La verdadera historia de Candy White
(capitulo 20)
Chicago, 'Hospital Santa bárbara', noviembre 1915.
Candy no puede dar crédito a sus oídos de lo que acaba de oír: Albert la estaba rechazando por completo, y a pesar de seguir amando a Terry, las palabras frías de su amigo le helaban el alma y se sentía más sola que nunca.
Albert observa a la rubia pecosa en silencio, y al ver lo pálida que se ha puesto se le ablanda el corazón: después de todo en el amor no hay razón, y seguramente la noticia del regreso de Terry con Susana debía haberla dejado desamparada. Sin embargo él tenía su orgullo y ya era hora de que alguien la pusiera en su lugar y que ella aprendiera a no jugar con los sentimientos de los demás. De ahora en adelante el ya no sería más su títere, estaba cansado de hacer el papel de pendejo y por mas amnésico que fuese, todo tenía su límite y él ya había perdido la paciencia con aquella chiquilla inmadura que no hacía más que coquetear con él, para luego darle la espalda. No hay nada como el orgullo herido de un hombre por una mujer y Albert no hacia excepción a la regla. A partir de ahora el sería más firme con Candy y mantendría cierta distancia corporal.
Candy se siente avergonzada de cómo han cambiado las tornas, y al oír las palabras verídicas de su amigo tiene remordimientos de consciencia: Albert no había hecho otra cosa sino que amarla, y sin embargo ella nunca supo apreciar su bondad ni fidelidad, y era de esperarse que algún día él se cansaría.
La voz fría de Albert la regresa a la realidad:
"Sera mejor que regresemos a casa que ya es tarde y está empezando a oscurecer."
La rubia pecosa se siente repentinamente tímida al oírlo hablar con sequedad, y todavía lastimada por su rechazo le contesta con una vocecita: "me parece que es una buena idea pues ya me está dando frio."
Impulsivamente Albert se quita la chaqueta que lleva puesta, y acercándose a Candy le cubre la espalda con ella.
"Gracias Albert que justamente era esto lo que necesitaba." Le dice la rubia pecosa poniéndose roja como un tomate al sentir el contacto de sus dedos en su piel.
'Que sensación tan extraña me está recorriendo el cuerpo y porque estoy temblando como una hoja?'
"No quiero que te resfríes ahora que llega el invierno, pues el hospital y sus pacientes te necesitan." Le contesta Albert con indiferencia.
"Gracias de todos modos." Murmura la rubia pecosa tentativamente.
Los 2 caminan de regreso al hogar en silencio absoluto y Candy ya no ve la hora de llegar y refugiarse en su habitación. Sin embargo apenas abren la puerta de la entrada, la voz de Albert la detiene:
"quiero que hablemos antes de irte que tengo algo que proponerte."
Mirándolo curiosamente, la rubia pecosa le pregunta tentativamente: "de que se trata?"
Aclarándose la garganta, el hombre rubio de cabellos largos continua: "quiero que te tomes unas vacaciones y te vayas a tu hogar de infancia por un par de semanas. Te hará bien otro cambio de aire y además has estado trabajando muchísimo todo este tiempo."
"Porque no dices mejor que te molesta mi presencia y que quieres que me aleje de ti?" Le dice Candy todavía dolida.
Acercándose a la rubia pecosa, el hombre rubio de cabellos largos le pone las manos en los hombros, y mirándola fijamente le dice: "yo solo quiero lo mejor para ti y se lo mucho que extrañas el 'Hogar de Pony' del que tanto me hablaste desde que nos conocemos."
Tragando con dificultad al sentir los dedos de Albert en su piel, la rubia pecosa continua: "es verdad, no veo el momento de correr por las colinas verdes y subirme por los árboles, además que extraño muchísimo a la señorita Pony y a la hermana María…"
"Pues que no se hable más del asunto y mañana mismo pides permiso al hospital para marcharte cuanto antes." Termina Albert afablemente.
"Podrás quedarte solo por tanto tiempo?" Le pregunta la rubia pecosa tentativamente.
"Por supuesto que sí, y quiero agradecerte por lo bien que me has cuidado en este ano amiga, pues de no ser por ti todavía estaría errando por las calles sin saber dónde ir, y a pesar de no haber recuperado la memoria me siento muy feliz de tener un techo y a la mejor enfermera del mundo." Le contesta el hombre rubio de cabellos largos con voz emotiva.
"Gracias por tus lindas palabras Albert y yo también me siento muy feliz de tenerte a mi lado, pues eres realmente mi mejor amigo y solo contigo puedo hablar libremente de cualquier tema."
Para toda respuesta, el hombre rubio de cabellos largos le lanza una mirada llena de ternura y a Candy le da un vuelco el corazón: 'tiene la sonrisa más tierna que he visto, y que ojos tan intensos…'
"Porque no me ayudas a cocinar algo para esta noche?" Le interrumpe Albert sacándola de su ensueño.
"Es una excelente idea pues ya me está empezando a dar hambre!" Exclama Candy aliviada de constatar que las cosas volvían a la normalidad.
"Desde que te conozco he de notar que tienes un buen apetito jovencita." Le dice Albert riéndose a carcajadas.
"No me hagas sonrojar…" Le dice la rubia pecosa ruborizándose, y guiñándole del ojo termina riéndose a carcajadas también.
Esta misma noche los 2 amigos cenan charlando largamente, y ya cuando llega la hora de acostarse a la rubia pecosa le cruza por su mente un pensamiento reconfortante: 'menos mal que solo estaré ausente por 2 semanas, pues los momentos que paso con Albert son muy especiales para mi…'
A la mañana siguiente Candy se va directamente a la oficina de la directora general del 'Hospital Santa Bárbara', y después de pedirle permiso para ausentarse por un par de semanas, esta decide darle 3 por lo bien que ha trabajado en estos 2 años y medio: "además son las primera vacaciones que te tomas desde que llegaste acá." Añade afablemente.
"Muchísimas gracias señora Stevenson."
Sonriendo amablemente, la directora regresa su atención a los papeles que tiene en su escritorio y la rubia pecosa entiende que la conversación se ha dado por terminada, y sale de su oficina.
Es una mañana fría de comienzo de invierno, y al salir fuera del edificio la rubia pecosa respira el aire puro y piensa con delicia que ya muy pronto será navidad, época favorita suya pues representaba para ella los momentos más felices de su vida: Anthony y la tía abuela habían hecho una fiesta en su honor una navidad pasada, su regreso en el 'Hogar de Pony' también resulto ser más o menos para esa fecha y este ano lo pasaría junto a Albert…
Albert ve a la rubia pecosa llegar desde la ventana del salón, y dirigiéndose hacia la puerta principal la hace pasar rápidamente: "entra ya que si no te resfriaras y no quiero que te enfermes antes de tu viaje."
Al oírlo hablar con dulzura, Candy levanta la mirada hacia el hombre rubio de cabellos largos y se pone a temblar al notar la mirada intensa de el: "gracias Albert, y no te preocupes que estoy bien preparada para el crudo invierno que nos espera."
"Te cocinare algo rico para tu última noche Candy, y si necesitas ayuda con la maleta avísame."
"Eres tan bueno conmigo Albert, y a decir verdad no sé lo que haría sin ti…" Le dice la rubia pecosa humildemente.
Otra mirada intensa, y el hombre rubio de cabellos largos le dice: "solo me comporto como el buen amigo que soy para ti, y además eres igualmente independiente como yo así que te las arreglaras muy bien sin mí."
"De todas maneras te echare mucho de menos, y prometo escribirte de vez en cuando para saber cómo estas." Continúa la rubia pecosa.
"No lo hagas por favor que estas son tus vacaciones y quiero que te relajes completamente, y para tu regreso estaré esperándote." Le dice Albert firmemente.
'Albert estará esperándome...'
"Porque no terminas de arreglar tu maleta y me dejas empezar con los preparativos de la cena?" La interrumpe Albert sacándola de su ensueño.
"Está bien pero yo fregare los platos!" Exclama la rubia pecosa guiñándole el ojo, y sin esperar su respuesta se va corriendo a su habitación.
'Que chiquilla es!' Piensa Albert meneando la cabeza.
Después de terminar de empaquetar completamente su maleta, la rubia pecosa se para frente a su espejo para contemplarse y descubre las nuevas curvas femeninas que se habían ya formado en su cuerpo: definitivamente ya no tenía nada de niña y muy pronto sería una mujer. De repente un pensamiento cruza por su mente y sonroja fuertemente al darse cuenta que la persona en cuestión es Albert: 'me vera el como a una mujer o más bien una niña?'
Dirigiéndose hacia el baño, Candy abre el grifo del agua y se moja la cara para hacer desaparecer aquellos pensamientos aún demasiado sensuales para la adolescente que todavía era.
'Que es lo que me está pasando con Albert?'
Respirando profundamente, Candy decide retocarse un poco la cara, y agarrando un pintalabios se maquilla los labios ligeramente de un color rosado claro, y luego de pasarse un cepillo por sus cabellos opta por una cola de caballo. Satisfecha con su nueva imagen se dirige hacia el armario para elegir un vestido adecuado para la ocasión.
Albert está sentado en el sofá del salón leyendo el periódico, cuando su mirada cae repentinamente sobre la rubia pecosa a quien ve bajar las escaleras lentamente, vestida elegantemente, y observándola bien se da cuenta de que se ha maquillado ligeramente:
"se puede saber a qué se debe todo esto o es que estas esperando visita?" Le pregunta el hombre de cabellos rubios divertido.
