Hey hey hey! ¿Adivinen quién volvió de la muerte? Bueno, no adivinen, es bastante obvio. Yo sé que esto hará que se les caigan los calzones de la emoción, y ¿A QUIÉN NO?, antes que cualquier otra cosa, quiero disculparme por todo el inconveniente de no seguir publicando, pero un ángel bajó del cielo y me dijo "Oye Maly, no puedes esconderte de los plagiadores, están en todos lados, así que levántate de una buena vez y enséñales que nadie puede vencerte, ¡Sí! ¡Sácales la mierda a putazos si se atreven a volver a robarse tu ARRRRRRTE! ¡Tienes más talento que cualquiera de ellos en la punta de tu uñita del dedo chiquito del pie!" bueno, la verdad no fue un ángel, sólo mi espíritu de lucha, —un ángel no sería tan vulgar como yo xD— así que bueno, como el fénix, no importa cuántas veces me queme, voy a renacer de las cenizas, y sé que ustedes, mis queridos fans, estarán ahí para apoyarme, así que sin más que decir, les dejaré este capítulo, espero que los que se perdieron de todo puedan leerlo.
Sin nada más que decir, tomen palomitas, una cerveza o lo que sea que les guste beber, rásquense el ombligo como un gordo feliz lo haría —como yo lo haría— y disfruten el capítulo que las cosas se pondrán ¡INTENSAS!
Are you insane like me? Been in pain like me?
Bought a hundred dollar bottle of champagne like me?
Just to pour that motherfucker down the drain like me?
Would you use your water bill to dry the stain like me?
Are you high enough without the Mary Jane like me?
Do you tear yourself apart to entertain like me?
Do the people whisper 'bout you on the train like me?
Saying that you shouldn't waste your pretty face like me?
Gasoline-Halsey
Capítulo 18
Dead End
Dentro de esta oscuridad que te aprisiona, ¿Será que eres capaz de encontrar la salida?, porque parece que has llegado al final de la vereda, y no hay ninguna clase de escape. La importancia de una elección radica en la consciencia que tengas sobre las consecuencias futuras, pero una vez que decides, no hay manera de volver atrás. ¿Te sientes encerrada? Claro que lo estás, así que piensa bien antes de dar un paso más, porque nunca sabrás si al dar un paso en falso, terminarás dentro de un callejón sin salida.
*Hace tres años*
¿Cómo es que había terminado en aquella situación? La campana anunció el final de las clases y con gran premura salió al pasillo para evitar el tumulto que se montaría si se demoraba, pero ya habían pasado varias horas desde aquello, ahora sólo se limitaba a contemplar el cielo con la mirada totalmente perdida, sus ojos acuosos examinaban las estrellas en el firmamento con suma atención, no con el fin de encontrar respuestas en el universo; porque en realidad ni siquiera podía pensar de manera coherente, sólo podía observar cómo parecía que esos bellos astros comenzaban a girar, moviéndose en todas direcciones, e incluso habría jurado que bailaban. Su mente estaba definitivamente desconectada de la realidad, las voces que oía a su alrededor eran tan distantes e incluso distorsionadas, como cambiar las estaciones en la radio.
Su cuerpo descansaba sobre el asfalto, su ropa estaba sucia, llena de polvo y tierra, pero eso no le importaba, en realidad, ni siquiera podía percatarse de tal hecho, ni de nada más, más bien se sentía flotando sobre un mar tranquilo que la arrullaba, era casi como si su mente hubiera abandonado su cuerpo, como si no fuera nada más que carne y huesos, desde hace mucho tiempo había estado vacía por dentro, pero ahora parecía que incluso su razón, sus pensamientos y emociones, la habían abandonado.
Mientras tanto, los demás presentes continuaban en lo suyo, riéndose por culpa de los chistes malos que se les ocurrían, observando como uno a uno comenzaban a caer en la inconsciencia debido a los efectos del alcohol y las drogas. Los tres chicos que restaban aún conservaban algo de lucidez, aunque era probable que uno de ellos se desvaneciera en cualquier momento.
—Brindemos de nuevo por nuestra vida de mierda, muchachos— dijo uno de los chicos levantando la botella entre sus manos.
—Tu vida es la única que es una mierda, Josh— soltó un chico de cabello moreno, en sus ojos marrones se reflejaban las llamas de la fogata que habían encendido hacía ya un rato —La mía es perfecta.
—Siempre alardeando sobre ti, Caleb— el tercero le arrebató la botella a Josh y se encargó de beber tanto que por un momento creyeron que se la terminaría —¿No te aburres de tu narcisismo?
—No, pero me sorprende que conozcas ese término, Graham; pensé que no habías terminado la secundaria—. Caleb esbozó una sonrisa ladina y Graham medio gruñó.
—Por cierto, ahora que me doy cuenta, ¿En dónde se metieron Hannah y Scott?— interrogó Josh.
Graham roló los ojos y contempló la fogata con suma atención.
—Seguramente deben estar por ahí en algún lado, teniendo sexo en un lugar oscuro, y si mañana alguno tiene la suerte de recordar lo que ocurrió entonces irán corriendo a una farmacia por una de esas pastillas que evitan los accidentes de nueve meses— echó la cabeza hacia atrás y miró hacia el cielo.
—Espero que no lo recuerden—. Josh rió —Eso me daría algo de diversión.
Caleb por otro lado, había dejado de poner atención a lo que decían, repentinamente había adquirido un curioso interés por la otra chica del grupo, quien permanecía tirada en el suelo mirando hacia el cielo como si fuera lo más atractivo del mundo, ella no decía nada, y su respiración era tan pausada que podría llegar a parecer que estaba muerta por el simple hecho de quedarse tan quieta.
—Oigan—, pronunció para atraer la atención de los otros dos, —quizás no fue tan buena idea dejar que Evans se uniera a la fiesta.
Josh y Graham dirigieron su mirada hacia la chica, y siguieron a Caleb cuando él se levantó del suelo y se hincó a su lado.
—Ey, Chris, ¿Puedes oírme? — le preguntó el chico.
Mientras tanto, ellos la observaban atentamente, sus mejillas estaban algo enrojecidas, el tamaño de sus pupilas había disminuido, por un momento llegaron a pensar que de verdad estaba muerta, pero para fortuna de ellos, seguía respirando.
—Las estrellas— pronunció débilmente —…bailan.
Ante aquella respuesta, Josh y Graham estallaron en carcajadas, pero Caleb continuaba contemplándola, con una mirada de indiferencia que detrás escondía intenciones que carecían de inocencia. No conocía demasiado a la muchacha, Josh y Graham la habían presentado a él y a Scott hacía sólo unas cuantas semanas, al parecer era sólo otra adolescente problemática que había cometido vandalismo y terminó siendo arrestada.
Ella no le pareció atractiva en absoluto, en realidad, era bastante normal, una chica más de dieciséis años con una actitud rebelde, y, sin embargo, era bastante fría, con una actitud desdeñosa hacia la vida; su rostro aún conservaba un aspecto infantil debido a sus ojos grandes y sus mejillas que eran un poco regordetas, aunque quizás ese último hecho se debía a que su cabello corto enmarcaba su rostro. A Caleb no le habían gustado nunca las chicas de su edad, tampoco las que eran menores que él, siempre buscaba a las mujeres que podían ser unos cinco años mayores, eran más maduras y astutas, podían adivinar fácilmente sus intenciones, lo cual representaba un reto bastante excitante.
Pero ella era más inteligente, a pesar de ser tres años menor que él, Chris podía saber qué era lo que él pensaba, aunado a esto, ella demostraba tener una capacidad de no temerle a probar algo nuevo, en realidad, no parecía tenerle miedo a nada, estar en peligro no le causaba el más mínimo estremecimiento, tampoco le interesaba ser arrestada de nuevo o morir por una sobredosis. Aquello le pareció intrigante, los adolescentes siempre hacen lo que sea para demostrar que son lo suficientemente grandes, tratando de manera desesperada por probar su "madurez", pero Chris no era así, a ella le daba igual si ellos opinaban mal o bien con respecto a sus acciones, hacía lo que quería y cuando lo quería, sin titubear ni siquiera por un segundo.
No tenía idea de las razones por las que actuaba así, asumía que quizás había tenido una vida que la condujo a tal comportamiento, pero tampoco le interesaba averiguarlo; sin siquiera saberlo, su personalidad y su talante fueron un factor que logró seducir al mayor, y en ese momento, tenía una oportunidad que no desaprovecharía.
—Está totalmente perdida—. Dijo con una sonrisa ladina —Josh, Graham, fuera de aquí.
—¿Qué? ¿Por qué? — Josh paró de reír ante la orden de Caleb.
—Lo que escucharon, largo.
Los otros dos intercambiaron una mirada y luego volvieron a reír con fuerza.
—Caleb ¿Ahora te gustan las niñas? — interrogó Graham —Vamos, tiene que ser una broma, sólo tiene dieciséis.
—No pregunté la opinión de ninguno de ustedes, les dije que se fueran.
—Eso va más allá de cualquier otra cosa, Caleb, — intervino Josh —eres mayor, si le dice a alguien estás perdido.
—¿Y tú crees que dirá una palabra? Mírala, ni siquiera sabe qué pasa a su alrededor, y lo que sea que suceda aquí, será algo que sólo nosotros tres podamos recordar.
Ambos tragaron saliva, pero no iban a detenerlo, no eran unos santos, tampoco héroes, así que simplemente se encogieron de hombros y decidieron comenzar a alejarse tanto como pudieran de la escena.
—Graham, ¿Crees que deberíamos…detenerlo? — le susurró Josh mientras caminaban lejos de esa estación de trenes abandonada.
