Gracias a: Tepyta, un guest, 11, Ale, nana010, Anikatt, Acharya―chan.
Como siempre, muchisisisisisimas gracias por seguir la historia y por dejar comentarios. Gracias por el apoyo, por la espera y por el amor y paciencia que le tienen a mi pobre intento de historia. Las adoro un montón!
Me gustó mucho que el capítulo anterior les gustara a pesar de que no hubiese mucho Klaroline. Comentaron por ahí que no querían que convirtiera a los personajes en vampiros; no se preocupen chicas, esta no es una historia supernatural, easy ladies. También aclarando que Henrik se quedó en la mansión en MF ya que como había mencionado en un capitulo, todavía no tiene la edad para salir en misiones con ellos.
**Muchas gracias a Barbie Ramos, quien se hizo una cuenta solo para seguir mi historia. ME HICISTE EL DÍA CON ESO, PRECIOSA! Gracias por leerte mi historia hasta la madrugada, y por re-leerla cada vez que publico.
Gracias gracias en general a todas las que siguen la historia con tanta paciencia! Sin ustedes no soy nada porque sin sus comentarios tan bonitos, no tendría muchas ganas de seguir la historia pero la hago porque sé que no soy la única que desearía que esa pareja este junta y por lo menos las tengo a ustedes para que me acompañen en mi dolor, jajaja.
Las amo! Nos leemos en el cap siguiente, por favor, déjenme sus comentarios, opiniones, tomatazos y lo que se les antoje! loveuall, xoxo.
20.
―Entiendo que quieras permanecer lejos de él porque bueno… es Kol-violador-Mikaelson, tienes todas las razones del mundo para hacerlo… pero te compró un regalo ―Caroline se encogió de hombros viendo el bonito medallón que yacía sobre el buró de Bonnie.
Bonnie arrugó el ceño.
― ¿Enserio, Care? ¿Enserio? ―elevó su voz molesta―. El chico casi te viola, ¿y tú haces que considere darle una oportunidad? ¿Estás loca?
Caroline arrugó su cara en una expresión aniñada.
―Sí, bueno, de acuerdo… tienes razón. Lo siento ―murmuró.
Bonnie rodó sus ojos.
―Ya veo lo mucho que te está afectando pasar tiempo con Klaus Mikaelson. Ahora hasta perdonas a su hermanito y quieres hacerme su novia.
―No me regañes ―apuntó Caroline molesta―. Nada de eso está pasando, pasar tiempo con Klaus no me está afectando.
―Oh claro que sí. Y estoy segura de que Elena concordaría con ello, incluso Katherine quien no te ha visto en mucho tiempo.
Caroline rodó sus ojos.
―Creo que Katherine piensa igual que ustedes ―murmuró apenas.
Bonnie levantó una ceja.
― ¿De?
―Del asunto de Klaus, caray ―se sacudió la cabeza dos veces y se tomó el cabello con ambas manos―. Sus palabras me están haciendo tener serias pláticas con mi cerebro.
― ¿Nuestras palabras? ―Bonnie sonrió―. Care, Klaus se muere por ti, tú te mueres por él. ¿En dónde tenemos que ver nosotras y nuestras palabras? ―bufó.
―Ugh, ustedes hacen todo tan complicado.
―No lo hacemos, pero tú sí que lo haces; te he dicho que involucrarte con un Mikaelson no es seguro e involucrarte con más de uno es peor. Aléjate de ellos Care…
―No puedo, Bonnie ―respondió molesta―, hemos hablado de esto antes; estoy organizando un baile para su familia, no puedo simplemente desaparecer y dejarle de hablar, es un maldito compromiso.
Bonnie suspiró.
―De acuerdo, lo siento.
―No lo sientas… solo no discutas el tema de nuevo.
Bonnie la vio y asintió a duras penas. En realidad tenía un sentimiento horripilante acerca de los Mikaelson y que Caroline conviviera con ellos más de la cuenta, le sumaba más puntos horribles para no confiar en ellos. Su mejor amiga estaba involucrada con uno de ellos y podía ver en sus ojos que podía llegar a ser algo serio. El tal Niklaus también se veía seriamente involucrado con ella y ella no quería que su Caroline tuviese nada que ver con el o con ninguno de los otros Mikaelson.
―Bien, ¿y cómo esta Katherine? ―preguntó tratando de cambiar el tema de conversación.
Caroline entrecerró los ojos.
―Pensé que no te agradaba Katherine.
