La aventura de los Tamers: por Lorien3
Antes que nada, siento mucho haber tardado tanto en actualizar ¡espero que podáis perdonarme! U. He estado muy liada con el colegio, los exámenes, proyectos con la Mayu... la verdad es que no tengo excusa¡Lo siento! (De todos modos, el no tener internet en casa siempre es un impedimento...).
Os dejo con la segunda parte de este decimoctavo capítulo. ¡Espero que os guste!
Capítulo 18: Reconozcamos que nos queremos (narrado por Takato). Segunda parte.Horas más tarde, cuando en la casa de Gushikami, ya estaba anocheciendo (bueno, más bien en todo el pueblo) Miyuki y Maoko permanecían sentados en sendos sofás, la una mirando hacia la ventana, y el otro hacia el suelo, mientras esperaban el regreso de sus respectivos hijos y de la madre de la mujer.
- Miyuki – dijo Maoko, rompiendo un silencio que había durado largo rato.
¿Sí?
- Quiero... pedirte perdón. Por lo de antes, por haberte besado. A ti te gusta otro hombre.
- La que debería sentirlo soy yo, Maoko. Sabiendo que eres un hombre casado, no tendría que haberlo hecho.
- Sí pero...
- Es solo mi culpa – dijo ella, sonriente, y apoyando una mano en el hombro del hombre.
¡No! – gritó él – No tienes la culpa, Miyuki De todos modos... me preocupa qué dirá Liujune.
¿Tu mujer?
- Exacto. Seguro que se enfadará muchísimo... después de todo no ha sido ningún tipo de accidente, ni mucho menos una vez... De no ser por la llamada de Ryo, no sé a qué hubiéramos llegado. LA verdad es que solo soy un cerdo y un aprovechado.
- Maoko, te equivocas, NO ERES UN CERDO. Además¿crees que si no hubiese querido me hubiese dejado? Si no lo hice fue porque... me gustaba. ¿Sabes?
- Te... ¿gustaba¿En serio? – preguntó Maoko, con los ojos como platos.
¡Claro¿A ti no?
- Sí... – contestó primeramente. Segundos más tarde volvió a decir – Pero no...¡no puede gustarme, no debe¡Estoy casado!
- Lo siento, Maoko – dijo Miyuki, con pena – Tendría que haber tenido en cuenta lo que tú quieres a tu esposa... aunque la verdad es que no pude pensar mucho que digamos.
¡Pero yo ya no – comenzó Maoko. El sonido vibrante del timbre rompió la frase que Maoko estaba diciendo. Miyuki se dirigió hacia la puerta y la abrió. Se trataba de Rika y Ryo.
- Hola, chicos – sonrió Miyuki ¿Qué tal lo habéis pasado¿Dónde habéis comido?
- Lo hemos pasado muy bien – sonrió Rika.
- Yo no tanto – dijo Ryo.
¿NO? – inquirió Rika.
- Bueno, en realidad me ha encantado... pero no quería sobrepasarte, reina – dijo con voz seductora. Rika le pegó un codazo en las costillas – digo, Rika – corrigió el joven.
¿Y dónde habéis comido? – volvió a preguntar la mujer, tratando de hacer caso omiso al descaro de Ryo.
- En una pizzería – contestó Ryo – Cogimos una pizza suprema de tamaño pequeño con dos bebidas y alitas de pollo. Era un menú... y como venía un juguetito... – añadió, con una tierna sonrisa.
- Y era más barato – añadió Rika, mirando con cara rara a su pareja – Por cierto ¿la abuela?
- Lleva de parranda todo el día – contestó Miyuki – La estamos esperando para ir a cenar todos juntos.
- Aah – dijo Rika.
- Un segundo – añadió Ryo. Parecía habérsele ocurrido algo. Salió con Rika un momento de la habitación.
¿Qué ocurre, Ryo? – preguntó la chica.
¿Qué te parece si decimos que estamos cansados y que preferimos quedarnos aquí?
¿Por qué?
- Porque llevamos un huevo de tiempo si tener oportunidad de estar solos.
- Hoy hemos estado todo el día solos.
- Euh...bueno... – comenzó Ryo, poniéndose rojo – Pero no de noche – dijo finalmente – Podemos dormir juntitos... – sonrió, con picardía.
- Eh... de acuerdo, está bien.
¡Bien! – exclamó Ryo.
- Pero lo de dormir juntos NI-PEN-SAR-LO.
¿Por qué¿No te fías de mí? Si ya sabes que ni te toco. Tu a tu lado, yo al mío, y punto.
- Sí que me fío, pero no me apetece, simplemente. Imagínate que vuelvan y nos vean. Pensarían algo raro.
- Bueno, está bien – dijo Ryo. No obstante, pensaba "Ya veremos Rika...ya veremos". Volvieron a donde se encontraban sus padres. La madre de Miyuki había llegado, entretanto.
- Pá – comenzó Ryo.
¿Qué?
- Que como estamos cansados, Rika y yo nos quedaremos aquí.
¿Qué? – dijo el padre ¿Vosotros dos¿SOLOS?
- Venga, Maoko – sonrió la abuela Nonaka – No pienses cosas raras de tu propio hijo.