—¿Eres idiota o te haces? Lo mejor que podemos hacer es pretender que no estuvimos aquí.
Una vez Caleb se aseguró de que no había nadie cerca que pudiera interrumpir, se posicionó sobre Chris, su rostro ahora estaba hacia un lado, el cabello negro se lo cubría casi por completo; Caleb comenzó a bajar con lentitud el cierre de la chaqueta roja que ella poseía, no iba a ser delicado con ella, si había estado tan dispuesta a embriagarse y drogarse con unos perfectos extraños, se atrevía a asumir que seguramente no era tan pura en el ámbito del sexo.
Pero no tenía ninguna prisa, la estación había estado abandonada desde hacía bastante tiempo, y los rumores sobre espectros y sucesos sobrenaturales ahuyentaban a la mayoría de los que quisieran acercarse, Caleb tenía —por así decirlo— todo el tiempo del mundo para disfrutar esa tersa y blanca piel que comenzaba a recorrer con sus dedos desde el cuello hasta la clavícula.
Chris se removió levemente al sentir ese peso extra sobre su cuerpo, no supo cómo fue que cerró los ojos, sólo que todo seguía dando vueltas a su alrededor y su cuerpo se sentía aún más pesado que antes, tenía frío, pero no porque la noche fuera tan fresca, sino porque sentía un toque gélido sobre su piel; volvió a girar su rostro hacia arriba, y en lugar de encontrarse con el cielo, se encontró con el aspecto borroso de alguien que creyó un desconocido que apenas y podía distinguir.
Estaba desorientada, ese mar en el que había flotado se convirtió en una sustancia pegajosa que le dificultaba la movilidad, de repente parecía que el frío comenzaba a colarse debajo de su ropa, su mirada iba en todas direcciones, de un lado a otro, arriba, abajo; intentaba enfocar a quien estaba sobre ella, mas las sombras que la fogata proyectaba le hacían la tarea más difícil.
Caleb no se inmutó frente a su movimiento, no creía que ella siquiera pudiera tener la fuerza suficiente como para hacerle algo, si llegara a surgir el caso de que se pusiera agresiva, entonces tendría la suficiente fuerza como para saber controlarla.
Por otro lado, Chris comenzaba a hundirse en un mundo completamente ajeno al real, podía ver sombras que no eran culpa del fuego, comenzaban a rodearla y susurraban cosas que no podía comprender, pero lo más desconcertante fue escuchar una voz clara y que de cierta manera sonaba alegre, cantarina.
—Así has terminado…—, escuchó de repente.
Volvió la mirada hacia la dirección de esa voz, encontrándose con un perfecto reflejo de su persona, con el mismo aparente estoicismo construido poco a poco desde hacía ya años plasmado en su cara, mas sin embargo, los ojos de aquélla que miraba eran diferentes a los suyos, rojos y densos como la misma sangre.
"Debo estar demasiado drogada…" pensó, no tenía ni siquiera la fuerza suficiente como para decir una palabra. La otra esbozó una sonrisa, permitiéndole apreciar cómo sus ojos se encendían al igual que el fuego abrasador de la fogata, calcinante; Chris podía sentir perfectamente como si su alma se fuera transformando en cenizas.
—Esperé tanto, Chris. — pronunció el ente, con una voz que era tan afectiva, quebrándosele al tiempo en que las llamas de su mirada se suavizaban.
Pero para Chris no resultaba más que una simple alucinación, una producción de su mente desconectada y desorientada debido a la ingesta de alcohol y narcóticos.
—No es real. —Musitó levemente.
Y ante tal respuesta, su reflejo pareció enfurecer, su rostro se deformó en una mueca en la cual se mezclaban el dolor y la ira. Ella sonrió grotescamente, poseía dientes tan afilados como los de un tiburón, casi podía sentir que le desgarraban la piel, y escuchar el hórrido sonido de sus huesos siendo triturados brutalmente.
Su sonrisa logró desconcertar gravemente a la chica, quien aún permanecía totalmente ajena a su grave situación, Caleb permanecía sobre su cuerpo, había terminado de desabotonar la camisa que poseía, aunque no contaba con que estaría usando una blusa sin mangas debajo de esta. Bufó ante eso y luego sonrió de lado.
—Claro, no eres ese tipo de zorra. — dijo y procedió a colar sus manos debajo de la prenda, la tela era tan delgada y las manos de él eran tan frías, que Chris se estremeció ante el contacto.
Chris continuaba contemplando a esa chica, quien poco a poco se acercaba a ella, con un aire amenazador que logró ponerle los vellos de la piel de punta, su reflejo se hincó a su lado y le pasó los dedos por el rostro, sus uñas le rasguñaron la tersa piel, provocándole un ardor que quemaba con intensidad.
—Pronto me recordarás, Chris, te lo aseguro. — La voz con la que le habló salió con un tono sombrío y distorsionado.
De repente ella desapareció, pero las sombras que se habían proyectado debido a las llamas comenzaban a tomar forma, no tenían facciones definidas, pero resultaban sumamente aterradoras, y era más por lo que susurraban que por su aspecto. Su respiración comenzó a volverse irregular, su corazón latía frenético dentro de su pecho, llegando al punto en el que sentía que podría llegar a explotar.
Las voces que se arremolinaban en su cabeza eran tantas que comenzaba a aumentar el nerviosismo en ella, tantas voces diferentes, ideas distintas, gritando, hablando, sin dejarla escucharse a sí misma, y sobre ella de pronto se encontraba un monstruo de afiladas garras, que se asemejaban a largas navajas, su figura era repugnante, una fisonomía esquelética que desprendía una sustancia negra y pegajosa que comenzaba a caer sobre su cara, quemándole como si de ácido se tratase. Pero lo más horrible era su rostro, ojos pequeños y hundidos en su cara, penetrando fuertemente dentro de su alma, una boca grande y sin dientes, la lengua del ser era alargada, le recorrió la cara y el cuello, dejando un recorrido húmedo, asqueroso, y cuando se dio cuenta, ese rastro era sangre caliente que le derretía la piel.
Aquello pareció que sucedía en horas, mientras que sólo pocos minutos habían pasado, Caleb estaba ensimismado, paseando sus dedos por el abdomen de ella y comenzando a subirlos, entonces un súbito grito de parte de la chica lo alertó de inmediato, los ojos de Chris estaban tan abiertos que parecía que iban a salirse de sus cuencas, su rostro estaba desencajado por sólo Dios sabe qué, comenzó a removerse debajo de él con fuerza, tratando de zafarse de su agarre, mientras seguía profiriendo gritos que él debía acallar pronto antes de que llamara la atención.
—Carajo, no debí demorarme tanto, — sujetó sus manos por encima de su cabeza, no había imaginado que ella era más fuerte de lo que aparentaba, por lo cual le estaba complicando la tarea.
Mientras tanto, para Chris eso sólo se sentía como que ese monstruo clavó sus brazos al suelo con las navajas que tenía por dedos. Él profería gruñidos que salían desde lo más hondo de su garganta, parecía que se ahogaba con la sangre que escupía y eso hacía que el sonido saliera de manera gorgoteante.
Pero ella no pensaba rendirse, aunque sus brazos estuvieran aferrados al concreto y el dolor se sintiera tan real, se liberó, tomando un gran respiro para posteriormente sacar toda la fuerza que tuviera, sintió las navajas atravesar sus brazos, y aun cuando logró dejar de estar unida al suelo, las tenía atravesadas en su carne. Sin importarle que aquel líquido en el cuerpo de la criatura le deshiciera las manos, se decidió por encajar sus uñas en su rostro, aferrándose como si de verdad su vida dependiera de ello.
A Caleb lo tomó completamente desprevenido ese acto, cuando Chris hundió las uñas en su rostro él debió saber que no estaba dispuesta a soltarlo fácilmente, no pudo evitar gritar y gruñir, trató de quitarse sus manos de encima, pero fue inútil, ella lo tenía perfectamente atrapado, y su intención sólo era desgarrarle la cara.
—¡Suéltame, maldita puta! —, gritó él mientras sujetaba sus muñecas, logró soltarse, no sin quedarse con unos profundos rasguños que dejarían una marca.
Caleb se alejó del cuerpo de Chris, enfurecido y ahora con un terrible dolor en su rostro.
—Hija de perra, acabas de firmar tu sentencia.
Chris se incorporó sobre su lugar, mirándolo con unos ojos que parecían sacados de una película de terror, como si en ese momento no le pertenecieran, era como si una extraña y desenfrenada locura se hubiera apoderado de ella. Para Chris, lo que tenía enfrente no era más que un demonio del cual debía deshacerse antes de que él lo hiciera con ella, pero todo se tambaleaba a su alrededor, mantenerse en pie era una tarea que por más que quisiera no podía llevar a cabo.
La criatura de pronto se abalanzó contra ella nuevamente, embistiéndola y tumbándola contra el suelo de nueva cuenta con agresividad, provocando un fuerte golpe en su cabeza que la desorientó aún más. El demonio comenzó a hundir las cuchillas en su cuello, clavándolas profundamente, su sangre se arremolinaba en su garganta, la sentía inundar sus pulmones.
Las manos de Caleb se aferraban al cuello de Chris con fuerza, ella había reaccionado de la manera que no debía y ahora tenía que pagar por eso. Mientras comenzaba a sentir que caía en la inconsciencia, divisó una roca no demasiado lejos, extendió la mano para tomarla y cuando la tuvo a su alcance no dudó en tomarla para golpear justo en la cabeza a su agresor.