Bonnie se encogió de hombros.
―No me no desagrada… solo me desagrada la idea de que tengas otra mejor amiga aparte de nosotras.
Caroline sonrió en grande.
―Ustedes dos siempre serán mis mejores amigas.
Bonnie rio y asintió.
―De acuerdo, no puedo discutir ese tema contigo. Ahora, ¿iremos a la fiesta que Alison DiLaurentis hará el viernes en su casa?
Caroline lo pensó.
―Supongo que sí. ¿Qué nos pondremos? ―preguntó emocionada y con eso, todo tema de Klaus o los Mikaelson se olvidó.
―No Te Vayas Sin Mí―
―La extrañas ―la voz de su madre lo sacó de sus pensamientos.
Klaus volteó a ver a su madre con un rostro confundido.
―A la muchacha Forbes. Te conozco mejor que nadie, Niklaus. Extrañas a esa chiquilla rubia.
Él se quedó callado.
―Es una buena amiga.
―Haz dicho eso varias veces pero sé que la consideras más que eso.
Klaus tensó su mandíbula y se acomodó en su asiento del jet privado.
―No deseo hablar de esto, madre.
―Yo quiero hacerlo.
―No tiene sentido. Caroline no es nada más que una amiga.
― ¿Piensas que repitiéndote eso te lo vas a creer? ―Esther dibujo una sonrisilla de lado en su rostro haciendo sentir incomodo a Klaus―. Solo me preocupo por ti, cariño.
Klaus asintió a duras penas.
―Lo entiendo.
―Entonces entiende cuando te digo que involucrarte con una chica como lo es Caroline Forbes, es lo incorrecto.
― ¿Qué es Caroline Forbes? ―cuestionó él prestando atención a su madre.
―Dulce, inocente, pura. Todo lo contrario a ti y a nosotros, Niklaus.
El tragó en seco, sabía eso; sabía que Caroline era eso y que no era un ser oscuro como él lo era. Caroline era un ser de luz y era la luz más brillante que jamás había visto.
―Por favor, no pretendas que Caroline no es eso porque si lo haces, te harás mucho daño, cariño. Eres un hombre grande y responsable. Confío en que sabrás usar la razón antes que el corazón por el bien de esa muchacha ―le miró fijamente a los ojos―. Por tu bien también.
Esther se paró de ahí y se fue a sentar a su sillón y abrió un libro como si no hubiera tenido esa conversación con su hijo.
―Odio romper tu burbuja de sueños y colores, pero madre tiene razón ―canturreó Rebekah por detrás con su voz llena de satisfacción y de alegría.
Klaus quiso rodar sus ojos pero contuvo el acto infantil y se quedó ahí mientras que sentía la cabeza de Rebekah desde atrás.
―Es de mala educación escuchar conversaciones ajenas. Contigo y con Kol siempre es el mismo problema ―suspiró y sacó un cuaderno de trazos y se puso a dibujar ignorando a Rebekah.
Ella soltó una risita.
―No pretendas ignorar todo lo que madre te dijo con tu cuaderno, Nik. Sabes que tiene razón.
― ¿Por qué odias tanto a Caroline?
Rebekah guardó silencio y abrió sus ojos muy en grande sintiéndose atrapada como una niña pequeña, pero se compuso a los tres segundos y resopló fingiéndose ofendida.
―Yo no odio a esa chica, eso significaría prestarle un poco de mi tiempo y ni siquiera eso ocupa.
―He escuchado lo que le has dicho en la fiesta de ese día en la casa. También se lo que hiciste, como le arruinaste la fiesta a último momento. ¿En qué demonios pensabas, Bekah?
Esta vez, Klaus volteó a ver a una Rebekah con un semblante arrepentido y molesto.
―Yo… yo no he dicho nada. No hice nada de eso.
Klaus suspiró.
―Caroline me ha dicho que estas celosa de ella ―Rebekah arrugó el ceño―. Porque piensas que ella me robara de ti o algo por lo parecido ―esbozó una sonrisilla canalla que hizo a la rubia arrugar todavía más el ceño.
― ¡Esta loca! ―gritó enojada.
Kol levantó su mirada para ver a Rebekah inclinada hacia el asiento de Niklaus y Elijah ni siquiera mostró interés por los gritos de Rebekah, eran constantes y estaba acostumbrado a ellos. Esther tampoco se inmutó.
―No está loca y creo que tiene razón.