Sonrojando levemente, la rubia pecosa le contesta incomoda: "no. Yo solo quise arreglarme un poco para nuestra última cena antes de mis vacaciones."
"Solo estarás ausente por un par de semanas, pero igual te ves bien bonita con el pelo recogido." Le contesta Albert suavemente y a Candy se le enternece el corazón al oírlo hablar así.
"Gracias Albert, pero porque no dejas que te ayude con los preparativos de la cena si ya termine de empaquetar la maleta?"
"Ya está todo listo, y como dijiste: tu fregaras los platos!" Exclama el, guiñándole el ojo.
"Por supuesto que sí, y por cierto que es lo que comemos esta noche?"
"Es una sorpresa pero creo que te gustara. Que te parece si me hablas más del 'Hogar de Pony', que siempre me fascino saber sobre aquel lugar de tu infancia." Le pregunta Albert intrigado.
"El 'Hogar de Pony' es el sitio más verde que he visto y tiene los arboles más enormes del país: el lago de Michigan es hermosísimo con sus colores verde azulejos y guardo muchísimos recuerdos gratos de mi niñez…" Le dice Candy con voz emotiva.
"Me gustaría ir contigo un día." Le sorprende Albert.
"En serio?! A mí me encantaría llevarte conmigo pues estoy segura de que le caerías muy bien a la señorita Pony y a la hermana María! Te verían como al hermano mayor que nunca tuve y te acogerían con brazos abiertos!" Exclama la rubia pecosa alegremente.
"Sera para otra ocasión: ahora debes ir sola y relajarte por completo, pues quiero que cuando regreses en un par de semanas estés llena de fuerzas y con una nueva energía." Le dice Albert firmemente.
"Te lo prometo amigo, pero sabes una cosa: da la casualidad de que Anthony también me pidió lo mismo antes de morirse…" Le dice la rubia pecosa con voz entrecortada.
"Anthony fue tu primer amor, verdad?"
"Mi segundo, pues conocí al príncipe de la colina bien antes."
"Ah sí, recuerdo que me dijiste que se vieron por primera vez en tu 'colina de Pony'." Le dice Albert pensativo.
"Daria todo por volver a verlo algún día pues yo nunca lo olvide…" Murmura Candy con voz sonadora.
"Quién sabe? Yo pienso que tarde o temprano uno vuelve a cruzarse con la persona en el sitio exacto en donde todo comenzó." Le afirma Albert con convicción.
"Ojala tengas razón Albert.
"Ten confianza en mí pequeña." Le dice el hombre rubio de cabellos largos agarrándole la barbilla brevemente, y al ver la mirada intensa de su amigo Candy siente que le falta la respiración.
"Creo que me mejor voy a prepararme un té para calentarme pues siento un repentino frio invernal!" Exclama la rubia pecosa alejándose rápidamente de el.
"Muy buena idea y porque no me preparas uno a mí también?" Continúa Albert como si nada.
"Por supuesto que sí, pero porque no te sientas mientras yo me ocupo de calentar el agua?" Le contesta Candy con el corazón latiéndole fuertemente.
'menos mal que me voy por 3 semanas porque debo de reflexionar sobre cuáles son mis verdaderos sentimientos hacia Albert, y lo que pasara ahora que Terry ha salido de mi vida…'
Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', a la mañana siguiente.
Albert y Candy están esperando el tren rumbo a Michigan aquella mañana fría de noviembre y se pone a nevar repentinamente.
"Cuando regrese ya será diciembre, y faltara muy poco para los preparativos navideños!" Exclama la rubia pecosa alegremente.
"Te estaré esperando, y te prometo organizar algo bonito para tu época favorita del ano amiga." Le contesta Albert mirándola tiernamente.
"Que buena memoria tienes a pesar de todavía no haberla recuperado, y esto me convence cada vez más de lo bien que me conoces." Le dice Candy con voz emotiva, y voltea la cabeza para esconder su cara levemente sonrojada.
"Este ano que viví contigo aprendí a conocerte profundamente y a apreciarte mucho. Adiós Candy y hasta pronto!" Le contesta Albert dándole un beso rápido en la frente, y antes de que la rubia pecosa pueda reaccionar se aleja rápidamente dejándola boca abierta y con sentimientos confundidos.
El silbido agudo del tren saca a Candy de su ensueño, y subiéndose rápidamente busca una cabina vacante en donde sentarse y descansar un poco durante el largo viaje.
Michigan, sobre el mediodía, noviembre 1915.
Candy se baja del tren contemplando los alrededores de su hogar de infancia y se da cuenta de que todo sigue igual, a pesar de haber pasado casi 3 años desde la última vez en que había estado aquí:
'Que curioso que justamente regrese de Inglaterra una misma mañana fría de noviembre, hacen exactamente 3 años… Que dirán la señorita Pony y la hermana María después de tanto tiempo que no las veo? Acaso me reganaran por haber esperado tanto para volver?'
Candy camina pensativa durante un largo tiempo sin darse cuenta de que ya está cerca de su dulce hogar, y levantando la mirada repentinamente lee:
HOGAR DE PONY, ORFANATO PARA NINOS DE TODAS EDADES.
"Señorita Pony! Hermana María regrese!" Grita la rubia pecosa bajando la colina apresuradamente hasta llegar delante del 'Hogar de Pony'.
Los niños están jugando afuera, y al ver a su ídolo llegar exclaman alegremente corriendo hacia ella: "Candy regreso!"
Al oír las voces agitadas de los niños, las 2 mujeres salen apresuradamente de la casa y su sorpresa es inmensa al encontrarse frente a frente a la joven rubia de cabellos rizos:
"Candy eres tú, y como cuanto has crecido en los 2 años y medio que no te vemos!" Exclaman la señorita Pony y la hermana María a la vez.
Acercándose a sus 2 madres postizas, la rubia pecosa las abraza efusivamente murmurándoles a cada una en el oído: "perdónenme por la tardanza, pero han pasado tantas cosas en estos últimos anos que ni se imaginan."
"Sabemos por tus cartas frecuentes de que has avanzado mucho en tu carrera de enfermera, sin embargo más nunca nos mencionaste a Terry: que paso con él?" Le pregunta la señorita hermana María mirándola fijamente.
"Porque no dejas que Candy descanse un poco, que seguro debe de estar cansada después de un viaje tan largo." Interrumpe la señorita Pony guiñándole el ojo a la rubia pecosa.
"Ya les contare todo con lujo de detalle cuando llegue el momento adecuado." Les contesta Candy, sonriéndole con agradecimiento a la señorita Pony, que por ser la mayor era también la más sabia de las 2, y siempre había sido la más paciente.
"Sea cual sea la razón de tu visita inesperada, nos alegra tanto poder tenerte a nuestro lado temporalmente, y ya habrá tiempo para charlas largas." Añade la hermana María tomándola del brazo pues se sentía inmensamente feliz de tener a su chica favorita junto a ella.
"No se imaginan la falta que me han hecho las 2, y les prometo nunca más demorarme tanto en volver!" Exclama la rubia pecosa con voz emotiva.
"Cuanto tiempo te quedas esta vez Candy?" Le pregunta uno de los niños apareciendo súbitamente.
"Me dieron 3 semanas de vacaciones, así que aprovechare del aire puro de esta región montañosa y jugar con ustedes chicos!" Exclama la rubia pecosa guiñándoles el ojo a los niños.
"Entonces te subirás en los arboles con nosotros?" Le pregunta Josh guiñándole el ojo de vuelta.
"Pero que cosas dices Josh si Candy cumplirá 18 el año próximo y ya no es ninguna niña!" Exclama la hermana María sacudiendo la cabeza.
"Yo nunca dejare de subirme en los arboles ni cuando sea una viejita!" Exclama la rubia pecosa, y acto seguido se va corriendo hacia la colina Pony ignorando los gritos de advertencia de sus 2 mujeres favoritas.
Esta misma noche después de haber acostado a los niños, la señorita Pony y la hermana María se acercan tentativamente hacia la rubia pecosa, y le preguntan con curiosidad: "ahora nos gustaría que nos contara toda la verdad acerca de este viaje tan repentino Candy, que algo nos dice que no es pura casualidad que estés aquí."
Aclarándose la garganta, la rubia pecosa empieza: "en verdad estoy aquí porque Albert me lo pidió…"
"Albert es el amigo tuyo que sufre de amnesia, verdad?" La interrumpe la hermana María mirándola fijamente.
"Así es. No sé cómo empezar a contarles esta historia que ya es bastante complicada pero lo hare. Cuando trajeron a Albert al hospital el año pasado yo decidí encargarme del personalmente, ya que era un tierno amigo de mi pasado quien siempre estuvo pendiente de mí: desgraciadamente el confundió mis sentimientos amicales por él y termino enamorándose por completo de mí, lo que fue complicando las cosas entre Terry y yo pues ahí comenzaron los celos. Finalmente la que salió perdiendo fui yo pues Terry se cansó de mi bella relación amigable con Albert y decidió regresar con Susana, y yo me quede sola…" Les narra la rubia pecosa tristemente.