El golpe fue severo, mas no mortal, Caleb cayó al suelo desorientado, mientras que Chris aún aferraba el objeto con fuerza, se sostenía el cuello, pues de verdad sentía que perdía sangre y que comenzaba a ahogarse, pero no iba a darle espacio para huir a aquella bestia asquerosa. Volvió a asestarle un duro golpe en la cabeza, y lo habría hecho de nuevo, de no ser porque éste le propino una patada directamente en el rostro que la hizo caer de bruces.
Caleb estaba débil debido a los golpes, comenzaba a perder sangre, y al ver que ella no se levantaba simplemente se arrastró y cuando recuperó un poco la visión salió huyendo de la escena, corrió tanto como pudo y en el camino se encontró con que Josh y Graham aún estaban cerca, fumando unos cigarrillos totalmente despreocupados, cuando lo vieron acercarse apresuradamente, con esos rasguños en su cara y sangre emanando de su cabeza.
—Viejo, ¿Qué mierda te pasó? — Graham lo miró totalmente sorprendido.
—Cállense y salgamos de aquí, esa perra está totalmente desquiciada.
Al tiempo en que ellos comenzaban a alejarse, Chris permanecía inerte en el suelo, con frío, mientras que para ella la sangre seguía emanando de su cuello, la criatura se había esfumado, eso la hizo sonreír aliviada, pero ahora se encontraba en un lugar oscuro y vacío, completamente sola, con esa sensación de estar a punto de morir, y ante ello, sonrió al tiempo en que cerraba los ojos.
De repente un ligero cosquilleo se presentó en su nariz, lo alejaba con su mano, sin embargo, volvía a presentarse, así lo hizo un par de veces más, pero fue inútil, comenzó a abrir los ojos lentamente, tratando de acostumbrarse a la luz que la rodeaba, pero apenas trató de mirar bien y un terrible dolor de cabeza se presentó; era insoportable.
Tuvo que esforzarse bastante para poder abrir bien los ojos, se dio cuenta de que aquél cosquilleo era una simple rata que estaba olisqueándola, así que la ahuyentó de un manotazo, observó el lugar en el que se encontraba, no tenía idea de dónde era ni del por qué se encontraba ahí. Incorporarse resultó una tarea monumental que sólo le provocó que el dolor se intensificara, sostuvo su cabeza entre sus manos y respiró profundamente, el aire quemaba sus pulmones.
Le llegaron unos cuantos recuerdos, había aceptado salir con Graham y Josh, ellos la llevaron a la estación abandonada y ahí se encontraban Caleb, Scott y otra chica cuyo nombre no podía recordar, comenzaron a beber, a fumar, luego ellos le preguntaron si alguna vez había probado alguna droga, y así fue como terminó con heroína en su sistema, después de eso, todo se desvaneció por completo.
—Pasé toda la noche aquí— se dijo —, quizás mi padre me mate.
Revisó sus cosas, no parecía faltarle nada, al menos esos idiotas no le robaron dinero o su teléfono, luego notó su chaqueta abierta y su camisa desabotonada, ante lo cual se alarmó bastante, rogó por no haber cometido la tontería de tener sexo con alguno de esos imbéciles, o peor, que se hayan aprovechado de ella durante su inconsciencia, pero la sangre que había en su mano y bajo sus uñas le indicaron que probablemente, si lo habían intentado, entonces fracasaron en ello.
Se decidió por levantarse e irse a casa, de nuevo, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para lograrlo, aún se tambaleaba bastante, más logró avanzar un paso, luego dos, luego tres, y así continuó caminando. No tenía idea de cómo llegaría a su casa, porque para empezar no sabía ni por donde había llegado a la estación, sólo se limitó a recorrer las calles, hasta encontrar la estación del metro y darse cuenta de que afortunadamente, era justo la que necesitaba para volver.
Abordó sin vacilar y mantuvo la mirada fija en la ventana, escuchaba de vez en vez a las personas murmurar ciertas cosas, unas cuantas chicas de su edad murmuraban sobre su aspecto tan desaliñado, y una señora le comentó a su hija pequeña que una mujer que despide olor a alcohol y cigarro como "esa chica de allí" es absolutamente despreciable y que ella nunca debía hacer algo así, porque sería una lástima que arruinara ese precioso rostro por culpa de las adicciones.
No se inmutó sobre aquellos comentarios, no les daba importancia, estaba ya tan acostumbrada a que el mundo la señalara, alguien más que agregar a la lista no provocaría una diferencia, sólo se concentraba en el camino y en su deseo de llegar a casa. Cuando el trayecto terminó fue la primera en salir al abrirse las puertas, continuó su camino hacia una parada de autobuses y subió, aún continuaban los comentarios sobre su persona, a pesar de lo discretos que trataran de ser, era imposible no escuchar cuando hablaban de su cara estropeada y de que parecía haber matado a alguien por la sangre seca en su mano. Aquello sólo hacía que su dolor de cabeza incrementara.
Bajó del autobús y caminó varias cuadras, hasta que por fin estuvo frente a la puerta de su casa. Chris meditó las expectativas que había alojado en su mente, creyó que una horda de policías estarían fuera de su vivienda, con sus patrullas estacionadas en la calle, varios oficiales entrando y saliendo, pero el hecho más importante de aquella escena, habría sido su padre, ella no podría describir lo encantada que habría estado de ver a Joseph Evans con los ojos enrojecidos, largas y pronunciadas ojeras, la voz quebrada, como si él fuera una personificación de la preocupación, para que cuando ella apareciera se le iluminara el rostro y corriera a estrecharla entre sus brazos, reprimiéndola para nunca hacer eso otra vez mientras unas cuantas lágrimas se le escapaban.
Pero eso no pasó, era como si fuera sólo un día normal, como si el hecho de que su ausencia durante toda la noche hubiera sido algo de todos los días; y no pudo decir cuánto la decepcionó que una vez más la realidad le golpeara con tanta fuerza, aunque su vida era una serie de decepciones e infortunios constantes.
Bajó la mirada y apretó los puños, se dirigió hacia la puerta y una vez debajo del umbral se decidió por tomar las llaves del bolsillo de su chaqueta para introducirlas en la cerradura, sin embargo, la puerta se abrió cuando estaba por realizar la acción, tragó saliva y levantó la mirada, su padre le dedicó la misma mirada severa de siempre, arqueó una ceja ante su aspecto y frunció el ceño, luego negó con la cabeza.
Ella entró de inmediato, iba a subir a su habitación cuando él habló de repente.
—Debo suponer por tu aspecto que tuviste una noche bastante agitada. — le dijo, sonando tan serio como solía serlo —Debo admitir que si no hubiera sido porque el director me llamó hace unas horas notificándome sobre tu ausencia, nunca habría notado que no apareciste durante toda la noche.
Aquellas palabras la golpearon con más fuerza que el dolor de cabeza de antes.
—¿Sabes, Christine? No encuentro palabras para describir lo decepcionado y cansado que me tiene tu deplorable conducta— comenzó él, lo escuchó cerrar la puerta, pero no se movió de su lugar —, ciertamente, eres una simple e irremediable chiquilla inmadura, pero me parece que es tiempo de que establezca los límites y sea más firme contigo.
—Alguien podría haberme raptado— comenzó ella una vez él terminó de hablar —, podría haber sido violada o asesinada, podría estar ahora mismo con un proxeneta fuera del país o hecha pedazos en el maletero de un auto abandonado ¿Acaso te importaría?
Los pasos de su padre emitieron un sonido que la estremeció cuando se acercó a ella y la tomó del hombro, para después girarla bruscamente y propinarle una bofetada que logró hacerla caer, manteniendo los ojos bien abiertos debido al golpe. Llevó su mano temblorosa a su mejilla, la cual ahora ardía severamente.
—Eso no sería mi culpa. — Al mirarlo a los ojos, estos no mostraban más que el profundo desprecio que le causaba —Si crees que por el simple hecho de ser mujer seré suave contigo, entonces estás totalmente equivocada, tu madre se sentiría profundamente defraudada de ti.
Sus palabras se le clavaron hondo, pensó rápidamente en la mirada cálida de su madre, tornándose sombría y triste, negando levemente y pronunciando con voz débil "Me decepcionas, Chris".
Joseph se hincó y la tomó del cuello de la chaqueta, observándola con algo que no podía esconder ni negar, sentía tanto odio por su propia hija y no tenía ningún remordimiento al respecto.
—Es una pena, cada día tu cara se parece más a la de ella, pero eres tan diferente; una tonta y desesperada niña.
Chris estaba fuera de sí misma, sólo podía mirar a su padre con ojos vacíos; la soltó y ella volvió a desplomarse en el suelo, contempló cómo él tomó su portafolios, las llaves de la casa y el auto, y procedió a abrir la puerta.
—Es casi medio día, Christine, así que no tiene caso que te presentes a la escuela, hablaré con el director más tarde, para tratar de rescatar de nuevo al menos un poco de mi orgullo, porque el dinero que he invertido en esa institución no va a regresar nunca, lo que hagas el resto del día me tiene sin cuidado, pero te lo advierto,— la miró por encima del hombro, entrecerrando los ojos —no seguiré soportando tus actitudes impulsivas e infantiles, crece de una buena vez, madura y acepta ya la situación, porque si no hubiera sido por ti, esto no estaría pasando.
Temblorosa, comenzó a levantarse lentamente.
—Oh— continuó, llamando su atención —, y date un baño ahora mismo, tu olor a alcohol es repugnante.
