombre de bien que viviera con el alma tranquila y sin demonios mentales. No obstante, el susurro del Kyuubi resonando en su cabeza como eco interminable lo guiaba a alimentar el odio en su corazón. Lo aisló, lo hirió, lo dejó sin luz... preso de sus emociones, en una jaula con una cerradura imposible de abrir.

A Sakura le pareció confusa la conversación y prontamente la abandonó, desinteresada.

—Señora, ¿qué le ocurre a su cabello? —la pregunta del niño le llamó la atención. Éste la observaba desde su minúscula estatura.

Haruno se apuntó a ella misma.

—¿A mí me hablas?

El niño se cruzó de brazos.

—Sí, a usted señora. Su pelo parece una pelusa rosada —los orbes del niño vieron con satisfacción el disgusto de la fémina.

Los demás no notaron la peculiar conversación. La esposa de Nara se unía al diálogo.

Mocoso impertinente.

—Que clase de pregunta es esa, pequeño —dijo intentando sonar amigable, aunque su propia mano no dejaba de alisar las hebras rosadas.

"Debo estar terrible", pensó con preocupación.

Shikadai movió la cabeza.

—Una pregunta de su pelo. —arqueó una ceja—, ¿lleva peluca? —continuó.

Sakura se mordió la uña del dedo pulgar y finalmente se arrodilló.

—No, y ya deja de hacer preguntas como esas —pidió impaciente—, soy mayor que tú. Respétame —masculló frunciendo el ceño.

Nara entrecerró los ojos.

—Si lleva peluca es que es una persona sin pelo en la cabeza —comentó con completa normalidad—, mi abuela ocupa pelucas también, no se preocupe nadie lo nota.

La aludida respiró hondamente y fingió una sonrisa, manteniendo los hombros tensos. Paciencia con niños no tenía.

—Ve a jugar con una pelota o algo —movió la mano con desprecio, pero el niño no la vio debido a que buscaba entre sus bolsillos con suma concentración.

—Tengo líquido mágico para hacer burbujas, ¿quiere jugar? Papá habla de cosas aburridas y problemáticas —abrió el frasquito cilíndrico y de el, sacó la cuchareta con liquido en el ovalo, lo acercó a sus labios y sopló tan fuerte como pudo, atrapando la atención de Sakura.

Las burbujas salieron disparadas del objeto y se elevaron en el aire.

Los orbes de la joven brillaron entusiasmadas por probar.

—Ven a cenar una noche —Shikamaru informó con reserva. Tiró el cigarrillo al suelo y lo pisó con la punta del pie. El de orbes celestes lo contempló escéptico—, necesito que hablemos de un tema que me urge —observó a su esposa y ambos intercambiaron una mirada preocupada—. Naruto, las aldeas pequeñas se están revelando y una en particular, una que te interesa se ha unido también. Ha comenzado la rebelión. ¿Vendrás?

Uzumaki bajó la mirada y una brisa glacial le golpeó las mejillas descubiertas. Ladeó el rostro y vio a Sakura soplar burbujas para el niño que saltaba contento para deshacerlas.

—Sí, iré.

En su interior, la débil sonrisa del zorro demoníaco emergió.

-0-

—¿Sake frutal? —preguntó la de cabello rosáceo. Naruto agitó la cabeza reiterando la invitación, mientras caminaban con lentitud hacia la posada. La tarde caía y la nieve retomaba la fuerza de días pasados. Una nube de vapor brotó de sus labios cuando suspiró, afirmándose con ganas del brazo masculino—. Me agrada la idea aunque jamás he probado uno de frutas —respondió la fémina—, será un momento a solas para contarme detalles de tu vida —acotó. El chico la observó aburrido—, ah, ah, no me pongas esa cara. Lo prometiste.

Jiraiya antes de partir, dejó en ofrenda un barril de sake como regalo para los dos. Entre sonrisas escasamente decorosas había dado codazos al estomago de Naruto, aludiendo que beber licor en una noche invernal era el mejor estimulo entre una pareja.

"Sobrino, anímate a invitarla. No seas aguafiestas. Valdrá la pena para los futuros recuerdos"

Apenas Sakura entendió el mensaje vicioso escupió la cena, sonrojada.

—Bien, bien —rendido, aceptó.

Ella sonrió victoriosa.

—Oye, ¿mi pelo parece una pelusa? —cuestionó de pronto, acordándose de la escena pasada. Se tocó la cabeza una y otra vez.

El rubio negó extrañado—. ¿Y esa pregunta?

—Sólo responde —pidió preocupada, entrando a la posada y quitándose el calzado a la entrada. Después colgaron los abrigos en la pechera.

—Mmm —se rascó el puente de la nariz—, parece más un gran algodón de azúcar pero no tan esponjado —murmuró viéndole el cabello, esperó que su contestación fuera suficiente.

Sakura rió bajito por la comparación y luego se le quedó viendo un rato. Naruto le copió el gesto.