¡Pero si ya no puedo fiarme ni de mí mismo- exclamó.
¿Qué? – dijeron Rika Ryo y la abuela Nonaka, extrañados.
- Eh.. nada, nada – dijo Maoko, desviando la mirada.
- Además – intervino Miyuki, algo nerviosa – Si les dejamos solos, nos saldrá más barata la cena... porque invitamos nosotras.
¡Ah! – exclamó Maoko – Bueno, en ese caso.. de acuerdo, podéis quedaros.
¡Vayámonos entonces, no vaya a ser que luego no haya sitio! – exclamó Miyuki – Además, yo ya estoy vestida, y vosotros también.
- De acuerdo – dijo Maoko, asintiendo. Se levantó del sofá y, junto a ambas mujeres, se dirigió hacia la puerta. Antes de abrirla, añadió:
- OJITO, RYO ¿EH?
- Sí, pá – asintió él. Entre tanto, la madre de Miyuki le susurraba a su hija:
- Me tienes que explicar qué es eso de que Maoko ya no se puede fiar ni de sí mismo.
¿Por qué lo iba a saber yo?
- Lo sé yo...
¿Qué?
- Bueno, lo imagino... pero quiero oírlo de tus labios – sonrió. Luego de ello añadió, con una cierta malicia – Si los tienes enteros.
¡Mam�! – le reprendió Miyuki.
¿Vamos? – inquirió Maoko, ignorando lo que habían estado hablando las mujeres.
¡Sí! – contestaron ellas. Salieron de la casa, cerrando la puerta tras de sí.
¡Fiesta! – exclamó Ryo.
- De fiesta nada, tenemos que cenar.
¿Sabes cocinar?
- Sí.
- Ah, pues no sabes cuánto me alegro, porque no me apetecía comer comida rápida.
- Pero tú me vas a ayudar.
- No te lo aconsejo – sonrió Ryo, negando con la cabeza – Soy el enemigo número uno de la cocina... y el cliente principal de los bomberos.
- Bueno, pero puedes poner la mesa.
¡Mira, a eso sí que llego!
- Je... – sonrió Rika ¿Qué te apetece?
- Mientras no sea comida rápida, lo que sea.
- Puedo preparar unos Okonomayaki y algo de arroz con salsa de soja. Para beber agua y punto... aunque tú puedes beber alcohol, si quieres.
- No me gusta el alcohol. En ese aspecto no he salido a mi padre – sonrió.
- Mejor, que luego igual te vicias y te agarras un pedo.
- Sí. Oye ¿y de postre?
- Hay tarta de yema tostada en el frigorífico... aunque te advierto que los Okonomayaki llenan.
- Bueno, pero si nos entra podemos comerlo... Por cierto Rika ¿desde cuándo sabes tú cocinar? No pareces el tipo de chica que sepa.
- Bueno, mi abuela me enseñó de pequeña. Dijo que quería enseñarme para que, cuando ella no estuviese, mi madre se pudiese alimentar. Como ella no cocina...
¿No¿No sabe?
- Algo sabe, pero mucho menos que mi abuela, en todo caso.
- Entonces es como mi padre.
- Tu padre es peor.
- Bueno... también es verdad.
- En fin – dijo Rika – Voy a ir haciendo la cena. Tú ve preparando la mesa ¿vale?
- Bien. Y si necesitas ayuda en algo más, me llamas.
- De acuerdo, Ryo-kun – sonrió Rika.
- Parecemos recién casados – sonrió Ryo. Rika se sonrojó.
- Voy cocinar – dijo. Se introdujo en la cocina. Ryo mientras tanto se despanzurró en el sofá (ahí estamos, "preparando la mesa") y encendió la televisión con el mando. Mientras hacía un poco de zapping, para decidir qué canal ver, notó cómo algo vibraba en el interior del bolsillo izquierdo de su pantalón: era su móvil. Lo cogió y pulsó el botón de descolgar.
¿Sí¿Eres tú, Takato?
- Sí, soy yo – contesté ¿Cómo lo has sabido?
- Bueno, en mi móvil salía "Pan Móvil".
¿Cómo que "Pan Móvil"?
¿Pan? – dijo Ryo, entre el nerviosismo y le sorpresa ¡Yo no he dicho eso, he dicho Takato!
- Ya... bueno, que da igual. He de ir al grano.
¿De trigo?
¿Qué¿Estás obsesionado con la comida, o algo?
- Ah, es que... Rika está cocinando. Va a ser eso.
¿Rika COCINANDO?
- Sí. ¿A que a ti también te parece extraño?
- Lo extraño es que sea comestible... por si acaso ve buscando el número de teléfono de una pizzería.
- Ni hablar, que entonces me mata. Bueno, vayamos al trigo¿qué querías?
- Tengo que decirte una cosa y pedirte consejo sobre ella.
- Sea lo que sea, tu padre nunca se enterará de que se lo cogiste.
¿De que le cogí qué?
¡La cartera!
- Venga, hombre...
- Es la solución estándar a todo problema.
- Seguro que a este no.
- Venga, suéltalo.
- Pues – cogí aire – ¡Piero querirle a Jen que zea mi fobia!
¿Qué? – dijo Ryo, descojonándose.
