- CAPÍTULO 10 -
Tercera Parte
El silencio reinaba en todo el apartamento. Akane estaba recostada en el sofá, cubiertas sus piernas por una suave manta y con una taza de tila caliente entre sus manos, que se apoyaban cómodamente sobre el brazo del sofá. Su vista, permanecía perdida sobre su reflejo en el monitor de la televisión apagada. Su respiración pausada y acompasada. Sus oídos captaban sin atención los diversos sonidos ambientales que provenían de de la calle, filtrados a través de la ventana. Eran remotos y distantes.
Sus pensamientos navegaban en diversos sucesos ocurridos en los últimos días, pero deteniéndose especialmente en analizar el comportamiento más reciente; el de aquella mañana. Descontrolado, desequilibrado, rotundamente inapropiado. Había perdido el control con suma facilidad, en demasía. Irascible. Consiguió reírse durante unos segundos al percatarse realmente del espectáculo tan ridículo que debía haber protagonizado, imaginando las caras que se le tenían que haber quedado a todo espectador de la escena. Y así, mientras contenía el sonido de la carcajada, su mente ó su corazón o incluso ambos, se encargaron de recordarle con un diálogo fluído, por qué se encontraba en ese estado emocional tan inestable. Eso sí, una vez que ambos habían aceptado que sus hormonas la estaban jugando una malísima pasada, y habiendo llamado a su ginecólogo prácticamente nada más entrar, descartando por tanto esa posibilidad hormonal. Ranma era el causante de sus continuos delirios, para bien y para mal, daba igual. En este caso, se clasificaban en la segunda opción.
Si algo había en el mundo que Akane no soportara, era la mentira. Quizá por que su anterior relación, de varios años, estuvo basada en esos argumentos pueriles, en constantes engaños, de los que ella había creído todos y había ignorado inocentemente las verdades más claras. Esa era la clave de su desconfianza para con los hombres.
No, no podía soportarlo. Recordó como él prácticamente la rogó que no tomara una decisión antes de escuchar sus explicaciones… "Explicaciones… ¡Já! A saber qué va contarme" Escéptica. Se recolocó en el sofá, irguiéndose con el ceño fruncido.
"¿Qué demonios te pasa?" Se regañó de inmediato sin dejar terminar a su anterior pensamiento. Bebió un sorbo de tila "Tú misma viste los impresos, estaban censurados ¿Recuerdas? Aparecían unos bonitos asteriscos ocultando algo. Ya sabes que es policía, así que no es tan grave" Terminó toda la bebida y se estiró, dejando la tacita sobre la mesita de cristal, al lado de un libro de arte renacentista italiano que había comprado el día anterior "Es más ¡Sabes que es Inspector, nada más y nada menos! Así que, deja de quejarte…" Sus labios se apretaron e inconscientemente, afirmó con la cabeza "Sólo déjale explicarse…Eres psicóloga, deberías saber llevar mejor esta situación" con decisión "El problema es que eres mujer, antes que psicóloga Akane… es por eso que estás llevando esta situación de una manera tan complicada…" suspiró resignada.
En ese preciso instante, en medio de cavilaciones, escuchó como unas llaves se introducían en la cerradura de la puerta de entrada. Giró la cabeza con rapidez hacia allí, observando desde el sofá. Se acurrucó más sobre sí misma, acercando sus rodillas hasta sus pechos. Se tapó con la manta hasta la nariz como aterrada, escondiendo las manos debajo. Era una actitud escurridiza e infantil, en una palabra, cobarde. Pero no podía evitarlo. Se sentía herida, insegura e indefensa. Y sabía que él era endemoniadamente convincente. ¡El muy cerdo lo era mucho! No, mucho no ¡Muchísimo¿Y si la engañaba y ella se creía las mentiras? "¡Por Dios, que te ha sacado de la cárcel¡Deja de pensar estupideces¡Déjale explicarse¡No voy a repetírtelo ni una sola vez más!" Y solo alcanzó a percibir su silueta cruzando el umbral. Rápidamente giró la cabeza, como si nunca hubiera estado observando la entrada del apartamento. Su vista se posó hacia el lado contrario, hacia la ventana medio abierta.
Según subía las escaleras hasta el sexto, con dirección al apartamento de ella, con paso tranquilo, Ranma recordaba la conversación que había tenido con Hiro, su compañero y amigo, justo después de dejar a una Akane furiosa y abatida en aquella sala.
- ¿Quién es? – preguntó el chico, con las manos en los bolsillos y una mirada tremendamente curiosa, que se flechaba a un preocupado rostro de su compañero y amigo.
- Akane – dijo sin más, bajando las escaleras de entrada al edificio. Escuchó como Hiro se reía a carcajada limpia. En ese preciso instante, paró en seco y se giró observándole. Estaba casi contorsionándose en las escaleras - ¿Qué te pasa, imbécil? – preguntó forzando un voz tosca, de enfado.