—Estás cambiado, no eres el mismo del bosque —afirmó. Y los recuerdos golpearon su mente—, cuando me ataste y fuiste terrible conmigo, obligándome a quedarme contigo. Te odiaba con todo mi corazón —confesó con honestidad—, pero luego viniste por mí cuando estaba apunto de perder toda esperanza con esos hombres...

El muchacho la interrumpió dando un paso al frente.

—Iría por ti —dijo mirándola con intensidad posando ambas manos sobre los hombros femeninos—, las veces que fueran necesarias.

El sentimiento de protección la conmovió y no dudó en abrazarse al cuerpo de Naruto, hundiendo su cara dichosa en el pecho de él.

—Quédate así un poco más —murmuró con sus mejillas sonrojadas—, este Naruto me gusta mucho. Quédate así, por favor —repitió aumentando la magnitud del abrazo. El nombrado la escuchó con atención y después la rodeó con sus brazos, apoyando el mentón en su cabeza, conmovido.

No hubo necesidad de respuesta, se quedaron entrelazados en el umbral de la entrada hasta que Sasame, una de las asistentes que trabajaba para Chiyo los interrumpió dejando caer al suelo un pesado balde de agua. Se separaron al instante, intrigados.

La extraña se sonrojó y trató de disculparse.

—Ehhh, lo siento, lo siento. Ustedes sigan en lo que hacían —se colocó nerviosa y armó en un lío—, ¡yo debo limpiar este desastre!

Desapreció en busca del los utensilios para secar el piso de madera, dejando a la pareja descolocada.

—Eso fue bastante raro.

El hombre movió la cabeza.

—Lo fue.

Se miraron y sonrieron.

-o-

Miró con tortura la tumba de sus padres. Apretó los puños enérgico. Jiraiya apareció a su lado, cogiéndolo del hombro.

—Naruto —dijo con severidad—, esto no es lo que ellos esperaban. ¿Qué razón tienes de quedarte en este bosque, muchacho? —preguntó contemplando las flores recién cortadas—, solamente conseguirás llenarte de odio. El odio no es bueno para nadie.

El chico gruñó.

—Déjame solo.

Lo llamó la voz desde su interior.

Naruto.

Naruto.

Ellos son culpables. Ellos. Obsérvalos y espera.

—¡Recapacita! —alegó el de cabello blanco. Naruto continuó escuchando la voz siseándole en la cabeza.

Déjame salir. Libérame y yo...

—Vete, ero-seniin. Tú no entiendes nada.

... y yo destruiré esa aldea. Los volveré cenizas.

Atrapado entre los barrotes, la sonrisa zorruna se ensanchó sintiendo la aceptación en el humano.

Observó el sake servido en el recipiente por unos momentos y luego, portando una expresión nostálgica en la cara, lo acercó a su boca para beberlo en un trago. El líquido frío lo apartó de las tormentosas memorias; además de la bulliciosa entrada de la chica.

—¡Siento la demora!

Sin esperar a ser invitada a la habitación, la fémina ingresó con una sonrisa radiante, afirmándose la abultada toalla alrededor del cuello. Con el cabello empapado todavía y vestida con una yukata de rayas grises se acercó a pasos veloces para llegar a la mitad del salón.

El muchacho suspiró fastidiado—. Tardaste, dattebayo.

Sakura se sentó al frente de la mesita en el centro de la habitación, viendo la jarra de bebida alcohólica y unas bandejas con bolas de arroz, seguramente preparadas por la señora anfitriona.

—Sí, lo siento, las chicas que ayudan a la señora Chiyo me ofrecieron a compartir las termas con ellas, bueno, ya sabes perdí la noción del tiempo —se arrodilló frente a la mesa y tomó una bola de arroz para darle un pequeño mordisco.

Él apoyó el codo en la mesa y al mismo tiempo, la mejilla en la mano. Mirándola comer.

—Pareces una niña.

Ella aceptó sin más.

—Sí, ya me los has dicho —dejó la bola de arroz a un lado y pensó en tomar el jarrón con sake para servirse.

—No, espera —la detuvo de pronto Naruto, apartándole la mano con rapidez. Sakura se extrañó—. No debes servirte tú misma, lo debe hacer tu acompañante —informó con suma formalidad.

—Oohh.

En completo silencio, la chica lo vio verter el sake en el pocillo de cerámica esmerándose en no derramar fuera del sitio. A continuación; se lo entregó en las manos diciéndole "no vayas a botarlo", llenando después su propio recipiente. Lo alzaron en imitación de un brindis.

Kanpai —murmuró la chica médico y bebió de un trago el licor creyendo que la esencia sería digna de saborear, Naruto imitó la acción esperando ver la reacción en ella. Tal como lo esperaba Sakura esbozó una mueca de desagrado y por poco escupe el contenido—, por Kami-sama... Jiraiya dijo que tendría un sabor frutal. Esto casi me quema la garganta —se cubrió la boca con la mano.

El hombre de cabello rubio la observó con gracia.