- Que... que quiero pedirle a Jen que sea mi novia... me gusta. Mucho.
¡Ah! – contestó Ryo, tratando de parar de reír – O sea, que al final si que te gusta Jen.
- Sí. ¿Qué puedo decirle?
- No sé... simplemente dile lo que sientes por ella: que la quieres mucho, que es muy mona, que te gusta su culo... bueno, eso último omítelo.
¿Y crees que ella aceptar�? Porque igual le gusta otra persona.
- En ese caso... si realmente la quieres deberías dejarla.
- Ya lo sé, claro que la dejaría. Quiero que al menos uno de nosotros sea feliz...
- Bueno, siempre puedes manipular un poquillo para que cambien sus gustos...
- No, no... ¿tú le harías eso a Rika?
- No, no lo haría... no tengo tan mala leche.
- Ah, me habías asustado.
- Je – rió Ryo – Oye ¿y si le compras algún regalito? Igual le gusta.
- No tengo dinero.
- Ni yo tuve... pero tu padre sí – añadió, con malicia – Él nuuuuuunca se enteraría.
- No quiero hacerle eso a mi padre...
- Bueno, vale. Oye ¿cuándo pretendes decírselo?
- No sé, cuando me la encuentre.
- Ah, no, no. No. Tienes que planearlo.
¿Cómo?
- No sé, pasa la tarde con ella, invítala a algo y cuando anochezca llévala a algún sitio bonito y suéltaselo... eso sí, mete mucha coba. Les encanta. A Rika le encanta, y si le encanta a ella...
¿Tú crees?
- Claro.
- Bien, a ver si lo he pillado... estoy con ella por la tarde, a la noche le llevo a... al parque de Shinjuku, por ejemplo, y se lo suelto todo dando mucha coba.
¡Bingo! Muy bien, Takato.
¿Crees que lo conseguiré?
- Claro. Es el procedimiento Akiyama.
¡Ah! – comencé a reír. Al otro lado del auricular oí una voz enfadada que decía:
¡Bastardo¡Te digo que fueses poniendo la mesa y te pones a cotorrear por teléfono¡MUEVE TU CULO Y PREPARA LA MESA!
- Tranquila, Rika, ya voy – dijo Ryo – Perdona, Takato. Mi futura mujer me reclama.
- Veo que lo tienes muy claro – dije.
- Y tanto – contestó Ryo ¡Adiós, y suerte!
¡Gracias¡Adiós! – colgué.
¿Qué hacías hablando con Takato¿Y por qué le deseabas suerte? – preguntó Rika, aún algo enfadada.
- Que conste que me ha llamado él... quería pedirme consejo para pedirle salir a una chica.
¿Quién?
- Adivínalo...
- Jen ¿no?
- Sí.
- A Takato se le nota un huevo.
- Ya... oye ¿tú crees que lo conseguir�?
- Sí. Seguro que lo consigue – sonrió Rika. Siguieron a lo suyo.
Aquella noche tuve un sueño muy extraño. Bueno, más bien, una pesadilla muy extraña. Estaba caminando por la calle, junto a Jen. Era de noche, y hacía una temperatura muy agradable. Ella estaba también muy bonita. El caso es que la llevaba a un banco del parque y nos sentábamos. Me declaré, y ella sonrió. Luego dijo "Pero es que a mí tú no me gustas. Siempre te he odiado, por lo que me hiciste en primaria. Nunca llegué a perdonarte realmente... era todo una mentira. En realidad me gusta... ¡el profesor de gimnasia¡Y estamos liados!" Y empezaba a reírse de forma estridente. Desde aquel sueño, me entró la paranoia de que fuese verdad... porque aquel día era justo el que había elegido para mi declaración.
Llamé a Henry, y se lo conté. Él sólo dijo: "Takato, por favor, no me jodas. Para empezar, en gimnasia tenemos profesora, para seguir... ¿Jen saliendo con un adulto¿La dulce Jen?" Yo le contesté que si me había estado timando toda mi vida con su amistad, que también podría habernos timado a todos con su dulzura. Además le dije que profesora sería la de su clase... el de la mía era un hombre, y todas las chicas de mi clase estaban loquitas por él. "Paranoico" contestó Henry. Colgó. Ojalá sí que tuviese razón... aunque ¿querría Jen a un paranoico, en ese caso? Aquello le pregunté de nuevo a Henry, apenas un minuto más tarde. "A ver, Takato – comenzó Henry – deja de decir gilipolleces, que de poco a esta parte se te da como hongos. Y si lo que temes es que Jen no te quiera por paranoico, elimina esas paranoias de tu cabeza" Volvió a colgar. Claro, para él era muy fácil decirlo: él ya se había declarado a Alice y dentro de poco comenzarían a salir... Y, sí, llamé una vez más a Henry para decirle que para él era muy fácil decirlo. "¡Déjame en paz¡Va a aceptar¡Seguro¡Adiós!" Su voz sonaba enfadada... ¿Y si se había enfadado conmigo? Le volví a llamar para preguntárselo. "No. Adiós, y no llames más o me enfadaré de verdad". Contestó. Entonces sí que sonaba enfadado... ¿le llamaba de nuevo? No pude, porque el teléfono sonó.