― ¿Ahora escuchas lo que ella te dice? No puedo creerlo, Nik. No puedo creer que le creas a esa…
― ¿A esa…? ―Klaus levantó una ceja esperando a que Rebekah terminara de argumentar.
― ¡Agh! No estoy celosa de ella.
―Yo creo que sí ―apuntó el divertido.
―No.
―Sí, creo que si lo estas.
Ella cerró el entrecejo y arrugo la boca en una mueca molesta que hizo a Klaus sonreír todavía más. ¿Cómo no podía enternecerle ese simple acto de parte de su hermanita? La amaba como a nadie y saber que estaba celosa de Caroline le hacía sonreír. Después de todo, junto a Rebekah se sentía querido y amado la mayoría del tiempo aunque ella lo demostrase en actos caprichosos e infantiles.
― ¡Que no! Haz lo que quieras. Créele lo que quieras a esa organizadora de cuarta.
― ¿Sabes que no te cambiaría por ninguna otra chica, cierto Bekah? ―dijo el ignorando el rostro furioso de Bekah y sus palabras también.
Esther sonrió un poco desde su asiento sin levantar la vista para después seguir leyendo su libro. Kol rodó sus ojos y Elijah apreció esas palabras por parte de su hermano menor. Nadie demostraba amor a nadie en esa familia. Si acaso todas las muestras de cariño que se hacían eran para Henrik y por Henrik. A Rebekah le hacía falta escuchar ese tipo de palabras porque la pobre chica pensaba que nadie en esa familia la apreciaba o la quería.
Rebekah tragó en seco y se quedó callada. Era una mujer fuerte, carajo que lo era. ¡Era la mujer más fuerte que su edad había conocido! Había pasado por mucho, había vivido mucho, había visto y escuchado muchas cosas, había sentido de más. Y aun así, quiso llorar por esas palabras. Niklaus era el ser que más amaba en todo el planeta y no podía creer que a pesar de que ella si se encontrase celosa de Caroline Forbes y de que el la frecuentara y que estuviese repudiando a la chica Forbes como nunca había repudiado a nadie más, no se encontrase más enojada con Klaus y le perdonase simplemente por esas palabras, palabras que jamás había escuchado y que ahora la quebraban como a un pobre cristal frágil y viejo.
Ella asintió un poco sin decir nada y regresó a su asiento aun guardando silencio. Se sentía vulnerable y ese era un estado peligroso para ella; peligroso porque Rebekah Mikaelson no era vulnerable, era fuerte, capaz, grande. La vulnerabilidad estaba fuera de lo que ella era y no deseaba ser vista así.
Klaus la observó absorta en sus pensamientos y volteó la mirada al frente cuando vio que la chica se puso sus audífonos y se puso a escuchar música.
Claro que nunca mostraba sus sentimientos pero Rebekah se merecía saber eso. Merecía saber que ella era su única chica y que era la persona más importante en su vida. Rebekah siempre había sido la razón de todo aquello, la razón de aguantar golpes, gritos, regaños. Rebekah y Henrik habían sido la razón de muchas cosas, inclusive Kol.
Odiaba que Rebekah les acompañara en misiones, pero era una parte tan importante que la muchacha supiera defenderse y supiera no tener miedo a la sangre y a la violencia que los involucraba. Ese era el mundo real; era oscuro, peligroso y aterrador. Klaus quería encerrarla en una burbuja de cristal y jamás dejarla salir, pero era imposible. Entonces, Rebekah les empezó a acompañar en misiones apenas y cumplió los quince años. Era una cría, era una chica tímida, asustadiza e inocente. No más, esa Bekah se había borrado de sus vidas. Rebekah se había convertido en eso para esconder su verdadera identidad. Necesitaba ser fuerte y la inocencia no le iba a servir de un carajo.
Entonces Klaus se dio cuenta que él había preferido hacer la mayoría de las misiones junto a Kol y a Finn, a quienes en realidad no les importaba mucho salir a matar villanos, para que Rebekah no se viera tan involucrada en ese mundo de sangre. Se dio cuenta de que tenía una razón por la cual regresar a casa sano y salvo, y esa razón eran Rebekah y el pequeño Henrik. Supo que era amado por dos pequeñines y quiso ocultarlo dentro de su corazón. También quiso ocultar que él los amaba como a nadie y se guardó ese amor durante muchos años.
Pero Rebekah necesitaba de él, necesitaba amor. Era tiempo de que se empezara a tomar el rol de hermano mayor más enserio.