Dicho aquello, la puerta se cerró de inmediato, Chris permaneció por largos minutos plantada en el mismo lugar, repitiendo en su mente las palabras que su padre había mencionado con anterioridad, se giró y procedió a subir las escaleras, con movimientos mecánicos, mientras que su cabeza permanecía perdida allí, pensando en todo aquello que acababa de pasar. Al llegar a su habitación se despojó de la ropa que estaba usando, la cual en ese momento le pesaba como si fueran cadenas y grilletes, una vez estuvo completamente desnuda se introdujo en el baño de su habitación, giró la perilla del agua caliente y ésta emitió un sonido chirriante, el agua emanó de inmediato, pero ella esperó paciente contemplándose en el espejo mientras se calentaba el agua.
Se observó con detenimiento, concentrándose más en su rostro que en cualquier otra zona de su cuerpo, tratando de comparar su aspecto con lo que recordaba de su difunta madre. Julie Evans era hermosa, y Chris estaba muy lejos de ser igual a ella pese a lo que cualquiera dijera, así que pensó que su padre tenía razón, si la madre de Chris escuchara a alguien decir que su hija era parecida a ella, se sentiría ofendida, al menos eso es lo que pensaba.
Se introdujo en la bañera, dejando que el agua recorriera su piel, deseaba que el dolor que sentía escapara por el drenaje, que se esfumara por siempre junto con la suciedad de su cuerpo, y no pudo evitarlo, permaneció largo rato sentada bajo el agua caliente, con sus piernas pegadas al cuerpo, abrazándose a sí misma, llorando desconsolada, irremediablemente…rota. *
Continuaba reviviendo el recuerdo de esa época tan significativa, con sumo pesar, esas amargas memorias se presentaban en los momentos más inoportunos, provocándole una ligera sensación de aflicción.
Alguna vez tuvo la esperanza de ser "alguien" en la vida, ir a la universidad, salir huyendo de casa, conseguir un trabajo que fuera bueno y pudiera otorgarle una vida digna, con la posibilidad de darse ciertos lujos, aunque nada que fuera ostentoso; no pensó jamás en formar una familia, creyó siempre que eso de casarse y tener hijos no era para ella, aunque esa manera de pensar se formó debido a que no imaginaba a alguien lo suficientemente interesado en ella como para tener un compromiso que fuera más allá de una copa en un bar y algo de una sola noche. Sin embargo, todas y cada una de esas ideas se iban desvaneciendo conforme transcurría el tiempo, todo sueño, meta u ambición alguna vez albergada desaparecía en el momento en que su vida sólo iba de mal…en peor.
Tener fe comenzó a representar una manera de autoengaño, cada vez que Chris creía que algo saldría bien, el efecto era contrario a lo que deseaba. Tuvo fe en que su padre y ella sobrellevarían la tragedia juntos, como una familia fragmentada pero fuerte, mas él la hizo a un lado; tuvo fe en que al menos tendría el apoyo incondicional de una amiga que la quería y no la dejaría sola, pero Darcy prefirió no ser parte de las burlas, eligió humillarla y denigrarla, incluso los niños pueden ser crueles.
Y después de eso, aún quiso pensar que todo mejoraría, pero entonces comenzó el acoso escolar, el maltrato, y de nuevo perdió toda esperanza; mala conducta para llamar la atención e intentos de suicidio, su vida era una montaña rusa la cual representaba que cuanto más alto, más mierda le caía encima, y cuando estaba por alcanzar la cúspide en la cual el vagón se desplomaría en caída libre, apareció Janeth. Ella le dio al menos un pequeño motivo para continuar existiendo —porque no se sentía viva—, luego Mike apareció en la ecuación y los dos le dieron algo de luz a su vida, por lo que esos sueños que había tenido volvieron a parecer una posibilidad más o menos asequible.
Entonces surgió un pequeño detalle que nunca consideró, no podía evitar pensar que de no ser por ese hecho tan significativo, habría podido seguir de esa manera, quizás podría haber establecido una relación con Tom, quizás podría haber estudiado esa carrera de Intérprete Traductor en alguna universidad, obtener un empleo, tener una vida feliz y tranquila fuera de Wisconsin, sin embargo, sabía que —como siempre— esos sueños no se volverían realidad, y el responsable de aquello tenía nombre y apellido.
Sí, Jeff tenía la intención de volver su vida miserable, más miserable de lo que ya era en realidad, volverla loca mediante la tortura para al final darle una muerte lenta y dolorosa hasta hacerla suplicar por ponerle fin a su existencia, pero eso nunca pasó, en su lugar, terminó sintiéndose tan identificada con sus ideales que cedió ante esa atracción insana entre ambos, dentro de ella se detonó la enfermedad, propagándose como un virus, conduciéndola a comenzar con una vida llena de sangre y crimen.
Pero ahora había terminado de esta manera, observándose al espejo, como si lo que estuviera viendo fuera más bien su propio cadáver, el cabello era más largo que hacía unos meses, desaliñado, quizás más seco que la vegetación de un desierto, porque claro, tener el título de asesina no podía pagar lujos como acondicionador o cremas especiales para hidratar el cabello, aunque era bastante curioso que al menos la cabaña aún contara con luz y agua. Regresando al tema, su aspecto era el de un fantasma, las ojeras bajo sus ojos eran tan oscuras y pronunciadas que incluso podría aparentar ser mayor de lo que en realidad era, su piel blanca no ayudaba en lo absoluto, y su complexión era mucho peor, no era demasiado delgada como para parecer una modelo bulímica o anoréxica, no, sólo estaba débil, había perdido algo de peso gracias a las náuseas, el vómito, las alucinaciones sólo lo empeoraban, cada vez que comía un bocado de algo y volvía la vista al plato, podía ver toda clase de órganos, sentía algo viscoso emitir un ruido asqueroso al masticar y el sabor metálico de la sangre.
Se pasó la mano por el cabello al tiempo en que seguía observándose con atención, y justo detrás de ella, apareció el rostro menos amigable en su mundo.
—¿Qué quieres? — interrogó con frialdad.
—Siempre tan cálida como una mañana de invierno, ¿no? — Akira mostró sus afilados dientes en una sonrisa alargada.
—No estoy de humor para esto, Akira.
—Oh, por supuesto que no, porque si yo tuviera ese aspecto y además contara con el hecho de que me pondré tan gorda como una vaca en los próximos meses, créeme que no estaría de humor para nada.
Chris exhaló un largo suspiro, quiso moverse para salir del baño, pero un repentino y terrible dolor en sus pies se presentó, bajó la mirada y se encontró con clavos gigantescos que la mantenían aferrada al suelo, ganchos atravesándola por los tobillos, fijados en las losetas, como si los hubieran unido a éstas desde el momento de su creación, incluso trampas para oso le atravesaban la carne y mientras más se moviera, más sangre emanaba.
—Eso se ve mal, no creo que sea conveniente que sigas moviéndote así— Chris dirigió su mirada hacia el espejo, Akira la miraba con una sonrisa de oreja a oreja.
Estalló, furiosamente arremetió contra el cristal, y aunque al principio fue inútil, el vidrio cedió rompiéndose en miles de pedazos, incrustándosele en los puños y los antebrazos.
—¡¿Qué es lo que quieres?!— gritaba una y otra vez, comenzaba a sangrar debido a las heridas, pero eso sólo le invitó a seguir adelante, mientras escuchaba la risa jovial dentro de su cabeza, rebotando contra las paredes del baño.
La puerta se abrió de un golpe, Tom entró de inmediato, sujetándola con fuerza para evitar que continuara golpeando el espejo, pero Chris se removió entre sus brazos con tanta fuerza que parcialmente logró liberarse del agarre del chico, golpeándolo en la mandíbula con el codo, desorientándolo en el acto y provocando que la soltara.
Estaba a punto de correr fuera del lugar, pero Jeff apareció y la detuvo, tomándole el rostro entre las manos con fuerza y pegándola contra la pared del baño.
—¡Oye! — exclamó, causando que reaccionara de inmediato, Chris miró el baño, a Jeff, a Tom sosteniéndose la mandíbula con una expresión de dolor, y luego hizo una mueca al darse cuenta de las heridas en sus brazos —Mierda, parece que ahora tendremos que demorarnos con Holden mucho más de lo que creí.
—Yo…yo…lo siento— se disculpó, frunciendo el ceño y tranquilizando su respiración.
Jeff le echó un rápido vistazo a Tom y soltó una ligera risa, socarrona, destilando su desprecio hacia el muchacho.
—Si vas a golpearlo cada vez que tengas una alucinación, sería un placer— comentó.
—Es increíble que aún en una situación así, tu actitud sea tan infantil— Tom habló entre dientes.
Al instante en el que sucedió aquello, el monumental cansancio arremetió contra su cuerpo, sus brazos temblaban ligeramente debido a la acción, pero aun así continuó avanzando, apoyándose en Jeff, quien la guiaba a través de la casa mientras que su mente volvía a enfocarse en sus desafortunadas memorias…
*Caminó con urgencia, gracias al clima podía observar la manera en la que su aliento algo agitado se mezclaba con el aire frío. Una vez se duchó, al salir reparó en unas marcas de su cuello tornándose moradas, observó su ropa justo antes de ponerla dentro de la lavadora, ligeramente manchada con sangre, y entonces ahí se le ocurrió una manera efectiva de abandonarlo todo, se cambió, se colocó una chaqueta bastante gruesa y salió rápidamente.
Una vez estuvo a punto de llegar al callejón se replegó contra la pared, en definitiva, los chicos estaban ahí, podía escucharlos hablar, su conversación no le era lo suficientemente audible, así que sólo se decidió por adentrarse en el espacio. Ellos cesaron su charla cuando la vieron aparecer.