¿Diga? Aquí Matsuki.
¡Takato! – exclamó una voz femenina al otro lado del teléfono – Vaya, pareces todo un señor con esa amabilidad.
- Eh... gracias Jen. Tu voz también es muy bonita.
- De... nada – contestó Jen, algo cohibida – Ayer me dijiste por el Messenger que me llamarías a esta hora... bueno, más bien hace quince minutos.
¡Ah! – exclamé. Era verdad: el día anterior había quedado en llamar a Jen... para quedar con ella y decírselo todo. ¡Se me había olvidado¡Mierda!
- Tranquilo, Takato-san, no me importa – contestó ella – Bueno ¿para qué era para lo que me ibas a llamar?
- Para... quedar contigo.
- Vale.
- Pero no para quedar como siempre. Es distinto... yo... quería... que estuviésemos juntos desde la hora de comer hasta la de cenar, para... para...
¡Ah! Claro, qué detalle: quieres que quedemos para celebrar todo el tiempo que llevamos siendo amigos.
- Eh - comencé. Ni yo mismo lo hubiese dicho mejor ¡Claro¡Justo eso!
- Estupendo – dijo Jen, alegre. Seguro que estaba sonriendo a la vez ¿Cómo quedamos?
- A las dos y media en tu portal. Iremos a comer, veremos una peli y luego había pensado en coger unos bocadillos y cenar en plan picnic, cuando ya anochezca – dije, modificando ligeramente el plan de Ryo.
¡Estupendo- exclamó ¿Cuánto dinero llevo?
¡Nada, nada! Yo me encargo de todo.
- No, no, Takato – dijo ella – Ni hablar. Pienso pagar algo.
- Bueno, pues – no valía la pena discutir: iba a ganar – lleva algo de dinero y luego acordamos ¿vale?
- De acuerdo Takato ¡hasta luego!
- Adiós – contesté. Ambos colgamos ¡Bien! –exclamé. Inmediatamente después marqué el número de Henry.
¿Sí? – contestó mi amigo.
¡ FA PERIDO GEDAR CONJIGO! – exclamé, fuera de mí. Así pasó que se me trabó la lengua.
- Ah, eres tú, Takato – contestó Henry, arrastrando las palabras – Bien, ahora di lo mismo solo que en cristiano ¿vale?
¡Que ha querido quedar conmigo! – exclamé de nuevo.
- Vaya, me alegro – dijo Henry – Y también me alegro de que no llames para otra de tus paranoias.
¡Ah! Es verdad, que no podía llamarte de nuevo.
- Siendo para esto, da igual, no importa... Bueno ¿qué te vas a poner?
¿Poner? – comencé a recorrer el armario con mi mente ¡No tengo nada presentable!
- Ni que fueses vestido de juglar por la calle, chico.
¡Pero mi ropa es demasiado informal!
¿Y qué crees que va a ponerse ella¿Un vestidito de Coco-chanel?
¡Bueno, pero a mi le gustará ello con lo que estea que falla!
¿Qué?
¡Que a mí me gustará ella con lo que sea que vaya!
¡Ah! Hey¿qué te pasa con la lengua? Se te está trabando a saco.
- Mientras no se me trabe cuando le diga todo – dije ¡Oh, mierda¿Y si se me traba?
- Una conversación similar acabó entre mierdas y vientos.
¿Qué?
- Nada, nada. Mira, si quieres te puedo dejar algo de ropa mía que consideres...decente.
¡Pero yo no uso tu talla¡Soy más bajo!
- Mejor es que te quede largo que no corto ¿no?
¡Pero tú eres más delgado!
¡Bueno, pues voy yo a tu casa, y te ayudo a elegir¿Contento?
- Sí. Gracias Henry.
- De nada. Venga, en una media hora estoy all�¿ok?
- Sí. ¡Hasta ahora!
¡Adiós! – colgamos. A veces pienso que a Henry deberían darle el Nóbel a la paciencia .
Mientras esperaba a Henry, me puse a desayunar algo mientras veía en la televisión una serie muy extraña sobre un perro que hablaba, que tenía superpoderes y, lo peor de todo, que cagaba plutonio. Justo cuando terminé de desayunar y de recoger todo, fue cuando oí los pasos de Henry subir las escaleras de la panadería y tocar el timbre de la puerta de mi casa.
- Hola, Henry – saludé.
- Hola, Takato – contestó él. Vestía una camiseta de manga corta de color verde aceituna y unos pantalones vaqueros de tiro bajo. En su mano izquierda llevaba una bolsa, donde supuse que estaría la ropa que me dijo que iba a llevar. Pasó y cerré la puerta. Seguidamente fuimos a mi cuarto.
¡Henry! – exclamó Guilmon.
- Hola, Guilmon – saludó mi amigo.
¡Ah, Henry! – exclamé ¿Y Terriermon?
- Estaba tan profundamente dormido que he preferido no despertarle.
- Ah...
- Bueno, mira, esto es lo que he traído – volcó la bolsa sobre la cama. Cayeron varias camisas, un par de jerséis y dos o tres pantalones.
- Vaya... – dije.
¿Qué colores te gustan a ti, Takato?