La hermana María la mira largamente antes de concluir: "y tú también terminaste enamorándote de Albert, pero él también se cansó de tu incertitud y por esto te alejo de él y te mando aquí, para que puedas reflexionar sobre tus verdaderos sentimientos."
Al oírla hablar con tanta convicción, Candy se pone roja como un tomate y exclama agitada: "pero que dice si yo al que amare siempre es a Terry!"
"Porque no escuchas lo que te dice el corazón Candy? Te conozco demasiado bien y he observado como brillan tus ojos cuando hablas de aquel amigo amnésico que tienes. Lo malo es que todavía no te has dado cuenta de que a veces el corazón tiene tendencia a desviarse, y tal como amaste a Anthony en tu niñez, luego te enamoraste de Terry en la flor de tu adolescencia y ahora que vas rumbo a ser casi la mujer adulta que eres, amas profundamente a Albert y todavía no lo sabes." Intuye la hermana María.
"Basta ya que no es verdad! Albert es mi mejor amigo, y si quiere saber la verdad, hay alguien que siempre ha estado presente en mi corazón. Lo conocí en la colina de Pony a los 6 años de edad y yo nunca lo olvide a pesar de solo haber intercambiado unas cuantas palabras: fue aquel terrible día en que recibí la carta de despedida de Annie, justo cuando la acababan de adoptar los 'Brighton', y mientras yo lloraba desamparada escuche la melodía más hermosa de mi vida, y al levantar la mirada descubrí al chico más dulce y apuesto que haya visto jamás… Mi príncipe de la colina logro hacerme sonreír otra vez con sus palabras reconfortantes, y a pesar de los años que han pasado más nunca volví a verlo pero no pierdo las esperanzas de volver a hacerlo, y cuando me encuentre frente a él, sabré que no he soñado, ni que fue una ilusión." Termina Candy con lágrimas en los ojos.
Después de un largo silencio, la señorita Pony y la hermana María preguntan al mismo tiempo: "porque no nos contaste nunca sobre aquel encuentro?"
"Pensé que no me tomarían en serio por ser tan pequeña y por esto lo calle. Se lo conté a Anthony antes de su accidente y a Albert hace poco."
"A Albert también? Ya veo que tienes una relación bien estrecha con él y no es de extrañarse: después de todo él fue quien te salvo la vida, aquel día en que casi te ahogaste en el lago Michigan mientras vivías con los 'Leagans' verdad?" Le pregunta la hermana María intrigada.
"A Albert siempre lo vi como al hermano mayor que nunca tuve: la 1era vez que lo vi yo solo tenía 12 y el 20." Recuerda la rubia pecosa con nostalgia.
"Pero ya creciste, y el seguramente te ve como a una mujer y no como a la niña que eras en aquel entonces." Insiste la señorita Pony con voz firme.
"Lo hace porque tiene los sentimientos confundidos y aún no ha recuperado la memoria. Sin embargo el Albert que yo conozco siempre me ha visto como a una hermanita y nunca se fijaría en mí." Continúa Candy testarudamente.
"Y que sabes tú de lo que realmente siente Albert por ti? A veces las apariencias engañan, y si en todos estos años él no te dijo nada es porque sabía lo feliz que estabas con Anthony, y luego con Terry."
Respirando profundamente, la señorita Pony continua: "a mi manera de ver las cosas, la amnesia no cambia los sentimientos de uno y algo me dice que Albert te oculto que te amaba, y ahora que no se acuerda de ti, todo sale a la superficie."
Candy se queda atónita ante aquella declaración de la señorita Pony y reflexiona: era verdad que Albert siempre había velado por ella y aparecía cada vez que ella lo necesitaba.
'será posible que Albert me haya amado silenciosamente en todos estos años?'
Por alguna razón inexplicable, a Candy se le enternece el corazón y sonríe, sintiéndose repentinamente feliz.
Las 2 mujeres observan a la rubia pecosa y toda la duda que tenían acerca de ella se desvanece: Candy se había enamorado de Albert, pero aún no lo sabía…
Bostezando fuertemente, la rubia pecosa declara con cansancio: "me parece que me voy a acostar porque este ha sido un día largo y tengo muchísimo sueno!"
"Ya te tenemos la cama preparada, y dormirás en la antigua habitación que compartías con Annie." Le dice la señorita Pony dulcemente.
"Buenas noches querida, y hasta mañana." Termina la hermana María acercándose a Candy y le da un beso maternal en la frente.
"Buenas noches hermana María y señorita Pony, y quiero que sepan lo dichosa que me siento de haber crecido junto a ustedes, pues no hubiese podido querer a mi verdadera madre más que a ustedes 2."
Y sin esperar la respuesta de las 2 mujeres, la rubia pecosa se va corriendo a su habitación para esconder las lágrimas que están al borde de desramarse.
En las siguientes semanas que pasan, Candy se da cuenta de que se la pasa pensando en Albert más de lo que quisiera y empieza a reconocer, que aquel hombre rubio de cabellos largos le gustaba más de lo que deseaba a pesar de su amor por Terry; Habitualmente estaría subida en algún árbol con los niños, y sin embargo su corazón extrañaba a su amigo y sentía nostalgia por Chicago:
'estaré de regreso en solo una semana y ya no veo la hora de estar allá! Que estará haciendo Albert en mi ausencia y acaso se acordara un poco de mí?'
"Candy acaso ya no vas a jugar con nosotros?"
La voz infantil de Josh la saca de su ensueño, y sobresaltando repentinamente la rubia pecosa le responde: "por supuesto que sí y a ver quién de nosotros llega a la colina de Pony antes!" Y acto seguido, Candy se echa a correr rápidamente.
"Ya verás que te ganare!" Le grita Josh corriendo detrás de ella.
La hermana María que ha estado observando a su chica favorita en estas 2 semanas respira profundamente al ver desde la ventana del salón el intercambio entre Josh y Candy.
"Le preocupa algo hermana María?" Le pregunta la señorita Pony a la monja, al notar lo nerviosa que esta su amiga.
"Es Candy: nunca la había visto tan ausente, y me temo que su enamoramiento por Albert sea más serio de lo que imaginábamos. Es evidente de que el ya no siente lo mismo por ella y tengo miedo de que ella sufra por un amor no correspondido." Le contesta la hermana María con tristeza.
"Porque esta tan convencida de que Albert ya no sienta nada por Candy?"
"De haber sido lo contrario, él nunca la hubiera alejado de su lado mandándola al 'Hogar de Pony'. Insiste la monja.
"Yo no estoy tan convencida como usted, pero de lo que si estoy segura es de que Candy lo ama profundamente aunque todavía no lo sepa. El amor de una mujer es mucho más profundo y duradero que el de una chiquilla y por esto no podía funcionar con Terry; Sin embargo Albert es un hombre hecho y derecho, y a pesar de llevarle unos cuantos años a Candy, ella ya está completamente formada y el año próximo cumplirá 18 años." Le contesta la señorita Pony con firmeza.
"Ojala tenga usted razón, pues yo no quisiera por nada del mundo que Candy sufra una decepción como me paso a mí también cuando era una jovencita…." Murmura la monja al borde de las lágrimas.
"Le aseguro de que esto no le pasara a Candy pues algo me dice que este hombre aun la ama y solo la está poniendo a prueba, y en caso que así no fuera ella se repondría rápidamente y buscaría por otro lado: así es nuestra pequeña pecosa!" Le responde la señorita Pony sonriéndole afablemente.
"Y cómo es que sabe usted tanto sobre el amor?" Le pregunta la hermana María mirándola con curiosidad.
"La edad me ha hecho sabia." Le contesta la señorita Pony guiñándole el ojo y las 2 se echan a reír.
Esta misma noche, la hermana María espera pacientemente hasta que todos los niños se hayan acostado para dirigirse a la habitación de Candy, y abriendo la puerta suavemente encuentra a la rubia pecosa parada delante de la ventana mirando hacia afuera. Acercándose a ella le pone el brazo en el hombro.
"Que susto tan grande me ha dado hermana María!" Exclama Candy sobresaltando.
"Es obvio que has estado tan ausente con tus pensamientos en otro lado que ya ni te das cuenta de lo que pasa a tu alrededor." Le reprocha la monja.
Bajando la cabeza, la rubia pecosa le contesta: "bueno, lo que pasa es que extraño Chicago y mi trabajo más de lo que me imaginaba…"
"Y por supuesto a Albert, admítelo." Continua la hermana María.
Sonrojando levemente al oír aquel nombre, Candy le dice lentamente: "a el también por supuesto… como a un amigo."
Levantándole la barbilla, la hermana María le dice dulcemente: "porque no me cuentas todo lo que paso entre los 2 antes de que Terry volviera a entrar en tu vida?"