El ambiente se tensó de inmediato, Josh y Graham se miraron entre sí, preguntándose qué haría ella ahí, Caleb no podía hacer más que observarla con gran odio, Chris se percató de las marcas en su rostro y de la venda que envolvía parcialmente su cabeza.
—¿Qué mierda estás haciendo aquí? — su voz ronca y grave no pudo causarle ni el más ligero estremecimiento.
—Necesito algo que sólo tú puedes darme— habló sin vacilar.
Su risa se esparció por todo el callejón, rebotando contra las paredes y logrando que los transeúntes se detuvieran un momento al escucharlo.
—Escúchame, pequeña zorra, tu cara era lo que menos quería ver este día, así que te daré un consejo, — sacó una cajetilla de cigarrillos del bolsillo trasero de su pantalón, procedió a colocarse uno entre los labios, y mientras lo encendía, se acercó a ella lentamente —lárgate ahora mismo o te aseguro que la única manera en la que salgas de aquí será con las piernas rotas, no tengo miedo de lastimar a una niña.
—Por supuesto, eso lo dejaste muy en claro anoche, Caleb.
Él sonrió, mostrando unos perfectos dientes, se veía como el ganador que siempre había creído ser, tan altivo.
—No sé de qué estás hablando.
—Tus heridas no opinan igual. — señaló, aun manteniéndose seria —Escucha, sé que no quieres problemas, no voy a dártelos a menos de que me consigas lo que quiero.
—¿Qué podría ganar yo de una pequeña puta como tú? — escupió las palabras como si fueran ácido.
—Mi silencio.
Notó como Josh y Graham solamente se miraron de nuevo.
—Las cosas son así, Caleb, desperté sola, en una estación de tren abandonada, con gran cantidad de alcohol y drogas en mi sistema, mi ropa estaba desarreglada y tenía sangre porque un muchacho intentó violarme, y eso no es todo, tengo marcas en mi cuello de sus manos, trató de matarme para seguramente satisfacer sus deseos después, si eso no es suficiente, su ADN estaba bajo mis uñas y claro que me molesté en tomar pruebas antes de ducharme—. Ahora era ella quien sonreía, aunque lo último había sido una mentira, por la mirada angustiada del hombre, sabía que lo tenía acorralado —Puedo ir ahora mismo con la policía y relatar todo con detalle, tengo todo lo necesario, o…puedes darme lo que quiero y desapareceré de tu vida.
Caleb frunció el ceño, escupió el cigarrillo y tragó saliva tan duro que los demás podrían haberlo escuchado.
—¿Y qué mierda quieres? — preguntó a regañadientes.
—Heroína.
Él volvió a reírse, ahora con un toque de amargura.
—¿Es todo lo que quieres? Una sola probada y ya eres una adicta.
—¿Qué puedo decir?
—¿Y cuánto quieres? — su pie golpeaba contra el asfalto insistentemente.
—Lo suficiente como para causar una sobredosis.
Él abrió ligeramente los ojos ante su respuesta, sin embargo, no le importó, si quería matarse por él era perfecto, así que asintió ante su petición.
—Bien, tendré tu encargo esta misma noche.
—Te veré aquí hasta entonces— Chris se dio la vuelta dispuesta a volver a casa.
—Amigo, deberías pedirle tus bolas antes de que se vaya— comentó Graham.
—¡Cállate, imbécil! *
No supo exactamente cómo fue que habían llegado tan rápido, sólo que de un momento a otro ya se hallaba dentro de la clínica, y no sólo eso, había sido dirigida hacia un lugar que desconocía en el interior de ésta, no se detuvo a admirar los detalles, ni a percatarse de que el lugar no era tan pequeño como había pensado, lo siguiente que supo fue que estaba sentada sobre una camilla, los tres hombres presentes hablaban entre ellos, o eso creyó, porque no era realmente de su interés.
—¿Qué sucedió? — preguntó el rubio, observando los vidrios incrustados mientras preparaba lo necesario para curarla.
—Alucinaciones. — Jeff habló mientras la observaba.
—Lo dices como si eso fuera normal…— Tom no se encontraba nada feliz frente a la situación, su talante lo demostraba.
—No sé si estabas enterado, idiota, pero eso forma parte de la esquizofrenia, así que, sí, para ella es normal. — sentenció el joven de la sonrisa.
Holden roló los ojos, era inútil tratar de calmar la discusión entre ambos, así que se concentró en su tarea de atender a la chica, quien reaccionó de inmediato cuando los dedos del médico le rozaron la piel.
—Buen día, Christine. — saludó cordialmente.
—Claro, "buen día". — respondió abandonado su estado de ensoñación.
Tomó el brazo derecho de la joven con delicadeza, examinando meticulosamente las heridas.
—No te voy a mentir, esto va a tardar y no prometo que quedes exenta del dolor.
—Estoy acostumbrada.
Aquella respuesta sin duda generó una reacción diferente en los presentes, en Tom se formó una increíble sensación de malestar, situada justo en la boca del estómago, como si pensar que el dolor fuera habitual en una persona resultara nauseabundo, al contrario, en Jeff causó un ligero atisbo de satisfacción y otro de algo parecido al odio, no admitiría que le alegraba un poco cuando él le causaba dolor, pero lo odiaba cuando ella misma lo generaba, un pensamiento egoísta sobre "sólo yo puedo lastimarte".
Se dedicaron a simplemente observar el procedimiento, Holden retiraba las esquirlas de vidrio con delicadeza, examinando una y otra vez para cerciorarse de que no faltara ninguna por extraer, fue un largo rato de silencio, el cual logró que Jeff se impacientara rápidamente, así que caminó por toda la habitación, echándole, de vez en vez, un ojo a las heridas de Chris, la sangre que manchaba su piel comenzaba a generarle esa necesidad que debía controlar, casi podía olerla, saborearla incluso, podría en ese mismo instante lamer la zona causando que los cristales se incrustaran en su lengua y eso sólo lo haría mejor,
Una vez terminado el procedimiento, Holden limpió las heridas, todo lo realizaba con cuidado, tanto que su toque era incluso casi imposible de sentir, como si fuera sólo un simple roce realizado por la pluma más fina y suave que existiese en el mundo, y al final, vendó ambos brazos.
—Espero que en tu próxima visita no presentes ninguna herida. — declaró con esa sonrisa tan suya —Y ya que estamos aquí para otros fines, tendré que trasladar todo lo necesario para la ecografía hacia acá, puedes recostarte mientras tanto.
Desapareció de la sala, dejándolos solos a los tres nuevamente.
—¿Dolió? — preguntó el castaño.
—No realmente, es decir, un poco, no fue la gran cosa, — ella suspiró y pasó la punta de sus dedos por el vendaje —lamento que mis inesperados arranques te hayan afectado.
—Supongo que tendré que hacerme a la idea de que continuará pasando.
—A lo único a lo que tendrás que hacerte una idea es que nadie necesita tu presencia. — Jeff se encontraba en el fondo de la habitación, justo a un lado de la puerta.
Chris dirigió su mirada hacia él, estaba bastante tenso, podía pensar en que su cuerpo era recorrido en ese momento por grandes descargas de cólera que le invitaban a arremeter contra lo que estuviera a su paso, y es que podía notarlo a la perfección en sus ojos, clavados sobre su fisonomía como grandes dagas que tenían la intención de arrancarle la vida a tajos.
Cuando Tom estuvo a punto de replicar lo que fuera, Holden volvió a aparecer en la escena, Chris lo agradeció por un momento, las discusiones entre ambos hombres lograban hacerla sentir frustración y cansancio. El rubio preparó todo como la vez anterior, y para el momento en el que comenzó a examinar su vientre, la habitación ya se había sumergido en un ambiente tenso y lúgubre.
Una vez más enfocó la mirada sobre el portador de esa macabra sonrisa que le causaba pesadillas a cualquiera que no fuera ella, parecía transpirar fastidio, su semblante claramente irritado sólo podía decir una cosa, deseaba tanto estar ahí como presenciar un documental acerca de la migración de las ballenas, y no es como que a ella le importara que él no se mostrara interesado, era una reacción que obviamente había esperado, mas sólo cabía la pregunta que le encantaría responder, ¿Por qué Jeff había decidido continuar con aquello?, ¿Por qué permitir que la gestación continuara cuando todo su ser expresaba de miles de maneras que era algo que no deseaba?, pero Chris sabía que ni siquiera él podía contestar dichas interrogantes.
—Bien, supongo que es hora de decir, congratulaciones, — las palabras de Holden lograron atraer su atención fuera de sus íntimas cavilaciones, el hombre no pudo reprimir su enorme sonrisa —está plenamente confirmado que esperan gemelos.
Ni siquiera tuvo tiempo de exhalar el suspiro que estaba reteniendo cuando escuchó que la puerta se cerraba abruptamente, todos dirigieron su mirada hacia el lugar por donde el asesino había salido sin mediar palabra.
—Tal parece que el futuro padre no se siente tan jovial, — declaró con una ligera risa —tranquila, es una reacción más normal de lo que crees, los nervios suelen opacar las demás emociones.
—Sí, no creo que sea culpa de los nervios. — ella simplemente roló los ojos y se sentó sobre la camilla.
—Debo informarte que hay ciertas complicaciones en cuanto a los embarazos múltiples, y tomando en cuenta tu padecimiento, te encuentras en una situación bastante difícil. — se acomodó los anteojos —Desafortunadamente, no es recomendable la ingesta de ningún antipsicótico por el momento, podría afectar bastante el desarrollo de los fetos.
—Vaya, supongo que nada podría ser peor. — Chris emitió una risa irónica.