- Pues... no sé... el azul, el gris, el negro, el rojo...
- Elige alguno de esos.
- Pues... sí, el azul.
- Vale. He traído esta camisa azul oscuro lisa, y esta otra de cuadros azules y blancos – dijo Henry, enseñándomelas.
¡Eh, son muy chulas!
- gracias. Venga, pruébatelas.
- Voy – dije, quitándome la camiseta blanca que solía llevar. La deposité en la cama, y cogí la camisa azul de cuadros. Me la puse.
- Te queda bien – dijo Henry.
- Sí, pero... me aprieta un poco... ya te he dicho que no soy tan esmirriado como tú.
- Sí, es verdad... – observó Henry "Esmirriado...será...en fin." pensó – También te queda algo larga.
- Sí... – suspiré, triste.
- Venga, no hay problema. La otra es algo más grande.
¡De acuerdo! – exclamé. Me puse la camisa lisa. Era de una tela fina y suave, y de un azul más bien oscuro. Con aquella me sentía mucho mejor.
- Esta sí que te queda bien, Takato – sonrió Henry.
¿Tú crees? – dije, sonriente – Bueno, pues no hace falta ni mirar en mi ropa. Me quedo con esta camisa – añadí.
Durante más o menos una hora seguimos probando ropa. Al final opté por la camisa azul oscura de Henry, unos pantalones negros anchos míos, y su jersey de color gris. Como calzado, me puse unas deportivas, las últimas que mi madre me había comprado por aprobar todo en el curso escolar. Finalmente decidí no llevar Googles. Henry también opinó como yo.
Con el tiempo se nos hicieron las dos y veinte, así que me peiné un poco y acompañé a Henry hasta abajo, ya vestido (bueno, el jersey lo llevaba en la mano).
- Muchas gracias, Henry, amigo – dije.
- De nada – sonrió él – Suerte, y no te trabes la lengua ¿eh?
- Gracias – sonreí. Hicimos un mutuo gesto de despedida y nos fuimos, yo hacia casa de Jen, él hacia su casa.
Entre tanto, una vez más, Rika y Ryo se encontraban solos en la casita de Gushikami. Al final Ryo no consiguió dormir con Rika, más que nada por que los adultos aparecieron antes de lo previsto. Aquella mañana estos habían salido a hacer unas compras. Ryo y Rika jugaban, sentados en el sof�, una partida de digi-cartas. La joven Nonaka era quien llevaba las riendas.
- Ryo – comenzó Rika ¿Cuándo coño vas a dejar de mirar mi falda, y vas a concentrarte en el juego?
- No miro la falda, miro lo bien que te queda. Gracias por ponértela.
- Lo he hecho por ti. Jamás me pondría esta cursi-faldita amarilla ante el público, y menos con lo corta que es y con el rajón que tiene a un lado.
¡Dónde? – exclamó Ryo, mirando para todos los lados.
¡En ningún sitio! – exclamó Rika, tapándose. – En fin, terminemos de una vez. Saco esta carta que supera a tu digimon los suficientes puntos como para que yo gane. Te ataco... ya est�, mil puntos.
- Mola – dijo Ryo.
- Te acabo de ganar, Ryo.
- No, si eso me da igual, lo que mola es tu falda.
- Esto es superior a mí – dijo Rika, tirando el tablero y las cartas al suelo.
¿Qué haces?
- Mira, Ryo, sé de sobra que lo que quieres es que nos liemos, así que adelante. No voy a estar toda la mañana echándote partidas insulsas.
- Eh, que yo no... – comenzó Ryo.
- Tú no nada – dijo Rika. Se abalanzó sobre él, comenzando a besar con frenesí sus labios. Ryo, aunque sorprendido, procuró seguir la corriente a su novia. Nunca se le había lanzado de aquella manera, y eso sorprendía al joven Akiyama. Ambos estaban prácticamente tumbados en el mueble. Mientras duraba el beso, Ryo aprovechó para buscar con la mano la susodicha raja. Cuando al fin la encontró, dejó su mano ahí unos instantes... justo en los cuales se abrió la puerta de la casa.
¡ARGHHHHHHHHHH! – gritó una voz masculina. Rika y Ryo se quedaron blancos y paralizados ¡LA ESTABA SOBANDO, EL MUY CABRÓN! – trató de dirigirse hacia la pareja. Miyuki y su madre lo detuvieron.
- Tranquilo, Maoko – dijo la señora Nonaka.
- Venga, ahora nos lo explicarán todo – añadió su madre.
- Bueno – comenzó Ryo, nervioso – Voy al...baño.
¡De eso nada! – exclamó Maoko, antes de que Ryo se levantara.
- Chicos – comenzó Miyuki – Ahora sí que no podéis decirnos que no hay nada entre vosotros. Rika...
- Eh...eh... – balbuceó la joven ¡PLAS! – había sacudido un tortazo a Ryo – Por depravado.
¿Qué¡Si eres tú la que...
- Me voy a mi habitación – dijo Rika. Se levantó, pero una mano la sujetó.
- Jovencita, – comenzó Miyuki, con tono severo – ni tú ni Ryo os vais a mover de aquí.
