Un error puede costarte la vida, incluso el más insignificante, y éso fue lo que llevó al capitán Levi a su muerte: un mal cálculo y su equipo de maniobras le hizo una mala jugada, haciéndolo caer en las garras de uno de los soldados de Mare poseedor del poder de titán acorazado. Una vez que lo tuvo en su poder, el soldado se aseguró de quitarle al capitán su equipo y romperle las piernas para evitar que escapara. Levi en ningún momento mostró signos de dolor, pero era claro que ya no podría moverse. Se lo llevaron a una prisión dentro de las murallas impenetrables de Mare, donde lo mantuvieron varios días sin comer.

El día de su juicio, Zeke lo escoltó hacia la zona de pruebas donde, a lo lejos, se podía visualizar a Eren, Armin, Sasha, Connie, Jean, Hange y Mikasa, esta última con la furia visible en sus ojos. El capitán Levi los miraba con angustia desde su lugar, arrodillado a la orilla del precipicio. La expresión en los rostros de los miembros de la legión de reconocimiento mostraba el temor que sentían; perder al soldado más fuerte de la humanidad sería un golpe muy duro para ellos.

— ¡Escuchen, mocosos! He aquí el ''soldado más fuerte de la humanidad'' rogando por su miserable y patética vida.

— ¡Tsk! Ya quisieras, bestia de mierda.

La gigantesca mano de Zeke sujetaba el cabello de Levi obligándolo a mantener su mirada sobre el horizonte donde se encontraban sus compañeros. El azabache se mantenía firme, con la mirada puesta sobre una sola persona: Mikasa Ackerman. La pelinegra lo miraba también, evitando dejarse llevar por el impulso que sus sentimientos le provocaban, como bien se lo enseñó su adorado capitán con el paso de los años. De pronto, una de los soldados de Mare se acercó con temor a Zeke, entregándole un pequeño estuche.

— ¡Ah! Por fin está listo. Gracias, Gaby.

La chica se alejó sonriente y definitivamente orgullosa de sí misma. Mikasa reconoció el estuche enseguida: dentro, contenía suero de titán.

No...

— ¡Levi!...

El grito estruendoso de la pelinegra estalló por todo el lugar, llamando la atención de los titanes que rondaban por los alrededores. Ésto provocó que la legión se dispersara para pelear, obligando a Mikasa a hacer lo mismo.

— ¡Tsk! Mocosa... ¿Cuándo aprenderás...?

— Bueno, enano, supongo que ésto es todo para ti, llegó la hora.

El titán bestia sacó del pequeño estuche el suero y, sin perder el tiempo, se lo inyectó a Levi en el cuello haciéndolo caer hacia el precipicio.

Perdóname, Mikasa... no pude protegerte...

El dolor que sentía el azabache era insoportable, sentía como si su sangre le quemara los huesos mientras el suero recorría todo su cuerpo.

Lo siento, Hange, Eren, todos... creo que les he fallado... pero ahora les toca a ustedes... detengan a estos bastardos de una buena vez...

Justo antes de impactar contra el suelo, el cuerpo del azabache comenzó a transformarse para convertirse en un peligroso titán. El sonido que causó todo aquel revuelo llamó la atención de los reclutas, atemorizados por la tenebrosa imagen de su capitán convertido en titán.

Mikasa se encontraba petrificada por aquella visión, sin atreverse a mover un músculo. Las lágrimas inundaban su rostro, Jean, Sasha y Connie miraban estupefactos al titán y Eren junto con Armin se prepararon para atacar, mordiendo sus manos para transformarse, con Hange detrás de ellos, vigilando boquiabierta cualquier cambio. Levi —o, más bien, el titán Levi — se acercó decidido hacia ellos, destruyendo todo a su paso. Eren y Armin pelearon contra él intentando detenerlo entre ambos, pero la fuerza del titán era tal que logró derribarlos en un segundo. Ésto llevó a Mikasa a reaccionar y sacar sus espadas, lista para atacar en cualquier momento.

Enano... ¿qué te han hecho?