- ¿Ésa es Akane? – volvió a preguntar con los ojos llorosos, no creyéndoselo del todo. Ranma volvió a iniciar la marcha con dirección al coche que quedaba aparcado en la acera de enfrente a la de la comisaría. En un intento de corroborar si su compañero se había enfadado de verdad, continuó en un tono jocoso - ¡Hey! Pues está buena ¿Eh? Yo pensé que no sería para tanto - silbó con esa típica cancioncilla que marcaba lo buena que estaba - ¡Menudas curvas, tío!
- ¿Estás tonto o qué? – Ranma le atizó con el anverso de la mano sobre el bíceps. Mientras, Hiro le seguía el paso, cruzando la carretera – Acabo de tener una bronca monumental con ella. Y a ti ¿Lo único que se te ocurre decirme es que está buena?
- ¿Pero qué ha pasado? – su tono varió a uno más frío, distante y serio. Más profesional, dentro de lo que la informalidad de su trabajo les permitía.
- No se lo había dicho – afirmó llegando al vehículo – No lo sabía – elevó los hombros y abrió un poco más los ojos, dando a entender un "Fíjate qué cosas" después apoyándose en la puerta abierta prosiguió - …y lo ha descubierto hace un rato, cuando hemos pasado llevando al imbécil de Nagase a comisaría. ¡Vaya hombre! – Elevó las manos, dejándolas caer después sobre el techo de chapa - Nunca venimos aquí, pero para un maldito día que nos vemos obligados a traer a Nagase ¡Va y me descubre! – Ranma estaba a punto de reírse de forma histérica, pero observando que su compañero también tenía las mismas intenciones, le advirtió – Ni se te ocurra reírte o te comerás el espejo retrovisor…
Hiro levantó las manos en señal de rendición.
- ¡Sí, señor! – dijo intentando controlar la risa. No tenía la menor intención de comer un espejo retrovisor en aquellos instantes. Ranma se metió en el coche y cerró la puerta con intensidad. Hiro le imitó y también se adentró en el vehículo.
- Bueno Ranma, cálmate, no te preocupes. Lo que tienes que hacer es contárselo todo sin más… y no creo que haya mayores problemas ¿No? – Se frotó las manos y abrió la guantera, buscando unos papeles.
- Es lo que pensaba hacer… - suspiró desganado -… No me preocupa enfrentarme a ella… - observó la carretera a través del espejo retrovisor, como si esperar ver aparecer a alguien - … no conoces a Akane – suspiró cansado - …es tremendamente desconfiada. Lo que me preocupa es cómo se lo tome después y la posibilidad de que quiera olvidarse de mí por haberla engañado…
- Ranma no seas imbécil – murmuró sacando una carpeta con papeles – Lo tuyo no es una mentira cualquiera, estás obligado a ocultarlo por tu seguridad y por la suya y para cumplir bien tu trabajo. Si dices que es tan inteligente – abrió la carpeta - …no debería suponerle ningún problema comprender por qué la has "engañado" – fue a cerrar la guantera y se golpeó un dedo - ¡Auch, mierda! – empezó a mover la mano rápidamente, lamentándose.
- Ya, si lo se – la observó saliendo de la comisaría, discutiendo con Sarah. Caminando por la acera – Pero no puedo evitar sopesar la posibilidad de que quiera dejar de estar conmigo… Lo que por un lado comprendería. Sabes los problemas que tuve con Mei y… - fue interrumpido súbitamente.
- ¡No compares, pedazo de trozo de carne pseudo japonesa! – Hiro ahora estaba enfadado. Sabía lo mal que su amigo lo había pasado con aquella zorra - ¡Aquella fue una puta de cuidado¡Sí, no me mires así estúpido! Estoy harto de que se te haya quedado grabado a fuego el recuerdo de aquella guarra que no dudó ni un segundo en liarse con el primero que pudo mientras tú te jugabas el pescuezo haciendo tratos con aquellos mal nacidos radicales – escupía veneno por la boca - ¿Quieres olvidarla¡Deja de estar anclado en el pasado, joder!
- Pero si la tengo olvidada ¡Gilipollas! – Ranma estaba sorprendido por la reacción tan intensa que había tenido Hiro al nombrar a su ex pareja, ahora esposa de su hermano Aleiandro – Lo que no quiero es que me suceda lo mismo. Estar liado con alguien que puede pasarse medio año fuera de tu alcance no es algo fácil. – Clavó su mirada zafirina sobre su compañero y aclaró - Ni para una puta de cuidado, ni para la más casta de las mujeres. Y tengo que dar gracias por que la he conocido en un momento en el que nos han alejado de la circulación por seguridad – Arrancó el coche – En fin, que da igual. Ya lo arreglaré… o eso espero…
- Eres idiota. Pareces una tía – masculló con jocoso desprecio – Te comes el tarro antes de que suceda lo que tenga que suceder…
- Soy previsor – hizo maniobra y salió del estacionamiento, con dirección a su lugar de trabajo – No quiero sorpresas…
- Eres una nenaza…
- ¿A que te vas corriendo a la central? – amenazó con una ligera sonrisa.
