El viernes por fin había llegado, y el examen más difícil para los alumnos también: Literatura.

El profesor Pixis solía dejar como examen un ensayo con todo lo aprendido en clase, lo cual era una tarea sencilla, pero nadie sabía con certeza lo que el profesor Ackerman terminaría haciendo como examen; si terminaban siendo preguntas abiertas, estarían perdidos.

Las horas pasaron así como las clases, los alumnos estudiaban en cada receso y se hacían preguntas entre ellos, mientras otros rezaban porque el examen no fuera tan difícil como la mayoría lo creía. Mikasa estaba alejada de todos en el jardín, leyendo atenta su libro de Literatura; no quería decepcionar a Levi con una mala calificación.

Alzó la vista para descansar un poco y a lo lejos pudo visualizar a Armin caminando junto a Christa, charlando muy animados. Esa visión hizo sonreír a la azabache, ya que era la primera vez en varios días que veía a su amigo con un poco de ánimo. Al otro lado del jardín se encontraban Jean y un chico pecoso llamado Marco, ambos absortos en sus apuntes. Más allá de ellos pudo ver a Connie tratando de captar la atención de Sasha, quien no despegaba la vista de la bandeja de comida que tenía en sus manos.

Todos se veían o muy calmados o muy estresados, y éso le causaba gracia a Mikasa. Pero su sonrisa desapareció en cuanto una voz conocida para ella resonó en su oído.

— ¿Lista para el examen de tu novio?

Mikasa dio un respingo y giró el rostro para encontrarse con la mirada verde esmeralda de Eren, quien la observaba con una mezcla de enfado y curiosidad.

— Eren... no sé de qué me hablas.

— Creo que sí lo sabes, ¿me crees tan estúpido como para no darme cuenta de cómo te pones cuando hablan del profesor? ¿o cómo lo miras cuando estamos en clase?

— Te estás haciendo una idea equivocada...

Se estaba metiendo en un lío, si de por sí era difícil ocultarle las cosas a Armin, el hacerlo con Eren era más complicado; después de todo, han sido amigos desde la infancia para después pasar a ser pareja, podría decirse que el ojiverde era una de las pocas personas que conocía por completo a Mikasa.

Tenía que inventarse una muy buena historia para que Eren se la creyera.

— Eren, el profesor Ackerman y yo no nos llevamos bien, lo sabes desde el día que nos puso el castigo...

— Sí, no me cabe duda de que en ese entonces lo odiabas, pero ahora tu mirada ha cambiado, Mikasa.

El castaño llevó su mano a la mejilla de la azabache, haciéndola voltear para verla fijamente a los ojos. Mikasa frunció el ceño y alejó la mano de Eren de un manotazo.

— Pues si ése fuera el caso, no tiene porqué importarte, Eren. Tú y yo no somos nada más que amigos. Supéralo ya.

Salvada por la campana, Mikasa se levantó y salió disparada hacia el salón de clases junto a los demás, dejando a Eren enrojeciéndose por la furia que emanaba dentro de el.

— Voy a recuperarte, Mikasa, y soy capaz de todo por ello.

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El dichoso examen estaba por dar inicio. Levi leía sentado frente al escritorio mientras esperaba a que sus alumnos regresaran de su receso, cuando un portazo casi lo hizo estremecerse. Vio cómo entraba Mikasa sin siquiera mirarlo, se sentó cerca de la ventana y aventó su bolso al piso antes de recostarse sobre la butaca. El mayor se aclaró la garganta, lo que hizo que la azabache diera un mini salto por la sorpresa.

— ¿Ahora no saludas?

— Lo siento Levi, yo...

Sin dejar que Mikasa pudiera terminar su oración, el resto de sus compañeros entró al aula con rapidez a tomar sus asientos, en el mayor silencio posible. Levi y Mikasa se miraron durante varios segundos, como si se comunicaran con sólo la mirada. Cuando se escuchó cómo alguien cerraba la puerta, Levi rompió con el contacto visual y se levantó de su asiento, con un montón de papeles en el brazo.