—Christine, siempre soy franco, si decides continuar entonces estarás enfrentado un riesgo mayor del que crees, las heridas en tus brazos son apenas minúsculas comparado con lo que podría pasar después, ciertamente, la concepción en mujeres que padecen de esquizofrenia es peligrosa, — se cruzó de brazos —aún tienes tiempo suficiente para pensar detenidamente en continuar con el embarazo o interrumpirlo, apenas cumpliste las ocho semanas, así que medítalo.
Dicho aquello, procedió a abandonar la habitación, dejándola ahora con una gran indecisión revoloteando dentro de su cabeza. Tom se acercó y se sentó a su lado en la camilla.
—¿Qué piensas? — interrogó.
Recibió un largo suspiro a cambio.
—Pienso en lo que es mejor para ellos.
—Chris, — posó su mano sobre la de ella —pase lo que pase estaré aquí contigo, si decides tenerlos entonces cuidaré de ti, estaré a tu lado y haré todo lo posible para evitar que te hagas daño.
Ella lo miró, casi sintió el impulso de sonreír, mas sólo apartó la mirada y abandonó el lugar que ocupaba en la camilla, era hora de poner los "pies sobre la tierra" y no sólo de manera literal.
—No soy estúpida, Tom, todo este asunto sobre fingir que algo como esto funcionará fue sólo una gran fantasía, claro, fue algo entretenido, una pequeña probada de lo que podría ser, pero jamás en la vida será, — lo miró con seriedad —no estoy hecha para esto, y él tampoco lo está.
—Chris…
—Estuve arruinada desde el principio, nací condenada, no le haré eso alguien más.
Dirigió sus pasos hacia la puerta, totalmente determinada.
—Al menos piénsalo un poco. — pidió él, le dolía sin siquiera saber por qué, quizás porque era el único que se sentía bien con la noticia, la ilusión de alcanzar algo que jamás tendría, una familia de verdad con alguien a quien amara —No tomes una decisión ahora, piénsalo, Chris…
Chris no quería pensar, necesitaba un poco de impulsividad de nuevo para no arrepentirse de la decisión que pudiera tomar, necesitaba que fuera demasiado tarde para retroceder, verse obligada a cumplirlo, forzada a saltar o incluso deslizarse hacia el acantilado, porque si no lo hacía, entonces ella, Jeff y esos dos niños estarían atrapados dentro de un infierno del cual no habría salida.
—Ojalá pudiera, Tom.
/
La pantalla de la computadora iluminaba tenuemente su habitación oscura, ¿Cómo había hecho para conseguir aquello?, simplemente tuvo que hablar con unas cuantas personas, realizar más investigación y darse cuenta de que era demasiado buena para lo que hacía. Así que ahí estaba, tratando de decidirse entre presionar la tecla para enviar ese mensaje, y, sin embargo, estaba dudando más de lo que creyó, por lo que se limitó a leer de nuevo el breve escrito.
"Buenas tardes, señor Clapton. Mi nombre es Katherine, me preguntaba si podría ser tan amable de darme una pequeña entrevista, es para un proyecto escolar"
¿Estaba llevándolo al extremo? ¿Sería buena idea continuar? Ya se había esforzado bastante hasta el momento, y dos veces tuvo a la chica ahí mismo, aunque lo que obtuvo no fue la gran cosa. Katherine decidió que no debería seguir pensándolo mucho, así que presionó la tecla, el mensaje apareció en la ventana de chat y ya sólo podía mirar la pantalla con gran insistencia, mientras se mordía las uñas, impaciente.
Para su gran sorpresa, la persona a la que había contactado respondió de inmediato a su mensaje.
"Es un placer, Katherine ¿Qué clase de proyecto escolar?"
Respiró por un momento, inhaló profundamente y luego exhaló el aire con lentitud.
"¿Podría aceptar una conferencia de video?"
Se reclinó en la silla del escritorio, esperando y con su pie golpeando el suelo de su habitación, pasaron unos cuantos minutos en los que el hombre no daba señales de querer responder, Kat sólo estaba rogando porque aceptara.
"De acuerdo" escribió finalmente.
Dio un ligero respingo sobre el asiento cuando escuchó el sonido tan característico de Skype al comenzar una llamada, sin vacilar, dirigió el cursor hacia el botón verde. Lo primero que vio fue a un hombre no muy mayor, quizás rondaba los treinta y tantos, sus ojos verdes sin duda poseían una calidez impresionante, mas notó que su semblante era ligeramente melancólico.
—Bu-Buenas tardes— saludó cordialmente, estaba nerviosa, algo que casi nunca sucedía en ella.
—Buenas tardes, señorita Katherine, es un gusto. — él sonrió amablemente —Dime, ¿Qué puedo hacer por ti?
—Yo…bien— carraspeó —Estoy haciendo un proyecto escolar que consiste en un reportaje, y me decidí por escribir sobre una persona en especial…Christine Evans— su voz comenzó a menguar poco a poco hasta mencionar el nombre de la chica, no era la primera vez que decía una mentira, pero por alguna razón, el nerviosismo no la abandonaba.
Se enfocó en el hombre, quien suspiró con pesadez y se reclinó en su asiento, sosteniéndose el puente de la nariz y frunciendo levemente el ceño.
—Ya veo, supongo que debí imaginar algo así— contestó.
—Lo lamento mucho, señor Clapton, entiendo que era su familiar, por lo que no quiero ser una molestia, así que…
—La gente suele hablar y preguntar cosas, — interrumpió al tiempo en que en sus ojos se asomaba la tristeza —lo que hayas escuchado antes puede ser una mentira, y lo que yo te diga ahora puede que tampoco sea lo que buscas, ¿Cuál es el propósito de dicho reportaje?
Katherine suspiró.
—Bien, señor Clapton, en un principio no lo tenía claro, sólo quería una buena historia, sin embargo… — lo meditó un momento —me he dado cuenta de que quiero una historia real que resuelva la simple duda que tengo… ¿Por qué?
—Pues eres la primera— sonrió —bien, me has convencido, responderé a tus preguntas, pero llámame Jared, al menos no me sentiré tan viejo de esa manera.
Él emitió una ligera e instantánea risa, la cual, a pesar de contener ese fantasma que había dejado el dolor, resultó lo suficientemente contagiosa como para provocarle una sonrisa a Katherine.
—Se lo agradezco. — se acomodó en el asiento —Sé que usted es el tío de Christine, ¿Alguna vez notó un cambio en ella que le indicara que algo no andaba bien?
Él se tomó un momento para responder.
—Nada estaba bien con Chris, — de nuevo apareció ese dolor en su mirada —en sí, nada estaba bien con respecto a su vida.
—¿Podría explicarse?
—Ella siempre fue reservada, pero al menos era feliz, hasta que mi hermana mayor Julie, murió, desde ese momento todo se derrumbó para ella. — tomó aliento.
—Lamento su pérdida…
—Gracias. — volvió a incorporarse —Como sea, el padre de Chris la condenó a vivir toda la vida culpable por la muerte de Julie, por lo que ella creció prácticamente sola desde ese día.
—Era demasiado distante— afirmó.
—¿Distante? — el semblante de Jared pareció cambiar del dolor a una furia demasiado reprimida, que, para Katherine, resultó interesante —Distante habría sido algo bueno incluso, no, la ignoraba por completo, era como si ella no existiera para él, y cada que podía le recordaba con una simple mirada que nunca iba a poder perdonarla.
Posteriormente, Jared sostuvo su cabeza entre sus manos, demostrando frente a la menor lo culpable que se sentía, lo increíblemente abatido que se encontraba por no haber hecho nada.
—Fui ingenuo, — continuó —siempre creí que todo mejoraría para ella, hablé con él tantas veces y creí que sería suficiente para que se diera cuenta de su error, debí haber hecho más…
Katherine no pudo hacer más que permanecer en silencio, tratando de imaginar cómo habría sido para la chica. Ella sabía lo que no era tener a sus padres, salían de viaje constantemente, sin embargo, llamaban siempre a lo largo del día, le recordaban lo mucho que la extrañaban, en la escuela tenía a Matt siempre acompañándola a todas partes y la mayor parte de la semana la pasaba en su casa debido a que su madre realmente la adoraba.
Chris no había tenido a nadie, la única persona que podía preocuparse por ella estaba a kilómetros, y por encima de todo aquello, estaba el hecho de sentirse miserable por saber que la única familia que te queda no hace más que culparte, aquella imagen en su cabeza le provocó unas tremendas ganas de llorar.
—No hice nada por ella, es por eso que merezco sentirme así— declaró como si estuviera admitiendo la culpa de un crimen frente a un jurado.
—No creo que haya sido su culpa— Katherine trató de brindarle cierto apoyo, al tiempo en que garabateaba palabras clave en una pequeña libreta.
—Como sea… — recuperó la compostura —ella no solía demostrar cuánto le dolía, siempre trataba de ser más fuerte, odiaba la compasión y la lástima, pero la conozco…o al menos creí hacerlo, y sé que le importaba.
—¿Cómo murió Julie? — preguntó, algo temerosa de que volviera a surgir un nuevo momento amargo.
Jared volvió a tomar un respiro, aún era difícil hablar sobre el tema.
—Fue un accidente, Chris jugaba en las escaleras, de un momento a otro, mientras Julie bajaba por las escaleras, tropezaron una con la otra, sin embargo, lo que lo hizo peor es que ella estaba embarazada…
A Kat se le cortó la respiración, sintió su estómago revolverse, dos vidas perdidas y alguien demasiado pequeño cargando con ese dolor durante tanto tiempo sin ninguna clase de apoyo. Volvió a garabatear en el papel, esbozando una pequeña mueca por el dolor que se instaló en su pecho.