Bien¿Qué había sacado de provecho de aquella conversación? Buscó las llaves en el bolsillo de la cazadora al llegar al descansillo del sexto. Estaba claro, la conclusión: tendía a comparar a toda mujer con Mei. Incluso a Akane que era tan distinta. Maldita sea, no era tan complicado. Solo tenía que sentarse frente a ella, ser sincero y contarle a qué se dedicaba.
No era un asesino, no hacía ningún trabajo sucio. No tenía por qué esconderse. Excepto que, si no lo hacía, podía correr peligro su vida y la de los que él quería. Ese era el único, suficiente e importantísimo motivo por lo que tenía que camuflarse.
Sí, ella lo entendería. Era una persona cabal, con la cabeza bien amueblada, como suele decirse. ¡Tenía que comprenderlo¡Akane no podía dejarle por algo así! Sería demasiado decepcionante para él saber que había cometido un error similar al del pasado con Mei. Tenía que haber aprendido algo de esa relación, y por descarte, tenía que haber sido el saber fijarse en mujeres que no se parecieran en absoluto a su ex pareja. Suspiró. No valía la pena seguir con aquel continuo machaque mental. La solución era sencilla. Ella estaba detrás de esa puerta, él solo tenía que hablar, mantener la calma como en los interrogatorios y punto. "Se acabó". Introdujo las llaves en la cerradura "Que pase lo que tenga que pasar…"
Escuchó el sonido de la puerta al cerrarse, el tintineo de las llaves, una carraspera nerviosa y pasos acercándose. Reverberaban como si el sonido se esparciera a cámara lenta, era prácticamente ensordecedor, a pesar de ser suelo enmoquetado. Se tapó aún más con la manta, cubriéndose hasta la nariz, dejando nada más entrever sus ojos. Miró de reojo y cuando sus retinas captaron una ráfaga de él, de su persona, volvió la vista hacia el otro lado.
Ranma caminó con mesura, se quitó la americana y la dejó en un sillón que había en un rinconcito del salón, al lado de una mesita de madera y una lámpara auxiliar, sin dejar de andar. Se aflojó la corbata, llegando casi frente a ella, deslizándola por el cuello y dejándola de cualquier manera sobre la mesita que se interponía entre él y Akane y el sofá. Esperaba alguna reacción por parte de ella, pero lo único que encontró fue a su Dama huidiza, con la mirada posada en dirección contraría a donde él se encontraba, escondida como una gatita bajo una manta de mullido pelo. Suspiró.
- Akane – reclamó su atención, aflojó la funda que llevaba colgada del cinturón.
Al oír su nombre, tembló almizclando dos sentimientos; nerviosismo y amor. Aunque rápidamente predominó el primero, al escuchar aquel característico sonido de unos botones de corchete dejando de estar presos y un arañazo metálico y hueco rasgando cuero. Giró la mirada con cautela posándola sobre él durante unos segundos, sobre su rostro cansado y, rápidamente, se enfocó hacia su mano zurda que se movía hacia delante. Al percatarse de que, lo que estaba a punto de dejar sobre la mesa baja de cristal era su arma, sus ojos se abrieron con desmesura y se petrificaron sobre el aparato de aleación, con una mezcla de pánico y excitación. Saber que él portaba un arma, aún estando totalmente en contra de ellas, y que era policía, o algo así al juzgar por aquellos asteriscos, le hacían sentir mariposas en el estómago. Era como una mezcla de admiración y frenesí sexual, dado el cargo de responsabilidad que tenía y lo que él representaba. ¿Cómo podía sentirse así, en un momento tan delicado¡Hormonas¡Endemoniadas feromonas!
Observó como Ranma se sentaba con pesadez en el suelo, al otro lado del mueble, sin mirarla. Para ella habían dejado de existir formas, colores… solo estaban él, el arma y ella. Su campo visual y su cerebro se negaban a darse cuenta de los otros posibles artilugios que hubiera en la habitación. Finalmente, unos ojos del color del mar atormentado, se fijaron sobre los suyos, con cansancio reflejándose en ellos…
- Se abre el interrogatorio… - dijo, apoyando los brazos cruzados sobre la mesa, afianzando así su posición. Demostrando y transmitiendo seguridad y autocontrol.
A Akane se le cortó la respiración por unos segundos. Dirigió de nuevo su vista al arma y en ese instante afianzó su escondrijo bajo la manta, subiéndosela hasta la mitad de la nariz. Estaba muerta de calor, pero aquello era su manera de refugiarse de él en aquellos momentos. Recorrió el aparato negro para después deslizar su mirada por sus fuertes y grandes manos, sus brazos, su amplio pecho y espalda, percatándose de la potente estructura ósea y muscular de su pareja. Lo hacía prácticamente fascinada, como si lo viera por primera vez. Y en efecto así era, al menos desde esa nueva perspectiva, más lo que le quedaba por descubrir. Finalizó su inspección deambulando sobre las aguas de su mirada zafirina, esa mirada tan expresiva y cautivadora. No lo hizo sin cierto recelo, por cierto.