—Bebe jugo de naranja mejor —ofreció indicándole la otra jarra. Ella asintió con la cabeza y aceptó—. Iba a decirte que primero lo probaras, pero te lo has tomado de una —tenía una semi sonrisa.

A Sakura le irritó el comentario y bebió jugo de mala manera, tratando de borrar el sabor del sake.

—Lo estás disfrutando —opinó con molestia—, me estoy aguantando las ganas vomitar por tu culpa —exageró como siempre la situación.

Naruto levantó la manos haciéndose el inocente.

—Tú has querido. El viejo te ha dicho lo de "frutal" con la intención de engañarte y has caído —explicó seguidamente. La joven médico abrió la boca para quejarse y darle una fuerte reprimenda.

De pronto, ella recordó con efusividad lo que las ayudantes de la posada habían comentado momentos antes. Lo miró con inquietud.

—Oye, la chicas me dijeron que a menudo visitabas la posada —dijo con arrebato la de cabello rosáceo—, pero que parecías un amargado con el ceño siempre fruncido y la cara seria —añadió unos segundos después—. ¿Venías mucho de pequeño? ¿Cómo eras?

Naruto apartó la vista incomodo.

Buscó en cómo autodescribirse en cortas palabras.

—Como todos los niños. Jiraiya se encargó de mí hasta que tuve —vaciló— la convicción y la edad suficiente como cuidar de mí mismo. Fue una bonita infancia con buenos momentos, cumpleaños celebrados, una que otra travesura. Aunque... —calló, tragando saliva.

—Aunque faltaron tus padres, ¿no? —continuó la frase por él. Se miraron y él asintió con levedad, sus ojos azulados reflejaban un profundo dolor—; no puedo entender cómo pudiste aislarte tanto del mundo, llenarte de violencia y de odio. Dime.

Naruto bajó la mirada. Con el cuello tenso.

—No lo sé —fue la respuesta que le dio. Sin embargo, sí sabía la razón.

La fémina resopló fuertemente por la boca. Se pasó una mano por el cabello.

—Cuando era una niña solía acompañar a mamá a recolectar frutos afuera de la gran muralla y siempre me quedaba mirando desde la colina el Bosque Prohibido —confesó con ojos soñadores—. Soltaba mi cometa solo para ver como el viento la guiaba fuera de la aldea. Desee hacer lo mismo. Ser libre.

Naruto la escuchó con atención y dijo:

—Ahora lo eres.

Sakura se aproximó a la figura masculina.

—Y tú también. Los dos somos ahora libre —enfatizó la palabra susurrándole— para odiar y amar.

Amar.

Al joven la palabra le quedó dando vueltas en su cabeza; lo distrajo momentáneamente y ella aprovechó con valentía de recostarse en sus piernas apoyando la mejilla derecha en el muslo masculino, Naruto la contempló asombrado y no supo qué hacer. Sakura cerró los ojos por un momento.

Con cierta inseguridad, Naruto descendió la palma hasta el rostro de la chica y lo acarició, rozando apenas el pómulo, quitando las hebras rosáceas que caían hacia adelante.

—Yo no sé amar, yo no puedo —mencionó finalmente con congoja. Con temor.

Ella trazó una minúscula sonrisa y giró la cabeza, observándolo con suavidad.

—Nadie sabe, tonto —murmuró—. Se supone que lo tienes que sentir —le tomó la mano al chico y la llevó a su propio corazón— aquí —concluyó apenas inaudible, el pecho subía y bajaba agitado.

Prontamente; ella volvió a la posición inicial pero esta vez quedando todavía más cerca. Naruto respiró perturbado y no quitó la palma del seno. La proximidad de ambos era demasiado intima, él podía entrever hacia donde estaban yendo con ese juego de palabras, la fémina sin percatarse lo estaba invitando a llegar a un punto donde no había retorno para ninguno de los dos, y si ella estaba dispuesta a continuar él no se negaría porque también lo deseaba. Más que nada.

Poder tocarla.

Se miraron a los ojos con vehemencia, antes de unirse en un beso. Sakura se arrodilló entre las piernas masculinas y se adhirió con ganas a su cuello, atormentándolo con un apretado abrazo que emanaba frenesí. El hombre lo percibió de inmediato y contestó rodeándola con energía por el torso, atreviéndose a dirigir la mano al borde de la yukata, por la parte trasera del cuello, y jalarla hacia abajo dejando expuesta la piel femenina.

Ella quería. Él también.

Y ya nada podía detenerlos.

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CONTINUARÁ...


jdahdajsda nuevos personajes, ¿rebelión? OMG! ¿sexo? xD

GRACIAS POR LEERME, PERDÓN POR LA TARDANZA! UN BESOTE GIGANTE A MIS SEGUIDORES Y LECTORES.

YUMMY LOS QUIERE, NO LO OLVIDEN, y también quiere al NARUSAKU CON SU VIDA, PARA MÍ ES CANON. :KKKKKK

pd: Kanpai significa salud en japonés, típico para los brindis.