Respirando profundamente, la rubia pecosa empieza con su relato: "Albert y yo hemos estado viviendo durante un año bajo el mismo techo y hemos compartido buenos momentos juntos, y el hecho de que tengamos una muy buena química ha hecho que los 2 confundamos la amistad por el amor… Justamente para mi cumpleaños pasado Albert me regalo un anillo de compromiso para que me casara con el cuándo cumpla la mayoría de edad,pero en este mismo instante apareció Terry y nos almo un escándalo. Finalmente me toco hablar con Albert seriamente y pedirle que se olvidara de mí, pues yo todavía amaba a Terry y no lo había olvidado; Sin embargo al hacerlo le partí el corazón y estuvo muy frio conmigo durante un tiempo. Afortunadamente todo volvió a la normalidad, y como las ausencias de Terry se hacían cada vez más frecuentes (por lo de su trabajo en el teatro) Albert y yo nos acercamos cada vez más, hasta que me di cuenta de lo mucho que me agradaba su compañía y lo atraída que me sentía hacia él. Desafortunadamente un día en que íbamos agarrados del brazo, Terry volvió a cruzarse por nuestro camino, solo que esta vez el venia en brazos de Susana, y fue entonces en aquel momento que me di cuenta que lo había perdido para siempre, pues con una sola mirada pude constatar lo mucho que ama a aquella chica…"
"Y justamente en este momento te diste cuenta que te habías enamorado de Albert pero ya era demasiado tarde. Termina la monja suavemente.
"No es verdad. Todavía amo a Terry pero me resigne a perderlo pues vi lo mucho que el ama a Susana…" Insiste la rubia pecosa.
"Porque insistes tanto en negar tu amor por aquel hombre Candy? Te conozco como si fueras mi propia hija, y sin embargo te siento distante últimamente: nosotras solíamos ser buenas confidentes y tú nunca me ocultaste nada." Le reprocha la hermana María dolida.
"Es porque no hay nada que ocultar, y por favor créame que al único chico que yo siempre amare será Terry, y nadie más."
"Ya veo lo testadura que eres pero intentare creerte. Solo quiero que me prometas ser feliz y escuchar lo que tu corazón te dice, de acuerdo?" Le pide la monja seriamente.
"Se lo prometo hermana María. Ya solo me queda una semana con ustedes e intentare aprovecharla de lo máximo. Buenas noches y gracias por la charla."
Para toda respuesta, la monja se inclina hacia la rubia pecosa y le deposita un beso maternal sobre la frente: "Buenas noches mi chica traviesa!" Y acto seguido sale de la habitación, cerrando la puerta detrás de ella.
Candy se queda reflexionando sobre la charla intima que ha tenido con su madre postiza favorita, y se pregunta quien estará a su lado en el futuro:
'Y si ocurriera un milagro y Terry regresara a mi lado?'
Esta misma noche Candy tiene sueños inquietos sobre Terry y Albert en el que los 2 se pelean por su amor, y cuando finalmente abre los ojos a la mañana siguiente respira aliviada de encontrarse todavía en su dulce 'Hogar de Pony'.
Michigan, una fría mañana de Diciembre 1915
Finalmente ha llegado el día de la partida, y al despedirse de la señorita Pony, la hermana María y los niños a Candy se le forma un nudo en la garganta: se marcharía otra vez y dios sabe cuándo volvería.
"No tardes tanto en volver Candy!" Exclama la señorita Pony leyéndole los pensamientos.
"Lo intentare y los extrañare muchísimo a todos ustedes!" Exclama la rubia pecosa subiéndose en el vagón.
"Espera Candy que tengo algo que hace tiempo quería darte." La interrumpe la monja entregándole una cajita dorada.
"Que es esto?" Le pregunta la rubia pecosa tomándola, y al abrirla descubre un collar brillante con diamantes rojos.
Aclarándose la garganta, la hermana María comienza su relato: "nunca te lo dije antes, pero cuando la señorita Pony y yo te descubrimos en el árbol junto a Annie cuando las 2 eran bebes, en tu canasta venia esta cajita dorada, y a mí me parece que debe de haber sido de tu madre."
Abriendo los ojos en grande, la rubia pecosa exclama: "de mi madre? Pero si esta joya debe de valer un dineral, y si no me equivoco este diamante es rubí!"
"Esto reafirma lo que supe siempre: que vienes de una familia rica, y que si tu madre te abandono tuvo que tener sus razones, pero su prueba de amor más grande fue dejarte aquella joya familiar, como símbolo de que siempre estaría a tu lado." Le dice la monja suavemente.
"Y sin embargo me abandono…" Contesta Candy inspeccionando el collar curiosamente.
"A veces la vida no nos deja otra opción…"
"Como le paso con su hijo verdad?"
"Hasta el día de hoy me pregunto que habrá sido de él y si será feliz? Y por esto le pido a dios que lo lleve al camino derecho y que sea un hombre bueno y responsable." Le dice la monja con voz emotiva.
"Le aseguro que así debe de ser…"
Y con lágrimas en los ojos, la rubia pecosa continua: "Gracias por entregarme aquella joya hermana María, pero para mí las únicas madres siempre serán la señorita Pony y usted, y esto nunca cambiara… Adiós y hasta pronto!"
El repentino silbido del tren las hace sobresaltar, y al ver a su chica pecosa alejarse, la monja estalla en llantos.
Tomándola en sus brazos, la señorita Pony le murmura en el oído suavemente: "debes ser fuerte amiga que la vida continua y los hijos también crecen."
Levantando la cabeza del hombro de la anciana, la monja se seca las lágrimas y asiente: "tiene usted toda la razón, y perdóneme por este momento de debilidad."
Sonriéndole tiernamente, la señorita Pony le responde afablemente: "esto me recuerda mucho al día en que llegaste al 'Hogar de Pony' por primera vez. Eras una jovencita a penas mayor que Candy y con la vida por delante, mientras que yo era una mujer hecha y derecha."
"Lo recuerdo como si fuera ayer: usted me acogió con los brazos abiertos, y de ahí surgió una linda amistad." Declara la hermana María con emoción.
Josh, que ha estado observando el intercambio entre las 2 mujeres se ha quedado boca abierto de tantas emociones en una mañana: la partida de Candy, luego la lloradera de la hermana María era demasiado para un niño pequeño como él, y sin saber muy bien cómo reaccionar se pone a toser repentinamente.
"Dios mío, pero si nos hemos olvidado de los niños!" Exclaman la señorita Pony y la hermana María a la vez, volviendo a la realidad.
"No quise interrumpirlas, pero es que tengo frio." Les dice Josh con su vocecita infantil.
"Me parece que pronto estallara una tormenta de nieve, así que regresemos cuanto antes!" Exclama la señorita Pony observando el cielo gris.
"Súbanse todos al coche!" Ordena la monja empujándolos hacia el carruaje alquilado que estaba esperándolos afuera de la estación de tren.
"Súbanse ya, que pronto estallara una tormenta de nieve!" Exclama el chofer abriéndoles la puerta rápidamente, y después de haberse asegurado que todos sus pasajeros están sentados, arranca sin perder tiempo.
Mientras tanto en el tren, Candy observa desde su ventana de la cabina la nieve que acaba de estallar y exclama: "está nevando, qué bien!"
"Ya era hora! Hoy es el 1er día de Diciembre y me parece que tendremos otra navidad blanca!" Exclama una anciana que está sentada justo frente a ella
"Voy de regreso a Chicago, y ya no veo la hora de llegar!" Exclama la rubia pecosa alegremente.
"Acaso la espera algún pretendiente?" Le pregunta la mujer, colocándose unos anteojos para verla mejor.
Candy se pone roja como un tomate al pensar en Albert y balbucea: "bueno no… Es que soy una enfermera y mi trabajo me espera!"
"Pues a mí me parece que una jovencita como usted debe de tener algún novio, o me equivoco?" Insiste la anciana guiñándole el ojo.
"Así es: trabaja en el teatro y por esto no nos vemos muy a menudo." Le miente la rubia pecosa, desviando la mirada para esconder su incomodidad.
"Qué bonito es ser joven! Recuerdo cuando yo también lo era y me parece que solo fue ayer!" Suspira la mujer.
"A dónde va usted señora?" Le pregunta Candy amablemente.
"Yo también voy a Chicago pues vivo ahí con mi marido y solo estaba visitando una pariente que vive en Michigan." Le responda la anciana, y bostezando continua: "me parece que voy a dormir un poco pues a mi edad se necesita más reposo…"
"Descanse señora y la despertare cuando lleguemos." Le dice la rubia pecosa.
"Gracias muchacha y hasta más tarde…." Y se duerme sin terminar la frase.
Candy decide cerrar los ojos también, pues sabe que ya a partir de mañana empieza de nuevo su trabajo en el hospital, y que necesitara fuerzas nuevas para sus pacientes, y Cae en un sueño profundo en el que ve a Albert en todas partes.
El súbito ruido de un silbido la saca de su sueño profundo, y estrujándose los ojos mira por la ventana, y se da cuenta que ya han llegado a Chicago: "Dios mío, pero cómo es posible que haya dormido tanto!" Exclama la rubia pecosa, levantándose de su asiento bruscamente.
"Y yo que contaba en que me despertara!" Exclama la anciana riéndose a carcajadas.
Sonrojando levemente, la rubia pecosa le contesta: "perdóneme señora, pero habitualmente no duermo tanto."
"No te preocupes muchacha que eres muy divertida y hacía mucho tiempo que no me reía tanto!" Le contesta la mujer guiñándole el ojo.
"Damas y caballeros, hemos llegado a la estación de tren de Chicago, y espero que hayan tenido un viaje placentero con nosotros. Adiós, y hasta la próxima vez."
Al oír la voz del conductor anunciar la llegada, la rubia pecosa se acerca a la anciana, y estrechándole la mano le dice: "fue un placer conocerla y mi nombre es Candy White. Trabajo en el hospital de Santa Bárbara, y si me necesita ya sabe dónde encontrarme."