- ¿Ves cómo tenía razón? – dijo extremadamente seria, con la voz amortiguada por la manta. Él ni si quiera varió su gesto, hasta lo siguiente que dijo – Eres funcionario…
Entonces le escuchó reírse, agachando la cabeza, como queriendo ocultar lo que hacía. Akane le observó aturdida. Había afirmado aquello sin ningún ánimo de hacer un chiste, solo pretendía narrar una realidad. Pero le gustó escuchar su grave y suave carcajada. Ella sonrió también, bajo la manta por supuesto, la cuál no se había deslizado hacia abajo ni un solo milímetro. Y, como si una ráfaga de viento la hubiera azotado y tirado de la cubierta de un barco, todos los músculos de su cara se volvieron a contraer, quedando seria de nuevo.
Al escuchar aquel "Eres funcionario" se relajó. Si ella podía hacer aquellas afirmaciones como si nada, y conociéndola, significaba que aún había esperanza de que no se enfadase demasiado y comprendiera por qué la había mentido. No, no era como Mei. No era como Mei.
- Sí – dijo con brevedad y cierta urgencia -, soy funcionario o…algo así – y lo reafirmó. Su mirada se tornó tierna al observarla y dejó plasmado en su rostro, como muestra del verdadero relax que sentía, una media sonrisa.
A ella le encantó que él riera. Tenía una sonrisa nívea preciosa, muy sexy y que a la vez le daba un toque pícaro al aparecer en ambos carrillos unos superficiales hoyuelos que ella adoraba. Frunció los labios y su entre cejo, y habló a continuación con cierto tono irritado.
- ¿Por qué no me lo dijiste? – Se removió bajo la manta, asentándose mejor sobre el sofá – No iba a ir pregonándolo ¿Sabes?
- Bueno… - ella notó como Ranma apretó ligeramente sus manos cruzadas sobre la mesa a la vez que su tono quería parecer despreocupado. No lo consiguió, en absoluto – no podía correr riesgos. Tengo que asegurarme primero…
El silencio reinó durante unos segundos que se hicieron eternos para ambos, mientras inspeccionaban la mirada del otro, intentando encontrar respuestas o preguntas, intentando adivinar sus pensamientos mutuamente.
- Y… - Akane carraspeó, movía los dedos de sus pies bajo la manta con nerviosismo - ¿Qué es lo que… - su vista volvió al arma. No podía evitarlo, odiaba verla ahí y al mismo sentía curiosidad por tocarla. Reafirmó la manta sobre ella, ignorando su último pensamiento - …haces exactamente? – y a continuación, volvió su mirada sobre él.
- Trabajo para el… - carraspeó, modulando la voz a un volumen gutural y confidencial - … servicio de inteligencia. Pertenezco a una división que tiene sede en la ciudad. Soy como la policía secreta, pero intervengo en asuntos más delicados.
Ella tenía los ojos como platos y la boca formando una 'O' mayúscula perfecta, prácticamente con la mandíbula desencajada. Para su suerte, la manta la protegía, si no estaría segura de que él podría verla hasta los intestinos y más allá.
- Aah… - dijo más desconcertada e inexpresiva de lo que le hubiese gustado – Entonces… lo del… - tragó pesadamente moviendo inconsciente y ligeramente la cabeza de forma negativa, como reafirmando lo que estaba diciendo -…Master en Empresariales… - entonces le vio y le escuchó reír y las piernas la temblaron.
- Mentira, por supuesto – susurró luciendo aún la sonrisa, observándola tiernamente. Midiendo lo que decía con sumo cuidado, como temiendo dar un paso en falso, hacerla daño. El silencio se mantuvo unos segundos, mientras ambos se inspeccionaban con curiosidad. Entonces, Ranma anunció – Estudié derecho.
Ahora si que Akane tenía la mandíbula desencajada y unos gestos faciales que denotaban terror, incluso pánico. Y por primera vez en todo el tiempo de conversación, se destapó la cara, bajando la manta de la misma manera que si un resorte la empujase, hasta posarla sobre sus muslos, con los brazos estirados y los puños apretados. Frunció el ceño, parecía prácticamente ofendida con la reciente revelación. Como si hubiera descubierto el mayor de los engaños habidos y por haber. ¡Abogado, Abogado¡Era abogado!
Ranma la observó con curiosidad y se apoyó mejor sobre la mesita, preparado para salir corriendo detrás de ella si hiciera falta. Esa reacción le había parecido de lo más extraña y fue totalmente inesperada.