Limpiando las lágrimas en su rostro miró a Zeke, quien se encontraba muy tranquilo en su lugar, disfrutando del espectáculo. Con la rabia sobre ella, Mikasa se encaminó hacia él dispuesta a matarlo, pero Levi se lo impidió sujetando el cable de su equipo, haciéndola caer. La pelinegra volvió a intentarlo varias veces, pero cada vez sucedía exactamente lo mismo, Levi se lo impedía. Fue entonces cuando Mikasa entendió que no tenía otra opción: debía deshacerse del titán.

Perdóname, Levi... no me das opción.

Las lágrimas volvieron al rostro de la chica y, usando su equipo una vez más, encajó el cable sobre la nuca de Levi y se elevó hacia él.

— ¡Enano idiota! ¡¿Cómo te atreves a dejarnos así?! ¡Éramos un equipo! ¡No tenías que venir tú solo!

La pelinegra preparó sus espadas y se puso en posición de ataque, girando en círculos como lo aprendió del capitán.

— Levi... ¡Te amo!

Dejando salir toda la fuerza que tenía en esos momentos, hizo un corte profundo sobre el titán, matándolo al instante.

...

Mikasa despertó en la habitación del hospital, con lágrimas brotando sobre sus mejillas y su respiración bastante agitada.

— Levi...

El azabache dormitaba en el sillón pacíficamente, y Mikasa se acercó con sigilo hacia él, acariciando con ternura el cabello del chico.

— Levi... ahora recuerdo... quiénes solíamos ser... Pero, éso sucedió hace mucho tiempo... no creo que tú lo recuerdes. Y por éso... me iré.

...

El azabache y Mikasa se encontraban en el departamento, charlando sobre aquella historia que sólo ellos dos recordaban.

— Así que... moriste, y yo no sabía qué hacer, me sentía tan vacía...

Levi escuchaba con atención cada palabra dicha por Mikasa, asintiendo cada vez que concordaba con la historia.

— Y fue por éso que enloquecí totalmente y fui tras Zeke luego de éso... y...

— Mikasa...

— Cuando recordé lo que hice y desperté en ese asqueroso hospital me sentí aún más confundida que antes, creí que esa vida ya no existía, que tú ya no existías, que no eras quien yo conocía... y tomé la decisión de regresar con mis padres, no quería seguir aquí sabiendo lo que te había hecho-

— Cállate ya, mocosa.

Sin poder contenerse más, Levi tomó a Mikasa de las mejillas y unió sus labios a los de ella con suavidad. Mikasa correspondió a ese beso dejando resbalar una lágrima que desapareció cuando el azabache pasó su dedo pulgar sobre ella. El cálido beso fue tomando intensidad, así como las respiraciones de ambos Ackerman fueron volviéndose más y más agitadas. La pelinegra posó una mano sobre la cabeza del contrario, entrelazando sus dedos en el suave cabello de Levi atrayéndolo más a ella, como si temiera que algo fuera a separarlos de nuevo.

— Mikasa, no debes temer, yo estoy aquí...

— Lo sé, Levi... y a decir verdad, tenía bastante tiempo esperando que hicieras algo así...

— ¿Hmm? ¿Hacer qué?

Mikasa sonrió rodando los ojos y volvió a pegarse a él, uniendo una vez más sus labios depositando un corto y pasional beso. Ambos se sonrieron —Levi soltando una breve y silenciosa risilla— y volvieron a unir sus labios por sólo un segundo, porque el azabache se separó enseguida.

— Por cierto, Mikasa... Nunca pude decirte-

— Me amas.

La pelinegra lo miraba con un visible sonrojo en sus mejillas y Levi asintió, también sonrojado y acariciando la mejilla de su mocosa.

— Te amo, Mikasa.

La chica sostuvo la mano del azabache sin apartar la mirada de los ojos azul naval del contrario. Sabía que por fin había encontrado al hombre que ella conocía, y también sabía que no importaba que no recordara a la Mikasa que fue después, porque tenía a su lado a Levi, y éso le era suficiente.

Te recordaré por siempre, enano...