"He oído decir que este hospital tiene muy buena reputación, así que si algo me pasa ya sé dónde localizara." Le contesta la mujer estrechando la mano de la rubia pecosa, y antes de irse le dice: "me llamo Gertrudis Johnson y te deseo mucha suerte en tu profesión. Adiós y ojala nos volvamos a ver!"
"Adiós Gertrudis y hasta pronto!" Exclama Candy saltando del vagón rápidamente para encaminarse rumbo al Hospital Santa Bárbara.
Son ya las 12 del mediodía, y después de 15 minutos de caminata Candy llega finalmente a su hogar, y deteniéndose para respirar profundamente golpea la puerta con anticipación. Unos instantes más tardes Albert la abre, y la rubia pecosa se precipita en sus brazos, abrazándolo efusivamente.
"Candy has vuelto!" Exclama el hombre rubio de cabellos largos acariciándole el cabello, y al sentir el contacto de su mano en su piel, la rubia pecosa se pone a temblar fuertemente.
"No sabes la falta que me has hecho!" Exclama Candy sin soltarlo.
"Tú también me has hecho mucha falta amiga…"
Al oírlo hablar con tanta dulzura, la rubia pecosa levanta la cabeza y exclama atónita: "En serio Albert?"
"Por supuesto que si pequeña. He pasado 3 semanas comiendo solo y sin tener con quien charlar, menos mal que soy un ser independiente y me encanta la naturaleza, o de lo contrario me volvería loco del aburrimiento. Pero ahora estas aquí, y me imagino que debes estar hambrienta verdad?" Le pregunta Albert, sonriéndole con dulzura.
"Que bien me conoces pues la verdad es que me muero de hambre!" Exclama Candy guiñándole el ojo.
"Pues justamente la comida está casi lista, así que pongamos la mesa ya y sentémonos a comer!" Exclama Albert, guiñándole el ojo de vuelta.
'Que dichosa me siento de tener a Albert: nadie me cuida tan bien como él, y que será de mi vida el día que nuestros caminos se separen, pues tarde o temprano el recuperara la memoria y se marchara rumbo a otras aventuras, y desaparecerá como el viento, tal como lo ha hecho siempre…'
La simple idea de que esto pudiera ocurrir entristece a Candy, y suspirando se dirige al comedor para ayudar a su amigo a poner la mesa.
"He estado pensando mucho en la navidad últimamente, y me parece que tendremos que empezar a poner decoraciones navideñas en el apartamento para hacerlo más acogedor, que te parece?" La interrumpe Albert, sacándola de su ensueño.
"Navidad… Mi época favorita del ano y ya no veo la hora de que llegue!" Exclama Candy sintiéndose repentinamente feliz, pues muy dentro de su ser tenía la certitud de que esta navidad sería diferente, y especial para ambos…"
Michigan, 'Mansión de los Leagans', nochebuena 1915
Hoy es el 24 de Diciembre, y para la ocasión Ruth Leagan ha organizado una cena navideña invitando a todos los solteros elegibles de la alta sociedad, pues aun no descartaba la idea de que su hija Eliza se casaría muy pronto; Para Neil todavía había tiempo pues los hombres podían divertirse un poco antes de establecerse por completo y tener una familia. Mirando a su alrededor sonríe satisfecha al ver lo bien que habían decorado su hogar, y decide ir a la cocina para dar las ultimas ordenes necesarias sobre el buffet.
Sola en su habitación, Eliza se está arreglando, y para la cena navideña ha decidido ponerse un vestido azul marino y unos pendientes del mismo color, acentuando sus ojos castaños claros. Suspirando tristemente se da cuenta que en realidad está sola y no tiene a nadie con quien compartir la navidad: su única amiga la hermana Gray seguía en Londres, y a pesar de haberse propuesto estudiar para mejorarse e reunirse con ella para ejercer la profesión de profesora tal como deseaba, todavía faltaba mucho para esto, y justamente hoy sentía la necesidad de poder desahogarse con alguien. De repente pasa por su mente la imagen de la señora Elroy, y sin perder tiempo se dirige a su habitación y golpea la puerta.
"Adelante!" Exclama la voz autoritaria de la señora Elroy.
"Disculpe la interrupción tía abuela, pero es que me siento tan sola esta noche y necesito la compañía de una confidente." Balbucea la joven de cabellos castaños claro tímidamente.
"Eliza te ves hermosísima y estoy segura de que capturaras el corazón de algún caballero esta noche!" Exclama la anciana acercándose a ella.
"Muchas gracias por sus elogios tía abuela, pero a mí todo el mundo me odia y esto nunca cambiara." Le contesta Eliza bajando la cabeza.
Levantándole la barbilla, la señora Elroy le contesta dulcemente: "mi único deseo es verte feliz, y como quisiera que encontraras a alguien que te haga reír, y que te valore tal como te lo mereces. Sé que fuiste malcriada en tu infancia pero la gente cambia y has madurado tanto en este ano querida. Tarde o temprano la gente se dará cuenta de tu nueva imagen, créeme."
Mirando al suelo, la joven de cabellos castaños claros le contesta: "no sé porque, pero tengo el presentimiento de que algo ocurrirá, y que sufriré mucho por alguien tía abuela…"
"Eres tan joven y tienes toda tu vida por delante Eliza. Abre los ojos y mira a tu alrededor que seguramente hay alguien destinado para ti jovencita, créeme." Le dice la anciana con sabiduría.
"Gracias por sus palabras reconfortantes tía abuela, y ojala tenga razón." Le dice Eliza con tristeza, y abriendo la puerta de la habitación continua: "ya está lista para recibir a los invitados?"
"Por supuesto que sí, y quiero que me escoltes y bajemos las escaleras juntas." Le contesta la señora Elroy guiñándole el ojo.
A las 8 de la noche llega la orquesta de Vals, y levantándose de sus asientos Patty, Annie y Archie se dirigen hacia la pista del baile alegremente dispuestos a bailar; Justamente en este momento bajan las escaleras Eliza y la señora Elroy, y acercándose a ellos lentamente, la joven de cabellos castaños claros les dice amablemente: "feliz navidad Patty, Annie y Archie y espero que disfruten de la fiesta!"
"Gracias Eliza y esperamos que tú también te diviertas!" Exclama Patty guiñándole el ojo, pues a pesar de la frialdad en que sus amigos todavía trataban a Eliza, ella era de estas personas que daba una segunda oportunidad a cualquier individuo, y había notado lo mucho que había cambiado la joven de cabellos castaños claro: era otra persona muy diferente a la chica mezquina de antaño.
"Eres muy buena Patty y espero que Stear regrese pronto." Le contesta Eliza dulcemente.
"Ya veo que has encontrado gente de tu edad para charlar Eliza, así que te dejo y voy a reunirme con los mayores." Declara la señora Elroy alegremente.
"Veo que tú y la tía abuela se llevan bien." Intuye Annie suavemente.
"Ella es mi única confidente en la mansión, y me siento muy afortunada de tenerla." Responde Eliza con voz emotiva.
"Damas y caballeros ya ha llegado la orquesta, y espero que cada uno de ustedes tenga pareja con quien bailar!" Exclama Ruth Leagan interrumpiendo las conversaciones de todos.
Respirando profundamente, Eliza añade: "Pues a divertirse todos!" Y acto seguido se aleja del grupo para dirigirse al bar, en busca de una bebida apropiada.
"Buenas noches Eliza, como has estado?" Al oír la voz masculina tan familiar, la joven de cabellos castaños claro sobresalta, y volteándose se encuentra frente a frente al joven apuesto de cabellos oscuros y ojos claros.
"Philip Morgan!" Exclama Eliza aprehensivamente e intenta escaparse, pero unas manos de acero la sujetan fuertemente.
"A donde crees que vas ratoncito? Te ves muy bella esta noche y quiero que me dediques un baile!" Exige Philip sin soltarla.
"Suéltame Philip que yo a ti te odio y además ya tengo pretendiente!" Grita Eliza tratando de alejarse de él, pero es en vano pues todavía la tiene sujetada fuertemente.
"Ya no mientas más Eliza que se perfectamente que tu madre ha organizado esta fiesta navideña, con la intención de conseguir un buen partido para ti." Le murmura el joven apuesto de cabellos oscuros y ojos claros en el oído peligrosamente.
"Suéltame Philip que tú a mí no me interesas!" Exclama Eliza tratando de desatarse de el en vano.
"Porque no confiesas lo mucho que te gusto niñita presumida!" Exclama Philip levantándole la barbilla.
"Porque insistes tanto en perseguirme?" Le pregunta Eliza.
"Porque no he podido sacarte de mi cabeza desde aquel día que te bese: te odio y sin embargo te deseo!" Exclama el joven apuesto de ojos claros.
Eliza se pone a temblar ligeramente al oírlo hablar así, pues en sus labios vírgenes todavía permanecía aquel beso apasionado a pesar de haber nacido del odio, y sonrojando levemente le dice: "por favor olvídate de mí que yo nunca amare a nadie, y solo deseo irme de aquí y ejercer de profesora en Inglaterra."
"No te creo pues desde que te conozco lo único que te ha causado placer es torturar a los demás!" Continúa Philip cruelmente.
Bajando la cabeza avergonzada, la joven de cabellos castaños claros le contesta: "Ya no soy la misma de antes aunque no me creas. El tiempo que pase en Londres me cambio por completo, y ni en mi propio hogar me siento a gusto."