De repente, ella se dio cuenta de que había bajado su barrera defensiva y, de igual manera, se tapó de nuevo con la manta hasta la nariz.
- Le tengo tirria a los abogados – susurró con un tono de voz y mirada infantiles - … no me caen bien.
- Pues yo creo que si te caigo bien… - dijo él de nuevo con una sincera sonrisa, que expresaba no solo relax, si no también agradecimiento por cómo se estaba comportando ella. Entonces, arqueó una ceja con picardía y susurró en un tono muy sensual - …Al menos hasta anoche…
- Ya… bueno… - se sonrojó, lo notaba en el calorcito que comenzaba a invadirla y teñirla las mejillas – pero…eso era anoche – aclaró con cierto tono juguetón.
A medida que la conversación había avanzado, Akane comprendió que no era algo tan tremendo cómo lo había interpretado ella por la mañana. Él ahora se encontraba en la fase de arrepentimiento, incluso estaba ligeramente vulnerable a lo que ella le pidiese, por tanto, tenía la certeza absoluta de que no la estaba mintiendo.
- Y… - prosiguió él desviando su mirada hacia el cristal de la mesa - … tendrás que hacer un esfuerzo por que te… - posó sus irises rápidamente sobre su rostro y volvió a desviar su objeto de enfoque a la mesa - …caigan bien. – Castañeteó las uñas sobre el cristal y finalizó empleando un tono casual y con cierto toque infantil– Por que mi hermano también es abogado y mi padre es juez…
Akane agradecía que los ojos fueran un músculo bien fuerte y bien sujeto, por que si no, estaba segura de que yacerían fuera de sus órbitas de tanto que sus párpados se empeñaron en abrirse ante esa recién descubierta faceta y/o afición de la familia de su novio por ser letrados. Y su boca, decidió quedar como un plato llano bajo la manta de pelo largo.
- ¡Dios Mío! – exclamó bajando el cobertor con energía hasta la cintura - ¡Primero me mientes en ESO que dices que trabajas! – se levantó de un salto del sofá y posicionó las manos en jarras sobre sus caderas - ¡Y ahora me dices que tendré que aceptar, no solo que mi novio sea abogado, los cuales me provocan escalofríos, sino que mi suegro y mi cuñado también lo son! – Elevó las manos al cielo, como pidiendo clemencia. Haciendo todo de manera exagerada y teatral – Si buscas una forma de librarte de mi… - cruzó los brazos sobre su pecho y frunció los labios, no por enfado, si no por evitar reírse ante el gesto desconcertado de su pareja - No se, dame mejor una patada en el culo o algo así.
Ranma arqueó las cejas con asombro, librándose del apoyo contra la mesita de cristal y dejando que sus manos cargaran su peso contra el suelo, hacia atrás. La observaba entre aturdido y divertido, no sabiendo interpretar claramente toda la parafernalia que estaba montando.
- No ejerzo – alegó rápidamente en su defensa.
- ¡Oh, vaya¡Qué consuelo! – volvió a levantar las manos al cielo y las dejó caer sobre sus caderas pesadamente, a ambos lados de su cuerpo. Después, su gesto y mirada se ablandaron, como dando por aclarado que acaba de teatralizar y exagerar y que ahora comenzaba a hablar en serio – No me gusta que me hayas mentido… - susurró con voz suave.
- Ya lo sé… - reafirmó él, apoyándose de nuevo en la mesa de brazos cruzados. Observó como Akane caminó al sofá de nuevo, sentándose en él y tapándose con la manta – Pero… - prosiguió - … tres cuartos de psicóloga… - dijo con retintín - …tendrías que saber entender por qué no podía decirte en qué estaba trabajando realmente…
- Como psicóloga y razonándolo… – explicó ella, mirándole fijamente a esas preciosas tormentas de agua - … llego a la conclusión de que has actuado correctamente, con motivos más que suficientes y argumentos convincentes. El problema es que, la parte de mi cerebro que grita "¡ERES SU PAREJA!" – acompañó al supuesto grito abriendo y cerrando las manos en el aire, como si estuviese dibujando una llamada de atención de una tira cómica - …me impide aceptar que me has mentido y por tanto, reaccionar de una manera lógica a todo esto.
Ranma se la quedó mirando, comprendiendo perfectamente lo que ella acababa de explicarle. El silencio reinó durante unos largos segundos, en los que pudo verla observarle, enfocar su vista más allá de donde se encontraba, y más cerca también, sobre la mesa.
- Aleja el arma de mi vista – susurró de improvisto - … me pone nerviosa.
- Ya lo sé – confirmó él – Es por eso que la he dejado ahí – ella frunció el ceño y también los labios – Para que seas sincera…
- ¡Pero qué coño te has creído! – exclamó realmente ofendida y excesivamente nerviosa, dando un respingo en el sofá - ¡No me hables de sinceridad, mentiroso patológico!