- Ay... pero... – se quejó la pelirroja.
- Y no le pegues al pobre Ryo – añadió.
Varios segundos más tarde, cuando todos se hubieron calmado, Rika y Ryo se sentaron en un sof�, y los adultos en el de en frente.
- Está bien – comenzó Rika – Ryo y yo estamos saliendo. Somos novios.
¿Desde cuándo? – preguntó Maoko.
- Hace casi un mes – contestó Ryo.
¿Tanto? – preguntó Maoko.
¡Sólo? – dijeron Miyuki y su madre.
- Vaya – comenzó Miyuki – creí que llevaban más.
- Sí, yo también – dijo la abuela. Maoko las miró, extrañado.
- Rika – comenzó Maoko ¿este depravado te ha hecho algo malo?
- No – contestó Rika.
¡Pero si te estaba metiendo mano!
- Porque esta vez me he lanzado yo – explicó Rika – Era normal que él respondiese de alguna manera.
¿Y la torta? – volvió a preguntar.
- Para... hacer como que no estábamos juntos, simplemente.
- Entonces ¿mi hijo no te soba?
- No. Y tampoco hace nada sin mi consentimiento, y siempre para si le digo que lo haga. En serio, señor Akiyama, Ryo no me quiere hacer ningún daño. Es de fiar.
- Rika... – sonrió Ryo – Gracias.
- De nada – sonrió la chica – Bueno¿cuánto durará el castigo?
¿Castigo? – inquirieron los tres a la vez.
- No hay ningún castigo – dijo Miyuki – Yo, lo único que tengo que decir, es que espero que dure mucho.
- Yo también – añadió la abuela.
- Y yo - finalizó Maoko – Y también que... siento mucho haber pensado mal de ti, Ryo.
- Nada, p�, nada – sonrió Ryo.
El tiempo había pasado: ya eran las tres de la tarde. Jen y yo habíamos pedido hacía ya unos minutos la comida en un restaurante de hamburguesas, perritos calientes, pizzas... (Si conocéis el Foster's Hollywood, como ese). Yo había pedido una hamburguesa con queso roquefort, lechuga y patatas, además, de una coca-cola para beber. Jen, por su parte, había preferido optar por un perrito caliente alemán con salsa de mostaza, patatas y ensalada. Para beber, ella había pedido un té frío: su bebida favorita. Al final, Henry había tenido razón: ella no iba vestida de coco-chanel, precisamente. No obstante, la ropa que llevaba le hacía verse muy bonita. Lucía una bonita camiseta lila de tirantes que le llegaba algo por encima del ombligo, además de unos pantalones vaqueros de color azul desgastado, con un bonito cinturón lila. Como calzado llevaba unos zapatos de color marrón, y había dejado en el respaldo de la silla su bolso vaquero y su cazadora vaquera, que había sostenido en su mano durante el camino al restaurante. El peinado era lo que sí que había cambiado: llevaba su cabello castaño cuidadosamente recogido en un moño en casi lo alto de su cabeza, y algunas pinzas de colores repartidas en el pelo. Y no sé si serían imaginaciones mías, pero creo que llevaba algo de brillo en los labios.
- Jen – comencé, tímidamente – me acabo de fijar... ¿eso de los labios es brillo?
- Ajá – asintió ella – De manzana... Oye, Takato ¿me queda bien este peinado?
¡De fábula, Jen! Estás preciosa.
- Gracias – contestó ella, agachando la cabeza.
¿Estás bien?
¡Claro! – exclamó, volviendo a levantar su testa.
Seguimos esperando la comida durante varios minutos más. Cuando la trajeron, comenzamos a comerla como posesos: estábamos muy hambrientos. Además, como nos quedamos con más hambre, pedimos sendos sorbetes de limón como postre. Lo malo llegó a la hora de pagar, tuve que discutir bastante con Jen para que no pagase nada... total que al final no lo conseguí... Eso sí, tan sólo pagó los postres y las bebidas.
Al salir del restaurante nos apresuramos a coger entradas para la película que íbamos a ver: Hero. Eran las cuatro y pico, y la película comenzaba a las cinco menos cuarto. Por suerte, la sala estaba casi desierta y cogimos unos buenos sitios.
Durante el tiempo que hubo antes de la película, estuvimos paseando, y estuve esperando unos cuantos minutos a que Jen saliese de los servicios del cine... me pareció que se había retocado los labios. Cinco minutos antes de que la película empezase, entramos a la sala. Nuestros sitios estaban prácticamente en todo el centro del cine. Además, no había nadie en toda la fila.
La película estuvo bastante bien, aunque era un poco rara... no obstante me encantó cuando Jen, algo adormilada se recargó en mi hombro y musitó dulcemente "¿Te importa?" "Claro que no" contesté yo, totalmente rojo ¿cómo iba a importarme¡Si lo estaba deseando!
Cuando salimos del cine, continuamos dando largos paseos por Shinjuku... hubiesen sido muy tediosos, de no ser porque Jen seguía recargada en mí, y agarrada a mi brazo. Cualquiera que nos hubiese visto, hubiese pensado que éramos pareja. Incluso simplemente por estar con ella, me estaba divirtiendo. No obstante, me preocupaba aquel desánimo de Jen.