Mirándola con curiosidad, el joven apuesto de cabellos oscuros y ojos claros le contesta: "Es verdad que tu comportamiento es diferente al habitual, y es la primera vez que no te veo rodeada de admiradores o con tu hermanito Neil planeando alguna maldad, pero que me garantiza de que todo esto no es más que una maniobra tuya para atrapar a algún pretendiente de alta sociedad y casarte con él? Pues yo no soy ningún pendejo, y sé muy bien que detrás de tu cara de inocente se oculta una alma malvada y envidiosa, porque a pesar de toda la fortuna que tienes no eres feliz y te duele que los demás lo sean."
Eliza siente una tremenda vergüenza a las aquellas palabras tan verídicas que lo eran en su pasado, sin embargo en vez de defenderse le contesta sumisa: "tienes toda la razón así que te agradecería que me dejaras sola y te busques una compañía más grata que la mía." Y sin esperar su respuesta se aleja de Philip, pero en vez de dejarla ir, este le agarra del brazo bruscamente y le dice en voz peligrosa:
"A donde crees que vas ratoncito? Yo todavía no he terminado contigo." Y ante la sorpresa de Eliza, el joven apuesto de cabellos oscuros y ojos claros la besa a la fuerza.
Eliza se pone a temblar ante aquel beso tan posesivo que la deja casi sin respiración, y al sentir la lengua suya en la de ella flaquea, y sucumbe en sus brazos derrotada.
"Porque insistes tanto en lastimarme Philip? Sé que Neil y yo te causamos un daño tremendo cuando éramos niños pero me arrepiento tanto, y como desearía que me dejaras en paz…" Implora la joven de cabellos castaños claros al borde de las lágrimas.
La repentina melodía del valse los interrumpe, y tomándole de la mano, Philip se la lleva a la pista de baile.
"Relájate ya Eliza, que yo solo quiero bailar contigo y sentir tu cercanía…" Le murmura Philip en el oído, sintiendo una repentina ternura por aquella chica, pues su cambio aparente lo tenía consternado y no sabía si creerle o no."
El súbito cambio de voz de Philip la desconcierta, y sin embargo piensa con amargura:
'Nunca me había sentido tan protegida, y si tan solo pudiera tener la amistad de Philip…. Sin embargo el me odia y tan solo siente piedad por mi….'
Mientras tanto solo en un rincón, Neil está contemplando a las diferentes parejas bailando con envidia: especialmente a Annie Brighton de quien todavía no había podido olvidarse y que se veía más hermosa que nunca… En este momento sentía un odio profundo hacia su elegante primo Archie que era el culpable de su fracaso y que siempre triunfaba en todo, y sintiéndose más desdichado que nunca, agarra la botella de vino de la mesa y vacía el resto del contenido en el vaso que lleva agarrado en su mano para llevárselo a la boca, con la intención de emborracharse y olvidarse una vez por todas de su amargada existencia…
'Realmente no tengo a nadie en este mundo, y hasta mi propia hermana que siempre fue mi fuente de apoyo en el pasado me ha abandonado…'
Ruth Leagan que siempre tiene ojos en todas partes ha podido notar lo mucho que le agrada Philip Morgan a su hija y sonríe satisfecha, imaginándose una posible boda entre el joven de alta sociedad más apuesto del país y Eliza. Lo que la tenía consternada sin embargo, era el hábito que su hijo mayor había adquirido de pasársela bebiendo sin parar en cada fiesta organizaba o cuando se le presentaba la oportunidad, y los pelos se le ponen de punta al imaginarse que podría convertirse en un alcohólico:
'Que ni dios lo permita o manchara el apellido nuestro y que tanto me ha costado mantener intacto!'
Nueva York, 'Teatro de Stratford', nochebuena 1915
Terry y Susana han estado juntos como la pareja ideal en los ojos de la sociedad, y a pesar del amor que aquel chico rebelde sentía por aquella chica dulce, no podía olvidarse de Candy, y todavía lo tenía perturbado la manera en que había terminado con ella:
'Estaba caminando agarrada de la mano de Albert sonriendo felizmente, pero al verme llegar con Susana se puso pálida, y sin embargo actuó con valentía al dejarme el camino libre para que yo pudiera encontrar mi felicidad por otra parte…'
Pensando en Albert se da cuenta de lo que era obvio desde hacía muchísimo tiempo: a pesar de haber perdido la memoria, el hombre rubio de cabellos largos siempre había amado a Candy en silencio, y sus visitas accidentales no habían sido ninguna casualidad, pues tarde o temprano él sabía que algún día ella seria suya a pesar de sus diferencias de edades…
'Maldita sea pues Albert la tiene y yo ya me resigne con Susana!' Piensa Terry amargamente, y agarrando la harmónica que Candy le había regalado en sus tiempos estudiantiles suspira tristemente:
'Adiós para siempre Tarsana con pecas, y espero que Albert te sepa hacer tan feliz como debería sentirme yo con Susana…'
Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', nochebuena 1915
Candy se ha puesto su mejor vestido de noche para la nochebuena, y después de darse los últimos toques de maquillaje baja las escaleras apresuradamente para reunirse con Albert en el salón. Sin embargo al verlo tan elegantemente vestido con un traje azul marino, la rubia pecosa se queda deslumbrada durante unos instantes: el hombre rubio de cabellos largos que estaba parado delante de la ventana se veía exactamente como el Albert de su sueño en el 'Hogar de Pony'!
"Te ves muy hermosa esta noche amiga." Le dice Albert suavemente, sacándola de su ensueño.
"Tú te ves aún mejor." Le dice Candy, sintiéndose repentinamente tímida al lado de su amigo quien se veía más apuesto que nunca en su traje azul marino, y muy viril.
"Me dedicas un baile?" Le pregunta Albert tomándole la mano, y acercándose al fonógrafo, pone el Vals favorito de Candy.
Los 2 se mueven al ritmo de la música y Candy no puede dejar de pensar en aquel sueño tan raro que había tenido del 'Hogar de Pony', en el cual ella y Albert bailaban apretadamente, ni tampoco de aquel beso tan profundo que todavía la tenía perturbada. Se termina la música repentinamente, y soltándole la mano, Albert le dice:
"Y si nos sentamos a la mesa a cenar? He preparado algo rico para la ocasión, y espero que te guste."
Sintiéndose repentinamente decepcionada de que el baile se haya terminado, la rubia pecosa asiente y los 2 se sientan en la mesa para empezar a comer el famoso 'pavo navideño con papas y legumbres'.
"El postre será una sorpresa." Le dice Albert guiñándole el ojo.
"Buen provecho Albert!" Exclama Candy sintiéndose repentinamente hambrienta de tener aquel rico plato navideño delante de ella.
"Buen provecho amiga!" Y agarrando una botella de vino rojo, Albert le sirve un vaso a cada uno y se sienta para empezar con la rica comida navideña.
"No quería decírtelo antes, pero ayer recibí una invitación de la señora Elroy para que yo asistiera a una cena navideña organizada por los Leagans, pero yo desistí."
"Porque?" Le pregunta Albert, después de haber masticado un buen pedazo de carne.
"Porque no me llevo bien con ellos: son gente de clase alta y yo no soy más que una humilde enfermera." Responde la rubia pecosa cortando su pedazo de pavo que tiene en el plato.
"Eres mucho más que esto Candy, y si ellos no saben apreciarte es su perdida y no la tuya."
"Gracias Albert por tus palabras tan reconfortantes, pero para decirte la verdad, prefiero mucho más tu compañía que la de ellos." Le contesta la rubia pecosa poniéndose roja como un tomate.
"Brindemos por ello amiga, y quiero que te quedes despierta para esperar el toque de la medianoche, pues te tengo un regalito navideño." Le dice Albert, y levantándose de la silla brevemente continua: "Salud!"
"Salud Albert! Y yo también te tengo un regalito, así que aguantare hasta el toque de la medianoche!" Exclama la rubia pecosa guiñándole el ojo.
Candy y Albert comen con apetito y charlan alegremente sin darse cuenta de la hora que es, hasta oír el gran reloj de caja anunciar la medianoche, y sobresaltando al mismo tiempo, los 2 amigos se dirigen hacia el árbol navideño.
Albert agarra un paquete pequeño y se lo entrega a Candy: "feliz navidad amiga, y espero que el año 1916 te traiga lindas sorpresas!"
Agarrando el paquete de su amigo, la rubia pecosa lo abre y descubre una pintura, en la que se encuentra ella y Albert parados en el jardín un día de verano y se le llenan los ojos de lágrimas: aquel retrato representaba la celebración de su cumpleaños 6 meses atrás, y los trajes que llevaban puestos lo confirmaba.
"Me faltan palabras para decirte lo emocionada que estoy con tu regalo, pues ni te imaginas lo mucho que significa para mí." Le dice la rubia pecosa al borde de las lágrimas.
"Para que siempre me recuerdes, pequeña."
Impulsivamente, Candy se acerca a él, y poniéndose de puntillas le planta un beso en la boca.
Albert se queda paralizado del asombro durante unos momentos, pero reponiéndose inmediatamente pregunta: "Se puede saber qué significa esto Candy?
"Es tu regalo navideño, y recibir el tuyo reafirma lo que sospeche: que todavía me amas y no has podido olvidarme."