Ahora sí que se había quedado de piedra ante la reacción de Akane, por que se dio perfectamente cuenta de que había sido en serio. Volvió a traquetear los dedos sobre la mesa, haciendo ruido con las uñas y acercó su mano izquierda hacia el arma. Ella le observó con temor.
- Voy a creer que estás reaccionando así porque no puedes controlar tus hormonas… - cuando estaba casi a punto de coger el metal de aleación, paró de acercarse - …Si no fuera por eso, me estarías decepcionando.
Ante lo que acababa de escuchar, Akane se quedó congelada. Eso la hirió, profundamente. Debía relajarse fuera como fuere. Tenía que demostrar su inteligencia y auto-control, aunque eso supusiera una batalla "a muerte" contra sus revolucionadas hormonas.
- Mira Akane – su voz se entonaba de una manera más distante -… hago trabajos complicados, donde me juego la vida prácticamente día a día. Estoy literalmente destrozado ahora mismo – aclaró, sin ningún ápice de supremacía o egocentrismo, simplemente informativo – Llevo 24 horas sin dormir, he tenido que remover cielo y tierra para conseguir que hicieran la vista gorda esta mañana y te dejaran salir sin los cargos que querían imponerte… - Akane se sintió culpable, tremendamente culpable – No es momento para explicarte con detalle el tipo de trabajo que hago, pero te aseguro que en ocasiones es demasiado desagradable, arriesgado y agotador tanto física como psicológicamente. – Ranma meneó la cabeza y remarcó – Especialmente duro psíquicamente… No quiero alardear – sus irises se deslizaron por el rostro de ella, intentando vislumbrar algún sentimiento o emoción - …quiero que entiendas que no puedo ir hablando a cualquiera sobre lo que hago, porque puedo estar poniendo a gente en peligro y poniéndome a mí mismo en peligro – hizo una pausa, esperando algún tipo de reacción por su parte. Cuando creyó que esperó el tiempo suficiente para su turno de réplica, turno que no aprovechó, aclaró – Tú eras una desconocida… Tenía que asegurarme de si podría haber algo entre nosotros, si eras una persona en la que pudiera confiar. Y confiar hasta tal punto en que pueda contarle a lo que realmente me dedico… Te investigué, como a todos los vecinos, y parecías alguien de fiar - La vió parpadear pesadamente, como no entendiendo - … Mira tenemos opciones, explicar o no explicar. Si pienso de forma fría y profesional, contigo me estoy precipitando muchísimo. Si pienso en lo que siento hacia ti, estoy haciendo lo correcto, no me arrepiento. Ya sabes que soy pasional e impulsivo muchas veces – Suspiró – Hay compañeros que siguen teniendo a sus mujeres engañadas a pesar de llevar años trabajando en el cuerpo – Akane arqueó las cejas ante la sorpresa – Yo a Mei no se lo dije hasta dos años después de estar saliendo juntos…
- ¿De verdad? – preguntó con un tono dulce, sorprendida y a la vez halagada, observándole fijamente. Ranma había asentido y ella, movida por un impulso, desvió un segundo la vista al suelo y susurró – Vaya… - con cierta alegría. Después, sus ojos pardos volvieron a posarse sobre la silueta masculina.
- Dama – rápidamente se puso de pie, de manera que pudiera reafirmar su imposición en ella – Comprendo que te duela, moleste, enfurezca… - hizo un gesto con la mano indicando un claro "etc" - … que te haya tenido engañada, porque a mi tampoco me gusta que me engañen, pero tienes que entenderlo – Y no era una orden, era una suplicante petición camuflada con cierto tono impositivo. Hizo una breve pausa. Pausa que ella aprovechó para evaluar su lenguaje corporal – Después de saber a lo que me dedico realmente, imaginarte un poco el tipo de vida que pueda llevar, el haberte engañado… - suspiró con amarga resignación - …podría llegar a entender que no quisieras seguir con lo nuestro porque…
- ¿ESTÁS TONTO! – le interrumpió gritando, levantándose del sofá, en un tono que silbaba ofensa, sorpresa e incluso enfado ante lo que acababa de escuchar. Ranma la miró sorprendido, arqueando una ceja - Que esté dolida no quiere decir que piense dejarte… Esto se me pasa en un par de minutos – elevó los hombros, se cruzó de brazos y le sonrió tenuemente, relajando el momento – Pero quiero que me expliques EXACTAMENTE… – y caminó hacia él, colocándose enfrente, muy cerca, muy cerca - …lo que haces. No quiero llevarme más sorpresas ¿Entendido… - y susurró despacio, lentamente, remarcando cada sílaba, otorgando sensualidad y disciplina - … inspector?
- Sí – afirmó él, no pudiendo evitar prestar toda su atención en sus apetitosos y jugosos labios rosados – Perfectamente.