— Llegó el día, mocosos. Veamos qué tanto aprendieron conmigo estos días. Y les advierto: donde encuentre a alguien copiando, no voy a preguntar y tomaré su examen, poniéndole automáticamente un cero. ¿Quedó claro? No pueden voltear a los lados ni siquiera para pedir un lápiz.

Los chicos asintieron nerviosos y esperaron a que el profesor pasara por sus lugares para dejarles el examen, o más bien, una hoja en blanco.

— Anoten su nombre comenzando por su APELLIDO, y esperen a que dé la siguiente instrucción.

Todos obedecieron al instante, y creyeron que tal vez el profesor Ackerman haría lo mismo que el profesor Pixis, dejarles un ensayo. ¡Qué equivocados estaban!

— Les dictaré las preguntas, y cuando termine de dictarles, tendrán 45 minutos para responderlas. No repetiré así que pongan atención.

Qué martirio. Incluso Mikasa lo miraba con el fastidio brillando en sus grises orbes. Y sin más, el examen dio comienzo.

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Nadie creía que el profesor Ackerman sería tan maldito como para quitarles el examen en el tiempo exacto que él dijo, pero para desgracia de todos, Levi siempre cumplía con lo que decía.

Bueno, casi siempre.

— Se acabó el tiempo, mocosos. Sus notas las tendrán la siguiente sesión.

Mientras Levi se paseaba por los lugares, se podía ver cómo la cara de pánico de todos se hacía visible: unos se apresuraban a escribir, otros borraban rápidamente y unos cuantos más le entregaban el examen después de murmurar ''que sea lo que Dios quiera''.

— Ya pueden irse, disfruten su fin de semana, lo necesitan.

Ja, además de todo, cínico.

Mikasa fue la última en acomodar sus cosas, como últimamente había hecho, y esperó a que todos salieran para tener una charla con Levi antes de ir a su hogar.

— Creo que te pasaste en algunas preguntas, Levi...

— No es mi culpa si no estudiaron lo suficiente. ¿Quieres que te lleve a tu casa?

— Oh, gracias pero no es necesario... en realidad quería contarte algo.

Levi guardaba sus cosas mientras Mikasa le explicaba lo sucedido con Eren, al parecer despreocupado por las sospechas que el ojiverde tenía sobre ellos.

— Ese mocoso de mierda sólo está buscando excusas para hablarte, y no creo que sea capaz de hacer nada a menos de que tenga pruebas de que tú y yo tenemos algo.

— Pero no puedo mentirle, me conoce muy bien, Levi...

— Y yo ya te he dicho que sin pruebas no puede hacer nada. Tranquilízate Mikasa, tanto estrés te hará daño.

— Pero-

Harto ya de la discusión, Levi se acercó a la azabache y la hizo callar con un beso rápido, dejando pasmada a una sonrojada Mikasa.

— L-Levi... la puerta está abierta...

— Ya no hay nadie, mocosa.

El azabache había aprisionado a Mikasa rodeando su cintura con su brazo y apegándola a él, pero ella se alejó lo más posible, aún con temor a que alguien los viera.

— Debo irme ya...

— Mikasa, espera...

Antes de que la pelinegra pudiera alejarse más, Levi la tomó del brazo y la hizo retroceder, haciéndola voltear a pesar de su sonrojo.

— ¿Mañana estarás libre?

— Si... ¿por qué?

— Quisiera que me acompañaras a un lugar...

— ¿Vamos a asear tu apartamento?

El sólo recuerdo hizo reír internamente a Mikasa, pero Levi al parecer no había entendido la referencia.

— No, es otra sorpresa. Por favor, significaría mucho que me acompañes.

El tono de voz suplicante de Levi preocupó a Mikasa, de esa forma no podía negarse.

— Está bien, iré contigo...

— Bien, te recogeré en tu casa a éso del mediodía.

Mikasa asintió con una tierna sonrisa y se acercó para besar rápidamente la mejilla del azabache, para después salir del aula y dirigirse por fin hacia su hogar.

Unos minutos después, Levi salió detrás de ella hacia un destino diferente, y ninguno de los dos se percató de que, a lo lejos, una figura los observaba con atención.

— ...