El hombre rubio de cabellos largos se queda silencioso durante unos momentos, y respirando profundamente exclama enfurecido: "maldita sea! Sí, es verdad que todavía te amo a pesar de haberme propuesto olvidarte pero no lo puedo, pues a pesar de negarte lo contrario te tengo en mis pensamientos y en mi alma constantemente, y aunque tú no merezcas mi amor, lo tienes. Te amo y te amare siempre! Satisfecha?"
Candy respira aliviada al oír su declaración de amor tan apasionante, y sonriéndole con victoria declara: "lo sabía, y por esta razón deberías haber aceptado mi beso como tu regalo navideño."
Mirándola fijamente, el hombre rubio de cabellos largos le contesta fríamente: "acaso sigues creyendo que soy tu títere Candy? Olvídalo pues yo también tengo mi orgullo, y a pesar de quererte, quien te garantiza que yo ya no haya encontrado mi felicidad por otro lado?"
Abriendo los ojos en grande, la rubia pecosa le dice: "Y con quien, si no conoces a nadie?"
"No estés tan segura de esto amiga. Te deseo una linda noche y que duermas bien." Y sin esperar la respuesta de ella, Albert sube rápidamente las escaleras, dejando a Candy completamente confusa.
Francia, nochebuena 1915
Stear había estado trabajando de soldado voluntario desde hacía más de medio año y ya le estaba pesando todo: acababa de perder a su mejor amigo durante un bombardeo aéreo, y ya no veía la hora de que aquella terrible guerra acabara para por fin poder regresar a su hogar, junto a su novia y sus amigos.
'Como estarán Patty y Candy?' Las extraño tanto a las 2 como a nadie más, y aunque parezca increíble las quiero por igual!'
Suspirando tristemente, el joven de anteojos claros y cabellos oscuros jura regresar a su hogar tan pronto termine la guerra. Otro bombardeo lo saca de su ensueño, y temblando levemente teme por su seguridad:
'Acaso saldré vivo de esta terrible guerra para volver a ver a mis seres queridos?'
Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', 31 de Diciembre 1915
Hoy es el último día del año y Candy se siente un poco preocupada de lo que le espera en el futuro cercano: la guerra continuaba, y cada vez mandaban más enfermeras a Europa para curar los heridos, tal como lo habían hecho con Flanny más de un año atrás. Suspirando, piensa en aquella noche del 24 de diciembre cuando casi se arroya al cuello de Albert, y de su rechazo hacia ella a pesar de haberle confesado que todavía la amaba pero que ya había encontrado su felicidad por otro lado: acaso con una mujer? El simple hecho de imaginarlo en brazos de otra le hervía la sangre y se pone a pensar en algunas candidatas, posiblemente enfermeras del hospital, pero quién?
'Y a mí porque debería de importarme esto si somos solo amigos, y él ya es un hombre hecho y derecho?'
Sin embargo siente su corazón latir con anticipación solo de pensar que esta misma noche cenarían los 2: que sorpresa les traería el último día del año?
Como si leyera su pensamiento, justo en este instante aparece su amigo, y sonriéndole divertido le dice:
"Buenas tardes Candy que tal estas? Te has pasado todo el día en tu habitación, y me imagino que debes haberte probado unos cuantos vestidos para nuestra cena de fin de año verdad?"
Ruborizando, la rubia pecosa le contesta: "pero que cosas dices Albert si me pase la semana estudiando para el próximo examen!"
"No te enojes amiga que solo estaba bromeando". Le dice Albert riéndose con humor.
"Y tu que has hecho en toda la mañana?" Le pregunta la rubia pecosa cambiando de tema.
"Salí un rato a dar una vuelta e hice un par de compras para nuestra cena de esta noche."
"En este caso será mejor que nos pongamos manos a la obra y comencemos a cocinar." Le dice Candy dirigiéndose a la cocina para ver lo que había.
"Pues entonces manos a la obra!" Exclama Albert, y al sentir su proximidad, Candy se siente repentinamente tímida y lo mira de reojo, tratando de leer algo en su cara algo que dijera que seguía enamorado de ella, tal como se lo había dicho una semana atrás; Sin embargo el se comportaba como un amigo afable y nada más.
"Si no dejas de mirarme tanto, confundirás los ingredientes." Le dice Albert sacándola de su ensueño.
"No te estaba mirando a ti en particular, sino estaba más bien en las nubes." Le miente la rubia pecosa, concentrándose en como cortar las legumbres de manera rápida y eficaz y tratando de ignorar la cercanía del hombre rubio de cabellos largos que la estaba mirando fijamente.
"Si nos damos prisa podemos terminar con todo en 2 horas y prepararnos para esta noche." Le dice Albert después de un largo momento de silencio. Asintiendo, Candy prosigue cortando toda la legumbre mientras Albert se ocupa del resto, y los 2 trabajan en silencio amical. El repentino sonido del reloj de caja los hace sobresaltar, y mirando la hora se dan cuenta de que ya casi son las 5 de la tarde.
"Porque no me dejas terminar a mí y te refrescas un poco Candy, que ya casi está todo listo?" Le dice Albert suavemente.
"Está bien, pero que pasa con el postre?" Le pregunta la rubia pecosa tímidamente.
"De esto me encargo yo, no te preocupes."
"De acuerdo. Voy a ver que me pongo, pero si me necesitas me avisas." Y sin esperar la respuesta de su amigo, Candy se aleja apresuradamente con el corazón latiéndole fuertemente de la emoción, pues algo le decía que sería una noche muy especial.
Mientras tanto, sola en su habitación Candy se acuerda repentinamente de aquella noche de su cumpleaños, solo medio año atrás cuando Albert y ella celebraban y disfrutaban de la compañía del uno y el otro, y de lo mágica que había sido la noche: él le había regalado un anillo de compromiso declarándole su amor, los 2 bailaban al ritmo de la música, y justo cuando su amigo estaba por besarla aparece Terry…
'Terry vino a verme con la intención de re empezar nuestra relación, y finalmente se decidió por Susana, y yo me quede sola…'
Suspirando, la rubia pecosa decide darse prisa, y una hora más tarde sale de su habitación con una nueva determinación: hoy era la última noche del año 1915, y tenía la intención de divertirse!
Albert sale de su habitación al mismo tiempo y los 2 se cruzan por el camino: sus miradas se encuentran y Candy se queda sin aliento al ver lo apuesto que se ve su amigo, vestido con un traje blanco que le daba un aire viril y maduro.
"Te ves muy hermosa esta noche amiga." Le dice Albert notando lo bien que le quedaba el vestido verde oscuro, entonando sus ojos y haciendo resaltar sus curvas femeninas.
"Tú también te ves bien buenmozo con este traje Albert." Le contesta Candy tímidamente, pues de repente se sentía bien joven al lado de él.
"Que te parece si empezamos por un aperitivo antes de la cena?" Le propone Albert.
"Me parece una buena idea."
"Pues entonces deje que le escolte hasta el comedor señorita." Le contesta el hombre rubio de cabellos largos tomándole el brazo, y al sentirlo tan cerca la rubia pecosa respira aquel perfume tan familiar de hierba y automáticamente pone su cabeza sobre el hombro de su amigo.
"Estas bien cariñosa conmigo hoy Candy. Porque no nos sentamos mejor en la mesa y nos bebemos nuestro aperitivo." Le dice Albert haciéndola sobresaltar.
"Lo siento…no era mi intención pero es que lo hice automáticamente y si pensar." Balbucea la rubia pecosa sonrojando levemente.
"Pues deberías tener más cuidado en el futuro, pues cualquier hombre se tomaría esto como una invitación y se aprovecharía de la situación. Te lo digo yo que soy tu amigo y me preocupa lo ingenua que eres a veces." Le reprime Albert.
"Pues para tu información no soy tan ingenua como piensas, y ya soy bastante mayorcita para que me cuiden!" Exclama la rubia pecosa molesta.
"No quiero pelear contigo Candy. Yo solo deseo verte feliz pues te aprecio mucho."
"Yo también te aprecio Albert, y me alegra que te preocupes tanto por mí."
Sirviendo una copa de vino tinto para cada uno Albert exclama: "pues brindemos porque el año próximo sea aún mejor que este, y para que esta terrible guerra se termine una vez por todas!"
"Salud!" Le responde la rubia pecosa alegremente, y acto seguido, los 2 se sientan a la mesa para empezar con la cena.
"Que rico te quedo la cena!" Exclama Candy al probar la carne de cerdo que había preparado su amigo.
"Y a ti los vegetales!" Le responde Albert guiñándole el ojo, y los se ríen a carcajadas.
La noche resulta ser bastante placentera, y después de terminar con la cena, los 2 se paran de la mesa y deciden salir al balcón a coger un poco de aire fresco.
Candy que ha bebido más de lo que está acostumbrada se arma de valor, y acercándose a Albert le pregunta abruptamente: "Todavía no me has dicho quién es la mujer con quien has decidido rehacer tu vida."
La pregunta lo toma de sorpresa, y molesto de que le están invadiendo su privacidad le contesta con frialdad: "este no es asunto tuyo, y este no es el momento para hablar sobre mi vida sentimental".
Dolida ante su frialdad, Candy decide regresar adentro para recoger la mesa.
Unos minutos más tarde Albert se reúne con ella y los 2 limpian todo en absoluto silencio.