¿Estás bien, Jen? – pregunté.
- Sí – contestó ella, con una sonrisa ¿por qué iba a estar mal?
- No sé... como llevas toda la tarde apoyándote en mí.
- Es que, verás... estoy muy a gusto. Y como en el cine has dicho que no te importaba...
- Ah... no, y no me importa. Simplemente me preocupaba que te pudiese estar ocurriendo algo malo.
- Tal vez tengo algo de sueño... ¿te importa entrar a tomar un café? No quiero estar así de pelma cuando cenemos.
- Bueno... si quieres – comencé, claramente arrepentido de lo que iba a decir – no cenamos.
¡No, no! – exclamó ella – Tengo muchísimas ganas de cenar contigo, Takato, no me malinterpretes... en realidad, era lo que más esperaba de esta tarde.
¡Ah! Sí, yo también – dije, sonriente. Fuimos a tomar el susodicho café, tras el cual Jen se animó muchísimo, casi podría decirse que se puso algo hiperactiva.
Tras tomar el café nos dirigimos al supermercado más cercano a comprar lo necesario para el picnic nocturno. Compramos un mantel de plástico a cuadros blancos y amarillos y servilletas. Como comida, cogimos una barra de pan, jamón de york y queso. Además cogimos un par de botellitas de medio litro de naranjada. No sería una gran cena, pero con todo lo que habíamos comido... Una vez hubimos pagado todo, salimos afuera y comenzamos a dirigirnos al parque de Shinjuku, para buscar algún buen lugar donde disfrutar de nuestra comida. Miré mi reloj: ya eran las nueve y media de la noche. En el fondo, había pasado una tarde muy buena... en realidad, cualquier rato que paso junto a Jen siempre es bueno. ¿Cómo no sentirse bien estando con una chica tan maja y, a la vez, tan bonita?
Cuando hubimos encontrado el sitio perfecto, bajo un cerezo, extendimos el mantel y nos sentamos. El sol comenzaba a caer en aquellos instantes, y el cielo se había tornado de un extraño tono anaranjado.
- Qué bonito ¿no, Takato? – preguntó Jen.
- Sí... – contesté - ... no tanto como tú.
¿Qué?
- Eh... nada, nada.
- Es curioso, Takato...
¿Qué?
- Parece que te arrepintieses de decirme cosas bonitas...
- Es que... igual te molesta.
- No me molesta, en absoluto. Me gusta que lo hagas... me siento muy querida.
¿En serio?
- Sí – sonrió ella, débilmente. Seguidamente, comenzó a frotarse sus brazos desnudos – Comienza a refrescar... mejor que me ponga la cazadora – se levantó, desató las mangas de la cazadora de sus caderas, y se la puso, volviéndose a sentar. Aún así, seguía teniendo frío.
- Si tienes más frío, Jen, ponte el jersey de... digo, mi jersey.
- No hará falta, Takato – sonrió ella – Vaya ¿no es igual que el de Henry?
- Eh... sí. Bueno, es que...
- Lo comprasteis a la vez ¿verdad- sonrió ella.
¡Sí, justo! – exclamé. Increíble: ya iban dos veces que me salvaba de mi propia mentira ¿Cenamos?
- Sí, pero... hay algo que no va bien.
¿Qué? – pregunté, extrañado, mientras desenvolvía el jamón.
- Te pasa algo ¿verdad? – preguntó – Hay algo que quieres decirme ¿no¿Te he hecho algo malo?
¡No, Jen, no! No me has hecho nada malo... nunca.
- Entonces ¿qué es? Llevas toda la tarde con una extraña mirada, a veces preocupada, otras extraviada. Por favor, dime qué te pasa. No puedo cenar así.
- Jen – comencé. La hora había llegado antes de tiempo... tragué saliva, tomé aire y dije – Está bien, te lo diré... te diré el motivo por el cual realmente estamos aquí.
¿Te vas? Es eso ¿no? Te vas a algún país y no volverás nunca.
¡No, Jen!
- Entonces, es que quieres dejar de ser mi amigo... – volvió a decir, con lágrimas en los ojos.
¡No! – contesté ¡Nunca! – me acerqué a ella y le puse una mano en el hombro – Jen, nunca me iría de tu lado.
- Por... ¿por qué?
- Por que... tú a mí... pues... esto...
- Yo a ti pues esto ¿qué?
- Que te quiero Jen. Me gustas. Me gustas mucho.
¿Qué? – dijo ella, abriendo mucho los ojos – No puede ser... no puede ser cierto... no puedo...
- Bueno, perdona, no debería habértelo dicho, seguro que no piensas como yo... lo siento. – dije. Me levanté, con el corazón destrozado. En fin.. al menos no estaba liada con el de gimnasia – Volveré en unos minutos, para cenar. No quiero estropearte tu cena con mis penas. Tan sólo espera unos minutos – poco a poco me fui alejando de mi mantel.