—¿Usted tenía algún conocimiento de la enfermedad de Chris?
Jared negó, aunque después de un momento en el que lo meditó, pareció como si recordara algo importante, su rostro se llenó de asombro.
—La última vez que la vi, ella estaba en perfecto estado, — comenzó —no me dijo si tenía alucinaciones, sin embargo, creo que no me tomó del todo por sorpresa el saber que padecía esquizofrenia.
—¿Por qué? — se inclinó ligeramente hacia el frente, lista para seguir anotando todo lo que pudiera en la pequeña libreta.
—Mi madre era esquizofrénica. — se detuvo un momento —Solíamos vivir aquí, en Nueva York, la mayoría del tiempo ella estaba bien gracias a los medicamentos, pero nunca le agradó tener que tomarlos, cada vez que no lo hacía, nuestra casa era un auténtico caos, gritaba con desesperación, a veces se golpeaba contra la pared, mi padre luchó con todas sus fuerzas para evitar que se hiciera daño, para Julie y para mí fue una experiencia aterradora.
Kat permaneció estática por unos cuantos minutos, ahí estaba eso que faltaba, al menos parte de ello, el dato sin duda le causó una sensación de emoción por su nuevo descubrimiento, aunque nuevamente, la tristeza la invadió, era como si su familia estuviera condenada a la desgracia.
—Quien más sufrió al respecto fue Julie, ella tenía quince cuando sucedió todo, siempre trató de ser la mejor hermana mayor y eso implicó protegerme a toda costa, — Jared se estremeció —en una ocasión, papá salió por una semana debido a su trabajo, todo iba bien, hasta que de nuevo mamá dejó de tomar sus pastillas y comenzó una terrible pesadilla, la pasaba encerrada, Julie se encargaba de cocinar debido a su indisposición, una vez entró a su habitación para alimentarla, y fue recibida con arañazos en sus brazos y el rostro, tuvimos que llamar a nuestro padre para que volviera.
Con cada palabra, Kat sentía de nuevo que su estómago se revolvía.
—Volvió en cuanto pudo, pero las cosas sólo empeoraron, los vecinos notificaron a la policía, pero nosotros no queríamos que se la llevaran, es decir, era nuestra madre, pero la trabajadora social le dijo a papá que, si no hacía algo al respecto, terminaríamos siendo apartados de ellos. — pareció que por un momento a Jared se le iba a quebrar la voz —Habló con ella, aunque estaba triste, también estuvo consciente de que necesitaba ayuda, así que aceptó ser internada en el psiquiátrico.
Se detuvo y luego se cubrió los ojos con las manos, estaba por quebrarse.
—Entonces…el día en el que por fin habíamos decidido llevarla al hospital, estaba tardando demasiado en su habitación, así que papá fue por ella, Julie y yo estábamos en el auto y lo siguiente que sucedió… — tragó saliva con dificultad —fue que vimos a nuestra madre saltar desde el tejado de la casa.
Katherine se cubrió la boca debido al asombro, las lágrimas le picaban los ojos, cuánta tragedia había padecido esa familia.
—Lo peor de todo…es que, a pesar de su muerte, todo fue un poco mejor, — bajó la mirada —mi padre luchó por darnos lo mejor, lo transfirieron a Wisconsin, así que tuvimos que mudarnos, fue como empezar desde cero, nunca volvimos a mencionar lo que pasó, nadie quería recordarlo, en especial Julie.
Así que continuamos con nuestras vidas, ambos crecimos, Julie fue a la Universidad, conoció a Joseph y se casaron realmente rápido, después de un año tuvieron a Chris, a todos nos tomó por sorpresa ya que ambos eran jóvenes, yo sólo tenía dieciséis, pero sin duda, ella significó un gran giro en nuestras vidas, y para mí, bueno, no podía haber estado más feliz por Julie, fue como si eso le diera un sentido a mi vida, de alguna manera, era como tener una hermana menor a quien podía proteger. Pero a ella no la abandonaba la preocupación, si Chris terminaba padeciendo esquizofrenia, entonces sufriría tanto como nuestra madre lo hizo, y todos los que estuvieran a su alrededor también.
Chris creció de manera normal, aunque al parecer había heredado ese carácter tan…estoico de su padre, pero no fue hasta que estaba alrededor de los siete u ocho años cuando comenzó a hablar de sus "amigos imaginarios". Ninguno le había tomado tanta importancia, es decir, ¿Qué niño no tenía un amigo imaginario?, me fue absolutamente normal, pero Julie estaba exageradamente preocupada, cada vez que Chris hablaba de ellos, ella la reprendía como si hubiera dicho alguna mala palabra, diciéndole que no quería escuchar al respecto y que debía dejar de hablar de ello.
Por fin, para Kat todo comenzaba a tener sentido, aunque su investigación acerca de la enfermedad no había arrojado resultados de que los niños pudieran padecer de esquizofrenia, no le pareció que fuera imposible.
—Supongo que debí haberlo imaginado, pero Chris podría haber sido diferente, ella no habría sido como mi madre sin tan sólo hubiera tenido a alguien…si me hubiera tenido a mí…pero decidí volver a Nueva York para estudiar la universidad ahí— de nuevo, esa culpa se instaló por completo en el rostro del hombre —¿Hay algo más que desees saber?
Katherine asintió.
—Supongo que ha escuchado sobre ese otro asesino, Jeffrey Woods.
Jared arqueó una ceja y luego lo recordó.
—Claro, lo escuché en las noticias una mañana cuando iba camino a mi empleo, aunque no entiendo a qué viene eso.
—Bien, parece que muchos especulan que ella tenía algo que ver con él, de cierta manera.
Jared arqueó ambas cejas sorprendido y luego negó.
—Eso está fuera de mi conocimiento.
—Entiendo, — garabateó en la hoja —le agradezco bastante por haber respondido mis preguntas, y lamento mucho el haberlo hecho revivir todas esas…experiencias.
—A veces es bueno dejar salir ciertas cosas. — Jared repentinamente se distrajo debido al sonido de un bebé rompiendo en llanto —Bien, señorita Katherine, si me disculpa debo retirarme, parece que a mi pequeña hija le ha dado por comenzar a llorar nuevamente, espero que todo resulte bien con su proyecto escolar.
—Gracias.
Después de su "despedida" colgó de inmediato, Katherine se desplomó en el asiento, por fin tenía lo que necesitaba, aunque aún faltaba ese pequeño detalle con respecto a Jeffrey, recordó que la última vez que vio a Chris, ésta le dijo que eran "socios", sin embargo, sabía que había algo más, simplemente necesitaba saber qué era. Así que cerró la ventana de chat y se decidió por comenzar con la búsqueda.
/
Pudo haber ido corriendo detrás de Holden para notificarle que había tomado la decisión de abortar, sin embargo, no lo hizo, se encontró con Jeff, quien aguardaba en el pasillo, manteniendo una expresión de total molestia, la cual le había indicado que era mejor no decir nada por el momento, quizás sí debía pensarlo mejor en lugar de dejarse llevar por el impulso de la situación. Así que cuando Tom salió de la habitación, se marcharon sin dirigirse una sola palabra.
Todo el camino hasta la cabaña transcurrió en un molesto silencio para todos los presentes, y aun cuando resultaba incómodo, todos se encargaron de perpetuarlo hasta llegar a su destino. Una vez abandonaron su estancia dentro del vehículo, Tom se marchó apenas pusieron un pie en los escalones de la cabaña.
El crujir de la puerta al adentrarse fue casi tan lúgubre como el ulular de un búho, Chris se dirigió inmediatamente a la sala y se sentó en el sofá, con las piernas replegadas contra el pecho, mientras contemplaba el bosque a través del cristal algo sucio de la ventana, vaya situación en la que se encontraban. La madera bajo los pies de Jeff crujió cuando los arrastró en dirección a las escaleras.
—¿No tienes nada que decir? — se aventuró Chris a preguntar, frotando entre sus dedos un mechón de su opaco cabello.
—¿Se supone que debería tener algo que decir? — contestó, con cierto deje de airamiento en sus palabras.
—No lo sé, pero lo que sea es mejor que tu silencio.
Él la miró, por un momento sus ojos se encontraron, esos ojos azulados ahora eran tan oscuros que podrían llegar a ser negros, podía darse cuenta de una cosa, él no estaba nada feliz con todo aquello, mas no dudó en continuar con la situación en lugar de aceptar el trato de Holden sobre el legrado, él sugirió el simple hecho de la adopción, pero qué había más allá de eso, ¿Sería justo para esas criaturas? ¿Era mejor vivir sabiendo que habías sido abandonado por quien se suponía debía amarte, o no darles nunca la oportunidad de conocer el sufrimiento?
Mientras todas esas preguntas rondaban por su mente, una vez más en el día, su pasado se daba a la tarea de nublar lo que sucedía a su alrededor con otro de esos recuerdos de su infancia arruinada.
*Sostenía la jeringa con cuidado, con una delicadeza exagerada, como si en cualquier momento fuera a romperse entre sus dedos temblorosos, sus nervios no se debían al temor, sino a la emoción que le recorría por saberse tan cerca de esa línea nuevamente.
Con una mano recorrió el suave edredón de la mullida superficie sobre la que se encontraba, no había sido un acto de mera espontaneidad que decidiera suicidarse justamente ahí, en la habitación de sus padres, lo pensó mientras regresaba a casa después de que Caleb le entregara la droga a cambio de su silencio eterno. Tocó con la punta de su índice la aguja, pinchándose levemente, el dolor tan minúsculo resultó agradable, y sólo podía pensar en que todo lo que sentía finalmente desaparecería, aunque no para siempre, necesitaba que toda la culpa, el remordimiento y el dolor se trasladara a alguien más, ¿Y quién mejor que Joseph?