El súbito ruido del reloj de caja los hace sobresaltar nuevamente, y al ver que ya va a ser media noche Albert le toma la mano a Candy, y llevándosela al salón le dice dulcemente: "no era mi intención ser tan frio contigo. Quiero que me prometas seguir siendo la estupenda enfermera que eres y darte otra vez las gracias por haberme cuidado, y dado un techo. Me siento muy afortunado de tener un ángel de la guardia tan dulce y pura como tu…"
"La que se siente dichosa de que nuestros caminos se hayan cruzado soy yo, y mi mayor deseo seria que ya por fin recuperes la memoria y te acuerdes de quien soy yo en realidad, y lo mucho que te debo. Siempre te querré, y seguiré cuidando de ti hasta que te recuperes por completo." Le dice la rubia pecosa con voz emotiva.
"Dulce Candy…" Le contesta Albert tiernamente, y al oírlo hablar de esta manera, la rubia pecosa se queda perpleja:
'Así me llamaba siempre Anthony…'
"Que te pasa amiga que te has puesto tan triste?"
"Lo que pasa es que Anthony me había bautizado con este nombre…"
"Anthony es tu amor de infancia verdad?" Le pregunta Albert con curiosidad.
"El de mi 'pre adolescencia', pues por si se te olvidaba: el príncipe de la colina fue el único de mi infancia." Le contesta la rubia pecosa con firmeza.
"Debes de haberlo querido muchísimo a tu príncipe de la colina, y hasta juraría que es tu favorito de todos verdad?" Le pregunta Albert intrigado.
Aclarándose la garganta, la rubia pecosa continua: "no sé porque, pero mi encuentro con aquel chico fue tan mágico, y su mera presencia reconfortante… Algo en el me daba confianza y sus palabras fueron las que me dieron la fuerza para salir por delante."
"Brindemos por todos tus seres queridos, y feliz 1916 para ti amiga!" Exclama Albert con emoción.
"Feliz 1916 a ti también amigo y buenas noches!" Exclama la rubia pecosa alegremente.
"Hasta mañana Candy, y gracias por la noche tan amena de hoy." E inclinándose hacia ella, Albert le deposita un beso fraternal en la mejilla y se dirige hacia su habitación.
"Buenas noches Albert…" Murmura la rubia pecosa suavemente, y minutos más tarde se dirige a su propia habitación.
Son la 1 de la mañana y Candy aún no ha logrado concebir el sueño: se mueve continuamente en la cama y ya no sabe qué hacer, hasta que finalmente se arma de valor y decide reunirse a Albert, pues sabía que no podría descansar hasta saber cuál era la mujer que había logrado capturar su corazón.
Abriendo la puerta de la habitación vecina, la rubia pecosa camina de puntillas hacia la cama esperando verlo dormido. Sin embargo la voz familiar de su amigo la toma por sorpresa:
"Se puede saber qué haces aquí Candy, y porque te la has pasado persiguiéndome últimamente?" Le pregunta Albert mirándola con curiosidad.
"Albert que susto me has dado! Pensé que estabas dormido!" Exclama Candy sobresaltada.
"Basta ya de tonterías Candy, y será mejor que regreses a tu habitación que ya es muy tarde." Le dice Albert con firmeza.
"Por favor escúchame y no me mandes a mi habitación como lo hiciste la última vez. Dijiste que todavía me amabas una semana atrás, y por esto te exijo que me digas quien es aquella mujer que te está alejando de mí."
"No tengo porque darte explicaciones. Tú me rechazaste 6 meses atrás cuando te declare mi amor y te decidiste por Terry. Si ahora te sientes sola por su rechazo no es culpa mía: debes aprender a sumir las consecuencias de tus actos aunque no siempre las cosas te salgan como deseas. Buenas noches y será mejor que regreses a tu habitación." Le responde el hombre rubio de cabellos largos con frialdad, y alejándose de ella se encamina hacia su cama, dándole a entender que esta conversación está terminada.
Candy siente la sangre hervirle de rabia ante su rechazo, y caminando hacia él, le grita con pasión: "Pues no te creo que hayas conocido a otra mujer, porque sé que todavía me amas! Lo veo escrito en tus ojos cada vez que me sigues de la mirada, y que me deseas tal como yo a ti, pues por si no lo sabias, yo también te quiero muchísimo, y no dejaría nunca que alguien destrozara esta relación tan bonita que tenemos!"
Albert se queda atónito ante aquella confesión, y parándose delante de la rubia pecosa le pone las manos en los hombros atrayéndola hacia él, e inclinando su cabeza hacia ella se apodera de sus labios y le plantan beso profundo.
Candy estremece de placer al sentir la lengua suya en la del, y los besos se vuelven cada vez más intensos: los 2 caen suavemente sobre la cama, y al tenerla finalmente entre sus brazos Albert empieza a acariciarle por todo el cuerpo con expertísimo, desabrochándole lentamente el vestido que todavía llevaba puesto. Candy se pone a gemir suavemente al sentir los besos de Albert bajo su vientre, y aprovechando el fuego de pasión que hay entre los 2, este decide desvestirse también, pero se detiene a tiempo cuando se da cuenta de lo que estaba a punto de ocurrir, y exclama en horror:
"Dios mío pero que he hecho! Todavía eres menor de edad y yo soy un hombre hecho y derecho, que estuve a punto de cometer una infamia!"
Candy abre los ojos lentamente al oírlo hablar así, y todavía caliente de sus besos y caricias murmura confusa: "no entiendo…"
"Sera mejor que regreses a tu habitación y que te olvides de lo que paso, así que abróchate los botones del vestido y perdóname por haberte alentado de esta manera. Te prometo que no ocurrirá más." Le dice Albert con remordimiento.
La rubia pecosa lo mira incrédulo al oírlo hablar de esta manera, y exclama con pasión: "pero si yo a ti te quiero!"
"Al que amas realmente es a Terry pero tienes tus sentimientos confusos: lo que tú solo sientes por mí es pura atracción física, y yo busco a una mujer que me ame de verdad."
Sin saber que decir, Candy baja la cabeza, avergonzada y piensa:
'Sera verdad lo que me dice? Aún no he podido olvidarme de Terry, y sin embargo me siento tan bien en los brazos de Albert… Dios mío ilumíneme por favor, que amar a 2 hombres a la misma vez es un pecado!'
"Tu silencio solo confirma que tenía razón: amas a Terry pero te sientes atraído hacia mí, porque soy el único hombre al que conoces y en quien confías." Concluye Albert con tristeza.
"No es verdad Albert. Yo a ti te quiero muchísimo y me matan los celos pensar que algún día te puedas enamorar de otra mujer…" Insiste Candy.
"Lo que tu sientes por mí es una infatuación de chica adolescente hacia un hombre, además de un afecto profundo pues me conoces desde hace mucho tiempo, y aunque todavía no te recuerde me siento como en casa contigo." Le contesta el hombre rubio de cabellos largos con dulzura, e inclinándose hacia ella le da un beso fraternal en la frente y continua: "buenas noches amiga y feliz 1916…"
"Feliz año nuevo Albert, y espero que cuando recuperes la memoria no te marches como acostumbras hacer…" Y sin esperar su respuesta, Candy sale de su habitación con el corazón destrozado.
'Que habrá querido decir con esto?'
Albert se queda pensativo durante unos instantes, y suspirando regresa a su cama frustrado, pues a pesar de todo seguía amando a la rubia pecosa con toda su alma, pero al mismo tiempo presentía que su vida cambiaria de rumbo cuando recuperara la memoria.
Francia, 31 de diciembre 1915
Los ruidos repentinos de bombardeos hacen sobresaltar a Stear y a los militares sentados en la gran mesa navideña, y levantándose súbitamente de su asiento, el joven tímido de anteojos y cabellos negros exclama: "feliz año nuevo compañeros, y ojala lleguemos a sobrevivir 1916!" Y sin esperar la respuesta de sus compañeros, bebe un trago de la copa de vino que lleva en la mano.
'Feliz año nuevo queridas Candy y Patty, y daría cualquier cosa por tenerlas a mi lado en este momento tan difícil de mi vida…'
Stear se siente más solo que nunca después de haber perdido a su mejor amigo, unos días antes de nochebuena y teme que su vida le sea arrebatada antes de tiempo con esta terrible guerra mundial que nunca terminaba, y agarrando la botella de vino de la mesa, vacía el contenido de la botella de vino rojo y se bebe el vaso entero.
Los fuegos artificiales de la medianoche lo sacan de su estupor, y caminando hacia la ventana principal del salón, oye los silbidos de afuera anunciar la bienvenida de 1916…
Otro final lleno de incertidumbre sobre el futuro de nuestros protagonistas favoritos del anime, y les pido disculpa a todos por haberles hecho esperar tanto tiempo (especialmente a JOSIE GUEST que es mi favorita, y gracias por tu segundo review que me encanto como siempre!); Les agradezco también a ESTELA, CANDY BERT Y MAIIRA HUIIR y todos los demás por su fidelidad y la paciencia que tienen en esperar que actualice mi historia, pues es verdad que últimamente me he demorado, y la razón es que este capítulo es más largo que los demás y me ha costado el tiempo necesario para terminarlo… Espero que lo siguán disfrutando, e intentare no hacerles esperar tanto tiempo la próxima vez.
Que lo gocen todos y hasta pronto!