Maldecía todo lo que había en la tierra. Me sentía como si cien mil cañones hubiesen disparado sobre mí. Henry me había dado esperanzas, yo mismo tenía esperanzas... pero estaba claro, no tenía ni que decirlo. Jen no tenía ni que decir que no le gustaba. Es más, sabía que Jen no me diría que no le gustaba, simplemente por no hacerme daño... siempre ha sido muy buena chica. Estaba más que claro. Me senté en un banco, y enterré la cabeza entre mis brazos... parecía mentira que todas mis esperanzas se hubiesen visto disueltas en apenas unos segundos...
- Takato – dijo una voz detrás de mí. En seguida noté como una mano se apoyaba en mi hombro izquierdo.
- Jen – dije, volviéndome – No te sientas mal... soy un llorica. No has hecho nada malo.
- Takato... ¿por qué te has ido? Si ni siquiera me has dejado responderte.
- No hacía falta que terminases la frase... sabía que "No puedo" terminaba con "enamorarme de ti porque eres odioso".
¡No digas tonterías Takato¡No iba a responder eso!
¿Qué, entonces?
- "No puedo creerlo"... eso iba a decir. Que no podía creer que te gustase, porque... tú también me gustas a mí. Te quiero muchísimo, Takato, más que a mi propia vida. Y ahora deja de llorar.
¿Te... gusto?
- Sí... me encantas. Eres un chico encantador: guapo, amable, siempre sonriente, bondadoso. Si necesitaba desahogarme, siempre estabas allí, si necesitaba llorar, siempre podía usar tu hombro, si necesitaba que me escuchase alguien, tú siempre me escuchabas... mientras me mirabas y me sonreías. ¿Cómo no ibas a gustarme? Por Dios, si eres la persona que más a hecho por mí.
- Pero soy un feto.
¡No eres un feto¡Eres guapísimo¿No te has visto nunca a ti mismo sonreír?
- No.
- Pues deberías, te hace verte realmente bien.
¿De verdad te gusto¿No estarás haciendo esto por pena?
¡Que no¡Deja de lamentarte! – tomó mi cara entre sus manos y dijo – Te-quie-ro-mu-cho. ¡Me gustas!
¿Cómo puedo saber que no me mientes?
- Nunca te he mentido.
- Sí, pero...
- Takato... ya basta. ¿Quieres saber cuánto me gustas?
- Pues – comencé (iba a responder que sí). No pude terminar la frase, porque Jen acercó sus labios a los míos y me comenzó a besar. Nunca antes había sentido nada así... claro que nunca antes había besado a nadie. Sentía... no sé... como si todo el amor de Jen estuviese en ese beso.
¿Me crees ahora? – dijo ella.
- Sí... – contesté, con una sonrisa – Lo he sentido... he sentido tu amor.
- Me alegro – sonrió. Segundos más tarde volvió a preguntar, con cierta timidez – Por cierto, Takato ¿y a ti¿Qué te ha llevado a ti a enamorarte de mí?
- Todo. Tu dulce sonrisa, tu ánimo, tus ganas de vivir, tu humor... lo buena que eres, y que siempre has estado conmigo. No sé desde cuando te gustaré yo a ti... pero tú a mí desde siempre. Desde que te vi por primera vez. No sé ni cómo pude hacer caso a Kazu y Kenta.
- Ya hablamos de eso hace mucho tiempo, Takato- dijo Jen, con su tono de voz más dulce – Entonces ¿me quieres¿Tú también?
- Sí. Claro que te quiero. Siempre te he querido, y siempre te querré. Haré lo que sea por ti.
- Gracias – dijo ella, abrazándome – Eres un encanto.
- Jen – dije, sonriente – querrías... ¿quieres ser mi novia?
¡Claro que quiero! – exclamó Jen, levantando su cabeza. – Sí, y mil veces sí.
¿Sí?
- Sí... – sonrió.
- Gracias, Jen.
- De nada... por cierto Takato.
¿Sí?
- Antes te he demostrado todo lo que te quería... ¿me lo demuestras tú ahora a mí?
¿Te refieres a...
- Sí.
- Claro... – dije. Acerqué mis labios a los suyos, y comencé a besarlos suavemente, acariciando su suave cabello, y su desnuda y suave cintura, mientras ella me apretaba contra su cuerpo. Fue entonces cuando lo comprendí: nos queríamos, desde mucho antes de lo que ambos pensábamos... simplemente, necesitábamos reconocer lo que sentíamos el uno por el otro. Desde aquel día, a aquella hora... me prometí a mí mismo ser feliz, y hacer que Jen lo fuese. Estar con ella para siempre.
Bueno, pues ya está. ¿Qué os ha parecido¡Espero que os haya gustado, o que al menos no os haya aburrido!
¡Ya falta poco para que comience la segunda saga de este fanfic! En mi opinión, es mejor que la primera pero en realidad sois vosotros los que debéis opinar . La segunda saga dará comienzo en el capítulo... (buscando mi chuleta)22! Bueno, aún falta bastante... Hasta entonces los capítulos serán más o menos como vienen siendo desde el... (vuelvo a comprobar mis notas) 17. Es decir: romances, juergas y humor!
Bueno, me despido de vosotros, lectores! Muchas gracias a los que habéis dejado review! (Nayru, Reiki, Marionzinha ¡os lo agradezco mucho!) y a los que no habéis dejado pero lo habéis leído también!
¡Hasta el capítulo 19!
Lorien3