Ranma no sabía muy bien qué hacer ahora¿Quizá acariciarla¿Besarla suavemente ó intensamente¿Abrazarla con delicadeza ó con necesidad? Despedirse y marcharse sin establecer contacto físico le resultaría enormemente frío… pero igual era la mejor manera. Su mente había trabajado demasiado y estaba agotando sus reservas, tanto en aquella conversación como en el reciente y último dilema, que resolvería en aquellas pocas más de 24 horas. La observaba de la forma más imparcial que podía, expresar lo mínimo posible. Tanto en su lenguaje corporal, como en su mirada. O eso intentaba. Pero en el fondo, se moría de ganas por tocarla un poquito. Rozarla aunque fuera. Era probable, pensaba, que un beso de buenas tardes y buenas noches en la frente y salir del apartamento sería lo más apropiado. Las dudas de cómo actuar le corroían.
Akane le miraba con curiosidad. Estaba segura de que Ranma se encontraba totalmente perdido. Ya la había argumentado y dicho lo que creía apropiado. Había cumplido el guión que traía aproximadamente preparado pero, seguro que se estaba preguntando ¿Qué tenía que hacer ahora? Eso la enterneció enormemente. Sin darse cuenta, apretó un poco los labios queriendo contener una sonrisa de complacencia y alegría que se empeñaba en dibujarse en su rostro.
- Anda… - susurró apoyando su cuerpo contra el suyo - … abrázame, que te dejo… - terminó con cierto tono risueño y permisivo. Y sintió sus brazos rodeándola con delicadeza, sus labios prestando un beso a sus cabellos y sus manos deslizando caricias sobre sus hombros. Estuvieron unos segundos así, disfrutando del extrañado contacto. Y, por decisión de ella claro está, se separaron antes de que Akane sintiera la impulsiva necesidad de obedecer tan rápidamente a su corazón y perdonarle en aquellos instantes, ipso-facto. Tenía que meditar – Deberías irte a dormir… - dijo con voz melodiosa - … tienes que estar hecho polvo…
- Sí… - llevó la cabeza hacia atrás, estirando los músculos del cuello. Después, con su mano izquierda, se frotó los ojos - …no se todavía ni cómo he podido tener una conversación decente contigo… - rebuscó en el bolsillo del pantalón y sacó las llaves de su apartamento. Caminó hacia la puerta de salida, seguido de Akane, la abrió y llegó al descansillo - …Oye – arrulló con tono temeroso - … cuando lo hayas pensado bien… - observó como ella, que estaba apoyada sobre el pomo, frunció el ceño como no dando por válido lo que pronunciaba - …bueno, cuando tú quieras – dijo saliendo del poco importante atolladero -… me llamas – ella afirmó con la cabeza – Vale… - y él se sintió aliviado de repente - Hasta mañana…
Akane se quedó ahí con los brazos cruzados, mirando pero sin mirar a la puerta de su apartamento cerrada, justo por donde hacía unos segundos él se había marchado. Era como si esperara que en cualquier momento entrase y la abrazara de improviso, ignorando la absurda invitación que ella le había ofrecido a irse, alegando que podía estar cansado. Agachó la cabeza, mirando la moqueta, sintiéndose incómoda y a la vez indecisa. Se proclamó así misma cobarde. Se lo dijo a su corazón por levantar aquel muro contra él, se lo dijo a su mente por no haberse impuesto y no empujar y derribarlo. Frunció el entrecejo. Sí, cobarde por no terminar de comprender algo tan comprensible como era la situación de su pareja. Incómoda y decepcionada consigo misma por no poder, de algún modo, perdonar aquella mentira de argumentos sólidos. Cobarde por suprimir el deseo de amar; amar libremente sin restricciones auto-impuestas, amar hasta las últimas consecuencias.
Como un autómata, se dio media vuelta y camino lentamente con pasos cortos hacia el sofá. Se sentó tranquilamente, observando el reflejo de su silueta oscura sobre la pantalla del televisor. Apretó los labios y se arropó con la manta, cubriendo así la vergüenza que sentía de sí misma por ser cómo era en aquellos instantes. Se quedó en silencio durante minutos, pensando… dejando la mente en blanco en ocasiones, reprimiéndose, castigándose, regañándose, valorándose… Era como un ejercicio de auto-evaluación en donde intentaba ser objetiva. Y más silencio. Y más pensamientos. ¿De verdad aquello era para tanto¿De verdad quería perder la oportunidad de seguir con él¿De compartir experiencias a su lado? Realmente, no la había engañado tanto… sencillamente debía cambiar las palabras "altísimo ejecutivo" por "servicio secreto". Pero, si fuera de verdad tan simple, no tendría por qué tener esas dudas sobre qué hacer. Más silencio y pensamientos confundidos. Entonces, como si de golpe un foco hubiera cegado a sus pupilas, se dio cuenta de cuál era el problema; había reafirmado algo que ella ya sentía incluso antes de conocer su auténtica profesión. Era el miedo de que se marchara y nunca más volviera. Era el miedo a perderle lo que la devastaba de aquella manera, lo que la horrorizaba, lo que la paralizaba. Era imaginar no sentirle, no escucharle, no abrazarle, no reír junto a él y no disfrutar de su compañía. De repente la inundó la tristeza y sollozó. Su mano derecha cubrió sus labios, escondiendo el temblor que se estableció en sus desobedientes mandíbulas. La asustaba darse cuenta de que en realidad, se auto-engañaba todo el tiempo, no era su corazón quién dictaba impedimentos, era su mente la que estaba cerrando las puertas. Era su mente la que quería desconcertarla, la que hacía que todo fuera confusión. Y era precisamente porque estaba enamorada de tal manera que podía casi calificarlo de enfermizo, de adicción, de exceso… Estaba enamorada de esa forma pasional que ella siempre había aborrecido, en la que nunca creyó. Desde luego que, en otras circunstancias en las que sus hormonas no acompañaran a su ofuscación, jamás se hubiera comportado así, negándose a ver más allá, obviando al raciocinio. Era mucho más disciplinada y cabal que todo eso.