Qué desastroso sería encontrar a su propia hija yaciendo en su cama, muerta por una sobredosis, debido a su imprudencia como padre, a su continuo desprecio y abandono, y quién sabe, quizás podría llegar a ir a prisión, homicidio por negligencia, ¿De verdad podría hacerle eso a su propio padre? Aquel repentino pensamiento le hizo dudar sobre si llevar a cabo la acción, realmente no odiaba a su padre, por más que lo intentara, no podía, sólo sentía esa necesidad por llamar su atención y conseguir, aunque sea, un ligero indicio de afecto de su parte.
Tan ensimismada se encontró en tal reflexión, que no notó cuando la puerta se abrió; Chris no había esperado que él llegara tan temprano, pero cuando Joseph la vio, sosteniendo esa jeringa en su diestra, con un líquido extraño en su interior, no supo qué fue lo que sintió. Ella estaba rogando en su interior por una reacción que le indicara que estaba cometiendo un error, buscó en sus ojos, los ojos que él le había heredado, y se encontró simplemente con que ahí no había nada.
El hombre simplemente permaneció frente a su hija, con una expresión indescifrable, había regresado antes ya que había estado bebiendo un poco durante el trabajo, así que decidió volver a descansar un poco en lugar de quedarse hasta tarde. En su mente se le ocurrieron tantas maneras en las que podía haberlo manejado, podría haberse acercado a ella con lentitud y por una vez desde hacía mucho tiempo actuar como debía, estrecharla entre sus brazos con fuerza y comunicarle que todo estaría bien, que no era necesario continuar sintiéndose así, que podían ser una familia sólo ellos dos, porque después de todo era su hija, y jamás dejaría de amarla.
Pero eso fue imposible, porque al ver su cara sólo pudo revivir de nuevo la tragedia, su parecido con Julie era tanto que le hacía la tarea de superar su muerte más que difícil, así que simplemente hizo lo que mejor sabía hacer. Joseph le arrebató el artefacto y lo lanzó lejos, luego aferró su muñeca con fuerza y la obligó a salir de la habitación, prácticamente la llevó a rastras por el pasillo, ya que caminaba tan rápido que ella ni siquiera podía seguir sus pasos.
Se encontraban al pie de las escaleras, cuando le sujetó del cabello con fuerza y la obligó a mirar el lugar, Chris llevó sus manos hacia las de él debido a la magnitud del agarre, apretando los dientes y con pequeñas lágrimas asomándose en sus ojos.
—Estoy tan malditamente cansado de ti, — pronunció entre dientes —eres tan molesta, todo lo que haces y eres no representa más que un fastidio para mí.
El enfado mezclado con el alcohol nublaba su capacidad de razonar coherentemente, todo lo que Joseph podía ver eran esas escaleras manchadas de la sangre de Julie, mientras ella se desangraba con rapidez al pie de éstas, y a Chris en la cima, contemplando la escena con horror.
—Si no hubiera sido por ti… — unas cuántas lágrimas se le escaparon.
—Papá, por favor. — bisbiseó ella, comenzando a derramar un amargo llanto.
—No…no me llames así, no te atrevas.
Lo siguiente que sucedió fue casi como una de esas pesadillas que parecen tan reales que te hacen despertar bañado en sudor, Joseph simplemente la soltó, logrando que ella se desplomara, sin embargo, no calculó que estaban tan cerca de los escalones, que cuando Chris fue a parar al suelo, todo dio vueltas por un momento tan efímero que a la vez resultó eterno. Su cuerpo rodó por las escaleras rápidamente, escuchó un crujido en el proceso, y terminó de bruces contra el suelo.
Mientras tanto, el alma de Joseph pareció haberle abandonado cuando contempló su acción, ella no se movía.
—Chri-Christine… — musitó con voz temblorosa.
Entonces notó que el cuerpo de la niña comenzaba a dar pequeños espasmos, escuchó un sollozo y eso sólo lo hizo sentir aliviado, y terriblemente mal posteriormente, ¿Qué era lo que había hecho?
—S-Sé que no…f-fue t-tu inten-ción… — logró decir ella, mientras sus ojos permanecían abiertos de par en par, su llanto había cesado, y había comprendido por fin una cosa, ya era momento de parar…*
—Chris. — volvió a la realidad en cuanto escuchó la voz de Jeff.
Él ya estaba plantado frente a ella en la sala, sin que siquiera se hubiera percatado de su movimiento, ¿Cuánto tiempo se había perdido dentro del recuerdo?, parecía que había sido bastante por el talante impaciente del muchacho. Pero aquello sólo le ayudó a comprender una cosa, nada le garantizaba que esos niños no tendrían una vida desastrosa si eran dados en adopción, podían ser adoptados por cualquier bastardo que les hiciera la vida un infierno, o podrían vivir toda su vida en el orfanato hasta ser lo suficientemente mayores como para valerse por sí mismos, sin sentir el cálido amor de una familia, así que miró a Jeff determinada y simplemente, habló.
—Jeff, quiero abortar. — decretó.
A lo cual sólo siguió un largo y áspero silencio por parte de él.
—¿Quieres un qué? — preguntó incrédulo.
—Un aborto, — repitió más que decidida —interrumpir el embarazo, malograrlo, frustrarlo, como sea que quieras llamarlo, sólo quiero que se termine.
Él abrió la boca por un momento y luego la volvió a cerrar, procedió a fruncir el ceño y se sostuvo el puente de la nariz.
—Esto no puede ser posible, ¿Y se te ocurrió decirlo hasta ahora?
—¿Qué?, ¿Acaso tengo que recordarte que fue idea tuya continuar con esto?, ¿Por qué mierda no aceptaste la opción del legrado?, podríamos habernos ahorrado estas semanas en las que obviamente disfrutaste la noticia de tener dos bebés en lugar de uno.
—¡No quería tener que perderte! — espetó, odiando cada sílaba dentro de esa frase, nunca le había gustado admitir que la necesitaba.
—¡Exacto! — se levantó de golpe, evitando siquiera tocarlo —Todo fue por culpa de tu egoísmo.
Él no pudo comprender a qué venía el asunto de su egoísmo, la miró arqueando una ceja, su gesto era una mezcla entre la confusión y la furia que llevaba sintiendo las últimas semanas.
—¿Estás escuchando las estupideces que dices?
—Esto no se trata sobre perderme a mí, no se trata de ninguno de los dos, es sobre ellos, — tomó aire por un momento, sentía que hablaba más rápido de lo normal.
—¿Por qué mierda te preocupas por eso? Irán a un maldito orfanato, crecerán con otros malditos niños, los adoptará alguna maldita pareja perfecta y serán malditamente felices, fin de la historia.
—¿Y qué si no es así?, ¿Qué tal si su vida simplemente es miserable?
Jeff adoptó una pose pensativa y luego le sonrió ampliamente, como si todo aquello representara una burla.
—Eso no será asunto nuestro, cariño, porque te prometo que estaremos ocupados derramando sangre por todo el país.
—¿En serio quieres todo esto? Porque no parecías muy alegre hace un rato, futuro papi.
—¡Cállate! — exclamó furioso, la simple palabra le causaba náuseas.
—He tomado mi decisión, Jeff, no voy a tenerlos, son míos y yo decido.
Se giró en dirección a las escaleras, sin embargo, fue detenida por él, cuando fugazmente la sujetó con fuerza por la cintura y la puso contra la pared.
—¿Y te atreves a acusarme a mí de egoísta? Eres una zorra hipócrita. — escupió sus palabras como veneno, aunque sabía que nada de lo que dijera le causaría algún tipo de daño —Ambos sabemos, Evans, que no te pertenecen, pero ¿Sabes qué?, te dejaré hacer esto, después de todo, estoy junto a ti por una razón.
Le sujetó el rostro casi con delicadeza.
—Estamos jodidos, amor, y ya que tomamos las vidas de quien nos place, entonces presumo que unos mocosos inmaculados no representan ninguna clase de diferencia, así que adelante, deshazte de ellos, yo mismo te acompaño en el proceso, te demostraré que tan benevolente puedo ser. — le apartó un mechón de cabello del rostro, su voz había abandonado cualquier tono de rudeza, era suave, podría atreverse a decir que era cálida y tierna, lo cual no anunciaba nada bueno.
Le plantó un pequeño beso en la mejilla, luego en la frente y ahí se quedó un par de segundos, hasta que afianzó su agarre y su mirada se tornó oscura.
—Mas, si sientes la necesidad de darte el lujo de arrepentirte, estaré complacido de atarte a la cama y arrancarte el útero con mi cuchillo, — le susurró al oído con una voz burlona —ahora, si me disculpas, debo prepararme adecuadamente para esta noche, porque hay alguien que requiere de mis servicios para deshacerse de unas cuantas sabandijas, lamento no invitarte a la fiesta, pero…
Se arrodilló frente a ella y colocó una mano en su vientre.
—Parece que las asesinas que se convertirán en madres no pueden participar por el momento. — sonrió de manera cínica —Quizás sí debas abortar, Chris, comienzo a extrañar la erótica belleza de tus ejecuciones.
¿Qué tan segura te sientes?, ¿Crees que has elegido bien?, lo cierto es, que quizás nunca lo sepas, pero aquí no tenemos tiempo para el arrepentimiento, si eres inteligente sabrás que es imprescindible que tus emociones no nublen tu juicio, así que sólo recuerda una cosa cuando te encamines en la dirección "indicada", te lo advertí.