Y como lo era, aún en medio de un mar de dudas, se levantó casi de golpe. Con cierto enfado controlado para con ella, caminó hasta la entrada, abrió el cajón del mueble y sacó dos juegos de llaves. Abrió la puerta con desaire y la cerró más fuerte de lo que acostumbraba. Maldijo y suspiró profundamente, cerrando los ojos. Se dio la vuelta, echó la llave y guardó el juego en uno de sus bolsillos. Caminó con decisión hacia la puerta de enfrente, la de "su vecino" y, con sumo cuidado introdujo la pequeña pieza de metal en la cerradura y se inmiscuyó con cautela en el piso. Todo estaba a oscuras, todo en completo silencio. Inconscientemente sonrió, más con nostalgia que con alegría.
Se quitó los zapatos y los dejó a un lado en la entrada. Anduvo de puntillas por el pasillo, mientras se desabrochaba la blusa y procuraba no hacer ruido. Al llegar frente a la puerta del dormitorio, suspiró de nuevo y apretó los labios a la vez que posaba su mano sobre el picaporte. Lo torció con suavidad, consiguiendo no hacer apenas ruido y penetró en la habitación. Le observó durmiendo plácidamente, con una respiración pausada y profunda… y sintió como sus ojos escocían emocionados al contemplarle y cómo sus labios se curvaban en una sonrisa radiante. Echó la puerta sin llegar a atrancarla con la manilla, para que el golpe del metal al candarla no le despertara. Se quitó los pantalones y los dejó en una silla que había cerca del armario empotrado de espejos. Se introdujo en la cama despacio, escurriéndose en la seda blanca y cubriéndose con la sábana. Un pequeño silbido de aire fresco envolvió su cuerpo, al mismo tiempo que la tela se posaba sobre su piel y dibujaba su figura. Se dejó escurrir, apoyando la cabeza sobre la almohada colocando sus manos entrelazadas bajo ésta última, dándose la vuelta, quedando de espaldas a él. Respiró hondo, cerró los ojos parsimoniosamente y por fin, pudo relajarse. Comenzó a caer en el mundo de los sueños de Morfeo suavemente, poco a poco, casi sin darse cuenta. Sus músculos se destensaban, apreciando la esponjosidad y comodidad del lugar en donde reposaba. Su corazón y mente pactaron una necesitada y ansiada tregua. Todo irá bien, se decía inconscientemente. Pero entonces, sintió un prácticamente inapreciable movimiento en su lugar de descanso, un cálido tacto bien conocido envolviéndola, unos brazos rodeándola con delicadeza y ternura… una voz ronca y suave al mismo tiempo, y un susurro en su oído que le regaló un placentero escalofrío "Gracias por venir…"
Autor: AnDrAiA / Cap. Publicado: 23 de Julio de 2005 / Edición para: FanFiction
Bueno, si me lo permitís, en este capítulo que he actualizado a prisa y corriendo, no dejaré comentarios finales a las 'reviews'. Lo que sí quería dejaros es una dirección Web en donde publicaré de forma más personal algunos adelantos, propuestas de nuevos proyectos y demás cositas relacionadas con las historietas que me da por escribir... Sería ésta: Silversand . blogspirit . com
Ya sabéis que cualquier comentario, sugerencia y/o apreciación son siempre bien recibidas evamgp(arroba)terra.es
AnDrAiA
El nombre de los personajes, así como la serie de Ranma 1/2 pertenecen única y exclusivamente a Rumiko Takahashi, Viz Comunication, Fuji Tv, Glénat y todos los respectivos editores que han adquirido derechos de publicación en los diversos países en los que fué editada dicha a obra. Tomo prestados los nombres sin ánimo de lucro, ni finalidad comercial, por lo que no estoy incumpliendo ninguna ley.
Así mismo, la historia original aquí narrada, tiene sus derechos reservados bajo mi autoría.
Esta obra está bajo una Licencia de Creative Commons. -->
